Montevideo, 23 de setiembre 1998
Yo
definiría al hombre
[1] como “el
animal que se pregunta por el nombre de Dios”.
Los
antropólogos usan diferentes indicadores para determinar cuándo en la escala
de la evolución el primate dejó de ser antropoide para convertirse en hombre.
El hito más elemental: en los primordios de la hominización aparecen los “artefactos”
– la flecha, la lanza, el cuchillo - por lo que el ser emergente modifica la
naturaleza a través de su actividad artesanal. La escritura surge en una fase
muy superior de la evolución... no quiero abundar, solo intento decir que – a
mi entender - en la suprema fase evolutiva, cuando el mono se convierte
plenamente en hombre, aparece el culto. El hombre es hombre porque es capaz de
reconocer a Dios y adorarlo.
El
horizonte ilimitado define a una persona adulta, madura, por más que el hombre
convive mal con esta perspectiva insondable y fácilmente se paraliza ante el terror
de una historia preñada de un futuro absoluto. El resultado es que, por
ingenuidad, comodidad, pragmatismo, o soberbia... o por vocación..., el hombre
quiere apoderarse de Dios, quiere eliminar de su horizonte la historia como
futuro absoluto para encerrarlo en una definición, en una imagen o un concepto.
Me
resulta tierna la ilusión de los patriarcas bíblicos que intentan apoderarse
del Nombre de Dios. Parece que es muy arcaica la moderna perspectiva del fin de
la historia a través de la posesión, dominio uso y abuso del absoluto
innombrable. La respuesta de Dios – habitualmente condescendiente con los
honestos - ha sido siempre o evasiva o críptica.
En
un pasaje que huele a los sedimentos más arcaicos de la Biblia tropezamos con
una lucha cuerpo a cuerpo: Dios pelea con el patriarca Jacob... En el combate
Dios no es capaz de vencer al hombre Jacob, por más que éste quede lesionado
en la refriega. El relato nos revela que, como Dios es un espíritu
nocturno, tiene que implorar a Jacob por su libertad porque se avecina la
luz del amanecer. La narración se concluye con un intercambio de nombres: Dios
se adueña de Jacob al conocer su nombre y le fija un destino, pero se cierra al
pedido del contendiente no vencido. Para Dios, el revelar su nombre hubiera
equivalido a pasar a ser una posesión de Jacob.
Y
habiéndose quedado Jacob solo, estuvo luchando alguien con él hasta rayar el
alba. Pero viendo que no le podía,
le tocó en la articulación femoral, y se dislocó el fémur de Jacob mientras
luchaba con aquél. Este le dijo: «Suéltame, que ha rayado el alba.» Jacob
respondió: «No te suelto hasta que no me hayas bendecido.» Dijo el otro: «¿Cuál
es tu nombre?» - «Jacob.» - «En adelante no te llamarás Jacob sino Israel;
porque has sido fuerte contra Dios y contra los hombres, y le has vencido.»
Jacob le preguntó: «Dime por favor tu nombre.» - «¿ Para qué preguntas por
mi nombre?» Y le bendijo allí mismo. Jacob llamó a aquel lugar Penuel, pues
(se dijo): «He visto a Dios cara a cara, y tengo la vida salva.».
[2]
Manóaj y su mujer, padres de Sansón reciben la visita del Ángel de Yahveh. La expresión responde a una etapa más refinada de las teologías del nombre. Dios pasa a actuar, hablar, visitar, mediante intermediarios, pero, a pesar de la manipulación del texto primitivo, es fácil descubrir en la redacción final a un Dios Yahveh que personalmente visita e interviene en la historia de los hombres.
El
Angel de Yahveh dijo a Manóaj: «Aunque me obligues a quedarme no probaré tu
comida. Pero si quieres preparar un holocausto, ofréceselo a Yahveh. » Porque
Manóaj no sabía que era el Angel de Yahveh.
Manóaj también siente la pulsión de poseer a Dios, de ser su dueño mediante la apropiación del nombre. Dios responde con una evasiva: El hombre puede llegar a contemplar el rostro de Dios, pero no puede saber su nombre. La visión de Dios produce la muerte del hombre que es poseído por Dios. Dios nunca se convierte en una de las posesiones del favorecido con la contemplación del rostro divino. Dar a conocer el nombre equivaldría a la “muerte de Dios”..
Manóaj
dijo entonces al Angel de Yahveh: «¿Cuál es tu nombre para que, cuando se
cumpla tu palabra, te podamos honrar?» El Angel de Yahveh le respondió: «¿Por
qué me preguntas el nombre, si es maravilloso?.» Manóaj tomó el cabrito y la
oblación y lo ofreció en holocausto, sobre la roca, a Yahveh, que obra
maravillas. Manóaj y su mujer estaban mirando. Cuando la llama subía del altar
hacia el cielo, el Angel de Yahveh subía en la llama. Manóaj y su mujer lo
estaban viendo y cayeron rostro en tierra. Al desaparecer el Angel de Yahveh de
la vista de Manóaj y su mujer, Manóaj se dio cuenta de que era el Angel de
Yahveh. Y dijo Manóaj a su mujer: «Seguro que vamos a morir, porque hemos
visto a Dios.»
[3]
Ante la misión que le es impuesta Moisés urge a Yahveh la revelación de su nombre. Dios le responde con una especie de criptograma.
Respondió:
«Yo estaré contigo y esta será para ti la señal de que yo te envío: Cuando
hayas sacado al pueblo de Egipto daréis culto a Dios en este monte. » Contestó
Moisés a Dios: «Si voy a los israelitas y les digo: "El Dios de vuestros
padres me ha enviado a vosotros"; cuando me pregunten: "¿Cuál es su
nombre?", ¿qué les responderé?» Dijo
Dios a Moisés: «Yo soy el que yo soy.»
[4]
Y añadió: «Así
dirás a los israelitas: "Yo soy" me ha enviado a vosotros. » Siguió
Dios diciendo a Moisés: «Así dirás a los israelitas: Yahveh, el Dios de
vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha
enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre, por él seré invocado de
generación en generación. » «Ve,
y reúne a los ancianos de Israel, y diles: "Se me apareció Yahveh, el
Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob"
[5] .
La respuesta divina puede ser entendida de dos modos.
Uno, negativo. Dios es el-lo que él es y no tiene porqué dar explicaciones a nadie. Nótese que en hebreo se repite idéntico sujeto y predicado de la frase. Yo soy lo que yo soy, yo soy como yo soy. La declaración es un enigma sin respuesta.
Otro, existencial. El verbo hebreo indica más al estar que al ser [6] . Y el tiempo verbal apunta a un presente no acabado. Habría que traducir la expresión como un Yo estoy ahora como estuve con los Padres y como estaré siempre con el pueblo. El nombre de Dios se lo conoce por su actuar en la historia.
Por eso mi pueblo conocerá mi nombre en aquel día y comprenderá que yo soy el que decía: «Aquí estoy. » [7]
Para
entender correctamente y hablar ortodoxamente del actuar del Espíritu Santo
tenemos que salvaguardar siempre, sin fisuras y a toda costa, la trascendencia
absoluta de su operación divina. Si no queremos frustrar su acción a favor de
los hombres, Dios Espíritu Santo tiene que seguir siendo Dios.
¿A
quién me podréis asemejar o comparar? ¿A quién me asemejaréis para que
seamos parecidos? Sacan el oro de
sus bolsas, pesan la plata en la balanza, y pagan a un orfebre para que les haga
un dios, al que adoran y ante el cual se postran.
Se lo cargan al hombro y lo transportan, lo colocan en su sitio y allí
se queda. No se mueve de su lugar. Hasta llegan a invocarle, mas no responde, no
salva de la angustia. Recordad esto
y sed hombres, tened seso, rebeldes, recordad
lo pasado desde antiguo, pues yo soy Dios y no hay ningún otro, yo soy Dios, no
hay otro como yo
[8] .
La Trinidad es el "lugar” exclusivo del actuar divino del Espíritu divino. La obra del Espíritu de Dios... sólo en el seno de Dios. En el seno de Dios, desde toda la eternidad [9] , el Padre pronuncia su Palabra divina y al amor que surge entre ambos eternos se llama Espíritu Santo. Como realidad intradivina, posee los mismos atributos de eternidad, omnipotencia, infinitud... del Padre y del Hijo. Este es el ámbito donde obra de modo pleno y excelente el Espíritu Santo de Dios.
No
podemos aplicar a la acción “exterior”
del Espíritu Santo de Dios lo que es propio del interactuar de Dios en sí
mismo.
Pero Dios ha querido, en acto de infinita gratuidad y libertad, pronunciar su palabra “exterior”. Este designio lo realiza en la historia derramando su Espíritu "hacia fuera de si”. Con temor y temblor podemos balbucear alguna palabra vacilante para explicar este actuar divino en la historia de los hombres. No tenemos derecho de trasladar atributos divinos a esta acción "exterior" dé Dios. Si no distinguimos entre el ámbito intradivino y el ámbito extradivino distorsionamos radicalmente la teología del Espíritu. Una cosa es hablar de la "circulación vital" [10] en el seno de la Trinidad, y otra discernir la acción de Dios en la historia de los hombres.
Dios ha querido revelarse en su historia cósmica: ha acompañado sin pausas y sin prisas la entera evolución del cosmos, por lo cual la totalidad de la creación se nos revela como la trasparencia de Dios [11] :
Sí,
vanos por naturaleza todos los hombres en quienes había ignorancia de Dios y no
fueron capaces de conocer por las cosas buenas que se ven a Aquél que es, ni,
atendiendo a las obras, reconocieron al Artífice... Con todo, no merecen éstos
tan grave reprensión, pues tal vez caminan desorientados buscando a Dios y
queriéndole hallar. Como viven entre sus obras, se esfuerzan por conocerlas, y
se dejan seducir por lo que ven. ¡Tan bellas se presentan a los ojos!... Si
llegaron a adquirir tanta ciencia que les capacitó para indagar el mundo, ¿cómo
no llegaron primero a descubrir a su Señor?
[12]
Lo que de Dios se puede conocer, está en ellos manifiesto: Dios se lo manifestó. Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, de forma que son inexcusables [13] .
Por
acción del Espíritu Santo entendemos su modo habitual de obrar en la historia
de los hombres en el cosmos. De la trinidad inmanente conocemos poco y mal,
aunque esto sea de mucho provecho
[14] . Solo sabemos algo de Dios al contemplar con ternura, temor y
reverencia, la Trinidad Económica.
Con el
término "economía" se
designa al modo habitual de obrar de Dios, el comportamiento de Dios en su acción
histórica. El Espíritu de Dios realiza el proyecto de Dios en la historia.
Para ejecutar el plano y construir la casa el Espíritu prepara los materiales:
amasa el barro, hace los ladrillos, planta los árboles, corta la madera.
Las
sutiles e ingeniosas divisiones escolásticas entre naturaleza y sobrenaturaleza,
entre substancia y accidentes son inimaginables en las teologías bíblicas que
atraviesan - horizontal o verticalmente - la Sagrada Escritura. El Amor-Espíritu
amasa el universo para que – desde siempre y para siempre - sea materia apta
para la comunicación de la vida divina a través de toda la historia.
El Espíritu produce las creaturas gratuita y libérrimamente, pero el montaje del edificio creatural está pensado, desde siempre, para que el Espíritu encuentre en cada cosa del universo material apto para poder obrar en y mediante las creaturas. El Espíritu hace la historia para poder obrar de modo histórico.
Dios, creándolo todo y conservándolo por su Palabra, da a los hombres testimonio perenne de sí en las cosas creadas [15] .
En el primer relato del Génesis, se nos revela que “en el principio” la Ruah de Dios empolla el huevo primordial de la Creación preparando los materiales para su gran construcción extratrinitaria. Sobre esa empollación primordial Dios diseña su proyecto. El Espíritu divino prepara los materiales para construir en la historia el diseño ideado por la Trinidad.
Dios dice,
hace y ve. El proyecto-palabra es hecho en la vitalidad de la ruah, del
soplo vital divino. Dios juzga bueno, muy bueno lo producido por su actuar. El
poder de su ruah ha forjado en todas y cada una de las creaturas “espejos”,
“improntas”, huellas, marcas,
rasgos, trazos de su ser trinitario
[16] . Todos los existentes tienen como la “etiqueta”
del Espíritu, la marca de fábrica imborrable, perenne.
Dado que la palabra [17] pronunciada por Dios sobre la tierra es fecundada por el viento de Dios que empolla el huevo primordial de toda vida [18] , toda otra palabra pronunciada por Dios permanece estéril, sin vida, muere y provoca la muerte sin la acción vivificadora del Espíritu [19] . La primera acción del Espíritu es la del discernimiento: se separa Luz de Tiniebla, seco de mojado. La última realización fue el hombre, “imagen y semejanza”. Todos los materiales son hechos aptos, desde el principio, para la obra del Espíritu a lo largo de la evolución del cosmos.
En el segundo relato Yahveh se presenta como un artesano amasando al hombre y a los animales con el mismo polvo de la tierra. Este polvo fermental es vivificado por el Espíritu divino [20] y así se convierte en material apropiado para la revelación de Dios: el mismo “aliento de vida” es insuflado en el hombre [21] y en los animales [22] .
Cantaré a mi Dios un cantar nuevo: ¡Tú eres grande, Señor, eres glorioso, admirable en poder e insuperable! Sírvante a ti las criaturas todas, pues hablaste tú y fueron hechas, enviaste tu espíritu y las hizo, y nadie puede resistir tu voz [23] .
Para el salmista la vida sana, feliz y perdurable, el culto verdadero es producto el Espíritu santo de Dios.
Crea
en mí, oh Dios, un corazón puro, un espíritu firme dentro de mí renueva;
no
me rechaces lejos de tu rostro, no retires de mí tu santo espíritu.
Vuélveme
la alegría de tu salvación, y en espíritu generoso afiánzame;
enseñaré a los rebeldes tus caminos, y los pecadores volverán a ti.
Líbrame
de la sangre, Dios, Dios de mi salvación, y aclamará mi lengua tu justicia;
abre, Señor, mis labios, y publicará mi boca tu alabanza.
Pues no te agrada el sacrificio, si ofrezco un holocausto no lo aceptas. El sacrificio a Dios es un espíritu contrito; un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias [24] .
El hombre sabio, que entiende los misterios de Dios y los misterios de las cosas sabe que toda vida depende del Espíritu Dios [25] porque todo lo que existe sin excepción es habitáculo del Espíritu incorruptible de Dios [26] . El hombre necio, por el contrario, desconoce al Artesano que lo modeló y al Espíritu que le fue infundido:
Escoria es su corazón, más vil que la tierra su esperanza, más abyecta que la arcilla su vida, porque desconoció al que le modeló a él, al que le inspiró un alma activa y le infundió un espíritu vivificante. Piensa que la existencia es un juego de niños y la vida, un lucrativo mercado: Es preciso ganar, dice, por todos los medios, aun malos [27] .
Cuando Dios terminó su obra creadora, vio cuanto había hecho, y todo estaba muy bien [28] . En la realidad existente no hay nada que sea malo: la bondad de toda creatura pronunciada por el Padre Dios y animada por su Espíritu es uno de los principios básicos de la cosmovisión bíblica.
¡Alma mía, bendice a Yahveh! ¡Yahveh, Dios mío, qué grande eres! Vestido de esplendor y majestad, arropado de luz como de un manto, tú despliegas los cielos lo mismo que una tienda, levantas sobre las aguas tus altas moradas; haciendo de las nubes carro tuyo, sobre las alas del viento te deslizas; tomas por mensajeros a los vientos, a las llamas del fuego por ministros [29] .
Todo lo creado, sin excepción, es material idóneo para convertirse en piedras vivas, para la construcción de un edificio espiritual [30] . Todo ha sido santificado por la efusión primordial del Espíritu de Dios.
Pedro... sintió hambre y quiso comer... le sobrevino un éxtasis, y vio los cielos abiertos y que bajaba hacia la tierra una cosa así como un gran lienzo, atado por las cuatro puntas. Dentro de él había toda suerte de cuadrúpedos, reptiles de la tierra y aves del cielo. Y una voz le dijo: «Levántate, Pedro, sacrifica y come.» Pedro contestó: «De ninguna manera, Señor; jamás he comido nada profano e impuro.» La voz le dijo por segunda vez: «Lo que Dios ha purificado no lo llames tú profano.» [31]
El
Espíritu prepara a María como material superexcelente para su gran obra
maestra. La obra extratrinitaria del Espíritu
de Dios a los hombres ...es
obra de María y se llama Jesús. Fuera
de Jesús no hay otra posible Palabra de Dios a los hombres. Jesús fue la
primera y la única palabra en la cual y por la cual se pronuncian y se
entienden todas la otras palabras de Dios a los hombres. Jesús es la última
palabra, la palabra definitiva, de Dios a los hombres. Esa palabra fue incubada
por el Espíritu en el seno de María.
La
Palabra del Padre eterno tiene una madre humana, como todas las nuestras. Jesús
no solamente es íntegramente "obra"
del Espíritu de Dios, sino que es también íntegramente "obra"
de María, una mujer. En Jesús todo es
obra del Espíritu, todo, sin excepción, obra de María. La mujer es madre de
Dios. Lo mismo se afirmará de la Sagrada Escritura: todo es obra del
hagiógrafo, todo obra del Espíritu. Lo mismo, análogamente, lo afirmo de la
historia.
Para entender toda otra palabra de Dios a los hombres, pronunciada en el poder vivificador del Espíritu, hemos de pensar en Jesús el Hijo de Dios e Hijo de María por el poder del Espíritu.
El relato de la anunciación nos presenta a María visitada por Dios mismo [32] . Dios tiene el nombre de Gabriel , la fuerza o el poder de Dios, que es el Espíritu Santo de Dios [33] . Es este Espíritu quien produce el Gran Hecho, el Acontecimiento Supremo [34] , de todas la historia, a la luz del cual tienen que ser interpretados todo el devenir de la evolución:..
"El
Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su
sombra por eso el Hijo engendrado será santo y será llamado Hijo de Dios”
[35] .
Así también se lo revela El Ángel de Yahveh a José:
La
generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada
con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por
obra del Espíritu Santo.
El Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo [36] .
Al tratar el tema de la inspiración habitualmente se parte de dos o tres citas bíblicas neotestamentarias, pocas y no suficientes para “probar” la inspiración de la Escritura [37] . Nosotros partimos del Hecho por excelencia: la encarnación de la Palabra divina, obra del Don del Espíritu sobre una mujer.
La obra del Espíritu sobre María,
por la cual se engendra Dios y se hace hombre es la obra de Dios por excelencia,
palabra en la cual ha de ser entendida toda otra palabra.
Si queremos entender la inspiración
de la Escritura, así como si queremos discernir cualquier otra acción de Dios
en la historia, tenemos que partir del hecho Jesús, Palabra de Dios en la cual
todo tiene razón de ser. El axioma
que rige todo el tratado de la inspiración de la Sagrada Escritura
[38] es: la
palabra de Dios se hace carne por obra del Espíritu Santo.
La
obra del Espíritu de Dios
es obra de los hombres y se llama historia. Lo
que afirmamos de Jesús, lo hemos de afirmar, analógicamente, de toda otra obra
de Dios, de toda otra palabra de Dios a los hombres.
Toda obra de Dios es obra del Poder de Dios, del Espíritu de Dios, Don
de Dios a los hombres en Cristo. La
historia es la activa operación del Espíritu Humano bajo la luz y el poder del
Espíritu Santo.
Desde la creación hasta los sacramentos [39] . Dios Padre, según el beneplácito divino, de acuerdo a su designio eterno, ha ido realizando su obra mediante el envío del Espíritu para hacer presente a Cristo: la historia es un progresivo develar el misterio de Dios [40] y el misterio del hombre, que es Cristo entre nosotros [41] .
El envío del Espíritu, según el eterno decreto de Dios, es contemporáneo a todos los sucesos de la historia, pero múltiple y diversificado como la misma historia.
Este es uno de los datos fundamentales de toda la revelación cristiana. La Sagrada Escritura no es sino la historia leída, reflexionada y vuelta a vivir a la luz de Dios. Los hagiógrafos entendían la historia del Pueblo, en todas sus dimensiones, como obra de Dios. Yahveh se define como el conductor y el hacedor de la historia del Pueblo, El Espíritu, el Poder de Dios es el que convoca y libera a su pueblo, el que lo conduce a la tierra prometida, el que le entrega a otros pueblos, el que llena de fuerza a los conductores, a los profetas, a los pobres del pueblo.
Para explicar el fenómeno de la acción de Dios y de la acción del hombre conjugadas en un mismo hecho (la escritura, los sacramentos... ) la teología ha hecho uso de la filosofía, advirtiendo los diferentes tipos de causas que concurren en la producción de un efecto.
La causa “eficiente", o sea la productora directa del acontecimiento, puede a su vez ser "principal" e "instrumental". En el ejemplo clásico de la escritura el agente principal es el escritor; el instrumental, la pluma, el lápiz y la máquina de escribir. Pero el hombre no puede ser considerado "como una pluma en manos de Dios" y menos como una máquina de escribir. El hombre podría en todo caso compararse con el escribiente que sentado en una mesa pasa al papel - usando a su vez de otras causas instrumentales (pluma, máquina) - lo que el escritor le dicta. El secretario puede también, sin acudir al dictado literal, recibir órdenes del responsable del escrito quien le da simplemente el esquema de la carta, el tono de la misma; y el secretario hace todo lo demás, estilo, redacción. Al final el responsable pone la firma, asume la carta y es considerado “autor" de la misma. En este caso un cambio de secretario puede ser muy importante.
Retomemos el caso de la Sda. Escritura. El hombre no es una máquina. El hombre no es el secretario que se sienta a pasar por escrito lo que el escritor dicta. Es como el secretario a quien el responsable último del escrito le sugiere las ideas, el plan general, y que luego reviste éste de un determinado estilo Es interesante la respuesta y cautivó a muchos teólogos.
Esta manera de explicar el fenómeno de la inspiración parece dejar a salvo la dignidad del hombre y la última responsabilidad de Dios, usando la causa instrumental de modo muy amplio. Pero en realidad destruye la esencia misma del obrar humano. Pasemos el razonamiento de la Escritura y apliquémoslo a los acontecimientos: Dios sería el último responsable de todo lo que sucede en la historia, dándole el hombre apenas la forma, los estilos. Llevando hasta sus últimas consecuencias esta solución puede convertirse en terrible legitimación de las arbitrariedades humanas.
En una explicación satisfactoria tanto Dios como el hombre tienen que ser plenamente autores, cada cual según su propia naturaleza, dirían los escolásticos. El problema de todos los intentos de explicación es que nos proponen a Dios y a los hombres como concurrentes y opositores en el mismo juego y en la misma cancha. Dios no es un adversario del hombre. En María Dios asume total e íntegramente el proceso humano de la gestación de un nuevo ser humano. En el escritor Dios asume íntegramente el proceso humano de gestación de un nuevo escrito. En la vida del hombre Dios asume íntegramente el proceso humano de gestación de un mundo nuevo. Asume, no absorbe, como en el misterio de la encarnación.
La diferencia entre el Verbo Encarnado y el hombre consiste en que la naturaleza humana de Jesús es un "instrumento unido" a la divinidad (unión en la persona misma del Verbo), y la naturaleza humana es un "instrumento separado" de la divinidad. Tal explicación, que parece buena, ha de tener en cuenta que la separación y la unidad tienen que ser mantenidas siempre: Todo lo obra Dios y todo lo obra el hombre, en acción conjunta, inconfundible e inseparable [42] .
No podemos confundir nuestras obras con las de Dios: por eso un "escrito" es directamente obra del hombre, indirectamente de Dios, por ser la escritura un fenómeno típicamente humano. La concepción de un Hombre-Dios es totalmente obra de Dios, pues sólo él puede hacer tal cosa, y totalmente obra de María, pues sólo una mujer (no Dios) puede concebir. Tal es el plan de Dios, gratuitamente elaborado, y al cual gratuitamente somos invitados.
En nuestro obrar hemos de hacer como si todo dependiera de nosotros, sabiendo que todo depende de Dios. Conscientes de que este obrar del Espíritu del Resucitado conduce infaliblemente a la historia por los caminos de Dios, pero también muy avisados en la consideración de nuestro obrar no identificable con el del Espíritu: somos personas diferentes, y no sólo limitados, sino pecadores.
El Espíritu del Señor desciende sobre los pastores de Israel, haciendo que éstos guíen al Pueblo por los caminos de la liberación y de la tierra [43] . Llevar la "carga" del pueblo, conducir la historia del pueblo hacia la liberación se hace posible mediante el Espíritu de Dios que obra en los pastores.
Si el Pueblo no camina según Dios, y sus pastores se extravían, conduciéndolo por caminos de esclavitud, entonces el Pueblo se acordará de otros tiempos, clamando por el Señor que apartó todos los obstáculos poniendo en medio del Pueblo su Santo Espíritu: "El Espíritu de Yahveh los pastoreó como a la bestia que se lleva al valle. Así es como condujiste a tu pueblo, haciéndote un nombre glorioso" [44] . La Liberación del Pueblo en sus situaciones concretas de opresión política, social y económica, es la Obra por excelencia de Dios en el Antiguo Testamento. Es la obra del Espíritu de Yahveh que inunda con su fuerza a los Jueces [45] .
Lo que afirmamos de la Escritura, analógicamente,
lo hemos de afirmar, en Cristo, de toda otra palabra de Dios, porque uno es el
Padre, uno el Espíritu. Toda
la Historia, íntegra, y cada una de sus partes es obra del Espíritu.
El Espíritu Santo conduce la vida pastoral de Jesús [46] , y la de sus apóstoles [47] , así como había orientado la historia del Pueblo de Israel y de todos los pueblos de la tierra [48] . El Espíritu libera con poder, encamina las acciones de los gobernantes, provee de todos los servicios necesarios al Antiguo y al Nuevo Pueblo de Dios.
A lo largo de la historia del pueblo, en las buenas y en las malas, Dios baja a visitar a sus hijos montado en las alas del viento del Espíritu [49] . Es el viento de Dios el que hace de nuevo habitable la tierra luego del diluvio [50] , el que permite al pueblo el paso del mar rojo [51] , el que da comer carne al pueblo en el desierto [52] . El Espíritu de Dios nunca abandona al Pueblo.
Tú, en tu inmensa ternura, no los abandonaste en el desierto: la columna de nube no se apartó de ellos, para guiarles de día por la ruta, ni la columna de fuego por la noche, para alumbrar ante ellos el camino por donde habían de marchar. Tu Espíritu bueno les diste para instruirles, el maná no retiraste de su boca, y para su sed les diste agua [53] .
Cuando el pueblo es oprimido y clama a Yahveh, este envía su Espíritu sobre un libertador que lo salva [54] . A los jueces de Israel Yahveh reviste de fuerza para que puedan cumplir su misión liberadora. [55] El arquetipo de la fuerza del Espíritu de Dios que actúa para liberar es Sansón
El
espíritu de Yahveh le invadió, y sin tener nada en la mano, Sansón despedazó
al león como se despedaza un cabrito...
Luego
el espíritu de Yahveh le invadió, bajó a Ascalón y mató allí a treinta
hombres,...
el espíritu de Yahveh vino sobre él: los cordeles que sujetaban sus brazos fueron como hilos de lino que se queman al fuego y las ligaduras se deshicieron entre sus manos. Encontró una quijada de asno todavía fresca, alargó la mano, la cogió y mató con ella a mil hombres [56] .
El Espíritu de Yahveh conduce al pueblo al lugar de su descanso guiando con brazo fuerte a Moisés, separando con poder las aguar del mar y los hace caminar sobre los abismos [57] .
El Señor Yahveh actúa con poder a fin de manifestar su amor por los más débiles: Como pastor pastorea su rebaño: recoge en brazos los corderitos, en el seno los lleva, y trata con cuidado a las paridas. El poder de Dios abarca todos los hombres y todos los pueblos y es imprevisible, indomable, ingobernable
¿Quién midió los mares con el cuenco de la mano, y abarcó con su palmo la dimensión de los cielos, metió en un tercio de medida el polvo de la tierra, pesó con la romana los montes, y los cerros con la balanza? ¿Quién abarcó el espíritu de Yahveh, y como consejero suyo le enseñó? ¿Con quién se aconsejó, quién le explicó y le enseñó la senda de la justicia, y le enseñó la ciencia, y el camino de la inteligencia le mostró? [58] .
El Espíritu de Yahveh invade a los ungidos para gobernar al Pueblo. La sabiduría de los Reyes consistirá en hacer un buen gobierno en favor del pueblo siguiendo los dictámenes del Espíritu [59]
Estas son las últimas palabras de David: El espíritu de Yahveh habla por mí, su palabra está en mi lengua. El Dios de Jacob ha hablado, me ha dicho la Roca de Israel. El justo que gobierna a los hombres, que gobierna en el temor de Dios... [60]
Los reyes tienen que escuchar al Espíritu de Dios que baja sobre los profetas, así como el Faraón escuchó a José, poseedor del Espíritu de Dios. José es capaz de aconsejar al Faraón porque posee el Espíritu de Dios [61] :
Vino el espíritu de Yahveh sobre Yajaziel,. y dijo: ¡Atended vosotros, Judá entero y habitantes de Jerusalén, y tú, oh rey Josafat! Así os dice Yahveh: No temáis ni os asustéis ante esa gran muchedumbre; porque esta guerra no es vuestra, sino de Dios.... No tendréis que pelear en esta ocasión. Apostaos y quedaos quietos, y veréis la salvación de Yahveh que vendrá sobre vosotros, oh Judá y Jerusalén. ¡No temáis ni os asustéis! Salid mañana al encuentro de ellos, pues Yahveh estará con vosotros. [62]
El pueblo sueña con un Rey futuro que
gobernará según el Espíritu de Yahveh
Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará. Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh. Y le inspirará en el temor de Yahveh. No juzgará por las apariencias, ni sentenciará de oídas. Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra. Herirá al hombre cruel con la vara de su boca, con el soplo de sus labios matará al malvado. Justicia será el ceñidor de su cintura, verdad el cinturón de sus flancos. [63] .
El Espíritu Santo guía a su pueblo distribuyéndose a lo largo y ancho de la comunidad de los fieles. Los líderes no poseen en exclusiva el Espíritu, tienen obligación de compartirlo.
Yahveh respondió a Moisés: Reúneme setenta ancianos de Israel, de los que sabes que son ancianos y escribas del pueblo. Llévalos a la Tienda del Encuentro y que estén allí contigo. Yo bajaré a hablar contigo; tomaré parte del espíritu que hay en ti y lo pondré en ellos, para que lleven contigo la carga del pueblo y no la tengas que llevar tú solo. ... Bajó Yahveh en la Nube y le habló. Luego tomó algo del espíritu que había en él y se lo dio a los setenta ancianos. Y en cuanto reposó sobre ellos el espíritu, se pusieron a profetizar, pero ya no volvieron a hacerlo más. Habían quedado en el campamento dos hombres, uno llamado Eldad y el otro Medad. Reposó también sobre ellos el espíritu, pues aunque no habían salido a la Tienda, eran de los designados. Y profetizaban en el campamento. Un muchacho corrió a anunciar a Moisés: Eldad y Medad están profetizando en el campamento. Josué, hijo de Nun, que estaba al servicio de Moisés desde su mocedad, respondió y dijo: Mi señor Moisés, prohíbeselo. Le respondió Moisés: ¿Es que estás tú celoso por mí? ¡Quién me diera que todo el pueblo de Yahveh profetizara porque Yahveh les daba su espíritu! [64]
Tanto Eliseo como Juan el Bautista comparte el mismo Espíritu que Elías [65] , pero luego de la resurrección, en el tiempo del Espíritu, ya no hay límite alguno para la acción del Espíritu:
Sucederá en los últimos días, dice Dios: Derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños. Y yo sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Espíritu [66] .
El Espíritu Santo garantiza no solamente los grandes y espectaculares servicios de gobierno y liberación del pueblo, no actúa sólo en las grandes ocasiones de la historia.
El espíritu de sabiduría inunda a todos los artesanos [67] , concediéndoles habilidad, pericia y experiencia en toda clase de trabajos. El Espíritu de Dios actúa en el corazón de todos los hombres infundiéndoles habilidad para que hagan todo lo que Dios quiera de ellos [68] :
Yahveh ha designado a Besalel, hijo de Urí, hijo de Jur, de la tribu de Judá, y le ha llenado del espíritu de Dios, confiriéndole habilidad, pericia y experiencia en toda clase de trabajos, para concebir y realizar proyectos en oro, plata y bronce, para labrar piedras de engaste, tallar la madera y ejecutar cualquier otra labor de artesanía; él y Oholiab, hijo de Ajisamak de la tribu de Dan, les ha puesto en el corazón el don de enseñar. Les ha llenado de habilidad para toda clase de labores en talla y bordado, en recamado de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y lino fino, y en labores de tejidos. Son capaces de ejecutar toda clase de trabajos y de idear proyectos. [69]
También en el Nuevo Pueblo de Dios hay diversidad de dones del Espíritu para asistir a todas las necesidades de la comunidad, siendo todos los dones fruto del mismo Espíritu y por lo tanto dignos y santos por igual:
Hay
diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; diversidad de
ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones, pero es el
mismo Dios que obra en todos. A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu
para provecho común, Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría;
a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;
a otro, fe, en el mismo Espíritu; a otro, carismas de curaciones, en el
único Espíritu; a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro,
discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de
interpretarlas. Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu,
distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad. Pues del mismo
modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros
del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así
también Cristo. Porque en un solo
Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos
y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.
Así también el cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos.
Si dijera el pie: Puesto que no soy mano, yo no soy del cuerpo ¿dejaría de ser
parte del cuerpo por eso? Y si el oído
dijera: Puesto que no soy ojo, no soy del cuerpo ¿dejaría de ser parte del
cuerpo por eso? Si todo el cuerpo fuera ojo ¿dónde quedaría el oído? Y si
fuera todo oído ¿donde el olfato?
[70]
El Espíritu Santo es derramado en el mundo por Jesús: desde la cruz, al morir, dando un fuerte grito, exhaló el espíritu. Al final, como consumación de su misión, entrega el Espíritu que había recibido del Padre. El asesinado da la vida al mundo mediante la efusión del Espíritu [71] .
Y exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y ha derramado lo que vosotros veis y oís [72] .
Desde su concepción toda la vida de Jesús está marcada por el Espíritu Santo: su madre, María se encontró encinta por obra del Espíritu Santo [73] , descendió sobre ella y con su poder la cubrió con su sombra: el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios [74] .
El que fue bautizado en el Espíritu Santo, también en el Espíritu bautizará: vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco [75] .
Los personajes que rodean a Jesús están inundados por el Espíritu. Zacarías, movido por el Espíritu, sabe que su hijo actuará en la fuerza del Espíritu [76] , y profetiza luego lleno del Espíritu [77] . Su esposa Isabel se llena del Espíritu santo ante la presencia de Jesús [78] . Simeón es un hombre iluminado y conducido por el Espíritu [79] .
Luego del Bautismo Jesús comienza su actividad pastoral movido por el Espíritu [80] , y a lo largo de su vida lo inunda el gozo y la revelación del Espíritu [81] .
Jesús nos enseña que el único regalo a pedir al Padre, que el padre infaliblemente concede, es el don del Espíritu [82] y nos promete el Espíritu que llevará a término su misión [83] . Antes de morir insufla el espíritu sobre los discípulos para darles el poder de perdonar los pecados [84] y nos asegura la presencia del Espíritu en los momentos más difíciles de la vida [85] .
Jesús propone un tipo de vida que nace y que vive en el Espíritu de Dios. Quien no nace de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu [86] . Es el Espíritu el que da la vida al agua del bautismo y a las palabras de la celebración y de la predicación. Sin el Espíritu son ritos muertos y palabras sin vida [87] .
Un logion curioso, atestiguado por los tres sinópticos: el único pecado que no se perdona es la blasfemia contra el Espíritu Santo [88] . No he encontrado explicaciones convincentes acerca del sentido que Jesús le dio a esta expresión, pero sin duda que con ello puso al Espíritu en el centro de la experiencia cristiana.
En la vida de Jesús, desde su nacimiento hasta su glorificación todo es obra del Espíritu:
Vosotros
sabéis lo sucedido en toda Judea, comenzando por Galilea, después que Juan
predicó el bautismo; cómo Dios a Jesús de Nazaret le ungió con el Espíritu
Santo y con poder, y cómo él pasó haciendo el bien y curando a todos los
oprimidos por el Diablo, porque Dios estaba con él.
[89]
Lo mismo sucede en la Iglesia de Jesús. Luego de haber él, al morir, expirado su espíritu de vida sobre el mundo, después de haber dado instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido, promete la fuerza del Espíritu Santo, que les posibilitará ser sus testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra. [90]
Esto se cumple el día de Pentecostés, cuando se labra el acta fundacional de la Iglesia.
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse [91] .
Todos los bautizados reciben el don del Espíritu santo [92] :
Al enterarse los apóstoles que estaban en Jerusalén de que Samaría había aceptado la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Estos bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo; pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; únicamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo [93] .
Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó las regiones altas y llegó a Efeso donde encontró algunos discípulos; les preguntó: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando abrazasteis la fe? Ellos contestaron: Pero si nosotros no hemos oído decir siquiera que exista el Espíritu Santo. Y, habiéndoles Pablo impuesto las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo y se pusieron a hablar en lenguas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres [94] .
Hablan los apóstoles llenos del Espíritu [95] , los ministros son elegidos porque la comunidad los descubre llenos del Espíritu [96] , que se derrama generoso en las reuniones de la comunidad, dándole consolación [97] , valentía para predicar y coraje para vivir una nueva y admirable vida:
Acabada su oración, retembló el lugar donde estaban reunidos, y todos quedaron llenos del Espíritu Santo y predicaban la Palabra de Dios con valentía. La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo era en común entre ellos. Los apóstoles daban testimonio con gran poder de la resurrección del Señor Jesús. Y gozaban todos de gran simpatía. No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de la venta, y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad [98] .
El Espíritu santo, que sopla donde y hacia donde quiere [99] . Desciende sobre Saulo el perseguidor de la Iglesia [100] y – sin que la iglesia lo establezca- decide soberanamente descender sobre los paganos, no pertenecientes al pueblo de la promesa de Abraham.
Había empezado yo a hablar cuando cayó sobre ellos el Espíritu Santo, como al principio había caído sobre nosotros. Me acordé entonces de aquellas palabras que dijo el Señor: Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. Por tanto, si Dios les ha concedido el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para poner obstáculos a Dios? Al oír esto se tranquilizaron y glorificaron a Dios diciendo: Así pues, también a los gentiles les ha dado Dios la conversión que lleva a la vida. [101]
El Espíritu Santo fundamenta los discernimientos de la iglesia [102] ; decide quiénes han de ser sus enviados [103] , deja paso o impide los viajes apostólicos [104] , previene a los apóstoles los sucesos o insucesos de la misión [105] .
Mentir a la comunidad [106] , y resistirse a la predicación apostólica [107] , es mentir y resistirse al Espíritu Santo.
Cuando, en desacuerdo entre sí mismos, ya se marchaban, Pablo dijo esta sola cosa: Con razón habló el Espíritu Santo a vuestros padres por medio del profeta Isaías: Ve a encontrar a este pueblo y dile: Escucharéis bien, pero no entenderéis, miraréis bien, pero no veréis. [108]
La iglesia postapostólica tiene que continuar la misión encomendada por el Espíritu. El Espíritu guía y asiste a la iglesia de todos los tiempos [109] .
La revelación no es ni solo ni fundamentalmente comunicación de una serie de doctrinas, ideas, teorías, verdades o conocimientos. La fe no consiste en una serie de creencias que el hombre tiene que aceptar con humildad de creatura, sabiendo que Dios, la suprema sabiduría, no se engaña ni puede engañar [110] . La revelación cristiana no consiste en la comunicación de una serie de conceptos que estaban fuera del alcance del hombre y que el hombre no podía alcanzar por sí solo sin la ayuda divina. Dios no se reduce a su Ser-Verdad-Supremo, y su proyecto no se centra en un benigno poner a disposición de la inteligencia creatural algún sistema de verdades esotéricas.
La revelación de Dios consiste en que él, sin ningún otro motivo que su propio beneplácito, quiso autocomunicarse, darse a sí mismo al hombre como amigo y darle a conocer que su proyecto es hacerlo partícipe de su misma naturaleza. La Revelación se define como la autocomunicación gratuita y libre de la vida de Dios al hombre.
Quiso Dios, con su bondad y sabiduría, revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad [111] : por Cristo, la Palabra hecha carne, y con el Espíritu Santo, pueden los hombres llegar hasta el Padre y participar de la naturaleza divina [112] .En esta revelación, Dios invisible [113] , movido de amor, habla a los hombres como amigos [114] , trata con ellos [115] , para invitarlos y recibirlos en su compañía. Cristo es mediador y plenitud de toda la revelación [116] .
La revelación-vida de Dios [117] va creciendo a lo largo de todo el proceso evolutivo del cosmos y posteriormente a través de la historia del hombre, y luego en la historia de la Iglesia, que es la semilla [118] , la señal y el instrumento [119] , de este crecimiento.
La moción del Espíritu Santo permite a los fieles – si son dóciles al Espíritu - percibir, discernir, reconocer este proceso de autocomunicación divina, uno y diverso, en la historia. Solo que no podemos olvidar que también la docilidad al Espíritu en la fe es fruto de la asistencia del Espíritu Santo [120] .
En primer lugar quiero afirmar nuevamente lo que para mí es el principio de toda salud física, síquica y espiritual. Toda buena ecología interior parte de la conciencia explícita del hecho de que hay una revelación intradivina de la cual apenas podemos balbucear nada. La Palabra de Dios, (vida de Dios, ser de Dios), que es Dios mismo, sólo se puede dar y recibir, revelar y conocer plenamente en el seno, en la intimidad de Dios. La interioridad de Dios, la vida intratrinitaria es el lugar de la entrega de La Palabra. Sola y únicamente. Repito lo que afirmaba antes, al hablar de la acción divina del Espíritu de Dios.
Cuando hablamos de Revelación como obra del Espíritu, nos colocamos en la acción “exterior” de Dios, nos referimos a Dios que ha entregado su vida a los hombres en la vida de Jesús el hijo de María. Jesús, a su vez, ha entregado la vida del Padre a sus hermanos mediante la entrega de su propia vida. La sigue hoy entregando mediante los sacramentos, la palabra y la acción de sus fieles. Esta es la tradición de la palabra-vida de Dios a los hombres. Toda otra entrega de vida, toda vida sobre la tierra a través de toda la historia de los hombres, adquiere sentido en esta vida del Hijo de Dios que recibió la vida de María.
La revelación de Dios es la vida de Dios que hace María de lo que ha gestado por obra del Espíritu, en su propio seno, con su propia carne y sangre humanas.
La historia es el material que usa el Espíritu para ir revelando, transmitiendo la vida de Dios a los hombres, por el simple hecho de que la historia es el lugar en el cual los hombres van transmitiendo su vida a otros hombres. Vida que no es sólo físico-biológica, que implica todo lo que el hombre es y lo que el hombre va gestando.
La tradición de la revelación-palabra-vida de Dios a los hombres en Cristo, es la entrega de la vida de Cristo a través de la historia del hombre en el cosmos. La revelación cristiana obrada por el Espíritu es la progresiva entrega de la vida de Dios a los hombres en la historia de los hombres.
La historia de los hombres tiene un origen y un fin: La Palabra del Padre y de María por quien y en quien fueron hechas todas las cosas y sin la cual nada ha sido hecho de todo cuanto existe [121] . La humanidad entera integrada al cosmos es el Cristo total, cabeza y miembros [122] , y la evolución es - a los ojos de la fe en Cristo - un largo camino de maduración del hombre [123] por el simple hecho que Dios Padre quiso - libre y gratuitamente - hacer residir en la corporeidad de Cristo toda la plenitud humana y divina [124] .
Nosotros todos somos sus miembros y caminamos con él hacia nuestra plenitud [125] , hasta que todos lleguemos a la mayoría de edad en Cristo [126] y el Padre se haya hecho todo en todos [127] ; hasta que la vida entregada en el proceso histórico de autocomunicación de Dios llegue a su plenitud y podamos conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento [128] , conformando una sociedad sin discriminaciones de razas, edades y sexos, porque Cristo es todo en todos [129] .
La tradición de la vida de Dios fluye no solamente por el alma de los hombres sino por su entera corporeidad y por todo el universo:
Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios. La creación, en efecto, fue sometida a la vanidad, no espontáneamente, sino por aquel que la sometió, en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo en este devenir hacia la vida plena donde no haya ya más ni dolor ni enfermedad ni muerte [130] .
La tradición culmina en la historia cuando “ellos serán su pueblo y él Dios-con-ellos, será su Dios, y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado [131] .
Poner cambio o mutación real en el Logos eterno de Dios tendría que parecernos tan horriblemente blasfemo como poner límites fijos, absolutos, inmutables... a la vida entregada por el Padre en Jesús. La tradición es camino, es tiempo, es espera, es maduración. Hay que dejar que María lo conciba, que lo de a luz cuando llegue el tiempo oportuno; que sea feto en el vientre de su madre los meses necesarios; que nazca, y que se comporte como un recién nacido; que aprenda a hablar y a caminar; que aprenda a rezar, a trabajar... a morir y a resucitar.
La historia que es obra de Dios se convierte formalmente en "palabra" cuando se hace inteligible, cuando tiene un significado preciso. No sólo la historia es liberadora por la acción del Espíritu sobre los guías y jefes del pueblo, sino que libera especialmente al ser interpretada y proyectada al futuro por la acción del Espíritu en los profetas. El profeta es el que tiene el don de entender a la luz de Dios la historia de los hombres. "La profecía no fue proferida en tiempos pasados por humana voluntad, antes bien, movidos por el Espíritu Santo hablaron los hombres de Dios [133] .
La liberación definitiva de los últimos tiempos estará marcada por el Espíritu del Señor que descenderá sobre el Ungido, el Mesías Liberador [134] . Esta afirmación se cumple en Jesús [135] : no sólo su concepción virginal es obra del Espíritu, sino que toda su vida estará marcada por su acción [136] :
Los Apóstoles que anunciaban a Jesús como el libertador ya presente en medio del Pueblo lo hacen movidos por el Espíritu Santo [137] . La comunidad cristiana, cuerpo de Cristo, se sabe de tal manera inundada del Espíritu que no vacila en decir, por medio de sus apóstoles y presbíteros: "nos pareció al Espíritu y a nosotros" [138] . Jesús había dicho que el Espíritu del Padre conduciría a su comunidad a la plenitud de la Verdad, instruyéndola sobre sus palabras [139] . El Poder de Dios, que es el Espíritu de Dios, así como resucitó a Jesús, así dará nueva vida a nuestros cuerpos mortales.
Dentro de toda esta amplísima gama de obras del Espíritu es que hay que entender la fijación por escrito de la historia del pueblo antiguo y nuevo, interpretada según Dios. Es cierto que algunos textos señalan que Dios manda escribir [140] , pero la acción del Espíritu, lejos de limitarse a la Sagrada Escritura, recubre toda la historia del Pueblo. Por esa razón, por ser obra de un pueblo inspirado es que toda Escritura Santa es también divinamente inspirada [141] .
La
mediación de Cristo se da mediante la operación del Espíritu. La persona y la
obra de Cristo, el ser y la acción de su cuerpo la iglesia, el devenir del
hombre en el cosmos, son totalmente incomprensibles fuera de la acción del Espíritu.
La revelación comunica la vida divina por ser obra del Espíritu Santo. Es él el agente inspirador, vivificador, excitante.
El Vaticano Iº retomando una declaración del Concilio de Trento [142] declara que los libros de la Biblia, todos, íntegros y cada una de sus partes la Iglesia los tiene por sagrados y canónicos, no porque compuestos por sola industria humana, hayan sido luego aprobados por ella; ni solamente porque contengan la revelación sin error ; sino porque escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor, y como tales han sido entregados a la misma Iglesia [143] .
El Vaticano II° dice que las verdades reveladas por Dios, se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura [144] : Dicho de otro modo, la Sagrada Escritura no es el único “lugar” donde se contiene y manifiesta la revelación de Dios. Las “verdades” de Dios también las encontramos en la historia de la comunidad creyente y están latiendo en las semillas del Verbo inclusive fuera de la revelación bíblica [145] .
Tanto los libros como la historia, se consignaron por inspiración del Espíritu Santo. Los libros y los acontecimientos, enteros y con todas sus partes, bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor y como tales han sido entregados a la misma Iglesia. Claro que tanto en la redacción de los libros sagrados, como en la ejecución de los hechos de la historia Dios eligió a hombres, que utilizó usando de sus propias facultades y medios, de forma que obrando El en ellos y por ellos [146] , son verdaderos autores de ideas, escritos y acontecimientos, haciendo todo y sólo lo que El quiso y quiere [147] .
El cristianismo no es una “religión del libro” y la fuente de la revelación es una y única, la Trinidad Santa. De esta única fuente mana la verdad de Dios de muchos manantiales y fluye luego por múltiples canales. La Escritura “contiene y manifiesta” de modo muy especial estas verdades reveladas por Dios.
La experiencia de fe de la comunidad parte experiencias de encuentro con Dios, de hechos que son primero vividos, después celebrados y en último lugar escritos. Todo el proceso es obra de la acción del Espíritu Santo. En todo este proceso, obra del Espíritu, poco a poco, se va revelando el ser y el querer de Dios. No es lo mismo, pues, “revelación” e “inspiración”.
En el proceso de fijación escrita de la tradición de la comunidad creyente nos encontramos con una selección lenta y paulatina. De la relativamente abundante elaboración de escritos que han tenido importancia para la comunidad, algunos han sido tenidos como santos. Es interesante recordar que el santo (kadosh $wDfq) en la Biblia es lo separado, lo puesto aparte, lo distinto. Dios es el tres veces santo, el absolutamente diferente. La cualidad de santidad atribuida por la comunidad creyente a algunos escritos, establece la diferencia entre ellos y otros análogos, a veces muy parecidos.
Uno son conservados como “canónicos”, es decir normativos para la fe y la vida de la comunidad de los fieles. Otros, a veces muy edificantes y bellos, no reciben este calificativo.... En este discernimiento juega el rol determinante la acción del Espíritu Santo. El mismo Espíritu que hace escribir permite luego reconocer su obra.
Esta acción del Espíritu tiene que ser atribuida tanto a los libros del Nuevo como a los del Antiguo Testamento. No solamente son inspirados algunos de los libros y otros no. No podemos afirmar la inspiración para algunas de las partes y para otras no. Todos los libros, enteros, son frutos de la obra del Espíritu Santo.
No estamos ante un fenómeno selectivo. No son palabra de Dios solamente los pasajes más o menos piadosos o religiosos, los de alta "inspiración" poética o mística. Son palabra de Dios las aburridas genealogías, los "errores" históricos, geográficos, y hasta teológicos. La inspiración abarca todos los libros y cada una de sus partes, sin excepción. Tenemos que aceptar que Dios mismo es el responsable, el "autor" de aquellos pasajes que nos parecen tan poco coherentes con la santidad de Dios.
Los hombres no son instrumento pasivo o inanimado en manos de Dios, al estilo de un grabador o una hoja en blanco que recibe el mensaje sin modificarlos profundamente. Si fuera así el instrumento humano apenas ofrecería los condicionamientos propios de un material específico: no es lo mismo una grabación que una hoja escrita. Dos vehículos dan una forma diversa al mismo mensaje.
El hombre es verdadero “autor”, tanto de la obra escrita como del devenir histórico. A pesar de la verdadera corresponsabilidad divino-humana en toda autocomunicación de Dios al hombre, desde la encarnación hasta los escritos sagrados, pasando por los oráculos y gestos proféticos y las gestas libertadoras de Dios en la historia, en todos se realiza “todo y sólo lo que él quiere”.
Análogamente podemos hablar de la historia: En el proceso de “canonización” de algunos hechos que se convierten en mojones interpretativos para toda la historia nos encontramos con una selección lenta y paulatina. De la infinita realidad hay algunas que han tenido importancia para la comunidad, algunos hechos han sido tenidos como santos. Algunos han sido kadosh $wDfq, separados, distintos. La cualidad de santidad atribuida a algunos hechos, establece la diferencia entre ellos y otros a veces muy parecidos. Uno serán “canónicos”, es decir normativos para la fe y la vida de la comunidad, otros, con los mismo méritos, no reconocidos como tales.... En este discernimiento juega el rol determinante la acción del Espíritu Santo. El mismo Espíritu que hace obrar permite luego reconocer su obra.
Esta acción del Espíritu tiene que ser atribuida tanto a la historia de la iglesia como la de los pueblos – sin distinción de credos o razas. No podemos afirmar una inspiración histórica selectiva.
Esto vale no solamente para los cristianos, sino también para todos los hombres de buena voluntad, en cuyo corazón obra la gracia de modo invisible. Cristo murió por todos, y la vocación suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, la divina. En consecuencia, debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual [148] .
No son palabra de Dios solamente los hechos piadosos o religiosos, lo son también los "errores" históricos: tenemos que aceptar que Dios mismo es el responsable, el "autor" de aquellos pasajes que nos parecen tan poco coherentes con la santidad de Dios. Porque los hombres no son instrumento pasivo o inanimado en manos de Dios: es verdadero “autor” de la historia. No hay hechos mudos, por más que en gran parte se nos escape su significado. A pesar de todo en la historia se realiza “todo y sólo lo que él quiere”.
Los
cristianos reconocemos en unos escritos y hechos humanos una muy rara propiedad.
Decimos que son "palabra de
Dios", son "escritos o
hechos por Dios". Afirmamos una muy peculiar acción de Dios en una
serie de escritos y acontecimientos de una increíble variedad y de muy distinto
valor literario e histórico y de épocas muy distintas.
Si la
Biblia fuera una de las obras maestras de la literatura universal no habría
ningún problema. Pero, según nuestra fe, la fe de la Iglesia, al final de todo
este proceso humano no tenemos palabras de hombres, sino palabra de Dios. Además
afirmamos que de la aceptación o rechazo de estos libros depende el futuro
feliz del hombre en la tierra y la vida eterna. A este fenómeno original le
llamamos inspiración.
Tampoco
es motivo determinante la verdad, la santidad, la historicidad del contenido.
Podremos encontrar otros libros contemporáneos tan santos y correctos como los
elencados
[149] y no por
eso son inspirados en el sentido estricto del término. El autor de la Biblia es
el mismo Dios, quien ha entregado este tesoro a la Iglesia
[150] . Las
mismas interrogantes – o peores – podemos formular en relación a la
historia.
La
lectura atenta de la Sagrada Escritura y la contemplación comprometida de la
historia ofrecen un cúmulo tal de dificultades a la doctrina de la inspiración
divina que los cristianos no siempre han sabido dar explicaciones convincentes.
Una salida siempre fácil es la de separar las cosas que vienen solamente
de Dios y las que pertenecen sólo a los hombres. El dualismo fue y es una
solución seductora. Todo se aclara cuando dividimos el mundo en buenos y malos,
en blanco y negro, en lo que es de Dios y lo que es contrario. El dualismo tiene
la capacidad de dar respuestas claras a preguntas oscuras
[151] . El
exegeta católico no tiene derecho a hacer cortes ni horizontales ni
transversales en la Escritura
[152] .
Si el camino esta cerrado para cualquier hipótesis dualista, entonces
hay que abrir algún sendero por la línea de la integración.
Recuerdo
que lo que decimos de la Biblia hemos de afirmarlo también, análogamente, de
la historia, de toda la historia.
Dos
criterios básicos en el discernimiento de la obra del Espíritu. El primero lo
formula Pío XII: la revelación bíblica
solo puede ser entendida con el mismo Espíritu
en el cual fue escrita, esto quiere decir
que el único hermeneuta es el Espíritu
de Jesús
[153] . La Divino
Afflante formula la gran regla de toda exégesis Bíblica, el axioma que
fundamenta toda la doctrina del Vaticano II, porque es el paradigma fundante de
toda vida cristiana. Se trata del
principio de la analogía con el Verbo
Encarnado:
A
la manera como el Verbo substancial de Dios se hizo en todo semejante a los
hombres, menos en el pecado (Heb. 4,15), así las palabras de Dios, expresadas
por lenguas humanas, se han hecho en todo semejantes al humano lenguaje, menos
en el error.
El segundo criterio es la “Receptio”, el reconocimiento de la obra del Espíritu por el pueblo que guía el Espíritu. Tanto la historia como los libros han sido hecho bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor y como tales se le han entregado a la misma Iglesia.... Esto quiere decir que Dios entrega a su iglesia unos libros escritos o uno hechos realizados bajo la inspiración del Espíritu Santo.
Estos son inspirados no porque obtienen el reconocimiento de la iglesia. Los libros no son inspirados con posterioridad a su admisión en el canon [154] . La iglesia los integra al elenco de libros normativos porque eran inspirados. La inspiración es previa al reconocimiento y la recepción supone la inspiración previa.
La aceptación del pueblo no es lo que
produce la inspiración, pero la recepción es un efecto causado por el Espíritu.
Si el pueblo no recibe al escrito quiere decir que en él no hay inspiración.
Estas afirmaciones se aplican tanto a la
acción del Espíritu sobre la Iglesia y en especial sobre la infalibilidad del
Papa, como a la praxis histórica.
Las definiciones infalibles del Papa y del Magisterio solemne no son infalibles porque son recibidas y aprobabas por la iglesia. Son irreformables “por sí mismas” [155] , es decir porque, análogamente a los escritos bíblicos, son fruto de la moción del Espíritu. No se excluye la aprobación del pueblo, sino que se dice que ésta no es la causa de la infalibilidad. Si la declaración del magisterio es obra del Espíritu, el mismo Espíritu hará que el pueblo inspirado las acepte.
La praxis cristiana es obra del Espíritu no porque se la reconoce como tal, pero el reconocimiento de una praxis como espiritual es consecuencia lógica de la acción omniabarcante y omnipresente del Espíritu.
· El Pueblo inspirado acepta como inspirados los libros escritos, los hechos realizados, las creencias formuladas, bajo la moción del Espíritu.
· La aceptación del pueblo no es lo que produce la inspiración.
· El pueblo solo “reconoce” un efecto causado por el Espíritu.
· Si el pueblo no reconoce quiere decir que en el escrito, en el hecho o en la creencia, no hay inspiración.
La
sacralidad del escrito, hecho o creencia, no proviene de
una posterior aprobación de la comunidad de los fieles. No son
inspirados porque han sido aprobados
por la Iglesia: la inspiración no es una cualidad que les adviene a una serie
de textos escritos como una consecuencia de la aprobación, lógica y cronológicamente
ulterior al proceso de acción-reflexión-escritura. La Iglesia, guiada,
iluminada por el mismo Espíritu
reconoce sobre una serie de hecho humanos la acción
anterior del Espíritu.
Por otra parte, el rol del magisterio del papa y los obispos no proviene de un carisma individual y exclusivo. Ellos también son creyentes en Cristo, quienes, todos y cada uno, han recibido la “unción del Santo”, y por lo tanto poseen el carisma cierto de la infalibilidad en su confesión de fe:
El
pueblo santo de Dios participa también del don profético de Cristo....
La universalidad de los fieles que tiene la unción del Santo (cf.
1Jn. 2,20 - 17) no puede
fallar en su creencia, y ejerce ésta su peculiar propiedad mediante el
sentimiento sobrenatural de la fe de todo el pueblo, cuando “desde el Obispo
hasta los últimos fieles seglares” manifiestan el asentimiento universal en
las cosas de fe y de costumbres.
Con
ese sentido de la fe que el Espíritu Santo mueve y sostiene, el Pueblo de Dios,
bajo la dirección del magisterio, al que sigue fidelísimamente, recibe no ya
la palabra de los hombres, sino la verdadera palabra de Dios (cf.
1Tes. 2,13), se adhiere
indefectiblemente a la fe dada de una vez para siempre a los santos (cf.
Jud. 3), penetra
profundamente con rectitud de juicio y la aplica más íntegramente en la vida
[156] .
Cuando el Espíritu se convierte en
paradigma del quehacer teológico cambia radicalmente el discurso, no solo los
matices. La Revelación deja de ser pensada
como una aceptación pasiva de una acción benévola y descendente de la
divinidad, para concebirse como un
descubrimiento activo del Espíritu Humano bajo la luz del Espíritu Santo
[157] . La acción de los
hombres que escribieron bajo la moción del Espíritu goza de las mismas garantías
de "autonomía" legítima
que todas las demás acciones humanas [158]
. Un principio hermenéutico que
no habrá que olvidar.
Considerada bajo esta luz la inspiración escrituristica deja de ser el carisma de un aislado que trabaja con lo absoluto y vuelca en el papel unas "verdades" que le han sido transmitidas, comunicadas al oído, por "dictado". La inspiración es todo el obrar del Espíritu que llega a un Pueblo para hacerlo Pueblo y para hacerlo Libre que se derrama sobre sus pastores y profetas. La inspiración escrituraria es un momento, privilegiado si se quiere, de un largo impulso del Espíritu, forjador de la aventura divino - humana de un Pueblo.
Esta aventura tiene su origen y su culminación en el don total del Espíritu por el Padre sobre una de las mujeres del Pueblo llamada María, para que en ella fuese realidad Jesús, la gran obra del Padre. Como esto lo sabemos solamente por las escrituras, estas son el momento privilegiado que nos permite llegar a esta aventura de Dios - con - nosotros. Para que la voz del Padre, por el don del Espíritu, y que es el Hijo, llegue hasta los últimos confines de la tierra y a los hombres de todos los tiempos, y llegue viva y vivificante. Por las escrituras cada hombre puede reiterar la experiencia del Espíritu sobre María.
La Escritura deja de ser así una serie de verdades aseguradas por la Verdad Absoluta. Es el Libro de un Pueblo, el Pueblo de los Santos, el Libro familiar. En sus archivos siempre frescos Dios sigue actuando e interpelando a sus Hijos. La Biblia es el Libro del Pueblo Elegido [159] .
· La inspiración de la Sagrada Escritura solamente puede ser comprendida dentro de la acción inspiradora global del Espíritu Santo. La Escritura es inspirada porque la historia es inspirada.
· El Espíritu Santo obra por hombres y de modo humano. La creación es obra del Espíritu de Cristo en quien fueron hechas todas las cosas, y sin el cual nada fue hecho, y en el cual subsisten todas las cosas.
· Aceptar al Espíritu y entender su obra implica saber respetar y discernir [160] las leyes propias del universo. Pero solamente el Espíritu da la posibilidad de comprender la creación como “palabra” del Padre.
· La historia del Pueblo elegido es obra del Espíritu. Si quiero entender la “Historia Sagrada