SANTA TERESA DE JESÚS 10-15

CARTEL TERESA DE JESÚS

1. CLARETIANOS 2002

En tiempo recios, ¡cómo agradecemos que alguien nos ayude a distinguir el día de la noche, la verdad de la mentira, el bien del mal! Hace años, el cardenal Martini dijo que los peores tiempos de la Iglesia no han sido aquellos en los que se han cometido muchos pecados, sino aquellos en los que se ha perdido el don del discernimiento, los tiempos en los que todo ha dado igual.

La liturgia nos regala hoy la fiesta de Teresa de Jesús, una mujer "sabia" en tiempos no menos recios que los nuestros, una mujer que supo discernir. Ella no fue alumna de la Universidad de Salamanca o de la de Alcalá, pero se doctoró en la universidad de la oración y de la vida. La Iglesia la considera "doctora de la fe". Naturalmente, este doctorado no tiene nada que ver con un título académico. Es un don del Padre. Jesús lo dice en el evangelio de hoy: "Has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla". Teresa, que no fue una mujer de temperamento débil o apocado, sí fue una creyente inundada por la sencillez que viene del Espíritu.

¿Qué podemos aprender hoy de su experiencia espiritual para iluminar nuestra vida? Quiero resaltar tres lecciones: 1) Sin amistad con Dios no hay transformación posible (ni personal ni social). La oración es la más profunda, arriesgada y necesaria aventura que puede emprender el ser humano; 2) Toda religiosidad naufraga cuando no es curada por la humanidad de Cristo. 3) La humildad, la audacia y la fortaleza son virtudes esenciales para afrontar las crisis (incluidas las de la Iglesia).

A la oración se suele llegar tarde, como si la seducción de Dios siempre fuera el enamoramiento postrero después de habernos dejado seducir por otras muchas realidades. A veces llegamos demasiado tarde y, entonces, tenemos la impresión de haber malgastado la vida.

La humanidad de Cristo nos sitúa otra vez en la órbita de Dios después de nuestros devaneos religiosos y humanistas, esclavos de todas las modas que desfilan por la pasarela de las ideologías.

La humildad, la audacia y la fortaleza son virtudes de las personas sabias, de los ancianos, difícilmente asumibles en tiempos en los que "ser joven" parece más una meta que una etapa del camino de la vida.

Dejemos que la Santa nos acompañe durante esta jornada. Para ello, os propongo acercarnos a uno de sus mejores poemas: Vivo sin vivir en mí.

Gonzalo (gonzalo@claret.org)


2. 15 de octubre de 2004

LA VOZ DE DIOS EN SANTA TERESA DE JESÚS

"Señor Dios nuestro, que has suscitado a Santa Teresa para mostrar a tu Iglesia el camino de la perfección, cóncedenos vivir de su doctrina y enciende en nuestros corazones el deseo de la verdadera santidad"

1. Desde niña Doña Teresa de Cepeda y Ahumada, había oído la voz de Dios y la había escuchado.
De una piedad innata, y un sentido de lo eterno muy acusado, ella ejercitaba su carisma con su hermanito Rodrigo, un poco mayor que ella, y los dos construían ermitas para dedicarse a orar y a releer y memorizar las lecturas de las Vidas de los Santos, que escuchaban al amor de la lumbre, con toda la familia reunida. Se le encendían en el corazón los deseos del martirio y pensaba que los mártires habían comprado barato el cielo. Llegó la adolescencia y se enfrió, se disipó, se volvió vanidosa y coqueta, flirteaba con. sus primos, y a punto estuvo de perder su gran llamada, su vocación de orante y maestra de oración. Cuidado con las amistades que. pueden apagar el golpear de la llamada de Dios, y empañar el timbre, suave y fuerte a la vez, de su voz. Ello es posible y debemos. estar prevenidos. Y tomar las oportunas cautelas, no sólo cuanto a las amistades, sino también en lo referente a lecturas, espectáculos, conversaciones en las que se infiltran los criterios del mundo y la escala de valores de la tierra.

2. Su tío, Don Pedro Sánchez de Cepeda, junto con Doña María de Briceño, la monja agustina que la cuidaba en su convento, la devolvieron al camino. El primero con el testimonio de su vida orante y de penitencia, pues, viudo cómo era, se retiró a un monasterio de monjes Jerónimos, no sin antes poner en las manos de Teresa el libro que la salvaría: “El tercer Abecedario de Francisco de Osuna”, que la conduciría a reencontrarse a sí misma, a través de la palabra de Dios.
3. Decidida a ingresar en el Carmelo, se lo comunicó a su padre, que era para ella asunto irreversible y acabado pues, era tan tenaz, pundonorosa y valerosa, que ya nadie, después de empeñada su palabra, la detendría ni sería capaz de influenciarla para que diera un paso atrás, como dice el Evangelio del que pone su mano en el arado.

4. Buscó y ojalá no encontrara. Buscó y encontró medio letrados, personas con el corazón poco ablandado en Cristo, pusilánimes y temerosos y tan calculadores de los resortes humanos que la hacían desistir del seguimiento de su evidente llamada. Unos qué para qué monja. Otros qué para qué tanta oración. Que ya era suficiente con rezar el breviario y el rosario... Casi todos también qué para qué otra Orden. Que las que habían sobraban y que se creía superior a todos, pues se erigía ella en Fundadora. Todo la hizo sufrir. Siguió buscando y cada día peor.
5. Llegó un tiempo que no había quien la quisiera confesar, porque el revuelo y la murmuración en su ciudad era general y deprimente. Le hicieron creer que era demonio lo que Jesús le comenzó a regalar. Se predicó contra ella en los púlpitos y se la humilló y ridiculizó ignominiosamente, con un manifiesto desprecio a su dignidad de mujer y de cristiana. Se le prohibieron los libros que eran su único consuelo y que la conducían hasta que Jesús le dijo un día, cuando estaba abrumada por la desolación. “No temas, hija, que desde hoy te daré libro Vivo”. Y se lo dio: Fue El, glorioso y vivificante que le dio la vida y la elevó a la cumbre más elevada y luminosa de la cristificación, como Ella describe en sus celestiales Moradas.
6. Porque escuchó y fue fiel, aunque perdió el camino, pero siguió, tras el despiste, en la búsqueda. Porque ante los desvíos, siguió y no retrocedió. Porque no se amilanó ante las persecuciones y murmuraciones y difamaciones que amenazaban paralizarla, hoy tenemos una maestra excelsa de oración, y una madre que siempre nos ayuda a discernir, a seguir, a caminar, y a buscar hasta encontrar el agua viva siquiera llegue, murmure quien murmurare, siquiera se hunda el mundo, siquiera me muera en el camino.
7. De almas como Teresa está necesitada la Iglesia. Nosotros, al menos, tomémosla como Maestra, que iremos bien servidos, pues Dios quiso hacer de Teresa un testigo de Jesús resucitado, como hizo a Juan y a Pedro y a los apóstoles. Esta elección la convirtió en mujer nueva, capacitada para testificar con su vida lo que había visto y oído. Y el mensaje que aportó Teresa a la Iglesia de su tiempo fue, principalmente, el de la imperiosa necesidad de orar, como camino para amar, cuando la oración mental, fruto de la devotio moderna, que había degenerado en puro juego de silogismos, era desconocida y peligrosa.

8. Los teólogos escolásticos oficiales de entonces, carecían del conocimiento de este don. Decía fray Domingo de Soto que «si no era con el evangelio delante no sabía pensar en Dios, que, como era invisible, no sabía qué pensaban algunos hincados de rodillas dos horas delante del altar, que él no podía hacerlo". Otros, tanto o más calificados, tuvieron expresiones todavía más inauditas y lamentables. Melchor Cano ataca los «Comentarios sobre el catecismo cristiano» de Bartolomé Carranza porque divulgan la oración mental entre todos los cristianos. Por la misma razón acusaba a fray Luis de Granada, y hasta veía en la oración mental peligro para el desarrollo normal de la sociedad. Se comprende, sólo con asomarnos a aquel ambiente, que Teresa tuviera dificultades, y no sólo las sociales. En una atmósfera, no sólo poco propicia, sino hostil, cuando sólo el pensamiento de buscar la interioridad era peligroso (se temía el erasmismo y el alumbradismo), Teresa se abre camino y ofrece con contundencia el mensaje de aquel momento, para aquel momento. Y en medio de la tormenta se abrió camino, ¡y qué camino!

9. Creo que no hay en toda la historia de la Iglesia un panegirista de la oración más caracterizado, elocuente y persuasivo que Teresa en obras y en palabras. Fue su gran divina intuición. Hemos vivido unos años de verdadera algarabía en torno a la oración. Y no sólo en la Iglesia Católica sino también en las separadas. Sobre la oración primero fue el silencio. Después la calumnia. Luego la omisión. Y ahora que se habla más de ella, creo que se habla más que se ejerce. Mientras avanza el desierto.

10. Con la teología radical de la muerte de Dios, no había posibilidad de diálogo con un Dios muerto. Con la crisis y falta de fe, Dios no interesaba al hombre. La autonomía del hombre descartaba el trato con el Ser trascendente. Más, se le consideraba rival y amenazante. Estorbo para el desarrollo humano. Con la secularización y la desacralización, el trato con Dios era una forma alienante de la personalidad. Le escasa coherencia de los orantes profesionales, daba origen a acusar a la oración de evasión y desencarnación de la vida.

11. En esta situación, como en la suya, no más fácil, ni menos difícil, Teresa alza la voz y nos dice: «que nadie tomó a Dios por amigo que no se lo pagase». Y se pregunta: ¿Por qué no hacen oración? <Por cierto, si no es para pasar con más trabajo los trabajos de la vida, yo no lo puedo entender, y para cerrar a Dios la puerta para que no les dé alegría en la oración. Cierto, les tengo lástima, porque a su costa sirven a Dios; porque a los que hacen oración el mismo Señor corre con el gasto, pues por un poco de trabajo les da gusto para que con él se pasen los trabajos».

12. La oración es importantísima, pero no lo es todo. El primado es del amor, pero sin oración el huerto no produce flores, es decir, ni amor ni valores humanos, ni virtudes evangélicas, y las bienaventuranzas sin ella yacen marchitas, heladas: «Que para esto es la oración, para que nazcan siempre obras, obras, obras», que en el pensamiento de la maestra equivalen a virtudes. “No pongáis vuestro fundamento sólo en rezar y contemplar; porque si no procuráis virtudes y no hay ejercicio de ellas, siempre os quedaréis enanas”. Es decir, sin oración no hay cristianos. Y sin cristianos no puede haber "nueva evangelización”, al menos en profundidad. Por eso Juan Pablo II, promotor de la misma, ha dicho que «el mensaje de santa Teresa conserva hoy toda su verdad y fuerza» y pide «que el pueblo cristiano se ponga a la escucha del mensaje teresiano».

13. Es en la oración, ciertamente, donde Jesús nos hace el yugo suave y nos aligera la carga. Allí es donde nos enseña a ser humildes y mansos de corazón. Es allí donde, cuando llegamos cansados y agobiados por nuestros trabajos y contradicciones, encontramos nuestro descanso.

JESÚS MARTÍ BALLESTER


3.  DOMINICOS 2003

Vuestra soy, para vos nací
   ¿Que mandáis hacer de mí?

...Vuestra soy, pues me criasteis,
Vuestra, pues me redimisteis,
Vuestra, pues que me sufristeis,
Vuestra, pues que me llamasteis,
Vuestra, porque me esperasteis,
Vuestra, pues no me perdí.
¿Qué mandáis hacer de mí?...
(Sta Teresa)

Santa Teresa (1515-1582) nació en Ávila; ingresó en el Carmelo en la misma ciudad. Tras largos años de experiencia religiosa sin despego total del mundo, fue la gran reformadora de la vida carmelitana en España.

Fundó 15 nuevos monasterios diseminados por España. Escribió con mano de artista sus andanzas de fundadora, sus experiencias místicas, y bellísimas poesías.

Fue gran maestra de espíritus y tuvo bien merecido el título de Doctora de la Iglesia con que ha sido honrada. Falleció en Alba de Tormes, y allí reposan sus restos, venerados por los fieles.

ORACIÓN:

Señor, Dios nuestro, tú hiciste vivir a Teresa de Jesús en profunda intimidad contigo, y la regalaste con multitud de dones en beneficio de la Iglesia; haznos dóciles al Espíritu para que también hoy seamos ‘amigos tuyos’ como lo fue ella. Amén.

 

Palabra y mensaje salvífico

Lectura del libro del Eclesiástico 15, 1-6:

“El que teme al Señor obrará bien; observando la ley, alcanzará la sabiduría. La sabiduría le saldrá al encuentro como una madre y lo recibirá como a la esposa de su juventud; lo alimentará con pan de sensatez y le dará a beber agua de prudencia; apoyado en ella no vacilará, y confiado en ella no fracasará; lo ensalzará sobre sus compañeros para que abra la boca en la asamblea; alcanzará gozo y alegría, y le dará un nombre perdurable”.

Sabiduría es uno de los nombres de Dios. A través de ella nos encarece que nuestra felicidad tiene que darse en la perfecta armonía de nuestra mente y corazón con la mente y corazón de Jesús, Hijo de Dios. Un  ejemplo de vida a la luz de la ‘divina sabiduría’ es Teresa de Jesús.

Evangelio según san Mateo 11, 25-30:

“En aquel tiempo, Jesús exclamó: Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré...”

Jesús bendice al Padre que regala u ofrece su ‘sabiduría’ no solamente a quienes cultivan ‘humanos saberes’ sino principalmente a quienes están hambrientos de unión íntima con el Padre y con Él. Estos son los santos. Nadie como ellos ha vivido y vive la ‘experiencia’ de hacer la vida al modo divino.

 

Momento de reflexión

Temor, sabiduría y prudencia.

Esas tres perlas son las que se cultivan en el texto del libro del Eclesiástico.

El santo temor reverencial y filial a Dios, creador y padre, nos pone con los pies en la tierra de nuestra debilidad e insuficiencia, y nos pide que elevemos la mente y el corazón a quien nos ama y es poderoso.

Por esa vía tenemos acceso a la valoración de todas las cosas con sabiduría; y, al ofrecer pleno sentido a la existencia de “criaturas” amadas de Dios, nos da la impresión de que renovamos continuamente nuestra “ardorosa juventud”.

A esa luz es como somos invitados y enseñados a vivir y actuar con pan y agua de “prudencia”, de moderación.

Temor, sabiduría, prudencia, revelación a los humildes.

Si miramos a Teresa de Jesús, comprobaremos que forma parte del grupo de los elegidos: temor de hija que no quiere ofender, sabiduría de quien encontró la suprema luz y gozo en Dios, prudencia que pone cautelas a todos los sentimientos y acciones, revelación y experiencia de que estamos llamados a sumergirnos en el misterio insondable de la divinidad. Lo contrario es no tener sabiduría.

Así lo declaran los Ayes teresianos desde el destierro de este mundo con ansias de ir a Dios:

                        ¡Cuán triste es, Dios mío,
                        la vida sin ti!

                        Ansiosa de verte
                        Deseo morir.

                             Carrera larga es la de este suelo,
                             Morada penosa, muy duro destierro.
                             ¡Oh dueño adorado!, sácame de aquí.

                        Ansiosa de verte
                        Deseo morir.

                              El amor mundano apega a esta vida.
                              El amor divino por  la otra suspira.
                              Sin ti, Dios eterno, ¿quién puede vivir?

                        Ansiosa de verte
                        Deseo morir


4. DOMINICOS 2004

Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia

Vuestra soy, para Vos nací.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Vuestra soy, pues me criasteis,
Vuestra, pues me redimisteis.
Vuestra, pues que me sufristeis,
Vuestra, pues que me llamasteis,
Vuestra, porque me esperasteis,
Vuestra, pues no me perdí.
¿Qué mandáis hacer de mí?...

Santa Teresa (1515-1582) nació en Ávila. Es gloria de Castilla, de España, de la Iglesia.

Ingresó en el Carmelo, en el monasterio de La Encarnación, Ávila, y de él salió para fundar el monasterio de San José.

Fue reformadora de la vida carmelitana, bajo el signo de la descalcez. Fundó 15 nuevos monasterios de Hermanas diseminados por toda España.

Escribió con mano de artista sus andanzas de fundadora, sus experiencias místicas, y bellísimas poesías.

Fue y es insigne maestra de espíritus; y ha merecido ser declarada Doctora de la Iglesia.

Falleció en Alba de Tormes, y allí resposan sus restos, venerados por los fieles.

La luz de Dios y su mensaje en la Biblia
Lectura del libro del Eclesiástico 15, 1-6:
El que teme al Señor obrará bien; observando la ley, alcanzará la sabiduría. La sabiduría le saldrá al encuentro como una madre y lo recibirá como a la esposa de su juventud, lo alimentará con pan de sensatez y le dará a beber agua de prudencia; apoyado en ella no vacilará, y confiado en ella no fracasará; lo ensalzará sobre sus compañeros para que abra la boca en la asamblea; alcanzará gozo y alegría, y le dará un nombre perdurable.

Evangelio según san Mateo 11, 25-30:
En aquel tiempo, Jesús exclamó: Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, por has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla.

Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré...

Reflexión para este día
Temor, sabiduría y prudencia.
Esas tres perlas son las que se cultivan en el texto del libro del Eclesiástico.

El santo temor reverencial y filial a Dios, creador y padre, nos pone con los pies en la tierra de nuestra debilidad e insuficiencia, y nos pide que elevemos la mente y el corazón a quien nos ama y es poderoso.

Si miramos hoy a Teresa de Jesús, comprobaremos que ella vivió esos tres valores en condición de hija predilecta: con temor de hija que no quiere ofender, con la sabiduría de quien encontró la suprema luz y gozo en Dios, con una prudencia que pone cautelas a todos los sentimientos y acciones, con experiencia profunda de que estamos llamados a sumergirnos en el misterio insondable de la divinidad.

¡Dios sea bendito en sus hijos santos!


5. FLUVIUM 2004

La fuerza y la confianza de la oración
Celebramos con alegría la fiesta de Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia. Teresa de Cepeda y Ahumada tomó el nombre de Teresa de Jesús al ingresar en el Carmelo. El cambio de nombre supuso para ella mucho más que cumplir con lo establecido para el momento de la profesión religiosa. Significaba, en efecto, el cambio profundo que quiso llevar a cabo en su vida: de ser una mujer como la mayoría, dedicada a sus intereses particulares y de relaciones familiares y sociales en general, sería en adelante, de modo exclusivo, para Jesús. No habría ya más afanes en su vida que los de Cristo. Su nombre de religiosa expresa, pues, posiblemente del modo más sintético y real, lo que fue la vida de esta Santa a partir del momento en que decidió consagrarse a Dios.

No fue sencillo para Teresa de Jesús alcanzar esa santidad –identificación plena con Cristo– que se le presentó como un ideal fascinante en sus años de juventud. Fue necesario que pusiera lo personal muy en segundo término y en todos los aspectos. Sin embargo, con el paso de los años, mostró una fuerza consigo misma y una capacidad de impulso hacia la perfección genuina exigida por Jesucristo, que admiró y hasta desconcertó a los de su misma orden religiosa. De modo particular llamó la atención y recibió críticas de algunos sectores, en cierta medida acomodados y poco exigentes, respecto a su rigor primigenio. A partir de aquella situación se sintió impulsada a emprender una profunda reforma del Carmelo, recobrando así el espíritu que dio origen a la Orden.

¿Cómo fue capaz una mujer, sin recursos ni influencias, de establecer tan profundos cambios, claramente negativos desde un punto de vista humano, y contra el parecer de la mayoría? ¿Cuál fue el estímulo que hizo posible el sorprendente desarrollo posterior de su Empresa? Pues, era insólito su sacrificio en una sociedad cada vez más afanada en las comodidades de una vida fácil, no se podía comprender el sentido de tan rigurosa exigencia. De diversos modos la Santa de Ávila se remitía siempre a la oración, para señalar la causa, el origen, el único fundamento consistente de cualquier tarea eficaz al servicio de Dios. En su propia oración aprendió Santa Teresa que, viviendo la vida con Dios en un trato habitual, los hombres podemos y debemos sentirnos siempre triunfadores a pesar de aparentes contratiempos momentáneos, pues no es posible que, empeñados en sus mismos afanes, podamos fracasar con Él.

En cambio, sin oración tenemos garantizada la esterilidad: el que no deja de andar e ir adelante, aunque tarde, llega. No me parece es otra cosa perder el camino sino dejar la oración. Es su viva experiencia, de un permanente empeño por agradar a Dios yendo de su mano, con la impresión, en ocasiones, de que todo ese esfuerzo es excesivo, poco eficaz en apariencia. Sin embargo, insiste en la necesidad de no abandonarla, aunque parezca estéril: La oración no es problema de hablar o de sentir, sino de amar. Y se ama, esforzándose en intentar decir algo al Señor, aunque no se diga nada. Cuando Dios quiere el alma nota, hasta de modo sensible, la eficacia y la paz de la súplica: Entrando un día en el oratorio, vi una imagen que habían traído allí a guardar (...). Era de Cristo muy llagado y tan devota que, en mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía y arrojéme cabe Él con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese de una vez para no ofenderle. Y en otro momento concluye: Siempre salía consolada de la oración y con nuevas fuerzas.

Ante nuestros ojos está, visible por todo el mundo, la eficacia santificadora de esta Santa, que trasciende mucho más allá del ámbito carmelitano, y hace sentir sus efectos en otras familias religiosas y en toda sociedad católica en general. El sentido común y sobrenatural, la gracia humana con un gran ingenio y espíritu práctico para la vida, su indudable talento literario y poético, y hasta el sentido del humor de Teresa de Ávila, han quedado para la historia de la cultura y de la espiritualidad como un animante estímulo para cuantos nos resistimos a ser vulgares.

Acudimos a su particular asistencia en el día de su fiesta, para que no desistamos de la oración confiada en los momento de dificultad, convencidos de que, con Jesucristo, nunca podremos perder, a pesar de que, por momentos, la tentación nos sugiera pensamientos de desánimo. La Madre de Dios, Virgen Poderosa, según la aclamamos en las Letanías del Santo Rosario, nos confirma que, de la mano de Dios, siempre vamos seguros.


6.

Comentario: Rev. D. Ferran Jarabo i Carbonell (Agullana-Girona, España)

«Has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños»

Hoy celebramos la fiesta de santa Teresa de Ávila. El Evangelio, proclamado en el día de esta doctora de la Iglesia, nos recomienda la sencillez de niños, a fin de ponernos en manos del Padre: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños» (Mt 11,25). De los niños había dicho Jesús: «Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos» (Mt 19,14). Ser como niños no significa permanecer en un infantilismo psicológico permanente. El niño es aquel que se deja guiar con docilidad por la mano del padre. El niño descubre a cada paso aquello que los padres le muestran. Todos los niños dan sus primeros pasos cogidos de las manos amorosas de unos padres. Seguir la voluntad del Padre es lo que pedimos cada vez que recitamos el Padrenuestro, y ésta es la característica fundamental de quien se hace como niño. «Aquel que se ocupó de ti antes de que existieras, ¿no se ha de preocupar de ti una vez que te llamó a la vida? Quien te creó es también quien te sostiene» (San Agustín). Todo descansa en la providencia de Dios.

Dios, nuestro Padre, no nos abandona nunca. Por el contrario, somos nosotros quienes nos tenemos que abandonar en las manos de Dios. El Evangelio de hoy nos invita a ello: confiar en Aquel que nos acompaña siempre. Tener confianza y ser humildes no está de moda, pero ciertamente es el único camino para llegar a Dios. Lo afirma expresamente santa Teresa: «He visto claramente que, si queremos que la majestad soberana nos revele grandes secretos, hemos de entrar por esta puerta [la contemplación de Jesús]. No quiera nadie ningún otro camino (...). Este camino se ha de recorrer con libertad, abandonándonos en las manos de Dios».

Preguntémonos, hoy especialmente, cómo es nuestra vida: ¿guardamos silencio para dejar hablar a Dios? ¿Rezamos abandonándonos en sus manos? Pero confiar y ser humildes son dos términos que hemos de aprenderlos dentro de la Iglesia, ¡nuestra Madre!: ¿confiamos humildemente en ella y la amamos?


7. CLARETIANOS 2004

Queridos amigos y amigas:

“Sólo Dios basta”. Hoy es la Fiesta de Santa Teresa de Jesús. No necesita presentación. Pero, como maestra de vida cristiana, sí podemos descubrir más y más facetas de su fascinante santidad: mística, fraterna y dicharachera, fundadora, itinerante, perseguida...

Teresa de Jesús armoniza la experiencia de gozo del amor de Dios con el sufrimiento de esta vida de una manera admirable.

¡Oh hermosura que excedéis
a todas las hermosuras!
Sin herir, dolor hacéis,
y sin dolor deshacéis
el amor de las criaturas!
¡Oh ñudo que así juntáis
dos cosas tan desiguales,
no sé por qué os desatáis,
pues atado fuerza dais
a tener por bien los males!


Teresa de Jesús es una excelente guía para ir hacia Él, cansados y agobiados, confiados en que nos aliviará. Ir hacia Él y cargar con su yugo llevadero y aprender su mansedumbre y humildad de corazón. ¿Hay mejor modo de encontrar descanso? ¿Hay mejor senda para hallar la sabiduría?

Nada te turbe,
nada te espante;
Dios no se muda.
La paciencia
todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene
nada le falta.
Sólo Dios basta.

Que Santa Teresa Itinerante os acompañe por el buen camino.

Vuestro hermano en la fe,

Luis Ángel de las Heras, cmf (luisangelcmf@yahoo.es)