![]() |
LA VERDAD NOS HARÁ LIBRES |
|
FE CRISTIANA Y "NUEVA ERA" (III)
LA ENERGÍA
Lo que se viene en llamar "Nueva Era " (New Age), arranca ya de tiempos pretéritos, aunque en nuestros días haya invadido la sociedad y la cultura globalmente. La Nueva Era hunde sus raíces en las antiguas tradiciones místico-esotéricas, tanto de origen oriental como occidental, todas ellas ofrecidas como un cóctel seudoreligioso a una cultura posmoderna que tiene sed espiritual y no siempre acude a la auténtica fuente, que los cristianos sabemos a la perfección quien es y en donde se encuentra. Como dice Le Mince en "Imágenes de la fe" (nº 350) la vía oriental, el tantrismo, común al budismo y al hinduísmo, ha calado fuerte en la sociedad occidental valiéndose del Yoga, que se presenta como "método inocuo muy eficaz de relajación espiritual". Hoy son muchos los que acuden a las sesiones de Yoga como terapia para su agitado estado nervioso, o como método de oración. Sabemos que el ya fallecido P. Arrupe, anterior Superior General de los Jesuítas, urilizaba este método en su vida espiritual. Pero el Yoga no se queda, normalmente, en un simple método de relajación, sino que intenta implantar en sus practicantes un estilo de vida, y un modo concreto de pensar. En estos métodos y doctrinas encontramos elementos que propugna la Nueva Era: la conciencia, la energía, la visión optimista de este mundo que conduce a lo divino. Sri Auroblindo, que murió en el año 1950, fue un poeta y un maestro del espíritu que produjo, y sigue produciendo notable influencia entre sus lectores y admiradores. La comunidad Auroville, instalada al sur de la India con setecientas personas, de acuerdo con su maestro viven ya la experiencia de lo que consideran la nueva humanidad. Este "profeta de los nuevos tiempos" llamó a este movimiento "La nueva era del alma". El secreto del progreso que él ponía a disposición de la humanidad es lo que llamaba, y llaman sus seguidores: "la fuerza supramental". La Nueva Era sigue, muchas veces sin saberlo, y casi siempre sin nombrarlo, los principios de aquel redentor de los nuevos tiempos. En el mundo occidental esta corriente está representada en la teosofía que defiende el movimiento iniciado por Madame H. P. Blavatsky (que murió en el año 1891). Su pensamiento sigue vivo gracias a la Sociedad Teosófica que tiene una gran influencia. La teosofía ya existía en oriente antes de que la propagara por occidente la persona citada anteriormente, por eso muchos se preguntan si no bebería de fuentes tibetanas, utilizando incluso documentos secretos de aquellos monasterios. La Nueva Era cuenta en su ideología con fuertes influencias de esas teorías teosóficas. En las que se habla de un futuro nuevo que vendrá gracias a la llegada del llamado "Instructor mundial", que será el que haga la síntesis de todas las religiones en una nueva visión del mundo, del hombre y de la historia. ENERGÍA Es la palabra mágica que aparece en todos los anuncios y programas de la Nueva Era. La energía es el motor que lo mueve todo. Y este motor está movido a su vez por un poder que mana de una fuente superior inagotable. Se habla de ese algo, esa fuerza que envuelve al universo, como ondas que no podemos ver, pero que sí captamos. La naturaleza es como un conjunto de energías en perfecta armonía, y que lo importante es conectar con ellas para ser lo que somos, y vivir con equilibrio. La Nueva Era propone, como muy bien dice Le Mince en la publicación citada, una visión del mundo energética y vibratoria. La amistad, incluso el amor entre dos personas depende, según esta teoría, en que las ondas vibratorias de ambas coincidan y se complementen, y esa energía nos hace sentirnos bien. Un conjunto de personas que se reúnen en torno a un ideal: político, religioso, cultural, etc. no es más que un "egregore", que es sencillamente un conjunto armonizado, organizado, de vibraciones que no vemos, pero que nos afectan, nos unen, nos conectan. Y si uno abandona ese campo energético en que ha estado perfectamente conectado, puede estar condenado a la enfermedad, a la infelicidad, al fracaso. El hombre de la "Nueva Era" se convierte en un buscador de energías. Buscará incluso la energía de Dios, aunque se olvide de El y no lo tenga en cuenta para nada. Piensa que con la energía lo conseguimos todo, incluso la sanación de las enfermedades. Se corre el riego nada raro de, alcanzada la energía que se busca, se olvide de quien realmente tiene el poder, que es Dios. Como si una vez obtenida el agua que sale del grifo nos olvidamos de la fuente de donde mana. Surge una fiebre milagrera, un afán de encontrar prodigios por todas partes. Se busca egoístamente a Dios, no por ser quien es, sino por lo que me puede dar, e incluso olvidándome de que me lo ha dado. Y olvidando a Dios, se diviniza el mundo, y el universo, y los astros se convierten en los nuevos dioses que determinan indefectiblemente nuestro porvenir. Todo es Dios, que está diluido en los seres creados. La Nueva Era propugna un nuevo panteísmo de características especiales, que confunde al Creador con las criaturas. Pero Dios es el Ser supremo, real, omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y no un cúmulo de energías flotantes en el cielo envolvente que no se agotan nunca, como si fuera el sol que nos calienta e ilumina. El maestro, o lider espiritual, al que se busca en la Nueva Era con afán, no es el que sabe, el que conoce a fondo la Verdad, sino el que capta la energía flotante y la trasmite. Hoy muchos buscan más al curandero, al adivino, al echador de cartas, al brujo, que al maestro en la fe, o al director de almas. Todo se explica hoy con la presencia de energía en el espacio. Y cada hombre sería como una antena, que lo mismo recibe que emite. Entonces el buen maestro, como nos dice nuestro experto, es un buen emisor, y el buen discípulo es un buen receptor. No es cuestión de cultivar el espíritu, sino de conectarse bien con la fuente de energía. No podemos confundir este concepto de energía con la verdadera energía de que nos habla la Biblia, y que nos llega por el Espíritu Santo prometido por Cristo, y recibido en Pentecostés por los Apóstoles. Y que sigue hoy derramándose en el mundo. Esta energía divina es la gracia de Dios, que nos llega por la oración , los sacramentos y los otros medios que Dios ha puesto a nuestro alcance en la Iglesia. Dijo Cristo: ·"Sin mí no podéis hacer nada". Y San Pablo afirma: "Todo lo puedo en aquel que me da la fuerza". Este es el poder que nos viene de Dios, esta es la verdadera energía: la gracia de Dios, su presencia en nosotros. Lo demás, con todos los respetos, es traducir las Verdades divinas reveladas, en claves esotéricas que nada tienen que ver con la religión, sino con el mundo del misterio, la psicología y la parasicología. Se olvida la fuente para quedarnos con lo que mana de ella, dándole un tinte seudoreligioso y poco serio. Se busca una paz más onírica que real. Más basada en los sueños felices que en la gracia de Dios. Continuaremos la próxima semana hablando de la Nueva Era y la Conciencia. Juan García Inza
| |