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HOY
TE QUIERO HABLAR DE LA VOCACIÓN
Amigo mío, ¿cómo te va la vida? ¿Estás contento? ¿Tienes
algún problema serio? Si es así me lo puedes contar con sólo
pensar en Mí… Yo te comprendo enseguida. Leo el pensamiento,
pero me agrada que pienses en Mí, y pensando en Mí piensas en el
Padre y en el Espíritu… En la conversación que quiero tener
contigo hoy me gustaría hablarte de algo que llevo muy metido en
el corazón. Algo que Nos preocupa, y que preocupa a Mi Iglesia.
Hablo de LA VOCACIÓN. Me refiero, como sabes, a esa llamada que
hacemos a cada hombre para seguir un camino concreto en su vida, y
alcanzar la santidad. Y de un modo especial a la VOCACIÓN DE
ENTREGA TOTAL A LA TAREA DE LA EVANGELIZACIÓN.
No se habla hoy mucho de VOCACIÓN. Más bien se
habla de estudios, carreras, empleos, trabajos, negocios, vida…
Pero de VOCACIÓN muy poco. Y sin embargo Nosotros: el Padre, el
Espíritu Santo y Yo seguimos llamando al corazón del hombre, a
la puerta de su alma, a su conciencia. Llamamos constantemente,
pero parece que Nuestra voz no cuenta, no se oye, no importa…
Los hombres os estáis volviendo sordos para la Voz del Espíritu.
No interesa para nada comprometer la vida en algo que
materialmente es “poco rentable”. Los hombres, mis amigos los
hombres, os estáis encerrando en campanas de silencio absoluto
para Dios, donde sólo resuenan los aturdidores ruidos de la loca
carrera hacia ningún sitio. Hay muchas palabras hoy en la calle,
en casa, en los lugares de diversión, en los centros de
trabajo… No se para de hablar de todo. Todo el mundo está
enterado de lo último que pasa al instante. Pero a Dios no se le
oye, no se le quiere oír. Se huye de Nosotros. Se tapan los oídos
para que ni siquiera les llegue el susurro de una insinuación.
Muchos ciegos van por el camino sin querer ver. No hay proyecto de
vida fuera de la vida misma. En las calles es corriente ver a
ciegos que guían a otros ciegos… Y ya sabes: Vino
la Luz al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas.
Amigo mío, sigue estando la Luz en el mundo, sigo estando Yo
entre los hombres, y se sigue prefiriendo la tiniebla. Siento
dolor por esa oscuridad voluntaria, y esa sordera, que los hombres
de hoy han adoptado como compañeras.
Recuerdo con alegría aquellas primeras llamadas a
Pedro, a Santiago, a Juan…. Dejaron redes y barcas, familias y
pueblos, y se fiaron de Mí. Y Mateo, y Zaqueo, y María
Magdalena, y Pablo, y miles de almas que a lo largo de la historia
supieron decir que sí, muchísimas veces a costa de sus vidas.
Esos que dijeron que SÍ han hecho posible la Iglesia, el Reino de
Dios entre los hombres. Por ellos Yo estoy presente materialmente
en el mundo. ¿Qué haría Yo sin mis sacerdotes, y sin los
religiosos, y sin tantas mujeres que han dado la Vida por el
Evangelio diciendo SÍ QUIERO SEGUIRTE? Es una maravilla. Les
estoy muy agradecido. A pesar de que la vida moderna no facilita
para nada escuchar la Voz que os llega de lo alto, no puedo
silenciar tantas vidas heroicas, calladas, santas, de hombres y
mujeres, jóvenes y mayores, que en todos los rincones de la
tierra están dando la cara por Mí, y quien
de la cara por mí, yo la daré por él ante mi Padre celestial. Yo
les doy las gracias. Tú tienes que darles las gracias. Y ellos
deben sentirse contentos y ser fieles, sin desanimarse ante una
masa amorfa que no les entiende, porque a Mí tampoco me
entendieron.
Yo dije un día que la
mies es mucha y los trabajadores pocos. Y lo tengo que
seguir diciendo. El trabajo es abundantísimo, pero son pocos los
dispuestos a trabajar junto a Mí.
Te puedo decir que me duele verme muchas veces solo. Es
verdad que nunca faltan algunos pocos que se acercan para hablar
conmigo y hacerme compañía, pero el trabajo es duro, hay muchas
almas que se pierden porque nadie les dice nada. Siento dolor al
ver tantos pueblos sin sacerdotes, tantos lugares sin sembradores
de la Palabra… Muchos de mis colaboradores son ya mayores. Otros
están muy atareados en tantas cosas que no tienen tiempo a penas
para hablar de Mí, y ofrecerme a Mí, y trabajar realmente por Mí…
Siento que incluso algunos se marchen desilusionados. Pobres
amigos míos… Me trae esto malos recuerdos. Pero no quiero que
te pongas tan serio. Hay una virtud que quiero que vivas con
entusiasmo, y esa virtud se llama ESPERANZA. La respuesta a la
llamada es cuestión de fe y amor, y también de esperanza. No
perdáis la calma, no tengáis miedo, yo he vencido al mundo.
Me
siento contento al ver muchos seminarios muy nutridos de jóvenes
con ilusión por el sacerdocio. Y centros de formación para la
vida religiosa. Y grupos y asociaciones, y comunidades y
movimientos…Y parroquias que trabajan con ganas. Sois mis
amigos, en los que puedo confiar, pero quiero más, necesito a más.
Tú, mi amigo, es posible que alguna vez hayas sentido una
inquietud que llenaba de ilusión tu corazón. ¿Es demasiado
tarde para volver a pensar en tu vida?
¿No podrías tú ser uno de tantos que con el alma llena
de amor me han dicho que SÍ? Piénsalo, por favor. Y reza mucho
para que otros lo piensen. Un día, poco antes de morir quise
besar los pies de aquellos que habían dicho SÍ a la llamada. Hoy
me gustaría volver a besar los pies de tantos que podéis decir SÍ,
y que tengo confianza que más de uno me va a seguir.
¡Ánimo amigo! ¡Corre la voz! Di por ahí que Dios
llama, que Dios necesita a muchos para hacer el bien. Y Estamos
esperando ansiosamente la respuesta generosa. Muchos hombres te
necesitan para encontrar ellos su camino. Vamos nosotros a
echarles una mano y guiarlo por el verdadero Camino. ¿Cuento
contigo? ¡No me falles! Tu amigo
Jesús
Por
la trascripción
Juan García Inza
juangainza@hotmail.com