LA VERDAD
NOS HARÁ
LIBRES

 

SI QUIERES LA PAZ, DEFIENDE LA JUSTICIA

         Esta semana, en toda España, estamos celebrando la CAMPAÑA CONTRA EL HAMBRE EN EL MUNDO, que organiza cada año, por estas fechas, MANOS UNIDAS, institución eclesial dirigida por mujeres católicas. Es un fuerte toque de atención para que levantemos la vista y miremos más allá de nuestro entorno, y descubramos a tantísimos hermanos nuestros que pueblan el llamado tercer o cuarto mundo, y que le hemos dejado el trozo más pequeño del pastel, si es que le hemos dejado algo.

         Cuando ocurren catástrofes como la de El Salvador, o la de la India, y los medios nos acercan las imágenes del horror y la miseria, parece que se nos remueven las entrañas. Y no es para menos. Pero se nos puede olvidar que, sin terremotos y sin desastres naturales, en muchísimos lugares del mundo hay gente que sufre la injusticia del hambre en todos sus niveles: pan, cultura, salud, vivienda, progreso... Y a veces estamos tan entretenidos en nuestros banquetes particulares, como el famoso rico Epulón de la parábola evangélica, que no vemos al pobre Lázaro que nos mira esbozando una sonrisa y nos tiende la mano por si nos sobra algo.

         El lema que MANOS UNIDAS ha adoptado este año es contundente: SI QUIERES LA PAZ, DEFIENDE LA JUSTICIA. Todos deseamos la paz, pero más que una paz global parece que lo que deseamos es que nos dejen en paz. No queremos complicaciones. ¡Vivimos tan bien en nuestro tinglado! Eso del hambre nos pilla un poco lejos. Además, para eso están los políticos, solemos decir. Otros se conforman con entregar las bolsas de ropa vieja y zapatos rotos. Hay quien pretende silenciar su conciencia dando las monedas sueltas que lleva en el bolsillo. Otros no dan nada con la excusa de que, ¡Dios sabe si eso llegará a su destino! Desde luego, lo que no se da no llega nunca. Y lo que se da a MANOS UNIDAS llega siempre, está garantizado por los miles de misioneros que avalan su honradez con una vida totalmente entregada y comprometida con la suerte de los más pobres. Pero no olvidemos que no se trata de dar limosnas, sino de compartir justamente lo que tenemos, que no es sólo nuestro.

         No falta pan en el mundo, pero está muy mal repartido. Hay que exigir un comercio más justo. Que las grandes decisiones, que afectan a todos, no las tomen sólo unos pocos. Que todos los gobiernos trabajen buscando realmente el bien del pueblo. La justicia es la primera piedra para construir la paz.

         Los paises ricos deben buscar cauces de perdón de tantas deudas impagables por los países pobres. El perdón justo hace posible la paz justa.

         La vida y la salud de los países desfavorecidos está por encima de los intereses económicos y de poder de tantas empresas y políticas de expansión.

         La tierra cultivable ha de estar mejor repartida, para que todos puedan trabajar, y con su trabajo se ganen el pan justo de cada día. Que se respeten los derechos humanos de todos, y no se abuse tanto de las mujeres y los niños.

         Soñamos por un futuro más humano. Pero mientras llega, el mundo sigue roto en mil pedazos de hambre, de injusticia, de violencia, de pobreza y de opresión. Así la paz es imposible.

         Tendremos que unir nuestras manos a las manos de los otros y, entre todos, unidos, crear espacios para una situación nueva. Cuando el Señor dijo: TOMAD Y COMED, ESTO ES MI CUERPO, ¿no quiso decir también: TOMAD Y COMPARTIR, ESTA ES MI TIERRA?

Cada uno de nosotros, cada uno de todos los hombres, especialmente de aquellos que queremos vivir el Evangelio del Señor como Buena Noticia ante el mundo, tenemos en nuestras manos una parte de responsabilidad para recomponer en nuestra tierra LA JUSTICIA Y LA PAZ. Te propongo que recemos juntos diciendo con los corazones unidos:

PADRE NUESTRO, que estás en el cielo,

y desde tu morada

observas fijamente a cada persona.

Tú modelaste nuestro corazón

y comprendes todas sus acciones.

Danos la mirada de Jesús de Nazaret,

la mirada de TU HIJO,

la mirada del ESPÍRITU,

para no mirar a nadie

con desprecio, con ira, con violencia.

Danos las palabras de JESÚS,

las palabras que nos sugiere el ESPÍRITU,

para resolver todo conflicto

con el respeto al otro, con la mansedumbre, con el diálogo.

Danos realizar las obras de JESÚS,

el ser personas realmente humanas,

auténticamente espirituales,

que no separan el amor de la justicia.

Abba, Padre, que estás en el cielo,

en nombre de tu HIJO JESUCRISTO,

envía tu ESPÍRITU sobre nosotros que te invocamos,

y sobre toda la humanidad,

para construir entre todos un mundo nuevo,

para edificar con la justicia

la morada de la paz,

AMÉN.

 

Juan García Inza

juangainza@hotmail.com

 

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