871-945

Párrafo 4 

LOS FIELES DE CRISTO:
JERARQUIA, LAICOS, VIDA CONSAGRADA

871 1268:1269 "Son fieles cristianos quienes, incorporados a Cristo 
por el bautismo, se integran en el Pueblo de Dios y, hechos partícipes 
a su modo por esta razón de la función sacerdotal, profética y real de 
782:786 Cristo, cada uno según su propia condición, son llamados a 
desempeñar la misión que Dios encomendó cumplir a la Iglesia en el 
mundo" (CIC can. 204, 1; cf LG 31).

872 "Por su regeneración en Cristo, se da entre todos los fieles 
1934 una verdadera igualdad en cuanto a la dignidad y acción, en 
virtud de la cual todos, según su propia condición y oficio, cooperan a 
la 794 edificación del Cuerpo de Cristo" (CIC can. 208; cf LG 32).

873 814 1937 Las mismas diferencias que el Señor quiso poner 
entre los miembros de su Cuerpo sirven a su unidad y a su misión. 
Porque "hay en la Iglesia diversidad de ministerios, pero unidad de 
misión. A los apóstoles y sus sucesores les confirió Cristo la función 
de enseñar, santificar y gobernar en su propio nombre y autoridad. 
Pero también los laicos, partícipes de la función sacerdotal, profética y 
real de Cristo, cumplen en la Iglesia y en el mundo la parte que les 
corresponde en la misión de todo el Pueblo de Dios" (AA 2). En fin, 
"en esos dos grupos [jerarquía y laicos] hay fieles que por la profesión 
de los consejos evangélicos... se consagran a Dios y contribuyen a la 
misión salvífica de la Iglesia según la manera peculiar que les es 
propia" (CIC can. 207, 2).


I LA CONSTITUCION JERARQUICA DE LA IGLESIA

Razón del ministerio eclesIal
JERARQUIA/MISION/CEC

874 El mismo Cristo es la fuente del ministerio en la Iglesia. 1544 El 
lo ha instituido, le ha dado autoridad y misión, orientación y finalidad: 

Cristo el Señor, para dirigir al Pueblo de Dios y hacerle progresar 
siempre, instituyó en su Iglesia diversos ministerios que está ordenados al 
bien de todo el Cuerpo. En efecto, los ministros que posean la sagrada 
potestad están al servicio de sus hermanos para que todos los que son 
miembros del Pueblo de Dios... lleguen a la salvación (LG 18). 

875 "¿Cómo creerán en aquél a quien no han oído?, ¿cómo oirán 
sin que se les predique?, y ¿cómo predicarán si no son enviados?" 
(Rm 10, 14-15). Nadie, ningún individuo ni ninguna comunidad, puede 
anunciarse a sí mismo el Evangelio. `'La fe viene de 166 la 
predicación" (Rm 10, 17). Nadie se puede dar a si mismo el mandato 
ni la misión de anunciar el Evangelio. El enviado del Señor habla y 
obra no con autoridad propia, sino en virtud de la autoridad de Cristo; 
no como miembro de la comunidad, sino hablando a ella en nombre 
de Cristo. Nadie puede conferirse a sí mismo la gracia, ella debe ser 
dada y ofrecida. Eso supone ministros de la gracia, autorizados y 
habilitados por parte de Cristo. De El los obispos y los presbíteros 
reciben la misión y la facultad [el "poder sagrado"] de actuar "in 
persona Christi Capitis", los diáconos las fuerzas para servir el pueblo 
de Dios en la "diakonía" de la liturgia, de la palabra y de la caridad, en 
comunión con el obispo y su presbiterio. Este ministerio, en el cual los 
enviados de Cristo 1548 hacen y dan, por don de Dios, lo que ellos, 
por sí mismos, no pueden hacer ni dar, la tradición de la Iglesia lo 
llama "sacramento". El ministerio de la Iglesia se confiere por medio de 
un sacramento 1536 especifico.

876 El carácter de servicio del ministerio eclesial está 
intrínsecamente 1551 ligado a la naturaleza sacramental. En efecto, 
enteramente dependiente de Cristo que da misión y autoridad, los 
ministros son verdaderamente "esclavos de Cristo" (Rm 1, 1), a 
imagen de Cristo que, libremente ha tomado por nosotros "la forma de 
esclavo" (Flp 2, 7). Como la palabra y la gracia de la cual son 
ministros no son de ellos, sino de Cristo que se las ha confiado para 
los 427 otros, ellos se harán libremente esclavos de todos (cf 1 Co 9, 
19). 

877 De igual modo es propio de la naturaleza sacramental del 
ministerio eclesial tener un carácter colegial. En efecto, desde el 1559 
comienzo de su ministerio, el Señor Jesús instituyó a los Doce, 
"semilla del Nuevo Israel, a la vez que el origen de la jerarquía 
sagrada" (AG 5). Elegidos juntos, también fueron enviados juntos, y 
su unidad fraterna estará al servicio de la comunión fraterna de todos 
los fieles; será como un reflejo y un testimonio de la comunión de las 
Personas divinas (cf Jn 17, 21-23). Por eso, todo obispo ejerce su 
ministerio en el seno del colegio episcopal, en comunión con el obispo 
de Roma, sucesor de San Pedro y jefe del colegio; los presbíteros 
ejercen su ministerio en el seno del presbiterio de la diócesis, bajo la 
dirección de su obispo. 

878 Por último, es propio también de la naturaleza sacramental del 
ministerio eclesial tener carácter personal. Cuando los ministros de 
Cristo actúan en comunión, actúan siempre también de manera 
personal. Cada uno ha sido llamado personalmente ("Tú sígueme", Jn 
21, 22; cf Mt 4, 19.21; Jn 1, 43) para ser, en la misión común, testigo 
personal, que es personalmente portador de la responsabilidad ante 
Aquel que da la 1484 misión, que actúa "in persona Christi" y en favor 
de personas: "Yo te bautizo en el nombre del Padre ..."; "Yo te 
perdono...". 

879 Por lo tanto, en la Iglesia, el ministerio sacramental es un 
servicio ejercitado en nombre de Cristo y tiene una índole personal y 
una forma colegial. Esto se verifica en los vínculos entre el colegio 
episcopal y su jefe, el sucesor de San Pedro, y en la relación entre la 
responsabilidad pastoral del obispo en su Iglesia particular y la común 
solicitud del colegio episcopal hacia la Iglesia universal. 

El colegio episcopal y su cabeza, el Papa

880 552 862 Cristo, al instituir a los Doce, "formó una especie de 
Colegio o grupo estable y eligiendo de entre ellos a Pedro lo puso al 
frente de él" (LG 19). "Así como, por disposición del Señor, San Pedro 
y los demás apóstoles forman un único colegio apostólico, por 
análogas razones están unidos entre sí el Romano Pontífice, sucesor 
de Pedro, y los obispos, sucesores de los apóstoles" (LG 22; cf CIC 
can 330).

881 El Señor hizo de Simón, al que dio el nombre de Pedro, y 553 
solamente de él, la piedra de su Iglesia. Le entregó las llaves de ella 
(cf Mt 16, 18-19); lo instituyó pastor de todo el rebaño (cf Jn 21, 
15-17). "Está claro que también el Colegio de los apóstoles, unido a 
su Cabeza, recibió la función de atar y desatar dada a Pedro" (LG 
22). Este oficio pastoral de Pedro y de los demás apóstoles 642 
pertenece a los cimientos de la Iglesia. Se continúa por los obispos 
bajo el primado del Papa. 

882 El Papa, obispo de Roma y sucesor de San Pedro, "es el 834 
principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los 1369 
obispos como de la muchedumbre de los fieles" (LG 23). 837 "El 
Pontífice Romano, en efecto, tiene en la Iglesia, en virtud de su 
función de Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, la potestad 
plena, suprema y universal, que puede ejercer siempre con entera 
libertad" (LG 22; cf CD 2; 9). 

883 "El Colegio o cuerpo episcopal no tiene ninguna autoridad si 
no se le considera junto con el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, 
como Cabeza del mismo". Como tal, este Colegio es "también sujeto 
de la potestad suprema y plena sobre toda la Iglesia" que "no se 
puede ejercer... a no ser con el consentimiento del Romano Pontífice" 
(LG 22; cf CIC can. 336). 

884 "La potestad del Colegio de los obispos sobre toda la Iglesia 
se ejerce de modo solemne en el Concilio Ecuménico" (CIC can. 337, 
1). "No existe concilio ecuménico si el sucesor de Pedro no lo ha 
aprobado o al menos aceptado como tal" (LG 22). 

885 "Este colegio, en cuanto compuesto de muchos, expresa la 
diversidad y la unidad del Pueblo de Dios; en cuanto reunido bajo una 
única Cabeza, expresa la unidad del rebaño de Dios" (LG 22). 

886 "Cada uno de los obispos, por su parte, es el principio y 1560 
fundamento visible de unidad en sus Iglesias particulares" (LG 23). 
833 Como tales ejercen "su gobierno pastoral sobre la porción del 
Pueblo de Dios que le ha sido confiada" (LG 23), asistidos por los 
presbíteros y los diáconos. Pero, como miembros del colegio 
episcopal, cada uno de ellos participa de la solicitud por todas las 
Iglesias (cf CD 3), que ejercen primeramente "dirigiendo bien su 
propia Iglesia, como porción de la Iglesia universal", contribuyen 
eficazmente "al Bien de todo el Cuerpo místico que es también el 
Cuerpo de las Iglesias" (LG 23). Esta solicitud se extenderá 
particularmente a los pobres (cf Ga 2, 10), a los perseguidos por la fe 
y a los misioneros que trabajan por toda la tierra. 2448

887 Las Iglesias particulares vecinas y de cultura homogénea 
forman provincias eclesiásticas o conjuntos más vastos llamados 
patriarcados o regiones (cf Canon de los Apóstoles 34). Los obispos 
de estos territorios pueden reunirse en sínodos o concilios 
provinciales. "De igual manera, hoy día, las Conferencias Episcopales 
pueden prestar una ayuda múltiple y fecunda para que el afecto 
colegial se traduzca concretamente en la práctica" (LG 23).

85:87 2032:2040 La misión de enseñar 

888 Los obispos con los presbíteros, colaboradores, "tienen como 
primer deber el anunciar a todos el Evangelio de Dios" 2068 (PO 4), 
según la orden del Señor (cf Mc 16, 15). Son "los predicadores del 
Evangelio que llevan nuevos discípulos a Cristo. Son también los 
maestros auténticos, por estar dotados de la autoridad de Cristo" (LG 
25).

889 Para mantener a la Iglesia en la pureza de la fe transmitida por 
los apóstoles, Cristo, que es la Verdad, quiso conferir a su Iglesia una 
participación en su propia infalibilidad. Por medio del 92 "sentido 
sobrenatural de la fe", el Pueblo de Dios "se une indefectiblemente a 
la fe", bajo la guía del Magisterio vivo de la Iglesia (cf LG 12; DV 10).

890 La misión del Magisterio está ligada al carácter definitivo 851 
de la Alianza instaurada por Dios en Cristo con su Pueblo; debe 
protegerlo de las desviaciones y de los fallos, y garantizarle la 
posibilidad objetiva de profesar sin error la fe auténtica. El oficio 
pastoral del Magisterio está dirigido, así, a velar para que el Pueblo 
1785 de Dios permanezca en la verdad que libera. Para cumplir este 
servicio, Cristo ha dotado a los pastores con el carisma de infalibilidad 
en materia de fe y de costumbres. El ejercicio de este carisma puede 
revestir varias modalidades: 

891 "El Romano Pontífice, Cabeza del Colegio espicopal, goza de 
esta infalibilidad en virtud de su ministerio cuando, como Pastor y 
Maestro supremo de todos los fieles que confirma en la fe a sus 
hermanos, proclama por un acto definitivo la doctrina en cuestiones 
de fe y moral... La infalibilidad prometida a la Iglesia reside también en 
el Cuerpo episcopal cuando ejerce el magisterio supremo con el 
sucesor de Pedro", sobre todo en un concilio ecuménico (LG 25; cf 
Vaticano I: DS 3074). Cuando la Iglesia propone por medio de su 
Magisterio supremo que algo se debe aceptar "como revelado por 
Dios para ser creído" (DV 10) y como enseñanza de Cristo, "hay que 
aceptar sus definiciones con la obediencia de la fe" (LG 25). Esta 
infalibilidad abarca todo el depósito de la Revelación divina (cf LG 25). 


892 La asistencia divina es también concedida a los sucesores de 
los apóstoles, cuando enseñan en comunión con el sucesor de Pedro 
(y, de una manera particular, al obispo de Roma, Pastor de toda la 
Iglesia), aunque, sin llegar a una definición infalible y sin pronunciarse 
de una "manera definitiva", proponen, en el ejercicio del magisterio 
ordinario, una enseñanza que conduce a una mejor inteligencia de la 
Revelación en materia de fe y de costumbres. A esta enseñanza 
ordinaria, los fieles deben "adherirse... con espíritu de obediencia 
religiosa" (LG 25) que, aunque distinto del asentimiento de la fe, es 
una prolongación de él. 

La misión de santificar 

893 El obispo "es el administrador de la gracia del sumo 
sacerdocio" (LG 26), en particular en la Eucaristía que él mismo 
ofrece, 1561 o cuya oblación asegura por medio de los presbíteros, 
sus colaboradores. Porque la Eucaristía es el centro de la vida de la 
Iglesia particular. El obispo y los presbíteros santifican la Iglesia con 
su oración y su trabajo, por medio del ministerio de la palabra y de los 
sacramentos. La santifican con su ejemplo, "no tiranizando a los que 
os ha tocado cuidar, sino siendo modelos de la grey" (1 P 5, 3). Así es 
como llegan "a la vida eterna junto con el rebaño que les fue 
confiado" (LG 26). 

La misión de gobernar

894 "Los obispos, como vicarios y legados de Cristo, gobiernan las 
Iglesias particulares que se les han confiado no sólo con sus 
proyectos, con sus consejos y con ejemplos, sino también con su 
autoridad y potestad sagrada" (LG 27), que deben, no obstante, 
ejercer para edificar con espíritu de servicio que es el de su 801 
Maestro (cf Lc 22, 26-27). 

895 "Esta potestad, que desempeñan personalmente en nombre 
1558 de Cristo, es propia, ordinaria e inmediata. Su ejercicio, sin 
embargo, está regulado en último término por la suprema autoridad 
de la Iglesia" (LG 27). Pero no se debe considerar a los obispos como 
vicarios del Papa, cuya autoridad ordinaria e inmediata sobre toda la 
Iglesia no anula la de ellos, sino que, al contrario, la confirma y tutela. 
Esta autoridad debe ejercerse en comunión con toda la Iglesia bajo la 
guía del Papa. 

896 El Buen Pastor será el modelo y la "forma" de la misión 
pastoral del obispo. Consciente de sus propias debilidades, el obispo 
1550 "puede disculpar a los ignorantes y extraviados. No debe 
negarse nunca a escuchar a sus súbditos, a los que cuida como 
verdaderos hijos... Los fieles, por su parte, deben estar unidos a su 
obispo como la Iglesia a Cristo y como Jesucristo al Padre" (LG 27): 
Seguid todos al obispo como Jesucristo (sigue) a su Padre, y al 
presbiterio como a los apóstoles; en cuanto a los diáconos, respetadlos 
como a la ley de Dios. Que nadie haga al margen del obispo nada en lo que 
atañe a la Iglesia (San Ignacio de Antioquía, Smyrn. 8, 1).


II LOS FIELES LAICOS
LAICO/VOCACION

897 "Por laicos se entiende aquí a todos los cristianos, 873 excepto 
los miembros del orden sagrado y del estado religioso reconocido en 
la Iglesia. Son, pues, los cristianos que están incorporados a Cristo 
por el bautismo, que forman el Pueblo de Dios y que participan de las 
funciones de Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey. Ellos realizan, según 
su condición, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el 
mundo" (LG 31). 

La vocación de los laicos

898 2105 "Los laicos tienen como vocación propia el buscar el 
Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y 
ordenándolas según Dios... A ellos de manera especial les 
corresponde iluminar y ordenar todas las realidades temporales, a las 
que están estrechamente unidos, de tal manera que éstas lleguen a 
ser según Cristo, se desarrollen y sean para alabanza del Creador y 
Redentor" (LG 31).

899 2442 La iniciativa de los cristianos laicos es particularmente 
necesaria cuando se trata de descubrir o de idear los medios para 
que las exigencias de la doctrina y de la vida cristianas impregnen las 
realidades sociales, políticas y económicas. Esta iniciativa es un 
elemento normal de la vida de la Iglesia:
Los fieles laicos se encuentran en la línea más avanzada de la vida de la 
Iglesia; por ellos la Iglesia es el principio vital de la sociedad. Por tanto ellos, 
especialmente, deben tener conciencia, cada vez más clara, no sólo de 
pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia; es decir, la comunidad de los 
fieles sobre la tierra bajo la guía del jefe común, el Papa, y de los obispos en 
comunión con él. Ellos son la Iglesia (Pío XII, discurso 20 febrero 1946; 
citado por Juan Pablo II, CL 9).

900 Como todos los fieles, los laicos están encargados por 863 
Dios del apostolado en virtud del bautismo y de la confirmación y por 
eso tienen la obligación y gozan del derecho, individualmente o 
agrupados en asociaciones, de trabajar para que el mensaje divino de 
salvación sea conocido y recibido por todos los hombres y en toda la 
tierra; esta obligación es tanto más apremiante cuando sólo por medio 
de ellos los demás hombres pueden oír el Evangelio y conocer a 
Cristo. En las comunidades eclesiales, su acción es tan necesaria 
que, sin ella, el apostolado de los pastores no puede obtener en la 
mayoría de las veces su plena eficacia (cf LG 33).

La participación de los laicos en la misión sacerdotal de Cristo 

901 "Los laicos, consagrados a Cristo y ungidos por el Espíritu 784 
1268 Santo, están maravillosamente llamados y preparados para 
producir siempre los frutos más abundantes del Espíritu. En efecto, 
todas sus obras, oraciones, tareas apostólicas, la vida conyugal y 
familiar, el trabajo diario, el descanso espiritual y corporal, si se 
realizan en el Espíritu, incluso las molestias de la vida, si se llevan con 
paciencia, todo ello se convierte en sacrificios espirituales agradables 
a Dios por Jesucristo, que ellos ofrecen con toda piedad a Dios Padre 
en la celebración de la Eucaristía uniéndolos a la ofrenda del cuerpo 
del Señor. De esta manera, también los laicos, como adoradores que 
en todas partes llevan una conducta sana, consagran el mundo 
mismo a Dios" (LG 34; cf LG 10). 358

902 De manera particular, los padres participan de la misión de 
santificación "impregnando de espíritu cristiano la vida conyugal y 
procurando la educación cristiana de los hijos" (CIC can. 835, 4).

903 Los laicos, si tienen las cualidades requeridas, pueden ser admitidos 
de manera estable a los ministerios de lectores y de acólito 1143 (cf 1143 
CIC can. 230, 1). "Donde lo aconseje la necesidad de la Iglesia y no haya 
ministros, pueden también los laicos, aunque no sean lectores ni acólitos, 
suplirles en algunas de sus funciones, es decir, ejercitar el ministerio de la 
palabra, presidir las oraciones litúrgicas, administrar el bautismo y dar la 
sagrada Comunión, según las prescripciones del derecho" (CIC can. 230, 
3).

Su participación en la misión profética de Cristo

904 "Cristo... realiza su función profética... no sólo a través de 785 
la jerarquía... sino también por medio de los laicos. El los hace sus 
testigos y les da el sentido de la fe y la gracia de la palabra"' 92 (LG 
35). 
Enseñar a alguien para traerlo a la fe es tarea de todo predicador e 
incluso de todo creyente (Sto. Tomás de A., s. th. III, 71, 4, ad 3). 

905 Los laicos cumplen también su misión profética evangelizando, 
con "el anuncio de Cristo comunicado con el testimonio de 2044 la vida 
y de la palabra". En los laicos, esta evangelización "adquiere una nota 
específica y una eficacia particular por el hecho de que se realiza en 
las condiciones generales de nuestro mundo" (LG 35): 
2472 Este apostolado no consiste sólo en el testimonio de vida; el 
verdadero apostolado busca ocasiones para anunciar a Cristo con su 
palabra, tanto a los no creyentes... como a los fieles (AA 6; cf AG 15).

906 Los fieles laicos que sean capaces de ello y que se formen para ello 
también pueden prestar su colaboración en la formación catequética (cf CIC 
can. 774, 776, 780), en la enseñanza de las ciencias sagradas 2495 (cf CIC 
can. 229), en los medios de comunicación social (cf CIC can. 823, 1).

907 "Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio 
conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los pastores 
sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de 
manifestarla a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de 
las costumbres y la reverencia hacia los pastores, habida cuenta de la 
utilidad común y de la dignidad de las personas" (CIC can. 212, 3).

Su participación en la misión real de Cristo
786
908 Por su obediencia hasta la muerte (cf Flp 2, 8-9), Cristo ha 
comunicado a sus discípulos el don de la libertad regia, "para que 
vencieran en si mismos, con la propia renuncia y una vida santa, al 
reino del pecado" (LG 36). 
El que somete su propio cuerpo y domina su alma, sin dejarse llevar por 
las pasiones es dueño de sí mismo: se puede llamar rey porque es capaz de 
gobernar su propia persona; es libre e independiente y no se deja cautivar 
por una esclavitud culpable (San Ambrosio, Psal. 118, 14, 30: PL 15, 
1403A). 

909 "Los laicos, además, juntando también sus fuerzas, han de 
1887 sanear las estructuras y las condiciones del mundo, de tal forma 
que, si algunas de sus costumbres incitan al pecado, todas ellas sean 
conformes con las normas de la justicia y favorezcan en vez de 
impedir la práctica de las virtudes. Obrando así, impregnarán de 
valores morales toda la cultura y las realizaciones humanas" (LG 36).

910 "Los seglares también pueden sentirse llamados o ser 
llumados a colaborar con sus pastores en el servicio de la comunidad 
799 eclesial, para el crecimiento y la vida de ésta, ejerciendo 
ministerios muy diversos según la gracia y los carismas que el Señor 
quiera concederles" (EN 73). 

911 En la Iglesia, "los fieles laicos pueden cooperar a tenor del derecho 
en el ejercicio de la potestad de gobierno" (CIC can. 129, 2). Así, con su 
presencia en los concilios particulares (can. 443, 4), los sínodos diocesanos 
(can. 463, 1 y 2), los consejos pastorales (can. 511; 536); en el ejercicio de 
la tarea pastoral de una parroquia (can. 517, 2); la colaboración en los 
consejos de los asuntos económicos (can. 492, 1; 536); la participación en 
los tribunales eclesiásticos (can. 1421, 2), etc. 

912 Los fieles han de "aprender a distinguir cuidadosamente 2245 
entre los derechos y deberes que tienen como miembros de la Iglesia 
y los que les corresponden como miembros de la sociedad humana. 
Deben esforzarse en integrarlos en buena armonía, recordando que 
en cualquier cuestión temporal han de guiarse por la conciencia 
cristiana. En efecto, ninguna actividad humana, ni siquiera en los 
asuntos temporales, puede sustraerse a la soberanía de Dios" (LG 
36).

913 "Así, todo laico, por el simple hecho de haber recibido sus 
dones, es a la vez testigo e instrumento vivo de la misión de la Iglesia 
misma 'según la medida del don de Cristo"' (LG 33).


III LA VIDA CONSAGRADA

914 2103 "El estado de vida que consiste en la profesión de los 
consejos evangélicos, aunque no pertenezca a la estructura de la 
Iglesia, pertenece, sin embargo, sin discusión a su vida y a su 
santidad" (LG 44).

Consejos-evangélicos, vida consagrada
VIDA-RELIGIOSA

915 Los consejos evangélicos están propuestos en su multiplicidad 
a todos los discípulos de Cristo. La perfección de la caridad 1973:1974 
a la cual son llamados todos los fieles implica, para quienes asumen 
libremente el llamamiento a la vida consagrada, la obligación de 
practicar la castidad en el celibato por el Reino, la pobreza y la 
obediencia. La profesión de estos consejos en un estado de vida 
estable reconocido por la Iglesia es lo que caracteriza la "vida 
consagrada" a Dios (cf LG 42-43; PC 1).

916 El estado de vida consagrada aparece por consiguiente como 
una de 2687 las maneras de vivir una consagración "más íntima" que 
tiene su raíz en el bautismo y se dedica totalmente a Dios (cf PC 5). 
En la vida consagrada, los fieles de Cristo se proponen, bajo la 
moción del Espíritu Santo, seguir más de cerca a Cristo, entregarse a 
Dios amado por encima de todo y, persiguiendo la perfección de la 
caridad en el servicio del Reino, significar y anunciar en la Iglesia la 
gloria del mundo futuro (cf CIC can. 573). 933

Un gran árbol, múltiples ramas

917 2684 "El resultado ha sido una especie de árbol en el campo 
de Dios, maravilloso y lleno de ramas, a partir de una semilla puesta 
por Dios. Han crecido, en efecto, diversas formas de vida, solitaria o 
comunitaria, y diversas familias religiosas que se desarrollan para el 
progreso de sus miembros y para el bien de todo el Cuerpo de Cristo" 
(LG 43).

918 "Desde los comienzos de la Iglesia hubo hombres y mujeres que 
intentaron, con la práctica de los consejos evangélicos, seguir con mayor 
libertad a Cristo e imitarlo con mayor precisión. Cada uno a su manera vivió 
entregado a Dios. Muchos, por inspiración del Espíritu Santo, vivieron en la 
soledad o fundaron familias religiosas, que la Iglesia reconoció y aprobó 
gustosa con su autoridad" (PC 1).

919 Los obispos se esforzarán siempre en discernir los nuevos 
dones de vida consagrada confiados por el Espíritu Santo a su Iglesia; 
la aprobación de nuevas formas de vida consagrada está reser vada 
a la Sede Apostólica (cf CIC can. 605).

La vida eremítica

920 Sin profesar siempre públicamente los tres consejos 
evangélicos, los ermitaños, "con un apartamiento más estricto del 
mundo, el silencio de la soledad, la oración asidua y la penitencia, 
dedican su vida a la alabanza de Dios y salvación del mundo" (CIC 
can. 603 1). 

921 2719 Los eremitas presentan a los demás ese aspecto interior 
del misterio de la Iglesia que es la intimidad personal con Cristo. 
Oculta a los ojos de los hombres, la vida del eremita es predicación 
silenciosa de Aquel a quien ha entregado su vida, porque El es todo 
para él. En este caso se trata de un llamamiento particular a 2015 
encontrar en el desierto, en el combate espiritual, la gloria del 
Crucificado. 

Las vírgenes y la viudas consagradas

922 1618:1620 Desde los tiempos apostólicos, vírgenes (cf 1 Co 7, 
34 36) y viudas cristianas (Cf. Vita consecrata, 7) llamadas por el 
Señor para consagrarse a El enteramente con una libertad mayor de 
corazón, de cuerpo y de espíritu, han tomado la decisión, aprobada 
por la Iglesia, de vivir respectivamente en estado de virginidad o de 
castidad perpetua "a causa del Reino de los cielos" (Mt 19, 12).

923 "Formulando el propósito santo de seguir más de cerca a 1537 
Cristo, [las vírgenes] son consagradas a Dios por el obispo diocesano 
según el rito litúrgico aprobado, celebran desposorios místicos con 
Jesucristo, Hijo de Dios, y se entregan al servicio de la Iglesia" (CIC 
can. 604, 1). Por medio este rito 1672 solemne ("Consecratio 
virginum", "Consagración de vírgenes"), "la virgen es constituida en 
persona consagrada" como "signo trascendente del amor de la Iglesia 
hacia Cristo, imagen escatológica de esta Esposa del Cielo y de la 
vida futura" (Ordo Cons. Virg., Praenot. 1). 

924 "Semejante a otras formas de vida consagrada" (CIC can. 
604), el orden de las vírgenes sitúa a la mujer que vive en el mundo 
(o a la monja) en el ejercicio de la oración, de la penitencia, del 
servicio a los hermanos y del trabajo apostólico, según el estado y los 
carismas respectivos ofrecidos a cada una (OCV Praenot. 2). Las 
vírgenes consagradas pueden asociarse para guardar su propósito 
con mayor fidelidad (CIC can. 604, 2). 

La vida religiosa

925 Nacida en Oriente en los primeros siglos del cristianismo (cf UR 
15) y vivida en los institutos canónicamente erigidos por la Iglesia (cf 
CIC can. 573), la vida religiosa se distingue de las otras formas de 
vida consagrada por el aspecto cultual, la profesión pública 1672 de 
los consejos evangélicos, la vida fraterna llevada en común, y por el 
testimonio dado de la unión de Cristo y de la Iglesia (cf CIC can. 607). 


926 La vida religiosa nace del misterio de la Iglesia. Es un don que 
la Iglesia recibe de su Señor y que ofrece como un estado de vida 
estable al fiel llamado por Dios a la profesión de los consejos. Así la 
Iglesia puede a la vez manifestar a Cristo y reconocerse como Esposa 
del Salvador. La vida religiosa está invitada 796 a significar, bajo estas 
diversas formas, la caridad misma de Dios, en el lenguaje de nuestro 
tiempo. 

927 Todos los religiosos, exentos o no (cf CIC can. 591), se 
encuentran entre los colaboradores del obispo diocesano en su 
misión pastoral (cf CD 33-35). La implantación y la expansión 
misionera 854 de la Iglesia requieren la presencia de la vida religiosa 
en todas sus formas "desde el período de implantación de la Iglesia" 
(AG 18; 40). "La historia da testimonio de los grandes méritos de las 
familias religiosas en la propagación de la fe y en la formación de las 
nuevas Iglesias: desde las antiguas instituciones monásticas, las 
órdenes medievales y hasta las congregaciones modernas" (Juan 
Pablo II, RM 69). 

Los institutos seculares

928 "Un instituto-secular es un instituto de vida consagrada en el 
cual los fieles, viviendo en el mundo, aspiran a la perfección de la 
caridad, y se dedican a procurar la santificación del mundo sobre todo 
desde dentro de él" (CIC can. 710). 

929 Por medio de una "vida perfectamente y enteramente 
consagrada a [esta] santificación" (Pío XII, const. ap. "Próvida Mater"), 
los miembros de estos institutos participan en la tarea de 
evangelización de la Iglesia, "en el mundo y desde el mundo", 901 
donde su presencia obra a la manera de un "fermento" (PC 11). Su 
testimonio de vida cristiana mira a ordenar según Dios las realidades 
temporales y a penetrar el mundo con la fuerza del Evangelio. 
Mediante vínculos sagrados, asumen los consejos evangélicos y 
observan entre sí la comunión y la fraternidad propias de su modo de 
vida secular" (CIC can. 713). 

Las sociedades de vida apostólica

930 Junto a las diversas formas de vida consagrada se encuentran "las 
sociedades de vida apostólica, cuyos miembros, sin votos religiosos, buscan 
el fin apostólico propio de la sociedad y, llevando vida fraterna en común, 
según el propio modo de vida, aspiran a la perfección de la caridad por la 
observancia de las constituciones. Entre éstas, existen sociedades cuyos 
miembros abrazan los consejos evangélicos mediante un vínculo 
determinado por las constituciones" (CIC can.731,1 y 2). 

Consagración y misión: anunciar el Rey que viene

931 Aquel que por el bautismo fue consagrado a Dios, 
entregándose a él como al sumamente amado, se consagra, de esta 
manera, aún más íntimamente al servicio divino y se entrega al bien 
de la Iglesia. Mediante el estado de consagración a Dios, la Iglesia 
manifiesta a Cristo y muestra cómo el Espíritu Santo obra en ella de 
modo admirable. Por tanto, los que profesan los consejos evangélicos 
tienen como primera misión vivir su consagración. Pero "ya que por su 
misma consagración se dedican al servicio de la Iglesia están 
obligados a contribuir de modo especial a la tarea misionera, según el 
modo propio de su instituto" (CIC 783; cf RM 69). 

932 775 En la Iglesia que es como el sacramento, es decir, el signo 
y el instrumento de la vida de Dios, la vida consagrada aparece como 
un signo particular del misterio de la Redención. Seguir e imitar a 
Cristo "desde más cerca", manifestar "más claramente" su 
anonadamiento, es encontrarse "más profundamente" presente, en el 
corazón de Cristo, con sus contemporáneos. Porque los que siguen 
este camino "más estrecho" estimulan con su ejemplo a sus 
hermanos; les dan este testimonio admirable de "que sin el espíritu de 
las bienaventuranzas no se puede transformar este mundo y ofrecerlo 
a Dios" (LG 31). 

933 Sea público este testimonio, como en el estado religioso, o 
más discreto, o incluso secreto, la venida de Cristo es siempre para 
672 todos los consagrados el origen y la meta de su vida: 
El Pueblo de Dios, en efecto, no tiene aquí una ciudad 769 permanente, 
sino que busca la futura. Por eso el estado religioso... manifiesta también 
mucho mejor a todos los creyentes los bienes del cielo, ya presentes en 
este mundo. También da testimonio de la vida nueva y eterna adquirida por la 
redención de Cristo y anuncia ya la resurrección futura y la gloria del Reino 
de los cielos (LG 44). 

RESUMEN

934 "Por institución divina, entre los fieles hay en la Iglesia ministros 
sagrados, que en el derecho se denominan clérigos; los demás se 
llaman laicos". Hay, por otra parte, fieles que perteneciendo a uno de 
ambos grupos, por la profesión de los consejos evangélicos, se 
consagran a Dios y sirven así a la misión de la Iglesia (CIC can. 207, 
1, 2).

935 Para anunciar su fe y para implantar su Reino, Cristo envía a sus 
apóstoles y a sus sucesores. El les da parte en su misión. De El 
reciben el poder de obrar en su nombre.

936 El Señor hizo de San Pedro el fundamento visible de su Iglesia. Le 
dio las llaves de ella. El obispo de la Iglesia de Roma, sucesor de San 
Pedro, es la "Cabeza del Colegio de los Obispos, Vicario de Cristo y 
Pastor de la Iglesia universal en la tierra" (CIC can. 331).

937 El Papa "goza, por institución divina, de una potestad suprema, 
plena, inmediata y universal para cuidar las almas" (CD 2).

938 Los obispos, instituidos por el Espíritu Santo, suceden a los 
apóstoles. "Cada uno de los obispos, por su parte, es el principio y 
fundamento visible de unidad en sus Iglesias particulares" (LG 23).

939 Los obispos, ayudados por los presbíteros, sus colaboradores, y por 
los diáconos, tienen la misión de enseñar auténticamente la fe, de 
celebrar el culto divino, sobre todo la Eucaristía, y de dirigir su Iglesia 
como verdaderos pastores. A su misión pertenece también el cuidado 
de todas las Iglesias, con y bajo el Papa.

940 "Siendo propio del estado de los laicos vivir en medio del mundo y de 
los negocios temporales, Dios les llama a que movidos por el espíritu 
cristiano, ejerzan su apostolado en el mundo a manera de fermento" 
(M 2).

941 Los laicos participan en el sacerdocio de Cristo: cada vez más 
unidos a El, despliegan la gracia del Bautismo y la de la Confirmación 
a través de todas las dimensiones de la vida personal, familiar, social y 
eclesial y realizan así el llamamiento a la santidad dirigido a todos los 
bautizados.

942 Gracias a su misión profética, los laicos "están llamados a ser 
testigos de Cristo en todas las cosas, también en el interior de la 
sociedad humana" (GS 43, 4).

943 Debido a su misión regia, los laicos tienen el poder de arrancar al 
pecado su dominio sobre sí mismos y sobre el mundo por medio de su 
abnegación y santidad de vida (cf LG 36).

944 La vida consagrada a Dios se caracteriza por la profesión pública de 
los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia en un 
estado de vida estable reconocido por la Iglesia.

945 Entregado a Dios supremamente amado, aquel a quien el Bautismo 
ya había destinado a El, se encuentra en el estado de vida 
consagrada, más intimamente comprometido en el servicio divino y 
dedicado al bien de toda la Iglesia.