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Servicio
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Que la bendición de nuestro Señor Jesucristo, la protección de la siempre Inmaculada Virgen María siempre sea en todos vosotros. Soy José Luis, y he leído la sección de servicio de orientación vocacional. Y me he animado en escribir esta carta. Mi vocación por seguir a Jesucristo comenzó hace muchos años, cuando nos visitó por primera vez su Santidad Juan Pablo II a España. Muchos años que he intentado servir al Señor, y no he tenido la suerte de poder ingresar en ninguna orden para vivir el Evangelio. Brevemente expondré lo que me ha ido sucediendo. Pero en otra parte lo tengo algo más detallado. En la cartuja, por motivo de salud no me he quedado, y no porque yo no quisiera. El Superior pensaba que yo tenía mal el estomago. Me había preguntado que tal la comida, y le tuve que decir que tuve que vomitar, y es que me comía todo lo que me ponían, y yo no quería faltar a la obediencia. Si no me hubiera hecho la pregunta, pienso que ahora estaría viviendo mi vocación en la vida contemplativa como religioso cartujo. Cuando no pude permanecer en la cartuja, también lo había intentado en los franciscanos de Valencia, allí fui durante unos seis meses para probar, me gustó la vida de servicio a Dios y a los hermanos. Pero cansado de mí el maestro de novicio me dijo que ya no era necesario que continuará yendo. Yo preocupado, le pregunté que me dijera mis errores, las causas del porque yo no podía permanecer. Me respondió que ya me lo explicaría por teléfono, pero después de tantos años, ya se ha olvidado de mí, nunca me llamó. Así que mi deseo de consagrarme a Dios no desaparecía, lo intenté también en los carmelitas descalzos de Valencia, pero me confundieron con alguien que no obró como buen cristiano y no me admitieron. En Alcoy yo ayudaba a los sacerdotes de algunas iglesias, haciendo servicios de sacristán y haciendo recados. Pasado un tiempo, volví a llamar a la cartuja, pero sin resultado. Pues como parecía que el superior al hablar conmigo parecía no recordarme, le dije que ya estuve allí. Y después me dijo que no fuera. Es una pena que muchas vocaciones se pierdan por causas e incomprensiones ajenas. Y sin embargo, hayan personas que se han consagrado, y no obedecen a sus superiores. En todo este tiempo, no podría ni puedo perder la esperanza, pues aprovecho para aprender como tengo que ser buen cristiano, pues soy un horrible pecador, pero que no hace trato con el pecado, sino que busco el amor de Cristo para vivir lleno de esperanza y alegría. Y aunque no merezca ser digno de vivir una vocación religiosa, yo lo seguiré intentando hasta el final de mis días. He leído la noticia de Mercaba.org, que un joven de 66 años, el Papa lo ha consagrado sacerdote, me ha hecho recordar algo que hace años voy haciendo, "no rendirme", no me rindo, sé que Dios me ha llamado, sé que Dios me sigue llamando, y de ningún modo quiero darle la espalda; quiero darle mi corazón, aún más, mi corazón y toda mi vida pertenece por entero a Dios, y si caigo, vuelvo mi corazón a Dios, pues Él es mi Padre, es Padre de toda la humanidad, el único Dios Santo en la Santísima Trinidad, y que nunca abandona a sus hijos. En todo estos años lo he aprovechado en escribir temas espirituales, contra la tibieza, he escrito sobre la oración, la fe, el cielo, el purgatorio, el infierno, la descristianización de España, tendencias que envenenan el alma. Intolerancia, hipocresía y traición, promesa rota, la secta de los testigos de Jehová, la verdadera religión, y algunos otros temas. He escrito cartas a familiares para que se acerquen a Dios. He escrito a los obispos, al Papa, y con la excusa de tener un trabajo en el extranjero he escrito para marcharme a Suiza, Francia para trabajar, para que una vez allí, haría una escapada para ingresar en alguna orden de vida contemplativa. He trabajado en Alcoy, y no me he avergonzado de declararme cristiano delante de los compañeros de trabajo, pero eso, es porque Dios me a ayudado, he despreciado todo respeto humano. He ayudado a niños a que aprendan catequesis, les he regalado libros de santos. Y todo es únicamente por los méritos de nuestro Señor Jesucristo que es Dios. Precisamente en el tiempo que estuve trabajando, escribía en casa las cosas que me iba sucediendo en el trabajo. También, un día cuando asistía a un curso de comercio e informática escribía lo sucedido. Envío estos recuerdos también. En estos días pasados, el viernes, tenía que haberme presentado para trabajar por el ayuntamiento, y justamente cuando me estaba preparando, antes de las nueve, pero no fui. Pues ya me había levantado muy mal de los riñones, tuve que ir a urgencia, donde después de alguna radiografía, encontraron piedras en uno de los riñones, una más grande que otra. Durante años he estado soportando ese dolor por amor a Cristo, porque yo quiero sufrir, aunque sea un poco por Dios, y esos dolores me lo merezco porque soy un miserable pecador. Ese día, el viernes, 18 de mayo, el dolor era demasiado intenso, que casi no podía hablar, y respiraba muy mal, el aire me iba faltando. Mi hermano me tuvo que llevar a urgencia, pues andaba con mucha dificultad. El resultado es que en junio, si Dios quiere, me quitarán esos males que tengo. Porque iba de mal en peor. Aunque el buen Dios, me concedía alivios.. Yo quería resistir hasta el final de mi vida, pero mi cuerpo es demasiado cobarde para soportar tanto dolor. ¡Bendito
sea Dios! Precisamente el mismo día cuando tenía que presentarme para
un trabajo por el ayuntamiento. ¡Gloria a Dios por siempre, que es
bendito por los siglos! Parece que no me conviene que trabaje en el
ayuntamiento. Pues mi deseo más importante es ocuparme de los asuntos
de nuestro Señor Jesucristo. He perdido la oportunidad del trabajo,
pero no he perdido a Dios que es lo que más me importa. Para mi, Dios
es de infinita necesidad, sin Él no quiero vivir. Con Dios, prefiero
vivir y sufrir, pues los sufrimientos por amor a Dios es como un regalo
agradable en este mundo. Y por más que se queje nuestro cuerpo, más
debemos agradecer a Dios por el amor que nos tiene. Pues nuestros
sufrimientos y dolores, no pueden ser mayores que los que tuvo nuestro
Señor Jesucristo y la Santísima Virgen María. Al día siguiente era la Primera Comunión de mi sobrino Alejandro, pero no pude asistir, ya que el mal de mis riñones se harían notar, me quedé en casa. Y por otra parte, no fui testigo del desorden que habría en la iglesia de santa Rosa. Aunque yo preparé un modelo de estampa. Por falta de salud, pues he tenido fiebre y vomito causado por el dolor y antes de ir a urgencia, no he podido preparar con tiempo otros modelos. Pero con uno ya es bastante, aunque he hecho copias por la impresora. Si
el Señor me sigue ayudando, volveré a intentar mi deseo de
consagrarme a Dios en la Orden de los Capuchinos. Aunque me podrían
decir, "ya pasas de la edad". Todavía no tengo 45 años, y
aquel nuevo sacerdote es un joven de 66 años. Cuando lo intenté por
primera vez, era en 1981, y yo a partir de ahí, los obstáculos por una
cosa u otra, aparecían. ¡Lo
veo demasiado difícil!, pues no siempre hay sacerdotes que me ayuden, y
tengo amigos obispos que los conocí en Alcoy cuando eran vicario, ellos
si que hicieron todo lo posible para ayudarme, pero también habían
otras personas que no estaban muy de acuerdo. Ahora están haciendo su
misión en otras ciudades españolas. Yo
sigo confiando en Dios, respeto a todos los sacerdotes, incluso a aquel
me amenazó con no darme la comunión si yo continuaba permaneciendo
arrodillado: Pues al Nombre de Jesús, toda rodilla se doble, en el
cielo, en la tierra..., pero aquel sacerdote no estaba muy conforme, que
Dios le bendiga. Pero ese sacerdote se enfadó tanto conmigo, porque yo
prefería obedecer a Dios ante que a los hombres. Es una pena que haya
sacerdotes que hagan cosas que Dios prohíbe. Me
ha sucedido muchas cosas, he tenido caídas, pero con el amor y la
gracia de Dios sigo adelante, no puedo rendirme, ya que la eternidad
para mí se va acercando. He tenido dolor de cabeza, fiebre. Ha habido
temporadas que me he sentido desanimado, pero con la oración, cuando la
hacemos bien, Dios nos ayuda a quedarnos más tranquilo y relajados. Y
es verdad, como bien sabe, el Señor dice: Porque
«donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio
de ellos.» [Mateo 18, 20], así que nunca me puedo encontrar solo,
porque siempre hay alguien conmigo que a todas horas está rezando a
Dios por mí, y siempre que me dirijo a Dios, mi fiel compañero, mi
amigo y fiel guardián; que es mi santo ángel de la guarda, me acompaña
en mis oraciones, y Dios está siempre atento. Cuando voy por la calle,
me acompaña mi ángel, y si veo, como he visto alguna vez a un
sacerdote conocido, con el permiso de mi ángel, hablo con el sacerdote
sobre los asuntos del Señor nuestro Dios. Y si no conozco a un
sacerdote, le saludo amistosamente. Y
si veo a alguien que no es tan cristiano, ya me siento incomodo, pues no
gusta tratar de las cosas del Señor, y me hace perder el tiempo. Si
Dios está con nosotros, por más que haya personas que se empeñen en
cerrar nuestro camino a la vocación, no lo conseguirán, pues la
principal vocación del cristiano es ser santo, ya sea dentro de una
maravillosa orden religiosa, o en el mundo. Y así que hay muchos matrimonios
católicos que son santos. Yo
hasta ahora, soy un simple seglar, me han cerrado puertas para ingresar
en alguna orden religiosa, pero no pueden cerrarme las puertas de mi
amor a Dios, pues yo con su gracia y poder, llegaré a ser santo. Nadie
en el mundo puede cerrar mi vocación al camino de la santidad. No me
preocupa el matrimonio, aunque eso es también una vocación, pero son
pocos los matrimonios que llegan a ser santos. Me
interesa más por la vida del Santo Evangelio, estar más pendiente de
Jesucristo, de aprender de sacerdotes y obispos dignos y útiles a los
planes de Dios, ellos son mis amigos y hermanos que también me ayudan
por medio de sus consejos y escritos espirituales que puedo encontrar en
los medios que el Señor nuestro Dios me ponga delante.. Y
a pesar de todo esto, todavía estoy deseando convertirme de corazón a
Dios. Le
he contado esto, porque es usted un ministro de Dios, y le ruego por
amor a Jesucristo, que rece por mí. Con
la ayuda de Dios, os iré enviando todos los temas que tengo escrito,
antes que se pierda del todo, así lo que usted crea conveniente, se
guarda y lo que no, que se elimine. Pues todo lo ofrezco por amor a
Dios. Y
como ahora, no he conseguido ese trabajo del ayuntamiento, quiero
ayudaros en vuestro trabajo, y lo haré mientras haya conexión por
Internet, ya que si pudiera, yo os ayudaré desde donde estáis. Iré
enviando también todo los trabajos que tengo hecho, que no creo que sea
de gran cosa, pero por amor a Dios, ofrezco mis trabajos escritos a la
Iglesia Católica, a ustedes, si os gustan, todo es por amor a Dios, y
si alguna cosa ha salido mal, os pido perdón por tanta torpeza de mi
parte. Y como he dicho más arriba, no desespero, aunque reconozco que me he sentido un verdadero inútil muchas veces, me he sentido desanimado. Pero con Dios, todo malestar desaparece. Si somos incomprendidos, debemos aceptarlo, pues Jesucristo, siendo justo y santo, fue el más incomprendido, y no podemos ser más importante que Jesucristo, aunque el orgulloso, se cree mejor que nadie, pero Dios no está con el soberbio ni con el orgulloso. Estaremos con Internet hasta el verano, y mientras tanto, os voy a enviar todos los trabajos que tengo, pues quiero dejar este mundo con tranquilidad y alegría. Todo lo ofrezco a Dios por su santo amor. Cada día, os iré enviando mis escritos. Ahora dos de los documentos se trata un poco de mis recuerdos o breves memorias de lo que me ha estado sucediendo, en los cursos y trabajo, el tercer documento se trata sobre los errores de la secta de los testigos de Jehová. Mañana si Dios quiere, enviaré otros temas, así cuando antes de acabar el verano, por fin habré terminado. De todas mis cosas, estoy interesado que se ocupe la Iglesia Católica, los buenos ministros como ustedes que quieren ser fieles a Dios y a su Iglesia. Rezad por mi conversión y la de mi familia. Atentamente,
un indigno cristiano: José Luis. Que
Dios os bendiga a todos y os lleve un día a la vida eterna.
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Amigo José Luis: Te comprendo perfectamente, y siento que no encuentres tu camino. No sabría decirte ahora mismo cuál es el que quiere el Señor para ti. Sí quiere que seas santo y trabajes en su VIÑA. Seguro que encontrarás, o encontraremos una comunidad que te pueda acoger, aunque no llegues a ser sacerdote. Ya investigaré a ver si por estas tierras hay algún monasterio o comunidad de hermanos que te puedan abrir las puertas. Sigue rezando por todos, como lo vamos a hacer contigo. Un abrazo
Juan García Inza |