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AMA
SIEMPRE TU TRABAJO
Hola,
amigo. Ha pasado
bastante tiempo sin enviarte mi carta acostumbrada. Pero no me había
olvidado de ti. Estaba en otros asuntos, no menos importantes. Hay
muchas personas que me necesitan, y hay que aprovechar las
oportunidades que se presentan para tocar el corazón de mis otros
amigos.
Hoy quiero hablarte de algo muy serio, y un poco costoso a
veces. Quiero hablarte del AMOR AL TRABAJO. Ya sabes que pusimos
al hombre en la tierra para
que la trabajase, para que la cuidara con amor, y
ayudase a la naturaleza a mantener el orden, a progresar, a
cumplir el fin que todos los seres tienen: DAR GLORIA A DIOS
CUMPLIENDO FIELMENTE CON SU MISIÓN. Desde el microbio más
invisible, hasta la montaña más alta, todos tienen su razón de
ser. Los creamos para algo. Y ese algo se llama SERVICIO. Unos
seres sirven a otros, aunque a veces no se note, o puedas
preguntarte:
-¿Y para qué servirá
este bicho, esta planta, esta piedra…? Todo, amigo mío, tiene
su razón de ser y de existir. Y cada ser trabaja a su manera para
poder vivir. Y viviendo ya está dando Gloria a Dios. Aunque sea
aportando el color de sus hojas, si se trata de una flor, o
revoloteando por el campo si es una mariposa. Todo es obra del
Creador, y Dios nada hace inútil.
Recuerda que dije un día: MI PADRE TRABAJA Y YO SIEMPRE
TRABAJO. Nuestro Padre no es una estatua sentada en el Trono
celestial que está descansando desde que terminó la creación.
Nuestro Padre Dios está en continua actividad creando y cuidando
de la creación, y en especial del hombre. Y yo estoy junto a El y
el Espíritu. La Providencia divina es precisamente esa actividad
amorosa de Dios para cuidar de sus criaturas.
Cuando yo estaba en la tierra aprendía a trabajar de José
y de mi Madre María. Y fui carpintero, e hice todo lo necesario
por la familia humana que tenía, y por mis parientes y amigos.
Sudé para ganarme el pan de cada día. En los años de vida pública
me esforcé al máximo para buscar a las almas y enseñarles el
Camino, y la Verdad, y darles la Vida. Fue muy dura la tarea.
Incomprendida por muchísimos. Pero era el Buen Pastor y tenía
que buscar a las ovejas descarriadas. Evangelizar es trabajar por
el Reino de Dios. Y enseñé con paciencia a mis discípulos la
doctrina. Y caminé por los pueblos de Palestina. Y curé
enfermos, y resucité muertos, y acompañé a mis Apóstoles en su
tarea de pesca. Fueron tres años muy duros. Y, ¿qué quieres que
te diga de la Pasión y Muerte que ya no sepas?
Mira, amigo mío, el trabajo es el medio que tienes para
santificar este mundo, santificar la tarea que te hemos
encomendado, y santificarte tú mismo. Un discípulo mío tiene
que trabajar bien. No puede hacer “chapuzas”. Hay que terminar
bien las cosas, y con mucho amor. Con el trabajo se sirve a los
demás. Y hoy el mundo ha perdido el sentido del trabajo. Sólo lo
han convertido en medio para ganar dinero, y lo ha vaciado de todo
sentido trascendente, espiritual… El mundo cambiaría bastante
si los cristianos os decidierais a trabajar bien. Que los demás
se puedan fiar de vosotros, porque sois honrados. Y lo que ganáis
es porque lo habéis trabajado a conciencia. Hay que recobrar la
espiritualidad del trabajo ordinario, de la tarea de cada día
hecha cara a Dios. Que no caigáis en el materialismo de convertir
el trabajo en dinero. ¡Qué poco valdría entonces! Y todo el
valor se perdería al gastar el dinero.
Querido amigo, ponle un motivo sobrenatural a tu trabajo
cada día, y verás como allí nos encuentras a la Santísima
Trinidad, y a María, mi Madre y la tuya, que con tanto cariño
desempeñó su tarea de esposa, de madre y de ama de casa. Bueno,
te espero en el trabajo para hacer la tarea juntos. Y no te
olvides de sonreír cuando aprieta el dolor y el cansancio.
Un
abrazo de tu Amigo
Jesús
Por
la trascripción
Juan García Inza
juangainza@hotmail.com