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LA VERDAD NOS HARÁ LIBRES |
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EL ALMA DE RABAL Hace unos días que fallecía repentinamente un actor de cine mundialmente conocido. Dejaba este mundo para siempre volando por los aires europeos Paco Rabal. Era de nuestra tierra de Murcia (España), y en concreto de un bonito pueblo marino llamado Águilas. Nadie discute la genialidad de este hombre autodidacta que con su voz bronca y su pícara soltura ha interpretado a tantos personajes, con los que se identificaba plenamente. No podemos olvidar su reciente encarnación del célebre pintor español Goya, que también murió en Burdeos, donde Rabal se despedía de la vida. Tampoco discute nadie ese carácter abierto, de pueblo, que tenía este hombre, que se hacía querer por casi todos. En Águilas lo adoraban. Y allí, bajo un almendro solitario de un camino en cuesta se ha cumplido su deseo de que reposasen sus cenizas. El entierro no pudo ser más laico. Ni una simple referencia al más allá. Paco Rabal tenía muchas cualidades, pero le faltaba una cosa muy importante, le faltaba la FE. No era creyente, no veía más allá. Muchas cosas negativas tal vez influyeron en su mente para no descubrir a Dios. Pero no todo Rabal quedó sepultado bajo el almendro de su pueblo. Paco Rabal, aunque el no lo supiera, e incluso aunque lo negara, tenía alma, como todos. Su alma no está bajo el almendro del camino. Su alma está en la eternidad. No tratamos de juzgar ahora mismo la vida de este hombre famoso, ni menos dar una sentencia eterna. Eso corresponde a Dios, en el que no creía el actor, pero que existe porque El no depende, afortunadamente, de nuestra razón, ni de nuestras experiencias, formaciones o deformaciones. Dios depende de Sí mismo. Nosotros somos simples criaturas salidas de sus manos amorosas de Creador. Y en nuestro corazón está grabada su huella, en nuestra alma está la firma del Genial Artífice que nos creó a su imagen y semejanza. A nuestro Paco Rabal, con motivo de su muerte repentina, se le han dedicado páginas interminables y horas punta en los medios de comunicación de todo el mundo. Como actor se le merecía, pero tal vez algunos aspectos de su vida no merecían tanta publicidad. Me daba pena leer ciertas declaraciones que Rabal reproducidas a raíz de su muerte. Tengo que decir que muchos detalles de su vida, aunque conocidos, me han dejado un mal sabor de boca al volver a recordarlos divulgados a plena página. El hombre no es sólo su obra maestra, sino su estilo de vida, sus ideas, el enfoque que le da a la vida, el valor que le da a las cosas. El hombre no se mide sólo por la genialidad de sus obras, sino por el alma que pone en la vida, y los valores que profesa. Yo respeto al máximo la persona, las ideas, y la orientación que quiso darle a su vida Paco Rabal, pero debo decir por honradez y fidelidad a mis principios, que muchas cosas de él no las puedo compartir. He sentido tristeza al contemplar un final tan soso de una vida tan popular. Ha faltado alma en esa muerte, no hubo nadie que bajo el almendro elevara una plegaria al más allá. Seguramente mucha gente ha rezado por él, pero en los medios ha faltado el Espíritu. Sólo ha quedado la genialidad, la popularidad, las ocurrencias, la admiración, y el cotilleo. Y allí, a unos kilómetros de donde estoy escribiendo han quedado enterradas las cenizas. Pero, ¿dónde está su alma? Quiero traer aquí unas palabras de Víctor Hugo:
El
alma tiene sus ilusiones, como el pajarillo tiene sus alas: son ellas que
la sostienen. Desgraciado aquel que no siente el alma que se agita en el mundo. Permanece sordo a la voz de la tumba, y su pensamiento carece de consuelo.
Podría ser que el cuerpo humano sólo fuese una apariencia, que
ocultase una realidad. Esa realidad es el alma. Deseo de todo corazón que, aunque las cenizas de Paco Rabal reposen bajo un almendro, su alma haya llegado a las manos de Dios Misericordioso y la haya incorporado a ese elenco de grandes actores que sin duda disfrutan en la eternidad interpretando el mejor de los papeles: dar Gloria a Dios con los talentos que recibieron. Juan García Inza
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