LA VERDAD
NOS HARÁ
LIBRES

 

DESDE LA CASA DE LOS NOMOS

La sal del cristianismo

 

         Me preguntaban el otro día un grupo de chicos de la parroquia lo que yo pensaba de la unidad de los cristianos. Y les dije sinceramente que los cristianos estamos escandalosamente desunidos. Hay que reconocer la verdad, aunque sea amarga. Millones de personas decimos seguir a Cristo, pero no se cumple aquello que El dijo: “Un solo rebaño y un solo pastor”. Hay multitud de rebaños que todos quieren apropiarse la etiqueta de la autenticidad, y no admiten ni siquiera la posibilidad de una  nimia variante. Y esto no es el cristianismo que leemos en el Evangelio. ¿Quién tiene la razón? El que siga a Cristo por el camino autentico, garantizado desde su origen hasta nuestros días. Y el que no lo vea así, al menos que respete la parte de verdad que el otro tiene derecho a disfrutar. El cristianismo no es ni intolerancia, ni intransigencia, ni fundamentalismo, ni mucho menos guerra fraticida. Como diría el B. Josemaría Escrivá: “La caridad es la sal de los cristianos; si pierde el sabor, ¿cómo podremos presentarnos ante el mundo y explicar, con la cabeza alta, aquí está Cristo?”. Si tú amas en serio, ya estás sembrando unidad.

   Y estamos celebrando precisamente en estos días la SEMANA DE ORACION POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS. Y el Papa se va a reunir en una asamblea de fraternal oración en Asís, con los representantes de las principales Iglesias cristianas y de otros credos. Es un gesto maravilloso el rogar todos unidos por la paz y la unidad, y es un fuerte testimonio que nos quiere dar a todos la gran lección de que Dios está por encima de los intereses humanos, muchas veces partidistas y sectarios, de los que confesamos nuestra fe en El.

 

         Orar por la unidad es pedir a Dios por la vida, pues donde hay vida hay unidad. Cuando el hombre se rompe, cuando los grupos se enfrentan, cuando las instituciones se deshilachan, la muerte hace acto de presencia. Por eso comprendo perfectamente que Juan Pablo II hable tanto de AMOR A LA VIDA y de UNIDAD. Ambas caminan de la mano. Y nosotros lo que queremos es un cristianismo vivo, es decir UN CRISTIANISMO UNIDO.  Ya dijo Jesús que el sarmiento que no esta UNIDO A EL SE SECA. El rebaño que no sigue unido al Pastor se dispersa y pierde la seguridad de la supervivencia.

        

         Por eso, al reflexionar un poco sobre esta unidad tan necesaria que nos haga vivir con alegría fraternal nuestra fe, no me resisto a traer a esta página un bonito ELOGIO A LA VIDA, que por algún rincón de Internet me encontré firmado por Lidiacira.  Invito al lector a saborear este bello canto a este don que Dios nos ha regalado para lo disfrutemos, lo  cuidemos y defendamos, que se llama VIDA

 



Que hermoso es estar vivos,
intensamente vivos y disfrutarlo todo
desde la entraña misma de la vida.

Aspirar por ejemplo con hondura
el aroma del pan recién horneado
y sentirnos sembrados de trigales,
de buena levadura,
de manos amorosas que le dieron
un sabor celestial con su dulzura.

Gozar con el saludo del vecino,
con la risa infantil que pedalea
sobre el viejo triciclo,
con el vuelo armonioso de las aves,
con la verde canción que canta el grillo
o con la lluvia mansa
cuando pinta con sus pecas de hielo
los cristales.

Hay demasiada muerte a nuestro lado
y para derrotarla
hay que seguir viviendo,
gozando la palmada del sol cada mañana
y su abrazo fraterno y compañero,
el viento redondeando las naranjas,
el olor de crispetas dominguero
y el ballet de palomas en los parques
bajo el canto pregón de los venteros.

Disfrutar de los besos, de la música,
de nuestros pasos sobre el pavimento,
de poder abrazar un amigo,
de gritar un te quiero,
de un libro viejo y un café caliente
en las noches de invierno,
y de esa fuerza inmensa de que esta hecha el alma
que nos ayuda a derrotar por siempre el sufrimiento.

Hay que gozarlo todo,
no importa cuantos años habiten nuestros huesos.
Si son pocos, gocemos
de la limpia tersura
que adorna nuestro cuerpo,
descubramos el mundo a cada paso
desde la hormiga humilde hasta el lucero
y saquemos de adentro la alegría
para estrenarla a diario como un vestido nuevo.

Hay que seguir gozando de la vida
aunque ese escultor llamado tiempo
haya tallado en nuestro rostro arrugas
o haya encorvado un poco nuestro cuerpo.
Hora es de cosechar amaneceres,
de disfrutar silencios,
de asombrarnos de nuevo con el mundo,
de mirarnos por dentro
y sabernos preñados de alegría,
sin miedo a soledades ni a recuerdos.

Hay que vivir la vida a cada instante
con un gozo infinito, con agradecimiento,
y cual si fuera una cometa enamorada
de algún pedazo azul de firmamento,
soltarle su cordel para que vuele
desposada por siempre con el viento,
hasta encontrar a Dios
para contarle,
con palabras redondas de contento
que fue maravilloso haber vivido
con honradez, pasión y sentimiento

            Solo me queda añadir para terminar que, ¡ojalá se cumplan los deseos de este maravilloso canto a la vida que lanza al aire el poeta! La unión hace la fuerza.

 Juan García Inza

juangainza@hotmail.com

 

PARA VER MIS ARTÍCULOS ANTERIORES