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LA VERDAD NOS HARÁ LIBRES |
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DESDE LA CASA DE LOS NOMOS
En
la fiesta de la Sagrada Familia Defender
a la Familia Considero que soy un acérrimo defensor de la familia. Por mi oficio de Juez Eclesiástico tengo que tropezarme cada día con familias rotas, matrimonios desechos. Muchos enfermos de origen, otros con dolencias que han surgido con el paso del tiempo, y muchas veces contagiadas por la “pandemia” anti-familia que pulula en el ambiente. Y como celebramos este domingo la Fiesta de la Sagrada Familia, no he querido dejar pasar la oportunidad de ofrecer una reflexión sobre el tema a nuestros amigos lectores. Afortunadamente me he encontrado con un interesante trabajo sobre la cuestión familiar, elaborado por expertos de la ASOCIACIÓN DE EDUCADORES FAMILIARES. He considerado oportuno traerlo aquí, porque yo no sabría decir mejor lo que ellos exponen con acierto. Y ruego a todos los que visiten este rincón de MERCABA, que lo lean detenidamente y saquen sus consecuencias: “Abundan
los motivos para pensar que la sociedad está socavando los cimientos de la
familia o al menos debilitándolos de modo alarmante. El
académico y catedrático José Luis Pinillos, ha hablado y escrito acerca
de la esperanza, pero también del riesgo que se cierne sobre la familia.
"Se ha repetido hasta la saciedad, y espero que pueda seguir repitiéndose
por los siglos de los siglos -aunque muchos lo dudan-, que hay que cuidar de
la familia porque es la unidad básica de la sociedad, la más importante y
fundamental de todas las instituciones sociales (...). Sin
embargo -advierte el ilustre académico-, "abundan los motivos para
pensar que la sociedad industrial, o posindustrial,
está socavando los cimientos de la familia, o al menos debilitándolos de
un modo alarmante. Es más: no faltan personas y grupos influyentes que
opinan que la familia ha pasado a ser ya una polvorienta reliquia del
pasado, una institución anacrónica, que en realidad constituye una rémora,
un estorbo, un peso muerto para la marcha ascendente del progreso y que, en
consecuencia, debe desaparecer, o poco menos (...) Y no sólo eso, sino que
lo que hay que hacer es acabar de una vez por todas con la familia: Delenda
est familia!. Está
claro, nos dicen, que la realización personal pasa por la superación de
las constricciones familiares; por la emancipación de los hijos, por que
tanto éstos como la mujer se liberen finalmente de la tiranía del cabeza
de familia; por terminar con la esclavitud de los hijos (...) Dicho de otra
forma, la familia sería una más de las cosas que se hunden en el naufragio
de la sociedad insdustrial o de la modernidad
para dar paso a la posfamilia". El
profesor Pinillos no está de acuerdo con los agoreros de turno: "yo no
opino así, dice. La familia es una de las formas permanentes de la vida
humana, cimiento de la sociedad, crisol donde se forjan las líneas maestras
del carácter, lugar de las relaciones sexuales plenas y de la realización
espiritual de la pareja. La familia es una forma consustancial de la vida
humana, cuyo fallecimiento se ha exagerado en
los últimos tiempos, igual que la muerte de Mark
Twain. "A
pesar de los agoreros, la familia superará esta crisis, está superándola
ya, porque la historia nos enseña que siempre renace de sus cenizas, que es
la institución que ha sobrevivido al mayor número de calamidades posibles.
Cuando
no queden ni los ecos de las voces que anuncian su destrucción, la familia
seguirá intentando hacer personas libres de los niños que trajo al
mundo" (1) MOTIVOS
DE ESPERANZA Estamos
convencidos: a pesar del grito de guerra - delenda
est familia!- que, como advierte José Luis
Pinillos, no pocos lanzan al viento, con hechos y palabras disolventes,
procurando arrasar hasta los más fundamentales valores éticos, la familia
seguirá siendo la célula primera y vital de la sociedad (2). Así lo
creemos, ante todo porque se trata de una institución que obedece a un
designio divino. Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, y
"nuestro Dios -como enseña Juan Pablo II-, en su misterio más íntimo,
no es una soledad, sino una familia, puesto que lleva en sí mismo
paternidad, filiación y la esencia de la familia que es el amor" (3) .
SIGNOS
DE PREOCUPANTE DEGRADACION No
obstante, no puede ocultarse que la batalla contra la familia está causando
estragos, en una pluralidad de frentes realmente impresionante. No faltan en
el seno mismo de bastantes familias "signos de preocupante degradación
de algunos valores fundamentales: una equivocada concepción teórica y práctica
de la independencia de los cónyuges entre sí; las graves ambigüedades
acerca de la relación de autoridad entre padres e hijos; las dificultades
concretas que con frecuencia experimenta la familia en la transmisión de
los valores; el número cada vez mayor de divorcios, la plaga del aborto, el
recurso cada vez más frecuente a la esterilización, la instauración de
una verdadera y propia mentalidad anticoncepcional" (4). JUSTA,
GRAVE Y AUTORIZADA VOZ DE ALARMA Estas
palabras de Juan Pablo II, son una justa y grave voz de alarma ante una
enfermedad maligna que amenaza a toda una sociedad; más aún, a toda una
civilización, famélica de valores éticos, que se bambolea sobre cimientos
carcomidos por un subjetivismo relativista que prolifera en toda suerte de
-sutiles y agresivas- especies. Muchos
padecen la enfermedad letal sin sentirla, sin advertir su gravedad, o asumiéndola
con actitud fatalista, como si no tuviese remedio o como si la enfermedad
fuese el estado normal de una persona sana; como si la carencia de brújula
y de sentido de la orientación, la niebla y la noche fuesen las condiciones
ideales, ¡liberadoras!, del caminante. Como si lo normal fuese andar a
tientas, dando tumbos, sin norte ni guía, hacia los abismos, la angustia,
la náusea, el vértigo de una existencia que viaja en el vacío, sin nada
firme donde aferrarse, sin una verdad que sea un punto cierto de referencia;
como si Dios no existiera, como si no existiese naturaleza humana: il
n"hi ha pas de nature
humane!, han dicho no sólo existencialistas ateos, sino moralistas
cristianos, desde ediciones de nombre católico. El
relativismo subjetivista se ha infiltrado hasta en inteligencias encumbradas
por títulos académicos e incluso en cátedras de Universidades o Escuelas
de título católico. La Santa Sede ha tenido que emanar dolorosos
documentos y medidas para impedir que se propague la epidemia del error
desde sus mismas instituciones. El
hombre suplanta a Dios, se erige absurdamente en señor del bien y del mal,
de la vida y de la muerte, como si en ello conquistara su libertad y
plenitud existencial. Pero al desconectar su inteligencia de la verdad
divina, su libertad pierde el norte, se sustrae al dominio de la razón, y
los sentidos y las más bajas pasiones se rebelan frente al señorío del
intelecto. El hombre sin Dios se convierte en el animalis
homo, de que habla San Pablo. Sin Dios, sin piedad, sin corazón, sin
familia, solo. Se cumple de nuevo lo acontecido en la sociedad pagana del
tiempo de Pablo: "habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como
a Dios ni le dieron gracias, sino que se ofuscaron en sus vanos
razonamientos y se oscureció su corazón insensato. Presumiendo de sabios,
se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una
imagen semejante a la de hombre corruptible, de aves, cuadrúpedos
y de reptiles. Por lo cual, Dios los entregó a pasiones deshonrosas; pues
sus mujeres invirtieron el uso natural por el que es contra la naturaleza.
Igualmente, también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se
inflamaron en deseos de unos por los otros, hombres con hombres, praticando
la infamia y recibiendo en sí mismos el pago merecido por su extravío. Y
como no tuvieron a bien guardar el verdadero conocimiento de Dios, Dios los
entregó a su réprobo sentir para hacer lo que no se debe: repletos de toda
injusticia, perversidad, codicia, maldad; rebosantes de envidia, de
homicidio, de contienda, de engaño, de malignidad; chismosos,
calumniadores, enemigos de Dios, ultrajadores, altaneros, soberbios,
vanidosos, inventores de maldades, desobedientes a sus padres, insensatos,
desleales, sin compasión y sin piedad" (5).
ABRIR
LOS OJOS Este
impresionante relato de hace veinte siglos es actual. Lo sobrenatural es
suplantado por lo meramente humano; lo humano por lo animal; lo espiritual
por lo material. Lo económico se pone en lo más alto de la escala de
valores. El placer sensible se erige en criterio de felicidad: "nada
hay mejor que la sensualidad", se ha llegado a leer en anuncios
cinematográficos. Su dios es el vientre, el sexo y el dinero. Todo
esto incide en los más jóvenes: el abuso del sexo desde la pubertad, el
uso frecuente de drogas blandas; el miedo a todo lo que conlleva sacrificio,
por bello y grande o necesario que sea, están ahí. No sólo hay cizaña,
sino abundancia de cizaña. No sólo en una familia, sino prácticamente en
todas las familias. Esta es la realidad que los padres ven con justa
preocupación; y si algunos no lo ven, están ciegos, han de abrir los ojos,
despertar, porque está en juego la felicidad temporal y la eterna de sus
hijos, y la de tantos otros. No cabe huir de responsabilidad tan seria. Algunos
aspectos del síndrome de vacuidad personal: 1.
Tener de todo. Muchos niños, desde pequeños ya tienen de todo, incluso
repetido. Toda suerte de juguetes, televisión, videos, tocadiscos,
ordenador personal, trajes, zapatos, chandals,
etcétera. De este modo pierden hasta la ilusión por las cosas materiales.
Los juguetes más sofisticados ya no les dicen nada (o los absorben hasta el
embotamiento mental). 2.
Hipnosis televisiva. El uso indiscriminado de la televisión impide ver la
realidad tal como es. Excita los sentidos y la parte menos creadora de la
imaginación. Deforma fácilmente la conciencia de los niños. Impide la auténtica
vida de familia. Por eso, la destruye. 3.
La desvergüenza, es decir, la falta del sentido del pudor, que es la
salvaguarda de la pureza. Minifaldas extremosas, vestidos ceñidos hasta la
asfixia, top-less y
hasta nudismo en las playas: son, obviamente, ocasión próxima y voluntaria
de pecar, caída del espíritu a la altura de la planta de los pies.
Lenguaje pobre y soez. 4.
Nevera superllena. La nevera "cargada", al alcance de los hijos en
cualquier momento, fomenta la gula, el egoísmo, la destemplanza, la pérdida
del sentido del orden y la disciplina. PATERNIDAD
RESPONSABLE "En
la base de estos fenómenos negativos está muchas veces una corrupción de
la idea y de la experiencia de la libertad, concebida no como la capacidad
de realizar la verdad del proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia,
sino como una fuerza autónoma de autoafirmación, no raramente contra los
demás, en orden al propio bienestar egoísta" (6). A
los padres de familia, especialmente, se dirigen hoy, quizá con mayor
urgencia que nunca, las palabras del Espíritu Santo: Custos,
quid de nocte! (7): ¡Centinela, alerta!
¿te das cuenta de la situación? ¿tienes los ojos abiertos? ¿te
preparas para el combate como un verdadero soldado de Cristo? FORMAR
PARA SER LIBRES No
se puede abandonar a los hijos, no se les puede dejar a la intemperie. "Si
alguno no se cuida de los suyos, principalmente de los de su casa, ha
renegado de la fe y es peor que un infiel" (8). Tampoco se les
puede meter en un "invernadero", ni negarles la libertad que Dios
les ha dado, ni es buen sistema la discusión acalorada. Es preciso
formarles para que puedan ejercer cuanto antes -gradualmente, sin prisas,
pero sin demoras- del modo más pleno posible, la libertad. Y
para fomarles, formarse. Para exigir
amablemente, exigirse reciamente. Si se puede adquirir una preparación
profunda, incluso científica para realizar la más importante de las tareas
humanas en las que cabe pensar -formar hombres y mujeres sanos
y cristianos-, no es posible conformarse con menos. MEJORAR
LA CALIDAD DE VIDA FAMILIAR Los
tiempos reclaman mejorar la calidad de vida familiar, para que los hijos
encuentren en el seno del hogar el alimento nutricio que necesitan para
crecerse ante las amenazas contra su salud espiritual. Por eso ha surgido la
necesidad de una nueva ciencia: la que se refiere a la Educación Familiar. Por
eso también, en esta sección de ESCRITOS ARVO -y de otras publicaciones-,
nos proponemos sumar nuestro esfuerzo al de todas las personas e
instituciones de buena voluntad, para aportar o difundir ideas que
favorezcan el mejoramiento de la calidad de vida familiar y el arte -siempre
arriesgado, pero también gozoso y apasionante-, de la educación de los
hijos. En
el número correspondiente a los meses de agosto y septiembre próximos,
publicaremos una interesante conversación con la doctora Ana María
Navarro, investigadora de larga experiencia en estos asuntos, que tratará
de la educación que los mismos cónyuges deben prestarse entre sí. Nos
parece un buen punto de partida. Para mejorar la educación activa, nada
mejor que mejorar las disposiciones para una fecunda y continua educación
pasiva. Ninguno estamos en este mundo suficientemente formados. Siempre
podemos mejorar nuestra conducta, nuestro trabajo y nuestras relaciones
familiares. Mejorar la familia es, indiscutiblemente, mejorar la sociedad.
Tanto más cuanto que no estamos solos. Somos muchos los que nos damos
cuenta de la gravedad de la situación y que -lejos de lamentarnos estérilmente-
estamos dispuestos a trabajar en la vida personal, en la familiar y en la
social para restaurar los valores quebrantados, recuperar los perdidos y potenciar
los muchos que, afortunadamente, tenemos en buen estado. ASOCIACIÓN
DE EDUCADORES FAMILIARES Jesús
Prieto , Presidente, Eusebio
González, Vicepresidente, Abilio
Gregorio, Vicepresidente. (1) JOSE LUIS PINILLOS, El eterno retorno de la familia, en "YA", 15 de enero de 1989; Cfr. (2)
ID., El mito del fin de la familia, en "NUESTRO TIEMPO", octubre
de 1986, págs. 74-79; (3)
JUAN PABLO II, Homilía, 28-I-1979; (4)
JUAN PABLO II, Familiaris Consortio,
n. 6; (5)
Rom 1, 21-32; (6)
Familiaris Consortio,
n. 6; (7)
Isaías 21, 11; (8)
1 Tim 5, 8;
Publicado
en http://
www. encuentra.com Por mi parte sólo me resta agradecer a estos excelentes expertos la labor diagnosis que han hecho sobre la familia hoy, y la síntesis tan clara de sus conclusiones para lograr salvar a la familia. Es urgente que trabajemos en esta dirección.
Juan García Inza
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