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Sábado tercera semana de cuaresma |
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| Ten piedad de mí, que soy un pecador (Lc 18,9 | ||||||
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En el despacho de un colegio, el Director del
mismo –ocupado con mil compromisos que la docencia conlleva- tuvo la
genial idea de clavetear encima del escritorio el siguiente texto
recordatorio:
Inmersos en el duro trabajo de cada jornada podemos hasta perder el norte de aquel origen de dónde venimos y... el final hacia el dónde nos encaminamos: DIOS. Un cristiano nunca se podrá conformar con “hacer el bien”. Es más... sólo desde, y en la experiencia de un encuentro personal con DIOS, podrá llegar a descubrir que todo lo demás (su misión en favor de....) está iluminado y potenciado desde esa realidad vivida a través de su Fe. Uno de los retos que tenemos en nuestra evangelización es precisamente educar y enseñar a muchos cristianos, de los que incluso tenemos hoy y de los que vengan mañana, en esta dimensión personal e individual de la vida cristiana.
Mi fe tiene que ser también –además de
comunitaria- individual y única: |
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En la oración. Un cristiano que no reza es alguien que ha perdido todo contacto con aquella Palabra que habla, perdona, atiende, conforta en cada circunstancias. Difícil tarea: “el viaje más largo es el que se hace hacia el interior de uno mismo” (Hammrskjöld). | |||||
| En la contemplación. En una sociedad harta y estresada por el ruido....es bueno romper con la rutina y con el caos existencial en que nos debatimos: “Nunca el hombre ha estado tan acompañado como clavado en su soledad” (Ana Frank). En el silencio encontramos, las más de las veces, sensatez para nuestros juicios, conocimiento de nosotros mismos y –por supuesto- coloquio de tú a tú con Jesucristo. |
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Adoración. Sólo ante la grandeza y poder de DIOS nos sentimos humildes y llamados a su conocimiento y, por lo tanto, a la fidelidad para con El. Cada jueves, por lo menos para mí como sacerdote, ponerme delante de la custodia –junto mi comunidad parroquial- es caer en la cuenta de que existo para Dios. Es sentir la necesidad de conocer a Dios y, que además El, me conozca | |||||
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En definitiva, aún en medio del trasiego profesional, conviene recordar aquello de Pablo a los Hebreos 11,6: “el que se acerca a Dios ha de creer que existe y que recompensa a los que le buscan”. Que hoy seamos nosotros de estos últimos. Y, si no es así,...siempre nos quedará la esperanza de que DIOS no nos olvida. Buen día Javier Leoz
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