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LA
VERDAD NOS HARÁ LIBRES |
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EL VALOR DEL TIEMPO
Por fín esta vez si parece que va en serio que acabamos el siglo y el
milenio. Todo se preparó hace tiempo por nuestra incansable y hambrienta
sociedad de consumo para que no le falte nada a nuestro probrecito cuerpo, que
siempre anda pidiendo la limosna de un placer, el que sea. Unos luchan por
sobrevivir, y si tienen suerte pasarán el rubicón del calendario todavía
vivos, aceptando el riesgo de seguir luchando por un poco de pan y un rincón
para dormir. Otros aspiran a mantener el ritmo que nos impone la economía de
mercado. Muchos sueñan con un futuro de cine, pero de cine fantástico, donde
todo sale bien y es maravilloso. Hay prisa por llegar no se sabe a donde. Todo
el tiempo parece poco para celebrar el tiempo. Y las doce campanadas del 31 de
diciembre serán escuchadas entre la vorágine de una orgía pagana que mira el reloj como si fuera un dios. Y nos
deseamos felicidad y paz, prosperidad y buena suerte, salud y bienestar... Y
muchos, muchísimos nos se acordarán de darle gracias a Dios por el don del
tiempo y de la vida. Todo se deja a la suerte, a la benevolencia de los astros en quien se confía plenamente que nos serán
favorables. Mucho trabajo tienen en estos días los magos, adivinos y profetas de la ilusión y la superchería. Lo del tiempo es
muy relativo. No importan mucho los datos del calendario fuera de la sociología,
la política y la economía. Los hombres tenemos las horas y los minutos que la
vida nos va ofreciendo cada día. El ayer pasó con sus aciertos y errores, y lo
dejamos en manos del Dios misericordioso. El mañana no sabemos si vendrá, y lo
ponemos en manos del Dios providente. El hoy y el ahora es el que tenemos, y hay
que vivirlo con ilusión, con serenidad, con paz en el corazón, con toda
responsabilidad, y con el pie en el freno para no correr más de la cuenta. Estoy leyendo un
magnífico libro titulado "Testigos de esperanza", que recoge los
Ejercicios espirituales que hace unos meses dirigía al Papa, y miembros de la
Curia Romana, el obispo vietnamita Nguyen van Thuan, que sufrió 13 años de cárcel
en la persecución religiosa de su país. En distintas meditaciones nos habla
del tiempo con toda la fe de su alma. Él sí supo bien valorar lo que era el tiempo, recluido en su celda de aislamiento, sin saber que traerá el mañana.
Estas son sus palabras: Vivir momento a momento con intensidad es el secreto para saber vivir
bien ese momento que será el último. Escribe Pablo VI en su "Pensamiento
sobre la muerte": "No
mirar más hacia atrás, sino hacer gustosamente, sencillamente,
humildemente, firmemente, el deber resultante de las circunstancias en las que
me encuentro por voluntad tuya. Actuar rápidamente. Hacer todo. Hacerlo bien.
Obrar alegremente lo que Tú quieres ahora de mí, aunque supere inmensamente mis fuerzas y aun cuando me pidas la vida. Finalmente, en esta última hora".
Cada palabra, cada gesto, cada
llamada telefónica, cada decisión, deben ser la cosa más hermosa de nuestra
vida. Reservemos a todos nuestro amor, nuestra sonrisa, sin perder un segundo.
Cada momento de nuestra vida
Y recoge una oración de una santa
religiosa:
"Si miro al futuro, me asalta
el miedo,
El tiempo pasado no está en mi poder
¡Oh momento presente!, Tú me perteneces completamente.
Todo esto suscita en mí la necesidad de aprovechar el tiempo, que no es
mío. Recuerdo lo que hace tiempo aprendía del Beato Josemaría Escrivá,
Fundador del Opus Dei: El Señor tiene
derecho -y cada uno de nosotros obligación- a que en todo instante le
glorifiquemos. Luego, si desperdiciamos el tiempo, robamos gloria a Dios (Surco,
508).
Ante el nuevo tiempo que inauguramos, que cambiará la faz de todos los
calendarios, lo mejor es decidirse a hacer bien en cada momento lo que debemos
hacer. Cada minuto será entonces una fuente de alegría. ¡¡FELIZ AÑO 2001!! Juan García Inza
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