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Catedral de Pamplona 25.3.05 J.Leoz
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INTRODUCCION
"Nació en una pequeña aldea,
hijo de una mujer del campo.
Creció en otra ciudad donde trabajó como carpintero
hasta que tuvo 30 años.
Después, y durante tres años, fue predicador ambulante.
Nunca escribió un libro. Nunca tuvo un cargo público.
Nunca tuvo familia o casa. Nunca fue a la universidad.
Nunca viajó a más de trescientos kilómetros de su lugar de nacimiento.
Nunca hizo nada de lo que se asocia con grandeza.
No tenía más credenciales que él mismo.
Tenía sólo treinta y tres años cuando la opinión pública
se volvió en su contra
Sus amigos le abandonaron.
Fue entregado a sus enemigos, e hicieron mofa de él en un juicio.
Fue crucificado entre dos ladrones.
Mientras agonizaba preguntando a Dios por qué le había abandonado,
sus verdugos se jugaron sus vestiduras, la única posesión que tenía.
Cuando murió fue enterrado en una tumba prestada por un amigo.
Han pasado veinte siglos, y hoy es figura central de nuestro mundo,
factor decisivo del progreso de la humanidad.
Ninguno de los ejércitos que marcharon,
ninguna de las armadas que navegaron,
ninguno de los parlamentos que se reunieron,
ninguno de los reyes que reinaron,
ni todos ellos juntos, han cambiado tanto la vida del hombre en la tierra
como esta Vida solitaria de Jesús el Nazareno".
Desde tiempo inmemorial, la imaginación popular ha indagado en el corazón de Jesús que sufre en la cruz. Sus siete últimas palabras ofrecen una amplia información de sus sentimientos, pero también son la síntesis de su testamento espiritual. Os invito, en estas horas, a recorrer afectivamente estos siete fragmentos de gracia, desprendidos desde la cruz, y que son pistas seguras para adentrarnos en el misterio del amor de Cristo. El misterio de Dios hecho amor en la locura de la cruz.
-Tres primeras horas: tres palabras (luego la región se hizo tiniebla) Dios puso en El todos los pecados del mundo
-Tres horas siguientes: cuatro palabras
Primera parte: el hombre hizo todo lo que pudo
En la segunda: Dios hizo todo lo que quiso
Primera parte: el odio del hombre hacia Dios
Segunda parte: amor de Dios y sin medida hacia el hombre
Dónde vamos a vivir todo esto? ¿Hacía dónde podemos dirigir nuestros ojos para que verdad escuchemos esas Palabras de misericordia, de vértigo y de paz?
Hacia la cruz. Hoy, en este Viernes Santo, aún teniendo como horizonte la mañana triunfante de la Pascua, Jesús nos deja su último testamento.
Habla, Señor. Te escuchamos. No nos dejes indiferentes. Dirige, un año más, con la misma fuerza y verdad, con la misma pasión y sangre de hace dos mil años, esas palabras que necesitamos escuchar los que somos pecadores, los que tal vez –sin saberlo- somos ladrones en muchos momentos de nuestra historia. Necesitamos escuchar tus palabras de ternura a esta Virgen Dolorosa que, hoy y aquí, en el corazón de esta catedral nos dice que es más Madre de la Iglesia que nunca. Habla, Señor, en esta hora donde sientes el abandono a la voluntad de Dios, aún sin comprenderla. Habla, Señor, aun cuando teniendo sed fuiste para tantos una fuente de agua para la vida eterna.
Habla, Señor, para que nuestros corazones no se queden tibios sino que, tus Palabras, sean una llamada a tomar posturas y asumir responsabilidades¡
Habla, Señor, pues sabemos que tus palabras lejos de caducar son palabras para siempre, son palabras que no envejecen. Al revés, quien las acoge, esas palabras los transforma en hombres nuevos¡
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Primera Palabra:
"PADRE PERDÓNALOS... "
(Lc. 23. 24) Es la hora en que el astro rey se esconde avergonzado ante la injusticia de los hombres. Hasta los truenos gritan en su idioma natural haciendo coro a los soldados paganos: "verdaderamente éste es Hijo de Dios". Son las ironías de la historia. El pueblo elegido por Dios, con sus líderes a la cabeza, son incapaces de reconocer el señorío del que está en la cruz. En cambio, las tinieblas y los extraños, dan la razón al que comienza a desangrarse en la cruz. “Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron” Han olvidado que el joven nazareno que curó, predicó, comió, rió con ellos y les explicó de mil maneras que Dios no es sólo el Omnipotente sino el Padre más cariñoso (capaz de hacer fiesta cuando perdona), demostró también con meridiana transparencia que era el Enviado legítimo del Padre, el ESPERADO por los profetas. “Perdónales porque no saben lo que hacen” -Qué originalidad y qué método nunca visto, el la de la cruz, para vencer el odio: EL AMOR. -Qué firma tan extraña la de Dios, y escasa en muchos de nosotros,: el perdón -Qué esencia derramada a borbotones en pequeños y en grandes, para ricos y pobres, con el amigo y sin olvidar al enemigo, para aquellos que entonces contemplaron en primera línea esta pasión y para nosotros rescatados con el precio más caro: la sangre de Jesús La máxima locura…lo nunca soñado por el hombre; ante la inconsciencia de aquellos que matan la inocencia, Cristo, no despliega ni una sola palabra de reproche: levanta los ojos, abre los labios, y en su registro de sentimientos escoge aquel que refleja con todas las cartas sobre la mesa la hondura y el alma de Jesús: PERDÓNALOS..NO SABEN LO QUE HACEN
¡Cómo contrasta esta
capacidad perdonadora de Jesús con la nuestra! ¡Qué distintos son los parámetros con los que mide Aquel que está suspendido en la cruz, a los nuestros¡ ¡Qué diferente la respuesta de Cristo! ¿Por qué en la cruz, el que es Dios, nos da esta lección de tanta nobleza? ¿Por qué en la tierra, los que somos simplemente hombres y mujeres, tanta bajeza? Padre, perdónalos. Esta primera palabra, que baja desde el gran púlpito de la cruz, es para nosotros una interpelación seria en este mediodía del Viernes Santo cristiano. De este viernes santo navarro y pamplonés. NO nos podemos conformar con ser meros espectadores, como algunos también lo fueron hace casi dos mil años, (aquellos en torno a las murallas de Jerusalén) y nosotros flanqueados por las murallas de esta ciudad de Pamplona. Uno, cuando escucha esta primera palabra de misericordia, de los mismos labios de Jesús siente que algo se mueve en su interior. Que hay un antes y que puede existir un después. Que la vida no puede ser la misma que aquella que hemos dejado en el llano antes de peregrinar a este monte Gólgota que es la Catedral de la vieja Iruña. Mirar a la cruz en este Viernes Santo es pedir a Jesús que extirpe de nosotros los tumores de los odios, de las venganzas personales. Es poner nuestro corazón al pie del vertical madero para que Jesús saque de él los celos y las envidias, las antipatías y los rencores que ponen peso, no en nuestro cuerpo, pero sí en nuestra conciencia. Quién nos iba a decir en esta hora silenciosa del Viernes Santo que Aquel que es Víctima de nuestros propios pecados. Que Aquel que carga con nuestras propias miserias, lejos de regodearse en su propio dolor; más allá de llevar cuentas de aquellos que comieron el pan multiplicado y que hoy le dan la espalda, se convierte en un DEFENSOR DE SU PUEBLO. EN UN DEFENSOR DEL HOMBRE. EN UN DEFENSOR DE TODOS Y CADA UNO DE NOSOTROS, QUE A VECES, SIN SABER O SABIENDO (o creyéndonos demasiado listos y teniendo por tonto a Dios) crucificamos al Señor con nuestra cobardía, con nuestros silencios cómplices, o con nuestro “sí” pero luego “no” a la vida cristiana a la que estamos llamados. ¡Perdónales, Padre Que éstas bóvedas góticas que se disparan en todo su esplendor hacia el cielo, lleven hasta Dios esta palabra de solidaridad, de misericordia, de recuerdo de Aquel que siendo Víctima no nos olvida, ni incluso, en estas horas de muerte. Primera palabra de Jesús sin un ápice de egoísmo. Hasta en la cruz es incapaz de pensar en El. Hasta en la cruz tiene la mano por algo y por alguien. Por aquellos que inconscientemente clavaron al inocente y, por nosotros, por las veces en las que le seguimos clavando, ignorando, alzando, atravesando o negando en tan grandes y diferentes cruces.
De qué distinta manera, y con qué amplitud, se ve el horizonte del mundo desde tu cruz Señor: el hombre contra el hombre, el mundo contra el mundo. Caminamos sin sentido y haciéndonos las mismas preguntas que ayer. Ni pensamos lo que decimos ni, otras veces, decimos lo que pensamos. Somos los eternos inconstantes e inconscientes en nuestras decisiones y luchas. Hoy y aquí, también Señor, seguimos clavando en abundantes maderos invisibles y visibles a muchos de nuestros hermanos que no han cometido otro crimen que no halla sido sino el de vivir. Errores y falta de visión, pequeñeces y limitaciones, ansia de poder e incapacidad de reconocimiento de culpas hacen que arriba y abajo, en miles de nuevos Gólgotas se alcen cruces que nos enseñan el valor del sacrificio, de la entrega, de la verdad…aunque tengan que ir firmadas y regadas con sangre. Hoy, desde el madero, no buscas perdón para los demás (como muchas veces pienso yo)…lo pides y lo buscas también para mí y por mí. Hasta en la cruz eres incapaz de pensar sólo en Ti. Señor.
¿También podrás perdonarnos todo esto Señor?
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Segunda Palabra: "HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO" (Lucas 23, 39-43).
Jesucristo,
crucificado entre dos ladrones, como el peor y más peligroso de ellos,
fue todo" un misterioso símbolo de redención; infinitamente consolador
para nosotros pues, ¿quién no es ladrón?... no atacaremos a mano armada,
no actuaremos en la espesura de la noche , pero practicamos un robo más
culto, con guante blanco, con más diplomacia y más civilizado.
Habían fracasado los
tres, sí, porque Cristo fracasó a los ojos de sus apóstoles que sólo
veían esclavitud, sangre, ignominia, agonía y muerte. Señor baja de la cruz tanta tragedia que asola a nuestro mundo. Señor ¿cómo no bajaste, hace unos meses de la cruz, la tragedia del tsunami en Asía? ¡Baja, Señor, a todas situaciones que nos duelen para que veamos y creamos¡¡¡ Este es el Gestas, el ladrón malo que más prolifera en nuestro mundo. El que grita contra Dios y se revela contra El. El que exige mucho a Dios y no se exige nada así mismo. El que quiere una moral a su antojo y a su capricho sin más horizonte que el vivir bien y a costa de lo que sea y llevándose por delante lo que haga falta. ¡Baja de esa cruz para que veamos y creamos! ¡Hoy estarás conmigo en el paraíso! Quien permanece firme en sus convicciones como creyente, tiene siempre la posibilidad y la oportunidad de tener una puerta abierta para entrar en esa ciudad donde Dios va esperando el regreso de todos sus hijos que no se han cerrado a su gracia. Seamos buenos ladrones en esta ahora. ¿Sabéis cual fue la habilidad de Dimas? ¿Sabéis por qué fue ladrón hasta el final de sus días? ¿Os habéis parado a pensar por qué, Dimas, es el más delicado de los ladronzuelos jamás conocido? Tal vez, en esta hora, mirando al Cristo de Anchieta, si acercamos nuestros oídos escuchemos la respuesta: Dimas, incluso al final de su vida, supo robarme el mismo cielo. Este mal y buen hombre, tuvo la argucia, en el último instante de bajar hasta su corazón de reconocer que yo era rey. Que detrás de mí existía todo un reino. Que la verdad era injustamente tratada y clavad en mi persona. Que no se podía comparar en nada, mi vivir, , a la vida tortuosa que él y su compañero habían llevado. ¡Qué gran fortuna supo arrancarme en aquel último atraco! ¡Jesús acuérdate de mí cuando llegues a tu reino! También nosotros a este monte, hemos ascendido con las dos actitudes del buen y del mal ladrón. -Unas veces nos revelamos ante lo que Dios nos propone. Seríamos capaces de exigirle cuentas de lo que nos pasa y de lo que nos deja de pasar. Incluso, corremos el riesgo, de poner sobre el hombro de Dios todas y cada unas de las calamidades y contratiempos de nuestro mundo. -Otras veces, como el merengue, nos derretimos, dulces para reconocer que Dios siempre nos da una oportunidad. Que nunca son mayores nuestros pecados que el corazón de Dios. ¡Acuérdate, de mí, Señor cuando llegues a tu reino!
Dejémonos clavar un
poco en esta mañana, aquí en el monte calvario de Pamplona, al lado de
Jesús. Nos hagamos sus confidentes. Contrastemos nuestra vida con la del
Evangelio. Sin reproches. Sin arrogancia. ¡Que no baje el Señor de la cruz; lo necesitamos ahí arriba! ¡Bien subido y haciéndonos esa última transfusión de sangre para que podamos un día vivir eternamente! ¡No te bajes, Señor! Recuerda todos y cada uno de nuestros nombres. Olvida nuestros pequeños asaltos y atracos a la dignidad humana. ¡No te bajes, Señor! Y, cuando cruces ese umbral de la muerte, guárdanos una pequeña sombra, un vaso de agua viva, un poco de paz y de felicidad infinita….en ese gran paraíso al cual tu cruz despunta! ¡No te bajes de la cruz, Señor! ¡No te olvides de nosotros, Señor!
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Quinta Palabra: TENGO SED (Jn 19,28). ¿Cuántas veces no habría pedido agua Jesús a su Madre, después de subir y bajar, por las calles del viejo Nazaret? ¿No sentiría sed en la prueba del desierto donde las fuentes de la tentación estallarían en muchos caños delante de sus ojos? ¿Qué rostro de asombro pondría la Samaritana , siendo quien era Jesús, al acercarse y pedirle de beber? ¿No pediría el Señor de beber cuando, no hace muchos días, llegó fatigado a casa de Lázaro, Marta y María? Aquel que había dicho “"El que beba del agua que Yo le daré no tendrá ya sed jamás... ríos de agua viva brotarán de sus entrañas... el que tenga sed que venga a Mí y beba...”….ese, el mismo, tiene sed. Y Jesús, la fuente, el manantial, el surtidor de un agua milagrosa y celestial, divina y eterna, sigue teniendo sed. Quedó sorprendida la samaritana ante la petición de Jesús, “dame de beber” y perplejos quedarían los soldados ante la petición de Aquel que decía ser Hijo de Dios: “tengo sed”. ¿Sabéis que es lo mas extraño, ahora, aquí, en el Jesús crucificado? -Que no le duelen las espinas clavadas -Ni los insultos (ya han sido perdonados) -Ni el ruin tintineo de las 30 monedas con las que un amigo le vendió -O la traición de Pedro (ya está pensando en fundir las llaves de la Iglesia para entregárselas después de la Pascua) -Ni los pies taladrados o las manos insensibles por el peso de su cuerpo. Cuando uno ama, no se acuerda de ningún dolor. Cuando uno está armado de ideales, tiene ganas de vivir. De seguir adelante. Estamos acostumbrados a pedir a Dios. No lo estamos tanto a que DIOS lo haga. Aquel que tantas veces había calmado la sed (que convirtió la insípida agua en el mejor añejo vino)…..se siente de manos y de pies clavado sin poder acercarse a tantos amigos que le prometieron fidelidad, que le juraron puertas abiertas, que le brindaron casas acogedoras o ilusiones apostólicas. ¡SED TENIA JESUS! Y EL SOLDADO LE DIO LO QUE TENIA A MANO. Aquel, como tal vez nosotros, entendió lo que entendió: sed de agua….y Jesús tenía lo mismo que hoy: sed de Dios… El día en que recibimos el Bautismo, en nuestro nombre, se comprometieron en amoldar nuestra vida a la Palabra de Jesús; en el Matrimonio otros dijisteis delante del altar que vuestro amor siempre sería un sacramento de su presencia y una bendición de Dios; otros como sacerdotes nos postramos en tierra y nos levantamos con la firme promesa de proclamar a los cuatro vientos (con palabras de misericordia y de paz) que le daríamos, siempre el todo. Poco a poco –puede ser- que hayamos perdido la SED de aquello que nos mantenía en pie. Tal vez, en algunos momentos, hemos cambiado el AGUA DE LA VIDA ETERNA de Jesús…por el vinagre de la mala vida o de aguas corrompidas pero bien presentadas (con marketing incluido). Nunca como hoy, el hombre moderno, ha dejado sentir la sed provocada por la carencia de valores. Nos empuja nuestra sociedad a tener SED de lo sensual, de lo apetitoso, del camino fácil, de lo efímero, del éxito, de la belleza, del culto al cuerpo, del relativismo. ¿Cómo va a existir sed de Dios en un entorno que ensalza el escenario del poder y de la apariencia frente a esta gran verdad de la cruz, una cruz tosca, desnuda y sólo revestida por ese cuerpo de Jesús que hoy estamos contemplando? Ante un mundo deshidratado de las cosas más elementales. Es necesario que cada día más cristianos gritemos que tenemos de sed de paz aunque muchos no nos escuchen; que manifestemos la sed de justicia y de Dios aunque, algunos en plan burla, nos acosen, se burlen o nos lo quieran agradecer con una simple esponja empapada de vinagre. Jesús en esta hora, habla por ese mundo deshidratado (hombres y mujeres) que no se conforman con los calmantes que la sociedad les ofrece para vivir hoy y sufrir mañana. ¡Tenemos derecho a otros valores que pueden saciar de verdad! Que la SED del hombre no se calma con bebidas fáciles, superficiales pero con trágicas consecuencias! La sobresaturación no nos hace mi mucho felices. Es la SED de Dios lo que nos puede aportar felicidad interna y externa. La diferencia entre Jesús y nosotros, es que aún teniendo sed, ofreció su propio cuerpo para la transformación del mundo, para la conquista del corazón del hombre. Nosotros a veces vamos por ahí diciendo “tenemos sed de verdad, de justicia, de hermandad… y somos incapaces de dejarnos clavar ni una espina por ello”. Eso no es sed de Cristo, como mucho reseco. Sólo mirando a la cruz, tal como decía Pablo V podremos caminar hacia la Civilización del Amor y, también la de los pueblos, sólo será posible si el mundo no pierde el sabor de Dios; si las naciones no se cierran a esa agua novedosa del Evangelio. O aquellas otras, entre ellas los ciudadanos católicos de nuestra tierra, si somos capaces de aguantar ese vaso que Jesús nos ofrece contenido de fe, de la esperanza, de amor a Dios. Un vaso que, nuestra iglesia nos presenta, sin más afán que ese….QUE NO PERDAMOS LA SED DE DIOS.
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Sexta Palabra: "TODO ESTÁ CONSUMADO"( Jn 19, 30) ¡Qué cara ha costado tu salvación y la mía! Todo ha acabado, hasta aquí ha llegado el amor sin límites anunciado desde siglos! ¡Qué coloquio, impactante entre Jesús y Dios! Pidiendo el perdón por aquellos que eran unos ignorantes de lo que crucificaban entre sus manos; por el ladrón que se hizo amigo en la cruz; regalando a la Madre, era lo único que le queda en la tierra, y no duda en dejárnosla. Todo, aparentemente ha terminado, se ha saldado la deuda entre Dios y el hombre. Se han cumplido las promesas, el plan tejido desde antiguo. Ha llegado la paz de Dios con el hombre. Siempre, la vida nos lo enseña con mucha frecuencia, es necesario que alguien haga algo de extraordinario, que vaya más allá de sus propias fuerzas, para que parte del mundo sufriente siga viviendo. En cuántas ocasiones, cuando contemplamos la tenacidad y la fe, el entusiasmo de hombres y mujeres que se CONSUMEN en la cruz del servicio ¿ No nos viene a la memoria esta sexta palabra? Hasta aquí he llegado Señor. -Hasta aquí he llegado, Señor, reza el misionero cuando –lejos de su tierra y de su familia- sigue trabajando, exhausto en la soledad y con sed de más justicia para aquellos a los que evangeliza -Hasta aquí he llegado, Señor, balbucea el anciano en su vejez, tal vez despreciado por los suyos después de haber sido bien exprimido materialmente. -Hasta aquí he llegado, Señor, grita el que ha perdido la esperanza, el que ha dado todo lo mejor de sí mismo y comprueba que no siempre recoge aquello que siembra. El profesor que dicta pero siente dificultades para ejercer la autoridad; los padres que juegan a ser amigos de los hijos y luego, con el paso del tiempo, se quejan de que “esos” no son sus hijos; la iglesia que intenta pero no puede llegar a “tocar” esos corazones tan difíciles de las nuevas generaciones para llenarlos de Dios. Sí, ya lo sé, unos jóvenes muchos de ellos con grandes valores humanitarios, tolerantes, abiertos a otras culturas, defensores de la no violencia, pero con dificultades muy serias para sentir en sus vidas que DIOS está con ellos. Que esta iglesia es la que tenemos, cosa y casa grande por ser de Dios, y –bueno pues sí- frágil, con contradicciones. Pero más vale…porque si no fuera así..me parece que la mayoría de nosotros no tendríamos cabida en ella. Hoy, viernes santo, la Iglesia mira a la cruz y con Jesús grita a Dios: ¡todo se ha consumado! Hacemos lo que podemos. No tenemos más fuerza que la del Evangelio. NO pretendemos otra cosa sino que, el hombre, no olvide que Dios está por encima de sus cabezas. No queremos nada más sino que, en medio del secarral de tantos valores, el hombre entienda que puede ser más feliz con DIOS que sin DIOS. Que el hombre, sin referencia a Dios, se consume en un laberinto de ansiedad y de vacío. ¡Todo se ha consumado! Es la hora de la iglesia. Aunque nos parezca mentira. Mientras Jesús duerme, la iglesia en estos tres días, está llamada a armarse de valor. A poner sus bases. A pensar en el mañana. A punto de expirar Jesús en la cruz no nos pide otra cosa sino COMPROMISO. El se ha consumido por nosotros pero, esto, no es final de una historia trágica. Ahora nos toca a nosotros. Donde haya odio intentaremos poner el amor Donde surja la enfermedad, si no podemos curar, estaremos en la cabecera de la cama Donde veamos injusticias, procuraremos poner las cosas en su sitio aún a riesgo de ser reprendidos o tenidos por locos. En este año 2005, Año de la Eucaristía, contemplando la grandeza, la contradicción y la verdad de la cruz…no podemos pretender que el hombre de este nuevo milenio se salve sin la ayuda de otros hombres. ¿Cómo van a conocer las futuras generaciones este árbol de la cruz, si nosotros los que hemos comido de su fruto, lo recogemos en la pared de una iglesia o lo replegamos en la conciencia de cada uno? Hemos venido en esta hora, a la Seo Pamplonesa, no solamente porque queremos escuchar SIETE PALABRAS, sino porque queremos que JESUS nos dispare SUS SIETE PALABRAS COMO SIETE DARDOS para que espabilemos un poco. Para que cuidemos este magnífico árbol plantado en el corazón de Navarra. En tantos montes de nuestra geografía. En tantos pechos que, a veces lo enseñan, como simple adorno: LA CRUZ. Todo está consumado. Cristo ha hecho todo lo que tenía que hacer. Ha dicho lo que tenía que decir. Ha bendecido, ha multiplicado el pan, ha calmado tormentas, ha resucitado muertos, ha devuelto paralíticos a los caminos, confirmado en la fe a miles y cientos de discípulos….¿Qué pasa? ¿Qué nosotros vamos a ser menos que aquellos que entendieron que el fruto del árbol de la cruz no solamente hay que comerlo sino darlo a conocer? Qué más quisieran algunos!¿Qué pasa, que en vez de consumirnos por revitalizar y cuidar este árbol de la cruz, nos vamos a dedicar como algunos hacen, a trocearlo presumiendo además de que lo están astillando? Cuentan que una vez dos enamorados comenzaron el camino juntos. Y que uno estaba más dispuesto que el otro para hacer lo imposible con tal de salvar aquel primer amor. Un día llegaron los dos hasta la roca situada en el borde de un camino y cansado, le dijo el primero al segundo: mira; yo ha hecho todo lo que podía. Ahora te toca a ti. Continua, esta leyenda, que ese amor siguió hacia progresando. ¿Sabéis cómo? Por las enseñanzas que el primero había dejado al segundo durante los primeros años de aquel amor. Esos dos enamorados en el camino hacia la cruz somos, ni más ni menos, Cristo y su pueblo, Cristo y su iglesia, Cristo y nosotros, Cristo y tú, Cristo y yo…. el se queda…consumido y consumando la gran obra de Dios, pero ¡eso sí! Recordándonos : ahora os toca a vosotros…..ahora te toca a ti. ¿Podremos decir también nosotros el día de mañana, en el momento de cerrar los ojos a esta vida aquello de …”está cumplido” “he cumplido” “ me he consumido” “ todo según lo previsto” “ha merecido la pena”… llevar la Buena Noticia (con cruz incluida) a mi familia, a mis amigos, a mi ambiente? O tal vez, simplemente diremos..”dejamos que otros cumplieran”..nosotros estuvimos de meros observadores. Te toca a ti. Nos toca a nosotros. No hay que ser un consumido para las cosas de Dios….hay que consumirse hasta el final. Y no es un juego de palabras sino..un arriesgarse por Alguien que merece la pena: EL DIOS DE LA CRUZ.
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Séptima Palabra: "PADRE EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU"(Lc 23, 46) Qué bien suena este salmo (31,6) en los labios de Jesús. “En tus manos encomiendo mi espíritu”. Pero aún impresiona más cuando añade “PADRE”. Vino del Padre y al Padre va. No hizo otra cosa sino cumplir su voluntad. Y con esta séptima palabra, por cierto de PAZ, se siente seguro en las manos del Padre. Sabe que, aunque para muchos de los que están mofándose a sus pies, todo esto no tiene ni pies ni cabeza, para él tiene un rostro: DIOS. Ponerse en manos de Dios, cuando llega la muerte, es ver la otra cara de la cruz. En el dintel de la muerte la separación del mundo no es tan amarga, cuando uno vive profundamente en sus entrañas el contacto con Dios. Se hace una carga insoportable, un absurdo y aborto para nuestra felicidad cuando situamos nuestros horizontes exclusivamente en lo inmediato, en lo visible, en lo vacío, en el sinsentido de las cosas. Cuando no vemos unas manos más allá de nosotros mismos esperando lo que EL sembró, recogiendo, uno a uno, el espíritu que a todos nos dio en el inicio de nuestras vidas. Impresiona, os lo digo por experiencia, ver a hombres y mujeres (incluso en nuestro tiempo) rezar un Ave María en los últimos instantes de sus vidas. Jóvenes que dejan madres al pie de la cruz. Recuerdo a un joven que disfrutaba en la representación de la Pasión viviente de un pueblo. Hacía todos los años de Cirineo. Ayudaba y empujaba para que Jesús llegase hasta el final. Y lo vivía de tal manera que para él, todos los años ser cirineo, era como ayudar a que Jesús cerrara los ojos al mundo con más paz, menos herido, menos lastimado. Fuimos en un viaje pastoral a Tierra Santa con un grupo de jóvenes y de adultos. Recorrimos los mismos caminos de Jesús. Celebramos la cena del Señor. Compartimos una vigilia en el Huerto de los Olivos, y antes regresar a Navarra, en el Santo Sepulcro vivimos con emoción contenida y sin contener también una eucaristía donde sentimos de verdad que Jesús no había quedado en la cruz. Que nosotros éramos testigos de su resurrección. Pues bien, no pasaron muchos meses, cuando aquel joven que representaba al cirineo, que había disfrutado en aquel viaje parroquial por las tierras del Señor…sintió, con 33 años también, que Jesús le llamaba no ya a ser cirineo sino a cargar con su cruz en una cruel y grave enfermedad. Nunca olvidaré, en una de mis visitas al hospital de Navarra, cuando le dije; ya ves…tanto llevar la cruz y resulta que te has quedado con parte de ella. “Que sea lo que Dios quiera”. Poco tiempo después, en plena juventud, cerraba los ojos con su cuerpo marcado y humillado por la enfermedad. ¡Qué importante, verdad, es ver a Dios en los acontecimientos de nuestra vida! Saber que de Dios venimos y a El iremos. Que El nos llena de su espíritu y, en el día final de nuestro periplo por el mundo, somos convocados a la Resurrección ¡Confiar en El, aunque se nos vaya la vida en regueros de sangre! ¡Sentir que Dios está a nuestro lado en el éxito, en el fracaso y también en la soledad! ¡Qué reto tenemos delante de nosotros! Alcanzar el equilibrio entre la ciencia y la fe, entre el corazón y la razón. Entre el superhombre de este Tercer Milenio que parece que es dueño de todo, y Dios…que espera pacientemente y nos dice aquello “eh..que yo también existo” “que yo te creé” “que yo te di alas para la libertad” “impulsos en el corazón” “fuerza en el caminar” ¡Qué reto tan apasionante para cada uno de nosotros! Que el mundo sepa, vuelva a descubrir (incluso los viejos cristianos) que Dios es Padre. Por ello mismo, no podemos permitir que estas siete palabras que hemos escuchado se queden en siete. No podemos consentir que permanezcan como si fueran palabras en lata de conserva. Son Palabras de Vida…Palabras que nos llevan a la mañana de la Pascua….Palabras que nos exigen un esfuerzo….un empeño…Son siete palabras que se expresan, se lanzan al aire y se pregonan con millones de palabras y obras nuestras. Volvamos nuestros ojos en este día al Cristo que todo ha consumado con matrícula de honor, como lo hicieron el discípulo amado y María, con amor….con emoción…..sin perder detalle….dejemos que caiga su cabeza sobre nuestros hombros, ya que entonces no pudo reclinarla en ninguno; hagamos firme promesa de que estas palabras no se apaguen…que sigan siendo luz que ilumine los caminos de los que hoy vivimos y de los que, en el mañana, llamarán a las puertas de la iglesia…. Los ojos de Cristo se abren….miran hacia el cielo, cuando los nuestros nos empeñamos en clavarlos exclusivamente en la tierra, su cabeza se inclina, calla (con lo difícil que nos resulta a nosotros hacerlo), el Señor ha muerto.
Esto es verdad, hermanos. Y por ello hemos ascendido en medio de la tiniebla que espera la Pascua, no a este escenario de la Catedral de Pamplona, sino hasta el mismo Gólgota donde se ha cumplido, y lo hemos contemplado con nuestros ojos, escuchado en siete divinas palabras, vivido en lo más profundo de nuestro corazón…, al milímetro, los planes de un Dios que nos salva. Por nuestro amor murió el Señor…en la cruz. Ha ido en cabeza, para que luego nosotros como cuerpo, sigamos sus caminos que no son otros que los de CONFIAR y DEJARSE LLEVAR POR DIOS. Ha muerto pero, sabemos que su muerte no es inútil, el Señor volverá. Pero, cuando vuelva, ¿cómo nos encontrará? -Cantando la alegría del Resucitado o con los evangelios acumulando polvo fruto de una época y no de una VIDA DE RESURRECCION -Dando testimonio de su pasión y de su muerte, o llevando una cruz sin saber muy bien qué significa. -Despiertos, contentos, entusiastas y esperanzados de ser sus TESTIGOS o, dormidos y paralizados por el cloroformo del secularismo que todo lo invade. -Entregando hasta nuestro último aliento por su reino o replegándonos por la presión de tantos poderes mediáticos que nos aturden o confunden?
Te vas, Señor, pero sabemos que volverás. ¡VUELVE, CRISTO, VUELVE!..¡AUNQUE AHORA DESCANSES EN LAS MANOS DE DIOS UN POCO, UNAS HORAS, UNOS DIAS….¡Baja hasta el fondo de la muerte! PARA ALCANZARNOS, NO UNOS DIAS, NI UNAS HORAS, NI UN POCO DE TIEMPO…SINO TODA UNA ETERNIDAD! GRACIAS, SEÑOR. HAZ GRANDE NUESTRO ESPIRITU PARA QUE NUNCA DEJEMOS DE LADO A AQUEL QUE NOS DIO EL TODO; EL PERDON, EL REINO, LA MADRE, LA FE, LA PAZ Y LA MISMA VIDA.
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