LA VERDAD
NOS HARÁ
LIBRES

 

 

 

EL BUITRE Y LA NIÑA

 

Esta semana el artículo no es mío. He querido ofrecer a nuestros amigos de MERCABA el trabajo realizado por uno de los chicos de los grupos de Confirmación de mi Parroquia, porque me parece muy acertado. El se llama Alejandro Aguilar Vidal, y estudia 4º de la ESO.

Se trata de un comentario a un caso ocurrido a un periodista que fue a Africa a traer fotos impactantes para su periódico. Se encontró junto al camino una niña muriéndose, y sobre ella, en el cielo, unos cuervos esperando el desenlace para darse un banquete. A seiscientos metros de allí había un dispensario en donde podían haber atendido a la niña, pero el prefirió quedarse con las fotos y desentenderse de la suerte de la pobre criatura. La niña murió, y tiempo después, cuando ya la fotos habían arrancado la admiración de miles de lectores, su conciencia no le dejó tranquilo por aquella acción tan inhumana, y se quitó la vida por no saber llorar su dolor humildemente y pedir perdón a Dios y a la humanidad. Espero que os haga bien este comentario tan atinado, que más de un periodista le gustaría poder escribirlo.

"La conciencia es el conocimiento que el ser humano tiene de sí mismo, de su existencia y de lo que le rodea, con la cual desarrolla una noción propia sobre lo que es para él el bien y mal y juzga moralmente sus acciones propias y las de los que la rodean. Exponiendo esta definición en torno al dilema (escándalo seria la palabra mas apropiada) moral que nos plantea y que en su momento se le planteó al “bueno” de Kevin Carter, podemos decir que el valor moral, que desconozco si siempre, pero si al menos en la situación plasmada en él articulo, que dominaba y dirigía su conciencia era el afán del vil metal, el deseo de poseer y de acumular, superponiendo incluso esta insana avidez al don mas elemental, esencial y precioso dado al ser humano: la vida. Tuvo en sus manos mancilladas el consumar el acto mas magnifico de la creación, el de regalar la vida, evento solo al alcance de Dios, y lo dejó escapar por la infame codicia humana. ¡Oh, cuan desgraciados somos que no sabemos aprovechar las oportunidades que la vida nos brinda para hacer el bien a nuestros semejantes! ¿Qué le habría costado llevar a la niña a la casa de socorro para recibir ayuda? Solo distaba a seiscientos metros, seiscientos metros que separaban la vida de la muerte, seiscientos metros que separaban a la niña de la vital Gea y la arrastraban sin remedio hacia los oscuros, lóbregos y sombríos dominios de Hades, donde el alma de la niña no hallará nunca la paz y vagará eternamente en la inmensa noche. Y sin embargo, no lo hizo. ¿ Acaso fue que no halló en su corazón la fuerza divina y elemental del creador nuestro Dios el Cual nos dijo que nos amaramos los unos a los otros como Él nos ama? Nunca lo sabremos

 La libertad es la capacidad humana para, ante las situaciones que se nos plantean a lo largo de nuestra vida, poder elegir desenvueltamente cual de las opciones que se nos dan para enfrentarse al problema nos conviene más, basándonos en nuestros valores morales. Como podemos elegir, podemos equivocarnos. Como cristiano que soy, pienso que Carter erró al no ofrecer ayuda a la desamparada niña. En eso nos diferenciamos de las bestias irracionales de la jungla, pero también puedo decir que hay bestias con más corazón que algunas personas que se hacen llamar cristianas. No sé hasta que punto Carter solo erró y desde que punto su única obsesión era el afamado Pulitzer, pero si sé que la conciencia le estuvo carcomiendo las entrañas hasta él ultimo día de su desdichada vida en el que se suicidó.

Responsabilidad. Al ser libres podemos  elegir y equivocarnos, por eso  nuestros actos han de estar determinados y meditados teniendo pensadas las consecuencias que para nosotros y para los que nos rodean puede tener la realización de dicha elección. La responsabilidad es la capacidad humana de asumir las consecuencias de los propios actos. Si en nuestra conciencia los valores que chocan son valores cristianos consideraremos las consecuencias de nuestros actos desde un punto de vista cristiano. La persona va formando día a día su propia conciencia.

La vida, valor fundamental: La vida humana es el don, el regalo máximo  que Dios nos pudo dar, y en el cual queda demostrado el amor inmenso que el Creador de vida tiene para con nosotros. El respeto a la vida humana es fundamental, pues la vida no pertenece a nadie sino a Dios. Ya en la Biblia nos da muestras de que Dios es origen de vida. El don de la vida es inviolable por los hombres porque no les pertenece, es propiedad y don de Dios Creador y Padre. El mandamiento de no matar es otro ejemplo de la importancia que tiene la vida para el cristiano. Todo se resume en las palabras que Jesús nos dejó como herencia “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Acto moral. Nuestros actos en la vida vienen determinados por nuestra conciencia moral, por eso, para meditar las consecuencias de nuestros actos y conocer cual es la elección correcta para nosotros debemos poseer una escala de valores bien jerarquizada. Los actos morales no son sino los actos que cometemos en la vida y que están relacionados con nuestra moral. Quizá la conciencia del fotógrafo tenia valores cristianos (de ahí su arrepentimiento y su posterior desesperación y suicidio) pero lo que también ocurrió es que su escala de valores no estaba bien jerarquizada, y en el instante preciso del disparo de la instantánea caviló que el valor principal y el cual dirigió sus actos fue el ávido deseo de dinero, interponiéndolo al más importante de los valores morales, el respeto y el amor a todas las formas de vida de la Creación. Visto esto podemos decir, que el fotógrafo despreció sus valores cristianos y se volvió como el buitre que espera pacientemente la llegada del Ángel de la Muerte empuñando su espada de fuego, para alcanzar su tan ansiada meta, la carroña.

Elección: Es la libertad de pensamiento y de actuación ante una determinada situación. Como ya se ha dicho antes, no somos libres de elegir los acontecimientos que nos ocurren en nuestra vida, pero si de responder libremente de una forma u otra. En el caso del Sr. Carter, tenia varias posibilidades de elección, ¿eligió la correcta?, para el cristiano y para las personas que tienen como valor moral el amor a la vida fue un gravísimo error, para la persona que no le importe la vida  humana (si se le puede llamar persona) y piense más en el dinero, no. Todo depende del crisol desde el cual se mire todo.

 

COMENTARIO DE LOS HECHOS

¿Qué podemos decir ya de la tristemente célebre historia del buitre y la niña que no se haya dicho antes? Carter dejó claro que él había acudido al Sudán para realizar un reportaje y no para descubrir el misionero que llevaba dentro, pero ¿por qué razón actuó de la forma en que actuó? Una cosa es hacer lo que te corresponde, y otra muy distinta es convertirse en una bestia deseosa de sangre, fama, dinero o cualquier otro fin material. Así fue como Carter se comportó al ver a la niña. Él no vio a una menesterosa criatura al borde de la extenuación y de la muerte, alguien al cual su deber como cristiano obligaba a ayudar aunque no sirviese de nada, sino que vio un futuro trozo de metal en su estantería y unos cuantos ceros de más en su cuenta bancaria. Lo cierto es que deambulaba como el buitre carroñero buscando un cadáver y cuando lo encontró, saco de él lo que necesitaba y lo dejó allí putrefacto, solo, sin nadie que la recuerde el día de su cumpleaños, o de su muerte ¿por qué no?, nadie que le lleve flores a su sepulcro, nadie que la llore. Al pensar en las consecuencias de sus actos se planteó la posibilidad de llevar a la niña a la casa de socorro, pero ese pensamiento fue apresuradamente desechado por otro que decía “¿para qué?, Si ya no hay nada que hacer”. Son ese tipo de pensamientos, de gentes vagas y sin amor al prójimo, los que hacen que el mundo se largue al carayo por correo urgente como se esta yendo. Y yo digo que la actitud del hombre fue bastamente cruel e insolidaria, y que cuando reparó en el daño que había causado, era demasiado tarde como para hacer algo, el mal ya estaba hecho, y ese dolor fue su espada de Damocles, hasta que ya no aguantó más y escogió el camino más fácil y cobarde, el suicidio. Podría haber hecho miles de cosas para intentar reparar el daño causado, desde donar su premio (un millón de dólares) hasta convertirse el mismo en misionero. Pero como dice el refrán, querer es poder, y cuando no se quiere no se puede, y que como decía una canción cuyas palabras calaron muy hondo en  el fondo de sombría y abatida alma “la pena dura tanto como quieras tu seguir llorando”. Por eso, nada arregló con el suicidio sino que reforzó la idea que lo etiquetaba como un cobarde. 

 

OPINIÓN PERSONAL.

Se supone que como cristiano, aunque solo sea de nombre, debo condenar y condeno los actos acontecidos en el renombrado articulo. Los condeno, los condeno porque son injustos, los condeno porque atentan contra el don de la vida, los condeno porque van contra mis valores y los condeno porque así me lo dicta mi conciencia. Pero por desgracia este no es, ni será, el ultimo atentado contra la vida humana. Esta es solo la punta del ice-berg. Debajo de esto se esconden actos mucho más terroríficos contra la existencia, actos que desbordan con creces la imaginación del más avispado y del más pesimista, actos  que ni los mismísimos Poe y Lovecraft jamás habrían podido soñar en sus más terroríficos éxtasis oníricos. Me refiero a actos como desterrar a alguien de entre los vivos solo porque su piel es diferente, masacrar pueblos enteros asesinando a sangre fría y por igual a hombres o mujeres, ancianos o niños; destrozar familias por el mero hecho de estar en el lugar menos indicado y en el momento menos indicado; enviar a jóvenes pobres a matarse mutuamente en inútiles guerras que no conducen a nada mientras cuentan sus ganancias viejos ricos. Y todo ello seguirá mientras lo sigamos permitiendo, mientras continué habiendo gente que le convenga el hacer daño al prójimo, de eliminar en vez de colaborar, de ser el superviviente y que los demás sean derrotados, pues, a estas alturas de la vida, ¿quién duda ya de que el verdadero fin de la especie humana es el de que sus genes se superpongan sobre los de los demás y ser supervivientes en este mundo hostil? Yo, desde luego, no".

¿Qué tal? Estos son los otros chicos del presente, en cuyas manos podemos confiar el futuro, porque tienen cabeza y corazón. Si queréis enviar algún comentario, ya sabéis la dirección de nuestra página y la mía en particular. Un saludo a todos.

Juan García Inza

juangainza@hotmail.com

 

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