CARTAS DE
JESÚS A TI

 

 

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APRENDED DE MÍ QUE SOY MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN

 

Querido amigo, hoy quiero hablarte de MI CORAZÓN.  Tú ya sabes que Dios es AMOR. Y el amor está simbolizado en el corazón. El ser humano es un compuesto de alma y cuerpo, y todo lo que ocurre en el alma tiene su repercusión corporal. Se nota en el  rostro de las personas lo que suele haber por dentro. Por eso se suele maquillar el rostro cuando se quiere mostrar estados anímicos ficticios. Ese es el origen también de la máscara del carnaval y del teatro. Pero no se puede vivir de apariencias. Al final, cuando te quitas la máscara, aparece tu imagen real. Yo te animo a vivir siempre en la Verdad, y no en la ficción o la apariencia. Somos lo que somos, y debemos ser mejores para que se refleje en la cara el amor y la alegría de una vida interior sana y santa.

Yo les dije un día a mis primeros amigos, y hoy te lo digo a ti, con toda humildad, pero con toda Verdad: APRENDED DE MI, QUE SOY MANSO Y HUMILDE CORAZÓN, Y ENCONTRAREIS VUESTRA PAZ. Y de esto quiero hablarte hoy un poco.

Cuando se piensa en Dios, muchos tienen la sensación de considerarlo un Ser lejano, distante de nuestras vidas, frío, juez exigente, incluso castigador. Yo soy Dios, y no soy así. Ya lo sabes tú. Yo me hice hombre por puro amor, y con todas sus consecuencias. Y mi cuerpo humano tenía un Corazón que latía al ritmo de mi Vida. Que se dilataba para amar a todo el mundo, y que se encogía de dolor cuando veía el mal que me rodeaba, y el  sufrimiento de tanta gente. Yo, que soy el Hijo de Dios Creador, me emocionaba con los bonitos paisajes, los atardeceres en el mar, el cariño de la gente, la acogida de tantos amigos. Y mi corazón se hizo fuente de lágrimas cuando supe la muerte de Lázaro, y cuando contemplé  la ciudad de Jerusalén, que no terminaba de amar a Dios y sería destruida algún día. Y mi corazón sintió pena de los enfermos que me encontraba por el camino, y de los padres que sufrían la muerte de algún hijo. Y me dolían las vidas equivocadas de tantos pecadores que no habían encontrado hasta entonces el camino del perdón y la misericordia. Y saltaba de alegría con los niños, y con los amigos, y con tanta gente buena que nos ayudaba. Y no digamos con mi Santísima Madre María. ¡Qué gozo estar con ella! ¡Y qué pena cuando la tuve que dejar para comenzar a sembrar la semilla del Reino por los pueblos de la tierra que me vio nacer… Tengo corazón. Que no se te olvide que Dios tiene corazón.

    Un día de junio de 1675 me manifesté visiblemente a un alma santa llamada Margarita María y le mostré mi corazón. Quise que lo viera rodeado de espinas, de llamas ardiendo, con la herida de la lanzada, y coronado con una cruz. Y le dije a ella, y te repito hoy a ti: He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, y en cambio, de la mayor parte de los hombres no recibe más que ingratitud, irreverencia y desprecio, en este sacramento de amor”.  Y la pedí a ella que difundiera la devoción a mi Corazón, que en definitiva consiste en esto, en que me dejéis ser Amigo vuestro, que los hombres correspondan a los mucho que les amo. Que me acompañéis y no me dejéis solo. Que pueda encontrar en mis amigos un poco de consuelo cuando recibo tantas injurias en todas partes del mundo cada día. La devoción a mi Corazón es la gratitud que debéis tener por mi presencia constante entre vosotros en la Eucaristía. Allí estoy para ti y para todos. Sabía a lo que me exponía, pero quise quedarme, y quiero seguir quedándome entre los hombres por puro amor.

    A todos los que se abran al Amor de Dios he prometido: otorgarles las gracias necesarias para su vida, llevar paz a sus hogares, consolarlos en sus aflicciones, ser refugio de ellos en la vida y en la muerte, bendecir todas las acciones que emprendan, misericordia para los pecadores, calor para las almas tibias, santidad para las almas fervientes, bendeciré los lugares donde se honre Mi sagrado Corazón, a los sacerdotes les daré las gracias necesarias para que puedan ablandar los corazones endurecidos, y daré toda clase de gracias a los que comulguen los nueve primeros viernes de mes, y les prometo asistirles en la hora de la muerte para que no les falte Mi ayuda… ¿Te parece poco? ¿Os parece poco? ¿Qué más puedo hacer para ayudaros? Así es Mi Corazón, así es el Amor de Dios. Y muchos no se enteran, dudan, no quieren saberlo… Quiero que sientas la alegría de mi Amistad, y me des a Mí la alegría de ayudar a los  que puedas a conocer el auténtico Camino de la felicidad, que es el Amor representado en Mi Corazón, el Corazón de Dios. No lo olvides: te quiero a ti, pero deseo que  digas a todos los que te encuentres que también los quiero a ellos. Sólo espero, por bien de ellos, un poco de correspondencia.

             

Un abrazo de tu Amigo      

 Jesús

 

 

Por la trascripción
Juan García Inza
juangainza@hotmail.com

     

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