Corredención Mariana en la Hagiografía del Siglo XX

Rev. Stefano Manelli, F.F.I.

El padre Manelli es Fundador y Superior General de la Orden de Frailes Franciscanos de la Inmaculada. Es internacionalmente conocido por su distinguida prédica y sus estudios bíblicos y mariológicos. Su mariología bíblica ha aparecido recientemente en Inglés bajo el título: TODAS LAS GENERACIONES ME LLAMARÁN BIENAVENTURADA.*

En un recientemente publicado ensayo teológico sobre hagiografía, muy interesante y bien documentado, se examinan las vitales enseñanzas de un grupo de santos del siglo veinte sobre la corredención. Se trata de un ensayo muy oportuno y, felizmente, demuestra que en el último siglo del segundo milenio, ha habido "un coro hagiográfico...que continuamente se ha ocupado de cantar al unísono la dulcísima gloria de María, nuestra Madre Corredentora y Mediadora universal de todas las gracias." Concluye, con justa razón, que las enseñanzas de los santos son una "enseñanza que ciertamente no es de menor valía y aprecio que la de los sagaces teólogos y profesores de teología."

Las enseñanzas de los santos constituye una instrucción de doctrina y virtud; es una enseñanza de fe vivida y un testimonio que es llevado hasta el extremo de la heroicidad; es una enseñanza completa que incluye tanto la ortodoxia como la ortopraxis, mismas que están en función de "la edificación del Cuerpo de ,"Cristo," que es la Iglesia (Ef. 4:12).

Podríamos decir también que la enseñanza de los santos es la que puede dar garantía de nuestra fe en un grado máximo. De hecho, solamente los santos poseen el sensus fidei a un nivel de madurez radical, al practicar la virtud en grado heroico y, principalmente, las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Quizás nadie como los santos, vive su vida cristiana con tal plenitud y totalidad "a la luz de la fe y guiados por la Iglesia" (in lumine fidei sub ductu Ecclesiae), citando el antiguo axioma de la teología fundamental, enraizado en el fundamento mismo de la enseñanza más garantizada de la Iglesia.

Si bien es cierto que un elemento de gran fuerza "en el curso de la definición dogmática de un artículo de fe" es —como escribe De María— "el papel que juega el Pueblo de Dios que con su sensus fidei constituye la plataforma, por decirlo así, de la ortopraxis concreta de la verdad de fe", entonces es lícito hacer notar que con mucha mayor razón será decisivo el papel jugado por esa electa porción del Pueblo de Dios que son los santos. Bartam pudo escribir en su tiempo que "todos los teólogos toman el sensus fidei como un argumento válido, en condiciones determinadas, para discernir con certeza la Tradición divina, y de esta enseñanza se valieron para la definición dogmática de la asunción". Podemos añadir que para el magisterio eclesiástico, tiene mayor validez el sensus fidelium de los santos como un "argumento ,"válido," es decir, de aquellos que, como lo afirma Miotto, ofrecen la mejor garantía del más genuino sentire cum Ecclesia y viven cada verdad divina "con una fe ardiente, luminosa, vibrante y firme."

Es por esta razón que se debería considerar la reflexión de los santos y la certeza de su testimonio, como un asunto de la mayor importancia en relación con la verdad de la corredención mariana. La enseñanza que nos dejan con su sensus fidei, no puede sino tener un valor teológico de la más alta calidad para la Iglesia que, al tiempo que instruye a otros ella misma aprende, va recorriendo el camino del discernimiento y la decisión para definir dogmáticamente la corredención mariana.

De cierto es que en la cuestión del sensus fidelium, considerado como un apoyo de fe para tomar como verdadera la corredención mariana, se activan otros elementos fructíferos, tales como la "amplia extensión geográfica," señala De María, "en donde se encuentran santuarios marianos dedicados a nuestra Señora de los Dolores, la Corredentora, en todas partes del mundo"; como la Liturgia y la piedad de los fieles que expresa el amor y la oración del Pueblo de Dios hacia la divina Madre de los Dolores, nuestra Corredentora; como es el caso del movimiento Vox Populi Mariae Mediatrici, que se

 

* Reimpreso con permiso de Mary at the Foot of the Cross. Acts of the International Symposium on Marian Corredemption (Ratcliffe College, Leicester, England, february 2000, traducido del italiano.

originó en Estados Unidos bajo la dirección del mariólogo Mark Miravalle, con el objeto de reunir firmas para apoyar la petición de la definición dogmática de la corredención mariana; así como la pintura y la arquitectura, las producciones musicales y el teatro, las prédicas, las publicaciones y el folklore popular.

Si reflexionamos en todo esto, comprenderemos porqué es "imposible," citando nuevamente a De María, "no reconocer que la devoción a la Corredentora y Señora de los Dolores ab antiquo, es el patrimonio más valioso de la fe que vive y actúa en el Pueblo de Dios. Esta fe siempre ha identificado de manera espontánea a nuestra Señora de los Dolores con la Corredentora, ya que ha sido animada por el sensus fidei que proporciona la visión interior intuitiva más segura sobre las verdades divinas, en las mentes y corazones de los que son dóciles al Espíritu,."

Sin embargo, en este rico patrimonio de fe y dominando sobre todos estos elementos, las enseñanzas de los santos sobre la corredención, se sitúan al más alto nivel de la gracia y los carismas. Ellos son en verdad, en la fe, esperanza y caridad, "el camino más seguro" —valiéndome de la expresión del Vaticano II— a seguir para todo el Pueblo de Dios y para la teología, tanto por vía de la ortopraxis como de la ortodoxia. A este respecto, Miotto concluyó de manera inmejorable, un estudio muy preciso que realizó sobre la doctrina corredentiva de un grupo de santos, a saber: "La teología de la corredención mariana no pudo haber tenido una mejor garantía, un apoyo más elevado, valioso y confirmado, que la hagiográfica."

A la luz de estas consideraciones, uno entiende de mejor manera la utilidad y el valor que tienen la presente investigación y síntesis sobre la corredención en la hagiografía, que surge de estudios ya publicados, ya sea de un grupo de ocho Santos y Beatos (Santa Gemma Galgani, Beata Isabel de la Trinidad, San Pío X, Santa Francisca Javier Cabrini, Beato Bartolo Longo, Beato Luis Orione, Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Beato José María Escrivá), o específicamente de San Maximiliano María Kolbe, o San Leopoldo Mandic, el Beato Ildefonso Cardenal Schuster, el Beato Pío de Pietrelcina, el Venerable Gabriel Allegra, o el Venerable Santiago Alberione.

Este ensayo es un trabajo sucinto y trata únicamente sobre las meditaciones de un grupo de Santos, Beatos y Venerables del siglo veinte, sobre la corredención. La razón principal de esta selección, es la abundancia de investigaciones y estudios realizados sobre los santos y beatos de siglos pasados, empezando por la época patrística. La segunda razón la constituye el hecho significativo de que las reflexiones de los santos, beatos y venerables del último siglo del segundo milenio de la cristiandad, representa el desarrollo más maduro y completo de la doctrina corredentiva, tanto a nivel de investigación y reflexión teológica, como del sensus fidei más puro y mejor garantizado, el de los "elegidos," que son los más calificados de entre los que conforman el Pueblo de Dios.

Obviamente, la investigación también tenía que limitarse a un número restringido de santos, beatos y venerables del siglo veinte y no podía referirse a muchos otros siervos de Dios, sin que esto prolongara lo que ya de por sí es una larga lista. "En nuestro siglo veinte," escribió Miotto, "ha habido una verdadera constelación de santos, beatos, venerables y siervos de Dios, que predicaron y escribieron, proclamaron y defendieron, el grandioso patrimonio doctrinal de la corredención y la mediación marianas."

Dentro de esta "constelación" de santos, beatos y venerables del siglo veinte, el presente estudio se enfoca en ejemplares muy selectos, es decir, en seis Santos, seis Beatos y dos Venerables, que son los más representativos y significantes de entre el Pueblo santo de Dios. Se trata pues, tanto de hombres como de mujeres, un Papa (San Pío X) y un Cardenal (Beato Ildefonso Schuster), siete Sacerdotes y Religiosos (San Maximiliano María Kolbe y San Leopoldo Mandic, Beatos Luis Orione, Pío de Pietrelcina y José María Escrivá, Venerables Santiago Alberione y Gabriel Allegra), dos fieles Laicos (Santa Gemma Galgani y el Beato Bartolo Longo), una Misionera (Santa Francisca Javier Cabrini) y dos Contemplativos (la Beata Isabel de la Trinidad y Santa Teresa Benedicta de la Cruz); de este grupo, dos de ellos son muy jóvenes (Santa Gemma Galgani y la Beata Isabel de la Trinidad) y en conjunto representan a siete naciones diferentes (San Maximiliano María Kolbe: Polonia; San Leopoldo Mandic: Yugoslavia; la Beata Isabel de la Trinidad: Francia; el Beato Ildefonso Schuster: Alemania; Santa Teresa Benedicta de la Cruz: Israel; el Beato José María Escrivá: España; y los ocho restantes: Italia).

Esta representación hagiográfica, muy variada y extensa, incluso étnicamente hablando, tiene un valor muy particular, en tanto que afirma una verdad divina que es parte de nuestra fe, por lo que debería ser defendida por todas las escuelas e ideologías, las mentalidades y tradiciones que hay en la Iglesia, ya que serán católicas solamente en la medida en que estén unidas con la perenne y universal doctrina de la Iglesia peregrina que avanza hacia la eternidad, donde cada verdad será descubierta y contemplada en su esencia más pura, que es Dios mismo.

Comencemos ahora nuestra breve revisión sobre la manera en que pensaban los seis Santos seleccionados en primer término, seguidos de los seis Beatos y, posteriormente, de los dos Venerables, habiendo organizado cada grupo en orden cronológico según su fallecimiento. Este ensayo presenta síntesis breves de sus doctrinas sobre la corredención. Se pueden encontrar estudios más profundos y extensos tratados sobre el pensamiento de cada uno en las obras citadas a lo largo de esta exposición. Nuestras reflexiones y conclusiones finales servirán para explicar con claridad y mediante una síntesis, la credibilidad interna, consistencia y constancia de la doctrina de la corredención, en virtud de la importancia y fecundidad que tiene para la vida de la Iglesia, que siempre busca descubrir y poseer "la verdad completa" (Jn 16:13).

Los Santos

Santa Gema Galgani (+ 1903)

Las enseñanzas de Santa Gema Galgani acerca de la corredención, se expresan en términos generales, en un contexto y terminología ascético-mística, lo cual va muy de acuerdo con su carácter y era de esperarse, en virtud de las extraordinarias experiencias místicas que tuvo la Santa acerca del misterio de la redención, y que se vieron acompañadas de fenómenos místicos, espirituales y corporales del más alto nivel. Podríamos decir que su soteriología es eminentemente afectiva, característica de lo que se llama theologia cordis, permeada por el más profundo sensus fidei y por un sufrimiento intenso, vital y muy concreto, que unió a los inefables sufrimientos que la Santísima Virgen de los Dolores seguramente soportó en su misión como Corredentora universal.

Primeramente, Sta. Gema afirma con claridad que la encarnación del Verbo fue un acto redentor, y que la Santísima Virgen estaba consciente, aún desde la anunciación, del plan divino de la redención en su totalidad, y que tenía que ver con la crucifixión del Hijo: "¡Oh, qué gran dolor," escribe la Santa a su director espiritual, "debió de haber sido para la Madre, después de que Jesús nació, pensar que tendrían que crucificarlo! ¡Qué tormentos debió haber tenido siempre en su corazón! ¡Cuánto habrá suspirado, y cuántas veces habrá llorado! Sin embargo, nunca se quejó. ¡Pobre Madre!" Por lo tanto, su "fíat" (Lc. 1:38) que se extiende desde Nazaret hasta el calvario, incluye de una manera operativa, el misterio universal de la redención.

En segundo lugar, y como consecuencia, la Santa afirma la unidad de los sufrimientos de la Madre con aquellos de su Hijo, y la imposibilidad de separarlos. Escribe que: "cuando ella ve que está siendo crucificado, fue verdaderamente entonces…que esa pobre Madre fue traspasada por muchas flechas…Por lo tanto, mi Madre fue crucificada junto con Jesús." Esta afirmación de la crucifixión de nuestra Señora "junto con Jesús," coloca a María precisamente en el corazón de la redención llevada a cabo por su Hijo. ¿Cómo podríamos describir esta unión íntima y personal con el Jesús de María, la Virgen de los Dolores, "crucificada junto con Jesús," si no es con el término que semántica y teológicamente es el más sencillo y más significativo, que el de corredención?

Más aún, en uno de sus éxtasis dolorosos, Sta. Gema confirma la realidad de la unión indisoluble que existe entre el Hijo y la Madre en el sufrimiento del calvario por la salvación de los pecadores, al exclamar: "Oh pecadores malvados, dejen de crucificar a Jesús, porque al mismo tiempo también están traspasando a la Madre". La crucifixión del Hijo y la transfixión de la Madre constituyen de manera simultánea, la obra salvífica del Redentor y la Corredentora.

En otros dos maravillosos y dolorosos éxtasis, Sta. Gema parece conducirnos todavía más lejos, hacia un área más profunda e interior del "efecto" que tuvo la redención por medio de los sufrimientos del Hijo y de la Madre: "Oh Madre mía, ¿dónde te encuentro?" exclama la Santa en éxtasis, "Siempre al pie de la cruz de Jesús…¡Oh qué dolor el tuyo!…¡Ya no veo un solo sacrificio, sino dos: uno para Jesús, otro para María!…Oh Madre mía, si alguien te viera con Jesús, no sería capaz de decir quién es el primero en expirar: ¿eres tú o Jesús?"; y en el segundo éxtasis exclama una vez más: "¡Cuánta compasión me demuestras, oh Madre mía, al verte cada sábado al pie de la cruz!…¡Oh! Ya no veo solamente una Víctima, sino dos.".

En estos dos éxtasis, Sta. Gema no pudo haber expresado con mayor simplicidad ni, al mismo tiempo, con mayor fuerza, la realidad de la inmolación redentora de Cristo y la inmolación corredentora de María para la salvación universal: en la unidad y singularidad de esta ofrenda de sacrificio, la inmolación de cada uno le parece a la Santa algo tan real y concreto, que ella no puede pretender que ve "un sólo sacrificio" sino "dos: ¡uno de Jesús y otro de María!…," o en forma tal, que sostiene que no ve "sólo una Víctima, sino…dos." Según Sta. Gema, la inmolación corredentora de la Madre está configurada por dos de las realidades más expresivas de la obra de la redención, a saber, el sacrificio y la Víctima.

Sin embargo, vemos a Sta. Gema ir todavía más lejos al exclamar: "Oh Madre mía, si alguien te viera con Jesús, no sería capaz de decir quién es el primero en expirar: ¿eres tú o Jesús?" Esta pregunta de la Santa en éxtasis, es verdaderamente original, por no decir sublime. Revela el enorme peso del sufrimiento redentor que inmola al Hijo y a la Madre, el cual parece preceder definitivamente, con el sacrificio de la Madre, así como el pecado de Eva precedió al de Adán. Cornelio Fabro afirmó atinadamente que "este puede ser considerado como un texto clave" para entender la misión corredentora de María: una misión ontológica y no meramente funcional; una misión operativa —siempre subordinada al Redentor, obviamente: "con Él y bajo Él," según lo expresa Lumen gentium n. 56— ligada al "cumplimiento" de la única y misma redención.

En cuanto a la mediación mariana y la dispensación de todas las gracias que se otorgan a cada persona en particular para su salvación, Sta. Gema también nos deja otra enseñanza en una carta que escribió a su director espiritual, en la que describe una de sus más inefables visiones marianas, la de la coronación de la Santísima Virgen María, quien recibe del Padre Eterno una corona de " espléndido oro, toda encendida," con un signo especial que indicaba y daba gloria a aquella que es la "Dispensadora de los tesoros del Paraíso".

A estas alturas podemos concluir con Miotto que: "la enseñanza de Sta. Gema sobre la corredención, en su esencia y simplicidad, es completa: María Santísima es la ‘víctima crucificada con Jesús’ (la Corredentora); María Santísima es la ‘Dispensadora de los tesoros del Paraíso’ (la Medianera de todas las gracias)."

Papa San Pío X (+1914)

Razonablemente se ha escrito que "la autoridad doctrinal pontificia, decorada con el halo de la santidad, constituye la máxima garantía, carismáticamente hablando, de la verdad más pura, bañada con el ejercicio de la caridad llevada hasta el extremo." De hecho con San Pío X, nos encontramos en la escuela de un gran Papa y Santo que luchó y defendió la verdad de la corredención de María, si no de una manera solemne, sí con la del magisterio ordinario, que también debe de ser aceptado con "religioso respeto de la voluntad y el entendimiento," conforme a la enseñanza del concilio Vaticano II (L.G. 25). De esta forma, el papa San Pío X no sólo confirma la enseñanza común y perenne de la Iglesia, sino que lo hace de manera sistemática y fija, creando así un instrumento de primera clase para insertar el título de Corredentora al vocabulario oficial de la Santa Sede.

En su encíclica "Ad diem illum," escrita para celebrar el 50 Aniversario de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción, el papa San Pío X presenta el misterio de la encarnación redentora, como estricta e inseparablemente ligado a la misión maternal y corredentora de la Santísima Virgen María, a aquella que, según afirma el Papa, tendría "la tarea de engendrar y alimentar a la Víctima, poniéndola en el altar, de donde se deriva la comunión de vida y aflicciones entre la Madre y el Hijo, aflicciones éstas a las que se les puede aplicar, de manera conjunta y de igual manera, las palabras del Profeta: ‘Pues mi vida se consume en aflicción y en suspiros mis años’ (Sal 30:11)."

Aquí el Papa habla de "comunión de vida y aflicciones" entre Jesús y María, que se prolongan a lo largo de la existencia terrena del Hijo, esto es, desde la anunciación hasta la crucifixión, o, como dice San Pío X en su texto, "desde la casa de Nazaret al lugar del calvario." Es por lo tanto en el calvario, al pie de la cruz, donde esa comunión de aflicciones alcanza su máxima expresión y la Santísima Virgen María, dice el Papa citando a San Buenaventura, "participó de tal manera en los sufrimientos (del Hijo), que de haber sido posible, con gusto habría padecido ella misma todos los tormentos que el Hijo soportaba." En esta enseñanza no es difícil entender la manera en que la misión corredentora de María estaba ontológicamente unida con la misión redentora de Jesús, estando siempre "Con Él y bajo Él," según la precisa definición del Vaticano II (L.G. 56).

La explicación del Papa prosigue para encontrar en esa "comunión de aflicciones y de voluntades entre María y Cristo," la raíz de la gracia por la cual la Santísima Virgen María concretamente "mereció convertirse en la más digna Reparadora del mundo pecador (Eadmer, De excellentia Virginis Mariae,c.9), y por lo tanto, Dispensadora de todas las gracias que nos mereció Jesús por su muerte y por su sangre." Este es un texto espléndido y fundamental.

Es importante notar que el papa San Pío X especifica cuáles son los elementos que constituyen la mediación salvífica de María: principalmente la "reparación," equivalente a la corredención por la que pagó el precio del sufrimiento y la inmolación, y así volver a adquirir la gracia perdida por nuestros primeros padres, y la "dispensación" de la gracia, equivalente a la mediación universal que distribuye todas las gracias a todas y cada una de las personas redimidas, para su salvación. En la enseñanza de San Pío X, "el pasaje que va de Reparadora a Dispensadora," según comentarios de Miotto, "sigue la línea de un antecedente y su consecuencia: habiendo sido formada como Reparadora de la raza humana, el resultado ("atque ideo") es que la Santísima Virgen María justamente se convierte en la Dispensadora de todas las gracias que obran para la salvación y santificación de cada hombre."

Por lo tanto, basándose en esta lógica, San Pío X une la ortodoxia y la ortopraxis, insertando por primera vez el término Corredentora en tres documentos oficiales de la Santa Sede. El primero de éstos fue publicado por la Congregación de los Ritos, mientras que los otros dos salieron del Santo Oficio (hoy llamada Congregación para la Doctrina de la fe). En los tres documentos se nombra expresamente a nuestra Señora como "la misericordiosa Corredentora de la raza humana," "nuestra Corredentora," y la "Corredentora de la raza humana." Este es un factor excepcional seguramente de gran relevancia, porque muestra claramente que ni la propia Santa Sede encontró dificultad alguna en adoptar un término teológico que alguna vez resultaba complicado por sus implicaciones, y expresivo de una soteriología mariana. Si éste hubiera sido un asunto meramente de opinión teológica, hubiese ocasionado amargas discusiones, pero la realidad es que siendo doctrina común, fue pacíficamente aceptada aún a los niveles más altos de la jerarquía eclesiástica y los órganos educativos.

En resumen, la doctrina clásica sobre la corredención, lanzada en el magisterio ordinario por el Papa San Pío X, es una doctrina completa. La misión salvífica de María comprende dos fases de desarrollo: la primera, como Reparadora, quien ha corredimido a la humanidad con el Redentor, y la segunda, como Dispensadora, quien da a cada hombre las gracias de salvación y santificación. La primera fue la misión histórica, la doctrina de la salvación, que se extendió desde Nazaret hasta el calvario; la segunda es la misión metahistórica que continuará incluso hasta el final de los tiempos.

Todo lo expuesto anteriormente también se confirma y está garantizado en la conclusión de la tesis doctoral de L. Pillet, que trata de la corredención mariana en la enseñanza de San Pío X: "Los diversos aspectos de esta doctrina, expresamente tratada por Pío X en sus documentos magisteriales, ya sea de manera directa (especialmente en la encíclica Ad diem illum) o por medio de las congregaciones romanas, muestra que esta doctrina puede ser, por lo menos objetivamente, muy probable, si no es que indiscutiblemente cierta. Se debe ubicar (al Papa) de entre aquellos que apoyan la corredención mariana, entendida ésta en sentido estricto. María, según el Papa, al haberse unido a las angustias, el sacrificio y las intenciones de salvación de Cristo, participó activamente en la redención que nos trajo Él mismo: ella fue "nuestra Corredentora," "se convirtió junto con Él en la Reparadora del mundo caído,' 'ella mereció para nosotros, con un mérito inferior (de congruo), pero en el mismo plano redentor, las mismas gracias del ser que Cristo mereció para nosotros de condigno.'"

Santa Francisca Javier Cabrini (+1917)

Esta Santa Fundadora y ardiente misionera salida de un grupo de inmigrantes, nos ha dejado un patrimonio de fe pura y profunda, tanto por su ejemplo como por sus enseñanzas. En una antología de dichos de la Madre Cabrini, compilada por el perceptivo teólogo Giuseppe De Luca,, encontramos una cosecha doctrinal simple pero esencial, animada por una "fe teológica," señala Miotto, "vivida ad intra en esa íntima dinámica de amor con el Espíritu Santo, y manifestada y radiada ad extra, en una dinámica labor de amor, que se traduce en obras de caridad, en un activo apostolado y en esa incansable pasión por las misiones, incluso hasta el fin."

Como parte del patrimonio de su enseñanza, se encuentra una perla preciosa, la de su enseñanza sobre la corredención mariana. De hecho, Sta. Francisca Javier Cabrini subraya la importancia central de la presencia de María en el plan salvífico de Dios quien, otorgada a nosotros por Cristo, "es la Mediadora entre Dios y el hombre, nuestra Madre muy amable." Basándose pertinentemente en una referencia bíblica, define a Santa María como la "nueva Eva, verdadera Madre de los vivientes," como aquella "escogida por Dios para ser Corredentora de la raza humana." De Eva a María, de la madre pecadora a la Madre Corredentora: estos pasajes son explícitos e ilustrativos. La misión salvífica de María está enraizada en Génesis 3:15, esta profecía bíblica tan celebrada, que presenta a la Madre y el Hijo indisolublemente unidos en la obra de la redención.

Más aún, a esta referencia bíblica, la Madre Cabrini sabiamente une la referencia de la enseñanza pontificia que brinda una base segura y garantiza una verdad como infalible. En la época de la Santa, el papa San Pío X era el principal Maestro en la fe, y a él se refiere explícitamente cuando explica el misterio de la corredención mariana, escribiendo que "si a ella perteneció la gloria de haberle dado la vida a nuestro Redentor, así también le perteneció, como lo mencionó atinadamente nuestro Santo Padre, la tarea de engendrar y preparar a la sagrada Víctima de la raza humana para el sacrificio. María fue la Madre de Jesús no sólo en las alegrías de Belén, sino también, y con mayor razón en el calvario…y fue allí donde mereció ser nuestra digna Corredentora."

Esta es también una espléndida página de doctrina y fe, ejemplar por su sencillez de expresión y por su contenido esencialmente teológico. La Madre Cabrini, con un fuerte y profundo sensus fidei, ve la misión salvífica de María como Corredentora, estrictamente unida con la de su divino Hijo. Ve a la divina Madre totalmente consagrada, durante toda su vida, a la obra redentora del Hijo por la salvación del linaje humano, preparando ella misma "la sagrada Víctima" a ser ofrecida en el calvario, en una inmolación compartida, tan interior y personal, tan real, que de hecho le merecen convertirse en "la más digna Corredentora."

En estas afirmaciones de la Madre Cabrini, la verdad de la corredención mariana se presenta clara y firme en su substancia, ligada a sus raíces bíblicas, alimentada por el magisterio de la Iglesia, esposada a la serenidad y la seguridad de la fe, que no encuentra obstáculo alguno en creer y transmitir una doctrina que forma parte del perenne y grandioso patrimonio de fe de la Iglesia. De la enseñanza de Sta. Francisca Javier Cabrini, se puede apreciar lo obvio: que no tenía necesidad de defender la verdad de la corredención de María. Muy al contrario. No había nada que defender. Ella escribe y habla de esta valiosísima verdad de nuestra fe, con la preocupación maternal de encomendar a la Madre Corredentora toda la obra de apostolado y evangelización que ella y sus hijas tenían como misión a través del mundo.

Miotto escribe que, incluso para la Madre Cabrini, nuestra Señora "es la Madre Corredentora inseparablemente unida a su Hijo Redentor, que coopera en que se lleve a cabo y llegue a su cumplimiento el plan universal de salvación, siempre ‘sirviendo al misterio de la redención, con Él y bajo Él,’ como lo resumió el Vaticano II (L.G. 56). Esta es la substancia de la más genuina soteriología mariana que, actuando bajo la clave de la corredención, descubrimos en la santa vida de fe, intrépida y ardiente, de la Madre Cabrini, quien zarpó sin descanso a través de los océanos de un continente al otro."

San Maximiliano María Kolbe (+1941)

El papa Paulo VI ubicó a San Maximiliano María Kolbe "entre los grandes Santos y espíritus iluminados que entendieron, veneraron y cantaron el misterio de María" y el papa Juan Pablo II resaltó la visión profética y el gran valor de la vida de San Maximiliano y su mariología para la Iglesia de hoy. Consecuentemente, la doctrina mariológica de San Maximiliano, ya ha sido objeto de diversos estudios al más alto nivel de la investigación sistemática y del círculo erudito. En particular, en lo tocante a su doctrina sobre la corredención mariana, existe un detallado estudio escrito por L. Iammorrone.

Las reflexiones de San Maximiliano María Kolbe sobre de la corredención, son de un gran valor por varias razones. Fue nuestro contemporáneo, y lo más importante es que fue un gran místico y teólogo mariano, aparte de ser un extraordinario apóstol y misionero de la Inmaculada, llamado "el tonto de la Inmaculada," y definido por el Venerable Padre Gabriel Allegra, su contemporáneo, como "el apóstol del fin de los tiempos," evocando asimismo el criterio de San Luis María Grignion de Montfort.

En primer lugar, cabe aclarar que San Maximiliano no sólo propagó y defendió la verdad de la mediación universal de la Santísima Virgen María, sino que escribió, oró y deseó con vehemencia, la solemne definición dogmática de María como Mediadora de la salvación (= Corredentora) y Mediadora de todas las gracias (= Dispensadora). De hecho, en cuanto supo que el papa Pío XI había nombrado tres comisiones para estudiar la definibilidad de María como Mediadora, escribió un artículo en el que exhortó a toda la gente a orar para "que nuestra Madre Santísima pueda acelerar el momento de la proclamación solemne de éste, que es su privilegio."

Además de la famosa tesis franciscana de que María fue eternamente predestinada con Cristo, San Maximiliano también basó la mediación corredentora y distributiva de la Santísima Virgen María sobre el fundamento de la tradición bíblica patrística, que apunta a María como la nueva Eva. De este modo, al reflexionar sobre la primera caída de nuestros primeros padres, Adán y Eva, San Maximiliano mantiene que "desde ese momento, Dios prometió un Redentor y una Corredentora, diciendo: ‘Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje; ella te pisará la cabeza’." "Los Padres y Doctores de la Iglesia," escribe el Santo en otra parte, "proclaman que Ella, la segunda Eva, reparó aquello que la primera había arruinado; que Ella es el canal por el que fluyen las gracias divinas, Ella es nuestra esperanza y nuestro refugio; que recibimos la gracia de Dios a través de Ella." En este contexto, uno puede fácilmente discernir la equivalencia que existe entre la reparación y la corredención, en contraste con la acción devastadora de la antigua Eva y la acción salvadora de la nueva Eva: ambas Evas presentadas como protagonistas, respectivamente, tanto de la caída y ruina de la humanidad (la primera Eva), como de su rescate y salvación (la segunda Eva).

De los escritos de San Maximiliano, resalta el hecho de que para él la verdad más certera, la doctrina más segura e indiscutible y por lo tanto, la que menos necesita de demostraciones, es la de la corredención mariana; tanto por la clara referencia que existe de la obra devastadora que causó la primera Eva, neutralizada por la obra reparadora de la segunda Eva (María), o en virtud la propia vida de nuestra Señora, profundamente enlazada, gastada y consumida en una inquebrantable conformidad con la de su divino Hijo en la obra de la redención universal de principio a fin, esto es, desde la anunciación hasta la crucifixión, desde Nazaret hasta el calvario.

Por otro lado, a San Maximiliano le parecía que la doctrina que más necesitaba de una profunda elaboración teológica, era aquella de la mediación mariana, que comprende la distribución de todas las gracias, una doctrina consecuente de la corredención, y que él relaciona, sobre todo, con el misterio de la inefable mancomunidad que existe entre el Espíritu Santo y la Virgen Inmaculada, una unión esponsal, que crea la perfecta colaboración en la economía de la distribución de todas las gracias para la salvación y santificación del hombre.

Sin embargo, San Maximiliano sí tomó en cuenta las complejas discusiones teológicas en torno a la corredención mariana, que a la sazón estaba en proceso de ser clarificada y desarrollada. Escribió que, "Es claro que nuestra relación con María Corredentora y Dispensadora de las gracias, en la economía de la redención, no fue entendida desde el principio en toda su perfección. Pero en éstos, nuestros tiempos, la fe en la mediación de la Santísima Virgen María continúa creciendo más y más cada día."

En cuanto a su manera de pensar específicamente sobre la corredención, podemos decir en resumen que San Maximiliano, en sus reflexiones, llegó a comprender profundamente tanto el valor cristológico específico de la corredención mariana, como el valor pneumatológico de la mediación de María para obtener todas las gracias; él afirma que "María, como Madre de Jesús el Salvador, se convierte en la Corredentora, mientras que como Esposa del Espíritu Santo, forma parte en la distribución de todas las gracias." De acuerdo con la reflexión mariológica de San Maximiliano, estaba en el plan de Dios "que su propia Madre, la Inmaculada," según escribe el padre Domanski, "formara parte de la obra de la redención, así como también había formado parte de la obra de la encarnación." Y la demostración que San Maximiliano tomó de un estudio de Bittremieux, afirma que "…así como la primera Eva que, eligiendo con verdadera libertad, contribuyó a nuestra ruina en cuanto a que ejercía una influencia real, así también María, por sus propias acciones, colaboró en la reparación…: de esta manera está contenida una auténtica mediación en el propio sentido de la palabra y, actualmente, de una manera perfectamente evidente."

La doctrina de San Maximiliano se muestra lógica y luminosa en la solidez de su método y desarrollo: "En el pensamiento del padre Kolbe," escribe el padre Iammorrone, "Cristo es el único Mediador universal entre la humanidad y el Padre…María es escogida por Dios como Madre del Hijo y, por lo tanto, Mediadora de la gracia, ya que deberá acompañarlo inseparablemente en el cumplimiento de la redención. Hijo y Madre trabajan juntos iniciando la vida de gracia (redención y corredención) y en distribuir esa vida a los hombres." Respetando siempre la total subordinación de la Madre con respecto al Hijo, la referencia que la tradición bíblica patrística hace de la primera Eva con el primer Adán, describe nuevamente de manera atinada y precisa, las operaciones contrarias: o sea, la acción de nuestra ruina, que tuvo como su principal y absoluto hacedor al primer Adán con la primera Eva como su compañera y co-operadora dependiente; y la acción de nuestra salvación, que tuvo como su principal y absoluto hacedor al segundo Adán, Jesús, con la segunda Eva, María, como su compañera y co-operadora dependiente.

Según San Maximiliano, éste es el plan de Dios. El padre Iammorrone escribe una vez más, "En el plan divino de la salvación, María es la nueva Eva que colabora junto con el nuevo Adán, Jesús su Hijo, en la redención del género humano. En las consideraciones del padre Kolbe, la cooperación de María está subordinada a la de Cristo el Redentor pero ésta es inmediata y próxima, activa y directa… María, según el padre Kolbe, participó en la redención de manera objetiva (en cuanto a que adquirió la salvación por medio de su actividad en particular, unida y asociada a aquella actividad original del Hijo) y participa en la redención de manera subjetiva, esto es, distribuyendo las gracias de salvación a cada persona a lo largo de la historia hasta que llegue el Señor en gloria," y de esta forma "María realiza plenamente su maternidad mediante la compasión maternal en el calvario."

En términos generales, es obvio que en las meditaciones de San Maximiliano, la doctrina de la corredención de María y su mediación en la distribución de las gracias, es sólida y está bien fundamentada. En cuanto a su experiencia personal, no puede considerarse menos que superlativa, cuando uno trae a la memoria su terrible martirio en los campos de muerte de Auschwitz, asimilándolo, de una manera extraordinaria al ofrecimiento corredentor de la Madre Santísima. De hecho, nadie se acerca y se asemeja más a la Corredentora como el mártir. La verdad es que la gloria suprema de la Corredentora, es precisamente la de ser la Reina de los Mártires, y he aquí que San Maximiliano nos ha dejado su ortodoxia (la doctrina sobre la corredención) perfectamente unida con su ortopraxis (la imitación más concreta de la Corredentora, derramando la propia sangre).

Maestro y modelo de la doctrina y espiritualidad de la corredención mariana, ése es San Maximiliano María Kolbe. Por ello, en cuanto a la mediación corredentora y distributiva de María, podríamos decir que, según San Maximiliano, no hay mucho que discutir, ya que hay más necesidad de orar para que la Inmaculada "pueda acelerar el momento de la proclamación solemne" de este dogma por parte de la Iglesia.

San Leopoldo Mandic (+ 1942)

Se ha escrito que San Leopoldo Mandic "profesaba una atención especial, vivo interés —y uno podría añadir— que una verdadera y profunda pasión personal, por María Santísima como ‘Corredentora de la raza humana’." En efecto, uno podría decir que la vida de San Leopoldo se presenta de lleno, vivida bajo una clave corredentora, especialmente los cuarenta años que pasó ejercitando el ministerio de la reconciliación. Si de verdad la Corredentora cooperó reconciliando a la humanidad con Dios, entonces San Leopoldo, como confesor, no hizo otra cosa que "reconciliar" al hombre con Dios, liberándolos de la culpa y llenándolos con nuevas gracias.

Y si es verdad que el estudio de nuestra Señora, como lo escribe un biógrafo, "fue su tema favorito a lo largo de su vida," y que llevaba de continuo en el corazón "afirmar los fundamentos teológicos de su devoción mariana," como lo escribe otro biógrafo, y buscó mostrarse siempre "teológicamente austero en sus motivaciones," también es cierto que su pasión particular por el misterio de María como Corredentora, llegó a tal grado de fervor, que propuso escribir un libro o tratado sobre la verdad de la corredención mariana. Asimismo, un biógrafo subraya que San Leopoldo "tuvo grandes deseos durante toda su vida de lograr su intención de escribir un libro sobre nuestra Señora, para mostrarla como Corredentora de la raza humana, el canal de las gracias provenientes del Señor."

Tomando en cuenta estas afirmaciones de sus biógrafos, el padre Stemman comenta en sus escritos que es claro entonces "qué importante es reconocer las bases del pensamiento de San Leopoldo sobre la corredención mariana, considerada in actu primo, esto es, en la adquisición de la gracia salvífica, y considerada in actu secundo, o sea, en la distribución de gracias a cada persona. Podríamos también referirnos a la Mediación corredentora de María a través de la adquisición de la gracia, y la mediación distributiva de María por medio de la distribución de esa gracia."

Desafortunadamente, San Leopoldo no pudo escribir el libro que se habría propuesto sobre nuestra Señora como Corredentora. El flujo continuo de penitentes a su confesionario hacía imposible cada deseo y esfuerzo de recolectar y concentrarse en el estudio necesario para escribir. "Fue de verdad un pecado," escribe un biógrafo, "porque con su aguda inteligencia y su ardiente amor por nuestra Señora, seguramente nos habría dado una obra de gran valor."

De cualquier manera, hay suficiente material para conocer las ideas de San Leopoldo acerca de la corredención. Existen dos volúmenes conteniendo cartas y escritos del Santo, en los que mantiene y confirma una y otra vez, la verdad de la corredención mariana. Baste con afirmar que la expresión "Corredentora de la raza humana" se repite trece veces en sus escritos; incluso en algún texto la llama "nuestra Redentora"; y en otras ocasiones utiliza expresiones equivalentes. Para San Leopoldo, la base de la corredención mariana se encuentra también en la tesis de la tradición bíblica patrística de la nueva Eva (María) y el nuevo Adán (Jesús), quienes juntos, restauran aquello que la primera Eva y el primer Adán juntos, habían destruido: "Yo creo," escribe San Leopoldo, "en este dogma de la fe católica: la Santísima Virgen es una segunda Eva, así como creemos que Cristo el Señor es un segundo Adán." Y en el calvario, en el acto de dar cumplimiento a la redención universal, la nueva Eva, la Corredentora, es proclamada por el Redentor como la Madre de todos los hombres que se unen para formar la única Iglesia, el nuevo Pueblo de Dios, y esto "de acuerdo con el mandato del Hijo que moría en la cruz."

Sin embargo, su apasionado esfuerzo por mantener la verdad de la corredención mariana tenía dos metas muy particulares y admirables: la primer meta era la de "cooperar de alguna manera," escribe el padre Bernardi, "en adornar la frente de nuestra amada Madre con una nueva corona, la de la proclamación dogmática: María Mediadora universal de todas las gracias." ¡De qué manera, los verdaderos hijos de María, no pueden sino desear glorificar cada vez más a su divina Madre!

La segunda meta digna de admiración, era la de obtener, específicamente de la Corredentora, la ansiada reunificación o reconciliación entre la Iglesia de Roma y las iglesias cristianas orientales, poniendo así un fin al doloroso cisma causado por la acción de Photius y Caerularius, que por casi un milenio ha estado desgarrando "la túnica sin costura" de Cristo. Esta intención ecuménica de San Leopoldo es verdaderamente novedosa, no se diga extraordinariamente valiosa. Hoy en día algunos dirían que la verdad de la corredención mariana se muestra de por sí, como antiecuménica y, por lo tanto, sería mejor dejarla de lado o abandonar cualquier otra discusión posterior sobre el asunto. Sin embargo, tal racionalidad se antoja particularmente grotesca en comparación con la meta de San Leopoldo y por ello es evidente que algo así pondría el asunto de cabeza.

De hecho, San Leopoldo sostenía que si la Corredentora es aquella que ha sido, en unión con el Redentor —Hijo— "con Él y bajo Él," como lo establece el Vaticano II (L.G.56) nombrada la Madre de la reconciliación, entonces siempre continúa siendo la Madre de cada reconciliación, incluyendo la de las iglesias cismáticas. La Corredentora es aquella que "místicamente nos engendró al pie de la cruz," escribe San Leopoldo, "por medio del martirio más espantoso que el corazón de una madre pueda jamás experimentar. Somos en verdad hijos de sus lágrimas." "Uno puede entender intuitivamente," reflexiona el padre Stemman, "que para San Leopoldo, la corredención mariana, lejos de separarnos, en realidad sirve para reunir de mayor y mejor manera, a todos los redimidos en el único y absoluto Redentor y Mediador, Jesucristo (cf. Tm 2:5)." "Es un hecho que el fruto de la corredención ha sido nuestra reconciliación con Dios en Cristo." El padre Stemman continúa su comentario sobre la exposición del Santo: "¿De dónde vienen, en realidad, las gracias de la reconciliación si no es de la Corredentora-Mediadora de todas las gracias de la redención de Cristo? La corredención y la reconciliación son siempre correlativas. Uno no puede olvidar esto. Si uno se va por otro camino, llegará a un callejón sin salida."

San Leopoldo estaba tan profundamente convencido de esta verdad que, con miras a obtener el milagro de la unificación de las Iglesias Orientales con Roma, quería ofrecer de lleno su ser y su vida como víctima en atención a la Corredentora. De su puño y letra escribió literalmente: "En verdad, ante Dios y la Santísima Virgen, confirmándolo todo bajo juramento, yo mismo estoy obligado, en atención a la Corredentora de la raza humana, a empeñar todos mis esfuerzos durante mi vida, al margen de la obediencia que debo a mis superiores, por la redención de todos los pueblos orientales disidentes que caen en cisma y error." Y en 1927, en la parte superior de una de sus imágenes, escribió este hermoso pensamiento: "Yo, fraile Leopoldo Mandic Zarevic, creo firmemente que la Santísima Virgen, en cuanto a que ella fue la Corredentora de la raza humana, es la fuente moral de toda gracia, ya que todos hemos recibido de su plenitud." El padre Stemman comenta: "En ello, San Leopoldo especifica lógicamente y con brillante lucidez, la diferencia que hay entre la corredención y la mediación de las gracias. Nuestra Señora es Corredentora como lo entendió San Leopoldo y, por lo tanto, es la 'fuente moral de todas las gracias'; dicho de otro modo, en virtud de que la Inmaculada fue Corredentora de la humanidad ('en cuanto a que ella fue la Corredentora de la raza humana'), se ha convertido con justa razón en la 'fuente', el manantial de la gracia y la Distribuidora de todas las gracias; ha venido a ser nuestra Señora de las gracias, y de esta manera es bien amada entre el Pueblo de Dios."

Las enseñanzas de San Leopoldo sobre la corredención se presentan como una obra de arte que es tan atractiva como lo es ardiente, en su pasión de sufrir por la reunificación de las iglesias separadas. Los elementos esenciales de la mediación corredentora y distributiva, saltan a la luz y exponen una buena definición del Santo. Él "cree firmemente" en la verdad de María como "Corredentora de la raza humana." Que su "yo creo firmemente" sea también el nuestro.

Santa Teresa Benedicta de la Cruz (+ 1942)

(Edith Stein)

Una de las obras espirituales más apreciadas y significativas de Santa Teresa Benedicta de la Cruz o, de otra manera, esta "ilustre hija de Israel," como la definió el papa Juan Pablo II en su discurso al beatificar a Edith Stein en Colonia el 1° de mayo de 1987, es la del ensayo teológico sobre San Juan de la Cruz intitulado "Scientia Crucis."

Solamente con el título, este trabajo sugiere ya un programa de vida iluminado y sellado por la cruz, un título que promete ser una exposición, o para ser más precisos, la exposición de esa ciencia suprema que da posesión al amor más grande: amor crucificado, amor que impulsa a cualquiera y lo lleva a la inmolación: "Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos" (Jn. 15:13).

Se podría afirmar y con razón, que la propia vida de Sta. Teresa Benedicta de la Cruz fue un libro, un texto completo sobre la "Scientia Crucis." Un biógrafo de Edith Stein no pudo haber recopilado de mejor manera su vida de sufrimiento "de la universidad al campamento de Auschwitz" de la que lo hizo, siguiendo una serie de dramáticas persecuciones y huídas, torturas y encarcelamientos sufridos por Edith Stein hasta su muerte en ese campo de horrores: Auschwitz.

Pero la "Scientia Crucis" inmediatamente nos trae a la mente la montaña de la cruz, el calvario, y transporta al alma, casi por impulso, al pie de esa cruz a la que fue clavado nuestro divino Redentor, Jesucristo. Y allí, a los pies de Jesús crucificado, el alma la encuentra a ella, la Señora de los Dolores, Corredentora, María Santísima, la Madre crucificada de corazón con su adorable Hijo. Se podría decir que ella personifica la "Scientia Crucis" más elevada, eso que en términos teológicos es "corredención mariana."

"Como Corredentora," escribió el padre Miotto, "María Santísima, traspasada y crucificada con Cristo en el calvario, es un espejo de luz, especialmente para las almas víctimas que han conformado su vida y muerte con la de Cristo crucificado, 'renovando en ellos mismos su muerte'. Sta. Teresa Benedicta de la Cruz, hija del pueblo hebreo, fue una de estas almas víctimas, escogida y amada por Dios, para revivir el misterio de la pasión de Cristo, prolongando en su propia persona la compasión de la Madre divina y Corredentora universal."

Sta. Teresa Benedicta de la Cruz, habiendo adquirido los niveles más altos de formación filosófica, nunca hizo un tratado directo sobre la corredención mariana. Pero sí conocía la doctrina y dejó algunos apuntes aquí y allá de entre sus escritos, que tocan el punto temáticamente, algunas veces incluso teológica y espiritualmente. De los textos más significativos, tenemos uno que habla expresamente de María Corredentora involucrada en la obra de la redención universal junto con Cristo su Hijo, con quien ella está ligada "uno eodemque decreto," esto es, "por el único y mismo decreto," según la fórmula adoptada por el papa Pío IX, o "con un vínculo estrecho e indisoluble," como se expresa en el Vaticano II (L.G. 53).

El breve texto de Sta. Teresa Benedicta de la Cruz es éste: "María deja el orden natural y se sitúa como Corredentora al lado del Redentor." Estas pocas palabras son teológicamente densas y luminosas. Presentan a María en la luz superior de la mente de Dios y de Su plan amoroso. María, una creatura humana e hija de Adán por naturaleza deja, sin embargo, el "orden natural"; en otras palabras, ella lo sobrepasa y lo trasciende porque, podríamos decir, ella pertenece más a Cristo que a Adán, más al segundo que al primer Adán.

De hecho, la teología católica nos enseña que la Santísima Virgen María, y sólo ella, en cuanto a que ella es la Madre del Verbo encarnado, pertenece al orden de la unión hipostática: "María Santísima," escribe el mariólogo Domenico Bertetto, "pertenece, en el plan divino, al orden hipostático, esto es, a la economía divina que nos da la unión hipostática o personal del divino Hijo con la naturaleza humana y la cual es la manifestación suprema de la liberalidad misericordiosa de Dios, más allá y por encima de esa economía divina que nos dio la condición de naturaleza elevada en nuestros primeros padres y, en nosotros, la condición de naturaleza caída y redimida."

Por lo tanto, la Santísima Virgen María, "deja el orden natural," dice Sta. Teresa Benedicta de la Cruz, para ser insertada en un nuevo orden, un orden excepcional, "un orden hacia ella misma (a sé)," afirma el padre Miotto, "que la constituye como el punto principal entre lo natural y lo sobrenatural, como un ser 'teándrico' ya que ella es la Madre del Verbo encarnado."

En este nuevo orden de la unión hipostática, nuestra Señora se asocia con Cristo el Salvador con la misión de "Corredentora junto con el Redentor." Así es como Sta. Teresa literalmente lo describe, y sus palabras también sacan a relucir con suficiente claridad que la corredención mariana, como la maternidad divina, no pertenece al orden natural; más bien la corredención siendo una con María, es elevada con ella al orden de la unión hipostática, puesta por lo tanto "al lado del Redentor." Y ya que hay sólo una Corredentora, la Corredentora es verdaderamente única: la divina Madre María.

La expresión "al lado del Redentor," quizás nos podría llevar a pensar en una complementariedad entre el Redentor y la Corredentora en la obra de la salvación. Sin embargo, Sta. Teresa Benedicta entiende bien y muy al contrario, que la corredención mariana es una cooperación directa e inmediata por parte de María, pero en virtud de que es cooperación se dice que siempre estará subordinada y dependiente del único Operador, Jesús, el único, Redentor absoluto. De hecho, en otra parte, la Santa llama a María la "Colaboradora de Cristo el Redentor."

Incluso, Sta. Teresa Benedicta de la Cruz nos ofrece una valiosa pista en relación a la maternidad espiritual de María Santísima, en la que la corredención mariana está íntimamente ligada a la maternidad espiritual, teniendo una interdependencia connatural en el sentido de que su maternidad espiritual brota precisamente de la corredención, y su virginidad, fecundada por la cruz, se convierte en la maternidad de la gracia (en harmonía con el Vaticano II que llama a María precisamente "Madre en el orden de la gracia": (L.G. 61). He aquí el texto de la Santa, que es tan breve como brillante y denso en su contenido: "Al pie de la cruz, la Virgen de las vírgenes se convirtió en la Madre de la gracia." Virginidad, corredención, maternidad: es un maravilloso tríptico, un diamante verdaderamente único y espléndido de tres caras. Sta. Teresa Benedicta nos presenta "la cruz y la gracia," escribe Miotto, "la corredención y la maternidad: estas son las coordenadas de nuestra regeneración en Cristo y María."

Los Beatos

Beata Isabel de la Trinidad (+ 1906)

Se ha dicho acertadamente que la Beata Isabel de la Trinidad "contempla esencialmente a María con los ojos de un alma contemplativa." La Beata Isabel de la Trinidad, habiendo poseído una extraordinaria alma contemplativa, observó y habló del misterio de la corredención bajo una luz transfigurada, en una nota mística que entra al interior, que penetra profundamente. "El conocimiento de María Santísima como Corredentora al lado del Redentor," nos dice Miotto, "tiene una característica particular en la Beata Isabel, una característica muy análoga a un alma contemplativa como la suya. Esta es la característica de la interioridad más profunda, del escondite más silencioso."

La Beata Isabel prefería llamar a María al pie de la cruz la Madre de los Dolores y Reina de los Mártires, y con sus ojos contemplativos ella observa: "Esta Reina de las Vírgenes es también la Reina de los Mártires, pero es siempre 'adentro de su corazón' que la espada penetra. ¡En ella todo ocurrió desde dentro!…Qué hermoso es contemplarla durante su largo martirio, serenísima en su majestad, pero que al mismo tiempo respira fortaleza y dulzura…Ella permanece allí, cerca, al pie de la cruz, fuerte y heroica."

El santo y anciano Simeón le había predicho a María en el templo: "¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!" (Lc 2:35). La Beata Isabel fija su mirada en esa "espada" que penetra profundamente en el corazón, que traspasa el alma de María, y casi en éxtasis suelta un sollozo: "¡En ella todo ocurrió desde dentro!." En realidad los Evangelios dicen muy poco acerca de los sufrimientos inenarrables de la Reina de los Mártires. Pero sí nos hacen saber, sin embargo, con las palabras del anciano Simeón, que en verdad todo sucedería en el interior, en su alma traspasada por la espada del dolor. Como resultado, la Beata Isabel desea analizar cuidadosamente los profundos recesos del Corazón de la Corredentora y Madre de los Dolores, y sin embargo sabe bien que nuestra Señora "vivió dentro de su Corazón con tal profundidad, que el ojo humano no puede seguirla." Aún así, la Beata Isabel "no se detiene en los aspectos superficiales de este misterio," escribe el padre Philipon, "sino que penetra el interior del alma de María…y busca, en lo escondido de su propia alma, alcanzar los grandes abismos del misterio de María."

De esta manera la Beata Isabel nos ayuda a entender y descubrir que el misterio de la corredención mariana se desenvuelve y se consume sobre todo "desde dentro" del alma de María, "en la soledad del alma de la Virgen," reflexiona el padre Philipon, "en conversación sólo con Dios, sin duda con la activa participación propia de la vida del hombre. Pero con el objeto de llevar a cabo una obra divina, el alma de la Corredentora estuvo más que nunca asimilada con el Alma de Cristo, ya fuera en los lugares solitarios por las noches, en la montaña o en el Jardín de Getsemani."

En la misión de María Corredentora, la Beata Isabel también entiende la misión de la maternidad divina de María relacionada con la humanidad, es decir, "la función providencial y única en la economía de la salvación," como lo escribe el padre Philipon, en virtud de su "asociación con el Omnipotente en su obra redentora" y que se desarrolla durante la etapa terrena de su vida hasta la consumación en el misterio de la cruz en el calvario, y en que también está asociada "con el Hijo que ahora permanece en gloria y con el Espíritu Santo, cooperando con Ellos para 'formar a Cristo' en las almas de los bautizados," durante la fase celestial hasta el fin de la historia que terminará con su venida gloriosa.

La Beata Isabel también se ocupa del alcance que tiene la maternidad de María en relación con el Dios-Hombre, Jesús, y con todos los hombres, hermanos de Cristo. Ella distingue dos fases en la misión maternal de la Santísima Virgen María: la fase terrena, conectada a la obra de la redención por medio de su papel "efectivo" (o sea, la corredención adquisitiva que adquiere la gracia), y la fase celestial, conectada a la obra de la Dispensación de la gracia redentora con el objeto de "formar a Cristo" en cada persona alrededor del mundo (o sea, la corredención distributiva). En suma, la primera es la mediación corredentora de María, la segunda, es la mediación distributiva de María de la gracia salvífica y santificante.

La Beata Isabel experimentó y recibió a plenitud los frutos de la misión maternal de María, en sus dos aspectos corredentor y distributivo. El padre Ragazzini escribió muy perceptivamente en un ensayo sobre de la Beata Isabel y San Maximiliano Kolbe, que la purificación y elevación del alma en la vida mística de la Beata Isabel, son el fruto de la mediación corredentora y distributiva de María, ya que "nuestra Señora, en el alma, es la activa Corredentora, Mediadora y Dispensadora de las gracias, porque ella es la Madre… Y como tal, junto con Cristo, comunica la vida espiritual la cual, si es verdad que esa vida necesariamente viene de la plenitud de Cristo, entonces también viene de la plenitud de María. La gracia es, por lo tanto, cristiana (de Cristo), pero también mariana."

En cuanto a que la Beata Isabel recibió en plenitud las gracias marianas, y en particular, la gracia corredentora de María, ella misma ofrece pruebas cuando, hacia el fin de su vida, se alegra enormemente, ya que se descubre a sí misma compenetrada con la Corredentora cooperando con Cristo por la salvación de muchos. Y escribe a su madre, exhortándola a que ella también se regocije porque "el Maestro se ha dignado escoger a tu hija, el fruto de tu vientre, para asociarla en su gran obra de redención." Durante su último retiro, que nos dejó sorprendentes "enseñanzas sobre la imagen de la Madre de los Dolores," ella misma escribe de nuevo diciendo: "Con Jesucristo estoy clavada a la cruz…Sufro en mi cuerpo aquello que se necesita a la pasión de Cristo, por su Cuerpo que es la Iglesia…La Reina está a 'tu derecha'…Ella camina por la senda del calvario, a la derecha de su Rey Crucificado…El quiere asociar a su esposa en su obra de redención."

Ciertamente la Beata Isabel quien, pensando en su Esposo crucificado, dijo que sufría "en su propio cuerpo una prolongación de su pasión," pudo haber dicho también que sufría una prolongación de la "compasión" de la Madre Corredentora. El padre Miotto dice que "sólo la contemplación mística puede traducir la verdad en una experiencia de vida, en las profundidades más secretas e interiores, como sucedió en el caso de la Beata Isabel en relación con la corredención mariana…esto significó haber vivido el contenido del misterio de María, prolongándolo en su propia humanidad."

Beato Bartolo Longo (+ 1926)

San Francisco de Sales y sobre todo San Alfonso de Ligorio, fueron dos Doctores de la Iglesia que se ocuparon, con gran talento y pasión, en ser apóstoles para los fieles cristianos, transmitiéndoles en un lenguaje simple y claro, el enriquecedor patrimonio de la verdad de nuestra fe, de la piedad más maravillosa y la devoción más estimada; haciendo todo esto con el objeto de alimentar la vida cristiana de la gente. San Francisco de Sales y San Alfonso de Ligorio deseaban "partir el pan" (cf. Lam 4:4) de la palabra de Dios para que todos los fieles pudieran comer de él con facilidad; y lograron esto por medio de libros y ensayos, escritos devocionales y canciones sagradas, que han formado al pueblo cristiano a través de los siglos y continuarán haciéndolo hoy en día y continuará de generación en generación.

El Beato Bartolo Longo tenía el alma de un apóstol y la calidad de un gigante cristiano. También él supo cómo entrar en el camino misionero hacia la gente, el camino de una catequesis simple pero esencial y de una piedad mariana muy popular, para así poder alcanzar a todos e incluso enseñar a rezar a las personas más marginadas y abandonadas. Pudo lograr esto por medio del Rosario, por medio de esta admirable oración y devoción que efectivamente está diseñada para todos, y podríamos decir, hecha a la medida de todos, especialmente para las personas más simples y con menos dones.

Se ha señalado con gran acierto que "el perfil doctrinal de la espiritualidad mariana del Beato Bartolo Longo," según el padre Miotto, "se encuentra sólidamente basado en la verdad de la maternidad de María Santísima como Corredentora y Mediadora universal de todas las gracias, de las cuales el Rosario constituye una de las expresiones de oración más devotas y piadosas en manos de la gente. Uno podría decir que la misión de toda la vida del Beato Bartolo Longo como apóstol de nuestra Señora y de la caridad fue ésta: llevar a los más necesitados las gracias de la redención 'incendiando al mundo de amor por el Rosario.' "

En efecto, el Rosario, en sus tres series de misterios gozosos, dolorosos y gloriosos, ofrece al devoto una forma de reflexión y contemplación al orar los misterios fundamentales de la salvación —la Encarnación, la redención y la Glorificación— en los cuales Santa María es, respectivamente, la divina y Madre virgen del Verbo encarnado (los misterios gozosos), la Corredentora al lado de su divino Hijo el Redentor (los misterios dolorosos), y la "Mujer" asunta al Cielo como Reina y Mediadora universal (los misterios gloriosos). Esta visión teológica, verdaderamente auténtica y bien fundada de la espiritualidad mariana, se encuentra ciertamente completa en el santo Rosario, y el Beato Bartolo Longo presentó, ofreció, explicó e ilustró todo esto en el libro de doctrina y mediación, de piedad y devoción, intitulado Los Quince Sábados del Santo Rosario. Hasta la fecha, esta obra va llegando a su 90ava edición, imprimiendo millones y millones de copias en muchos idiomas.

El tema de la corredención mariana se presenta, obviamente, página tras página en este texto, con invocaciones y reflexiones, pensamientos y discernimientos, alusiones y explicaciones, los cuales, tomados todos juntos, revelan una fe clara y certera en la Santísima Madre como Corredentora y Mediadora universal de todas las gracias. A este respecto y como ejemplo, podemos mencionar la oración en la que él llama a la Santísima Virgen María "nuestra Corredentora y Dispensadora de las gracias" con la invocación: "O Santa Virgen, cumple hoy con tu oficio de ser nuestra Corredentora."

¡Qué conmovedoras resultan las páginas en las que el Beato Bartolo habla del inmenso sufrimiento de María Corredentora! Hace un comentario sobre la presentación del niño Jesús en el templo, donde la Madonna tuvo la fortaleza sublime de "ofrecer a su Hijo, el Unigénito, a la muerte por nosotros pecadores," aceptando esa "espada" dirigida a su alma, que le valió el título de "Reina de los Mártires," más heroica que todos los mártires, ya que desde ese día estaría ofreciendo al Padre Eterno el Hijo, pensando en los sufrimientos por venir que Él tendría que padecer.

Posteriormente, el Beato Bartolo hace una exposición sobre la participación más dolorosa de la Corredentora, en los misterios de la pasión de Jesús crucificado, considerando y poniendo de manifiesto a María Dolorosa "con su corazón crucificado en el calvario," al pie de la cruz donde "ese Cordero divino y esta inocente Ovejita, recíprocamente se sostenían y entendían el uno al otro: el uno siendo atormentado por los sufrimientos del otro." Con perspicacia, el padre Miotto reflexiona sobre este texto, tan saturado de sentimiento divino: "Parece ser que el sufrimiento de ambos - aquél del Redentor y el de la Corredentora - no era que se añadiera el uno al otro, sino que estaban unificados."

Las reflexiones del Beato Bartolo sobre los misterios gloriosos del Rosario, son igualmente conmovedoras, vibrantes de gozo pascual, comenzando con la aparición de Jesús resucitado, quien primeramente se encuentra con su Madre. En esa aparición desbordante de alegría, el Jesús resucitado quiso expresamente agradecer a su Madre por su "amarga participación en todos los sufrimientos, como Corredentora de la raza humana," para que se realizara el plan salvífico de Dios. Y finalmente, al término de su vida terrena, la Madre de Dios, asunta en cuerpo y alma al Cielo, fue recibida en el Paraíso por el Hijo quien la colocó "a su derecha exaltándola por encima de los coros de ángeles…asociándola a sí mismo como su Madre, Esposa y Corredentora, como su Colaboradora en la redención del mundo y Reina del universo."

La fe del Beato Bartolo es integral. En su visión teológica, permeada por el sensus fidei, la misión de la Corredentora en la tierra y en el Cielo pasa por todos los eventos de la vida de Santa María, una vida inseparable de la de su Hijo divino, a quien permanece siempre unida "con un vínculo estrecho e indisoluble" (L.G. 53), activa e inmediatamente cooperando con el Redentor en la obra de la redención, siempre "con Él y bajo Él" (L.G. 56), y puesta en los cielos para la eternidad "a su derecha…como su Madre, Esposa y Corredentora."

Beato Luis Orione (+ 1940)

No cabe duda que la actividad apostólica del Beato Luis Orione fue grandiosa, y más amplio aún su campo de trabajo, pero todavía más vastos fueron sus proyectos de evangelización y caridad hacia los demás, especialmente hacia los que sufrían y los más necesitados. Las prédicas, enseñanzas e instrucciones del Beato Luis Orione resonaron en ciudades y pueblos, desde los púlpitos y catedrales, atravesaron plazas y calles, iglesias y casas…¡Palabras de luz, palabras de vida, palabras de esperanza, palabras de eternidad! El Beato Luis Orione fue un apóstol increíble, totalmente dominado por el más ardiente triple amor hacia Cristo, María y el Papa.

En cuanto al amor que profesaba a la Santísima Virgen María, uno podría recopilar hoja por hoja, como ya lo han hecho algunos. Estas páginas no contienen una especie de tratado mariológico, y mucho menos constituyen un libro de texto teológico académico o escolástico sobre María. Muy al contrario. Son un cofre conteniendo los tesoros de una fe pura y ardiente sobre el misterio de María, un misterio explicado e ilustrado, estudiado y contemplado y en ocasiones, uno se atrevería a decir, cantado y alabado con entusiasmo, por un creyente cuyo amor por su más tierna y celestial Madre de Dios, jamás podría ser contenido.

En lo que toca al misterio de la corredención mariana en particular, el Beato Orione no nos dejó ningún tratado sistemático aparte sobre el tema. Sin embargo, sí habla de ello muchas veces en su acostumbrado estilo ardiente y luminoso, y trata todos sus detalles esenciales como de doctrina común, como verdadera, como de un patrimonio de fe vivido por el Pueblo de Dios, y más precisamente como una fe que está permeada por ese sensus fidei que ilumina, guía y conduce a cada creyente a lo largo del camino de una verdadera vida cristiana, esto es, por la senda de salvación y santificación.

El fundamento principal sobre el cual el Beato Orione apoya la verdad de la corredención mariana es la tradición bíblica patrística. El Beato Orione modela su reflexión y enseñanza en las tres parejas, implicadas, por decirlo así, en una especie de oposición y re-circulación, y que se encuentran en las páginas de la Biblia y de los Padres de la Iglesia, a saber, Adán y Eva, Jesús y María, el Edén y el calvario. Con estas tres figuras, el Beato Orione presenta la obra de nuestra destrucción y nuestra salvación. El Beato Orione escribe: "Adán y Eva nos arruinaron; Jesús y María nos salvaron." Estas son las primeras dos parejas. La caída de la humanidad está ligada con el colapso moral de la primer pareja, Adán y Eva; la salvación de la humanidad está ligada a la redención que nos trajo por la segunda pareja, Jesús y María.

En esta meditación del Beato Orione, es fácil encontrar la doble unidad. En primer lugar, está aquello del colapso moral, que juntos nos trajeron Adán y Eva, con diversas responsabilidades: principalmente para Adán como cabeza de la raza humana, y en segundo lugar para Eva como instigadora y co-pecadora (co-peccatrix) con Adán. En segundo lugar, está lo de la redención, traída conjuntamente por Jesús y María, con diversas responsabilidades: principalmente por Jesús como el Redentor y de manera secundaria por María como Corredentora. En ello podemos también apreciar la doble unidad: los causantes del colapso moral fueron exclusivamente Adán y Eva, mientras que los causantes de la redención fueron exclusivamente Jesús y María.

La tercer figura del Beato Orione es ésta: "Edén y el calvario fueron los dos puntos culminantes en la historia, donde ocurrieron los dos más grandes eventos para la humanidad." Esta tercer pareja, por decirlo así, con un evento dramático enfrentado al otro, es una manera simpática de indicar, incluso, el lugar geográfico que sirvió para los escenarios históricos de los eventos más importantes en la historia humana, esto es, aquel de la caída devastadora del hombre (Eden) y aquel de su redención (calvario), causada por las dos parejas contrarias, el pecador y la co-pecadora (Adán y Eva) contra el Redentor y la Corredentora (Jesús y María).

El padre Miotto observa atinadamente que en la manera de pensar del Beato Orione, "la revelación y la historia, la geografía y la topografía se unen en el creativo plan redentor deseado por Dios para la humanidad. Adán y Eva, Cristo y María, el Edén y el calvario, la encarnación y la redención, todos se encuentran en el cruce de un designio divino, y la manera en que se va desarrollando este plan salvífico de amor, se demuestra aquí en sus principales protagonistas humanos y divinos, en sus dimensiones teológicas y soteriológicas, en sus aspectos histórico y geográfico más básicos, realizados en el tiempo y el espacio de nuestro mundo."

Otra iluminada inspiración del Beato Orione acerca del misterio de María Corredentora, es su enseñanza sobre la misión salvífica de nuestra Santa Señora, nombrada nuestra Madre universal precisamente por ser Corredentora, proclamada nuestra "Madre" por Jesús mismo en el calvario (ref.Jn 19:25-26) exactamente durante la consumación de la corredención más dolorosa. El Beato Orione escribe: "Si María no hubiese sufrido, digo esto sólo para exponer mi punto, podríamos decir que no fue completamente nuestra Madre…María es Corredentora de la humanidad; es nuestra más tierna Madre porque incluso derramó lágrimas, especialmente por esta razón…"

La Santísima Virgen María, por lo tanto, es nuestra Madre porque fue la "Corredentora de la humanidad." Esta afirmación revela que también para el Beato Orione, la maternidad y la corredención en María son correlativas e interdependientes. Por medio de la corredención, ella nos regenera a la vida sobrenatural, convirtiéndose de ese modo en nuestra verdadera Madre, nuestra "Madre en el orden de la gracia," como lo enseña el Vaticano II (L.G. 61). Por lo tanto, la maternidad de María ha sido una maternidad corredentora. Y esta maternidad corredentora, que llegó a su consumación final en el calvario, fue la misión que María Santísima recibió y dio acogida para nuestra salvación, esto desde el principio, ofreciendo para este fin "las lágrimas que derramó secretamente durante toda su vida," como lo expone el Beato Orione, lágrimas que se mezclaron y se hicieron una con "la sangre de nuestro Señor crucificado," con objeto de pagar el rescate y restaurar nuestra vida sobrenatural.

La enseñanza mariana (del Beato) también trata sobre la mediación de las gracias que brota de la corredención, la matriz de cada gracia salvífica que se distribuye a cada persona en el camino a su salvación. Si María Corredentora cooperó con Cristo en la adquisición de la gracia perdida en el Edén, entonces María Mediadora coopera con Cristo en la distribución de esa gracia recuperada en el calvario. En relación a su mediación, el Beato Orione está consciente de la forma en que San Pablo se refiere a Cristo como el "único Mediador" entre Dios y los hombres (1 Tm 2:5), y por lo tanto es cuidadoso al explicar en qué sentido es Mediadora María Santísima. Escribe: "Si Cristo, el Dios Hombre es el Mediador supremo y omnipotente por naturaleza, María, la Madre de Dios, es Mediadora por gracia, ya que por gracia ella es omnipotente: su oración es sumamente eficaz y su mediación infalible."

Al tenor de estas breves reflexiones sobre la doctrina corredentiva del Beato Luis Orione, podemos asimismo estar de acuerdo con el padre Miotto que concluye: "El perfil de la corredención mariana en las consideraciones del Beato Orione, es completa en todos sus elementos constitutivos. En contraste con la primera Eva, ya al principio de la historia humana, María Santísima ha sido presentada por Dios como la nueva Eva con la misión de ser Corredentora de la humanidad y maternal Mediadora de todas las gracias para nuestra salvación."

Beato Cardenal Ildefonso Schuster (+ 1954)

El Cardenal Ildefonso Schuster es una figura eminente tanto como profesor, como pastor. Por lo tanto, su enseñanza contiene una autoridad particular, marcada por el carisma de la doctrina y la práctica de pastoral. La ortodoxia y la ortopraxis, apoyadas y fortalecidas mutuamente por su visión de fe y fervor apostólico, son las marcas distintivas de la persona y misión del Beato Schuster, Cardenal Arzobispo de Milán.

La doctrina mariológica del Cardenal Schuster, que abunda en sus numerosos libros y escritos, se presenta en perfecta harmonía con la perenne teología mariana de la Iglesia. El sentire cum Ecclesia fue una constante en todas las enseñanzas del Beato Ildefonso, y especialmente su enseñanza mariana contenida tanto en su obra monumental de nueve volúmenes, Liber Sacramentorum, y en sus demás escritos, pero sobre todo en su última obra, L'Evangelo di Nostra Donna, que es un verdadero testimonio de amor de su alma mariana.

En lo que se refiere al misterio de la corredención mariana, basta leer un poco de sus escritos para darse cuenta inmediata de que en la ideología del Beato Ildefonso, la corredención mariana es tratada como doctrina católica común y muy cierta. El Beato adopta con libertad el término Corredentora y frecuentemente llama a María la Corredentora de la raza humana sin intimidaciones o temores. El término Corredentora aparece sin evasivas en toda su catequesis y estudios, sus homilías y otros escritos. Más aún, el término se emplea tanto de manera precisa como apropiada, de acuerdo con su estructura semántica y claro significado. Esa estructura y significado es, soteriológicamente, una expresión más exacta de la relación que la Santísima Virgen María tenía con el Redentor con objeto de llevar a cabo la redención universal.

Las reflexiones del Beato Ildefonso en cuanto a la corredención son siempre fundamentadas en la Sagrada Escritura y la Liturgia. La base principal de la verdad y el fundamento de la fe lo constituyen el Antiguo y el Nuevo Testamentos. El Beato Ildefonso se mueve siempre a la luz de la Revelación, y es también el caso en cuanto a su enseñanza sobre la corredención mariana. Lo relaciona al contraste bíblico entre los dos Testamentos: Eva-María, Adán-Cristo. Veamos esta brillante inspiración al tratar sobre la asunción al Cielo de la Santísima Virgen María: "Incluso en el Cielo, María ejerce la tarea de ser nuestra Abogada, ese oficio que Jesús le confió en el calvario; esto es con el objeto de que la redención pudiera reparar la caída, incluso de manera sobreabundante. Para Adán y Eva que son pecadores y para el origen del pecado original en este mundo, Dios contrarresta con Cristo y María, el Redentor y la Corredentora de la raza humana."

El Beato Ildefonso también presenta a otras dos mujeres del Antiguo Testamento como figuras de María Corredentora. Habla de Deborah y Judit. El Cardenal escribe expresamente, que es Judit en especial "la más indicada para celebrar las glorias de la 'Corredentora' de la raza humana, de aquella que, para salvar al mundo de la ruina final, no escatimó su propio ser ni el de su único Hijo, sino que con perfecta conformidad a la voluntad de Dios Padre, ella también, como su Madre Inmaculada, lo ofreció en sacrificio en el altar de la cruz."

Por otro lado, en cuanto a la Liturgia, el Beato Ildefonso explica en un momento muy oportuno, que la celebración mariana de nuestra Señora de los Dolores el viernes santo, fue una celebración muy antigua y significativa, para la que, después de muchos siglos, se fijó la fecha del 15 de septiembre. A esa celebración de los Dolores de María el viernes santo se sumó, ab antiguo, la piedad de la Iglesia que "se unió a María guardando luto a Jesús crucificado." Como consecuencia, el Cardenal escribe: "La devoción especial a los Dolores de la Virgen, la Corredentora de la raza humana, estaba ya en el alma del pueblo cristiano hace muchos siglos." Sin embargo, la fiesta de nuestra Señora de los Dolores el 15 de septiembre fue "más bien la festividad del triunfo de la Santísima Madre quien, al pie de la cruz y precisamente por medio de su martirio cruel, redimió la raza humana junto con su Hijo, mereciendo así el triunfo de ser exaltada por encima de todos los coros de ángeles y santos."

Con estas palabras el Cardenal Schuster lleva a su máxima expresión la participación directa e inmediata de la Santísima Virgen en la redención universal. Escuchemos nuevamente su punto de vista culminante: Ella, "al pie de la cruz, precisamente por medio de su cruel martirio, redimió a la raza humana junto con su Hijo." Tal parecería que la palabra "redimió" dice demasiado, pero en realidad uno podría también insertar en este párrafo las expresiones del Vaticano II, que hablan de la Santísima Virgen María como unida totalmente a Cristo "con un vínculo estrecho e indisoluble" (L.G. 53), siempre "sirviendo al misterio de la redención con Él y bajo Él" (L.G. 56).

Otros puntos fundamentales sobre la corredención mariana, tienen que ver con los privilegios que dependen de ella, tales como la maternidad espiritual, su dignidad de Reina y la mediación de gracias de nuestra Santa Señora. La enseñanza del cardenal Schuster es consistente: María es nuestra Madre, nuestra Reina, nuestra Medianera de todas las gracias, porque ella es la Corredentora. El razonamiento del Beato Ildefonso sigue una lógica muy clara: somos hijos de María Corredentora, ya que "ella nos regenera en Dios por su amargo martirio al pie de la cruz de su Hijo y por ello se convierte en Madre de todos los hombres." En la corredención más dolorosa, María nos regenera entre la amargura y los dolores de parto propios de un nuevo nacimiento.

En cuanto a la dignidad de la Santísima Virgen María como Reina, el Beato Schuster enseña en este sentido que "María es la Reina del mundo porque ella es la Corredentora de la raza humana junto con Jesús y por Jesús, en quien el Padre confirió 'omnis potestas in coelo et in terra' (o sea, 'todo el poder en el Cielo y en la tierra') después de su resurrección." Y en cuanto a la mediación de toda gracia, con igual seguridad y lógica consistencia, el cardenal Schuster nos lleva a entender que si la Corredentora cooperó en la adquisición de las gracias de la redención, será también ella quien disponga de ellas para su distribución. De hecho, el Cardenal mantiene que "la Virgen distribuye las gracias de la redención como Reina, Madre y Mediadora." Y la oración mariana del Pueblo de Dios ligada a la Corredentora, según el Beato Ildefonso, es la oración del Rosario, que es la expresión de la fe y el amor, "la cual," dice el Cardenal, "la Iglesia universal alimenta para ella, que es la Madre de Dios y de los hombres, la Corredentora de la raza humana."

Hasta este punto de nuestra breve y veloz presentación de tan sólo un puñado de los muchos textos del Beato Ildefonso sobre la Corredentora, no nos queda más que hacer una conclusión echando un vistazo a su última obra escrita en 1954, el año en que murió; una verdaderamente conmovedora "melodía del cisne" sobre la Madre de Dios y Corredentora. Es la obra mariana intitulada L'Evangelo di Nostra Donna, "en la que," escribe el padre Siano, "el recuerdo de la corredención actúa, de alguna manera, como contrapunto de todo el texto, que respira únicamente a Evangelio." Esto se debe a que mediante su madura contemplación, el Beato Schuster "ya había entendido —y también escrito— cómo la figura de María no podía ser separada de la sombra de la cruz."

Más aún, este valioso texto presenta la vida de nuestra Señora a la luz de los momentos culminantes de su vocación corredentora y su misión sobre la tierra. En la anunciación, la Virgen María se adhiere al "plan de la futura redención," "con plena conciencia y libre albedrío," a efecto de "convertirse en la Madre de Jesús, y, después de un tiempo, la engendradora de su Cuerpo Místico, la Corredentora de la progenie humana." En la presentación del niño Jesús en el templo, se encuentra con el anciano y santo Simeón quien, escribe el Beato Schuster, "ya puede discernir desde lejos la cruz plantada en el calvario, y prevé a María Corredentora al pie de la cruz con su corazón traspasado por la espada…María escuchó al anciano, le entendió, pero no dijo una sola palabra. Su martirio exento de sangre comenzó desde ese momento, pero guardó silencio, porque usualmente la víctima se queda callada y no habla." En los momentos en que María criaba al niño Jesús y mientras alimentaba el Cuerpo del divino infante, alimentaba también su propia alma porque, dice el Beato Ildefonso, "al escuchar al Logos que había venido a enseñar y, en todas aquellas ocasiones en que ella lo alimentaba, se iba haciendo cada vez más apta para su misión de Corredentora de la raza humana."

En cuanto a la consumación de la obra redentora en el calvario, el Beato Schuster se expresa con extraordinaria emoción al contemplar el holocausto de Jesús y María, de quienes "una ola de misericordia descenderá para limpiar los pecados de todas las generaciones." Del Redentor y la Corredentora, de hecho, brotan las aguas purificadoras que limpian el pecado original para la salvación del mundo. Esta era la obra de la redención de acuerdo al plan amoroso de Dios, y el cardenal Schuster nos enseña que "la misión de María Corredentora entró en grado máximo en ese misterio soteriológico."

En conclusión, la enseñanza corredentora del Beato Schuster constituye un valioso patrimonio de doctrina mariana, misma que él, eminentísimo y calificado maestro del Pueblo de Dios, ha legado a la Iglesia. Y en este siglo veintiuno que ha comenzado con la confianza de estar cruzando el umbral de la esperanza, como lo ha escrito nuestro Santo Padre Juan Pablo II, podemos afirmar con seguridad, junto con el padre Siano, que de entre "las voces de los santos y los beatos, venerables y siervos de Dios que han cantado la gloria de la corredención mariana, la voz del cardenal Schuster, plena de autoridad y santidad, se elevará por encima de las demás, confirmando esa verdad tan dulce acerca de María Santísima, 'Corredentora del linaje humano'."

Beato Pío de Pietrelcina (+ 1968)

Se ha escrito, y con justa razón, que "si hay algún aspecto del misterio de María especialmente propio a la vida y obra del padre Pío de Pietrelcina, es ciertamente el aspecto corredentor de la persona y misión de la Inmaculada en el amoroso plan salvífico de Dios."

El misterio de María como Corredentora está presente en la vida y escritos del Beato Pío de Pietrelcina a los niveles más altos de la experiencia mística que vivió en cuerpo y alma, y de la theologia cordis transmitida por él a sus hijos espirituales, en el idioma de esa sabiduría que trasciende por mucho a un lenguaje que se limita únicamente a lo nocional y conceptual.

El Beato Pío de Pietrelcina, en primera instancia, vivió el misterio de la corredención mariana en su excepcional experiencia mística de la pasión de Cristo crucificado, de la que llevó en su cuerpo los estigmas vivos y sangrantes por espacio de cincuenta años, de 1918 a 1968. Se convirtió en una "reproducción impresa de las llagas del Señor," según la felíz expresión del papa Paulo VI. En esta excepcional experiencia mística, se co-inmoló a sí mismo con Cristo, asimilándose de una manera más extensa y profunda, a la Madre Corredentora, quien se inmola a sí misma con el Hijo en la cruz, con objeto de que se realice la redención universal. Se ha escrito que el "padre Pío penetró los dolores de María y participó en ellos, se reflejó en ellos, los revivió; así como su alma había formado parte en los dolores de la pasión, también había tenido el don de participar en los dolores de María."

Sin embargo, en ésta área de experiencia mística, no se permite la entrada a los inexpertos y tampoco están en posición de hablar de ello. San Buenaventura, el "Seráfico Doctor," enseña explícitamente que, en relación a lo místico, "aquellos que no son expertos y que no desean hacerse experimentados, deben guardar absoluto silencio."

Por lo tanto, lo que está más al alcance de nuestra inteligencia, es el aspecto corredentor del ministerio activo del Beato Pío de Pietrelcina. Ejercitó el ministerio del confesionario por más de cincuenta años, administrando el Sacramento de la Reconciliación a una vastísima familia de penitentes a quienes el papa Paulo VI calificó, con otra felíz expresión, de "clientela a nivel mundial." Pero administrar el Sacramento del perdón y la reconciliación entre la humanidad y Dios, significa operar en la misma longitud de onda, por así decirlo, que la corredención mariana. De hecho, María Santísima, estando unida con el Redentor —"con Él y bajo Él," como lo enseña el Vaticano II (L.G. 56)— reconcilió a la humanidad con Dios por medio del sacrificio ofrecido y consumado en el calvario; y después del calvario ella continúa incesantemente reconciliando al hombre con Dios por medio de su mediación y distribución de todas las gracias de la redención. Por esta razón se le proclama como la madre de la reconciliación universal.

El director espiritual del Beato Pío de Pietrelcina, el padre Benedicto de San Marco, le dijo en alguna ocasión al Beato Pío, por medio de una carta dándole dirección espiritual, que su vocación particular era la "vocación para corredimir" por medio de las pruebas diarias, luchas, sufrimientos y fatigas resultantes del ejercicio de su ministerio. Y particularmente en cuanto a su trabajo como confesor, precisamente se ha hecho notar que "en el ministerio de la reconciliación, el padre Pío prolongó, o en cierto sentido, actualizó, la fecundidad de la gracia de la corredención mariana que 'restaura la vida sobrenatural de las almas' (L.G. 61). De hecho, la gracia divina que adquirieron el Redentor y la Corredentora al 'hacer efectiva' la redención, se distribuye y aplica a cada alma que lo necesite, por medio de la absolución sacramental que daba el padre Pío a sus penitentes."

Para mejor entender la "vocación de corredimir" del Beato Pío, uno debe asimismo consultar sus escritos, de grandísimo valor donde él habla de la Corredentora en el misterio salvífico. Y uno reconoce inmediatamente que su discurso no es teórico o nocional, sino que refleja las características más profundas y conmovedoras de la theologia cordis, de una teología vivida al nivel de la experiencia ascética y mística, una experiencia que da el conocimiento del misterio característicamente sapiencial y experimental, como lo explica San Buenaventura.

Las páginas en las que el Beato Pío habla de los dolores de la Santísima Virgen María son por demás numerosos. En estas páginas, la figura de nuestra Señora de los Dolores está presente en su inmenso sufrimiento corredentor, y se le ve caminando por la vía del calvario "justo atrás de Jesús…cargada con su propia cruz." Una cruz para Jesús, una cruz para María. Sería valioso recordar en este punto la inspiración de Arnoldo de Chartres que habla de un doble altar en el calvario: "uno en el corazón de María, el otro en el cuerpo de Cristo. Cristo sacrificó su carne, María su alma." Y el Beato Pío recomienda a todos "mantenerse siempre justo detrás de esta Santísima Madre, caminar siempre cerca de ella, ya que no existe otro camino que lleva a la vida, sino aquel por el que nuestra Madre caminó."

Cuando el Beato Pío quiere describir los sufrimientos de nuestra Señora de los Dolores, encuentra un punto de referencia muy válido en su propio sufrimiento, ya sea de carácter moral o físico, un sufrimiento tan terrible como para secarle cada lágrima y petrificarlo de dolor. Por esta razón, al contemplar los dolores de nuestra Señora, puede expandir su alma y decir: "Sí, ahora puedo entender, oh Jesús, porqué en admirándote a Ti, tu Madre no lloró estando al pie de la cruz," porque "por el exceso de dolor, ella permaneció petrificada ante su Hijo crucificado"; y en otra página de sublime contemplación, tocando sus propios dolores sin medida y aquellos de nuestra Señora, exclama conmovedoramente: "Pareciera que estoy penetrando ahora en lo que fue el martirio de nuestra muy amada Madre (…). ¡Oh, si toda la gente pudiera tan sólo penetrar este martirio! ¿Quién podría lograr sufrir con ésta, sí, nuestra querida Corredentora? ¿Quién se rehusaría a darle el acertado título de Reina de los Mártires?"

Las palabras "querida Corredentora" expresan de manera más exacta el valor soteriológico de la misión maternal de la Santísima Virgen María en tonos de una pura theologia cordis. Ella corredimió a la humanidad ofreciendo a la divina Víctima, su Hijo Jesús, en la sangrienta inmolación de la cruz, y co-inmolándose ella misma con Él para "restaurar la vida sobrenatural de las almas" (L.G. 61), convirtiéndose así en nuestra "Madre en el orden de la gracia" (L.G. 61). Ella "nos dio a luz en los dolores," afirma el Beato Pío. Ella es, por lo tanto, la Madre Corredentora. Ella desea criar a sus hijos, y lo que es más, hacerlos crecer incluso hasta llegar a la altura de Cristo. Ella es, por lo tanto, la Madre Mediadora y Dispensadora de todas las gracias, siempre "asociada con Jesús distribuyendo a las almas los frutos de la redención," como escribe el padre Melchior da Pobladura. La Corredentora volvió a adquirir la gracia perdida. La Mediadora distribuye la gracia readquirida. Existe una continuidad operante entre la corredención y distribución de la gracia salvífica. Y, según la enseñanza del Beato Pío de Pietrelcina, deberíamos estar eternamente agradecidos a "sí, nuestra querida Corredentora" y a nuestra "Mediadora y Dispensadora de todas las gracias."

Beato Josemaría Escrivá (+ 1975)

El Beato Josemaría Escrivá fue un extraordinario apóstol de nuestros tiempos y de todos los tiempos. Estaba preocupado por llevar al Pueblo de Dios a las regiones más altas de la santidad universal, de acuerdo con la "Obra de Dios" Opus Dei, por la cual luchó y sufrió, se sacrificó y se consumió sin descanso, incluso hasta el final de su vida, reteniendo siempre la riqueza de dos valiosos tesoros: "sentido sobrenatural y su humanidad por demás cordial."

En la vasta literatura producida por el Beato Escrivá, la presencia de nuestra Señora es constante y luminosa. Cada aspecto de la doctrina mariana de la Iglesia ocupa su lugar de importancia y anima la fe del Beato Escrivá, misma que transmitió a sus hijos propagados por todo el mundo. Por lo tanto, el misterio de la corredención mariana no podía estar ausente de la instrucción y piedad del Beato.

"De entre los escritos marianos del Beato Escrivá," hace notar el padre Miotto, "hay una página de espléndida meditación en donde se presente una hermosa síntesis sobre la corredención mariana, tomada particularmente de entre los eventos del Evangelio acerca de la presentación del niño Jesús en el templo y de la crucifixión y muerte de Jesús en el calvario, pero también confirmada y garantizada por el magisterio pontificio, especialmente la enseñanza del papa Benedicto XV."

El Beato Escrivá observa la escena de la presentación del niño Jesús en el templo a la luz del inmenso amor de la Santísima Virgen María. Escribe: "Recordemos la escena de la presentación de Jesús en el templo. El anciano Simeón dice a María, su Madre: 'Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción - ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! - a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.' (Lc 2:34-35). La inmensa caridad de María hacia la humanidad vió cumplida, más que nada en ella, la afirmación de Cristo: 'Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos' (Jn.15-13)."

En este comentario del Beato Escrivá sobre las impactantes palabras del anciano Simeón a María, aprendemos que entre la redención y la corredención existe una comunión en ese "mayor amor." El don y la inmolación de vida para la salvación de la humanidad, dice el Beato, fue común tanto para el Hijo como para la Madre, para el Redentor y para la Corredentora: una inmolación sangrienta para el Redentor, una inmolación sin sangre para la Corredentora.

Según las enseñanzas del Beato Josemaría Escrivá, esto trajo como consecuencia que se efectuara la fusión de sufrimientos entre el Redentor y la Corredentora, terminando en una fusión en la total inmolación de ambos. Por lo tanto, con sus indecibles sufrimientos corredentores, María Santísima fue "totalmente fusionada," como escribe el Beato, "con el amor redentor del Hijo," ofreciendo todo su "inmenso sufrimiento —-cual aguda espada— que traspasó su purísimo corazón." En esta fusión de amor al inmolarse con el Hijo —una inmolación que "traspasa el alma"— debemos entender la total participación personal, directa e inmediata, de la Corredentora en la obra de la redención universal.

En este punto de su reflexión, el Beato Escrivá cita la enseñanza papal que constituye la garantía más alta y certera de cada verdad de la fe. Él encuentra la confirmación del papa Benedicto XV, que habla de la corredención mariana como quizás no lo haya hecho ningún otro papa. El papa Benedicto XV afirma que la presencia de nuestra Señora al pie de la cruz en el calvario "no estuvo desprovista del designio divino. María, en verdad, sufrió, y casi murió con su Hijo que sufría y agonizaba. Renunció a sus derechos maternales por su Hijo…y en cuanto estuvo de su parte, ella inmoló al Hijo para aplacar la justicia divina de tal manera, que uno puede decir con razón que ella, con su Hijo, redimió a la raza humana."

Asimismo, evocando las enseñanzas de otros papas que existieron antes y después de Benedicto XV, el Beato Escrivá reflexiona y comenta lo siguiente: "Los Supremos Pontífices correctamente se han referido a María como 'Corredentora'. En ese momento, junto con su Hijo que sufría y moría, ella sufrió y casi murió; fue allí que ella renunció a sus derechos maternales por su Hijo para la salvación de la humanidad y lo inmoló, hasta donde le fue posible, con objeto de aplacar la justicia de Dios; por ello uno puede justamente decir que ella redimió a la raza humana junto con Cristo. De este modo estamos en una mejor posición de entender ese momento de la pasión del Señor, sobre el que debemos meditar incansablemente: Stabat iuxta crucem Jesus Mater eius, 'Junto a la cruz de Jesús estaba su Madre' (Jn 19:25)."

Haciendo un análisis esencial de las reflexiones del Beato Josemaría, podemos decir que:

— correctamente los Supremos Pontífices llaman a María 'Corredentora'

— María, en verdad, sufrió, y casi murió con su Hijo crucificado

— María renunció a sus derechos maternales por su Hijo

— María, hasta donde le fue posible, inmoló a su Hijo

— María redimió a la raza humana junto con Cristo

— María es la singular Corredentora "que está al lado de su Hijo" en el calvario.

En el pensamiento del Beato Escrivá, este es el panorama gráfico de la redención universal deseada por Dios y realizada por Cristo el Redentor en su propia sangre, en unión con la Madre Corredentora que fue traspasada por la "espada" del dolor, asociada y unida a Él "con un vínculo estrecho e indisoluble" (L.G. 53) con objeto de servir "al misterio de la redención con Él y bajo Él" (L.G. 56), en esa "fusión" de amor supremo en total inmolación.

Pero veamos una reflexión más del Beato. Si es verdad que la felix culpa, de la que habla la celebrada Easter praeconium, obtuvo para nosotros el regalo del divino Redentor y Salvador, entonces también es cierto que nos obtuvo el regalo de la Madre Corredentora y Mediadora omnipotente. El propio Beato escribe: "felix culpa, canta la Iglesia: ¡Oh feliz culpa que nos mereció tal y tan grande Redentor!. ¡Oh feliz culpa, podemos también añadir, que nos mereció recibir a nuestra Señora como Madre. Ya no tenemos nada que temer, nada debe alarmarnos, porque nuestra Señora, que ha sido coronada Reina del cielo y de la tierra, es la omnipotente intercesora ante Dios. Jesús no le puede negar nada a María, y tampoco a nosotros, hijos de su propia Madre."

Hasta aquí podemos concluir con el padre Miotto lo siguiente: "La corredención y la mediación dan forma a la maternidad universal de María, respectivamente, en su fase de 'dar a luz…en el dolor' (cf. Ap 12:2) en el calvario al pie de la cruz (cf. Jn 19:25-27), y en la fase de alimentar y criar a los hijos que más necesitan de cuidados maternales y sustento hasta que alcancen el Reino de los Cielos, dejando este mundo de 'espinas y abrojos' (Gn 3:18). Esta es la verdad de la vida cristiana a la luz de la doctrina de la salvación, una vida hecha más amable gracias a la presencia maternal de la Corredentora y Mediadora quien desea salvar y santificar a todos sus hijos, a todos los hermanos pequeños de su Hijo."

Los Venerables

Venerable Santiago Alberione (+ 1971)

El Venerable Alberione, brillante fundador y extraordinario apóstol del siglo veinte, pionero genial y carismático en el campo de la evangelización, utilizó los medios modernos en todo el planeta. Fue también teólogo, orador y escritor muy prolífico, maestro y guía de generaciones de religiosos y laicos.

De entre sus escritos, sus obras marianas ocupan un lugar central y consistente y, según la afirmación de Roatta, él "lanzó las imágenes de la Madre Virgen que tienen mayor profundidad." El Venerable Santiago Alberione escribió toda una trilogía mariana, además de otro texto mariano dedicado a la Reina de los Apóstoles, por no mencionar una nutrida serie de artículos y notas.

En cuanto al tema de la corredención mariana, el Venerable Alberione nos ha dejado toda una doctrina de lecciones y capítulos de verdadera y exacta soteriología mariana. Todo esto él lo presenta en un lenguaje sencillo pero certero, utilizando un método teológico sólido y claro, exponiendo algunas verdades comúnmente mantenidas como tales, sin apresuramientos o discusiones sobre la probabilidad de tales argumentos. El Venerable Santiago presenta e ilustra la corredención y mediación de nuestra Señora como una verdad de fe, aún cuando todavía no se defina, pero a pesar de ello una doctrina viviente en términos del sensus fidei del Pueblo de Dios y un genuino sentire cum Ecclesia.

El Venerable Santiago confirma en una síntesis clara y precisa, que la Santísima Virgen María "cooperó en la adquisición de la gracia, y por lo tanto ella es Corredentora; le expone nuestras necesidades a Dios y por lo tanto es ella Mediadora de la gracia; ella nos ama y nos comunica la divina misericordia, y por ello es nuestra Madre espiritual." Este es el paradigma teológico de la mediación corredentora, distributiva y maternal de María Santísima. En pocas líneas, el Venerable Santiago muestra los elementos específicos y constitutivos y las consecuencias de la cooperación de María en la adquisición de las gracias redentoras como Corredentora, al dispensar la gracia redentora como Mediadora, y en el cuidado maternal de sus hijos como la Madre espiritual. En este sentido, un teólogo dijo: aquella que buscó catequizar y que supo cómo "partir el pan" de la palabra de Dios para los fieles (cf. Lam 4:4)

Su explicación continúa de manera simple y convincente, en relación con la corredención mariana. El Venerable escribe concisamente: "Corredentora. Ella cooperó con Jesucristo el Redentor, aunque de manera secundaria y subordinada, en salvarnos de la condenación eterna." Con estas palabras el Venerable Alberione especifica que la corredención mariana es "secundaria y subordinada" en relación con el principal y absoluto Redentor; afirma que la corredención sirvió para reabrir las puertas del Reino de los Cielos, es decir, la Corredentora cooperó en el "cumplimiento" mismo de la redención universal.

En el segundo volumen de la trilogía mariana —Las Fiestas de María el Venerable presenta la verdad de María Corredentora con otras reflexiones hechas desde diferentes ángulos. Escribe lo siguiente: "Consideremos porqué María no es recordada en los Evangelios durante los episodios gloriosos de su Hijo (es decir la transfiguración, la entrada triunfal en Jerusalén, etc.), pero su presencia se recuerda en el calvario. Ella sabía cuál era su oficio y su misión: cumplió con ellos de la manera más fiel, incluso hasta el fin, cooperando con el Hijo como Corredentora. Preparó a la Hostia para el sacrificio; y ahora mirémosla, ofreciéndolo e inmolándolo en el calvario." Con esto, podemos entender de inmediato, cómo la misión corredentora fue fundamental para María desde el primer momento de la encarnación del Verbo y Redentor. Ella estaba consciente desde la anunciación y, más aún, desde las palabras del anciano Simeón, que ella "tendría que compartir los dolores porque (ella era) Corredentora." Incluso, para poder ofrecer a Jesús como Víctima "ella estaba dispuesta y se había ofrecido para convertirse en Corredentora."

En el tercer volumen de la trilogía mariana de Alberione, el Mes de María, encontramos más interiorizaciones que enriquecen el tema de la corredención mariana. Recordando el sacrificio de Abraham, el Venerable Alberione escribe que: "de manera más perfecta que Abraham, quien preparó del todo el sacrificio de su hijo de acuerdo con la divina voluntad, María sintió en su corazón, con su presencia voluntaria, los dolores de Jesús en la crucifixión, la agonía, la muerte; su sufrimiento fue indescriptible, y con profunda caridad ofreció la sangre de Jesús y sus propios tormentos como recompensa al Padre celestial."

En este texto encontramos un tema particular de gran valor en la expresión "ofreció la sangre de Jesús y sus propios tormentos como recompensa al Padre celestial." En este pasaje, Alberione muestra claramente la cooperación activa e inmediata de María en el "cumplimiento" mismo de la redención, contribuyendo personalmente ofreciendo "sus propios tormentos como recompensa al Padre celestial," es decir que ella también pagó el precio del rescate con "sus propios tormentos" unidos a "la sangre de Jesús." En ello, vemos que existe una divina fusión entre el Redentor y la Corredentora, para lograr la obra de la redención universal.

Y como apoyo a esta doctrina, el Venerable Santiago cita el texto magisterial del papa Benedict