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FE CRISTIANA Y "NUEVA ERA" (IV)
LA CONCIENCIA
Seguimos en nuestro empeño de presentar una visión de la llamada "Nueva Era" (New Age) desde la fe cristiana. En artículos anteriores, que el lector encontrará en el archivo de este espacio, dimos una visión general de este fenómeno de nuestra cultura posmoderna, y la semana pasada hablamos concretamente del concepto de ENERGÍA que nos ofrecen los inspiradores e ideólogos de la corriente que comentamos. Hoy nos centramos en un punto concreto de gran interés. Trataremos, aunque con los límites que exige nuestro espacio, de LA CONCIENCIA.
Como dice Le Mince en "Imágenes de la fe", nº 350, para la Nueva Era nuestra época está en crisis ya que hemos llegado al pórtico de entrada en una sociedad distinta que está sufriendo una mutación colectiva inevitable. La humanidad, se dice, entra en la era de Acuario, que provocará en nuevo tipo de hombre dotado de nuevas facultades. Todas ellas afectan a la misma conciencia. Y nos preguntamos, ¿qué se entiende por CONCIENCIA? Hoy se oye decir, en la casi generalidad de las personas, que ellas obran "según su conciencia". Pero se habla de una conciencia alejada de las normas morales y éticas que orientan la vida del hombre según su dignidad. Tampoco se interpreta la conciencia desde una concepción psicológica, en el sentido de ser conscientes de lo que hacemos. Para la "Nueva Era", la CONCIENCIA es un conocimiento intuitivo, íntimo, intenso e indestructible (o.c. pág. 8). No podemos conocer a los otros con la simple reflexión intelectual. A los demás los conocemos auténticamente cuando entramos en comunión con ellos. Un médico nunca sabrá lo que es la enefermedad de un paciente si él mismo no padece la misma enfermedad. Un profesor nunca sabrá lo que sufre un alumno en un examen si él mismo no se examina. A los humanaos se les mantiene vivos no sólo hablándoles de lo que son las proteínas, o las vitaminas, etc., sino dándole de comer. Para la "Nueva Era" la "toma de conciencia" más que un análisis o teoría es una realización. En cada profesión se toma conciencia de lo que se hace, haciéndolo. El místico se realiza entrando en estrecho contacto con el mundo del espíritu y sumergiéndose en él, sea en el zen, en el hinduismo o en el cristianismo. Con Le Mice nos hacemos una pregunta interesante: ¿se puede formar parte de la "Nueva Era" sin saberlo? ¿Soy un "new ager" por el mero hecho de practicar el yoga, la meditación o alguna técnica de relajación de las que hoy abundan? En principio no. Sólo pertenece a esta visión del mundo y de la vida el que realmente cree en ella. No se es cristiano por el sólo hecho de practicar algunas de las virtudes que Jesucristo propone, sino el que cree realmente en El, y se identifica con El. Se empieza a entrar en esta corriente cuando uno se convence de que estamos en unos tiempos en que ya no vale lo que había hasta ahora, se está convencido de que hay que empezar de nuevo, con una nueva concepción del hombre, con una nueva "religión" hecha de retazos traídos de un lado y de otro, con un compromiso que hago vida poniendo en tela de juicio los camino de salvación humana que nos han ofrecido hasta ahora las grandes Religiones monoteístas, fundamentalmente el cristianismo. Todo ello no se consigue en un cambio lento y progresivo de nuestros criterios y normas vividas hasta ahora, como si fuese un avance lineal hacia la perfección. Se trata de un cambio radical de la visión del mundo y del hombre. En algunos casos se llega hasta el extremo de hablar de un cambio de especie, de una nueva transformación integral como ya ocurrió en el paso del mono al convertirse en ser humano. Sería el cambio del hombre actual por otro tipo de hombre distinto. A toda la humanidad se le propone, pero de un modo irremediable, a cambiar de conciencia para entrar de lleno en los nuevos tiempos que impone la era de Acuario, destacando e implantando los valores femeninos de acogida e interioridad. Es como un nuevo descubrimiento de las Américas, del nuevo mundo, pero que se irá produciendo en la medida que cada uno vayamos cambiando nuestra particular mentalidad en la línea que se propone. La transformación del mundo vendrá por el cambio de la conciencia individual. No se cambiarán las cosas con la política, los movimientos ideológicos, la economía, etc. El mundo cambiará cuando cada uno de nosotros cambiemos. Se impone un nuevo despertar espiritual, una toma de conciencia de quién soy yo, y qué debo hacer. De este modo la colectividad irá cambiando. Y en frase muy sugestiva que recoge nuestro experto en la publicación citada, el hombre se convierte en un mutante, incluso en un psiconauta, un viajero del alma. La conciencia es, por tanto, una energía capaz de cambiarnos y de cambiar a los demás y a la vida entera. Y en este proceso de superación se nos ofrecen unos niveles, unos peldaños que hay que ir escalando: la conciencia física, la instintiva, la afectiva, la intelectual y la espiritual. Y al final llegamos a la Divinidad. Es todo un mundo de cosas buenas que he de ir conquistando para llegar a Dios que, según esta teoría, lo es todo, sin distinguirse de los demás seres. Los hombres, según esta visión, formamos parte de Dios, pero sólo nos damos cuenta cuando tomamos conciencia, y esa conciencia-energía, nos va ascendiendo a todos hasta ese "nirvana", podríamos llamar, que es "zambullirse" en la Divinidad, en la que ya estábamos, pero sólo flotando inconscientemente. Para lograr todo este cambio personal, el individuo debe conocerse como es, lo que es. Y debe saber, como afirman estas teorías, que el cuerpo humano es el contenedor de una serie de energías centradas en la columna vertebral en estratos llamados chacras, que van ascendiendo hasta el cráneo. El Yoga, en su estilo más puro y radical, pretende que el individuo vaya escalando las distintas chacras hasta llegar al cerebro para alcanzar la iluminación interior. Pero todo ello son técnicas que intentan aprovechar el psiquismo humano, el complejo nervioso del individuo, para provocar estados paranormales que, sin el debido control de verdaderos expertos, puede ser muy peligroso para el que lo practica. Según esta creencia, llegado al último peldaño, al cerebro, el espíritu puede dejar su envoltura corporal para realizar los llamados viajes astrales.
¿Cómo vemos toda esta panorámica desde la fe cristiana? Se observa fácilmente que, aunque hay elementos verdaderos y aprovechables, es toda un visión distintas de Dios y sus criaturas. Una cosa es la ascesis que el cristianismo propone como medio para adentrarnos en Dios, y que su máxima expresión es el éxtasis experimentado por tantos místicos, y otra cosa es que todo sea Dios, y el individuo, parte de Dios, utilice métodos para "caer en la cuenta" de su divinidad. Es verdad que el mundo cambia si cambia el individuo. Si cada miembro de la familia cambia, cambia la familia entera. Pero esto ya lo viene proponiendo la Palabra de Dios, tanto en el Antiguo, como en el Nuevo Testamento. No es la Iglesia con su estructura la que va a cambiar la sociedad. La Iglesia es la depositaria de los medios que Cristo nos ha dejado para que cada uno de nosotros cambiemos, ayudándonos con la caridad fraterna. Esa energía de la que se habla, y que se considera propia del ser humano, no es ni más ni menos que la Gracia de Dios, la FUERZA QUE DIOS NOS DA PARA QUE PODAMOS HACER BUEN USO DE NUESTRAS POTENCIAS, las que El mismo nos ha dado, y LOGREMOS LA SANTIDAD, LA UNIÓN CON DIOS. Santidad que sólo llegará a su plenitud en el Cielo: que es el ESTADO DE PRESENCIA DE DIOS PARA SIEMPRE. Mientras estamos en la tierra somos unos pobres pecadores, que debemos luchar con la ayuda de Dios a ir mejorando, y que contamos con los medios para lograr el perdón y recibir de nuevo la limpieza del alma. Me acuerdo de un pensamiento del libro Camino, del Beato Josemaraía Escrivá, que dice: "De que tú y yo nos portemos como Dios quiere, no lo olvides, dependen cosas muy importantes". Y el punto nº 1 del mismo libro: "Estas crisis mundiales son crisis de santos". Está claro que estamos en otros tiempos muy distintos. Pero sigue perfectamente vigente la doctrina cristiana en su totalidad: Dios es Creador y Padre. El hombre es criatura imperfecta de Dios. El Hijo de Dios se hace Hombre para salvar al hombre de sus miserias, y dando Su vida nos dio Su Gracia a través de los medios que ha dejado en su Iglesia, para que podamos vivir santamente en la tierra y ascender en su día al Cielo, a su presencia eterna, liberados de este "continente" que es el cuerpo, que unido al alma constituye el ser humano. Y los valores humanos son la expresión externa de una serie de virtudes teologales que Dios nos concede para vivir según nuestra dignidad de hijos suyos. Esos valores humanos hay que vivirlos y contagiarlos. El mundo, de verdad, será mejor y muchos, seguramente sin ser conscientes de ellos, están viviendo en la presencia de Dios, que siempre está presente donde se hace el bien y hay bondad. Seguiremos hablando del tema.
Juan García Inza
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