ADVIENTO:
TIEMPO DE ESPERAR
VIGILANDO

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Todo lo que no se prepara corre el riesgo de desvirtuarse, pasar inadvertido o que pierda su sentido más original.

El Adviento es un momento especial e intenso en el que, la comunidad cristiana, caemos en la cuenta de que la Navidad es la llegada de un Dios pobre, humano, sencillo capaz de colmar desde su pequeñez las aspiraciones y la salvación del hombre. Son cuatro semanas donde tensamos y revitalizamos, más que nunca, lo más hondo de los sentimientos de la fe para celebrar en toda su riqueza la llegada de Cristo.

Muchos de los que conviven junto a nosotros ni se darán cuenta de lo que suponen las próximas navidades porque no se preocuparon de poner a punto el terreno del corazón como lo hace un labrador con su  tierra para la buena siembra. Nos toca, por tanto, tomar conciencia de que el festejado no es el papá Noel, ni el centro de atención el corte inglés, ni la excusa para la reunión el cava o el dulce turrón: es, el nacimiento de Cristo, el  centro y la auténtica razón de la Navidad.

El Adviento no se mira a sí mismo. Nos lanza y nos alienta para que vigilantes, orantes y convertidos lleguemos a la noche santa de la Navidad conscientes de que el Señor llega para cambiar el mundo con la fuerza de su amor.

Ante el Adviento no podemos menos que pedir, hoy más que nunca, que Jesucristo sea esa luz que se imponga sobre tantos rincones oscuros donde los hombres y mujeres de hoy nos hemos acostumbrado a vivir sin más miras que vegetar en las tinieblas.

Os sugiero, junto con la Corona de Adviento, unas oraciones y celebraciones  con eucaristía o fuera de ella.

¡Feliz preparación de la venida del Señor!

Javier

 

ORACION

 

Adviento, tiempo de esperanza,
en el seno de María crece el fermento
de un mundo nuevo, el hijo del Dios vivo
que llega a compartir con nosotros.

Nacerá Enmanuel, Dios-con-nosotros,
hecho niño, pobre,
pequeño y necesitado.

María nos enseña el camino
para hacer nacer a Jesús
en nuestro tiempo:
confianza, entrega, fidelidad,
coraje, y mucha fe en el Dios de la Vida.

Tiempo de espera,
de atención y cuidados,
de respeto y contemplación.

Señor;
hay mucho dolor en nuestro tiempo,
hay sufrimiento e injusticia,
ayúdanos a sembrar
semillas de esperanza

Descúbrenos la alegría
de la paciente espera,
activa y fecunda,
comprometida por la vida
de los que nos rodean.

Enséñanos a hacer crecer
la esperanza de algo nuevo,
anímanos a entregar nuestras vidas
para la construcción del Reino.

Es tiempo de espera, Señor,
pero también es tiempo de moverse
y de compromiso efectivo.

Contágianos la fe sencilla de María,
que dio su vida para alumbrar el Reino
y hacer nacer la esperanza
en medio de su pueblo.

 ¡VEN SEÑOR!