INFLUENCIA DE SANTA TERESITA
LA ESPIRITUALIDAD MISIONERA 

La realidad del influjo de la doctrina de S. Teresita en la Iglesia y en el mundo de hoy es un hecho innegable. Un análisis de las peticiones de más de 30 Conferencias episcopales para que la Santa de Lisieux sea declarada Doctor de la Iglesia nos hacen constatar su actualidad en las más diversas culturas y situaciones sociales y eclesiales: en la devoción popular, en el surgir de vocaciones a la vida consagrada, en la entrega y servicio misionero y apostólico. Es como una presencia misteriosa, pero real, de aquella que, con confianza filial, le pidió a Dios poder "pasar su cielo haciendo bien en la tierra". 

El influjo de S. Teresita en la vida espiritual del mundo moderno se podría comparar a las señales colocadas en una carretera. Ellas nos guían y orientan, nos avisan de los peligros, marcan la velocidad, nos aseguran y nos dan la certeza de que caminamos en la dirección acertada. La misión de Santa Teresita fue la de limpiar y renovar las señales evangélicas, muchas veces borradas o semiborradas, que dificultaban el camino de los creyentes o incluso los apartaban del seguimiento auténtico de Jesús. Varias décadas más tarde, el Vaticano II reconocería, en sus principales líneas teológico-pastorales y espirituales, ese trabajo hecho por Dios a través de la vida y de la doctrina de la Santa de Lisieux. 

Los moldes a través de los cuales transmite su mensaje doctrinal son los de una mujer joven, consagrada y contemplativa de finales del siglo pasado. Sin embargo, la calidad evangélica del su mensaje lo abre a la universalidad de situaciones y de destinatarios. Más todavía, lo hace actual ante los desafíos de la nueva evangelización, de la unidad de los cristianos, de las circunstancias-límite en la que viven creyentes y no creyentes. Se trata, en el fondo, de un regreso al Evangelio. 

El tema que me han pedido desarrollar, en el contexto de esta 50 Semana Española de Misionología que tiene lugar en el año centenario de la muerte de Teresa de Lisieux, es precisamente el de su influencia en la espiritualidad misionera. 

Como puerta de entrada a nuestra reflexión, creo importante decir una palabra sobre el contexto eclesial misionero en el que vivió Santa Teresita. Este estuvo marcado por un gran desarrollo del ideal misionero, en especial en relación a Africa y Asia. 

El fervor misionero de Teresita surge y crece en ese ambiente de finales del siglo XIX. Ella fue educada en la devoción a Jean-Théophane Venard (1829-1861), miembro de la Sociedad de las Misiones extranjeras de París, que murió decapitado en Hanoi. Más adelante, su vocación misionera se desarrolló cuando fueron confiados a sus oraciones dos misioneros, los PP. Bellière y Roulland, a quienes dirigió cartas muy bellas y profundas de comunión en la oración. Por último, el Carmelo de Lisieux en ese momento de su historia quería abrir un monasterio en Saigón (Indochina). 

En 1927, Pío XI, llamado el Papa de las misiones, declaró a Teresa de Lisieux, con S. Francisco Javier, Patrona universal de las misiones y de los misioneros. Esto lo hizo a partir de una petición de 226 obispos de todo el mundo. 

I. EL SENTIDO DE LA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA Y MISIONERA 

1. Estilo o forma de vivir la vida cristiana 

Al hablar de la dimensión espiritual y mística de la vida cristiana, se corre el peligro de entender la espiritualidad en forma dicotómica, como si se tratara de algo previo a la acción y separado de la misma. Eso convertiría la espiritualidad en un espiritualismo desencarnado que, vivido desde esa perspectiva, no dice nada al hombre y a la mujer de hoy. 

Es importante, por eso, partir del concepto de espiritualidad como un estilo o forma de vivir la vida cristiana, que es vida"en Cristo" y "en el Espíritu", que se acoge por la fe se expresa en el amor y se vive en la esperanza dentro de la comunidad eclesial. Hablar de espiritualidad no es, por tanto, hablar de una parte de la vida, sino de toda la vida. Es referirse a una cualidad que el Espíritu imprime en nosotros. Es tratar también de la acción bajo el impulso del Espíritu Santo. La referencia primordial de la espiritualidad cristiana es Jesús; la conversión a él y su seguimiento. 

2. Unidad y diversidad 

La vida cristiana, siendo una, se diversifica por la riqueza de su contenido y por las circunstancias en las que se vive. Hay unidad de vida cristiana y diversidad de espiritualidades: oriental y occidental, antigua, medieval, moderna, contemporánea, laical, sacerdotal, religiosa, masculina y femenina. Un estilo o modo de vivir la vida cristiana es el de la misión. 

Este modo de enfocar la espiritualidad responde mejor a la revelación bíblica. En ella se tiene una visión unitaria del ser humano, que vive bajo la acción de un Dios presente y cercano y lo cuestiona e interpela en todas las circunstancias. Podemos también afirmar que, de este modo, se comprende mejor la unidad de la vida cristiana en todas las épocas, culturas y situaciones existenciales. Al mismo tiempo, la necesidad de una apertura a la diversidad, fruto de circunstancias diferentes que piden acentos y encarnaciones particulares. La espiritualidad no se vive al margen de la historia, sino dentro de ella. 

3. La espiritualidad misionera 

A partir del Vaticano II la Iglesia, al mismo tiempo que tomaba una renovada conciencia de ser "enviada por Dios a las gentes para ser 'sacramento universal de salvación'(1), analizaba la obra misionera teniendo en cuenta los nuevos desafíos que presentaban los signos de los tiempos. Continuando la reflexión conciliar, Paulo VI ofrecía a la Iglesia, en 1975, la exhortación apostólica, Evangelii nuntiandi y, Juan Pablo II, en 1990, la encíclica Redemptoris missio, sobre la validez del mandato misionero. 

La misión puede entenderse de varias maneras. Hay quienes la reducen a la misión "ad gentes". Otros, en la línea de la Redemptoris missio, extienden el concepto de misión también al trabajo de reevangelización de grupos descristianizados y a la labor pastoral entre los fieles. Aquí lo entendemos en este sentido más amplio. 

Juan Pablo II, concluye su Encíclica Redemptoris missio, con un capítulo dedicado a la espiritualidad misionera. En él subraya algunas características de la misma: docilidad al Espíritu, vivir el misterio de Cristo enviado, amar la Iglesia y las personas como Cristo las amó, ser un auténtico contemplativo(2). Todas ellas, como es evidente, son parte de toda espiritualidad cristiana. Se revisten, sin embargo, de algunos matices peculiares cuando se viven por personas que, por especial vocación se dedican a proclamar el evangelio entre los no cristianos o los descristianizados(3). En conexión con esas características, mencionadas por el Papa y como derivación de las mismas, hay que añadir algunas más: espiritualidad de encarnación, espiritualidad profética para responder a los desafíos de tiempos y lugares, espiritualidad de pobreza y esperanza. 
 
 

II. EL INFLUJO DE SANTA TERESITA EN LA ESPIRITUALIDAD MISIONERA 

1. La dimensión misionera de su vida religiosa 

Desde el principio de su vida religiosa Teresa de Lisieux tenía claro el ideal misionero de su vocación. Este creció con ella de manera particular cuando la Superiora le confió el rezar por dos misioneros y cuando se presentó la posibilidad de que el Carmelo de Lisieux fundara en Saigón. En su correspondencia epistolar con los dos misioneros con los que se sentía hermanada, los PP. Rouland y Bellière, encontramos el testimonio del grado de profundidad al que había llegado en la comprensión de la dimensión misionera de su vocación contemplativa. Pero es, sobre todo, en el Manuscrito B donde ella expresa sus anhelos apostólicos y misioneros: 

"Sí, a pesar de mi pequeñez, quisiera iluminar a las almas como los profetas y como los doctores. Tengo la vocación de Apóstol ... quisiera recorrer la tierra, predicar tu nombre y plantar tu cruz gloriosa en suelo infiel. Pero, Amado mío, una sola misión no sería suficiente para mí. Quisiera anunciar el Evangelio al mismo tiempo en las cinco partes del mundo, y hasta en las islas más remotas ... Quisiera ser misionero no sólo durante algunos años, sino haberlo sido desde la creación del mundo y seguirlo siendo hasta la consumación de los siglos ..."(4)

2. Los canales del influjo de Teresa de Lisieux en la espiritualidad misionera 

El mensaje de Teresa de Lisieux se extiende en la medida en que se van dando a conocer sus escritos, se difunde la devoción popular hacia ella, se fundan Institutos de vida consagrada que se inspiran en su vida y en sus enseñanzas, se estudian sus escritos por grandes teólogos, los Sumos Pontífices exaltan su figura y las características evangélicas de su mensaje. 

a) Difusión y lectura de sus escritos 

Los escritos de Santa Teresita han conocido una difusión extraordinaria. Traducidos a muchísimas lenguas en todo el mundo han servido de alimento espiritual a innumerables personas; están en el origen de muchas vocaciones a la vida consagrada y a la vida misionera; han sido instrumentos de conversión y cambio de vida para muchos. 

Su lenguaje sencillo y asequible, - el lenguaje de la experiencia - , es fácilmente comprendido por todos, sabios e ignorantes. Tiene el sabor de la autenticidad. Recuerda las grandes verdades del evangelio que convencen y transforman la vida de las personas y las relacionan de una manera nueva a Dios. Descubren su verdadero rostro. Destruyen los temores y acercan a Jesucristo. Ayudan a comprender el verdadero sentido de la cruz y el sufrimiento, de la oración, de la abnegación evangélica, de la santidad. Por todo esto, muchos han entrado fácilmente en sintonía con el ideal de vida espiritual de Teresa de Lisieux y han percibido la actualidad de su mensaje en el mundo contemporáneo. Su camino de infancia espiritual se revela exigente y abre, al mismo tiempo, a la confianza. 

b) La devoción popular a Teresa de Lisieux 

La piedad popular tiene "la capacidad de expresar la fe en un lenguaje total que supera los racionalismos (canto, imágenes, gesto, color, danza)" y de manifestar "la fe situada en el tiempo (fiestas) y en lugares (santuarios y templos)"(5)

Puedo afirmar que difícilmente se encuentra un templo católico en el mundo en el que no se encuentre una imagen o estatua de Teresa de Lisieux, o una diócesis que no tenga una iglesia o un santuario dedicados a ella. Hay que recordar también capillas, casas de formación, hospitales, escuelas y otras instituciones consagradas a honrar su memoria. A través de sus imágenes y de estos lugares la Santa ejercita su magisterio espiritual. De modo particular se percibe su presencia y cercanía en los territorios de misión. En ellos es una figura familiar desde hace setenta años, como Patrona y hermana cariñosa que acompaña el trabajo misionero. 

El pueblo sencillo la experimenta cercana y percibe en ella inconscientemente el rostro materno y misericordioso de Dios. A ella se elevan plegarias en todas las lenguas del mundo con la fe y la certeza de contar con su intercesión. Los favores y gracias recibidos por medio de la Santa confirman su promesa de enviar "una lluvia de rosas"(6) y la verdad de su convicción de que en el cielo Dios haría su voluntad ya que ella, en la tierra, nunca había hecho la suya propia(7). Indirectamente también demuestran la autenticidad de sus enseñanzas para la vida espiritual. 

c) Institutos teresianos de vida consagrada 

Otro medio importante para la irradiación del magisterio espiritual de S. Teresita en el mundo moderno, han sido las familias de vida consagrada que han ido surgiendo a partir de su experiencia y doctrina. 

Existen alrededor de 60 Institutos de vida consagrada que la reconocen como inspiradora de su vida. Han surgido en todos los continentes: 20 en Europa, 13 en Africa, 13 en Asia, 11 en América y 1 en Oceanía. 

Cada Instituto, con matices diferentes, trata de vivir la doctrina de Teresa de Lisieux y de difundirla con el testimonio de su vida y en todas sus iniciativas apostólicas. Multiplica y actualiza en cada contexto cultural su influjo espiritual y lo enriquece con experiencias múltiples y variadas. 

d) El aporte de los estudios teológico-espirituales 

Es impresionante ver cómo Teresa de Lisieux ha sido capaz de atraer la atención de grandes teólogos de nuestro siglo que han buscado profundizar sus enseñanzas, aparentemente lejanas de cualquier reflexión sistemática. Habría que añadir igualmente los testimonios de filósofos y hombres y mujeres de cultura de todos los continentes fascinados por su personalidad y su pensamiento. 

Sería largo hacer una lista de los estudiosos que han profundizado en la espiritualidad teresiano-lexoviense. No es nuestro propósito hacer una bibliografía y correríamos el riesgo de caer en lamentables omisiones. Nos limitamos solamente a afirmar que la mayor parte de los estudiosos ha encontrado en los escritos de Teresa de Lisieux una riqueza insospechada: una doctrina evangélica, actual, accesible, providencial. Han puesto de relieve la centralidad que tiene en ella la Palabra de Dios; su realismo espiritual; el carácter vital y encarnado de su experiencia y de sus enseñanzas centradas en Dios Padre amoroso y en Cristo camino, verdad y vida; su concepto profundo de la santidad y lo evangélico y exigente del camino de infancia espiritual para alcanzarla. 

e) Las enseñanzas de los Sumos Pontífices 

Desde el momento en el que, en 1921, Benedicto XV declara la heroicidad de las virtudes de Teresa de Lisieux hasta el presente, los Papas no han dejado de proponerla como modelo de vida cristiana y de vida consagrada y de exaltar las dimensiones evangélicas de su doctrina. 

Nos basta recordar algunas de las intervenciones pontificias. Benedicto XV exaltó el camino de la "infancia espiritual". Pío XI, que la beatificó, la canonizó y la nombró Patrona de las Misiones, la llamó "Estrella" de su Pontificado y "Palabra viviente de Dios"(8) al mundo, anunciadora de un "nuevo mensaje" de santidad. Pío XII decía: "nos parece importante que todos, pequeños y grandes, sabios e ignorantes, sigan el ejemplo de la santa carmelita que quiso y supo vivir aquí abajo de una manera perfecta como verdadera hija del Padre celestial"(9). Por su parte, Juan XXIII, en su mensaje al VIII Congreso Mariano Nacional de Lisieux, en 1961, invitaba a los participantes a amar a la Virgen María, "como la pequeña Teresa de Lisieux"(10)

Paulo VI, en su alocución durante la audiencia del 29 de diciembre de 1971 afirmaba, entre otras cosas: Teresa del Niño Jesús enseñó el espíritu de infancia. "La infancia espiritual es una de las corrientes vivas de la espiritualidad actual. Ella no tiene nada de pueril y de afectado ... Santa Teresa del Niño Jesús la resume así: 'es el camino de la confianza y del abandono total'". 

Juan Pablo II, desde el principio de su pontificado ha recordado en muchas ocasiones la doctrina, la misión y la actualidad de Teresa de Lisieux. Síntesis de sus enseñanzas es un párrafo de la homilía que pronunció en su visita a Lisieux, el 2 de junio de 1980: 

"De Teresa de Lisieux podemos decir con convicción que el Espíritu de Dios permitió a su corazón el revelar directamente a los hombres de nuestro tiempo el misterio fundamental, la realidad del Evangelio: el hecho de haber recibido realmente 'un espíritu de hijos adoptivos que nos hace gritar: ¡'Abba! ¡Padre!'. El 'caminito' es el camino de la 'santa infancia'. En este camino se encuentra al mismo tiempo la confirmación y la renovación de la verdad más fundamental y más universal"

La Exhortación apostólica postsinodal Vita consecrata, menciona también a nuestra santa, subrayando su anhelo de ser el amor en el corazón de la Iglesia (11) y su ideal de verse implicada en una singular colaboración con la actividad, misionera, repitiendo tantas veces su deseo de amar y hacer amar a Jesús(12), a partir de su comunión con El: «Ser tu esposa, oh Jesús... ser, en mi unión contigo, madre de las almas»(13)

3. Los principales puntos de la influencia de Teresa de Lisieux en la espiritualidad misionera 

a) la importancia de la santidad teologal en el trabajo misionero 

En la conclusión de la Encíclica Redemptor hominis, dedicada a explicar la permanente validez del mandato misionero de Cristo, Juan Pablo II "El llamado a la misión se deriva de la vocación a la santidad ... La vocación universal a la santidad está estrechamente unida a la vocación a la misión: todos los fieles son llamados a la santidad y a la misión ... La espiritualidad misionera de la Iglesia es un camino hacia la santidad"(14)

Teresa de Lisieux transformó esa doctrina en experiencia vivida. Por ello fue proclamada patrona universal de las misiones junto con el gran apóstol san Francisco Javier. En esto su doctrina-experiencia es de gran actualidad para la nueva evangelización. Ella entra en el Carmelo para alcanzar, a través de su vida contemplativa, la santidad: Dios "me hizo también comprender que mi gloria no brillaría ante los ojos de los mortales, sino que consistiría en ¡¡¡llegar a ser una gran santa ... !!!"(15). Pero, desde un principio tuvo la convicción de que entraba al Carmelo no para huir del mundo sino para entrar en él con mayor profundidad. Su experiencia espiritual no es búsqueda de un refugio frente a un mundo hostil sino ofrecimiento consciente al martirio. 

"Hoy más que nunca es necesario un renovado compromiso de santidad ... es necesario suscitar en cada fiel un verdadero anhelo de santidad, un fuerte deseo de conversión y de renovación personal en un clima de oración siempre más intensa y de solidaria acogida del prójimo, especialmente del más necesitado"(16). Teresa de Lisieux une admirablemente la santidad y misión, auténtica contemplación que compromete, desde la propia identidad vocacional, en la evangelización. Propone así, sin dicotomías, un camino evangélico para testimoniar y anunciar la Buena Noticia frente los desafíos del momento actual. 

Concentrando la santidad en el amor y en la gracia, Teresita ayuda a superar la separación entre contemplación y acción, porque el amor es lo que une ambas dimensiones. Ella entró en la vida contemplativa para lograr una mayor eficacia apostólica. Revolucionó, de este modo, la relación entre ascética y mística. Puso el acento en ésta última porque ella exige la abnegación evangélica para poder echar raíces en la vida cotidiana. Por eso, por encima de las mortificaciones corporales puso la mortificación originada por el servicio a los demás: la capacidad de acogida, de comprensión, de perdón, de ayuda y solidaridad. 

Todas estas son grandes enseñanzas para vivir una espiritualidad misionera. 

b) La dimensión misionera de la oración 

La tendencia a vivir la espiritualidad encarnada ha hecho sentir la exigencia de tender a una actitud contemplativa en medio de la acción. Su meta lograr integrar la experiencia de Dios y la experiencia de la vida: ser contemplativos en la oración y en la acción. Tener una experiencia de Dios en la historia y en los hermanos que dé sentido a los "tiempos fuertes" de oración: momentos de mayor conciencia de la presencia del Señor, fuente de creatividad evangélica; espacio interior para el encuentro personal e íntimo con el Señor(17). La oración como actitud de vida lleva a descubrir el rostro de Dios en la realidad en conflicto, en los problemas sociales, en la angustia de los pobres en los que hay que "reconocer los rasgos sufrientes de Cristo, el Señor, que nos cuestiona e interpela"(18). Más aún, descubre el sentido verdadero de la contemplación cristiana, que parte de la revelación que Dios hace de sí mismo y de su plan salvífico y que no es otra cosa que una vivencia en profundidad de la fe, la esperanza y el amor. Vivencia entendida no únicamente como una experiencia interior, sino también como un conocimiento que se nutre de la acción y se expresa en ella. La contemplación se tiene en la historia y haciendo la historia de salvación(19)

Creo que en este punto es claro el influjo de Teresa de Lisieux. Ella vivió la oración como diálogo confiado y amoroso con un Dios Padre-Madre, al que descubre presente y cercano en todos los acontecimientos y situaciones y en todas las personas. Transforma en experiencia vital la fuerza que comunica la contemplación y se abre a la necesidad de la abnegación evangélica para que la oración sea auténtica: "es la oración, es el sacrificio, los que constituyen toda mi fuerza, son las armas invencibles que Jesús me ha dado, ellas pueden, más que las palabras, tocar a las almas"(20). Esta búsqueda de Dios en la realidad de cada día, en las cosas pequeñas, la condujo a descubrir la santidad como comunión con Dios a través de la fe, la esperanza y el amor y a dejar a un lado la idea de que la santidad es perfección personal, ausencia de fallos y defectos. 

Ella vivió un tipo de oración cada vez más sencillo, que la colocaba en la fuente de agua viva o junto al fuego divino que purifica y transforma: "para mí la oración es un impulso del corazón, una simple mirada al cielo, un grito de reconocimiento y de amor en medio de la prueba como en medio del gozo: en fin, es algo grande, sobrenatural que dilata mi alma y me une a Jesús"(21)

c) La necesidad de centrarse en los valores fundamentales del evangelio 

Teresa de Lisieux supo expresar en su nombre religioso "del Niño Jesús y de la Santa Faz" todo el proceso de su vida que la llevó a la madurez espiritual a través del anonadamiento de la encarnación (kenosis) y el sufrimiento de Jesús, que con su misterio pascual nos libera de toda esclavitud. Ella supo comprender y vivir el proyecto de vida de Jesús que transforma toda nuestra esfera relacional y da una nueva dimensión a nuestras relaciones con Dios, con los demás y con las cosas. 

Frente al proyecto de muerte que nos domina y esclaviza en todos esos ámbitos, encontramos el proyecto de vida del Evangelio que nos libera y nos transforma. La misión de Teresa de Lisieux fue precisamente la de recordarnos esas verdades, centrarnos nuevamente en lo esencial

En la perspectiva del proyecto de Jesús se comprende mejor el mensaje teresiano-lexoviense: nos invita a pasar del Dios juez al Dios Padre-Madre, de la desconfianza a la confianza y al abandono en El, de la búsqueda de la perfección a la búsqueda de la comunión con Dios, de la complicación a la simplicidad, de las leyes que esclavizan a la ley del amor concreto y eficaz que libera, de la inmadurez a la madurez, del ascetismo exterior a la abnegación evangélica, de los méritos a las manos vacías, de las consideraciones puramente espirituales a la palabra de Dios, de un oración complicada a una simple mirada contemplativa, de la María inalcanzable a la María cercana del evangelio. 

Teresa de Lisieux nos recuerda los valores fundamentales del evangelio y nos invita a centrarnos en ellos. A partir de la lectura y meditación de la palabra de Dios descubre lo esencial en las relaciones con El, con los demás y con las cosas; lo vive con simplicidad, naturalmente y en profundidad y lo transmite con su vida y escritos. 

Teresa de Lisieux alimentó su vida y su espiritualidad en las fuentes purísimas de la palabra de Dios. En una época poco abierta a la lectura de la Biblia, ella realizó lo que el Concilio pediría más tarde a todos los cristianos, en especial a las personas consagradas: aprender "el sublime conocimiento de Jesucristo con la lectura frecuente de las divinas Escrituras. 'Porque el desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de Cristo'"(22)

Fiel al mandato de la Regla del Carmelo, meditó día y noche la ley del Señor y velo en oración(23). Como Teresa de Jesús, su madre, encontró en Jesús el libro vivo(24) y, a imitación de San Juan de la Cruz supo "poner los ojos en Cristo"(25). Ella misma nos dice cómo, poco a poco, fue pasando de la lectura de libros espirituales, que le ayudaron mucho en su camino, en especial S. Juan de la Cruz, a centrarse en la Escritura, particularmente en los evangelios 

"lo que me sustenta durante la oración, por encima de todo, es el Evangelio. En él encuentro todo lo que necesita mi pobre alma. En él descubro de continuo nuevas luces y sentidos ocultos y misteriosos ... Comprendo y sé muy bien por experiencia 'que el reino de los cielos está dentro de nosotros'"(26). 

La lectura y meditación de la Palabra de Dios la llevó a descubrir lo esencial del mensaje de Jesús en la vida de cada día. Esta relación entre Palabra de Dios y existencia concreta la lleva a descubrir, "justo en el momento en que las necesito, luces en las que hasta entonces no me había fijado. Y las más de las veces no es precisamente en la oración donde esas luces más abundan, sino más bien en medio de las ocupaciones del día"(27). Más todavía, a través de su Palabra liberadora, Jesús se hace presente en Teresa de Lisieux: "yo nunca le he oído hablar, pero siento que está dentro de mí, y que me guía momento a momento y me inspira lo que debo decir o hacer"(28)

En su misión de recordarnos lo esencial, Teresa nos coloca frente a la palabra de Dios como lámpara que ilumina nuestros pasos ( cf. Sal 119,1O5)(29) y nos recuerda que la condición para comprender el mensaje de Dios es tener un corazón de niño, abierto y disponible a lo que el Espíritu va descubriendo como exigencia de la vocación y misión de cada uno en la Iglesia. 

Hay que vivir a la escucha de la palabra de Dios. Ella es "fuente de toda espiritualidad cristiana"(30). La Iglesia recomienda la meditación comunitaria de la Biblia no sólo para las personas consagradas, sino también para todos los miembros del Pueblo de Dios."Del contacto asiduo con la Palabra de Dios han obtenido la luz necesaria para el discernimiento personal y comunitario que les ha servido para buscar los caminos del Señor en los signos de los tiempos"(31). De manera particular esto es importante en el compromiso misionero. 

A Teresa de Lisieux, que deseó conocer las lenguas bíblicas para mejor gustar la palabra de Dios, no le tocó vivir el nuevo acercamiento eclesial a la Escritura. Tampoco tuvo a su alcance las posibilidades que hoy tenemos para un mejor conocimiento y asimilación del mensaje bíblico. Sin embargo, hizo realidad la prescripción de la Regla del Carmelo de tener abundantemente en la boca y en el corazón la Palabra de Dios para hacer todo en ella(32)

d) El valor de la pobreza y la confianza 

Teresa vivió en una época caracterizada por una espiritualidad jansenista que deformaba el rostro de Dios, presentándolo unilateralmente como juez severo, que podía pedir incluso el ofrecimiento como víctima para calmar su justicia. 

La lectura y meditación de la Escritura colocó a Teresa de Lisieux a la escucha de Jesús, que le reveló el verdadero rostro de Dios: padre-madre misericordioso que nos invita a vivir con una actitud de hijos e hijas en el abandono y la confianza, entregados al amor divino, asumiendo responsablemente, como Cristo, la misión de proclamar el proyecto de Dios sobre la humanidad. Comprendió cómo Jesús desea ser amado y se ofreció como víctima al Amor misericordioso, que desea comunicarse a todos(33)

Redescubrir el rostro paterno-materno de Dios fue el punto de arranque del camino nuevo hacia la santidad, que ella vivió sobre todo a partir de 1894, en la experiencia de su debilidad. Jesús le mostró, como ella dice, que el camino es el del abandono y la confianza de un niño, que se duerme en los brazos de su Padre sin temor: 

"'El que sea pequeñito, que venga a mí', dijo el Espíritu Santo por boca de Salomón. Y ese mismo Espíritu de amor dijo también que 'a los pequeños se les compadece y perdona'. Y, en su nombre, el profeta Isaías nos revela que en el último día ... 'como una madre acaricia a su hijo, así os consolaré yo, os llevaré en brazos y sobre las rodillas os acariciaré' ... Jesús no pide grandes hazañas, sino únicamente abandono y gratitud" (34). 

Aquí se encuentra el paso del temor a la confianza. Estamos frente a Dios como hijos e hijas frente a un padre y a una madre. Dios hace colaborar todo para nuestro bien, aun nuestras deficiencias y fallos: 

"Lo que le agrada (a Jesús) es verme amar mi pequeñez y mi pobreza, es la esperanza ciega que tengo en su misericordia ... La confianza, y nada más que la confianza, puede conducirnos al amor" (35). 

En la raíz de toda vocación cristiana está la iniciativa del Señor. Las personas llamadas respondiendo a la invitación de Dios se confían a su amor y realizan la entrega incondicional de su vida, consagrando todo, presente y futuro, en sus manos. En la espiritualidad misionera todo esto es de capital importancia. En el compromiso evangelizador se experimenta, como Pablo, que en la debilidad humana se encuentra la fuerza puesto que basta la gracia de Dios (cf. 2 Cor 12, 7-10). 

e) Una espiritualidad encarnada en la realidad 

La experimentación es la nota clave de un mundo técnico científico. Todas las cosas deben ser experimentadas, vistas de alguna manera. La espiritualidad cristiana no es una excepción a esta tendencia. El testimonio y la experiencia son hoy centrales en la vida cristiana. Hay en ello una reacción contra un exagerado intelectualismo en materia de fe y de religión. Si bien esta búsqueda de la experiencia tiene el peligro de la subjetividad y de un cierto infantilismo espiritual, no puede ser rechazada sin más. Las experiencias espirituales son también fuente de conocimiento y de profundización en la revelación de Dios. 

Teresa de Lisieux es maestra de una auténtica experiencia de Dios que compromete en el seguimiento de Jesús. Ella nos enseña la experiencia del contacto con la Palabra de Dios; el sentido de fraternidad que Cristo nos comunica y la exigencia de respuestas concretas guiadas por el amor. 

La tendencia eclesial de la espiritualidad de hoy nos habla de la comunión de todos en Cristo y en el Espíritu. Hay que colocar todos los dones que tenemos al servicio de la comunidad de los creyentes. 

La huella de la experiencia y doctrina de Teresa de Lisieux se encuentran claramente presentes en esta dimensión de la espiritualidad misionera hoy. Ella vive para la Iglesia, Cuerpo de Cristo. En ella deseaba vivir todas las vocaciones para testimoniar y anunciar el evangelio en los más apartados lugares de la tierra, hasta que, meditando los capítulos 12 y 13 de la primera carta a los Corintios, descubre su vocación y misión en la Iglesia: "¡Jesús, amor mío ..., al fin he encontrado mi vocación! ¡Mi vocación es el amor! Sí, he encontrado mi puesto en la Iglesia, y ese puesto, Dios mío, eres tú quien me lo ha dado ... En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor. Así lo seré todo ... ¡¡¡Así mi sueño se verá hecho realidad" (36)

Fuertemente ligado al aspecto eclesial de la espiritualidad moderna está la convicción de que lo que cuenta delante de Dios es "la fe que actúa por medio del amor" (Gal 5,6). En la espiritualidad moderna se tratan de unir la dimensión vertical y la horizontal, ya que "hemos recibido de El este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano" (1 Jn 4,21). 

Teresa de Lisieux, que vivió fuertemente centrada en Dios como el único absoluto, dialogó con El en la oración asumiendo las necesidades de sus hermanos y hermanas. A partir de este diálogo, se entregó a los demás y vivió su vocación por la salvación del mundo. En el Manuscrito C, Teresita da una orientación preciosa para una auténtica espiritualidad misionera: 

"Como un torrente que se lanza impetuosamente hacia el océano arrastrando tras de sí todo lo que encuentra a su paso, así, Jesús mío, el alma que se hunde en el océano sin riberas de tu amor atrae tras de sí todos los tesoros que posee... Señor, tú sabes que yo no tengo más tesoros que las almas que tú has querido unir a la mía"(37). 

Esta convicción de Teresa de Lisieux, de que la autenticidad de nuestro amor a Dios se manifiesta en la calidad de amor a los demás, han influido ciertamente en la espiritualidad de nuestro siglo, particularmente en la misionera. Su experiencia y su doctrina han enseñado a los cristianos que, como en círculos concéntricos, la dimensión del amor fraterno se va abriendo a horizontes cada vez más amplios, todos ellos como una expansión que parte del amor a Dios. El primer círculo es el de los más cercanos, el más amplio es el de la humanidad entera. La confianza y el abandono en Dios Padre-Madre son en Teresa de Lisieux la fuente de la caridad fraterna y del apostolado, expresión de amor a todos al querer comunicarles la buena noticia de salvación. 

CONCLUSION 

Después de esta ventana que nos abre al panorama del influjo de la experiencia y la doctrina de Teresa de Lisieux en la espiritualidad misionera de nuestro tiempo, podemos afirmar que "hay pocos santos en la historia de la espiritualidad cristiana que hayan suscitado tanto interés por su mensaje como Teresa de Lisieux"(38)

El mensaje de Teresa tiene una grande actualidad porque nos señala el camino para una santidad encarnada en la vida ordinaria. Nos enseña, al mismo tiempo que a relacionarnos con un Dios misericordioso y cercano, a relacionarnos con los demás. 

Nos enseña la centralidad del amor que simplifica y comunica la verdadera libertad y liberación que conducen a la madurez de una identidad cristiana. En un mundo de angustias y temores, nos orienta a la confianza y el abandono en el Señor, que supera todos los miedos. Frente a nuestros idealismos desencarnados nos ofrece un realismo espiritual y evangélico para ser profetas de un Dios presente, cercano y liberador. Su mensaje es un desafío para la espiritualidad de hoy en la Iglesia, como lo han percibido no sólo las personas consagradas a la contemplación sino también quienes trabajan en el campo de una evangelización comprometida con la promoción humana, el desarrollo y la liberación. 

La infancia espiritual es un concepto evangélico que implica la conciencia del don que hemos recibido de ser hijos e hijas de Dios y la respuesta que nos orienta a la fraternidad transformándonos en apóstoles y misioneros que testimonian la Buena Noticia, la anuncian y se hacen capaces de interpelar al mundo a partir de una espiritualidad evangélica. 

P.Camilo Maccise

1. Ad gentes, 1. 
2. . Cf. Redemptoris missio, nn. 87-91. 
3. . Cf. id. n. 27. 
4. Manuscrit B 3r. 
5. Documento de Puebla, 454. 
6. Derniers Entretiens, 9 juin 1897. 
7. Id. 13 juillet 1897. 
8. PIO XI, discursos del 11 febrero y del 30 de abril de 1923. 
9. PIO XII, Lettre à Mgr. PICAUD, Evêque de Bayeux et Lisieux. 7 Août 1947. 
10. JUAN XXIII, Message pour le VIIIe. Congrès Marial National de Lisieux. 5-9 juillet 1961. 
11. VC 46. 
12. Id. 77. 
13. Id. nota 72. 
14. RH 90. 
15. Manuscrito A 32r. 
16. VC 39. 
17. Cf. CLAR, La vida según el Espíritu en las comunidades religiosas de América Latina (Bogotá, 1973) pp. 47-48. 
18. Puebla, 31. 
19. J. Sobrino, La oración de Jesús y del cristiano (México, 1977) p. 53. 
20. 0Historia de un alma XI (Manuscrito C 24v). 
21. 0Historia de un alma XI (Manuscrito 25r-v). Con esta definición de la oración comienza la sección dedicada a la Oración en el Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2559. 
22. 0DV, 25. 
23. 0Cf. R 7 (8). 
24. 0Cf. Vida 26, 5. 
25. 0Subida III, cap. 22. 
26. 0 Manuscrito A, 83v. 
27. 0 Ib. 
28. 0 Ib. 
29. 0Cf. Manuscrito C 4r. 
30. 0 VC 94. 
31. 0Id. 94. 
32. 0Cf. 14 (16). 
33. 0 Cf. Manuscrito A 83v. 
34. 0 Manuscrito B 1r-v. 
35. 0 Carta 197, a Soeur Marie du Sacré-Coeur, 17.09.1896. 
36. Manuscrito B, 3v. 
37. Manuscrito C, 34 r. 
38. J. LAFRANCE, Thérèse de Lisieux et sa mission pastorale. Essai de pédagogie hérésienne. p. 288.