LA VERDAD
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DESDE LA CASA DE LOS NOMOS

 

Un lugar para Dios

 

 Hace unos meses, al acabar el verano, me encomendó mi Obispo la puesta en marcha de una nueva Parroquia que se acababa de crear. Estaba todavía en el vientre de la Madre Iglesia, y había que ayudarla a nacer. Dejé la vieja Parroquia que regentaba y me puse manos a la obra. La criatura empezó a ver la luz tímidamente, poco a poco. No teníamos lugar para rezar y celebrar. Me daba la impresión de estar en tierra de misión, donde falta de todo menos las almas que hay que evangelizar. Nos habían cedido un hermoso terreno los urbanizadores, y allí había que construir un lugar para Dios. Pensamos en una iglesia grande y bonita. Pero no contábamos con medios, y pensamos hacer, provisionalmente, un lugar más modesto. Y ladrillo a ladrillo ha nacido una criatura llamada CENTRO PARROQUIA SANTO TOMAS DE AQUINO. Es también amplio, bonito, acogedor. Con todo lo necesario para que una Parroquia funcione con normalidad. Y este domingo precisamente, el 27 de Enero de 2002, vísperas de Santo Tomás de Aquino, Patrón de la nueva Parroquia, lo bendice el Obispo y lo estrenamos con la Eucaristía. Después enterraremos la primera piedra de lo que será el templo definitivo. En ella  se guardará, entre otras cosas, el acta del acontecimiento y nuestros mejores recuerdos. Ya tenemos aquí un lugar para Dios. Y para todos.

         Pero muchos se preguntan en nuestro tiempo si realmente hacen falta todavía lugares de culto, o más de los que ya abundan en nuestro entorno. En definitiva, lo que nos quieren decir es que no hay Dios para tanto, o tantos para Dios. Parece que el ateismo o el agnosticismo reinante dan por hecho que Dios ha muerto socialmente hablando, y que sólo queda su imagen en la mente de aquellos que lo quieran admitir. Dios, dicen, es una idea cultural para aquellos que privadamente quieran admitirla y vivir de acuerdo con lo que creen.

         Muchos caen en la tentación de pensar lo mismo, o de interrogarse sobre la verdad de estas afirmaciones. Por eso, más que los argumentos teológicos y las demostraciones apologéticas, es un gozo escuchar de un gran literato que acaba de morir estas palabras: “El hombre tiene necesidad de creer en Dios y hablar con Él”. Se trata de José María Sánchez-Silva, el autor de aquella obra tan bonita llevada a la pantalla del cine y que se llama MARCELINO PAN Y VINO.

         En una entrevista concedida a un periodista unos meses antes de morir afirmaba entre otras cosas: Existen muchas pruebas de la presencia de Dios en el tiempo, pero si no fuese así, el hombre tendría la necesidad de inventarlo…Es totalmente necesario hablar con Dios en el mundo de hoy, pese a que dicen que se está descristianizando. La gente tiene necesidad de hablar con Dios, y puede que intente rehuirlo por pudor o por respeto, que diga “¿Cómo voy a llamar de tú a Dios?” como lo hacemos en el Padrenuestro. Yo les digo ¿cómo podría hablar a Dios de usted, si está dentro de mí?

Continúa diciendo: Pienso que siempre se ha necesitado de Él. Ahora sí se está notando más un acercamiento de los más jóvenes, de futuros hombres y mujeres puros y sanos, pero el hombre necesita de Dios. Siente la presencia de un Ser Superior, que significa el sumum de la justicia, de la belleza y del amor de todo lo que quiere ser el hombre. De ahí yo creo que nace esta búsqueda de Dios…

         Creer es sencillo, aunque tenga sus dificultades a la hora de vivir la fe. Cristo, cuando vino a este mundo, se rodeó de una “clientela” de pobres, enfermos, desgraciados, tullidos… y a ellos fue a los que primero se entregó. Yo pienso que deberíamos ser igual de sencillos que los niños, y en cierto modo lo somos, lo que pasa es que hay un concepto un tanto grotesco del hombre, cuando todo hombre tiene un niño dentro… Cuando pienso en Jesús imagino un hombre sencillo, afable, bondadoso pero nada ñoño ni amanerado. Un hombre como alguno de los que conocemos o vemos, admirable por su sencillez y su valor tranquilo. Un Jesús que está dentro de nosotros.

 

            Pues, como dice Sánchez-Silva, todos tenemos necesidad de Dios, de hablar con El. Lo necesitamos urgentemente. Esta es la razón que nos ha movido a meternos en la aventura de hacer una iglesia, un templo. Es sencillamente construir un lugar para El, y un lugar para todo aquel que quiera estar con El, hablar con El, reposar un rato junto a El.  Todas las iglesias son pocas para abarcar la grandeza de Dios. Menos mal que El se ha hecho pequeño, sencillo, un trozo de pan que cabe en cualquier lado. Pero el templo es el lugar del pueblo, o de la ciudad, donde el hombre puede disfrutar del silencio y la soledad junto a Alguien que, sin manifestarse físicamente, le está mirando y le habla al corazón. No hay que dejar a Dios solo en sus templos. Desde cada lugar sagrado, desde cada templo, se vislumbra por una ventana misteriosa la eternidad, y el hombre puede respirar a fondo el ambiente del cielo. Dios te espera en su casa. No dejes de atender su invitación.

 Juan García Inza

juangainza@hotmail.com

 

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