LA VERDAD
NOS HARÁ
LIBRES

 

DESDE LA CASA DE LOS NOMOS

Evangelización y Cultura para el III Milenio

 

         La Universidad Católica de Murcia-España (UCAM), ha tenido el acierto de dedicar el Congreso celebrado este fin de semana a la importantísima cuestión del diálogo FE-CULTURA. Autoridades punteras en la materia han estado presentes entre los ponentes. Sin duda ninguna el personaje estrella del evento universitario ha sido el Cardenal Poupard, Presidente del Pontificio Consejo para la Cultura en el Vaticano. El tema, ya de por sí muy sugerente, se ha tratado en un momento oportuno. Estamos viviendo una época histórica que se caracteriza por el abandono de lo trascendente, de la metafísica, de la filosofía en general, de la Religión en particular, de la razón humana como instrumento capaz de conocer la Verdad… Se niega la misma Verdad, y se da a Dios por muerto. Más aún, se intenta que el nombre de Dios no aparezca más allá de las cuatro paredes que encierran, a modo de reducto, a los pocos “débiles mentales” que todavía tienen fe, como dicen. Y consideran además que esta fe religiosa es la causante de todos los problemas de convivencia que hoy, como siempre, padece la humanidad.

         Es un ataque concienzudo, despiadado y a toda regla contra las religiones, y en nuestros lares occidentales contra la Iglesia Católica. Ya lo comentábamos en el artículo de la semana anterior. Es en el mundo de la cultura donde se cuecen y se expanden todas las hipótesis, y todas las aventuradas teorías que, olvidando la espiritualidad humana,  tratan de modelar una sociedad puramente material, sin alma, sin amor sincero, sin sentimientos, sin valores.  A la pregunta: ¿Quién soy yo? ¿De donde vengo? ¿Hacia dónde voy? Ya no se sabe responder, o no interesa buscarle respuestas. Los pensadores, los pocos serios que van quedando, se inclinan más a lo pragmático, al día a día del ser humano, sin otra intención que lanzarlo a una vida dura sin más protección que unas cuantas ideas cogidas con alfileres.  Estoy convencido que la cultura posmoderna está incapacitando al hombre para ejercer lo más noble que tiene el ser racional,  que es pensar. Hoy se piensa poco. Parece que no hay tiempo. Se pasa de puntillas por los problemas, por los interrogantes decisivos. No hay ganas de complicarse la vida. Lo que importa son los títulos para ganarse el pan pronto, y si es posible llegar a  ser ricos en poco tiempo. Es el nuevo materialismo de signo capitalista.

         El Cardenal Poupard nos comentaba la queja que lanzaban al mundo un colectivo de personas jóvenes de distintas etnias: Nos habéis dado de todo. Nos habéis llenado de electrónica, de ordenadores, de medios veloces de locomoción, de teléfonos móviles, etc.…, pero nos habéis robado el alma. Terrible y sincera queja de todos aquellos hijos del progreso mal entendido, que han sido mutilados espiritualmente, inutilizados racionalmente, para que sólo se entretengan viviendo sin pensar, porque para algunos eso de pensar o es inútil, o es peligroso. El mismo purpurado les decía a los componentes del claustro de la Universidad Católica que su misión fundamental en enseñar a los jóvenes lo que es amar la verdad. Hay que devolverles el corazón que se les ha hipotecado. Hay que estar al servicio de la verdad, una verdad que se ve afectada por la “mutilación de la razón”, que, según el cardenal, ha conducido a la “esquizofrénica situación en la que conviven simultáneamente, con frecuencia en el mismo individuo, un racionalismo miope con una irracionalismo salvaje”.

         Se explayó Popupard en hacer un elogio de la razón, diciendo que la verdad y su búsqueda debe ser uno de los pilares que muevan a la universidad católica, y a todo intelectual honrado. Precisamente porque es la fe la que preside el estudio y la investigación.  El problema es “que el hombre de hoy afirma lo que nunca debería afirmarse, el yo. Y pone en duda lo que nunca debería ponerse, la verdad. Esta no es producto del hombre, el hombre la reconoce y, por ello, no puede ser instrumento de opresión o de dominio”.

         Y en todos estos principios han abundado los restantes ponentes de este Congreso Internacional, que se ha visto nutrido con una numerosísima asistencia de intelectuales que sienten la inquietud por buscar y ofrecer la verdad sin tapujos.  Pienso que se han conseguido los objetivos pretendidos. Las ponencias son ya un material precioso para informarse bien de la situación de la cultura actual en relación con lo trascendente, y una aportación inestimable para tomarse con seriedad y esperanza el diálogo fe-cultura.

         Cuando escribo esto oigo en las noticias el asesinato por manos de ETA de dos servidores del orden público en el País Vasco. Lo siento profundamente, y es una muestra más de lo que ocurre cuando el hombre pierde la fuerza de la razón y se queda con la razón de la fuerza. Por ese camino no se hace humanidad. Lo propio del hombre son otros métodos más dignos para defender los ideales que se consideren justos. El que utiliza la fuerza bruta ya ha perdido la razón, si es que la tenía. Animo desde aquí al pueblo vasco a seguir luchando por una sociedad formada por hombre y mujeres que tengan la cabeza en su sitio.  La paz es demasiado hermosa como para maltratarla de esa manera.

 Juan García Inza

juangainza@hotmail.com

 

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