Curso de Confirmación

Universidad Católica Andrés Bello.

Departamento de Pastoral.

 

 

 

La Biblia: Palabra de Dios

 


La Biblia: Palabra de Dios

 

 

1. ¿Qué es para ti la Biblia?

 

He aquí algunas respuestas captadas por ahí:

 

"La Biblia es un libro sagrado donde está el pasado, como lo de Adán y Eva, sobre la manzana que comió Adán y el pecado que cometieron".

 

La Biblia sirve para muchas cosas: para juramentar y para el Padre dar misa" (Alumno de 6°‑ grado).

 

"Un libro que dice muchos cuentos, pero que no entiendo, ni nunca me lo explicaron bien".

 

"Una historia interesante".

 

"Unas MAFALDAS de aquellos tiempos".

 

"Para adornar la biblioteca de mi casa" (Alumno de 4° años de bachillerato).

 

"Un libro histórico, narrado en forma oriental, de cómo ha sido una parte de la historia" (Estudiante de biología).

 

"Para mí es un libro que no me interesa. Hoy no me sirve para nada. A mí nadie me va a convencer" (Médico, 29 años).

 

"Me familiarizo con ella leyéndola y poniéndola en práctica; desde que la conozco, sobre todo los evangelios, he cambiado muchos aspectos de mi vida" (Misionera, 24 años).

 

"Es la verdad de todo. Es muy confortante, lo anima, como también to asusta" (Secretaria).

 

"Uno no sabe. Ha sido 'tabú' durante tanto tiempo. Antes, a los católicos nos era difícil leerla, a lo más conocíamos las 'Historias Sagradas'. hasta en la misa la leían en latín para que no entendieras. Creo que hasta que había que pedir permiso para leerla. Sí que la he leído, pero encuentro en ella tantas cosas tan confusas..." (una dirigente cristiana, 49 años).

 

Y para ti, ¿qué es la Biblia? ¿Qué sabes de ella? ¿Para qué to sirve?

 

2. ¿Qué es la Biblia?

 

Todo pueblo tiene su pasado, su historia. Y a veces tiene libros de ese pasado que forman parte de su historia. Los mahometanos tienen el Corán, libro que consideran enteramente dictado por Dios. Mucho antes los Vedas son parte de la historia de los hindúes. Y al hablar del futuro de la China no podemos prescindir ya de El libro Rojo de Mao.

 

Los judíos y los cristianos tenemos unos libros que forman parte de nuestra historia. Nosotros, los cristianos, los llamamos Biblia o Sagrada Escritura.

 

De estos libros decimos que son escritos por hombres, pero que son Palabra de Dios: que los hombres que los escribieron nos quieren decir determinadas cosas, pero de parte de Dios.

 

La Biblia no es, pues, un libro que se lee como cualquier otro, puesto que para entender la Biblia hace falta la fe; fe en el Dios vivo, presente y actuante en la historia de los hombres.

 

La Biblia consta de dos partes: Antiguo Testamento y Nuevo Testamento. Lo escrito antes de Cristo pertenece al Antiguo Testamento, y to posterior a El, al Nuevo Testamento.

 

"Testamento" significa aquí "alianza", "contrato", acuerdo y solidaridad entre dos partes que pactan y aceptan derechos y deberes de la una hacia lá otra, recíprocamente.

 

El pueblo que vivió y escribió la Biblia eligió esta palabra: "Alianza" para explicar su relación con Dios.

 

-         su fe en Dios presente y actuante en la historia de los hombres:

 

el Dios "que nos sacó de Egipto, de la esclavitud" (Ex 13,3),

el Dios "que acampó entre nosotros" (Jn 1,14).

 

‑ su respuesta de fidelidad y obediencia a ese Dios salvador, hallado en la historia.

 

Podemos, pues, empezar diciendo que:

 

La Biblia es un conjunto de libros escritos por diversos autores, en diversas épocas, y que contiene las tradiciones religiosas de Israel ‑los judíos ‑ (Antiguo Testamento) y de los primeros cristianos (Nuevo Testamento)".

 

 

3. La Biblia como vida y como libro

 

3.1.‑ La Biblia como vida.

 

Estamos acostumbrados a considerar la Biblia solamente como Libro. Pero debemos tener presente que este "libro" no se entiende sin el pueblo, en que nace, sin la Vida de esas gentes, sin su fe en Dios.

 

Los acontecimientos principales de la historia de un pueblo, del pueblo judío, han sido el caldo de cultivo en el que nació, creció y cristalizó en escrito la Biblia.

 

Antes que nada, se daba la vida, el acontecimiento: hechos reales, históricos, de cierta trascendencia en la vida de un hombre, de unas tribus, de un pueblo. Por ejemplo:

 

‑ La emigración de un hombre, Abraham, que deja su patria, sus parientes, la casa paterna y se lanza a un futuro incierto (esto sucede en el siglo XVIII antes de Cristo). Se narra en Gén, 12,13).

 

- La experiencia salvadora que han tenido unas cuantas familias, al frente de las cuales se ha puesto Moisés para liberarlas de una situación de opresión (Ex 2,23ss) (siglo XIII antes de Cristo).

 

‑ Los momentos críticos en los que la existencia misma del pueblo que se ha ido formando, y que se considera el "Pueblo de Dios", está en peligro por la presencia provocadora de los filisteos (1 S 9, 16 s.; 13,19 s.) (siglo XI antes de Cristo).

 

‑ Los tiempos de la monarquía, con un poder centralizado y autocrático que va degenerando (1 S 8, 11‑17; 2 Re 5, 13; 4‑11; 2 Cro 10,4) (siglo XI al VI antes de Cristo).

 

‑ Los tiempos del destierro, cuando Jerusalén es arrasada (2 S 6‑7), el Templo incendiado (1 R 68), el Arca destruída (1 S 5‑6), y los ciudadanos de alguna signifcación deportados a país extranjero (Libro de las Lamentaciones de Jeremías) (587‑538 antes de Cristo).

 

Al principio, son algunos del pueblo no más, pero después crece el número de los que con la intervención activa de Dios‑ van tomando conciencia de to que pasa, van reconociendo a Dios presente en todos estos acontecimientos, actuando en ellos con amor como Salvador, como Libertador:

 

"Acuérdate de este día en que salieron de Egipto, de la casa de la esclavitud. Porque Yahvéh los sacó de aquí con mano fuerte" (Ex. 13,3).

 

Es decir, que solamente se da el hecho histórico, objetivo, desnudo: "ustedes salieron, se trasladaron de un lugar a otro". Se ve también que ese salir tiene un "sentido': es una "liberación", es una experiencia de liberación: "salieron de la casa de la esclavitud".

 

Y por fin, ahondando en la experiencia humana, se reconoce a Dios en ella. Esa experiencia de liberación, fue obra de Dios: "Dios los liberó". (Yahvéh‑Dios).

 

Luego expresan esa fe en el culto y la van transmitiendo así de padres a hijos:

 

"Y cuando to hijo to pregunte el día de mañana: ¿qué significan esos mandamientos, esos preceptos y esas leyes que el Señor nos ha impuesto?, tú deberás responderle: nosotros fuimos esclavos del faraón en Egipto, pero el Señor nos sacó de allí con mano poderosa. Lo vimos hacer milagros grandes y terribles prodigios contra el faraón y toda su gente. Y a nosotros nos sacó de allí para conducirnos a la tierra que prometió a nuestros padres entregarnos. Yahvéh nos ha ordenado poner en práctica todos estos preceptos y temerle a El, nuestro Dios. Así seremos felices siempre y nos hará vivir como hasta hoy". (Dt. 6,20‑24).

 

 

 

 

 

3.2. La Biblia como libro

 

Después, por distintas circunstancias, a veces en sucesivas redacciones y en tiempos muy distantes de los acontecimientos (casi unos novecientos años después de lo sucedido con Abraham y unos trescientos después de lo sucedido con Moisés, se redactan por escrito la historia de Abraham y la liberación de Egipto), se empiezan a poner por escrito, esas experiencias de vida y de fe.

 

Por fin, coleccionan y "editan" las distintas tradiciones orales y escritas en los libros que hoy llamamos Biblia.

 

La Biblia escrita es, pues, la expresión de las experiencias vitales de un pueblo vividas en la fe.

 

Dios "eligió como pueblo suyo al Pueblo de Israel, pactó con él una Alianza, y lo instruyó gradualmente revelándose a sí mismo y los designios de su voluntad a través de la historia de ese pueblo" (Vaticano II, Constitución sobre la Iglesia, 9).

 

Dios ha hablado, ha dicho su "Palabra" en la vida, antes que en el libro. La Biblia como libro es "Palabra de Dios", porque antes la vida ha sido "Palabra de Dios".

 

Nosotros los cristianos creemos con Jesús y sus apóstoles, con la Iglesia, que la Biblia entera es "Palabra de Dios". pero también no podemos dejar de ver que la Biblia es también "palabra de hombres". Y son dos aspectos de una misma realidad que no podemos sacrificar el uno al otro. Es palabra de Dios sin dejar de ser palabra de hombres. Y es palabra de hombres sin menoscabar nada su ser de palabra de Dios. Y es verdaderamente palabra de Dios, y verdaderamente palabra de hombres. Esta es nuestra fe. Algo así como la fe que tenemos en Jesús, que es verdadero Dios y verdadero hombre.

 

4. La Biblia: Palabra de Hombres

 

La Biblia, considerada sólo como libro, es una colección de libros religiosos, escritos a través de muchos siglos, por diversos autores, muchos de ellos desconocidos.

 

Más de diez siglos (unos mil años) pasan desde que se comienza hasta que se termina de escribir el Antiguo Testamento, o sea el conjunto de libros de la Biblia anteriores a Cristo; y se tardan unos cien años en escribir el conjunto de libros bíblicos posteriores a Cristo, que se refieren a él, y que llamamos Nuevo Testamento.

 

No pocos de los libros de la Biblia se escribieron, como decíamos antes, bastante después de los acontecimientos que ellos narran, partiendo normalmente de tradiciones que se conservaban en la memoria de las gentes y que se transmitían oralmente.

 

Por ejemplo: Abraham vivió hacia el año 1850 antes de Cristo; el Exodo, o salida de Egipto, se realizó con Moisés hacia el año 1225 antes de Cristo. Y no es sino hacia el año 935 antes de Cristo cuando se realiza el primer trabajo de interpretación, actualización y redacción por escrito de estas historias de Abraham y de Moisés. Este primer trabajo es fruto de un "teólogo" del siglo X al que se le conoce con el nombre de "Yahvista" (Y), contemporáneo del rey Salomón. Más todavía: la redacción, tal como han llegado a nosotros, no se da hasta el año 400 antes de Cristo. Y esta redacción, la de los cinco primeros libros de la Biblia (que como conjunto se llaman Pentateuco), recoge nada menos que cuatro redacciones anteriores.

 

Hay también que tener presente que todos estos libros se terminaron de escribir ya hace casi más de dos mil años. Y que casi todos los libros del Antiguo Testamento (A.T.) se escribieron en hebreo y arameo, que son idiomas semitas muy distintos de los nuestros y que no conocemos bien. Todos los libros del Nuevo Testamento (N.T.) están escritos en el griego llamado "común", no en el griego culto, clásico.

 

Es decir, que los libros de la Biblia fueron escritos en tiempos y lugares, por gentes y lenguas muy distintos de los nuestros.

 

Los escritores bíblicos son auténticos autores humanos, que expresan ideas muchas veces puramente humanas, con formas y modos de expresión correspondientes a la cultura, geografía, desarrollo social, historia... de su tiempo.

 

4.1.‑ Los Géneros Literarios

 

Por ejemplo, las formas literarias que utilizan los que escriben la Biblia son las mismas que utilizan otros escritores del mundo antiguo, usan distintos "géneros literarios", es decir, formas literarias de expresión, idénticas a las de cualquier otro autor o escritor de los pueblos vecinos de Egipto o Babilonia.

 

Si consideramos los géneros literarios como conjuntos amplios (todo un libro o una parte importante de él) encontramos, por ejemplo, que en la Biblia hay narraciones folklóricas con sus típicas exageraciones y formas épicas populares que pretenden realzar la figura de un héroe, las gestas gloriosas de un pueblo: v. gr. historia de Sansón (Jc 13 ss; 15,5), las tretas de Jacob (Gn 27; 30,37 ss.), las descripciones de las plagas de Egipto (Ex 9,29 ss.), etc.

 

Hay también narraciones novelescas con intención de dar una enseñanza religiosa o moral: libros de Ester, Jonás, Tobías. En éstas, que podríamos llamar novelas históricas, lo importante es la enseñanza que se nos quiere transmitir; to histórico es más o menos un marco artificial, inexacto, exagerado a veces.

 

Cuando en aquellos tiempos se ponían a escribir historia, no tenían las mismas pautas o normas de exactitud y verdad que nosotros hoy. Por ejemplo, del pasado solamente transmitían aquellos aspectos que eran interesantes para la vida social, política y religiosa del pueblo, y aún esos los adornaban para transmitir una enseñanza importante, que era lo que realmente buscaban. Así tenemos to que se llama midrash hagádico, que es un relato que tiene como base un hecho histórico, que se adorna para impresionar y hacer pasar un buen rato (Sb cc. 16‑18, Ex 16,31); los adornos no son verdades históricas, aunque en el midrash haya siempre un núcleo histórico y además una enseñanza importante, que es lo que, sobre todo, se pretende.

 

Aún en los mismos relatos estrictamente históricos, los hechos que se relatan sin adornos se enjuician y valoran desde el punto de vista de la fe (Josué, Jueces, Samuel, Reyes).

 

Otras veces se hace como en las antiguas vidas de santos: se calla lo desfavorable al personaje, se recoge todo lo edificante, se to amplifica y adorna para edificación del lector (libros de las Crónicas, el libro 2° de los Macabeos).

 

Hay también descripciones apocalípticas, con todo lo que tienen de barroco a hiperbólico (Dn 7 ss.; Is 13.34).

 

Hay códigos de leyes (en el Exodo y el Levítico), visiones (Amós y Jeremías), colecciones de proverbios y de normas de educación y de vida (Proverbios, Eclesiástico, Sabiduría), cánticos de amor, de guerra, de acción de gracias... (Salmos, El Cantar de los Cantares).

 

Y si consideramos los géneros literarios como formas adomadas, tenemos en la Biblia el lenguaje figurado con sus metáforas, antropomorfismos, etc.; las hipérboles con cifras inverosímiles de años (Gn 11, 10‑26; 5,1‑32), de los empadronamientos (Nm 1,20‑46); paradojas, ironías (Gn 3,22) fábulas, parábolas, alegorías.

 

Por fin, algunos capítulos de la Biblia recogen hechos ciertos, pero los envuelven en fábulas, mitos y leyendas, como veremos en la historia de los orígenes (Gn 1‑11).

 

Para terminar, algunas advertencias:

 

1) La mayor parte de las páginas de la Biblia se han de entender como suenan, sin necesidad de recurrir a los géneros literarios.

 

2) Por otra parte, habrá necesidad de tener presente, para entender lo que Dios quiere decirnos en la Biblia, lo que advierte el Concilio vaticano lI:

 

"hay que estudiar con atención lo que los autores... intentan decir y dicen, según su tiempo y cultura, por medio de los géneros literarios propios de su época" (Vaticano 11, Dei Verbum, 12),

 

pues de la intención literaria del autor, al usar determinado género literario, deduciremos lo que nos quiere decir.

 

3) Teniendo presente que el Pueblo de Israel estaba dividido en tribus y que éstas acampaban en diferentes regiones, la misma historia común del Pueblo de la Biblia es narrada a veces con datos, circunstancias y coloridos distintos por diferentes autores, en diversos tiempos (por ejemplo los dos relatos de la Creación en los capítulos 1 y 2 del Génesis), lo cual nos dice que se afirma el hecho, pero no las circunstancias, el modo.

 

 

4.2.‑ Las inexactitudes... de la Biblia.

 

Las inexactitudes de la Biblia nos dicen también que la Biblia es palabra de hombres, nos hablan de la "humanidad" de la Biblia.

 

Hay por ejemplo inexactitudes científicas. Y es que las verdades religiosas, que son las únicas que Dios nos quiere decir (la verdad de la Biblia es religiosa: en la Biblia Dios nos enseña la verdad que sirve para nuestra salvación, como dice Vaticano 11 en la Dei Verbum, 11), se expresan en la Biblia de modo humano, no sólo con los géneros literarios del mundo antiguo, sino también como el nivel de conocimientos de biología, astronomía, geografía, etc., propio de las culturas de aquellos pueblos y tiempos.

 

Así, por ejemplo, la representación del mundo que ellos tenían era muy distinta de la nuestra: para ellos la tierra era un disco plano que flotaba sobre el océano abismal; de él brotan las fuentes; el cielo tiene forma de cúpula que descansa sobre la superficie de la tierra; esa cúpula sostiene las aguas de arriba que caen en lluvia, granizo, nieve, cuando se abren sus ventanas; y los astros penden de esa cúpula como lámparas (ver en Gn 1, 7‑8; Sal 104).

 

La verdad propia de la Biblia no es de orden científico.

 

La Biblia clasifica erróneamente a la liebre como animal rumiante (Lev. 11,6); cree que el sol gira en tomo a la tierra, como dice el poema de Josué en Gabaón (Jos. 10,12‑14); supone un diluvio antropológica y geográficamente universal (Gen. 6ss).

 

Se dan narraciones contradictorias de un mismo acontecimiento. Por ejemplo, la conquista de Canaán según los doce primeros capítulos de Josué parece que fue una gran guerra relámpago; pero según el capítulo primero del libro de los Jueces aquello fue una interminable penetración de tribus separadas.

 

Comprueba también:

En los dos relatos de la Creación que hay en los dos primeros capítulos del Génesis: ¿quién fue creado primero: el hombre o los animales?

 

¿Y cuántas parejas de animales de cada especie entraron en el Arca de Noé? (Gn 6, 19‑20; 7; 2‑3). La Biblia no es una historia crítica como la que se escribe hoy.

 

4.3.‑ Las deficiencias morales de la Biblia

 

La Biblia no es un libro precisamente edificante en aquellas partes o relatos que reflejan la realidad de unos hombres bastante primitivos, con grandes imperfecciones morales, en definitiva humanos.

Abraham será llamado el "Padre de la Fe", pero no dudará en entregar a su mujer para salvar su vida (compruébalo en Gén. 12, 10‑13, 1), y en disponerse a sacrificar a su hijo (Gén. 22).

 

Moisés es el "Libertador", pero no encuentra otro medio mejor para remediar la injusticia que el asesinato (lee Ex 2, 12).

 

El rey David, el "elegido" de Dios, antepasado de Jesús de Nazaret, deja embarazada a la mujer de uno de sus mejores generales y a él to manda matar a traición (compruébalo en 2 Samuel 11, 4‑15).

 

La historia real con frecuencia no es nada edificante, y la Biblia refleja esta historia de hombres que son también sensuales y brutales, a los que Dios en su pedagogía se adapta para conducirlos a la salvación.

 

En la Biblia se imponen deberes morales que hoy nos escandalizan como inmorales, pero que tienen presente la condición humana y social de aquellos tiempos: deber de venganza (Gén 34, 25‑31; Jc 8 18‑21); la ley del talión (Ex 21, 24‑25); la poligamia y la transmisión hereditaria del harén (2 S 12, 8).

 

4.4.‑ Los sentimientos religiosos inaceptables de la Biblia.

 

El mismo sentido religioso humanamente es deficiente a veces y se muestra hasta en oraciones de venganza.

 

¿Te parece por ejemplo cristiano to que se dice en una parte de la Biblia contra gobernantes por malvados que fuesen en aquella época?:

 

"Oh Dios, guiébrales los dientes, guiébrales sus mandíbulas de leones.

 

Que queden desparramados como agua derramada.

 

Que se marchiten como hierba pisoteada... como feto abortado gue no abre sus ojos a la luz"

(Sal 58).

 

‑ El nacionalismo es bueno; pero a veces puede ser exagerado y llegar a desear tales males para el enemigo como:

 

"Felíz el que agarre a tus niños y los estrelle contra las rocas" (Sal 137).

 

‑ ¿Y qué to parece lo que pide a Dios para su enemigo, uno que fue acusado injustamente?:

 

"Que sus días se acorten y otro ocupe su puesto.

 

Que sus hijos baguen como huérfanos y como viuda llore su mujer.

 

Que nadie les tenga lástima, nadie se compadezca de sus huérfanos...

 

"Recuerde el Señor la culpa de su madre... " (Sal 109).

 

 

Los escritores bíblicos son auténticos autores humanos. Por eso en la Biblia se expresan ideas puramente humanas. No hay "Palabra de Dios" que no llegue mediada por la palabra de los hombres.

 

En verdad, pues, que "Dios habla en la Escritura (en la Biblia) por medio de hombres y en lenguaje humano" (Vaticano 11, Dei Verbum, 12), y que estos son verdaderos autores que escribieron usando sus propias facultades y medios.

5. La Biblia: palabra de Dios.

 

5.1.‑ La Biblia y Dios

 

En todos los libros de la Biblia aparece Dios. De un modo a otro, las colecciones de himnos, de leyes, proverbios que hay en la Biblia; los escritos didácticos, los narrativos, los proféticos, los históricos... tienen que ver con Dios.

 

La historia, por ejemplo, no es solamente historia puramente humana con su trama real de personajes individuales, de grupos y de fuerzas sociales, sino que siempre aparece Dios implicado en ella. la historia de un hombre, de un pueblo en la Biblia es siempre una historia con Dios.

 

Pues bien, ahí en esa vida, en esa historia es donde en primer lugar va Dios hablando, diciendo su palabra.

 

5.2.‑ Dios dice su palabra en la vida, en la historia.

 

La Biblia como libro es Palabra de Dios escrita, porque Dios ha dicho su "Palabra" en la historia de los hombres, porque antes Dios se ha ido diciendo, expresando, manifestando sus designios en la vida de los hombres, en los acontecimientos de su historia; por ejemplo, en la salida de Egipto, en la ruina de Jerusalén, en el destierro de Babilonia. El pueblo de Israel se encontró con Dios en la historia. Para la gente de la Biblia (su fe reconoce a) Dios está presente, actuando y salvando en los acontecimientos de la vida, y en ese sentido "Dios habla" por medio de esos acontecimientos (Ex 20, 2; 3, 7; Dt 26, 5‑10).

 

La fe de un pueblo inspirado por Dios, reconoció en las experiencias humanas del pueblo, en la historia de ese pueblo, la intervención salvadora, liberadora de Dios: la manifestación progresiva, la "palabra de Dios" (lee Ex 13, 3‑16; 19,4‑8;_Dt 1,30‑33; 4, 32‑40).

 

La historia de ese pueblo (historia sagrada, historia de salvación) es la Palabra de Dios": en ella Dios se va diciendo, va descubriendo progresivamente: a sí mismo, su voluntad de salvación.

 

Antes de ser consignados por escrito, estos hechos, estas "palabras" se transmiten oralmente, sin escritura alguna, durante años y siglos.

 

Las palabras escritas, los libros, expresarán esta historia sagrada, recogerán el conjunto de testimonios sobre esa presencia de Dios que va hablando en la historia y con la historia de los hombres.

 

Los autores que escribieron los libros de la Biblia, pusieron por escrito, bajo la inspiración de Dios, los acontecimientos vividos por ellos mismos o recibidos por tradición, y el sentido, el significado (el llamamiento que Dios dirige al corazón del hombre) que Dios daba a esos acontecimientos.

 

La Biblia, antes de ser un libro, es la vida de un pueblo, en la que la fe de ese pueblo reconoce la historia del amor de Dios a los hombres: La "Palabra de Dios".

 

5.3.‑ La Biblia, como libro, palabra de Dios

 

Dice el Concilio Vaticano 1I que

"todos los libros del Antiguo y Nuevo Testamento, con todas sus partes, tienen a Dios como autor" (Dei Verbum, 11).

 

¿Cómo se entiende eso de que Dios es el "autor" de la Biblia?, ¿que la Biblia, como libro, es "palabra de Dios"?

 

Es claro que Dios:

            ‑ no ha escrito materialmente la Biblia con su puño y letra;

            ‑ ni la ha dictado al oído de los hombres que la escribieron;

            ‑ ni ha ejercido sobre esos hombres un influjo tal que los privara del use normal de

            sus facultades (como hemos visto, ellos también escribieron la Biblia como

            verdaderos autores). Por eso Dios no es el autor literario de la Biblia. Autor

literario sólo es el hombre.

 

Tampoco se puede reducir la acción de Dios a un mero influjo moral, algo así como una orden o consejo, ni tampoco a una especie de inspiración poética.

 

No sabemos cómo Dios interviene de hecho. Solamente afirmamos que Dios, de tal manera influye activamente en los hombres autores de la Biblia que, por medio de ellos, respetándolos totalmente como autores plenamente humanos, libres, Dios nos expresa su pensamiento, nos comunica su mensaje religioso de salváción. DIOS NOS HABLA. La verdad propia de la Biblia es religiosa.

 

La intervención divina consiste en incitar y dirigir ("INSPIRAR") la redacción de esos libros de modo que contengan, fielmente y sin error, to que Dios ha querido consignar en ellos en orden a la salvación de los hombres. Es en este sentido en el que afirmamos también que Dios es el autor de estos libros, que él los ha querido tal como son y que a él se deben efectivamente.

 

"En la redacción de los libros sagrados, Dios eligió a hombres, que utilizó usando sus propias facultades y medios, de forma que, obrando El en ellos y por ellos, escribieron como verdaderos autores, todo y sólo to que El quería" (Vat. 11, Constitución sobre la Divina Revelación, 11).

 

Por eso insiste el Concilio Vat. It (lee el N° 12 de la Constitución sobre la Divina Revelación) en la necesidad de investigar cuidadosamente qué pretendieron expresar realmente los escritores humanos y qué es lo que Dios quiso manifestar con las palabras de ellos.

6. Inspiración

(Lee: 2 Pedro 1, 21; 2 Tm 3, 16)

 

Esta acción de Dios, que se llama "inspiración", no quita nada al trabajo y aporte de los hombres como autores. Ellos obran como cualquier otro autor literario usando sus propias facultades y medios: investigan, comprueban, corrigen... (lee 2 M 2, 25‑33; Lc 1, 1‑4). Es decir, que el influjo de Dios en esos autores se realiza sin que por ello los redactores de la Biblia dejen de ser "verdaderos autores" literarios de sus obras.

 

Parece también que, muchas veces, los autores inspirados no saben siquiera (y morirán sin saberlo) que Dios los inspira.

 

Es claro que la inspiración de Dios no sólo está en los que materialmente escribieron los libros.

 

Hay una inspiración previa en los que "sintieron" a Dios presente y actuante en la vida.

 

Se da como una "inspiración colectiva": por ejemplo, los cinco primeros libros de la Biblia recogen tradiciones contadas oralmente durante siglos antes de ponerse por escrito. Podemos suponer que también gozaron de la "inspiración" de Dios los que las transmitieron oralmente.

 

7. Revelación

 

Decimos que la Biblia está inspirada porque está escrita bajo el influjo de Dios.

 

Pero "inspiración" no es lo mismo que "revelación".

 

 

Todo lo que escriben los hombres, autores humanos de la Biblia como libro, es "inspirado", es decir, ha sido consignado por escrito porque así to ha querido Dios. Pero muchas de las cosas "inspiradas" de la Biblia no nos "revelan" nada de Dios, nos transmiten noticias sobre Dios y su actuación en la historia de los hombres, ningún mensaje religioso nos dan. En la Biblia hay a veces histórias escabrosas (Gn 19, 30s.; 38, 12s; 1 R 11, ls) escenas de crueldad (Jos 6, 17 s.; 7, 26 s.), expresiones de venganza de un pequeño pueblo (Salmos 58, 137); viejas leyes injustas (Ex 21, 23 s.), hoy inservibles (Dt 21, 10‑14), visiones del mundo erróneo (Gn 1,6; 7, 11‑12), etc., que no son más que la expresión de las ignorancias y pasiones de aquellos hombres a los que Dios respeta (lee Dei Verbum, 13).

 

Pero, en todo el conjunto de la Biblia, Dios se nos "revela"; nos "dice" quién es El, cuál es su modo de ser y obrar, cuáles son los planes que tiene sobre el hombre, las relaciones de alianza y fidelidad que quiere establecer con los hombres, cómo los hombres tienen que expresar su fidelidad en el cumplimiento de la Ley. Alerta también a los hombres sobre el pecado como ruptura de esa "Alianza", les anuncia la "liberación" total, etc.

 

En definitiva, la "revelación" que Dios hace al hombre en la Biblia es la visión que le da de la realidad (de la vida y de la muerte, del bien y del mal, del presente y del futuro) desde Dios.

 

Es "revelación" consignada por escrito (Biblia como libro), vivida en la historia (Biblia como vida).

 

8. La Fe Bíblica

 

Todo esto no se entiende sin la fe. En todo ello está presente la fe.

 

La fe en Dios, tal como aparece en la Biblia, es el reconocer a Dios presente en la historia de los hombres, amando y salvando (Ex 3,7).

 

Esta fe‑reconocimiento luego se expresará como fe‑fidelidad en la respuesta afirmativa del hombre a ese Dios que crea al hombre, le regala el mundo y está presente en la historia de los hombres.

 

Para la Biblia, fe es la actitud del hombre frente a Dios. Esa actitud implica asentimiento de la inteligencia, la confianza del corazón, la obediencia, el compromiso respecto de principios o realidades que no pueden verse claramente o probarse rigurosamente, el amor, la esperanza.

 

En nuestro caso, significa, por una parte, la convicción de que Dios se ha revelado presente, activo y salvador en la historia de los hombres, y, por otra, la entrega confiada, comprometida y total a ese Dios así manifestado.

 

Los cristianos por la fe reconocemos a Jesús de Nazaret como Hijo de Dios y le amamos y seguimos más que a todo y a todos.

 

 

9. Jesús de Nazaret ‑ Palabra de Dios

 

Lo hemos dicho ya, pero conviene recalcarlo.

 

Dios se ha dado a entender, se ha mostrado, se ha revelado en acontecimientos históricos. En esas realidades creadas, históricas (época de los Patriarcas: siglo XVIII a. de Cristo; el Exodo: siglo XII a. de Cristo; tiempo de la monarquía: siglo XI‑VI a. de Cristo, el Destierro: 587‑538 a. de Cristo) Dios ha dicho su "Palabra".

 

Esas obras y lo que hay en ellas de presencia y salvación de Dios, se han puesto por escrito: la Biblia como "Palabra de Dios" escrita.

 

Pero llega un momento en que Dios se nos dice en una "existencia personal", en un "acontecimiento" histórico único: en Jesús de Nazaret.

 

Jesús de Nazaret es un "acontecimiento" que pertenece a la historia de la humanidad (lee: Vaticano 11, Constitución sobre la Divina Revelación, 17).

 

Los que vivieron con él, sólo después de su muerte "entendieron" en profundidad lo que Jesús hacía y decía (lo que Dios nos "decía" con la vida ‑hechos y palabras‑ de Jesús: "Palabra de Dios"): to que Jesús era; a inspirados por Dios vieron en él la expresión de lo que Dios es, de cómo nos ama Dios, de lo que Dios dice y quiere de nosotros.

 

Vieron en definitiva que en Jesús de Nazaret, Dios nos decía su última Palabra, nos hacía su máxima Revelación, nos daba la mayor muestra de su presencia y amor: vieron en Jesús a Dios: al Dios eterno y poderoso, al Dios que es fiel en el amor, al Dios Salvador.

 

"En múltiples ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por medio de su hijo": por medio de Jesús de Nazaret (Hb. 1, 1‑2; lee Vat. 11., Constitución sobre la Iglesia, 9).

Y esto es lo que expresaron en el Nuevo Testamento, sobre todo en los Evangelios, en los que la comunidad de los primeros creyentes en Jesús de Nazaret como Hijo de Dios, dejó constancia por escrito (Palabra de Dios escrita) de los hechos y palabras de Jesús que consideró más importantes, y del sentido ("revelado" por Dios) de que estaban cargados aquellos hechos para su fe de creyentes.

 

10. El canon de los libros inspirados

 

Se llama CANON a la lista o catálogo de los libros sagrados que son recibidos como inspirados por Dios, por judíos y cristianos. Hay dos clases de "Canon": el judío y el cristiano.

 

10.1.‑ El Canon Judío

 

‑ Palestinense es el que utilizaban los judíos que habitaban en Palestina, el cual comprendía en tiempo de Jesucristo únicamente 39 libros. Incluye a todos los libros del Antiguo Testamento excepto los de Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, los dos libros de los macabeos y algunos fragmentos de los libros de Daniel y Ester.

 

Son los libros que se llaman "protocanónicos" de cuya inspiración nunca se ha dudado ni por la religión judía ni por la cristiana.

 

‑ Alejandrino, empleado por los judíos de la "dispersión" que vivían en el mundo griego: comprende todos los 46 libros del Antiguo Testamento.

 

10.2.‑ El Canon Cristiano.

 

‑ Protestante, seguido por los protestantes, que para el Antiguo Testamento admiten sólo los 39 libros del canon palestinense, y para el Nuevo Testamento admiten los 27 libros del mismo. El total 66 libros.

 

‑ Católico, seguido por los católicos y los ortodoxos, que comprende los 46 libros del Antiguo Testamento del canon alejandrino, y los 27 libros del Nuevo Testamento. En total 73.

 

11. ¿Cómo sabemos que los libros de la Biblia son "Inspirados por Dios"?

 

En la literatura universal hay otros libros religiosos que tratan de cosas sagradas, como el libro de los Vedas de la India, el de los Zend‑Avesta de los Persas, el Corán de Mahoma, pero que no son inspirados por Dios. Solamente los libros de la Biblia se dice que son "Palabra de Dios", porque son "inspirados" por Dios, porque Dios es su autor.

 

No se puede demostrar la existencia de la inspiración, porque esa "inspiración" de Dios es un hecho que escapa a toda experiencia humana directa.

 

Pero tenemos el hecho de que, el pueblo judío primero, y los cristianos después, hemos ido tomando conciencia, llegando a la convicción de que los libros de la Biblia son libros "inspirados" por Dios: que Dios es de algún modo el autor de unos libros que encierran un mensaje de salvación que Dios dirige a los hombres.

 

Esta convicción que judíos y cristianos tenemos sobre unos libros "inspirados" por Dios, no puede darse sin que Dios la haya revelado, manifestado al corazón del hombre.

 

A veces se tardó mucho, y después de muchas vacilaciones, en reconocer que un libro había sido inspirado.

 

Los judíos no definieron su canon del Antiguo Testamento hasta fines del siglo 1, en el sínodo de Yamnia.

 

Para los católicos, la autoridad que nos garantiza qué libros son los inspirados por Dios es la autoridad del magisterio de la Iglesia, que, asistido por el Espíritu Santo, no puede errar en cosas de fe y costumbres; y la Biblia es la "regla" de nuestra fe y la "norma" de nuestra vida.

 

El Concilio de Trento, (1546) definió solemnemente el canon católico, aunque ya la Iglesia se había pronunciado sobre esto por primera vez en el sínodo de Hipona (393) (lee Jn 5, 39; 2 Tm 3, 16; 2 Pe 1, 21).

 

Es el mismo Espíritu de Dios el que "inspira" los libros y a la Iglesia.

 

 

12. ¿Para qué sirve la Biblia?

 

12.1.‑ La Biblia es un libro que ha nacido de la fe de un pueblo

 

Y es un libro que expresa la fe de un pueblo.

 

En el Antiguo Testamento se expresa, sobre todo, la fe que el Pueblo de Israel tiene en Yahvé (Dios) como Salvador del pueblo, y se expresa narrando la historia de Israel interpretada desde la fe (Dt 6, 21‑23).

 

En el Nuevo Testamento, la primitiva comunidad cristiana reconoce adecuadamente expresada su experiencia de la Salvación en Jesucristo resucitado, su fe (Hechos, 13, 23‑32).

 

La Biblia es también un libro que no se puede leer más que en la vida de una comunidad de fe, de un pueblo creyente.

 

La Biblia es la historia del amor de Dios a los hombres y de la fe del Pueblo de Dios que reconoce esa historia y responde, con pecados a infidelidades a ese amor.

 

12.2.‑ La Biblia es, por fin un libro para la fe:

 

"Muchas otras señales milagrosas hizó Jesús... Estas han sido escritas para que ustedes crean que Jesús es el

 

Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan la vida que El sólo puede comunicar" (Jn 20, 30s.).

 

12.3.‑ Y es también para nuestra fe hoy

 

Porque la Biblia no sólo expresa a interpreta la presencia de Dios en la historia, en los acontecimientos ya pasados, sino que nos sirve para iluminar nuestro presente, para poder discemirlo, para "leer los "signos" de los tiempos", los acontecimientos del presente, en los que también está presente Dios, y actúa, y salva: para "oír" y "entender" la "Palabra de Dios" hoy, to que Dios quiere decimos hoy a nosotros.

"Es propio de todo el Pueblo de Dios, pero especialmente de los pastores y teólogos, escuchar con la ayuda del Espíritu Santo y discernir a interpretar las varias voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la Palabra Divina, para que la Verdad Revelada pueda ser mejor recibida, mejor comprendida y expresada en forma más adecuada" (Vaticano II, Constitución sobre la Iglesia en el mundo moderno, 44).

 

Si Dios estuvo presente como Salvador y Liberador en la historia del Pueblo de Israel, también hoy está presente y actúa como Libertador en nuestra historia.

 

La Biblia me ayuda a discernir, a ver de parte de quien está Dios, cuáles son sus planes, cuál es su estilo de obrar.

 

La Biblia es un libro del pueblo: es la historia sagrada vivida por todo un pueblo.

 

La Biblia es un libro para el pueblo: para que hoy el pueblo viva su historia sagrada.

 

 

13. El Magisterio y la Biblia

 

El magisterio de la Iglesia (el Papa y los Obispos) tienen en la Iglesia el oficio (entre otros) de interpretar auténticamente la Palabra de Dios, orientar su aplicación a la realidad actual. El Magisterio no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio (lee Vaticano II, Constitución sobre la Divina Revelación, 8‑10; Puebla 374).

 

Los exegetas (que investigan el significado de los libros de la Biblia con métodos científicos: filología, crítica bíblica, historia, etc.) teniendo en cuenta los estilos y géneros literarios..., situando los textos en las situaciones históricas en que fueron escritos, suministran al magisterio de la Iglesia los datos para que, madurando su juicio y con la gracia del Espíritu Santo, nos den la recta interpretación y aplicación de la Palabra de Dios contenida en la Biblia (Puebla 375).

 

También el "pueblo de Dios", que posee el Espíritu, el "sentido de Dios", a quien, como Iglesia, pertenece de algún modo la infalibilidad en materia de fe, discierne y reconoce la " Palabra de Dios" hoy (Puebla, 373; LG 12).

 

"Yo to bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios y prudentes y se las has revelado a los pequeños" (Mt 11,25).

 

 

14. Para manejar la Biblia

 

Para facilitar la lectura de la Biblia, en el año 1214, cada uno de los libros de la Biblia se dividió en capítulos, y en 1528 cada capítulo de la Biblia se dividió en versículos.

 

Los capítulos son porciones más o menos extensas y no iguales de los libros, mientras que los versículos son pequeños trozos, de dos o tres líneas ordinariamente, de los mismos capítulos.

 

Habitualmente se cita el libro en forma abreviada. Por ejemplo: Gn, significa Génesis. En cada Biblia hay un Indice con las abreviaturas correspondientes a los distintos libros.

 

Para indicar un lugar en la Biblia se da primero la abreviatura del libro, después el capítulo y por fin el versículo.

 

Por ejemplo:

 

Jn 20, 13, significa: Evangelio de Juan, capítulo 20, versículo 13.

 

Mt 25, 31‑46, significa: Evangelio de Mateo, capítulo 25, del versículo 31 al 46.

 

"Toda Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar, para rebatir, para corregir, para guiar en el bien". (2 Tim. 3,16).

 

 

Preguntas y Reflexiones

 

 

1. Puede ser un buen ejercicio el verificar todas las citas bíblicas que hay en este capítulo y leerlas.

 

2. ¿En qué sentido podemos decir que no hay un solo error en la Biblia?

 

3. Explica cómo la Biblia es fundamentalmente "historia leída desde la fe".

 

4. Podemos decir que Dios actúa en toda la historia, no sólo en la de Israel? (lee en el Concilio Vaticano II, Constitución La Iglesia en el mundo moderno, 41).

 

5. ¿Qué to parece esta afirmación?: El principal fin de la lectura de la Biblia es comprender su contenido, interpretarlo, aplicarlo para el ahora y el aquí de mi vida.

 

6. Comprueba el discernimiento que hacen los Obispos reunidos en Puebla para los cristianos latinoamericanos: ¿de parte de quién está también hoy Dios?; ¿cuáles son sus planes aquí y ahora en América Latina? ¿cuál es su estilo de obrar?

 

Lee, por ejemplo, los números 1141 al 1143, 1145, 1153, 190, 191, 192, 230, 281, 327 del Documento de Puebla.