11
Desde
el Cielo
Querido
amigo: Quiero hoy hablarte del Cielo. Sí, me marché al Cielo con
el Padre como estaba previsto. Hacía treinta y tres años que Yo,
el Verbo de Dios, me había hecho carne y nací, y viví, y morí
como hombre. Pero ya sabes que resucité, y que a los cuarenta días,
concluida toda la Redención y su anuncio a las almas que
esperaban la Salvación, me volví al Seno del Padre, al Cielo. Y
hoy te quiero hablar un poco del
Cielo. Me parece que muchos todavía saben poco de él. Aunque
tengo que decirte que no es nada fácil hablar de algo tan sublime
a los que todavía no habéis vivido esa experiencia. Por lo menos
te ayudaré a pensar un poco en él.
En primer lugar te aclaro, por si tiene los conceptos teológicos
equivocados o infantiles, que el Cielo no es un lugar.
La grandeza de Dios no cabe en un lugar tal y como se
entiende en la tierra. Meter a Dios en un lugar sería poner límites
al Ser Infinito. No hay límites para Dios. Además, todo ser
espiritual, o espiritualizado, como es el caso de Mi Madre María,
o el de Mi Cuerpo Glorificado, no ocupa lugar. –Entonces –me
dirás- ¿dónde está el Cielo? – El Cielo está donde está
Dios, y todos los seres que disfrutan de su presencia. Y, no lo
olvides, Dios está en todas partes. El Padre y Yo, y el Espíritu
Santo estamos en ese estado de Gloria que lo llena todo. Somos
Omnipresentes, por eso podemos estar con todos nuestros queridos
hijos los hombres de cualquier lugar de la tierra, y con todos los
seres del universo. Junto a todos los millones y millones de
estrellas que pueblan el inmenso y maravilloso universo. Sí, el
Cielo es un estado de presencia de Dios, y gozan del Cielo todos
aquellos que están junto a Nosotros. Hay ratos de Cielo en la
tierra, y tú lo sabes. ¿No te has sentido feliz cuando de verdad
hemos estado juntos? ¡Cuantas veces has exclamado ante un
delicioso paisaje, o un ambiente gozoso: ESTO ES UN CIELO! Y
tienes toda la razón. Donde está Dios todo es bello, hermoso,
placentero, emocionante, tierno, encantador… sencillamente UN
CIELO. Pues eso que tú percibes cuando eres feliz con el alma en
paz, es un simple destello de la grandeza indescriptible que es el
Cielo.
¡Que alegría experimenté cuando ya cumplida mí tarea en
la tierra comencé a gozar de la dulzura del Cielo! Aunque ya
sabes que no os quise dejar solos. Aquí se quedó un trozo de
cielo en cada comunidad de creyentes, que es el sagrario, en donde
estoy Yo. Y esas celebraciones vividas con amor. Y esas sonrisas
de las almas buenas que pasan por la vida haciendo el bien. Y la
paciencia de los enfermos que sufren en silencio. Y de los que
mendigan un trozo de pan con hambre y sin rencor. Y esos hogares
donde se vive el amor, y los conventos donde hay almas que ofrecen
enamoradas sus vidas por ganar Gracia para los demás. La sonrisa
de un niño es un reflejo del cielo. Y la cara arrugada y cariñosa
de un anciano. Y la paz de un parapléjico, o de un enfermo
incurable, o de una madre que reza por sus hijos, o de un padre
que trabaja duramente por ganar el pan cada día para los suyos, y
de esas ancianitas que en el rincón de cualquier casa o templo
musitan viejas oraciones que Nosotros escuchamos con gusto y
agradecimiento… Todo eso son trozos bellísimos del dulce Cielo
que te espera, amigo mío. Me gustaría que sembrases la vida de
Cielo, que plantases en cada rincón de la tierra que pisas un
trozo de Cielo.
Pero, ¡qué pena que los hombres os empeñéis tanto en
infestarlo todo de cizaña, de infierno desgraciado! ¿Por qué no
termináis de aprender la lección? Sí que es verdad que Somos
misericordiosos, pero ¿qué hacemos con los que no quieren saber
nada del Cielo? Hay muchos que dicen: -¿Por qué Dios, que es tan
poderoso, no nos lleva a todos forzosamente al Cielo?- Pues muy
sencillo: porque el cielo es el REINO DEL AMOR, Y A NADIE SE LE
PUEDE HACER AMAR A LA FUERZA. El amor es fruto de la libertad. Se
ama porque se quiere, y a quien se quiere. ¿Qué merito tendría
un Cielo de almas forzadas, que han despreciado la mano que le
tendíamos hasta el último momento de un modo consciente?
A Judas le llamé amigo hasta el final, y se desesperó sin
llorar su pecado. Al buen ladrón le dije que aquel día iba a
estar conmigo en el Paraíso porque se arrepintió
voluntariamente. El
Cielo está lleno de voluntarios que dijeron que sí cuando se les
ofreció, que dieron un paso al frente cuando fueron llamados, y
la llamada es general. Todo el mundo puede ir al Cielo, pero hay
que querer ir, hay que coger el camino estrecho que lleva a la
Vida.
Hoy te quiero invitar a que sueñes con el Cielo.
A que fomentes en ti esa esperanza de estar un día juntos para
siempre gozando de una amistad pura e interminable. Cuando estés
triste, o desilusionado, o indeciso, o lleno de dolores, o de
tentaciones… mira hacia donde quieras con amor y verás el Cielo
que te tengo preparado. Y entonces nacerá en ti la paz, el amor,
las ganas de sonreír y de hacer el bien. Cierra lo ojos un rato y
piensa en Mí… Mírame aquí, junto a ti, en el Cielo que hay a
tu lado, pensando en ti.
Que el mundo sea ya un adelanto del Cielo para ti. Regala
momentos de cielo a todos aquellos que se cruzan en tu camino. Allí
estaré Yo sonriendo contigo.
Jesús
Por
la trascripción
Juan García Inza
juangainza@hotmail.com