LA VERDAD
NOS HARÁ
LIBRES

 

 

GRACIAS, DIOS MIO

 

En España, como en tantos sitios, se editan cada semana infinidad de revistas, de suplementos dominicales, de periódicos, de folletos... Suelo ojear algunas de estas publicaciones que fácilmente te llegan a las manos por distintos medios. Y no digamos los ínclitos programas que ocupan las horas punta de cualquier televisión. A veces uno piensa que si lo hacen aposta no les sale peor. En mi interés por saber cómo andan ciertos patios escucho y leo algo de lo que se dice por encima encima, como suele decirse. ¡Cuanta palabrería tonta se dice, madre mía! Y la gente se lo traga sin masticar.

Se observa que, en esta España de mayoría católica, es raro que en alguna publicación de colorines te salga con seriedad la palabra Dios, o religión, o fe, o ciertos valores que entonan el alma. Lo que hoy abunda en televisiones, y en las revistas de  actualidad, es la brujería, la adivinanza, la magia, la consulta al adivino, el tarot, la sexóloga, el especialista en parejas, que no en matrimonio ni familia, teléfonos del 906 para resolver tus problemas... 

Pero lo que es Dios, la Iglesia Católica, la espiritualidad, los sacerdotes, etc., brillan por su ausencia a no ser, con honradas excepciones, que se trate de algo escandaloso, de una información sesgada, de una crítica, de un sarcasmo, de una ridiculización, o algo parecido.

Pero de vez en cuando te tropiezas con alguien que tiene la valentía de decir lo que piensa, y tratar con justicia al que está por encima de todo, y es, querámoslo o no, nuestro Dios y Señor. 

Mónica Fernández-Aceytuno titulaba su artículo en un suplemento dominical con estas palabras: “Gracias, Dios mío”. Hablando de su tía Berta, que no es una beata, dice: “Hace poco, tras un susto de los que da la vida, Berta hizo una promesa tan difícil de cumplir –ir a misa todos los días- que se fue a confesar, a ver si era posible trocar un poco lo prometido y, aliviada, escuchó decir al cura: “es suficiente conque cada día des a Dios las gracias por todo lo bueno que te suceda". Así, durante todo el verano, oí decir a mi tía  Berta: gracias, Dios mío, por este día, por este sol, por esta agua... Como si a mí me tocara también  la obligación de esta promesa que no es la mía, por todo lo que mis tíos me han dado, me encuentro ahora abriendo el agua y, diciendo: gracias, Dios mío”

Y yo le doy gracias a Mónica por este bonito testimonio en una revista de gran tirada. Y también a una actriz de primera fila, de rabiosa actualidad, que afirma claramente en una entrevista: “Sí, soy bastante religiosa. Cuando era más jovencita, iba todos los domingos a la iglesia, pero sólo me dado cuenta de lo importante que es tener una buena relación con Dios, de lo importante que es cuidar tu fe, cuando me he hecho adulta. Mi fe ocupa gran parte de mi vida. Rezo mucho y creo sinceramente que Dios me guía por el buen camino”. Es gratificante para un creyente encontrarte de vez en cuando, en esa selva agresiva de los medios, alguien que te habla de fe sobrenatural con toda la naturalidad del mundo. Debería ser normal en una sociedad de tantos creyentes. Pero hay mucho complejo por medio. Jesucristo dice que “los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz”. Parece que nos da vergüenza hablar claramente de Dios, del que dependemos para todo, al que todo debemos. ¡Qué poco agradecidos somos! Yo diría que somos tan soberbios, tan arrogantes, que nos atrevemos incluso a dudar de Dios, incluso a despreciarlo. Pero , ¿quién nos hemos creído que somos? ¡Y eso que estamos comprobando los bandazos que da la humanidad cuando pierde el “Norte”. La mayor parte de los males que nos afectan tienen su origen en nuestra propia degradación como personas, en nuestra pérdida de la dignidad y los valores que acompañan a nuestra condición de imagen de Dios. Más aún, a nuestro olvido de que somos hijos de Dios.

Cada uno que cargue con su cuota de responsabilidad. Ya no somos críos, me parece a mí. Y la madurez se ha de notar en algo. ¿O todavía vamos con el chupete de la duda metódica, de la desconfianza, del infantilismo doctrinal que nos sume en la ignorancia permanente? No lo sé. Cada cual debe responderse así mismo. Yo, de momento, le doy gracias a Dios por los que creen en Él y lo dicen con orgullo.

Juan García Inza

juangainza@hotmail.com

 

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