1. TTNO/PRINCIPAL:
"El hombre contemporáneo cree más a los testigos que a los maestros (·PABLO-VI); cree
más en la experiencia que en la doctrina, en la vida y en los hechos que en las teorías... El
testimonio evangélico, al que el mundo es más sensible, es el de la atención a las personas
y el de la caridad para con los pobres y los pequeños, con los que sufren. La gratuidad de
esta actitud y de estas acciones, que contrastan profundamente con el egoísmo presente en
el hombre, hace surgir unas preguntas precisas que orientan hacia Dios y el Evangelio"
(R.M.n.42).
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2. CARDENAL-CHICAGO
Un cardenal se confiesa
El que fue arzobispo de Chicago cuenta en un libro los tres últimos años antes de su
muerte, vividos con paz en medio de falsas acusaciones y la enfermedad del cáncer
El cardenal Joseph Bernardin, arzobispo de Chicago, tuvo que soportar la humillación de
ser acusado falsamente de maltrato sexual a un joven, con los ataques de gran parte de la
prensa estadounidense y mundial. Este disgusto le provocó un cáncer de páncreas que
acabaría con su vida. Su experiencia vital refleja una gran profundidad espiritual y humana
Ofrecemos a nuestros lectores un extracto de este impresionante testimonio publicado en
su libro El Don de la Paz en Planeta + Testimonio.
Hoy es el día de Todos los Santos y estoy en casa porque el centro pastoral de la
archidiócesis está cerrado. Hace mucho más frío que unos días atrás, pero todavía está
muy bien para salir a caminar. Es lo que habría hecho yo normalmente.
Pero hoy no saldré a caminar. No lo haré debido a la inmensa fatiga que me abruma,
característica del cáncer de páncreas. Además, todavía siento en la zona lumbar y las
piernas el malestar que en provoca la estenosis espinal que me diagnosticaron hace un
año.
Así pues, al sentarme ante mi mesa de trabajo pensé que aún haría algo más. Decidí
explicar por qué he escrito este librito, El don de la paz. No es una autobiografía, sino
sencillamente una reflexión sobre mi vida y mi ministerio a los largo de los tres últimos años,
que fueron al mismo tiempo de alegría y de dificultades. Mis reflexiones comienzan con la
acusación de mala conducta sexual que se me hizo en noviembre de 1993 y se prolongan
hasta el presente, cuando me preparo para la última etapa de mi vida, la que empezó en
junio de 1995 con el diagnóstico de una forma agresiva de cáncer.
Para parafrasear las palabras de Charles Dickens en Historia de dos ciudades, "fue el
mejor de los tiempos; fue el peor de los tiempos". El peor por la humillación, el dolor físico,
la angustia y el miedo. El mejor por la reconciliación, el amor, la sensibilidad pastoral y la
paz derivada de la gracia de Dios y el apoyo y las plegarias de tanta gente. Aunque sin
negar lo primero, esta reflexión se centra en lo último para mostrar como, si se lo
permitimos, Dios puede escribir recto con líneas torcidas. para decirlo de otra manera, esta
reflexión se propone ayudar a que los demás comprendan cómo lo bueno y lo malo están
siempre presentes en nuestra condición humana y que si nos entregamos, si nos ponemos
totalmente en manos del Señor, predominará lo bueno.
Es evidente que en primavera no estaré vivo. Pero pronto experimentaré una nueva vida
de otra manera. Aunque no sé qué me espera en la otra vida, sé que así como Dios me
llamó para que lo sirviera con toda mi capacidad a lo largo de mi vida en la tierra, ahora me
llama a casa.
Muchas veces me han pedido que les hablara del cielo y de la otra vida. A veces sonrío
ante esta petición porque no sé más que ellos. Sin embargo, cuando un hombre joven me
preguntó si esperaba unirme a Dios y a todos los que me había precedido, hice una
asociación con algo que ya he dicho en este libro. La primera vez que viajé con mi madre y
mi hermana a la tierra de mis padres, Tonadico di Pimeiro, en el norte de Italia, me sentí
como si ya hubiese estado allí. Después de años de mirar los álbumes de fotos de mi
madre, conocía las montañas, la tierra, las casas, la gente. Apenas hube entrado en el valle
exclamé: Dios mío, yo conozco este lugar. Estoy en casa. Más o menos pienso que así
pasaré de esta vida a la vida eterna. Estaré en casa.
Lo que me gustaría dejar detrás de mí es una oración simple con la petición de que cada
uno de vosotros encuentre lo que yo he encontrado: ese don especial de Dios para todos
nosotros, el don de la paz. Cuando estamos en paz, encontramos la libertad para ser más
plenamente quienes somos, aún en los peores momentos. Nos desprendemos de lo que no
es esencial y abrazamos lo esencial. Nos vaciamos de nosotros mismos de manera que
Dios pueda trabajar más plenamente dentro de nosotros. Y nos convertimos en
instrumentos en manos de Dios.
Paz y amor,
Cardenal Joseph Bernardin
Obispo desde muy joven
Joseph Lois Bernardin (Columbia, Carolina del Sur, EE.UU.,1928) se ordenó sacerdote
en la diócesis de Charleston en 1952 y fue obispo auxiliar de Atlanta (1966-1972),
secretario(1968-1972) y presidente (1974-1977) de la Conferencia Episcopal de Estados
Unidos; arzobispo de Cincinnati (1972-1982) y de Chicago (1982-1996).
En 1983 el Papa Juan Pablo II le nombró cardenal. Fue respetado por su amabilidad,
espiritualidad y capacidad de reconciliación. Dos meses antes de morir, en 1996, recibió la
Medalla de la Libertad de la Casa Blanca.
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3. TETRAPLEJICO/TTNO TTNO/TETRAPLEJICO
Testimonio a favor de la vida
Relato autobiográfico de Luis de Moya, un sacerdote tetrapléjico
Todos ustedes, amigos lectores, conocen ya al joven sacerdote tetrapléjico Luis de
Moya porque, desde esta última página, nos ha contado su dramática experiencia desde
aquel accidente de tráfico que sufrió cuando venía de visitar a sus padres en Ciudad Real
en 1991. Desde entonces, y a pesar de haber pasado por momentos especialmente difíciles
en la UCI de la Clínica Universitaria de Navarra, cree que merece la pena vivir. Últimamente
se ha asomado a la actualidad por su lucha contra la eutanasia y su canto a la vida desde
la esclavitud de la total inmovilidad en una silla de ruedas.
Ahora ha dado un paso más para demostrarnos esas enormes ganas de vivir y ha
publicado un libro "Sobre la marcha", editado por la editorial de los Padres dominicos,
Edibesa, para, a la vez que narra toda su historia, poder servir de ejemplo y aliento a
cuantos están viviendo una situación parecida. Él mismo lo dice: "yo no podía, no debía,
buscar sentirme simplemente cómodo o lo menos contrariado posible entre mis cuatro
paredes, como si no pudiera hacer otra cosa, como si ya nadie esperara nada de mí. Si
hubiera caído en ese planteamiento, habría condenado mi vida al lamento permanente
como telón de fondo. Consentir en esa visión tan negativa de mi situación, supondría
-aparte de pactar con una falsedad- condenarme al victimismo. Ir por el mundo con
complejo de víctima, como dando pena, se me hacía poco gallardo y un tanto falso, porque
veía con claridad que teniendo la cabeza sana no había razón para no utilizarla con
provecho".
Valorar lo que se tiene
"Soy un multimillonario que ha perdido mil pesetas", confiesa Luis Moya, y es la frase
que mejor resume la actitud de este hombre tetrapléjico con poco más de cuarenta años.
Ha perdido casi totalmente la movilidad corporal: las "mil pesetas".
Puede mover sólo la cabeza: con su mentón maneja el carro de ruedas y con un especial
"ratón" reducido introducido en la boca acciona el ordenador, para leer y escribir. Así ha
escrito este libro, "Sobre la marcha", una especie de confesión desdramatizando su
dramática experiencia: sus limitaciones, su falta de intimidad personal, su dependencia.
Junto a esas mil pesetas perdidas coloca los muchos millones que le quedan: la vida que
ama apasionadamente, el amor para amar y ser amado, la fe cristiana que como sacerdote
vive y transmite, el poder seguir haciendo el bien, impartir clases en la Escuela de
Arquitectura de la Universidad de Navarra (http://www. unav. es), ayudar a otros, -sanos y
enfermos, jóvenes y mayores- a afrontar los problemas inherentes a toda vida humana y,
sobre todo, poder celebrar diariamente la Eucaristía, verdadero centro de su vida.
Ejemplo de fortaleza
Pero no se trata de un libro moralizante. Es un ejemplo de fuerza, de voluntad, es, en
lugar de la moralina teórica, la vida real del mismo autor, físicamente muy limitada, pero
abierta a todas las posibilidades que ofrecen los medios técnicos para no quedarse
anquilosado y para continuar haciendo el bien. Luis Moya, como médico también que es,
conoce bien la gravedad de su enfermedad, pero quiere desmitificar su caso y en el libro
nos cuenta sus problemas de carácter, sus impaciencias, su precaria economía en números
rojos, sus reacciones ante las impertinencias de otros.
Se presenta tal cual es. Y, sobre todo se presenta con una fe que ha puesto su confianza
en el Dios que ama como el mejor de los padres, que quiere lo mejor para sus hijos, y no se
equivoca nunca: tampoco cuando permitió aquel accidente automovilístico a sus
treintaitantos años, que lo dejó para siempre en una silla de ruedas. Un libro que todos
debiéramos leer para comprender mejor las, pequeñas o grandes, contrariedades de
nuestra vida cotidiana cuando meditemos las palabras de Luis: "Algunos creen que la vida
es para el puro disfrute material, para sacar el máximo partido en el placer, el poder o la
riqueza. Creo que la vida, sea como sea en lo físico, merece la pena vivirla. Con la ayuda
de Dios, que pido todos los días, tengo la esperanza de llegar al destino para el que me ha
dado la vida ".
Mary Murillo
_IGLESIA-EN-CAMINO
Semanario "Iglesia en camino"
Archidiócesis de Mérida-Badajoz
No. 193 - Año V - 19 de enero de 1997
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4. NARCISO-YEPES/TTNO TTNO/NARCISO-YEPES
El Arte es la sonrisa de Dios
En este lugar cargado de Arte, de Historia y de Cultura a través de todos los que en él se
hallan y de los que por él han pasado, voy a tañer mi guitarra, y con ella intentaré demostrar
que todos servimos y somos imprescindibles. Porque aunque yo tocara como los propios
ángeles, si no estuviérais aquí, la vibración quedaría sin resonancia. Yo necesito de todos
vosotros y vosotros de mí: éste es el milagro de la gratuidad en el servicio al Arte y de su
efecto de unificación, atributo éste tan particular de la Música.
"Cada uno es como ha querido Dios". Este verso de un villancico entrañable de Federico
Muelas ha tenido eco en mí y ha madurado estas ideas: ser como lo ha querido Dios es
obedecer a lo que cada uno tenemos encomendado en nuestro paso por el planeta Tierra,
ahora, en el momento histórico en que nos hallamos y con la singularidad y los talentos de
cada ser irrepetible. Al ser servidor de algo trascendente, borro toda posibilidad de
vanagloria. Si a mí me toca aportar algo en un instante preciso, aquel en el que me es dado
vivir, es porque, antes que yo, otro hombre aportó lo suyo. Una aportación no borra la
anterior; se suma fundiéndose en inteligencia y conocimiento.
Antes de seguir adelante, me apresuro a decir que yo no he inventado nada. Yo no he
añadido cuatro cuerdas a la guitarra por capricho, sino por necesidad. ¿Por qué tenemos
que tocar obras antiguas con instrumentos modernos haciendo transcripciones inútiles que
mutilan la música? Yo he salido al encuentro de esta limitación, restituyendo al mundo del
Arte la guitarra de diez cuerdas que ya había existido en los siglos XVIII y XIX.
Es necesario acercarse en conocimiento y en consciencia a aquello de entonces. Pero no
hay una sola manera de hacerlo. Quiero decir que si tengo un avión a mi alcance no tengo
que viajar en burro. Debemos aprender a asumir sin miedo las posibilidades ilimitadas que
nos rodean.
La única limitación que el hombre se impone es prescindir del qué le da la vida y no
comprender, con madura, humildad, que somos un átomo de Dios y que tenemos una
potencia insospechada para vibrar y transmitir las maravillas del mundo. No me atrevo a
decir que he alcanzado una cima: sabemos mi guitarra y yo que nos quedan muchos
caminos desconocidos por recorrer. Lo esencial es ser capaz de estar a la escucha de Su
Voluntad. Y no estoy hablando ahora de un alto sentimiento, ni de una intuición
trascendente y creadora, ni siquiera de una realidad que me sobrepasa y a la que no sé
nombrar. Estoy hablando de Dios. Y me enorgullece decirlo. Porque también me
enorgullece el Arte a través del cual Él se da a conocer.
¡Ojalá podamos ser recordados por generaciones futuras como fieles servidores del único
Señor y Dueño al que vale la pena servir! Entonces habrá sido válida nuestra ofrenda en el
Arte y habrá dado el Hombre un paso más en la unificación del espíritu con la materia, de lo
visible con lo invisible, del cielo con la tierra. Yo intuyo que el Arte es la sonrisa de Dios.
(Fragmento del discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes del célebre
guitarrista Narciso Yepes, recientemente fallecido y que traemos a nuestras páginas por la
ejemplaridad de su testimonio cristiano. Es todo un vigoroso -y más que nunca sonoro y
armonioso ejemplo- del diálogo entre la fe la cultura vivido por un cristiano cabal de
ahora).
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5. TTNO/TOP-MODEL
Una famosa "top model" italiana deja la pasarela para seguir la vocación religiosa
El mundo de la moda, puesto tan de actualidad por la trágica muerte del diseñador
italiano Versace, suele mostrar una imagen de frivolidad y lujo en la vida de sus
representantes y sus famosas "top model", pero también tiene otra cara, no tan singular ni
conocida. La vocación es una llamada personal de Dios que no siempre encuentra
respuesta en nosotros. Traemos hoy a nuestra página una historia singular en el campo
vocacional, la protagonizada por la italiana Antonella Moccia, una de las más cotizadas
Çtop modelÈ de Italia. Conocida por el nombre artístico de Ella Durante, esta modelo ha
alternado los últimos años sus compromisos profesionales con su colaboración como
voluntaria de las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta. Ahora, con 30
años recién cumplidos, acaba de ingresar en el Convento de la Fraternidad del Espíritu
Santo. Antonella afirmó que le gustaba y le sigue gustando su profesión de modelo, pero ha
descubierto algo mucho más hermoso en el servicio a Jesucristo en los hermanos.
En medio del trepidante mundo de la moda, ella supo oir su llamada personal: "Un día fui
con una amiga india a ver a las hermanas de la Madre Teresa. Quedé fascinada por su
relación con el sufrimiento humano. Entonces comprendí las palabras de Cristo: "Cada vez
que hacéis algo a uno de estos pequeños, a mí me lo hacéis".
"He rezado por Versace"
Al conocer el asesinato del famoso modisto, ha manifestado: "He rezado mucho por
Versace y haré que ofrezcan una Misa por él. Versace me gustaba por su relación con la
gente sencilla. Indudablemente su muerte toca el corazón de la gente. Es algo que
estremece las conciencias, que presenta preguntas que todos nos hacemos en nuestro
interior. ¿Para qué vivimos? ¿Para qué morimos? ¡La vida vale mucho más que un vestido!
No hay éxito o imperio financiero que tenga un valor tan grande como la vida".
Para Antonella se puede armonizar el mundo de la moda y el de los valores cristianos
"con tal de que se respete la ley de Dios. Lo que es bello tiende por naturaleza a la
perfección, es decir, a Dios".Y nunca se ha arrepentido de haber dejado las pasarelas en
pleno triunfo, aunque "no reniego de lo que hacía antes. Es más, ahora disfruto de la
plenitud del amor de Dios, que se manifiesta cada día más".
Deja el ajedrez por la clausura.
La argentina Claudia Amura era la mejor jugadora de ajedrez de América, tras quince
años dedicados a este juego ha protagonizado también una especial historia vocacional ya
que a sus 26 años ha abandonado el mundo de la competición ajedrecística para retirarse a
un convento de vida contemplativa de la Congregación de las Mercedarias de Córdoba, en
Argentina.
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6. TTNO/JULIAN-MARIAS
·Marías-Julián: "El Cristianismo no es una religión a la carta"
El pensador y filósofo Julián Marías ha recogido en el libro "Sobre el Cristianismo"
(Planeta+Testimonio), que en pocas semanas ya se ha convertido en un auténtico "best
seller", sus ensayos más brillantes sobre la esencia de la religión cristiana.
El resultado ha sido un volumen ágil en el que se analizan con profundidad los desafíos
más apremiantes que experimenta la Iglesia en los umbrales del Tercer milenio. En esta
entrevista que ofrecemos a nuestros lectores asegura el pensador español que "el desafío
que tiene que afrontar la Iglesia radica en que la religión se plantee como religión; todo lo
demás es secundario".
-¿Qué relación tiene un pensador con el cristianismo?
-El pensamiento debe ser independiente, no me gusta el término de intelectuales
comprometidos. Los intelectuales sólo deben estar comprometidos con la verdad,
exclusivamente. Yo digo, en ocasiones, que la función del intelectual es mirar y decir lo que
ha visto, paso a paso.
-¿Se puede hablar de una intelectualidad católica?
-El intelectual debe entender que no se debe hablar de lo que no se conoce, y el
intelectual puede ser cristiano, puede ser católico, pero en cuanto intelectual debe
funcionar como tal y tiene que justificar intelectualmente las cosas. Una cosa es la fe que se
tiene y otra la relación intelectual. Si se escribe sobre cuestiones intelectuales, hay que
actuar intelectualmente y con una justificación. Pero no hay conflicto. Además, estoy
convencido de que el pensamiento filosófico de nuestro siglo, y muy particularmente el
español, ha dado instrumentos superiores a cualesquiera otros para comprender el
cristianismo. No hay conflicto. Sin embargo, a veces es muy frecuente, incluso entre
eclesiásticos, el que no se hable de fe.
La fe no se impone
-¿No es difícil hablar de fe y de libertad religiosa?
-La fe no se impone, es una gracia, es un don. Otra cosa es que haya personas que no
quieran recibirla, que se resistan a ella, problema de su conciencia. No se puede imponer,
no se puede exigir. Yo estuve en varias sesiones del Concilio Vaticano II, precisamente
cuando se votó este punto, y los padres conciliares aclamaron esta verdad.
- ¿Cuál será, según usted, el desafío que tendrá que afrontar la Iglesia del Tercer
milenio?
-El desafío que tiene que afrontar radica en que la religión se plantee como religión, todo
lo demás es secundario. De este planteamiento se derivan otros aspectos. Desde un punto
de vista cristiano se consideran muchas cuestiones temporales, y se las ve de una manera
distinta de cómo se ven desde fuera del cristianismo. Sin embargo, el cristianismo es una
religión y ese es su núcleo fundamental, y anteponer otras cosas al contenido religioso me
parece un error.
Fe íntegra
-El contendido del cristianismo, ¿sería aceptar a Cristo y a la Iglesia?
-Una persona que no es cristiana es sumamente respetable, precisamente la Iglesia ha
proclamado la libertad religiosa. Cada uno tiene derecho a la religión que crea conveniente.
Lo que no acepto es que alguien me diga: mire, usted, yo soy cristiano, pero no creo ni en
esto, ni en esto, ni en esto. Muy respetable pero no es cristiano. Si usted no cree en Dios,
si usted no cree en la Trinidad, en la divinidad de Cristo, no es cristiano.
-Pero, ¿quizá la oposición no es contra la religión en sí sino contra los principios morales
que dimanan de esta religión?
-Los que realmente dimanan son parte de la religión. En este libro "Sobre el Cristianismo"
hablo ampliamente de las adherencias históricas y sociales de la religión. Ha ocurrido, por
ejemplo, que misioneros en países de misión han tratado de convertir a los naturales no
solamente al cristianismo sino también a las costumbres, a las estimaciones de sus países
de origen. Me refiero, por ejemplo, al afán de que los negros se vistieran. Vestirse o no
vestirse no forma parte del cristianismo. Es menester desprenderse de las adherencias
meramente históricas y culturales y conservar el núcleo eficaz, vivo del cristianismo.
-Quizá se ha olvidado el núcleo del cristianismo.
-En una emisión de televisión que vi hace años, unos misioneros hablaban de que ellos
no intentaba explicar el cristianismo ni convertir a nadie: "tratamos de dar educación
-explicaron-, de curar las enfermedades, de que aren mejor sus campos". Está muy bien,
pero sería mejor mandar economistas, o peritos agrícolas... lo harían mejor. Un misionero
que no intenta conseguir conversiones al cristianismo, no es un misionero. Será una
persona adorable, pero no es misionero. La idea principal es que el cristianismo es una
religión y que este es el núcleo del cual se pueden desprender consecuencias.
Justificar las opciones
Según las últimas encuestas, desciende el ateísmo pero crece el número de adeptos a la
religión "a la carta".
-Desconfío de las encuestas y de las estadísticas. No sé cuál es la situación religiosa real
de España. Tuve la sensación de que había unas creencias, una fe muy arraigada, y ha
resultado que estaban prendidas con alfileres y han sido sustituidas por otras que también
están prendidas con alfileres. Desorientación, inseguridad... Incluso en los sacerdotes. Los
sacerdotes españoles antes, comparadas las dos épocas, eran menos comprensivos,
menos abiertos, menos cultivados que ahora, a veces eran intratables, pero tenían una fe
muy sólida. Actualmente son superiores en muchos aspectos, pero una parte tiene
inseguridades, están desorientados. La desorientación se combate con la orientación,
profundizando en las cosas, justificándolas. Yo creo mucho en la justificación de las cosas,
cuando se dice algo hay que justificarlo, entonces eso provoca adhesión y volver a hacer
que la gente opte por el cristianismo.
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7.
«EN IA SENCILLEZ DE MI CORAZON TE HE DADO TODO CON ALEGRIA»
por Luigi Giussani
El testimonio de don Giussani
durante el encuentro con el Papa en la Plaza de San Pedro,
el 30 de mayo de 1998
Santidad, trataré de decir cómo ha surgido en mí una actitud -que Dios ha bendecido
como ha querido- que yo no hubiera podido prever ni mucho menos querer.
1. «¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para darle poder?»
(Sal 8). Ninguna pregunta me ha impresionado en la vida, tanto como ésta. Solamente ha
habido un Hombre en el mundo que podía responderme, planteando una nueva pregunta:
«¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si luego se pierde a sí mismo? O, ¿qué
podrá dar el hombre a cambio de sí mismo?' (Mt 16,26; cfr. Mc 8,36ss; Lc 9,25s).
¡No he escuchado jamás ninguna otra pregunta dirigida a mí que me dejara tan cortada
la respiración como ésta de Cristo!
Ninguna madre ha escuchado jamás otra voz hablar de su hijo con la misma ternura
original y valoración indiscutible del fruto de su seno, con semejante afirmación totalmente
positiva de su destino: únicamente la voz del hebreo Jesús de Nazaret. Pero, más aún:
¡ningún hombre puede sentirse mejor afirmado con la dignidad de quien tiene un valor
absoluto por encima de cualquier logro suyo! ¡Nadie ha podido jamás hablar así en el
mundo!
Solamente Cristo se toma toda mi humanidad en serio. Es lo que llenaba de estupor a
Dionisio el Areopagita (siglo V): «¿Quién podrá hablarnos del amor singular que tiene
Cristo al hombre, desbordante de paz?» ¡Me repito estas palabras desde hace más de
cincuenta años!
Por esto la Redemptor Hominis entró en nuestro horizonte como un faro en medio de las
tinieblas que envuelven a la tierra oscura del hombre de hoy, con todas sus confusas
preguntas.
Gracias, Santidad.
Es la sencillez de corazón lo que me hacía sentir y reconocer como algo excepcional a
Cristo, con esa certeza inmediata que produce la evidencia indiscutible e indestructible de
ciertos factores y momentos de la realidad, que, cuando entran en el horizonte de nuestra
persona, nos golpean hasta el fondo de nuestro corazón.
Reconocer lo que es Cristo en nuestra vida afecta entonces por entero a la conciencia
con la que vivimos: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida>, (Jn 14,6).
«Domine Deus, in simplicitate cordis mei laetus obtuli universa» («Señor Dios, en la
sencillez de mi corazón te he dado todo con alegría»), dice una oración de la Liturgia
ambrosiana; que el reconocimiento es verdadero se ve por el hecho de que la vida tiene
una última y tenaz capacidad de alegría.
2. ¿Cómo se puede descubrir como verdadera y razonable para el hombre de hoy esta
alegría, que es gloria humana de Cristo y que embarga mi corazón y mi voz en algunos
momentos?
Porque aquel Hombre, el hebreo Jesús de Nazaret, murió por nosotros y ha resucitado.
Este Hombre resucitado es la Realidad de la que depende todo lo positivo que hay en la
existencia de cada uno de los hombres.
Toda experiencia terrena que se vive en el Espíritu de Jesús, resucitado de la muerte,
florece en la eternidad. Pero este florecer no se producirá solamente al final de los tiempos,
ya comenzó en el amanecer de la Pascua. La Pascua es el comienzo de este camino hacia
la Verdad eterna de todo, un camino, por consiguiente, que ya está dentro de la historia del
hombre.
Cristo, el Verbo de Dios encarnado, se hace presente, puesto que ha resucitado, en
todos los tiempos, a través de toda la historia, llegando desde la mañana de Pascua hasta
el final del tiempo, de este mundo.
El Espiritu de Jesús -es decir, del Verbo hecho carne- se hace experimentable para el
hombre de todos los tiempos, con su fuerza redentora de la existencia de cada individuo y
de toda la historia humana, mediante el cambio radical que produce en quienes se
encuentran con El y, como Juan y Andrés, le siguen.
También en mí la gracia de Jesús, en la medida en que he podido adherirme al
encuentro con Él y comunicarlo a los hermanos en la Iglesia de Dios, se ha convertido en
una experiencia de fe que se ha desvelado en la Santa Iglesia, esto es, dentro del pueblo
cristiano, como llamamiento y como voluntad de alimentar a un nuevo Israel de Dios:
«Populum tuum vidi, cum ingenti gaudio, tibi offerre donaria» («Con grandísima alegría he
visto a tu pueblo reconocer la existencia como ofrecimiento a ti»).
He visto así cómo se formaba un pueblo en el nombre de Cristo. Todo se ha vuelto
verdaderamente más religioso en mí, hasta tener la conciencia dispuesta por entero a
descubrir que «Dios es todo en todos», (1 Co 15,28). En este pueblo la alegria se ha
convertido en «ingenti gaudio», es decir, en factor decisivo de nuestra historia, llena de
positividad última y de gozo.
Lo que podría haber parecido una experiencia singular, al máximo, se convertía en
protagonista de la historia y, por ello, en instrumento de la misión del único Pueblo de
Dios.
Esto fundamenta ahora la búsqueda de la unidad que se expresa entre nosotros.
3. Concluye así el precioso texto de la Liturgia ambrosiana: «Domine Deus, custodi
hanc voluntatem cordis eorum», («Señor Dios, custodia esta disposición de su
corazón»).
Siempre surge en nuestro corazón la infidelidad, incluso ante las cosas más bellas y
verdaderas, de tal modo que, aun delante de la humanidad de Dios y la original sencillez del
hombre, éste puede fallar por debilidad o prejuicios mundanos, como Judas y Pedro. Pero
también la experiencia personal de la infidelidad, que reaparece siempre mostrando la
imperfección que tiene cualquier gesto humano, nos urge a hacer continuamente memoria
de Cristo.
Al grito desesperado del pastor Brand, en el homónimo drama de Ibsen («Oh Dios,
respóndeme en esta hora en que la muerte me traga: ¿no es suficiente, pues, toda la
voluntad de un hombre para conseguir una sola parte de salvación?») le corresponde la
positiva humildad de santa Teresa del Niño Jesús: «Cuando soy caritativa, sólo es Jesús
quien actúa en mi».
Todo esto significa que la libertad del hombre, que el Misterio siempre implica, tiene la
forma suprema e indiscutible de la oración. Por eso la libertad, conforme a su verdadera
naturaleza, es adhesión al ser, es decir, a Cristo. El afecto a Cristo está destinado a
perdurar aún dentro de la incapacidad, de la debilidad grande del hombre.
MDA/MENDIGAR: En este sentido, Cristo, Luz y Fuerza para cualquiera que le siga, es
el reflejo adecuado de esa palabra que expresa la relación última del Misterio con su
criatura: la misericordia, Dives in Misericordia. El misterio de la misericordia desborda
cualquier imagen humana de tranquilidad o de desesperación; también el sentimiento de
perdón pertenece al misterio de Cristo. Este es el abrazo último del Misterio, abrazo al cual
el hombre -aún el más lejano, el más perverso, el más sombrío o tenebroso- no puede
oponer nada, no puede objetar nada; puede desertar de él, pero sólo desertando de si
mismo y de su propio bien. El Misterio como misericordia queda como la última palabra, aún
por encima de todas las negras posibilidades de la historia.
Por eso la existencia se expresa en el mendigar. El verdadero protagonista de la historia
es el mendigo: Cristo, mendigo del corazón del hombre, y el corazón del hombre, mendigo
de Cristo.
·Giussani-Luigi _30DIAS/98/05 Pág. 46 s.