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LA VERDAD NOS HARÁ LIBRES |
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CUANDO EL MUNDO SE VUELVE LOCO Todavía estamos impresionados por las imágenes que pudimos ver, mil veces repetidas, el martes en directo por todas las televisiones. Cuando empecé a contemplar lo que el telediario estaba dando a las tres de la tarde de ese día, me horroricé pensando simplemente que era un accidente fortuito. Incluso comenté con mis acompañantes que no deberían hacer esas torres tan altas por ser un peligro para la aviación. A los poco minutos aparece otro avión de pasajeros que se estampa contra la otra torre gemela. Aquello ya no parecía un accidente, sino algo más serio. Y efectivamente, era lo que ya todos sabemos de sobra, y nos tiene consternados.Todos hemos comentado el caso. Y todos, como yo, seguro que lo hemos meditado despacio. Y nos parece mentira. ¿Cómo es posible que esto ocurra? Nos preguntamos. ¿Es que está el mundo loco? Y uno ya no sabe si decir que el mundo está loco o está endemoniado, o las dos cosas, que suelen caminar cogidas de la mano. Todos sabemos que el fundamentalismo ideológico es capaz de cualquier cosa. Pero no termina uno de creerse que el ser humano sea capaz de hacer tales barbaridades si no hay una FUERZA OCULTA, PERO MANIFIESTA, DEL ESPÍRITU DEL MAL QUE SE ESTÁ ADUEÑANDO DE UNA PARTE IMPORTANTE DE LA HUMANIDAD. No creamos que el demonio es un cuento chino, y que hablar de él es propio de fachas teológicos, de infantilistas trasnochados. El poder del mal es muy fuerte. El ser humano, con todo su poderío científico, está demostrando ser débil y muy vulnerable a la tentación del odio y la venganza. Vuelven las guerras al estilo moderno, con el marcado sello del más vil terrorismo, en nombre de Dios. El absurdo teológico, hábilmente aprovechado por el demonio, está inficionando las almas que se dicen creyentes. Y consecuentes con sus creencias no tienen ningún reparo en dar la vida por un ideal marcado a fuego por el odio.El
Presidente del país más poderoso de la tierra, que ha sufrido una de las
derrotas más crueles y absurdas, dijo solemnemente que acababa de comenzar
la guerra de bien contra el mal. Yo pienso que esa guerra del bien contra el mal comenzó con la existencia del mismo hombre. La historia de la humanidad está plagada de batallas del bien contra el mal. Pero, ¿a qué llamamos bien, y a qué llamamos mal? Pienso que los cristianos lo tenemos claro. El Papa no ha parado de repetirlo desde que inició su pontificado. Hay cosas que para unos son buenas y para otros malas. Hay bienes y males relativos, y hay bienes y males absolutos. Todo lo que vaya contra Dios y la dignidad humana es MAL ABSOLUTAMENTE, venga de donde venga. Y en el mundo que llamamos civilizado y actualmente agredido hay muchos males absolutos. ¿Cuántos millones de seres humanos han sido exterminados mediante el crimen del aborto? ¿Cuántos millones de hombres, mujeres y niños han muerto por no tener lo imprescindible para subsistir? Lo del día 11 de septiembre fue horroroso, pero no es menos horroroso el resto de las muertes inocentes, las injusticias, y las explotaciones que se practican con parte de la humanidad.Hay que hacer la guerra del bien contra el mal, pero el mal absoluto es el pecado, y pecado hay en todas partes. Hay mucho terrorismo de guante blanco. Si pusiéramos en un montón los seres humanos que ha eliminado la injusta sociedad del consumo y el bienestar tal vez la indignación y el horror sería más duro y macabro. Estoy de acuerdo que los terroristas fanáticos y espectaculares necesitan su fuerte tirón de orejas. Pero que cada uno en su sitio se aplique el cuento, y luchemos contra todo tipo de terrorismo, contra toda clase de atentado, y evitemos caer en el craso error de creer que somos los más fuertes porque tenemos las torres más alta y nuestros cohetes llegan más lejos. Todo eso se ha demostrado que no sirve para nada cuando el demonio se mete las cabezas, y nos vuelve a decir que somos poca cosa si no contamos con Dios. Es tiempo de reflexionar y darle otro rumbo a este siglo y milenio que acaba de comenzar, si es que de verdad queremos vivir en paz .Juan García Inza
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