LA NO POSESION DE BIENES Y LA POBREZA CONDICION DE LA ORACIÓN DEL HERMANO MENOR

Jerónimo Bórmida

1. SOLO EL POBRE DA GRACIAS, SUPLICA, PIDE PERDON...

La insistencia de Francisco en la no posesión de bienes, su desposorio radical y fiel con la dama pobreza está en la raíz misma de la oración de Francisco, de su increíble capacidad para maravillarse y dar gracias.

2. EL CLAMOR DE LA SANGRE DEL POBRE Y DEL OPRIMIDO

Podríamos afirmar que toda la historia de la salvación no es sino un largo gemir del hombre. Un largo camino de las respuestas del Dios liberador a los gemidos de sus hijos sumidos en toda suerte de esclavitudes.

En la Biblia, el término "pobre", en sentido neutro, no es casi usado. Se usa más bien otra serie de términos fuertemente coloreados, donde la situación de pobreza tiene matices de relación con los otros hombres. Así, por ejemplo, la palabra ebion indica a aquél que desea algo que no tiene, alguien a quien le falta algo y lo espera de los demás; se traduce habitualmente por "mendigo".

Otra de las expresiones, dal, se traduce por débil, flaco: aquél que se ha vuelto casi trasparente. "Los flacos del país", serán los campesinos. Flacos o enflaquecidos.

Pero la palabra más importante, aní, anau, significa: el encorvado, el que está bajo un peso, el que no está en toda la capacidad de su vigor físico, el humillado pasa a ser en la Biblia aquel que, encorvado por el peso de la opresión de sus hermanos, recurre a Dios como salvador. Aquel que se humilla ante Dios.

Los malvados remueven los mojones, roban el rebaño y su pastor. Se llevan el asno de los huérfanos, toman en prenda el buey de la viuda. Los mendigos tienen que retirarse del camino, a una se ocultan los pobres del país. Cual los animales del desierto salen empujados por el hambre de sus crías, y buscan una presa sobre la estepa árida. Cosechan en el campo del inicuo, vendimian la viña del malvado. Desnudos andan, sin vestido; hambrientos llevan las gavillas de trigo. No tienen muelas para exprimir el aceite; pisan los lagares y no quitan la sed. Pasan la noche desnudos, sin vestido, sin cobertor contra el frío. Calados por el viento de las montañas, faltos de abrigo se pegan a la roca. Se le roba al huérfano su campo, se toma en prenda la túnica del pobre. Aún no es de día cuando el asesino se levanta para matar al hombre y al menesteroso. Desde las ciudades gimen los que mueren, el herido de muerte pide auxilio, ¡y sigue Dios sordo a las súplicas! (Job. 24, 2 - 14).

Job se hace eco del clamor que se levanta desde la opresión de los pobres, y se pregunta angustiado acerca de la sordera de Dios... Porque, según la Biblia, desde que la sangre del hermano inocente fue vertida (Gen. 4, 10), este clamor ha subido incesantemente a los oídos del libertador de su pueblo.

Dios se autoproclama, sobre todo por sus obras en favor del pueblo, como el Padre de la familia, que ha querido asumir, por alianza, la defensa de los parientes pobres caídos en aflicción. En los pueblos nómadas, donde tantos eran los peligros para el hombre aislado, era muy importante el clan familiar: cuanto más numeroso y unido, mejor.

Los que estaban vinculados al clan por sangre (hijos, nietos), o por alianza, se comprometían a cumplir determinadas normas del clan. Y a su vez, el clan, concretamente el Jefe del Clan, se comprometía a defenderlo de todo mal. A pagar el rescate si caía esclavo; a rescatar la tierra si había tenido que venderla, a proporcionarle descendencia si había muerto sin tenerla.

Dios se presenta como el Jefe del clan, dispuesto a escuchar el clamor de los hijos que han caído en esclavitud, que están sin tierra, prohibiéndosele hasta la procreación. El Pueblo, hijo de la alianza (cada hombre dentro del pueblo), aunque no sea consciente de sus esclavitudes, eleva un clamor que brota desde el fondo mismo de sus esclavitudes físicas, morales, sociales. Y entonces Dios, por "obligación" contraída libremente en la alianza, baja a visitarlo.

Cuando escuchó los gemidos que le arrancaban los opresores, cuando personalmente vio la opresión de sus hijos, cuando "conoció" (vivirlo experimentalmente), entonces puso en marcha su Gesta libertadora. El no puede ignorar los gemidos del hijo que clama y grita desde su aflicción. Aun cuando su hijo no sepa quién es el jefe de la familia, aun cuando sea tanta la opresión que haya dejado de confiar en El, o se pregunte angustiado como Job, si no se había vuelto sordo a sus súplicas (Ex. 3, 7 9; 1, 21 ss.; 2, 24; 6, 9).

PREGUNTAS:

¿Confías en Dios, único liberador de los hombres? ¿Estás convencido que El escucha siempre el clamor de los pobres?
¿Has sentido alguna vez el peso de la opresión?
Cristo, el liberador, ,¿no fue un pobre oprimido?
El Espíritu Santo, nuestro " - defensor", ¿no forma una comunidad de pobres? Cf. 1 Cor. 26.31

3. EL CLAMOR DE LOS OPRESORES

EI clamor de los pobres - oprimidos, supone otro clamor, que también inexorablemente sube hasta los oídos del Jefe - Padre - Defensor - Liberador de su familia. Es el clamor de Sodoma y Gomorra. Este clamor, grande también, que Dios viene personalmente a corroborar, le lleva a la destrucción de los impíos (Gen. 18, 21; 19,12). El que esperaba de sus hijos justicia, encuentra asesinatos (Is. 5, 7).

Si el oprimido, aunque sea forastero, clama a EI, no dejará de escuchar su clamor. Entonces se encenderá su ira y destruirá al opresor (Ex. 22, 20 - 22). El hijo cuidará por todos los medios de no ser un opresor de su hermano, pues este clamor sordo, causado por su mala conducta subirá hasta el Padre - Liberador (Dt. 24, 14 - 15; Sant. 5, 1 - 6).

Dios será conocido en la medida en que el pueblo experimente la acción liberadora del Padre de la familia. Entonces sabrán que yo soy Yahveh: cuando rompa las coyundas de su yugo y los arranque de los amos, de los que los esclavizaron (Ez. 34,27; 37,6 - 13; 36, 11, 23). EI camino de la liberación es el camino del conocimiento. Sólo quien experimente la libertad plena producida por una fraternidad realmente vivida, donde los hombres se amen, siendo libertadores los unos de los otros, sólo así se conoce a Dios. Quien ama, quien es libre, quien libera, quien da su vida como Cristo en lugar de matar como Caín..., ése conoce a Dios. Los que no aman, los asesinos... no conocen a Dios (leer toda la primera carta de Juan).

Y si los opresores, aquéllos que esclavizan de algún modo a los hermanos, pretenden rezar..., su oración es inútil. Pues el ruido producido por sus acciones malas impide que su oración llegue a los oídos del Padre.

No sigan trayendo oblación vana; el humo y el incienso me resultan detestables. No tolero ayuno ni asamblea festiva. Sus novilunios y solemnidades aborrece mi alma: me ha resultado un peso que me cuesta llevar. Y al extender ustedes sus manos hacia mí, me tapo los ojos para no verlos. Aunque recen todo el día, yo no Oigo. Sus manos están llenas de sangre; lávense, límpiense, quiten sus fechorías delante de mi vista, desistan de hacer el mal, aprendan a hacer el bien. Busquen lo justo, den sus derechos al oprimido, hagan justicia al huérfano, aboguen por la viuda. Entonces vengan a mí, que nos vamos a entender, dice el Señor (Is. 1, 10 ss.). ¿Cual es la esperanza del impío cuando suplica, cuando a Dios eleva su alma? ¿Acaso Dios escucha su gemido, cuando viene sobre él una calamidad?

PREGUNTAS:

¿Te preguntaste alguna vez por la relación existente entre tu conducta y la oración?
¿Eres tú opresor de tu hermano? ¿Lo esclavizas de algún modo? ¿En tu casa, en tu trabajo, en tu grupo de fraternidad, no te comportas como un déspota?
El cristiano es quien prefiere morir a matar; quien prefiere ser aplastado antes que aplastar. ¿Estás convencido de ello?

4. LA ORACION DEL HERMANO MENOR:

SER POBRE Y OPRIMIDO

En la sociedad de Francisco el mundo estaba compuesto de los "mayores" y de los "menores". Francisco no entra en las luchas sociales de la época, cuando en Asís se masacran mayores y menores. Pero él quiere que sus hermanos se llamen y sean "menores".

No quiere tener propiedades porque sabe que si las acepta luego tendrá que comprar armas para defenderlas. Está convencido de que la oración sólo se hace desde la pobreza.

Para la oración franciscana no son necesarias técnicas, rituales, fórmulas. Hay que ser pobre como Cristo pobre. La oración es, fundamentalmente, la vida del hermano menor.

A mí me buscan todos los días, y les agrada conocer mis caminos, como si fuera gente que la virtud practica y el rito de su Dios no hubiese abandonado. Me preguntan por las leyes y les gusta la vecindad de su Dios. ¿Por qué ayunamos, si tú no lo ves? ¿Para que nos humillamos si tú no lo sabes? Es que el día en que ayunaban andaban buscando su propio negocio, y explotaban a sus trabajadores. Es que ayunaban para litigio y pleito, y para dar de puñetazos al desvalido. No ayunen para hacer oír en las alturas su voz... Acaso es éste el ayuno que yo quiero, el día en que se humilla el hombre? ¿A esto le llaman ayuno y día grato al Señor? ¿Había necesidad de doblegar la cabeza como un junco, y sentarse sobre la ceniza y vestirse de modo especial? ¿No será más bien éste otro el ayuno que yo quiero, dice el Señor: desatar los lazos de maldad, deshacer las coyundas del yugo, dar la libertad a los quebrantados y arrancar todo yugo? ¿No será partir tu pan con el hambriento, y a los pobres sin hogar recibir en tu casa? Cuando veas a un desnudo le cubras, y de tu semejante no te apartes? Entonces brillará tu luz como la aurora, y tu herida se curará rápidamente. Te precederá tu justicia; la gloria del Señor te seguirá. Entonces ustedes clamarán y el Señor les responderá. Pedirán socorro, y El dirá: "Aquí estoy" (Is. cap. 58).

La oración primera del hermano menor es ser menor. Una fraternidad menor. Participando en las miserias y abyecciones de los pobres. Compartiendo todo lo que tenemos y lo que somos con los pobres y desheredados. No tolerando que alguien posea menos que nosotros. Sufriendo con los que sufren. No hay oración posible para el hermano menor si ésta no parte de un compromiso vital de ser realmente hermano y menor, sumando el clamor de los pobres y oprimidos de nuestro pueblo, para hacer que Dios, el Padre lo escuche.

A Francisco no le importa tanto que la fraternidad tenga un ejemplar del Nuevo Testamento, imprescindible para sus oraciones, como que su madre (la madre de un hermano es la madre de todos) pueda comer. Considera robado lo que él pueda usar y esté siendo necesitado por otro más pobre que él. Prefiere que se viva en la pobreza del Hijo, honrando así, a la Madre, antes que adornar con ricos manteles el altar de la Virgen. Es una opción radical por ser pobre antes que rico, oprimido antes que opresor... Francisco sabe bien a quién escucha Dios. Pobre, nunca tuvo dificultades en su oración.

PREGUNTAS:

Repasa el evangelio y las cartas de los apóstoles: iluminan lo dicho anteriormente sobre todo en el Antiguo Testamento:
Repasa la vida de San Francisco: ¿se preocupó mucho Francisco de las fórmulas y rituales de oración: ¿Qué le responde de al novicio que pide un breviario para poder rezar mejor?
¿Te parece que la comunicación de bienes el compartir totalmente la propia vida con los hermanos, sea algo necesario para poder rezar (lee toda la carta del apóstol Santiago)

El CLAMOR DE LOS PROFETAS

Los profetas, hombres de Dios, fueron aquéllos elegidos por el Señor para anunciar en la historia concreta del pueblo la voluntad y la acción liberadora del Padre - Liberador de sus hijos. No cayeron en la trampa de achacar los males a un capricho de Dios. Tampoco se contentaron con acusar a otros pueblos vecinos, más poderosos, de la esclavitud y de los males de Israel. Fueron hasta el fondo del mal. Y lo dijeron, para que el pueblo cambiara de vida. Francisco no se contenta con vivir: también quiere predicar, y manda a sus hermanos a predicar la conversión...

¡Ay de quien amontona lo que no es suyo! (¡Hasta cuándo.!) ¡Y se carga con las prendas empeñadas! ¡Ay de quien gana ganancia inmoral para su casa, para poner su nido en alto y escapar de la garra del mal! ¡Ay de quien edifica una ciudad con sangre y _su pueblo con la injusticia! ¡Ay de quien dice al madero, "despierta"; "levántate" a la piedra muda (Hab. 2, 5 - 9). ¡Ay de quien edifica su casa sin justicia y sus pisos sin derecho! ¡De su prójimo se sirve de balde y su trabajo no le paga! (Jer. 22,13 - 15). ¡Ay de los que en sus lechos maquinan la iniquidad, que se preparan a ejecutar cuando amanece, porque tienen en sus manos el poder! (Miq. 2, l ss.). ¡Ay de los que añaden casas y casas y campos y campos, hasta acabar con el país, siendo los únicos propietarios de la tierra! ( Is. 5, 8) ¡Ay de los que dan leyes inicuas y de los escribas que prescriben prescripciones tiránicas para apartar el derecho de los desvalidos...! (Is. 10, 1 ss). Ahora bien, ustedes, los ricos, ¡lloren, y den alaridos, por la desgracia que está por venir sobre ustedes! ¡Sus riquezas están podridas...! Han acumulado para el día de la matanza! (Sant. 5,1 - 6). ¡Felices los pobres, porque de ustedes es el reino de Dios! ¡Felices los que tienen hambre ahora, porque serán consolados! ¡Felices los perseguidos, odiados, asesinados... porque de ese modo trataron a los profetas! ¡Ay de ustedes, los ricos, porque han recibido su recompensa! ¡Ay de los que ahora ríen, porque tendrán aflicción y llanto! ¡Ay, cuando todos los hombres hablen bien de ustedes! Porque de ese modo trataron a los falsos profetas (Lc. 6,20 - 26). Nadie puede servir a dos Señores. No pueden servir a Dios y al dinero. (Mat. 8, 24 y pp. 3).

Nada bueno tienen en este mundo ni en el otro. Piensan poseer por largo tiempo las cosas vanas de este siglo, pero están engañados, porque vendrán el día y la hora en que no han pensado, y los han ignorado y desdeñado. El cuerpo se pone enfermo, la muerte se acerca y los parientes y amigos vienen diciendo: "Dispón tus cosas'. Y su mujer y sus hijos y sus parientes fingen llorar. Y mirando, los ve que lloran, y se conturba, y pensando entre se, dice: " - He aquí que yo pongo mi alma, mi cuerpo, y todas mis cosas en manos de ustedes". Verdaderamente este hombre es maldito, porque entrega su alma, su cuerpo y todas sus cosas en tales manos. Porque dice el Señor por el profeta: "Maldito el hombre que pone su confianza en el hombre". Luego llaman al sacerdote, el cual le dice: "¿Quieres recibir el perdón de todos tus pecados". Responde: "Quiero". "Quieres reparar con tus bienes, en cuanto te sea posible, los fraudes y engaños que has cometido". Responde: "NO". El sacerdote le interroga: "¿Por qué no?" "Porque todas las cosas puse en manos de mis parientes y amigos". Entonces comienza a perder el habla y muere aquel miserable con muerte amarga... Y todas las riquezas, poder, ciencia y sabiduría que juzgaba tener le serán arrebatadas (Lc. 8,18). Y los parientes y amigos toman sus bienes y los repartirán, y dirán después: "Maldita sea su alma, porque pudo darnos más y adquirir más de lo que adquirió". Los gusanos roerán su cuerpo. Y así, pierde el alma y el cuerpo esta breve vida y se va al infierno, donde será atormentado sin fin (San Francisco: "Carta a los fieles".

Francisco tuvo la gran originalidad de no predicar nunca contra nadie. Cierto que toda su vida fue una predicación que movía a la conversión, y cuestionaba radicalmente tanto a la sociedad como a la Iglesia. Cierto que asume actitudes que van contra el orden vigente. Prohibe predicar contra los herejes, buscar dinero para las cruzadas y otras causas "santas"; su propia vida y la vida de su fraternidad menor se convierte en increpación profética del mundo injusto. La parábola de la "Carta a los fieles" es una muy "cortés" manera de hacer pensar... El hermano Menor se hace la denuncia profética contra la propia vida personal y fraterna. Para que esta vida sea la que se convierta a su vez en denuncia viviente. Si predica, lo hace con "brevedad de sermón", porque muy poco predicó el Señor sobre la tierra. Y es de esta vida y de esta denuncia de donde surgirán las consecuencias que harán al profeta clamar con toda su voz. Probemos vivir como pobres, participando hasta las heces del cáliz de nuestros hermanos que sufren la opresión: Veremos cómo suben a borbotones de lo fondo de nuestro corazón a nuestros labios las palabras de los salmos, las oraciones de la Biblia. Entenderemos maravillosamente el por qué de la oración de Jesús, la total vigencia del salmo que Jesús reza en la Cruz.

PREGUNTAS

¿Sentiste alguna la angustia de sentirte sólo y perseguido, difamado, como los profetas?
¿Experimentaste alguna vez la angustia de Francisco al querer ser fiel a la relación que el Señor le había hecho, lo cual le ocasionaba el desprecio de gran parte de la fraternidad? ¿Experimentaste su desazón, su oscuridad, su angustia?
¿Sentiste alguna vez, desde la experiencia de pobreza, opresión, humillación, la necesidad de comunicarte con los hermanos, de orar al Padre - Libertador?

LA ORACION DE LOS POBRES QUE NO TIENEN ABOGADO DEFENSOR

Si con nuestra vida construida en fidelidad radical al Evangelio desenmascaramos los ídolos, los demonios, los baales (déspotas de este mundo) entonces sentiremos todo el peso de las premoniciones de Jesús: Si el mundo les odia, sepan que a mi me han odiado primero. Si ustedes fueran del mundo, el mundo amaría lo Suyo, pero ustedes no son del mundo, porque yo al elegirlos los he sacado del mundo, por eso los odia el mundo. Acuérdense de las palabras que les he dicho: el siervo no es más que su Señor. Si a mí me han perseguido, también los perseguirán a ustedes; si han guardado mis Palabras también guardarán la de ustedes. Pero todo esto se lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, entonces no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa de su pecado. El que me odia, odia también a mi Padre. Si yo no hubiera hecho entre ellos obras que no ha hecho ningún otro, no tendrían pecado, pero ahora las han visto, y nos odian a mí y a mi Padre. Pero así se cumple lo que está escrito en la Ley: "me han odiado sin motivo". Cuando venga el Defensor, el Espíritu de la verdad que procede del Padre y que yo les enviaré de junto al Padre, él les dará testimonio de mí. También ustedes darán testimonio, porque estaban conmigo desde el principio. Les he dicho esto para que no se escandalicen. Los expulsarán de las comunidades. E incluso llegará la hora en que todo el que los mate piense que da culto a Dios. Y lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Les he dicho esto, para que cuando llegue la hora, se acuerden de que yo se lo había dicho ( Jn. 7; 41 - 4).

Testimoniando el evangelio en un mundo que vive a espaldas de Cristo, aunque no se tenga motivos para ello, el Hermano Menor sufrirá las consecuencias de la promesa de Cristo. Entonces verá los salmos como oración del pobre que se sabe indigente, necesitado del único Liberador - Padre, del único capaz de sacarnos de la angustia y de la opresión (Jesús), (del que nos enseñó con su propia muerte el precio que hay que pagar para nuestro rescate.

Tiende tu oído, oh Señor, respóndeme, ¡qué desdichado y pobre soy! ( S. 86) ¡Pastor del pueblo, escucha, despierta tu poderío y ven en nuestro auxilio! ¡Señor, escucha mi oración, presta oído a mis súplicas, por tu fidelidad respóndeme, por tu justicia! ¡Oh, pronto, respóndeme Señor, que el aliento me falta; no escondas de mi tu rostro, que sería como los que bajan a la fosa! (S. 143, 140...).

La oración se eleva sin dificultad hacia Aquél que libra al pobre que clama, huérfano que no tiene abogado defensor; El, que es como los ojos del ciego, y del cojo los pies. El que es Padre de los Pobres, y el que examinará la causa del desconocido. El que quiebra los colmillos del inicuo, de entre los dientes del malvado, arranca su presa..." (Job. 29, 14). ¡Ay! ¿Hasta cuando, Señor, pediré auxilio, sin que tú me escuches; clamaré a ti: "violencia", sin que tú vengas a salvarme? ¿Por qué me haces ver la iniquidad, y tú miras la opresión? Ante mí rapiña y violencia, querella y discordia se suscitan. Por eso, es que se desvirtúa y no aparece el juicio. ¡Si el impío asedia al justo y por eso aparece el juicio pervertido! ¿No eres tú desde antiguo, Señor, mi Dios, mi Santo ¡tú no mueres! ... Muy limpio de ojos eres para mirar el mal; ver la opresión no puedes... ¿Por qué ves a los traidores, y callas cuando el impío traga a uno más justo que él? (Hab. 1,12)

La oración de los salmos, la oración de los profetas, la oración de Jesús, versa sobre cosas muy concretas. Sea porque uno es pobre y se siente oprimido, sea porque también se carga sobre los propios hombros la pobreza y la opresión de otros hermanos. Solamente un pobre puede entender la oración de la Biblia.

PREGUNTAS:

Francisco habla mucho de la persecución: ¿Sabes dónde? Busca en sus escritos. En sus oraciones, Francisco hace alusión a los males, a la persecución, al sufrimiento: Francisco reza con gusto los salmos. ¿Podrías poner un ejemplo: ¿Cómo los reza?

7. LA POBREZA DEL PROPIO PECADO

El mensaje profundamente liberador de los profetas hace ver al hombre que la pobreza más radical, la opresión más brutal, tiene su origen en el corazón mismo del hombre, que tiene que cambiar de caminos, de corazón, para poder ser libre y liberador.

¡Ay Señor, Dios grande y terrible, que guardas la alianza y el amor de los que te aman y observan tus mandamientos! Nosotros hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos sido malos, nos rebelamos contra ti, y nos apartamos de los mandamientos y de tus normas. No hemos escuchado a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaban a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres, a todo el pueblo de la tierra! ¡No nos apoyamos en nuestras obras para derramar ante ti nuestras súplicas, sino tus grandes misericordias! (Dan. 9,3 - 18).

Es el grado de pobreza más hondo, el que necesariamente tenemos que alcanzar para poder ser liberados por el Señor. No apoyarse ya más en nuestras obras: en nuestros carros de batalla, en nuestras armas, en nuestra sabiduría, en nuestros hermosos ritos y fórmulas de oración.

Si nos convertimos, pues no hay hombre que no peque, si nos arrepentimos y le suplicamos desde nuestra cautividad, entonces ciertamente Dios volverá a escuchar nuestra oración (II Cron. 6, 21 ss.).

Será necesario sentir a los demonios de nuestra sociedad dentro nuestro. No ya sentirlos " - fuera" de nuestro corazón, siendo nosotros "los puros". Sentir la ceguera de nuestro corazón, sin la ilusión de ser videntes, como los fariseos. Inclusive con el miedo de ser curados, gritar al Señor, porque sabemos que seremos escuchados por él (Mt. 8, 29; MC. 5,5 - 7; 3, 11; 9,62). A veces, la misma presencia del Señor nos asusta y podremos gritar de miedo (Mt. 14, 267 30). Podremos sentir que el Señor nos escucha, y gritaremos pidiendo compasión. Podremos sentir que la fe nos falla, y gritamos para que nos aumente la fe (Mt. 15, 22.23; Mc 9,24). Si somos conscientes de nuestra profunda ceguera, y gritamos a El para poder ver (Mt. 97 27; 20, 30 - 31; Mc. 1, 47 - 48; Lc. 18, 3~)... entonces tengamos la certeza de que EI nos escuchará y remediará nuestros males y nos liberará de nuestras esclavitudes...

Tengamos también la absoluta certeza de que jamás el Señor escuchará el grito de la oración que sale desde nuestras seguridades y desde nuestras pretendidas incontaminaciones con el mal, desde nuestra claridad de visión. Sólo desde la experiencia radical de pobreza que significa la conciencia de pecado y de impotencia para salir de él sin la acción de Dios, nuestra oración puede ser escuchada.

En la medida en que nos sintamos menores, nosotros, pecadores y miserables, miserables y desdichados, podridos y hediondos, ingratos y malos (Regla NB cap. XIII), participes de los demonios y cegueras, tanteos, búsquedas de nuestros hermanos los hombres..., en esa medida nuestra oración alcanzará su plenitud. Alabaremos con inmensa gratitud al Padre; sabremos pedir perdón con amargo arrepentimiento de nuestros corazones, sabremos interceder por los otros hermanos, tal como Francisco nos enseña en su Regla.

PREGUNTAS:

Busca en Francisco pasajes de sus escritos o de su vida en los cuales aparezca con conciencia de ser pecador. ¿Te parece que su actitud es correcta? Describe los pasajes. Presenta al grupo los puntos que más te hayan interesado.
En tus oraciones pidiendo perdón, tanto en las privadas, como en las celebraciones de la fraternidad, ¿pides perdón por cosas concretas, candentes, en tu vida, o más bien pides perdón por vaguedades, sin estar convencido de tu pecado?
De tu conciencia de pecador, ¿no surge más clara y espontánea tu oración de alabanza? ¿Te sientes a menudo ciego, "endemoniado" con los demonios de los otros hombres, sin poder salir de las redes del poder, del sexo, de la codicia? ¿Has sentido faltar tu fe, hasta dudar de todo? ¿Has sentido la impotencia para salir "solo" y con tus obras?
¿Alguna vez consideraste la oración, en cuanto obra tuya, como fuente para exigirle algo a Dios? (yo te recé o hice alguna obra, y tú, Dios mío, tienes que darme tal o cual cosa.