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NO
TENGAS MIEDO
Querido
amigo, hoy quiero hablarte del MIEDO. Sí, has leído bien, del
MIEDO. Pero no en el sentido de que te acerques a Dios por miedo o
con miedo. La Religión que yo os dejé no es la RELIGIÓN
DEL MIEDO. Hay miedo cuando no hay amor, cuando se teme algo. Y se
teme algo cuando uno no tiene la conciencia tranquila, o no tiene
confianza, o tiene un concepto equivocado de Dios, o de la persona
a la que teme acercarse. No voy yo a hablarte de ese MIEDO
REVERENCIAL, que alguna vez puede estar justificado cuando falla
el amor. Uno de los
dones del Espíritu santo, como sabes, es el SANTO TEMOR DE DIOS.
Que no es el miedo a Dios, sino el respeto que el hombre, como
criatura, debe tener a su Creador. Hoy se ha perdido en muchísimos
el respeto a Dios. Tengo que decirlo con dolor: ni a Mi Padre, ni
a Mí, ni al Espíritu Santo se nos tratan siempre con delicadeza,
o con educación, o con simple tolerancia… Se habla mucho del
respeto a los demás, de la práctica democrática de saber
escuchar y valorar la opinión de los demás, la persona del otro,
el diálogo pacífico y armónico. Pero esto mismo que pedimos
para los demás, y para nosotros mismos, no se vive generalmente
con Dios. Se blasfema tranquilamente, se le niega a Dios el
derecho a ocupar el centro de la vida, se le margina, se le niega,
se convierte en objeto de burla, de risotada burlona cuando algún
signo nos habla de su presencia. Hay ambientes y lugares que la
palabra Dios está contraindicada, y a los que representan
externamente la religión les está prácticamente vetada la
presencia si no quieren exponerse a ser el blanco de todas las
miradas sarcásticas de la concurrencia. Siento mucho que esto sea
así, que se siga repitiendo Mi experiencia de hace dos mil años.
Pero
quiero decirte que no tengas MIEDO
dar la cara por Dios Padre, por Mí, por el Espíritu
Santo. Si tú, que eres mi amigo, que eres cristiano no estas
dispuesto a manifestar la fe que tienes, ¿Quién lo va a hacer?
Ya sabes lo que dije una vez, y
está recogido en el Evangelios: QUIEN DÉ
LA CARA POR MÍ ANTE LOS HOMBRES, YO DARÉ
LA CARA POR ÉL
ANTE MI PADRE CELESTIAL. PERO QUIEN SE AVERGÜENCE
DE MÍI
ANTE LOS HOMBRES YO ME AVERGONZARÉ
DE ÉL
ANTE MI PADRE CELESTIAL.
Amigo,
no me interesan para nada los que se esconden para rezar, los que
disimulan su fe, los que no van a Misa porque los demás se ríen,
o lo hacen a escondidas para que no se burlen de él. Esa actitud
no me sirve a Mí para nada. ¿Crees que así vamos a sacar
adelante el Reino
de Dios? ¿Piensas que así se salvan las almas? Hoy, en estos
momentos, la Iglesia, mi Iglesia, el grupo de mis hermanos y
amigos, está necesitado de valentía, de audacia, de amor
sincero, de coraje para decir a pleno pulmón: YO CREO EN CRISTO.
¡No me dejes solo! ¡No permitas que se rían de Dios! ¿Para qué
estáis vosotros? ¿Para qué estás tú? ¡Con que desvergüenza
muchos se manifiestan ateos, increyentes,
enemigos de la fe! Mientras tanto los creyentes, o los que se
dicen creyentes, andáis dudando, criticando, tirando piedras
contra nuestro propio tejado, destruyendo la unidad y la comunión
de la Iglesia.
¡Por
favor! Decídete a demostrar con tu vida que la fe es el mayor don
que Os damos después de la vida. Si la vida es sagrada, ¿qué
será la fe? ¿Puedo contar contigo? ¡Anda, deja el miedo a un
lado y lánzate a la calle a predicar la Verdad con tu testimonio
y tu palabra! Yo estoy contigo. No te faltará mi ayuda. Hay que
contrarrestar la tremenda invasión de materialismo y paganismo
con una siembra masiva de fe sencilla, aunque sea tan pequeña
como un grano de mostaza. De ti depende que otros me conozcan. ¿Puedo
confiar en ti?
Un
abrazo de tu Amigo
Jesús
Por
la trascripción
Juan García Inza
juangainza@hotmail.com