LA VERDAD
NOS HARÁ
LIBRES

 

DESDE LA CASA DE LOS NOMOS

 

EL ANILLO

 

Me manda esta historia una internauta amiga de Puerto Rico. Y como me ha gustado mucho la narración y la moraleja, se lo trasmito tal cual a mis lectores, para que cada uno saque las consecuencias que crea oportunas. Yo he sacado las mías.

-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto.  ¿Como puedo mejorar?
Que puedo hacer para que me valoren mas?


El maestro sin mirarlo, le dijo:
-Cuanto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después...- y haciendo una pausa agreg
ó- si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.


-E...encantado, maestro- titube
ó el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado, y sus necesidades postergadas.


-Bien, asintió el maestro. Se quit
ó un anillo que llevaba en el dedo pequeño y dándoselo al muchacho, agregó- toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.


El joven tom
ó el anillo y partió.
Apenas lleg
ó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.

Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y solo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven ten
ía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado- más de cien personas- y abatido por su fracaso, mont
ó su caballo y regresó.

Cu
ánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado él mismo al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.

Entr
ó en la habitación.
-Maestro- dijo- lo siento
; no se puede conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.


-Qu
é importante lo que dijiste, joven amigo- contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que el para saberlo?  Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.


El joven volvió a cabalgar.


El joyero examin
óo el anillo a la luz del candil con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender YA, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.


-58 MONEDAS!!!!!!!!!!!!!!!!!
exclamó el joven.


S
í, replico el joyero- yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé...si la venta es urgente...

El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido.


-Siéntate- dijo el maestro después de escucharlo- T
ú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño.


Todos somos como esta joya, valiosos y únicos, y andamos por los mercados de la vida pretendiendo que gente inexperta nos valore... y muchas veces hasta les hacemos caso, condenando tontamente nuestro destino, hablando por sus bocas y viendo con sus ojos.


DIOS NOS HIZO A SU IMAGEN Y SEMEJANZA, PERO
ÚNICOS Y EXCLUSIVOS, CADA UNO DE NOSOTROS ES PARA ÉL LA JOYA MÁS VALIOSA, POR ESO DEBEMOS VALORARNOS Y AMAR EN NOSOTROS LA HECHURA DIVINA.

A mi amiga le doy las gracias, y que nos siga enviando todo aquello que nos haga pensar un poco de un modo tan sencillo, como puede ser un cuento.

 Juan García Inza

juangainza@hotmail.com

 

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