COMIENZA SEMANA DE
ORACIÓN POR LA UNIDAD
01-18-2002
Hoy comienza la Semana de oración por la unidad de los cristianos y una de las primeras imágenes que se me viene a la cabeza es una comunidad de seglares claretianos cantando insistentemente -como si la fuerza repetitiva del canon lo hiciera más tangible, más real, más deseable- esta canción:
SOMOS MUCHOS CON UN SOLO CORAZÓN;
SOMOS UNO EN UN SOLO SEÑOR.
UNA FAMILIA, UNA MISMA FE
PARA AMAR Y COMPARTIR* Nuestras diferencias quedan destruidas
en nuestro encuentro contigo, Señor* Dudas y problemas quedan compartidos en
nuestro encuentro contigo, Señor.
Pero los deseos no son más reales porque más se deseen sino por lo que afectan a la propia vida y la hacen vivir de manera distinta. Todos tenemos mucho que transformar, mucho que dejar, mucho que dialogar, mucho que profundizar en nuestra fe en Jesucristo "...para que todos seamos uno" " para que el mundo crea" ¡cuántos esperan de nosotros un signo!
Y mientras tanto, no olvidamos que:
"El Señor, está delante de nosotros, para conducirnos;
está detrás de nosotros, para impulsarnos;
está debajo de nosotros, para llevarnos;
está sobre nosotros, para bendecirnos;
está alrededor de nosotros, para protegernos;
está en nosotros, a fin de que con el alma y el cuerpo te sirvamos,
para gloria de tu nombre". Amén.
(Nathan Söderblom arzobispo luterano de Uppsala)
2.
Queridos amigos: en el arco de los días que van del 18 al 25 de Enero celebramos la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. ¿Todavía es necesaria esta semana de oración por la unidad? ¿Qué es y qué no es esta semana? Es necesaria porque la unidad no es algo acabado, es una tarea permanente, es una plegaria continuada que nos vincula a todos los cristianos: católicos, ortodoxos, protestantes, anglicanos. No es una devoción más. No son reuniones para discrepar sobre temas teológicos y eclesiológicos. Es un tiempo extraordinario de gracia para ponernos delante del Señor, para que se cumpla la oración sacerdotal de Jesús en nuestras vidas y en nuestras iglesias. Es un tiempo litúrgico donde se insiste permanentemente al Padre “por la unidad que él quiera”.
3.