TESTIMONIOS

TEXTOS 1

 

1.FE/ESCANDALO: D/MAL:
La protesta de un creyente
Elie ·Wiesel-Elie (Nobel de la Paz de 1986), nació en 1928, en la ciudad húngara (hoy
rumana) de Sighet, en Transilvania. Un país de montañas y de bosques, donde se extendió a
comienzos del siglo XVIII, en medio de una población muy pobre y humillada, el movimiento
hasídico nacido en Polonia. El hasidismo es un movimiento del judaísmo que sigue la doctrina
con tendencia a una religión personal, interior, que reacciona contra el anquilosamiento de una
religión legalista.
A los 15 años de edad, Elie y su familia fueron internados en el campo de concentración de
Auschwitz. La misma noche de su llegada, fue separado brutalmente de su madre, y de sus
hermanas. Ya nunca volvió a verlas. Habían comenzado para él unos meses de indescriptibles
horrores.
Dos hechos marcaron para siempre su alma de adolescente excepcionalmente impresionable.
Aquella primera noche, la columna de los deportados de la que él formaba parte tuvo que pasar
cerca de una fosa de donde subían "llamas gigantescas". Dentro se quemaba algo. Se acercó
un camión a la fosa y arrojó su carga: «Eran niños pequeños». Y Wiesel prosigue así:

«Nunca olvidaré esta noche, la primera noche en el campo, que hizo de mi vida una larga
noche cerrada con siete llaves.
Nunca olvidaré este humo.
Nunca olvidaré las caritas de los niños cuyos cuerpecillos vi transformados en torbellinos
de humo bajo un cielo mudo.
Nunca olvidaré estas llamas que consumieron para siempre mi fe.
Nunca olvidaré este silencio nocturno que me ha arrancado para toda la eternidad el
deseo de vivir.
Nunca olvidaré estos instantes que asesinaron a mi Dios y a mi alma, y los sueños que
tomaron el aspecto de un desierto.
Nunca olvidaré esto, aunque estuviera condenado a vivir tanto tiempo como Dios mismo.
Nunca».

El segundo hecho fue que unos días más tarde «tuve que presenciar la muerte de un
niño condenado a la horca «un niño holandés de rostro fino y delicado, parecido a un ángel
de ojos tristes.
«Detrás de mi -cuenta Wiesel- un hombre preguntó en voz baja: ¿Dónde está Dios?
¿Dónde está? Y oí una voz que contestaba dentro de mí: ¿Dónde está? Aquí está.
¡Ahorcado en este patíbulo!».

Los acontecimientos espantosos que siguieron, incluso la larga agonía de su padre,
trastornaron menos a Wiesel que estos dos hechos que, como él confiesa, mataron a la vez
«a su Dios y a su alma».
Auschwitz hizo de aquél niño formado en el hasidismo un verdadero "hombre Job del siglo
XX". Y plasmaría este aspecto de su personalidad en su primera novela, a la que pondría
un título de clara resonancia mística. -¿Cómo no recordar aquí a nuestro San Juan de la
Cruz?-: La noche, con prólogo de Francois Mauriac novelista católico francés que sería su
padrino en el mundo de las letras.
«La noche es el problema del mal y una pregunta que nunca tiene respuesta total: ¿Por
qué? (...).
Tal vez, Dios se revela al hombre en el silencio que sucede a la tormenta. Dios es el
silencio.»
Dice el Talmud que Dios sufre con el hombre. ¿Por qué? Para entender mejor al hombre
y para que el hombre entienda mejor a Dios. Y tú quieres sufrir solo. Este sufrimiento te
disminuye, está muy cerca de la crueldad».

"La lucha de Jacob, en nuestro tiempo. Este es Wiesel"
Elie Wiesel siente una gran admiración por la página del Antiguo Testamento en que se
nos narra la lucha del patriarca Jacob. Creo que la razón de esta admiración está en que
Jacob personifica para él «el hombre que lucha, que protesta ante Dios».
Tal vez ocurre que el hombre necesita la lucha para llegar a ser plenamente él mismo, de
acuerdo con los versos de Musser: «Nadie se conoce a sí mismo hasta tanto no ha
sufrido». Fue la gran lección de la segunda guerra mundial. El mismo Wiesel confiesa que
«sin la guerra y sus terribles consecuencias, hubiera sido maestro de Talmud toda mi vida
en un pueblecito de montaña». Ciertamente, no hubiera sido el Wiesel que admiramos y del
cual el mundo necesita.
Wiesel no puede no creer en Dios, pero no comprende el dolor de su pueblo. Este es su
drama interior. Y protesta, como Job, contra el silencio de Dios contra la injusticia, ante el
mal que existe en el mundo. Como Job repite: ¿Por qué? Y afirma: «Estoy a menudo contra
Dios, pero nunca sin Dios».
(·Piquer-J, en Vida Nueva, N.° 1.557)
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2. Esperanza/Luther King
Sigamos soñando con L. King. A los 20 años de su muerte, sus sueños aún tienen fuerza
liberadora
«Hoy, en la noche del mundo y en la esperanza de la Buena Nueva, afirmo con audacia
mi fe en el futuro de la humanidad.
Me niego a creer que las circunstancias actuales hagan incapaces a los hombres para
hacer una tierra mejor. Me niego a creer que el ser humano no sea más que una brizna de
paja azotada por la corriente de la vida, y sin tener posibilidad alguna de influir en el curso
de los acontecimientos.
Me niego a compartir la opinión de aquéllos que pretenden que el hombre es, hasta un
punto tal, cautivo de la noche sin estrellas, del racismo y de la guerra; que la aurora
radiante de la paz y de la fraternidad no podrá nunca llegar a ser una realidad.
Me niego a hacer mía la afirmación cínica de que los pueblos irán cayendo, uno tras otro,
en el torbellino del militarismo, hacia el infierno de la destrucción termonuclear.
Creo que la verdad y el amor sin condiciones tendrán la última palabra. La vida, aun
provisionalmente vencida, es siempre más fuerte que la muerte.
Creo firmemente que, incluso en medio de los obuses que estallan y de los cañones que
retumban, permanece la esperanza de un radiante amanecer.
Me atrevo a creer que, un día, todos los habitantes de la tierra podrán tener tres comidas
al día para la vida de su cuerpo, educación y cultura para la salud de su espíritu, igualdad y
libertad para la vida de su corazón.
Creo igualmente que un día toda la humanidad reconocerá en Dios la fuente de su amor.
Creo que la bondad salvadora y pacífica llegará a ser, un día, la ley. El lobo y el cordero
podrán descansar juntos, cada hombre podrá sentarse debajo de su higuera, en su viña, y
nadie tendrá ya que tener miedo.
Creo firmemente que lo conseguiremos.»
(Martin ·Luther-King)
(Discurso en la recepción del Premio Nobel de la Paz de 1964)
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3.
Una crisis de fe FE/CRISIS
-Un filósofo judío norteamericano ha escrito que «el Dios de la historia murió en
Auschwitz». ¿Comparte usted esta opinión?
-De ninguna manera. Siempre me he opuesto a esta filosofía. Mi protesta se sitúa en el
interior de la fe, no fuera de ella. Cuando Rubinstein, al que usted cita, dice que el Dios de
la historia judía ha muerto, afirma también que el Dios de Israel ha muerto. Pero yo pienso
que haber atravesado como judíos tres mil quinientos años de historia para volver a una
especie de paganismo y para afirmar que ahora ya podemos vivir sin Dios, después de
Auschwitz, me parece -repito- que todo esto resulta tardío y además inaceptable.
No se trata de esto. Lo que yo intento evocar es la historia de la fe en crisis. Durante la
tormenta no hubo deserciones de la fe. Hubo ciertamente protestas contra el silencio de
Dios, pero era en el interior de la fe. Esta es toda la diferencia. Yo nunca he comprendido el
ateísmo. Es una forma de pensamiento, un modo de existencia que me resultan extraños.
Un creyente que es muy creyente y que pasa por momentos de duda, lo comprendo. Un
increyente que pasa por momentos de fe, lo comprendo también. Pero para un verdadero
ateo, tal como nosotros lo concebimos, el problema ni siquiera se plantea. Para mí, el
problema no es la no existencia de Dios, sino precisamente su existencia. Si Dios no existe,
entonces ya no hay problema. A menudo me siento en favor de Dios, a veces contra él,
pero nunca sin él...
-Usted conoce la expresión de Iván Karamazov, de Dostoyevski, "si el suplicio de un niño
inocente en manos de un degenerado ha de ser el precio del rescate del mundo, entonces
me doy de baja".
-Sí, y acepto esta protesta. Ningún sufrimiento de ningún niño, ningún sufrimiento,
ninguna muerte de ningún niño, puede justificar nada. Es un escándalo y debe permanecer
siendo un escándalo. Es un ultraje y debe seguir siendo un ultraje.
(De una entrevista con Elie ·Wiesel-Elie)
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4.SERENIDAD/DECALOGO
Decálogo de la serenidad
(Puedo hacer bien durante doce horas, lo que me descorazonaría si pensase tener que
hacerlo durante toda mi vida)
1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de
mi vida todo de una vez.
2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortes en mis maneras, no
criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, sino a mí mismo.
3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en
el otro mundo, sino en éste también.
4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se
adapten todas a mis deseos.
5. Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura; recordando que,
como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria
para la vida del alma.
6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.
7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido
en mis sentimientos procuraré que nadie se entere.
8. Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo
redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.
9. Sólo por hoy creeré firmemente -aunque las circunstancias demuestren lo contrario-
que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el mundo.
10. Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo
que es bello y de creer en la bondad.
·Juan-XXIII
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5.CARTA/PRESA:
Señor, sé que existes, aunque no te conozco. Creo en ti y te amo

Carta al Señor
Dios mío, ayúdame. Estoy muy arrepentida de la vida, de todo lo que he hecho. Señor,
ayúdame. Pues te prometo no pecar más, es tan dura la vida y tan difícil para mí. Señor, me
siento tan impotente. Quiero encontrar mi felicidad. ¿Cuándo me llegará? Te prometo no
robar más. Pues, Dios mío, estoy sin padre y sin madre, sólo te tengo a ti. No sé que será
de mí, si no me ayudas. Confío en ti. Quiero encontrar algún día mi felicidad y si tú no me la
das, siempre volveré a la misma vida y como tú bien sabes, Señor, ya he estado muchas
veces en la cárcel y no puedo seguir así, Dios mío, sólo te pido que me perdones por todo
lo que he pecado en esta vida. Señor, llevo separada de mis hermanos diez años y no los
he vuelto a encontrar más, ayúdame a encontrarlos, ayúdales a encontrarme. ¿Qué es lo
que será de mis hermanos? pues quisiera morir porque estoy cansada y asqueada. Dios
mío, ayúdame Señor, sé que existes aunque no te conozco. Creo en ti y te amo.
Dios mío, pienso que cuando salga si no cojo otro camino siempre volveré a lo mismo y
ya no aguanto más si no me ayudas a cambiar de vida. Lo que quiero para mí, aunque sea
comiéndome un trozo de pan, es ser feliz y tener un lugar junto a mis hermanos y mi
libertad. ¡Ay, Señor! qué arrepentida estoy por cometer tantas locuras, pues estuve
haciendo de prostituta y me cansé tanto que no sabía qué hacer en esta vida, fue entonces
cuando conocí a una amiga y me dediqué a robar y a pecar. Perdóname, Señor, no lo
volveré a hacer, hazme cambiar que si tú no me ayudas no sé quien lo hará. Te quiero,
Dios mío.
Me despido. Señor con toda mi fe a ti. Esperando que llegue ese día en donde yo te
conozca. Tan sólo deseo que se me haga realidad, pues te amo.
(Carta desde la cárcel de mujeres de Barcelona)
(En Jesús-Cáritas, 3/1991)
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6. Pablo Vl se despide de la vida TESTAMENTO/PABLO-VI

(I)
Una visión luminosa
«Caminad mientras estáis en la luz» (Jn 12, 35). ¡Cómo me gustaría, al terminar mi vida,
estar en la luz... Quisiera tener ahora mismo una idea completa y lúcida sobre el mundo y
sobre la vida. Pienso que esta idea debe manifestarse en un reconocimiento: todo ha sido
don, todo ha sido gracia. ¡Qué hermoso ha sido el panorama por el que hemos pasado!;
demasiado hermoso, hasta el punto de dejarnos, a veces, atraer y seducir por él, cuando
debía haber sido solamente un signo y un anuncio. Pero, de todos modos, pienso que la
despedida debe expresarse en un gran y sencillo acto de reconocimiento, y aun de
agradecimiento: esta vida mortal es, a pesar de sus trabajos, de sus misterios oscuros, de
sus sufrimientos, de su fatal caducidad, un hecho bellísimo, un prodigio siempre original y
conmovedor, un acontecimiento digno de ser cantado en gozo y en gloria: ¡la vida, la vida
del hombre!
Y no es menos digno de exaltación y de feliz estupor el cuadro que rodea la vida del
hombre: este mundo inmenso, misterioso, magnífico: este universo de las mil fuerzas, de las
mil leyes, de las mil bellezas, de las mil profundidades. Es una visión encantadora. Aparece
una generosidad sin medida.
En esta mirada casi retrospectiva asalta la pena de no haber admirado lo suficiente este
cuadro, de no haber observado como merecían las maravillas de la naturaleza, las
sorprendentes riquezas del macrocosmos y del microcosmos. ¿Por qué no haber estudiado
más, por qué no he explorado y admirado mejor esta habitación en la que se desarrolla la
vida? ¡Qué distracción tan imperdonable, qué superficialidad tan reprobable! Quede por lo
menos, ya in extremis, un reconocimiento de que el mundo, «qui per Ipsum factus est», es
estupendo. En el último instante te saludo y te celebro, sí, con admiración inmensa y, como
decía, con agradecimiento: todo es don; detrás de la vida, detrás de la naturaleza, del
universo, está la Sabiduría; y además, lo diré claramente en esta luminosa despedida (Tú
nos lo has revelado, oh Cristo Señor), ¡está el Amor!... ¡Gracias, oh Dios, gracias y gloria a
ti, oh Padre! En esta última mirada me doy cuenta que este panorama fascinante y
misterioso es una irisación, es un reflejo de la Luz primera y única. Se trata de una
revelación natural de extraordinaria riqueza y belleza, la cual debería ser una iniciación, un
preludio, un anticipo, una invitación a la visión del invisible Sol, «quem nemo vidit unquam =
que ninguno ha visto jamás» (Jn 1,18); «el Hijo unigénito, que está en el seno del Padre,
nos lo ha revelado». Que así sea, que así sea.

(Il)
El nombre que TU prefieres: eres PADRE
Al agradecimiento sucede el arrepentimiento. Al grito de gloria a Dios Creador y Padre
sucede el grito que invoca misericordia y perdón. Que al menos esto yo lo sepa hacer:
invocar tu bondad y confesar con mi culpa tu infinita capacidad de salvar. "Kyrie eleison...".
Siempre me ha parecido perfecta la síntesis de San Agustín: miseria y misericordia.
Miseria mía; misericordia de Dios. Que al menos ahora pueda yo... invocar, aceptar,
celebrar tu dulcísima misericordia.
Y, para no mirar hacia atrás, hago finalmente un buen propósito: hacer voluntariamente,
sencillamente, humildemente, fuertemente, el deber resultante de las circunstancias en que
me encuentro, como voluntad tuya. Hacerlo pronto. Hacerlo todo. Hacerlo bien. Hacerlo
alegremente: lo que Tú quieras de mí ahora, aunque supere inmensamente mis fuerzas y
aunque se me pida la vida... Bajo mi cabeza y alzo mi espíritu. Me humillo a mí mismo y te
ensalzo a ti, Dios, «cuya naturaleza es la bondad» (San León). Déjame que en esta última
vigilia rinda homenaje a ti, Dios vivo y verdadero que mañana serás mi juez, y que te dé la
alabanza que más te gusta, el nombre que prefieres: eres Padre.
Pienso, en fin, ahora, ante la muerte, maestra de la filosofía de la vida, que el
acontecimiento más grande de todos ha sido para mí, como lo es para cuantos han tenido
igual fortuna, el encuentro con Cristo, la Vida. Todo habría que repensarlo ahora con la
reveladora claridad que la lámpara de la muerte da a este encuentro. «Nihil enim nobis
nasci profuit, nisi redimi profuisset». De nada, en efecto, nos hubiera valido el nacer, si no
era para ser redimidos. Este es el descubrimiento del Pregón Pascual, y éste es el criterio
de valoración de todo lo que afecta a la existencia humana y a su verdadero y único
destino, que no se entiende ni se determina si no es en orden a Cristo. «O mira circa nos
tuae pietatis dignatio». ¡Oh maravilloso programa de amor para con nosotros! Maravilla de
maravillas, el misterio de nuestra vida en Cristo. Aquí la fe, aquí la esperanza, aquí el amor,
cantan el nacimiento y celebran las exequias del hombre. Yo creo, espero, yo amo, en tu
nombre, ¡oh Señor!

(III)
Don y testamento de amor
«Tradidit semetipsum», se entregó a sí mismo; su muerte fue un sacrificio; murió por los
otros, murió por nosotros. La soledad de la muerte se vio llena de nuestra presencia, fue
penetrada de amor: «Dilexit Ecclesiam», amó a la Iglesia (recordad el «Misterio de Jesús»,
de Pascal). Su muerte fue la revelación de su amor por los suyos: «In finem dilexit», hasta el
fin. Del amor humilde y desbordado dio al final de su vida temporal un ejemplo
impresionante (cfr. el lavatorio de los pies), y de su amor hizo término de comparación y
mandamiento final. Su muerte fue testamento de amor. Debemos recordarle.
Ruego, por lo mismo, al Señor que me conceda la gracia de hacer de mi próxima muerte
un don de amor a la Iglesia. Podría decir que siempre la he amado; fue su amor el que me
arrancó de mi mezquino y salvaje egoísmo y me capacitó para su servicio, y por ella, no por
otra cosa, me parece haber vivido. Pero quisiera que la Iglesia lo supiese, y que yo tuviera
el valor de decírselo, como una confidencia del corazón que sólo en el momento último de la
vida se tiene el coraje de decir.
Quisiera, finalmente. comprender a la Iglesia toda... Quisiera abrazarla, saludarla, amarla,
en todo lo que se compone, en cada obispo y sacerdote que la asiste y la guía, en cada
alma que la vive y la hace resplandecer, quisiera bendecirla. Consciente de que no la dejo,
no me salgo de ella sino que me uno y me fusiono más y mejor con ella: la muerte es un
progreso en la Comunión de los Santos.
Aquí se debe recordar la oración final de Jesús (Jn 17). El Padre y los míos... ¡Oh
hombres! comprendedme: a todos os amo con la efusión del Espíritu Santo, que yo,
ministro, debía haceros participar. Así os miro, así os saludo, así os bendigo. Todos. Y a
vosotros, los más cercanos a mí, más cordialmente. La paz sea con vosotros.
Y a la Iglesia, a la que la debo todo y que fue mía, ¿qué le diré? Las bendiciones de Dios
desciendan sobre ti. Ten conciencia de tu naturaleza y de tu misión. Comprende las
verdaderas y profundas necesidades de la humanidad. Y camina pobre, esto es, libre,
fuerte y amorosa hacia Cristo.
Amén. El Señor viene. Amén.
(Del Pensamiento sobre la muerte. Meditación de ·Pablo-VI)
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7. SIDA/PIERO:
1. Ramos, Pasión y Pascua de un sacerdote entregado hasta el fin a los enfermos del
SIDA. (El sacerdote que se ha inyectado el SIDA)
Siempre fue un cura polémico debido al gran número de jóvenes drogadictos a los que
ayuda, pero su última decisión, inyectarse el virus del SIDA para que los científicos
investiguen en su cuerpo una vacuna, ha paralizado a Italia entera. «Ya estaba cansado de
celebrar funerales», dice Piero Gelmini, que ha visto cómo morían en sus brazos muchos de
sus chicos. Ahora, después de dos inyecciones subcutáneas, espera una tercera que le
enferme definitivamente y le lleve a ese mundo «de sufrimientos inenarrables», como el
sacerdote lo describe.
Un día de febrero de 1963, como san Pablo en la carretera de Damasco, don Piero
Gelmini quedó fulminado. "¡Tio cura, ayúdame!", le dijo entre quejidos un chico,
enganchado a la droga y tumbado en las escaleras de la iglesia de Santa Inés en la
céntrica plaza Novona, de Roma. El joven rechazó dinero. «Te llevo al hospital, si quieres»,
ofreció el sacerdote. «Ya he estado y no me sirve de nada», respondió el otro. ¿Qué más
podía darle? Se lo preguntó. «Llévame a tu casa, llévame contigo». Don Pierino se llevó a
Alfredo a su casa... y así terminó, repentinamente, una prometedora carrera del empleado
de la Curia Vaticana, secretario de un cardenal.
Allí, en su casa, empezó, también la comunidad "Encuentro". Detrás de Alfredo, llegaron
otros, y la casa se quedó pequeña, y se fueron a otra y también se quedó estrecha, y a
otra, y a otra. Los jueces les acosaban con la policía. Los políticos les cortaban la luz, el
agua o el gas. Hoy, ya hay más de cien comunidades, la mayoría levantadas en Italia; pero
las hay también en Tailandia, Oriente Medio, Canadá, Croacia, Eslovenia e incluso en
Bolivia. En España, la primera surgió en 1988, en un edificio de los Terciarios Capuchinos
del pueblo de Tobarra (Albacete). La última, para chicas, en Torrevieja (Alicante). Además
existen grupos de apoyo en Madrid, Teruel, Murcia, Alicante... «Por primera vez, veo a un
hombre que trabaja y no pide dinero a cambio», comentó un funcionario de la Comunidad
Autónoma de Castilla-La Mancha, cuando conoció la labor de don Pierino.
Los alfredos han pasado en pocos años, de ser unos cuantos, a más de 4.500, a los que
hay que añadir 3.500 hospedados en las casas de primera residencia, a la espera de ser
admitidos. No hay comunidad de drogadictos en el mundo que hospede a tantos. Como no
hay tampoco, reunidos, tantos sero- positivos y enfermos de SIDA, trescientos de ellos en
fase terminal. «Casi todas las semanas muere uno de mis chicos por SIDA -explica don
Pierino-, y yo estoy cansado de celebrar funerales».
Ha sido en este contexto, donde se ha producido el segundo encuentro del ex empleado
vaticano con la vida. Para los enfermos de SIDA terminal, el dinero o el hospital sirven de
poco. «¿Qué podía hacer por ellos?», se preguntaba don Pierino cuando los moribundos le
gritaban: «¡No quiero morir! ¡Sálvame! ¡Ayúdame!». Se prestó como conejillo de indias para
hallar una vacuna preventiva contra el SIDA. El día 17 de marzo de 1990, escribió un
comunicado en el que explicaba su decisión y lo envió por fax a los 120 centros distribuidos
por Italia.

Decisión
«Muchos me dijeron que yo estaba loco, que no debía hacerlo, un cardenal escribió
incluso un artículo diciéndome que lo pensase bien y que consultara con mi director
espiritual -recuerda Gelmini-. Pero hay cosas que no las buscas porque te divierten. Mi
madre decía que no cae hoja que Dios no quiera. Deseaba hacer algo concreto -añade-,
así que no dije nada a nadie, tomé solitariamente la decisión, que es como se toman todas
las decisiones, y luego consulté a los especialistas».
¿Miedo? «Sí, a veces sí. He descubierto que soy un bellaco, no temo a la muerte, sino a
una agonía larga y dolorosa: he visto a chicos morir entre sufrimientos inenarrables sin
poder hacer nada». ¿Por qué?, le pregunta la gente. «Cuando me encontré delante de los
doce investigadores del equipo médico que me sigue, me dijeron: si antes del año 2000 no
descubrimos un remedio para este mal, se producirá una masacre. Morirán miles y miles de
jóvenes. Una hecatombre. ¿Queremos la salvación de nuestros hijos o su destrucción?».
Por el momento, un equipo médico no italiano, que no ha querido revelar su identidad, le
ha inyectado al fundador de las comunidades Encuentro, en dos etapas, el virus por vía
subcutánea. «Por ahora estoy bien, aunque algunas veces sufro molestias que antes no
tenía -afirma-. Ahora espero solamente la última fase, es decir, que me inyecten
directamente el SIDA».
Don Pierino es reacio a proseguir. No le gusta, no quiere que su gesto se preste al
sensacionalismo y por esa razón rechaza entrar en detalles. «Es algo solamente mío»,
explica. Pero, el año pasado, estuvo dos veces a punto de morir y camufló la hospitalización
atribuyéndola a una hernia. En varias ocasiones, ha tenido fiebres altas, dolor de piernas,
vómitos. «Quizá no sirva de nada -dice- pero mis chicos tienen que saber que una persona
ha vivido con ellos y para ellos. No solamente de palabra. He intentado hacer lo que la
conciencia me ha dictado; pero, si fuera necesario, quiero morir con ellos».
La única cosa que ha pedido a sus hijos, es que no le lleven al hospital. «Llevadme a
casa -les ha dicho- a la comunidad más grande, vestidme con los hábitos más bellos de mi
sacerdocio y colocadme en la sala más grande: quiero morir delante de vosotros y espero
que Dios me dé la fuerza necesaria para morir con dignidad. Tengo miedo, pero también
mucho amor, y camino hacia delante de mi sendero».
En las palabras de don Piero no hay arrogancia, ni orgullo, ni presunción, sino un puro
realismo religioso casi provocativo, chocante, ligeramente impúdico para una sociedad sin
convicciones.
(_CARITAS/93-1.Págs. 151 ss.)
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8.SFT/POEMA:
Dios es un fuego encendido

Yo te veo, Señor, con un hierro encendido
quemándome la carne hasta los huesos...

Sigue, Señor,
que de ese hierro
han salido
mis alas y mis versos. ·León-Felipe
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9.RERUM-NOVARUM
"La encíclica Rerum Novarum (1891): tú la lees tranquilamente como si fuera una pastoral
cualquiera de Cuaresma. Entonces, pequeño mío, sentimos cómo temblaba la tierra debajo
de nuestros pies. ¡Qué entusiasmo! Una idea tan simple como la de que el trabajo no es
una mercancía sometida a la ley de la oferta y la demanda, que no se puede especular con
los salarios ni con la vida de los hombres como con el trigo, el azúcar o el café, eran cosas
que turbaban las conciencias. Por explicarlas desde el púlpito me tomaron por socialista".
(·Bernanos-G, Diario de un cura de aldea)
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10.MARTIR-ESPINAL
Gastar la vida = vivir la Pascua
«Jesucristo dijo: "Quien quiera guardar su vida, la perderá; y quien la gastare por mí, la
recobrará en su vida eterna".
A pesar de todo, tenemos miedo a gastar la vida y entregarla sin reservas.
Un terrible instinto de conservación nos lleva al egoísmo y nos atormenta cuando hemos
de jugarnos la vida.
Pagamos seguros por todas partes para evitar los riesgos. Y además de todo eso está la
cobardía...
Señor Jesucristo, nos da miedo gastar la vida. Sin embargo, Tú nos diste la vida para
gastarla. No podemos reservárnosla en un estéril egoísmo.
Gastar la vida es trabajar por los demás, aunque no nos paguen; hacer un favor a quien
nada puede darnos a cambio; gastar la vida es arriesgarse incluso al inevitable fracaso, sin
falsas prudencias; es quemar las naves en bien del prójimo.
Somos antorchas, y sólo tenemos sentido cuando nos quemamos; sólo entonces
seremos luz.
Líbranos de la prudencia cobarde, la que nos hace eludir el sacrificio y buscar
seguridad.
Gastar la vida no es algo que se haga con gestos extravagantes y falsa teatralidad. La
vida se entrega sencillamente, sin publicidad, como el agua de la fuente, como la madre
que da el pecho a su hijito, como el sudor humilde del sembrador.
Enséñanos, Señor, a lanzarnos a lo imposible, porque detrás de lo imposible están tu
gracia y tu presencia; no podemos caer en el vacío.
El futuro es un enigma, nuestro camino se pierde en la niebla; con todo, queremos seguir
dándonos, porque Tú estás esperando en la noche con mil ojos humanos que se deshacen
en lágrimas».
(Lucho Espinal, jesuita asesinado en Bolivia el 22 de marzo de 1980)
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11.PERDON/DIFICIL
La cultura del perdón
El terrorismo etarra está contaminando a este país de una cultura del odio. Sus perversos
efectos no solamente consisten en las vidas humanas que truncan, en la alarma que
provocan, sino en la alimentación de un clima de repulsa tal a sus acciones en la que el
sentimiento del perdón queda expulsado, no tiene cabida.
La semana pasada, Antena 3 Televisión difundió, como tantos otros medios de
comunicación, las palabras de perdón cristiano que salieron de la boca del coronel
Carrasco, padre de Juan José, la última víctima de ETA. Y, a continuación, la emisora hizo
una encuesta entre su audiencia. Me consta que sus resultados no son manipulados. La
pregunta era: ¿Perdonaría usted a los asesinos de su hijo? El locutor se excusó por la
dureza de la pregunta y pidió sinceridad en las respuestas. Contestaron en torno a 25.000
en menos de media hora. De ellas el no ganó abrumadoramente. No anoté la cifra, pero
superaba los 23.000. Aproximadamente el 95 por 100 de quienes llamaron a la emisora
expresó su rechazo al perdón.
Yo me sentí sobrecogido por esta aplastante derrota del perdón. Ciertamente era una
prueba palpable del valor heroico de la conducta del padre del joven asesinado. Era una
prueba del clima de indignación en que viven los ciudadanos, que están hartos de tanta
violencia despiadada y sin sentido. Era un no de protesta y de rabia. Y todo ello era
humanamente comprensible.
Y yo en aquel momento sentí la grandeza (y la dificultad) del perdón cristiano. Es un
perdón que no está reñido con la justicia, que no es debilidad, que no supone complicidad
con el criminal. El perdón cristiano es, sencillamente, la expulsión del odio, es el rechazo a
desear el mal al otro. Y es, también, la esperanza en el arrepentimiento y en la conversión
del hasta más terrible de los criminales.
Y también pensé que el padre de Juan José Carrasco había hecho un extraordinario
servicio a esta sociedad. Porque había mostrado que el perdón no es imposible y no debe
ser expulsado de los corazones de esta ciudad. Hay veces que sólo los cristianos podemos
hacer determinadas tareas en esta sociedad. En este caso, a través del perdón, luchar por
la derrota de la cultura del odio, que es la que nutre a la violencia etarra.
(Eugenio ·Nasarre-E, en "Vida Nueva")
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12.
«Por exceso de amor»
A pesar de su longitud voy a recordar el siguiente testimonio referido a la peste que el
año 260 asoló a Alejandría:
«La mayoría de nuestros hermanos, por exceso de su amor y de su afecto fraterno,
olvidándose de sí mismos y unidos unos con otros, visitaban sin precaución a los enfermos,
les servían con abundancia, los cuidaban en Cristo y hasta morían contentísimos con ellos,
contagiados por el mal de los otros, atrayendo sobre sí la enfermedad del prójimo y
asumiendo voluntariamente sus dolores. Y muchos que curaron y fortalecieron a otros,
murieron ellos, trasladando a sí mismos la muerte de aquellos. (...) Los mejores de nuestros
hermanos partieron de la vida de este modo, presbíteros -algunos-, diáconos y laicos, todos
muy alabados, ya que este género de muerte, por la mucha piedad y fe robusta que
entraña, en nada parece ser inferior incluso al martirio.
Y así tomaban con las palmas de sus manos y en su regazos los cuerpos de los santos,
les limpiaban los ojos, cerraban sus bocas y, aferrándose a ellos y abrazándolos, después
de lavarlos y envolverlos en sudarios, se los llevaban a hombros y los enterraban. Poco
después recibían ellos estos mismos cuidados, pues siempre los que quedaban seguían los
pasos de quienes les precedieron. En cambio, entre los paganos fue al contrario: incluso
apartaban a los que empezaban a enfermar y rehuían hasta a los más queridos, y arrojaban
moribundos a las calles y cadáveres insepultos a la basura, intentando evitar el contagio y
compañía de la muerte, tarea nada fácil hasta para quienes ponían más empeño en
esquivarla».
Todavía en la Edad Moderna, «en caso de epidemia, los religiosos eran muchas veces
los únicos dispuestos a atender a los enfermos con riesgo de su propia vida». Incluso ha
habido congregaciones -como las Hermanas de la Caridad de Santa Ana- con un voto
especial de atender a los enfermos contagiosos y pestilentes. (...)
En ocasiones, los primeros cristianos llegaron hasta el don de sí mismos. «Muchos de los
nuestros -escribía San Clemente Romano- se han vendido como esclavos y con el precio
de su libertad han alimentado a otros». Incluso han llegado hasta nosotros algunos
nombres: San Pedro el Colector mandó a su tesorero que le vendiera en provecho de los
indigentes y San Serapión se entregó a una pobre mujer para que le vendiera a unos
juglares griegos.
(·GONZALEZ-CARVAJAL-L en «_Iglesia-Viva», 156)
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13.MARTIR-PERIODISTA Amenazados de resurrección
Dicen que estoy "amenazado de muerte"... Tal vez. Sea ello lo que fuera estoy tranquilo.
Porque si me matan, no me quitarán la vida, Me la llevaré conmigo, colgando sobre el
hombro, como un morral de pastor...
A quien se mata se le puede quitar todo previamente, tal como se usa hoy, dicen: los
dedos de la mano, la lengua, la cabeza... Se le puede quemar el cuerpo con cigarrillos, se
le puede aserrar, partir, destrozar, hacer picadillo... Todo se le puede hacer, y quienes me
lean se conmoverán profundamente, y con razón.
Yo no me conmuevo gran cosa, porque, desde niño, alguien sopló a mis oídos una
verdad inconmovible que es, al mismo tiempo, una invitación a la eternidad: "No temáis a
los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden quitar la vida".
La vida -la verdadera vida- se ha fortalecido en mí cuando, a través de Pierre Teilhard de
Chardín, aprendí a leer el Evangelio: el proceso de la Resurrección empieza por la primera
arruga que nos sale en la cara; con la primera mancha de vejez que aparece en nuestras
manos; con la primera cana que sorprendemos en nuestra cabeza un día cualquiera,
peinándonos; con el primer suspiro de nostalgia por un mundo que se deslíe y se aleja, de
pronto, frente a nuestros ojos...
Así empieza la resurrección. Así empieza no eso tan incierto que algunos llaman "la otra
vida", pero que en realidad no es la "otra vida", sino la vida "otra"...
Dicen que estoy amenazado a muerte... De muerte corporal a la que amó Francisco.
¿Quién no está "amenazado de muerte?" lo estamos todos desde que nacemos. Porque
nacer es un poco sepultarse también...
Amenazado de muerte. ¿Y qué? Si así fuere, los perdono anticipadamente.
Que mi cruz sea una perfecta geometría de amor, desde la que puedas seguir amando,
hablando, escribiendo y haciendo sonreir, de vez en cuando, a todos mis hermanos los
hombres.
Que estoy amenazado de muerte... Hay en la advertencia un error conceptual. Ni yo ni
nadie estamos amenazados de muerte. Estamos amenazados de vida, amenazados de
esperanza, amenazados de amor...
Estamos equivocados. Los cristianos no estamos amenazados de muerte. Estamos
"amenazados" de resurrección. Porque además del Camino y de la Verdad, es el de la Vida,
aunque esté crucificada en la cumbre del basusero del Mundo... Un periodista
guatemalteco
(_CARITAS/85-1.Pág. 118 s.)
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14. ROVIROSA-GUILLERMO
Guillermo Rovirosa, el gran apóstol de los obreros, tuvo un accidente de circulación, en
Madrid, y tuvieron que cortarle el pie. He aquí lo que dice a una cieguita y paralítica, de
Reus, Dora de nombre, en una carta confidencial:
«...Estos ocho meses largos de inmovilidad, atado por la pata como los pollos, después
de una vida tan atareada como la que yo llevaba, me han servido mucho y me han aclarado
la vista en muchas cosas. Por ejemplo: he descubierto que ser cristiano no consiste
principalmente en HACER o NO HACER tales cosas o tales obras, sino en SER CRISTO,
amando como Cristo nos ama. El HACER y el NO HACER viene determinado, no
principalmente por lo que está mandado por preceptos y reglamentos, sino por imperativos
de este Amor de Cristo en nosotros. Yo tuve la suerte de estar veinticuatro horas clavado
en la cruz de Cristo a consecuencia del accidente, siendo la sed abrasadora (mientras al
exterior llovía a cántaros) la que presidía los demás sufrimientos de todo el cuerpo y fue el
descubrimiento de un mundo maravilloso y desconocido. Eso no lo cambiaría por nada del
mundo. Quisieron ponerme un calmante y yo les dije que no era menester, y tuve la suerte
de que no me lo pusieran...
...Ahora comprendo el gran beneficio que es el disfrutar de la cruz. De cualquier clase de
cruz: la que crucifica al cuerpo y la que crucifica al alma. Pero es necesario estar
crucificado en Cristo, puesto que entonces EL ES ya presente y esta presencia vale todas
las "pesetas" habidas y por haber.
La tragedia es la de los pobres crucificados que desconocen a Cristo, como el mal
ladrón... ¡Pobrecitos! Debemos rogar por ellos...»
(Escrita desde Montserrat, el 14 de marzo de 1958)
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15. PADRE-DAMIAN 
El Padre Damián
"¡Vamos, muchacho, ya estás aquí para siempre!"
Con los marginados
El 15 de abril de 1889, hace ya 100 años, moría el Padre Damián, leproso entre los
leprosos abandonados en la isla de Molokai (Hawai), donde él mismo se había encerrado
voluntariamente durante 16 años. Desde hacía cuatro años se sabía afectado por este mal
incurable.
Había en dicha isla alrededor de 800 leprosos, deportados por el gobierno hawaiano a
esta especie de prisión natural. Se les proporcionaba comida, vestido y alojamiento; pero
esta ayuda dejaba mucho que desear. Lo más terrible es que no encontraban salida a su
situación y vivían en medio de una gran desesperación a causa de esa enfermedad horrible
y repugnante, sin curación posible, rota toda relación afectiva con los seres queridos y
viéndose despreciados y excluidos de la sociedad.
El corazón del Padre Damián se enternece a la vista de esta miseria. Se une a estos
seres sufrientes y marginados para prestarles asistencia, estar, hablar, comer y vivir con
ellos. Desde su llegada se dirige a ellos como uno más: «nosotros, los leprosos...».

La misma pipa
Damián se fue a vivir con los leprosos, a «enterrarse con ellos». El corazón del Padre
Damián se enterneció a la vista de esta miseria. Se unió a estos seres sufrientes y
marginados para prestarles asistencia, estar con ellos, hablar y comer con ellos, compartir
su vida. Dice claramente: «Resulta repulsivo verlos, sin duda, pero tienen un alma
rescatada al precio de la sangre del Salvador. También El, en su misericordia, consoló a los
leprosos. Si yo no puedo curarlos, sí que dispongo de los medios para consolarlos. Confío
en que muchos, purificados de la lepra del alma por los sacramentos, sean dignos, un día,
del cielo».
Su gran palabra: «consolarlos». Cerca de su cuerpo y su llaga cuanto sea posible, para
que sus almas sintieran su propia dignidad y valor, tasadas a tan alto precio, escondidas
bajo la envoltura desgarrada de tal enfermedad.
Russel Apple, historiador de los Parks Services, describe cómo llegó a apasionarse
Damián: "Porque los tocó, los abrazó con el saludo hawaiano tradicional, conversó con ellos
en su propia lengua, vendó sus heridas, amputó cuando fue necesario sus dedos y sus
pies, compartió su pipa, comió el plato de "poi': rió con ellos. jugó con sus hijos enfermos,
no mostró ningún signo de repulsión ante sus desfiguraciones... Damián fue aceptado por
los enfermos de lepra como uno de ellos».
Ningún hombre blanco fue jamás uno de ellos.
(_CARITAS/89-2.Pág. 80)
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16. ELLACURIA-IGNACIO
La vida no vale nada en El Salvador. Todo el que se pone de parte de los pobres corre
peligro. Yo he recibido en distintas ocasiones cartas y llamadas diciéndome que me iban a
matar, y mi nombre aparece en todas las listas de candidatos a las balas.
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17. MARIA/DOLORES:
VIVIR A TOPE es el título que escogieron las dos hijas adolescentes de MARIA
DOLORES JIMÉNEZ LOZANO para expresar lo que fue para ella la vida de su madre. En
sólo 42 años pudo llenar una vida como esposa, madre, maestra, amiga, hermana. Mujer
cristiana y murciana, que murió de cáncer de mama a las nueve de la mañana del día 22
de Julio de 1991. Juan Manuel ·Martín-Moreno-JM, jesuita que lleva en Murcia varios años
y acompañó espiritualmente a MARÍA DOLORES, ha escrito un precioso libro que lleva ese
mismo título. De este libro tomamos algunos párrafos de la maravillosa carta que MARÍA
DOLORES, pocos meses antes de morir, escribió a José Luis Martín Descalzo.
Recomendamos muy sinceramente la lectura de este libro.
"Tengo 42 años y desde Abril de 1989 estoy operada de un cáncer de mama. La verdad
es que mi historia no empieza ese día. Mi verdadera historia, la verdadera historia de mi
vida, empezó a finales de 1987 cuando, después de una confesión en profundidad (llevaba
muchos años sin querer contar con Dios para no comprometerme, para sentirme más libre),
sentí la paz, el perdón de Dios y de una manera impresionante me sentí profundamente
amada por El. Dios se metió ese día en mi vida "A TOPE"... Supe que había tomado
posesión de mí y experimenté por primera vez en mi vida "la borrachera de Dios" y la
enorme alegría de caminar juntos.
Pertenecemos desde entonces mi marido y yo a una comunidad carismática de Murcia:
"FONTANAR', que la lleva un jesuita, el Padre Juan Manuel Martín-Moreno. El ha sido mi
labrador, él ha preparado el terreno para que yo dejara a Jesús caer... y a mí me hiciera
feliz.
Hoy puedo decir que ya no he vivido sola, que Jesús vive conmigo y que la mayoría de
las veces vive POR MI.
Tengo dos hijas de 14 y 12 años a las que adoro; un marido al que elegía hace 16 años y
hoy lo volvería a hacer, una familia cercana (vivimos todas las hermanas y la madre en el
mismo edificio). Soy maestra 20 años en el mismo colegio estatal, donde mis compañeros
son otra familia, y tengo mi comunidad donde Dios nos ha unido y nos va transformando el
corazón.
Un año antes del cáncer me operaron de una estenosis del uréter izquierdo, y después
apareció el bulto. Sentí miedo, angustia, impotencia... Le pedí al Señor que me ayudara a
llevarlo, que yo era y soy optimista, alegre y luchadora... pero que experimentaba que esto
era mucho para mí, y que no podía sola. El me escuchó, vino A TONELADAS y sigue
viniendo. El Señor ha querido que mi Getsemaní estuviera lleno de ángeles, familia y
amigos, que en estos casi tres años me han ayudado a seguir VIVA.
Cuando me operaron yo ya le había dicho a Jesús que sí. Le había dado gracias porque
habíamos escrito la historia de mi vida juntos, era la mía y tal como estaba con unos
renglones derechos y otros torcidos, había sido NUESTRA. Detecté todo lo que había
hecho mal y acepté todas esas limitaciones que habían formado parte de mi vida.
Decidí vivir lo único real, el HOY. Sacarle el sabor a todo lo que hoy se cruzara en mi
vida, a la tarea de aprovechar ese día, y decidí que Jesús ya me iría pidiendo al amanecer
de cada mañana lo que tendría que hacer, y esperar que su gracia llenaría el día siguiente.

Mi enfermedad es totalmente clara para mí. He querido saber siempre la verdad y puedo
decirte que esa seguridad de no sentirme engañada, esa posibilidad de hablar libremente,
ese saber que no hay nada oculto detrás... a mí, en mi caso, me está ayudando a vivir y a
que los demás vivan conmigo simplemente lo que está pasando.
Mis hijas se han ido informando poco a poco. Hoy conocen mi realidad. Sé que las está
madurando quizás muy deprisa..., pero siento la alegría de contar con ellas, de hablarlo, de
sentirnos apoyadas. Sé que le piden a Dios por mí, pero tengo la enorme dicha de que
nadie ha culpado a Dios. Dios es el que nos está llevando a todos, el que nos reconforta, el
que tiene la fuerza, el que acompaña, el que esta haciendo FÁCIL... LO INFERNAL...
Nuestra vida es normal. Si yo estoy bien, salimos, entramos, viajamos... En mi casa hay
alegría, vida, inquietudes... Es maravilloso abrir las puertas de mi casa y encontrar una
familia que VIVE, y vive la alegría, la vida, los problemas del día.
(...) Puedo decir que he vivido en estos dos años y medio los mejores momentos de mi
vida. Porque ha sido VIDA, no vida. Han sido meses de DARME, de saber que era yo la que
salía, la que hablaba. Me he quitado caretas, pelos de la lengua; he abierto mi casa y mi
corazón y todos los que la han llenado, me han llenado a mí.
(...) Yo sí le pido a Jesús que me sane. Pero no con fuerza, no es lo más importante. Le
digo: "Tú sabes que quiero sanar, me gusta la vida, VIVIR; la tengo como un gran regalo
tuyo; pero tú sabes que sola ya no sé vivir. Si pudiera seguir viviendo..., tendría que ser
como ahora, cogidos de la mano, con los corazones pegados..., siendo TU solo el centro de
mi vida, manteniendo esta nueva escala de valores, abriendo tu Reino, construyendo...".
El otro día leía un caso de eutanasia en Estados Unidos. Una mujer con 45 años que
eligió morir antes que someterse a una quimioterapia. Respeté su opción. Pero levanté los
ojos al cielo y le dije a Jesús: "Gracias por tu ayuda, gracias por mi opción, gracias porque
mi vida ha visto su sentido en estos dos años, gracias por todo el amor y bondad que he
conocido, por los amigos de siempre, por los nuevos, por descubrir tu reino, por dejarme
transformar, por mi nuevo corazón, por mis nuevos valores, por los fallos que con tanta paz
he aceptado, por cada amanecer que me regalas, por los dos años y medio de vida en
familia, por mantener mi alegría, mi lucha, mis ilusiones, por sostenerme en los momentos
más bajos, por valorar las cosas pequeñas, por todo lo que he podido hacer bien y mal, y
por dejarme entrar a compartir tu Getsemaní. ¡¡GRACIAS!!".
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18. C. S. LEWIS/MITO-PAGANO
C.S. Lewis, era ateo, pero una noche, tras una larga conversación en casa de Tolkien, se
convenció de que Dios se expresaba a través de los mitos y relatos paganos, en una
especie de profecía que se cumplió con el nacimiento de Cristo. Esto es lo que ha revelado
el secretario de Lewis, Walter Hooper, que está terminando una larga biografía del
escritor.
La historia de C.S. Lewis (1898-1963) acaba de ser llevada al cine por Richard
Attenborough en el filme «Shadowlands» con Hopkins en el papel del escritor. Basado en
una obra de teatro de William Nicholson, ia película relata cómo el profesor de Oxford
descubrió ya en edad madura la felicidad conyugal al casarse con una americana, Joy, y
pocos años después, conoce el dolor al fallecer de cáncer su esposa.
Lewis formó, con Tolkien y Charles Williams, el grupo de los «inklings», los amantes de la
tinta, filólogos y humanistas atraídos por el complejo mundo medieval y ajenos al mundo
moderno. C.S. Lewis fue un teólogo profundo, aunque contrariamente a su amigo Tolkien,
que era católico, fue anglicano. Sin embargo, en su juventud fue ateo. «Había leído las
sagas y mitos de las religiones paganas, y en un cierto momento descubrió que en todas, el
héroe conoce la muerte y la resurrección, como Cristo. ¿Por qué -decía- no considerar la
figura de Cristo como la de cualquier otro héroe literario?», declara Hooper, su secretario,
en una entrevista concedida al "Corriere". "En 1931, sin embargo, en casa de Tolkien tuvo
lugar una reunión. Antes del alba, Lewis se convenció de que en los relatos paganos, era
Dios mismo el que se expresaba a través de voces inspiradas. Eran intuiciones poéticas de
la profecía narrada por Isaías y los profetas de la Biblia, una profecía que se convirtió en
hecho con el nacimiento de Cristo". Entonces, Lewis se hizo cristiano, concluye Walter
Hooper.
(_ABC/DIARIO.1944)
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19. ABORTO/MARTIR
El Papa beatifica a una joven madre italiana que se negó a abortar
Ciudad del Vaticano. Miguel Castellví
Juan Pablo II defendió la causa del amor y de la vida en la beatificación de Gianna
Beretta, una médico italiana que prefiri6 morir antes que abortar. En la misma ceremonia, el
pontífice elevó a los altares a otra madre de familia italiana y a un catequista del Zaire
mártir.
En el Año de la Familia, el Papa ha querido beatificar a dos italianas madres de familia,
Gianna Beretta Molla, una médico que tuvo cuatro hijos y falleció en 1962, y a Elizabetta
Canori Molla, fallecida en 1825. Junto a ellas, beatificó a un joven africano, el zairés Isidoro
Bakanja, muerto mártir en 1908 por su fidelidad a la Virgen María.
Gianna Beretta era una médico de Magenta, en Lombardía, que tuvo cuatro hijos y que
cuando esperaba el último se le diagnosticó un fibroma de útero. Antes que hacer daño a la
criatura, prefirió morir. Ayer, en la beatificación, estaban presentes su viudo y tres de sus
hijos, entre ellos la última, que tiene 32 años. Fue especialmente emotivo el abrazo que el
Papa dio a esta familia durante el acto.
En su homilía, Juan Pablo ll dijo que Gianna Beretta «supo ofrecer la vida en sacrifico
para que pudiera vivir la criatura que llevaba en su seno, y que hoy está con nosotros.
Sabía bien lo que le podía pasar, pero no se echó atrás ante el sacrificio, confirmando de
este modo la heroicidad de sus virtudes».
El Pontífice rindió homenaje a todas las madres valerosas, «que se dedican sin reservas
a sus familias, que sufren al dar a luz a los hijos, y que después están dispuestas a afrontar
cualquier sacrificio para transmitirles lo mejor que tienen».
Juan Pablo ll señaló que el ambiente es hostil a la maternidad: "los modelos de
civilización, promovidos por los medios de comunicación, no favorecen la maternidad, en
nombre del progreso y de la modernidad se presentan como superados los valores de la
fidelidad, la castidad y el sacrificio, en los que se distinguen gran número de esposas y
madres cristianas".
"A menudo, una mujer decidida a ser coherente con sus principios se siente
profundamente sola, sola con su amor, que no puede traicionar y al que debe permanecer
fiel. Su principio guía es Cristo. Una mujer que cree en Cristo encuentra un poderoso apoyo
precisamente en este amor que soporta todo. Es un amor que le permite pensar que todo lo
que hace por un hijo concebido, nacido, adolescente o adulto, lo hace al mismo tiempo por
un hijo de Dios".
En el ángelus, el Papa volvió a hablar de la defensa de la vida no nacida, que
encomendó a la Virgen, que es especialmente importante "en estos tiempos, especialmente
en el Año de la Familia, cuando ante la mujer se acumulan todas las amenazas contra la
vida que ella está para traer al mundo".
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Amar hasta dar la vida
Gianna Beretta, hija de padres profundamente cristianos, nació en Magenta, Italia, el 4 de
octubre de 1922. Era la décima de trece hijos, de los cuales cinco murieron de poca edad y
tres se consagraron al Señor: Enrique como misionero capuchino, José como sacerdote y
Virginia como religiosa canosiana. Alberto, su padre, quiso que todos sus hijos tuvieran una
carrera universitaria, y les dio ejemplo cristiano participando cada día en la misa.
Gianna creció serena, entregándose a sus hermanos y hermanas, dedicándose al estudio
del piano, sin estar nunca ociosa; amaba las cosas bellas, la música, la pintura y las
excursiones a la montaña. Cuando tenía dieciséis años asistió a un curso de Ejercicios
Espirituales que dio una orientación a su vida. "Quiero temer el pecado mortal como si
fuese una serpiente -escribió en sus apuntes-; mil veces morir antes que ofender al
Señor".
Diversos problemas familiares turbaron su vida y ella, mientras tanto, se iba afianzando
en su vocación cristiana: participaba diariamente en la Misa, hacia la visita al Santísimo
sacramento y la meditación, rezaba el rosario. Participaba en diversas asociaciones
laicales, como la de los jóvenes universitarios de Acción Católica. Durante un tiempo pensó
en ir como misionera laica a Brasil.
En 1954 encontró al hombre de su vida, el ingeniero Pedro Molla, dirigente industrial,
miembro también de Acción Católica con el que se casó en 1955. Se prepar6 para recibir el
sacramento del matrimonio con un triduo de oración que propuso también a su novio.
Su sueño era tener muchos hijos: Pedro Luis (19 de noviembre de 1956), María Zita (11
de diciembre de 1957), Laura Enriqueta María (15 de julio de 1959). En el tercer mes del
cuarto embarazo se presentó un fibroma en el útero. Fue el inicio del holocausto. Se operó,
pidiendo explícitamente que el tumor fuera extirpado sin dañar la vida de la criatura que
tenía en el vientre, a pesar de conocer el riesgo mortal que corría: «No se preocupe por mí
-dijo al médico que la iba a operar y que la manifestaba el peligro a que se exponía si
continuaba el embarazo-, basta que le vaya bien al niño".
Sin perder la sonrisa pasó los últimos seis meses orando y dispuesta a lo que el Señor
quisiera de ella, esperando el nacimiento de Juana Manuela, que tuvo lugar el 21 de abril
de 1962. Después de una semana de atroces dolores causados por la peritonitis séptica
que se había presentado, Gianna murió, después de haber repetido muchas veces durante
la agonía: "Jesús, te amo; Jesús te amo". Era el 28 de abril de 1962.
(_abc/diario.25-4-1994)
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20. PT-NUEVA/CUA CUA/PT-NUEVA CARLOS/MARTIR MARTIR/CARLOS
-Sufrimiento y martirio en defensa del sagrado derecho del otro
La situación del mundo en la que se realiza hoy la historia de la salvación requiere un
nuevo modelo de penitencia cuaresmal. Lo ha dicho el Papa en su mensaje: "Tenemos que
amar a los demás con el mismo amor que Dios ha derramado en nuestros corazones y con
el que él mismo nos ama. Ahí también, cuántas dificultades se dan para hacer del otro
nuestro prójimo: no amamos suficientemente a Dios y a nuestros hermanos. ¿Por qué
tenemos aún tantas dificultades en dejar la fase, importante pero insuficiente, de la
reflexión, de las declaraciones o protestas, para hacernos de veras emigrantes con los
emigrantes, refugiados con los refugiados y pobres con aquellos que carecen de todo?".
Hemos de hacer una revisión sobre nuestra penitencia cuaresmal: ¿a qué se reduce?, ¿a
acallar nuestra conciencia con unos cuantos actos de mortificación? Es preciso que la
conversión cuaresmal nos introduzca en el yunque que nos forja para el otro, en la lucha
por su dignidad como hombre, imagen de Dios. Sólo así reconstruiremos la convivencia
"perdida".
-El padre Carlos Alberto: un párroco rural
Cuenta ·BOFF-LEONARDO ("Jesucristo y la liberación del hombre", p. 423), en una
página bellísima de "teología narrativa", la pasión y muerte de un párroco brasileño por su
lucha en defensa de los campesinos explotados.
"El P. Carlos Alberto es un párroco rural en un lugar donde hay grandes latifundios en
manos de unas pocas familias muy ricas. Allí, millares de campesinos "vegetan más que
viven". Vegetan no como un árbol frondoso de profundas raíces, sino como un cactus, su
hermano. Y hasta hoy no se han rebelado. Han aprendido de sus padres, analfabetos, y en
la capilla de la hacienda de su patrón, a tener paciencia, como la tuvo el mismo Hijo de
Dios... Deducen, a su modo, que la vida tiene que ser así... consideran normal que unos
nazcan ricos y otros pobres, porque ésta es la voluntad de Dios.
El P. Carlos se da cuenta de que evangelizar aquí implica también anunciar y hacer valer
los derechos fundamentales de la persona; pastorear exige también promover y liberar
sociopolíticamente. ¿Cómo hacer creíble y liberador para el no hombre el mensaje
cristiano de que Dios es su Padre? ¿Qué cambios estructurales se necesitan en el
ambiente para que se pueda verificar (hacer verdadero) y tenga sentido existencial el
anuncio de que somos todos hermanos?
-Cuaresma del P. Carlos
Con muchas dificultades comienza a reunir al pueblo en pequeños grupos de base.
Actualiza el evangelio, lo aplica a la vida, hace que el pueblo piense, diga su palabra, tome
conciencia de que son personas y no piezas ni animales. Les predica el Reino. Este Reino
no es solamente la vida hacia la que marchamos, sino que comienza ya aquí en la tierra y
se va construyendo con la gracia de Dios y el esfuerzo humano. Implica también la vida con
Dios, el perdón de los pecados y el futuro feliz para todos los justos. Pero no sería Reino de
Dios si no postulase también la transformación del mundo. Estas exigencias provocan
conflictos...
-Penitencia creadora
El Padre Carlos consiguió, sólo a duras penas y con sacrificios, que comprometieron su
salud y lo pusieron al borde del infarto, que a los tres o cuatro años entrara el pueblo en un
decidido proceso de liberación.
Y comienza la Pasión del P. Carlos. El patrón se considera bueno y generoso...; ahora se
siente amenazado: el pueblo se ha llenado la cabeza de novedades, frecuenta la escuela
del Padre, se ha encuadrado en los sindicatos rurales, habla de derechos... se ha hecho
"comunista".
Los campesinos son amenazados, algunos torturados. Pero se mantienen firmes. Son
expulsados de las tierras. El P. Carlos se solidariza con ellos. Lo secuestraron y lo
interrogaron para que confesase que era marxista y subversivo; le cortaron las orejas y
continuaron interrogándole; le cortaron la nariz y volvieron a interrogarle; le castraron y aún
le interrogaron; le cortaron la lengua y pusieron fin al interrogatorio. Después cortaron todo
su cuerpo; como aún se movía, lo ametrallaron; por fin lo arrojaron a un pozo profundo.
Murió por defender a sus hermanos" .
-Fuerza liberadora del sufrimiento  
L. Boff dice que el relato parece un ACTA DE LoS MÁRTIRES de la primitiva Iglesia. Y es
verdad. Porque -continúa Boff- "sufrir tiene así sentido y morir dentro de semejante
compromiso es digno". Así murieron todos los profetas y el mayor de ellos: Jesús de
Nazaret. Y tendrán que sufrir siempre, porque el sistema cerrado sobre sí mismo, que hace
de la historia un fatalismo, jamás podrá acoger a los profetas que anuncian y quieren
preparar el reino futuro donde haya más fraternidad y con más lugar para Dios.
Este sufrimiento es el verdadero sufrimiento, porque nace de la lucha contra "el
sufrimiento". Tiene sentido. Produce alegría y serenidad, es sufrimiento digno del hombre,
el que lo engrandece y lo hace semejante al siervo doliente y varón de dolores (Is. 53, 3),
pues es resultado de un compromiso y de superación de un sufrimiento causado por la mala
voluntad de los hombres. Es fruto de una libertad audaz y de una decisión adulta...
La fe cristiana es un absoluto dentro del hombre y en un Dios comprometido con el
destino de cada uno; se transforma en una mística capaz de dar sentido transcendente a
todo dolor y a todo sacrificio".
(_CARITAS/82-1.Pág. 15 ss.)
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21. B. DE LAS CASAS
La conversión profética de Bartolomé de las Casas.
Bartolomé de las Casas llega a América el 15 de abril de 1502, a los nueve años del
descubrimiento, participando con Ovando en la violenta conquista de los indios taínos.
Religioso dominico, es ordenado sacerdote en 1511, participa con Pánfilo de Nalváez en la
conquista de la isla de Cuba, donde la dominación europea de los cristianos se impone "a
sangre y fuego". Por el sistema del repartimiento Bartolomé recibe un grupo de indios que
trabajan para él. Es el pago de sus servicios: durante doce años había sido cómplice de la
violencia en el Caribe.
"El clérigo Bartolomé de las Casas -escribe autobiográficamente- andaba bien ocupado y
muy solícito en sus granjerías, con los otros, enviando sus indios de su repartimiento a las
minas, a sacar oro y hacer sementeras, y aprovechándose de ellos cuando más podía".
Todo estaba aparentemente "en orden", cuando un acontecimiento de lo más normal
viene a poner las cosas en cuestión: llega Diego Velázquez y "como no había en toda la isla
clérigo ni fraile" le pide a Bartolomé que les celebre la misa y les predique el evangelio. El
caso es que Bartolomé, "comenzó a considerar consigo mismo algunas autoridades de la
Sagrada Escritura". En especial, aquel pasaje Eclesiástico: "Sacrificios de bienes impuros
son impuros, no son aceptadas las ofrendas de los impíos. El Altísimo no acepta las
ofrendas de los impíos ni por sus muchos sacrificios les perdona el pecado. Es sacrificar al
hijo en presencia de su padre robar a los pobres para ofrecer sacrificio. El pan es vida del
pobre, el que se lo defrauda es homicida. Mata a su prójimo quien le quita su salario, quien
no paga el justo salario derrama su sangre" (34,18-22).
Bartolomé no pudo celebrar su misa: "aplicando lo uno (el texto bíblico) a lo otro (la
miseria y servidumbre que padecían aquellas gentes), determinó en si mismo convencido
de la misma verdad, ser injusto y tiránico todo cuanto acerca de los indios en esta India se
cometía". Por tanto, liberó a sus indios ("acordó totalmente dejarlos") y comenzó su
predicación profética primero en Cuba, después en Santo Domingo, posteriormente en
España y después en todos los reinos de las Indias, "quedando todos admirados y aún
espantados de lo que les dijo".
Aquel pasaje del Eclesiástico tenia una fuerza impresionante.
(Jesús López._CARITAS/85-2)
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22. MARTIRES/HOSPITALARIOS:
Con los enfermos hasta la muerte
Los mártires Hospitalarios
Con esta denominación pasarán a la historia los 71 Hermanos de San Juan de Dios, que
murieron a mano violenta, por su fe en Jesucristo y su amor a los enfermos, al comienzo de
la desgraciada guerra civil española (1936-1939), en fechas comprendidas entre el 25 de
julio y el 14 de diciembre de 1936, y en diversos lugares de Cataluña, Valencia, Madrid y
Toledo. Todos pertenecían a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, como hermanos
no sacerdotes, excepto seis que sí lo eran. Sus edades oscilaban entre los 18 y 75 años.
Por su lugar de origen, siete eran de nacionalidad colombiana, de cuatro departamentos, y
los 64 restantes procedían de 30 provincias distintas de España. Algunos ejercían cargos
directivos, otros se preparaban a ser religiosos y todos, a su modo, compartían la vida
comunitaria y el cuidado atentísimo a los enfermos, que el huracán de la persecución avivó
aún más.
Fueron sorprendidos con las manos en la masa, o sea, afanados en sus tareas
hospitalarias, haciendo lo único que sabían hacer: el bien a manos llenas a los demás.
Cuando fueron a llevárselos para el martirio, los hermanos que prestaban su servicio en el
Instituto Asilo San José para epilépticos de Carabanchel Alto (Madrid), se encontraban
distribuyendo la comida a los enfermos. El cadáver de uno de ellos pudo ser identificado,
más tarde, por el delantal de trabajo que entonces se usaba y que aún llevaba puesto. En
medio del desorden y la anarquía reinante aquellos días, hubo ejecutores obsesionados por
alojar sus balas en los órganos vitales de unos hermanos tan solícitos servidores, tan
humanos; por acabar con la vida de unas criaturas a las que les retozaba la bondad por
dentro y la manifestaban al exterior a borbotones.
No es posible reprimir el entusiasmo, la gratitud, el cariño hacia ellos, al recordarlos
ahora, al revivir su memoria, después de más de medio siglo. Se dejan querer. Su sola
presencia proporciona como una brisa de esperanza, de paz y de alegría.

Obediencia-hospitalidad hasta la muerte
«Vista y examinada atentamente la gravísima situación política de España...
Nuestros religiosos no abandonarán la asistencia de los enfermos sino cuando las
autoridades se hagan cargo de ellos...
Estén a la cabecera de los enfermos hasta que fuerza mayor imponga abandonarlos...
Esto será heroico en algunos casos, dado el estado de anarquía reinante, pero así nos lo
impone un sagrado deber».
(Narciso DURCHSCHEIN. Hermano Superior General de la Orden Hospitalaria de San
Juan de Dios. Roma, 4 de abril de 1936).
«Hemos de remediar las necesidades de los pobres. Tener mucha confianza en que
Jesús no nos ha de faltar con su providencia. Revestirse interiormente de los sentimientos
de compasión a los pobres, de que estaba poseído Jesús».(Beato Braulio Mª Corres,
O.H.)
(_CARITAS/95-1.Braulio Novella, O.H. Suplemento de «Vida Nueva»)
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23. MISIONEROS/MARTIRES 
«Nosotros no queríamos salir de allí; no podíamos dejar a nuestros enfermos solos».
(Hna. Amparo Muñoz, Ruanda)
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«La labor de nuestros religiosos en África es importantísima, no sólo por su aspecto
pastoral, sino también por cómo se integran en la sociedad, cómo se sacrifican para vivir
con los nativos, con lo que eso lleva de peligros y enfermedades, y muy especialmente por
su labor sanitaria. Yo diría que gran parte de la medicina rural de África se basa en
nuestros misioneros». (José Mª Sanz Pastor, embajador en Tanzania)
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24.

"Karol Wojtyla me salvó la vida en 1945"

Revelación de Edith Zirer, una judía que siendo niña estuvo en un campo de exterminio nazi

Edith Zirer, una judía israelí, revela cómo fue socorrida por el Papa al final del
Holocausto nazi: "Me acuerdo perfectamente. Me encontraba allí, era una niña de trece
años, sola, enferma, débil. Había pasado tres años en un campo de concentración alemán,
a punto de morir. Y Karol Wojtyla me salvó la vida, como un ángel, como un sueño venido
del cielo: me dio de beber y de comer y después me llevó en sus espaldas unos cuatro
kilómetros, en la nieve, antes de tomar el tren hacia la salvación".
Edith Zirer narra el episodio como si hubiera sucedido ayer. Era una fría mañana de
primeros de febrero de 1945. La pequeña judía, que todavía no era consciente de ser el
único miembro de su familia que sobrevivió a la masacre nazi, se dejó llevar en los brazos
de un sacerdote de 25 años, alto, fuerte, que sin pedirle nada, simplemente le dio un rayo
de esperanza. Hoy aquel sacerdote, según ella, es el obispo de Roma. Edith querría
agradecer finalmente aquel gesto. "Sólo un pequeño gracias en polaco por aquello que
hizo, por la manera en que lo hizo, para decirle que nunca me olvidé de él", dice desde su
hermosa casa ubicada en las colinas del Carmelo, en la periferia de Haifa. Edith tiene hoy
66 años y dos hijos. Reconstruyó su vida en Israel, a donde llegó en 1951, cuando todavía
padecía las lacras de la tuberculosis y los fantasmas de la guerra alteraban sus sueños.

Una historia bien guardada
Durante todo este tiempo se ha guardado esta historia. Cuando en 1978, Karol Wojtyla
subió a la cátedra de Pedro, comenzó a sentir la necesidad de hablar, de contarlo a alguien,
de mostrar su agradecimiento. La pregunta surge inmediatamente: pero, ¿cómo puede estar
segura de que aquel sacerdote es el Papa? ¿Por qué ha esperado tanto? Estos
interrogantes se los han planteado también los periodistas de "Kolbo", el semanario de
Haifa. "El relato es convincente. No trata de hacerse publicidad, todos los detalles que
ofrece parecen creíbles", dicen los redactores. Tan convincentes que la embajada israelí
ante la Santa Sede ya está moviéndose para tratar de poner en contacto a la señora Zirer
con la secretaría del Papa. La narración habla por sí misma. "El 28 de enero de 1945 los
soldados rusos liberaron el campo de concentración de Hassak, donde había estado
encerrada durante casi tres años trabajando en una fábrica de municiones --explica Edith,
quien entonces tenía trece años--. Me sentía confundida, estaba postrada por la
enfermedad. Dos días después, llegué a una pequeña estación ferroviaria entre
Czestochowa y Cracovia". Precisamente en Cracovia, Wojtyla acababa de ser ordenado
sacerdote.

"Entonces Wojtyla me vio"
"Estaba convencida de llegar al final de mi viaje. Me eché por tierra, en un rincón de una
gran sala donde se reunían decenas de prófugos que en su mayoría todavía vestían los
uniformes con los números de los campos de concentración. Entonces Wojtyla me vio. Vino
con una gran taza de té, la primera bebida caliente que había podido probar en las últimas
semanas. Después me trajo un bocadillo de queso, hecho con pan negro polaco, divino.
Pero yo no quería comer, estaba demasiado cansada. El me obligó. Después me dijo que
tenía que caminar para coger el tren. Lo intenté, pero me caí al suelo. Entonces, me tomó
en sus brazos, y me llevó durante mucho tiempo. Mientras tanto la nieve seguía cayendo.
Recuerdo su chaqueta marrón, la voz tranquila que me reveló la muerte de sus padres, de
su hermano, la soledad en que se encontraba, y la necesidad de no dejarse llevar por el
dolor y de combatir para vivir. Su nombre se grabó indeleblemente en mi memoria".
Cuando finalmente llegaron hasta el convoy destinado a llevar a los detenidos hacia
Occidente, Edith se encontró con una familia judía que le puso en guardia: "Atenta, los
curas tratan de convertir a los niños hebreos". Ella tuvo miedo y se escondió. "Sólo después
comprendí que lo único que quería era ayudarme. Y quisiera decírselo personalmente".