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LA VERDAD NOS HARÁ LIBRES |
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NECESITAMOS RESPIRAR ALEGRÍA No creo que sea opinable que hoy, en esta sociedad que hemos construido entre todos, tan estrafalaria en muchos aspectos, necesitemos urgentemente respirar a fondo una bocanada de alegría. Hay muchísimas cosas que nos preocupan y nos amenazan con la tristeza, y esto es grave porque daña seriamente nuestra personalidad, nuestra naturaleza, nuestro ambiente, la propia humanidad. Por eso me gusta todo lo que hable de alegría, y me gustan las personas alegres.
Ha llegado a mis manos un libro
de los que hace falta leer con urgencia. Se titula precisamente “La
alegría”, y lo escribe la conocida y simpática periodista Paloma Gómez
Borrero. En la contraportada ya leemos lo siguiente: “La alegría
nunca es total porque no es un estado fijo, sino una actividad
permanente. Es como el pan fresco, que no vale
para el día siguiente. Y como todas las cosas de la vida, a veces
sólo la reconocemos cuando no está. O sea, cuando la tristeza se instala
en su lugar por más que la rechacemos, porque es parte de nuestra
naturaleza”. Este
libro, premio de Espiritualidad 2.000, nos habla de la alegría interior y
de la exterior, de la risa como remedio infalible, de la tristeza, de los
porqués de una alegría, y nos va ofreciendo una serie de testimonios
vivos de gente que sabe ser alegre y contagiar la alegría.
Al hablar de la alegría interior, que
es la auténtica, ya empieza con una buenísima cita de Nietzsche que dice:
“Nunca creas en ninguna verdad que no lleve consigo, al menos, una alegría”.
Cultivar la alegría, nos dice la autora, es una obra interior. No hay que
confundir chistoso con alegre o comediante. Y es cierto. Hay personas que
engañan con su apariencia. Parecen serias, adustas, con cara de
solemnidad, pero las tratas un poco y por los poros de su rostro destilan
esa paz y alegría que les salen del alma. Sus ojos brillan porque son los
escaparates de su corazón armonizado por la humildad.
Tenemos realmente una vocación a la
felicidad. Y esa felicidad hay que ir construyéndola día a día, con la
conciencia tranquila de hacer en cada momento lo que debemos, y bien
hecho. No se compra la alegría, como se creen ingenuamente nuestros
paisanos de la aldea global. Se pueden comprar ilusiones, carcajadas,
ratos de evasión. Pero la alegría no se vende, hay que conquistarla. Es,
como se ha dicho al principio, una actividad permanente.
Conocí a un joven mayor que era
poeta. Pero ya empezaba a perder la vista debido a la diabetes que padecía.
Comenzó rápidamente a aprender el lenguaje de lo ciegos sabiendo lo que
le esperaba en un futuro próximo. Siempre estaba alegre. Llegó un
momento que ya no podía salir a la calle a leerle sus poesías a
los amigos. Se mentalizó que su casa iba a ser su rincón para siempre.
Pero no perdía la alegría. Ya leía con los dedos los voluminosos libros
que le proporcionaba la ONCE. Era agradable dialogar con él, porque nunca
estaba triste. Con el paso del tiempo la enfermedad le afectó a los pies,
de tal manera que llegó un momento en que le era muy difícil moverse de
la cama. Y el siempre estaba con la sonrisa en los labios. Llegó a perder
los pies y totalmente la vista, pero nunca se quejaba. Yo pasaba ratos muy
agradables con él. Era un hombre de fe, y recibía con frecuencia los
Sacramentos. La hora más dura para él era cuando pasaban al medio día
los chicos que venían del Instituto, porque sentía nostalgia de la calle
que ya no podía pisar. Pero con toda paz
ofrecía a Dios el sacrificio y pedía por toda la juventud. Ya no
sé que fue de José, que así se llamaba, porque me marché de aquel
lugar y no he tenido oportunidad de saber de él. Pero siempre tengo
presente su sonrisa, que salía del interior de un cuerpo maltrecho pero
lleno de Dios.
La generosidad es clave para mantener
el alma joven, y no perder nunca la alegría de vivir. Cita Paloma Gómez
Borrero en el libro que comentamos, las siguientes
palabras del general MacArthur: “Serás joven tanto tiempo
como permanezcas verdaderamente generoso, tanto como sientas el entusiasmo
de dar a los demás tus cosas, tus pensamientos y tus palabras. Durará tu
juventud tanto como dure tu gratitud al recibir y la sensación de estar
debiendo siempre y deseando dar más. Permanecerás joven mientras seas
receptivo de todo lo bello, lo bueno, lo grande; pudiendo disfrutar de los
mensajes de la Naturaleza, del hombre y de Dios”. Un alma joven no sabe estar triste. Y hay muchísimos jóvenes con almas limpias que pasan por la vida tratando de hacer el bien. En estos días he tenido la oportunidad de conocer y de convivir con muchos de ellos: sacerdotes recién ordenados, intelectuales, un maquinista de tren, un guardia civil de la brigada contra la droga, un militar de unidades especiales de los que han estado en Bosnia, un profesor de Universidad, estudiantes de todo tipo, trabajadores de las más diversas profesiones. Y todos con un denominador común: pasar por la vida haciendo el bien de la mano de Dios. Por eso todos ellos estaban contentos y contagiaban alegría. Esa alegría que el mundo nuestro de cada día necesita urgentemente respirar. ¿Qué te parece si nos sumamos a esa tarea tan humana y tan divina? Habría menos caras largas entre nosotros.
Juan García Inza
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