7 consejos para un matrimonio maduro
Por Ricardo Ruvalcaba -
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1. El matrimonio es para amar. Y amar es una decisión, no un sentimiento.
Amar es donación. La medida del amor es la capacidad de sacrificio. La medida
del amor es amar sin medida. Quien no sabe morir, no sabe amar. No olvides:
"amar ya es recompensa en sí", como decía el padre Marcial Maciel. Amar es
buscar el bien del otro: cuanto más grande el bien, mayor el amor. Los hijos son
la plenitud del amor matrimonial.2. El amor verdadero no caduca. Se
mantiene fresco y dura hasta la muerte, a pesar de que toda convivencia a la
larga traiga problemas. El amor, ama hoy y mañana. El capricho, sólo ama hoy.
Los matrimonios son como los jarrones de museo: entre más años y heridas tengan,
más valen, siempre y cuando permanezcan íntegros. Soportar las heridas y la lima
del tiempo, y mantenerse en una sola pieza es lo que más valor les da. El amor
hace maravillas.3. Toda fidelidad matrimonial debe pasar por la prueba
más exigente: la de la duración. La fidelidad es constancia. En la vida hay que
elegir entre lo fácil o lo correcto. Es fácil ser coherente algunos días.
Correcto ser coherente toda la vida. Es fácil ser coherente en la hora de
alegría, correcto serlo en la hora de la tribulación. La coherencia que dura a
lo largo de toda la vida se llama fidelidad. Correcto es amar en la dificultad
porque es cuando más lo necesitan.4. Séneca afirmó: "Si quieres ser amado,
ama". El verdadero amor busca en el otro no algo para disfrutar, sino alguien a
quien hacer feliz. La felicidad de tu pareja debe ser tu propia felicidad. No te
has casado con un cuerpo, te has casado con una persona, que será feliz amando y
siendo amada. No te casas para ser feliz. Te casas para hacer feliz a tu
pareja.5. El matrimonio, no es "martirmonio." De ti depende que la vida conyugal
no sea como una fortaleza sitiada, en la que, según el dicho, "los que están
fuera, desearían entrar, pero los que están dentro, quisieran salir".6.. El amor
matrimonial es como una fogata, se apaga si no la alimentas. Cada recuerdo es un
alimento del amor. Piensa mucho y bien de tu pareja. Fíjate en sus virtudes y
perdona sus defectos. Que el amor sea tu uniforme. Amar es hacer que el amado
exista para siempre. Amar es decir: "Tú, gracias a mí, no morirás".7. Para
perseverar en el amor hasta la muerte, vive las tres "Des": Dios. Diálogo.
Detalles. a. Dios: "Familia que reza unida, permanece unida".b. Diálogo, para
evitar que los problemas crezcan.c.. Detalles: de palabra y de obra. "Qué bonito
peinado". "¿Qué se te antoja comer?" "Eres el mejor esposo del mundo". "Hoy, la
cena la hago yo". "Nuestros hijos están orgullosos de ti". El amor matrimonial
nunca puede estar ocioso.
El edificio del matrimonio
Por Antonio Rivero
Quiero comparar el matrimonio a un gran edificio que se va construyendo día
a día, minuto a minuto, segundo a segundo. El día del casamiento se pone el
primer ladrillo. Y el día de la muerte, el último.Del esposo y de la
esposa, junto con los hijos, depende: · La solidez de ese edificio.
· La belleza de ese edificio.
· La luminosidad de ese edificio.
· La limpieza de ese edificio.
· La altura de ese edificio. 1. Solidez del edificio ¿De qué depende la
solidez del edificio matrimonial?De los cimientos y columnas. La solidez
de una casa no depende de los cuadros que colgamos en la pared, ni de la antena
parabólica, ni de la hermosa chimenea que hermosea y calienta el rincón de
nuestra casa. Para que un matrimonio sea sólido, resistente a todos los vientos,
huracanes y sismos, es necesario que tenga unos cimientos bien sólidos,
graníticos, macizos.¿Cuáles son esos cimientos y columnas sólidos y
macizos en el matrimonio?La piedad, esa virtud hermosa que reúne a toda
la familia en torno a Dios todos los domingos, que junta todos los días a padres
e hijos junto a un cuadro o una imagen de la Virgen a quien rezan un poco. La
piedad es la que mueve a esa familia a bendecir los alimentos antes de las
comidas.La fe es otro cimiento y columna sólida en el matrimonio. La fe
que les permite ver todas las cosas que les ocurren a la luz de Dios, es más,
ven la mano de Dios en todo. La fe les hace superar las crisis y posibles
vaivenes de la vida.El amor es una columna sin la cual el edificio del
matrimonio se derrumba. El amor como entrega, sacrificio, donación, capacidad de
comprensión y bondad. La fidelidad no puede faltar como cimiento que
sostiene toda la casa matrimonial. La fidelidad a la palabra dada. La fidelidad
al otro cónyuge. Fidelidad a los deberes del propio estado. Fidelidad en la
prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad.Y
sacrificio, como cimiento macizo del edificio matrimonial. ¿Qué es el
sacrificio? Es ese saber sufrir, soportar, aguantar todos los contratiempos de
la vida. Ese poner buena cara a lo que nos cuesta o nos desagrada. La vida
matrimonial y cualquier vida humana está llena de sacrificio, porque el
sacrificio es ingrediente del devenir humano. Es el sacrificio el que nos hace
madurar y va quitando de nosotros esas actitudes egoístas y caprichosas.Si
estos son los buenos y sólidos cimientos, ¿cuáles serían los cimientos débiles,
de paja, de barro? Los gustos, los caprichos, el egoísmo, la indiferencia
religiosa. 2. Belleza del edificio La belleza de una casa depende
del buen gusto en las dimensiones, proporciones, simetría. Y la belleza
de un matrimonio, ¿de qué depende? Del amor. El amor es el que embellece al
matrimonio, le da sus perfiles hermosos, permite la serenidad en cada rincón de
casa, hace sonreír a padres e hijos.¿Qué es el amor? Es difícil definir el
amor, pues el amor no es para explicar. El amor es para vivir, para dar, para
recibir. El amor es esa fuerza interior que me hace salir de mí mismo para darme
a los demás, para entregarme a mi amado, sin buscar compensaciones, sin
obligarle ni forzarle a que me ame. El amor es saber callar los defectos del
otro, salir al encuentro del otro cuando lo necesita, es ofrecerme al otro,
perdonar al otro, comprender al otro, ofrecerle limpiamente mi cariño. El amor
exige una buena cuota de desprendimiento personal, de sacrificio y de renuncias
por la persona a quien amo.¿Por qué el amor embellece el edificio
matrimonial? Porque va quitando aristas que sobran, puliendo superficies
rugosas, limpiando azulejos sucios, empapelando con buen gusto paredes
descarapeladas o en mal estado. El amor se fija en el detalle bello del ramo de
flores para la esposa, en ese dejar la ropa olorosa al esposo. El amor es el
perfume del hogar. El amor es afecto, es decir, ternura, acercamiento cariñoso
al estado anímico del otro. El amor es amistad, es decir, quiere el bien del
otro y une las personas. El amor no se empolva. El amor verdadero embellece el
hogar. El amor hace crecer sanos física y psicológicamente a los hijos. El amor
rejuvenece al matrimonio.La falta de amor afea el matrimonio, desteje el
paño familiar, raya las escaleras que hermosean la casa, quiebra las lámparas
colgantes, ensucia las alfombras de los recibidores y exhala un mal olor en toda
la casa. La falta de amor provoca las discusiones, hace subir el tono, hiere los
sentimientos de las personas a quien más deberíamos amar. La falta de amor
distancia los corazones, las almas y los cuerpos. La falta de amor descuida los
detalles y le hace a uno ser grosero. La falta de amor envejece al matrimonio.El
amor es fuego que calienta esa casa. La primera que lo enciende es la madre, que
es el corazón de la familia y es la primera en levantarse. Ese fuego que el
marido, el papá, debe mantener a lo largo del día, desde su trabajo, llamando
por teléfono a su mujer, trayendo a casa siempre y todos los días, algo de leña
para alimentar ese fuego del amor en el hogar. ¡Que no traiga el cubo de agua de
sus disgustos, para echarlo encima y apagar ese fuego! Ese fuego del que se
alimentan los hijos, les hace crecer sanos, física, psicológica y
espiritualmente. Este fuego hay que colocarlo en el centro del hogar y desde ahí
se irradiará a todos los rincones. Ese fuego se alimenta cada día con la piedad,
el rezo en familia, la devoción mariana. Que no pase un día sin alimentar
y acrecentar ese fuego con la oración en familia. A veces cuesta encender ese
fuego en los hogares, sobre todo, si se dejan todas las puertas y ventanas
abiertas a todos los aires, o se cuela el hielo del invierno y de la
indiferencia. ¡Familias, enciendan el fuego del amor durante su vida, poniendo
cada uno la leña del sacrificio que han ido consiguiendo a base de esfuerzo y
trabajo! ¡Defiendan ese fuego, aunque tengan que quemarse las manos y el
corazón! Sin el fuego del corazón, se destruye el hogar, la familia, los
matrimonios, todo. 3. Luminosidad del edificio ¿De qué depende la
luminosidad de una casa? De los ventanales. Una casa sin ventanas al exterior se
convierte en una casa lúgubre, oscura y propensa a la humedad..Lo mismo
en el matrimonio. La luminosidad en el matrimonio depende de los grandes
ventanales. ¿Para qué los grandes ventanales? Los grandes ventanales permiten
airearse todos los rincones de la casa, para que no se acumulen los malos
olores. Los grandes ventanales permiten la entrada de luz al hogar...y entrando
la luz mueren las bacterias, la humedad, los hongos. Entrando la luz, se puede
percibir mejor el polvo y las cosas sucias, y así poder limpiarlas, barrer bien
todo. Los grandes ventanales permiten descansar la vista y alargarla hacia los
anchos horizontes, ver las necesidades del mundo y de los hombres. ¡Familias,
construyan en sus hogares grandes ventanales! No para que dejen meter los
malos aires que hoy soplan por ahí: el aire del egoísmo que quiere limitar los
nacimientos por medios ilícitos, artificiales, porque –según dicen- "familia
pequeña, vive mejor"; ¡esto es egoísmo!; el aire del hedonismo, que busca el
placer por el placer mismo; el aire del consumismo, que prefiere una heladera o
un nuevo apartamento, a un nuevo hijo; los aires de la emancipación y liberación
de la mujer, a quien se le obliga trabajar fuera de casa todo el día "porque así
se realiza mejor, profesionalmente", pero nunca está en casa para educar a sus
hijos, para convivir con sus hijos; los aires de matrimonios a prueba, mientras
tanto, a ver si funciona; los aires divorcistas, separatistas, para hacerse un
nuevo amigo sentimental.¡Grandes ventanales para que entre el aire
renovado del Espíritu que sopla donde quiere y trae aromas del cielo! ¡Grandes
ventanales para que la brisa suave de la oración matutina y vespertina consuele
a toda la familia! ¡Grandes ventanales para poder ver la Iglesia de nuestra zona
y acordarnos de ir a misa en familia y rezar antes de las comidas, o ante una
imagen de la Virgencita! ¡Grandes ventanales para ver lo mucho que sufren
nuestros hermanos, los hombres, y poderles echar una mano!¡Grandes
ventanales como los de la casa de la Sagrada Familia, que era todo ventanal
donde tanto María, como José y el Niño miraban a todos los hombres y se
compadecían o los ayudaban! ¡Que no haya recovecos en nuestros hogares,
puertas secretas y oscuras, teléfonos escondidos desde donde llamar a piratas
que quieren destruir nuestro hogar, nuestra familia, nuestros hijos!Luminosidad
en el matrimonio, y no mentira, falsedad, apariencia, infidelidad. 4.
Limpieza del edificio ¿De qué depende la limpieza del matrimonio? De los
mil detalles de cada día. De quitar cada día lo que ensucie, ese polvo que cae
casi sin percibirlo. De no dejar acumulada ropa sucia, ni arrinconada la basura.
¡Fuera!Limpieza en el dormitorio. Nada debe haber ahí que manche la
intimidad del matrimonio. Limpieza de palabras, de gestos, de miradas. ¡Qué
conversaciones tan limpias deberían hablarse ahí! La oración común en el
dormitorio va limpiando a la pareja cada noche y la va fortaleciendo en sus
vínculos.Limpieza en la mesa del comedor. Es la mesa la que va a unirnos
varias veces al día a los miembros de la familia, para compartir el pan, las
alegrías, las lágrimas, los proyectos. En la mesa se da el banquete familiar.
Por eso, ahí debe haber limpieza suma. Allí en la mesa, nos miramos mutuamente,
sonreímos, charlamos, disfrutamos de ese gozo de sabernos amados, queridos. En
la mesa tenemos la oportunidad de practicar y crecer en muchas virtudes:
apertura, respeto, servicialidad, moderación, generosidad. Sobre la mesa
se pone el pan, las flores y el cariño. El pan que se parte, se reparte, se
comparte. Las flores que adornan y embellecen la mesa familiar. Ahí se ofrece el
cariño, que es esa corriente cordial que electrifica a todos los miembros y les
permite el darse mutuamente, el abrirse, el comprenderse, el perdonarse. En la
mesa hay que evitar el discutir, el pelearse, el encerrarnos en nosotros
mismos...., pues todo esto ensuciaría el amor del matrimonio e impediría una
buena digestión, creando un clima de crispación y rivalidad. En la mesa
hay que evitar el querer comer a solas, en un rincón, o después de todos...como
islas...; así simplemente se corta con esa corriente afectiva y familiar, y se
convierte uno en su misma casa en un huésped extraño que entra y sale. Ha
convertido su casa en un hotel, o posada, donde se va a comer, a dormir, a tomar
una ducha o a cambiarse de traje, cuando se quiere. Limpieza en la sala
de estar. No permitir hablar mal de nadie, cuando vienen huéspedes o amigos. La
sala de estar debe estar limpia de envidias, maledicencias, calumnias. La sala
de estar debe tener siempre el florero lleno de flores olorosas: el buen humor,
la benedicencia, el respeto, la jovialidad, la alegría. En la sala de estar no
debe acumularse el humo de cigarrillos de la frivolidad y de la chabacanería. La
sala de estar debe tener vista al patio o al jardín, para que allí se vea lo que
se hace sin intenciones torcidas.Limpieza en el patio, porque ahí deben
jugar los niños. Que haya árboles y columpios y jardín. Pero todo limpio. La
limpieza ayuda a los hijos a oxigenarse, airearse y a crecer sanos. 5.
Altura del edificio La altura del edificio matrimonial depende de la
generosidad en el amor fecundo, abierto a la vida. Dios dijo a la primera pareja
de la historia, Adán y Eva: "Creced y multiplicaos". Así como Dios es
generoso con nosotros, así también los matrimonios deben ser generosos en
transmitir la vida. ¡Qué hermoso es ver esas familias numerosas, donde los hijos
alegran cada rincón de la casa! ¡Cómo se ejercitan en el cariño, en la donación,
en la preocupación de unos por otros...cuando son muchos hermanos! Comparten
todo, juegan juntos; las cosas pasan de hermano a hermano y de hermana a
hermana; ¡qué lindo! También a veces se pelean, pero después se reconcilian. Si
sólo hay un hijo en casa, ¿con quién juega, con quién comparte sus cosas, a
quién sonríe, con quién se pelea, con quién hace las paces? No tiene hermanos.
El niño que no tiene hermanitos es más propenso a la tristeza, al egoísmo, al
aislamiento. Se le acorta el crecimiento afectivo y psicológico.
Familias, sean generosas. ¡Amen, sean portadoras de amor, defiendan el amor,
protejan el amor, den amor!
10 consideraciones para descansar mejor
José Benigno Freire, especialista de la Universidad de Navarra, cree que
"la vida no se disfruta tanto por el descanso como por el trabajo gustoso".
Noticias de la Universidad de Navarra
5 de septiembre de 2003Terminadas las vacaciones, José Benigno Freire,
psicólogo y profesor de la Universidad de Navarra, habla del llamado síndrome
posvacacional. Según explica, "todo esto es un poco exageración. Le sacamos
chispa psicológica a lo más normal". El experto analiza los principales motivos
por los que aparece este síndrome tan actual. "Mucha gente no sabe descansar.
Cree que el descanso está hecho para disfrutar de la vida y el trabajo es lo
atroz del resto del año". De este modo, "muchos llegan al trabajo cansados y
desentrenados. Las vacaciones sirven para remansar fuerzas para el resto del
año. Si uno lo piensa bien, la vida se disfruta más por el trabajo, pues las
vacaciones son un mes y el trabajo 11". Por otro lado, resalta la
necesidad de cambiar la mentalidad con la que vamos de vacaciones. "Son el
tiempo del año que se necesita para poder estar bien psicológicamente, disfrutar
y ampliar el patrimonio familiar durante los otros 11 meses. Debemos programar
las vacaciones pensando en el trabajo posterior. Son un tiempo de paso, lo
estable es el resto". 10 consideraciones para descansar mejor El
profesor Freire ofrece diez observaciones en torno al descanso: 1. El
hombre es un ser para la acción. Lo genuino del hombre es hacer.2. Incluso
la contemplación es una acción.3. El descanso es una inevitable necesidad
de la limitación del ser, no de la condición del ser.4. El descanso es una
actividad del hombre cansado para reponer fuerzas para volverse a cansar. El
"arte de descansar" consiste en encontrar actividades que faciliten y no
entorpezcan el trabajo posterior. No supondría un descanso aquella actividad que
impida, lesione o entorpezca el trabajo posterior.5. El descanso es una
necesidad de la persona, no sólo del cuerpo. Uno de los mejores descansos son
aquellas actividades que refrescan el hecho de que somos criaturas, nos
distancian momentáneamente de lo material y nos reponen fuerzas psicosomáticas.6.
La pereza no descansa; por el contrario, cansa.7. El aburrimiento cansa
todavía más que la pereza.8. En condiciones de normalidad, para reparar el
cansancio habitual no se necesita mucho tiempo de descanso.9. El trabajo
que más cansa es el que se realiza mal o sin orden.10. La vida no se
disfruta tanto por el descanso como por el trabajo gustoso.Familia: Diez
mandamientos para ser buenos padres1. Demuéstrale lo mucho que le quieres.Todos
los padres quieren a sus hijos pero ¿se lo demuestran cada día?, ¿les dicen que
ellos son lo más importante que tienen, lo mejor que les ha pasado en la vida?
No es suficiente con atender cada una de sus necesidades: acudir a consolarle
siempre que llore, preocuparse por su sueño, por su alimentación; los cariños y
los mimos también son imprescindibles. Está demostrado; los padres que no
escatiman besos y caricias tienen hijos más felices que se muestran cariñosos
con los demás y son más pacientes con sus compañeros de juegos. Hacerles ver que
nuestro amor es incondicional y que no está supeditado a las circunstancias, sus
acciones o su manera de comportarse será vital también para el futuro. Sólo
quien recibe amor es capaz de transmitirlo. No se van a malcriar porque reciban
muchos mimos. Eso no implica que dejen de respetarse las normas de convivencia.2.
Mantén un buen clima familiar.Para los niños, sus padres son el punto de
referencia que les proporciona seguridad y confianza. Aunque sean pequeños,
perciben enseguida un ambiente tenso o violento. Es mejor evitar discusiones en
su presencia, pero cuando sean inevitables, hay que explicarles, en la medida
que puedan comprenderlo, qué es lo que sucede. Si nos callamos, podrían pensar
que ellos tienen la culpa.Si presencian frecuentes disputas entre sus padres,
pueden asumir que la violencia es una fórmula válida para resolver las
discrepancias.3. Educa en la confianza y el diálogo.Para que se sientan
queridos y respetados, es imprescindible fomentar el diálogo. Una explicación
adecuada a su edad, con actitud abierta y conciliadora, puede hacer milagros. Y,
por supuesto, ¡nada de amenazas! Tampoco debemos prometerles nada que luego no
podamos cumplir; se sentirían engañados y su confianza en nosotros se vería
seriamente dañada. Si, por ejemplo, nos ha surgido un problema y no podemos ir
con ellos al cine, tal como les habíamos prometido, tendremos que aplazarlo,
pero nunca anular esa promesa.4. Debes predicar con el ejemplo.Existen
muchos modos de decirles a nuestros hijos lo que deben o no deben hacer, pero,
sin duda, ninguno tan eficaz como poner en práctica aquello que se predica. Es
un proceso a largo plazo, porque los niños necesitan tiempo para comprender y
asimilar cada actuación nuestra, pero dará excelentes resultados. No olvidemos
que ellos nos observan constantemente y "toman nota". No está de más que, de vez
en cuando, reflexionemos sobre nuestras reacciones y el modo de encarar los
problemas.Los niños imitan los comportamientos de sus mayores, tanto los
positivos como los negativos, por eso, delante de ellos, hay que poner especial
cuidado en lo que se dice y cómo se dice.5. Comparte con ellos el máximo
de tiempo.Hablar con ellos, contestar sus preguntas, enseñarles cosas nuevas,
contarles cuentos, compartir sus juegos... es una excelente manera de acercarse
a nuestros hijos y ayudarles a desarrollar sus capacidades. Cuanto más pequeño
sea el crío, más fácil resulta establecer con él unas relaciones de amistad y
confianza que sienten las bases de un futuro entendimiento óptimo. Por eso,
tenemos que reservarles un huequecito diario, exclusivamente dedicado a ellos;
sin duda, será tan gratificante para nuestros hijos como para nosotros.A ellos
les da seguridad saber que siempre pueden contar con nosotros. Si a diario queda
poco tiempo disponible, habrá que aprovechar al máximo los fines de semana.6.
Acepta a tu hijo tal y como es.Cada crío posee una personalidad propia que hay
que aprender a respetar. A veces los padres se sienten defraudados porque su
hijo no parece mostrar esas cualidades que ellos ansiaban ver reflejadas en él;
entonces se ponen nerviosos y experimentan una cierta sensación de rechazo, que
llega a ser muy frustrante para todos. Pero el niño debe ser aceptado y querido
tal y como es, sin tratar de cambiar sus aptitudes.No hay que crear demasiadas
expectativas con respecto a los hijos ni hacer planes de futuro. Nuestros deseos
no tienen por qué coincidir con sus preferencias.7. Enséñale a valorar y
respetar lo que le rodea.Un niño es lo suficientemente inteligente como para
asimilar a la perfección los hábitos que le enseñan sus padres. No es preciso
mantener un ambiente de disciplina exagerada, sino una buena dosis de constancia
y naturalidad. Si se le enseña a respetar las pequeñas cosas -ese jarrón de
porcelana que podría romper y hacerse daño con él, por ejemplo-, irá aprendiendo
a respetar su entorno y a las personas que le rodean.Muchos niños tienen tantos
juguetes que acaban por no valorar ninguno. A menudo son los propios padres
quienes, como respuesta a las carencias que ellos tuvieron, fomentan esa cultura
de la abundancia. Lo ideal sería que poseyeran sólo aquellos juguetes con los
que sean capaces de jugar y mantener cierto interés.Guardar algunos juguetes
para más adelante puede ser una buena medida para que no se vea desbordado y
aprenda a valorarlos.8. Los castigos no le sirven para nada.Los niños
suelen recordar muy bien los castigos, pero olvidan qué hicieron para
"merecerlos". Aunque estas pequeñas penalizaciones estén adecuadas a su edad, si
se convierten en técnica educativa habitual, nuestros hijos pueden volverse
increíblemente imaginativos. Disfrazarán sus actos negativos y tratarán de
ocultarlos. Podemos ofrecerles una conducta aceptable con otras alternativas.9.
Prohíbele menos, elógiale más.Para un crío es tremendamente estimulante saber
que sus padres son conscientes de sus progresos y que además se sienten
orgullosos de él. No hay que escatimar piropos cuando el caso lo requiera, sino
decirle que lo está haciendo muy bien y que siga por ese camino. Reconocer y
alabar es mucho mejor que lo que se suele hacer habitualmente: intervenir sólo
para regañar.Siempre mencionamos sus pequeñas trastadas de cada día. ¿Por qué no
hacemos lo contrario? Si, con un gesto cariñoso o un ratito de atención
resaltamos todo lo positivo que nuestros hijos hayan realizado, obtendremos
mejores resultados.10. No pierdas nunca la paciencia.Difícil, pero no
imposible, Por más que parezcan estar desafiándote con sus gestos, sus palabras
o sus negativas, nuestro objetivo prioritario ha de ser no perder jamás los
estribos. En esos momentos, el daño que podemos hacerles es muy grande.
Decirles: "No te aguanto"; "Qué tonto eres"; "Por qué no habrás salido como tu
hermano" merman terriblemente su autoestima. Al igual que sucede con los
adultos, los niños están muy interesados en conocer su nivel de competencia
personal, y una descalificación que provenga de los mayores echa por tierra su
autoconfianza. Contar hasta diez, salir de la habitación..., cualquier técnica
es válida antes de reaccionar con agresividad ante una de sus trastadas.En caso
de que se nos escape un insulto o una frase descalificadora, debemos pedirles
perdón de inmediato. Reconocer nuestros errores también es positivo para ellos.
Tomado de la revista BABY 10 razones para tener otro hijo
El experto en demografía y Presidente del Population Research Institute, Steve
Mosher, publicó un artículo en el que da a los creyentes diez razones para tener
otro hijo.A partir de citas bíblicas, su experiencia personal y hechos
fácticos, Mosher propone a los creyentes la posibilidad de tener más hijos que
el promedio actual.La primera razón, sostiene, es que "tener otro hijo,
permite unirse a Dios en la creación de un alma inmortal". "Los padres tienen la
oportunidad increíble de asistir a Dios en la creación de un alma inmortal y
como lo dijera el Cardenal Mindszenty, ni los ángeles recibieron tal gracia",
explica Mosher.La segunda razón es que "un nuevo hijo trae alegría a la
vida". "No hay gozo similar al de recibir a un hijo. Uno se maravilla ante la
perfección de ese pequeño ser y de la facilidad con la que uno lo ama. Uno queda
encantado con cada pequeño aspecto de su apariencia. El color del cabello, la
forma de la nariz, su sonrisa".Como tercera razón, indica que "un nuevo
hijo permite crecer en santidad y virtud". "Para los que están casados y tienen
familias, los niños son los medios primarios que Dios usa para ayudarlos a
crecer en santidad y virtud. Los niños enseñan a sus padres la paciencia,
perseverancia, la caridad y la humildad. Dan la oportunidad de practicar la
misericordia corporal y espiritual. LLegan al mundo desnudos y los vestimos,
hambrientos y los alimentamos, sedientos y les damos de beber". La cuarta
razón es que "tener un hijo ayuda a terminar el aborto". "Los niños son cada vez
menos, debido a la contracepción, la esterilización y el aborto, por eso
segmentos completos de la sociedad se vuelven menos familiares al sentido del
gozo y la epseranza que sólo los bebés y los niños pueden brindar. En este
clima, la anticoncepción y el aborto se alimenta a sí mismo, aumentando el
egoísmo".La quinta razón de Mosher es que tener otro hijo da un hermano a
los hijos que ya tiene la pareja, y así pueden aprender a compartir. "Los demás
hijos aprenden a poner las necesidades de los demás por encima de las propias.
La unión entre los hermanos es para toda la vida y más fuerte que la establecida
entre los mejores amigos".La sexta razón es que los hijos permiten que
cuando uno llega a la ancianidad no esté solo. "La gente que tiene hijos no
tiene que buscar a extraños para que cuiden de ella cuando es anciana. Los hijos
también se convierten en padres de los nietos y los nietos traen gozo, alegría y
risas", sostiene Mosher.Mosher señala como séptima razon que "los hijos
son el recurso más grande". "Los humanos son bendecidos con los regalos del
intelecto y la libertad. La ingenuidad humana descbre soluciones creativas a los
problemas que enfrentamos. Las personas sin hijos deben recordar que el hijo de
otros es el médico que les salva la vida, el bombero que ayuda, o el ingeniero
del tren".La octava razón es que "un hijo ayuda a la economía". "La
familias con hijos inyectan la economía, comprando casas y autos y pagando por
su educación. Sin jóvenes que ingresen a la fuerza laboral, el sistema de
seguridad social falla. Sin niños que asistan al colegio, los maestros no tienen
empleo. Muchas industrias, desde restaurantes hasta tiendas de juguetes,
descansan en negocios de y para niños. Ultimadamente, toda la economía lo hace".
La novena razón es que tener un hijo más ayuda a enfrentar la despoblación
global. "Los que han viajado de costa a costa en Estados Unidos y han visto los
vastos espacios vacíos, saben que América no está superpoblada. De hecho, toda
la población del mundo puede vivir en Texas, en casas adecuadas a cada familia
con patios traseros"."Nuestro problema a largo plazo no es que tendremos
muchos niños, sino pocos. Tener un hijo ayuda a contrarrestar la implosión
poblacional adveniente", sostiene Mosher.
Finalmente, indica como décima razón que "tener un hijo ayuda a poblar el
cielo". "El niño que se tiene con generosidad, se acepta de Dios y regresará a
Él, después de una vida de amor, servicio y obediencia en la tierra para pasar
la eternidad con Dios en el cielo"
La bondad en la conducta Hemos comprobado que la bondad está
en las cosas; que no es una invención de la mente o fruto del capricho de la
voluntad. Sobre lo que es bueno o malo no caben opiniones, a no ser por
ignorancia de la realidad. Precisamente concluíamos que existe un criterio
objetivo: es bueno lo que acerca a Dios; es malo lo contrario. Porque Dios
es nuestro último fin, es decir, donde, en último extremo, se halla nuestra
perfección.. De modo que en la medida en que podemos saber qué es lo que acerca
a Dios, podemos también saber qué es lo bueno.
Ahora bien, una cosa es la bondad de "las cosas", y otra la bondad de los actos
humanos que inciden sobre las cosas o permanecen en el interior de nosotros
mismos. Esta última es la que nos ha de ocupar en este artículo; y es del mayor
interés, porque con nuestras acciones es como nos labramos la perfección
personal o la ruina. La cuestión es: ¿cuándo son buenos los actos humanos? ¿qué
condiciones se requieren para poder calificar de moralmente buenos a nuestros
actos? ¿de qué depende su bondad? ¿cuándo nos acercan o separan del último fin,
que es Dios?
Lo primero que hemos de tener en cuenta al examinar nuestra conducta en vistas a
su calificación moral es lo que hemos hecho, es decir, el "objeto" de nuestro
acto: ¿Es bueno ese objeto?, porque ya vimos que el bien es algo objetivo, como
"la propia ley divina, eterna, objetiva y universal, por la que Dios gobierna el
mundo universo y la comunidad humana" . Por eso se dice
que "el objeto es la primera fuente de moralidad". ¿Está conforme lo que he
hecho con la objetiva ley divina, natural o evangélica?.
Esta es la primera pregunta necesaria; pero no sólo el objeto -lo que hacemos-
es fuente de moralidad. No basta la consideración del objeto para saber si un
acto humano es moralmente bueno o malo. Es más -enseña Juan Pablo II-"la moral
-lo que es moral- es cosa esencialmente íntima, interior", reside en la
conciencia y en la voluntad, que es donde, con sus actitudes y elecciones se
expresa el "hombre interior" ..
Importancia de la interioridad El Papa advierte que "lo moral" de
nuestras obras tiene, como es obvio, una dimensión exterior, digamos visible,
apreciable desde fuera (pasear, comprar, comer, trabajar), que está en relación
con las normas objetivas de la conducta humana (no robar, no atentar contra la
vida propia o ajena, etc.). Sin embargo, este hecho -la existencia de esta
dimensión exterior- en nada modifica el hecho precedente, a saber, que la moral
es un asunto de conciencia y que sus exigencias incumben a la interioridad del
hombre."Cristo enseñaba moral. El Evangelio y los demás textos del Nuevo
Testamento lo demuestran sin lugar a dudas". Sabemos que el Decálogo, o sea, los
Diez Mandamientos de la ley moral natural -indicados expresamente por Dios a
Moisés-, fue confirmado por el Evangelio. Y recuerda Juan Pablo II que,
al enseñar la moral, Cristo tenía en cuenta estas dos dimensiones: la exterior,
o sea, visible, social e, incluso, "pública" y la interior. Pero, conforme a la
naturaleza misma de la moral, de "lo que es moral", el Señor concedia
importancia primordial a la dimensión interior, a la rectitud de la conciencia
humana y de la voluntad, es decir, a lo que en términos bíblicos, se llama
"corazón". En diversos momentos y de diferentes maneras, Jesucristo enseñó
que: "lo que sale de la boca procede del corazón y eso hace impuro al hombre.
Porque del corazón provienen los malos pensamientos, los homicidios, los
adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las
blasfemias. Esto es lo que contamina al hombre" : el mal que reside en el
corazón, es decir, en la conciencia y en la voluntad.El Señor, por tanto,
indica lo que está mal, las obras que son malas - y en consecuencia contaminan
al hombre, lo dañan -, y que son externas, visibles. Pero indica también donde
se encuentra la causa, la raíz de esas obras que, en definitiva, son una
manifestación de lo que hay en el interior. Si se extirpara la mala raíz no
habría malos frutos. Gráficamente lo expresaba el Papa en su mensaje de paz de
1984: "es el hombre quien mata y no su espada y sus misiles"; "la guerra nace
del corazón del hombre".Es lógico pues que se afirme que de las dos
dimensiones de la moralidad de los actos humanos, la que posee importancia
primordial sea la interior: la dimensión "hacia adentro" del hombre. Además,
"existen normas - dice Juan Pablo II - que atañen de un modo directo a actos
exclusivamente interiores. Vemos ya en el Decálogo dos mandamientos que
empiezan por estas palabras: "No desearás..." y "No codiciarás..." y que, por
consiguiente no se refieren a ningún acto exterior, sino sólo a una actitud
interior, relativa, en el primer caso, a 'la mujer de tu prójimo'; y, en el
segundo, a 'los bienes ajenos'. Cristo lo subraya con más fuerza todavía.
Sus palabras pronunciadas en el monte de las Bienaventuranzas, cuando llama
'adúltero de corazón' al que mira a una mujer deseándola, fueron para mí - dice
el Papa - punto de partida de largas reflexiones sobre el carácter específico de
la moral evangélica en esta materia" .Importancia pues de la dimensión
interior de "lo moral"; importancia de la interioridad, de las intenciones, de
las actitudes. "Pero - continúa Juan Pablo II- no es eso todo. Sabemos que el
Sermón de la montaña habla también de las buenas obras, como la oración, la
limosna, el ayuno, que el Padre ve en lo oculto".Que la dimensión interior
del acto humano tenga primordial importancia no quiere decir que la exterior -
"lo que se hace" - no afecte a la persona y no tenga relevancia moral. La tiene,
y mucha. "La ética católica no es sólo un conjunto de normas, mandamientos y
reglas de conducta" . No es sólo eso, pero es también eso. Cristo tenía en
cuenta las dos dimensiones del acto humano; que son justamente dos dimensiones
de un acto que es uno, aunque complejo. Por tanto, una simple "moral de
intenciones" o "de actitudes" que no valorase el objeto, las obras en las que se
plasman las actitudes e intenciones, seria una moral mutilada y, por tanto,
falsa, como un folio rasgado por cualquiera de sus lados ya no es un folio. El
folio tiene dos dimensiones, largo y ancho; si lo rompo por cualquiera de las
dos deja de ser lo que era. Un plato o manjar exquisito, con ingredientes de
primera calidad, pero aderezado con unos gramitos de arsénico, todo él resulta
mortal de necesidad, aunque se haya elaborado con la "buena intención" de
alimentar al cliente.Cualquier cosa mala, por muy buena que sea la
intención con que se haga, no deja de causar el mal; y el acto humano que la
realiza - compuesto de lo subjetivo y lo objetivo - resulta enteramente malo y
daña siempre a la persona. En efecto, el mismo Papa, que subyaraba la
importancia de la dimensión interior de los actos humanos, aclara que "no es
suficiente tener la intención de obrar rectamente para que nuestra acción sea
objetivamente recta, es decir, conforme a la ley moral. Se puede obrar con la
intención de realizarse uno a sí mismo y hacer crecer a los demás en humanidad;
pero la intención no es suficiente para que en realidad nuestra persona o la del
otro se reconozca en su obrar" . Hace falta, además, que lo que se quiere sea de
verdad bueno.
La libertad: condición de bondad moral Juan Pablo II sigue ahondando en la
cuestión: "¿En qué consiste la bondad de la conducta humana? Si prestamos
atención a nuestra experiencia cotidiana, vemos que, entre las diversas
actividades en que se expresa nuestra persona, algunas se verifican en nosotros,
pero no son plenamente nuestras; mientras que otras no sólo se verifican en
nosotros, sino que son plenamente nuestras. Son aquellas actividades que
nacen de nuestra libertad: actos de los que cada uno de nosotros es autor en
sentido propio y verdadero. Son, en una palabra, los actos libres (...) La
bondad es una cualidad de nuestra actuación libre. Es decir, de esa actuación
cuyo principio y causa es la persona; de lo cual, por tanto, es responsable" .
No significa esto que por el hecho de ser libre el acto humano sea moralmente
bueno, sino que la libertad es una de las condiciones varias de la bondad moral.
Una condición también importante, porque "mediante su actuación libre, la
persona humana se expresa a sf misma y al mismo tiempo se realiza a sí misma" es
decir, va realizando en sí misma un incremento de bondad, si la conducta es
moralmente buena; si fuera mala, el sentido de la libertad se vería frustrado.
Importancia de las obrasEn efecto, "la fe de la Iglesia fundada sobre la
revelación divina, nos enseña que cada uno de nosotros será juzgado según sus
obras" . Son muchos, por cierto, los momentos de la Sagrada Escritura en que se
afirma que Dios retribuirá a cada uno según sus obras; por ejemplo: Mt 5, 16;
Apoc 2, 23; 22, 12; cfr. Rom 2, 6; Eccli 16, 15; 2 Tim 4; Sant 1, 21-25."Nótese
- indica el Papa - : es nuestra persona la que será juzgada de acuerdo con sus
obras. Por ello se comprende que en nuestras obras es la persona que se expresa,
se realiza y - por así decirlo - se plasma. Cada uno es responsable no sólo de
sus acciones libres, sino que, mediante tales acciones se hace responsable de si
mismo" .No parece que se pueda iluminar mejor la relevancia moral de lo
objetivo, de las obras, de los actos externos. Seremos juzgados por nuestras
obras, porque ellas son "criaturas" de nuestra libertad en las que nos hemos
expresado y forman parte de nosotros mismos."Es necesario - insiste el
Romano Pontífice - subrayar esta relación fundamental entre el acto realizado y
la persona que lo realiza". Nuestras obras expresan siempre lo que somos o, al
menos, algo de lo que somos; y con ellas no sólo "hacemos cosas", "nos hacemos"
también a nosotros mismos: sabios o ignorantes, justos o injustos, prudentes o
imprudentes, lujuriosos o castos.Pues bien, "a la luz de esta profunda
relación entre la persona y su actuación libre podemos comprender en qué
consiste la bondad de nuestros actos, es decir, cuáles son esas obras buenas que
Dios de antemano preparó para que en ellas anduviésemos" (...). Cuando el acto
realizado libremente es conforme al ser de la persona, es bueno"."La
persona está dotada de una verdad propia, de un orden intrínseco propio, de una
constitución propia. Cuando sus obras concuerdan con ese orden, con la
constitución propia de persona humana creada por Dios, son obras buenas, que
Dios preparó de antemano para que en ellas anduviésemos. La bondad de
nuestra actuación dimana de una armonía profunda entre la persona y sus actos,
mientras, por el contrario, el mal moral denota una ruptura, una profunda
división entre la persona que actúa y sus acciones. El orden inscrito en su ser,
ese orden en que consiste su propio bien, no es ya respetado en y por sus
acciones. La persona no está ya en su verdad. El mal moral es precisamente el
mal de la persona como tal" . Esa ruptura, esa profunda división en el
interior del hombre se produce siempre que se obra mal, aunque sea con "buena
intención", pensando que se obra bien, porque es un hecho que entonces la
persona no está obrando conforme a la verdad de su ser.Quiérase o no, "la
persona humana realiza la verdad de su ser en la acción recta, mientras que,
cuando actúa no rectamente, causa su propio mal, destruyendo el orden de su
propia ser. La verdadera y más profunda alienación del hombre consiste en la
acción moralmente mala: en ella la persona no pierde lo que tiene, sino lo que
es, se pierde a sf misma" .
Cuando es moralmente mala, la acción exterioriza o manifiesta el ser
personal de modo monstruoso. Cabe decir de tal acción lo que dice Santo Tomás
del error de la mente: es "un parto monstruoso". Se ha engendrado un monstruo,
un ser deforme, que deforma y carcome el propio ser, por la íntima conexión
entre la persona y su obra.A
Si quieres ser un buen padre, sé un buen esposo El último
libro de Piero Ferruci, "Nuestros maestros los niños" ya ha sido traducido a 11
idiomas.. Allí él dice: "Ha hecho falta tiempo, pero al final me he dado cuenta:
la relación con mis hijos pasa a través de la relación con mi mujer. No puedo
tener con ellos una buena relación si mi relación con
ella no es buena". La experiencia clínica de Ferruci le ha demostrado que "cada
ser humano es el resultado de la relación entre dos individuos:su padre y su
madre. Y esa relación sigue viviendo dentro de nosotros como una armonía
bellísima o como una laceración dolorosa. La relación entre nuestros
progenitores -dice Ferruci- nos constituye en lo que somos. Y esto es verdad
también en la época de la familia dormitorio, de los progenitores single, de la
fecundación artificial, de la manipulación genética, de los vientres de
alquiler, de los bancos de espematozoides... Un niño siente con todo su ser la
relación entre sus progenitores, sea cual sea, la siente en sí mismo. Si
la relación está envenenada, el veneno circulará por su organismo. Si la
atmósfera no es armoniosa, crecerá en la disonancia. Si está llena de ansias e
inseguridades, también su futuro será incierto" . La conclusión entonces parece
clara: si quieres ser un buen padre, sé un gran marido. Si quieres ser una buena
madre, sé una gran compañera para tu marido. Esto que parece simple, en la
práctica no lo es. ¿Por qué? Ferruci responde en primera persona, con gran
humildad: "A veces he olvidado esta realidad. He tenido demasiada
confianza. Sabiendo que nuestra relación va bien, la he dejado allí". Abandonada
la relación a su propia suerte, pronto aparecen los disgustos, las
recriminaciones. Cuando un matrimonio reacciona a tiempo y recupera lo
bello de su amor, los primeros en darse cuenta son los hijos. Y cuenta su propia
experiencia, después de una temporada en que, obsesionado por escribir sus
libros, comenzó a levantarse a las 5 de la mañana y a pasar el día rabiando por
el ruido y las interrupciones:"Comencé a sentirme deprimido, algo no
andaba bien. Al fin comprendí lo que sabía pero no quería admitir. El orden de
mis prioridades estaba equivocado.Decidí devolver a Vivien, mi mujer, un
marido que no se cayera de sueño. Después ocurrió algo sutil y sorprendente.
Mejoró la relación entre Emilio y Vivien. No es que fuese una relación mala,
pero había algo que no me gustaba. A menudo Emilio era descortés con ella y
hablaba conmigo como si Vivien no existiera, ignorándola como el machista más
encallecido. Después lo he entendido: Emilio me mostraba cuál era mi actitud
hacia Vivien... Era yo quien la transformaba en una sombra. Por fortuna me di
cuenta a tiempo".¿Cómo mantener y mejorar constantemente la relación
conyugal? Este autor italiano es un gran romántIco y cree que la fuente de amor
para los esposos radica en el recuerdo de sus mejores momentos. "Al
contrario de lo que muchos piensan, yo creo que el hecho de enamorarse es el
instante más auténtico de la relación entre dos personas; es cuando ellas ven
que todas las posibilidades se abren ante ellas, cuando tocan la esencia y
belleza del amor... Ante los ojos de mi mente desfilan nuestros momentos más
luminosos: el primer paseo juntos, la decisión de casarnos una tarde de
septiembre, Vivien que acude a recibirme al aeropuerto un día de
lluvia. el concierto durante el embarazo de Emilio... Todo eso es el origen, la
fuente: el lugar en que todo va bien y es
perfecto. Resulta positivo regresar de vez en cuando a los orígenes y beber de
aquella fuente de agua pura". Tomado de Hacer Familia
Por María Esther Roblero