ATEISMO - TEXTOS 


1. RACIONALISMO SENTIMENTALISMO D/IMAGENES-FALSAS 
J/ROSTRO-DE-D.
El Vat. II ha reconocido que el ateísmo, la negación de Dios, es 
uno de los fenómenos más graves de nuestro tiempo. Hace mucho 
ya que la creencia en Dios ha dejado de ser una tranquila 
posesión, al menos para el hombre occidental. Se ha querido dar 
por constatada la muerte de Dios y nuestros días han conocido un 
ateísmo militante, político y de masas, nunca visto en la historia. 
Otros usan expresiones menos fuerte que ésa de la muerte de Dios 
y hablan de silencio o de ausencia de Dios.
D/AUSENCIA D/SILENCIO SILENCIO/D AUSENCIA/D: Alguien, 
acomodando la parábola del Hijo Pródigo, dice que el que se ha 
marchado de casa no es el hijo, sino el padre, Dios. Que se marchó 
un día y no sabemos a dónde. Tal vez pensó que estorbaba a los 
hijos, se dio cuenta que querían hacer su vida por su cuenta, ser 
adultos sin él. Se alejó sin dar explicaciones. Al principio los hijos se 
extrañaron, notaban un vacío, y por las noches, al venir del trabajo 
y comentar las incidencias del día, casi siempre terminaban 
acordándose del padre y preguntándose cómo habría hecho 
aquello. Ahora apenas hablan ya del padre, aunque algunas veces, 
en los momentos de silencio, se preguntan si habrá muerto, era ya 
anciano, o en el mejor de los casos, si volverá algún día. Pero en 
estas cosas piensan muy raras veces. Viven en sus trabajos, en 
sus preocupaciones, en sus cosas. Apenas notan ya la ausencia 
del padre.
¿Puede esta parábola describir la situación del hombre de hoy 
respecto a Dios? Para muchos, sí. Y entonces la cuestión es cómo 
hacer actualmente la pregunta por Dios, dónde buscarlo, por qué 
caminos. Y, sobre todo, dónde encontrarlo, cuál es hoy el lugar de 
Dios y cuál su rostro.
¿Qué decir del Dios de la teodicea y de la filosofía? ¿No es 
respuesta válida? Este Dios de la teodicea, infinito, eterno, 
omnipotente, acto puro, ser subsistente y con otros atributos, dice 
bien poco del hombre de nuestros días. Lo hicimos tan perfecto, tan 
alto y lejano, tan definido y objetivo, que lo convertimos en un ídolo, 
imagen y hechura del hombre. Eso ha sido un exceso de razón casi 
irreverente. Este Dios, muy dIstinto al de Jesús, tal vez ha muerto o 
se ha marchado de casa, y nuestro hombre de hoy ni se pregunta 
ya por él.
Sin embargo, tan peligroso como un racionalismo excesivo puede 
ser un fideísmo corto o puro sentimentalismo al plantearnos la 
pregunta por Dios. Para el cristiano, el verdadero rostro de Dios es 
la persona de Jesús, es el lugar de Dios. La revelación última de 
Dios no hay que buscarla en la Ley, en el A.T., ni en la rectitud o en 
una búsqueda meramente humana, ni tampoco en la filosofía, en la 
razón o en el saber. Lo cual no quiere decir que en la Ley y en la 
Razón no haya destellos de Dios. Hace falta una cierta racionalidad 
en el planteamiento de Dios si no queremos perdernos en los 
peligros que apuntábamos.
Hay que conectar a Dios con la experiencia humana, con la vida, 
que no se nos quede en abstracción, en idea. Y esto hay que 
hacerlo a nivel de fe y también a nivel de pregunta humana.
A este último nivel la pregunta por Dios conviene hacerla desde 
una dimensión antropológica e histórica, y no tanto cosmológica u 
ontológica. Desde la experiencia de amar, de sentirse libre, de vivir 
las relaciones interpersonales (el tú humano) y la propia limitación, 
se puede buscar y atisbar a Dios. Lo mismo que desde la pregunta 
por el sentido de la vida o de la historia. Por aquí iría la respuesta a 
la pregunta por Dios hoy a nivel humano.
(Tres libros que pueden ayudar: -Moncho Guerrero, ¿HA 
MUERTO DIOS?, edit. Mañana. Breve y sencillo. -Heinz Zahrnt, 
DIOS NO PUEDE MORIR, Desclee. Claro y sugestivo. -Rhaner, 
CURSO FUNDAMENTAL DE LA FE, Herder. Más profundo. Hay 
otros como Hans Küng o Rovira Belloso, también buenos).
(_DABAR/81/08)
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2:
-Hay hombres que se burlan de Dios. /Sal/013/014/01: Dice el 
necio en su corazón: no hay Dios.
/Sal/041/042/11: Mis opresores me insultan y me dicen 
diariamente ¿Donde está tu Dios?
-Burlarse de Dios es una de las formas del ateísmo moderno y 
una expresión de su rebelión o de su amargura.
Porque Dios es prudente y respeta la voluntad del hombre 
algunos pueden burlarse de El: Dios omnipotente les parece 
ausente: Dios que ha hablado y habla les parece mudo: Dios dueño 
de nuestro destino y señor de la historia humana, les parece 
impotente e indiferente, Dios quiere ser tal que sea fácil burlarse de 
El.
Cuando los hombres en JC han tenido a Dios al alcance de sus 
manos, se han burlado de El. Mc 5, 39-40:Jairo. -Mc 15, 29-31 ante 
la cruz.
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3.
«Si te asalta el pensamiento de que todo cuanto has imaginado 
sobre Dios es falso y equivocado y que Dios no existe, no te 
sobresaltes por eso... Cuando un salvaje deja de creer en su dios 
de madera, eso no significa que no hay Dios, sino que el verdadero 
Dios no es de madera». 
(·Tolstoi-L)
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4. ICD/CONSECUENCIAS: 
La negación de Dios y de su soberanía, implica la destrucción del 
hombre y del mundo, y trae consigo una vida indigna del hombre. El 
hombre queda totalmente desorientado cuando Dios ha dejado de 
tener importancia para él. Con emocionantes palabras de visionario 
ha descrito ·Nietzsche-F, en el siglo pasado, la desorientación del 
hombre que no cree en Dios: 
«¿Adónde se ha ido Dios? Nosotros le hemos matado. Todos 
nosotros somos sus asesinos... ¿Cómo hemos sido capaces de 
beber el mar entero? ¿Quién nos ha dado la esponja con que 
hemos podido borrar el horizonte entero? ¿Qué hemos hecho 
cuando desprendimos la Tierra del Sol? ¿Hacia dónde se mueve 
ahora? ¿Hacia dónde nos movemos nosotros? ¿Nos estamos 
alejando de todos los soles? ¿Es que nos estamos cayendo, 
incesantemente? ¿Hacia detrás y hacia todos los lados? ¿Hay 
además un arriba y un abajo? ¿No vagamos perdidos en la infinitud 
de la nada? ¿No sentimos en nuestro rostro el vaho del espacio 
vacío? ¿No sentimos que va aumentando el frío? ; ¿No se va 
acercando la noche, continuamente, una noche cada vez más 
densa?... ¡Dios ha muerto! ¡Y somos nosotros los que le hemos 
matado!... ¿No son demasiado grandes para nosotros las 
proporciones de esta acción? ¿No deberemos convertirnos en 
dioses para hacernos dignos de ella? Nunca hubo acción alguna 
más grande y todos los que nazcan después de nosotros 
pertenecerán a una época histórica superior a todas las que ha 
habido hasta ahora, gracias a esta acción... Este terrible 
acontecimiento está todavía en camino y marcha hacia adelante 
(Dif Fröhliche Wissenschaft, número 125). 
De manera semejante, Dostojewski ha descrito los abismos que 
se abren ante el hombre como consecuencia de la negación de 
Dios (Th. Steinbüchel, F. M. Dostojewski, 1947). 
La desorientación del hombre se refiere tanto a la vida del 
espíritu como a la de la voluntad (moralidad) o a la del sentimiento. 
El que niega a Dios pasa a ser víctima del egoísmo, de la mentira y 
del odio. Al hacerse independiente de Dios incurre en un estado de 
desesperada soledad, queda desamparado, pierde el sentido último 
de la existencia. El que niega a Dios tiene que vivir frente al 
absurdo, frente a la nada. El ateo se convierte en nihilista, pierde 
su verdadera mismidad. La pérdida de Dios equivale a la pérdida 
de sí mismo. 
Dos posibilidades quedan al hombre en medio de esta situación 
de absoluta desesperación y absurdo. Puede tratar de dominar el 
absurdo con ánimo decidido y reconcentrando todas sus fuerzas. Al 
proceder así, experimentará que esa tentativa tiene como resultado 
un estado de enervante excitación vital y la parálisis de todas las 
fuerzas libertadoras y vitalmente fructíferas, y experimentará 
también que el miedo destruye su vida. Aun cuando trata de 
olvidarlo, entregándose al ajetreo y bullicio mundano, continuará 
actuando en la profundidad inconsciente del yo (neurosis). También 
puede, en cierto sentido, fijar su atención en una parte del mundo 
absurdo, tratando de crearse un sentido provisional. En el lugar de 
los valores del espíritu, de la voluntad y del corazón, garantizados 
por Dios, colocará nuevos valores, una nueva verdad y un deber 
nuevo. El superhombre nietzschiano es una de esas tentativas. Al 
plasmarlo usurpa algo que sólo pertenece a Dios; en actitud de 
orgullo satánico acomete una empresa superior a sus fuerzas, la 
cual finalmente llega a ser la causa de su ruina total. Como enseña 
la Historia, el superhombre se convierte en un ser inhumano e 
infrahumano. 
La negación de Dios destruye no sólo al individuo, sino también 
toda forma de comunidad humana, despojando al hombre de la 
garantía de su dignidad. El hombre despojado de su dignidad divina 
desciende a la categoría de cosa, de «material humano», y como a 
tal se le trata, se le usa y se abusa de él. Este peligro es tanto 
mayor cuanto que en la vida de sociedad no avalada por Dios, el 
hombre está a merced de las fuerzas del odio y del egoísmo. De 
esta manera se convierte en animal de rapiña. La Humanidad 
infrahumanizada busca su refugio en la dictadura, cuya misión 
consiste en domar los "animales de rapiña humanos", a fin de 
terminar con su lucha y destrucción mutua. Y la dictadura, por su 
parte, hace necesaria la aparición del revolucionario, el cual se 
esfuerza por acabar con la esclavitud. Esto tiene validez aun 
suponiendo que el hombre medio se haya acostumbrado a la 
dictadura. Así la fatalidad sigue avanzando hacia un futuro del todo 
imprevisible. 
La negación impía de Dios es también causa de la destrucción de 
la tierra, destinada a proporcionar al hombre habitación, alimento y 
vestido. La impiedad desencadena en el hombre instintos de 
destrucción. La destrucción de la tierra que el hombre va llevando a 
cabo es un proceso irreversible. Es posible que llegue por fin el día 
en que la Humanidad impía ya no encuentre en la tierra Io que 
necesita para habitar, vestirse y alimentarse. 
Estas afirmaciones no son el resultado de reflexiones 
especulativas; antes al contrario, la Historia demuestra su exactitud. 
Esta experiencia de la Historia constituye una prueba indirecta de la 
existencia de Dios. 
El hombre iluminado por Cristo sabe que el carácter destructivo 
de la impiedad proviene de que es ella la causa de que el diablo 
entre en este mundo. La Sagrada Escritura nos enseña que el 
diablo impera donde Dios ha dejado de dominar. En el tratado 
sobre la Creación hablaremos con más detalle sobre las relaciones 
que median entre el abandono a Dios y la verdadera Humanidad, 
entre impiedad e inhumanidad. 
(·SCHMAUS-1.Pág. 212-214)
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5.
a) En lo que concierne al ateísmo negativo, la mayor parte de los 
teólogos convienen en afirmar que la ignorancia completa de Dios 
no puede darse en un ser humano que tenga plena conciencia de 
sí mismo. Según esta opinión, una idea cualquiera acerca de un 
"Tú" sobrehumano se impone con tal espontaneidad y viveza al 
pensamiento sano y recto, que no habrá jamás un hombre 
plenamente consciente de sí mismo e ignorante a la vez de que 
Dios exista, por muy imperfectas que sean las representaciones en 
las que Dios aparezca. 
La razón de ello radica en que el hombre en lo más íntimo de su 
ser tiene afinidad con Dios, de suerte que esta estructura íntima de 
su propia esencia ha de serle conocida de algún modo, por lo 
menos a manera de presentimiento. 
Efectivamente, según los testimonios que aporta la historia de las 
religiones, hasta ahora no pudo encontrarse un pueblo que no 
creyera en Dios o en dioses. Este hecho prueba con cierta 
seguridad que, de no impedirlo a la fuerza el conocimiento de Dios 
es inseparable de la conciencia que el hombre tiene de sí mismo. A 
la vista, sin embargo, de la incredulidad de los tiempos presentes, 
cabe preguntarse si el órgano capaz de conocer a Dios no habrá 
podido atrofiarse de tal forma que, efectivamente puedan hoy darse 
muchos hombres que sean ignorantes totalmente en lo relativo a la 
existencia de Dios. 
b) ¿Se puede eliminar a la fuerza el conocimiento de manera que 
alguien pueda estar convencido con conciencia recta de que Dios 
no existe? Expresándonos con otras palabras: ¿se da el ateísmo 
positivo? Está fuera de toda duda que existen sistemas filosóficos 
en los cuales no hay lugar reservado para Dios. Puede concebirse 
que alguien sea absorbido por los métodos de su ciencia -por 
ejemplo, las ciencias naturales- completamente y se forme un 
sistema científico puramente mundano y en sí cerrado de manera 
que otro método filosófico que no sea el apropiado para su ciencia- 
que no basta para el conocimiento de Dios- le parezca erróneo y 
considere la idea de Dios como un trastorno de su sistema 
filosófico. Por consiguiente, es cierto que hay teorías ateas, mas 
con ello no queda resuelto si también hay hombres ateos. Puede, 
en verdad, haber contradicción entre la afirmación teórico-abstracta 
y la convicción vital-concreta, o, lo que es lo mismo, entre un 
sistema mental y la persona de su elaborador. Esto aparece con 
toda claridad, como ya dijimos en otro lugar, al comparar la 
ideología de un filósofo idealista con su comportamiento práctico al 
ver que se acerca un automóvil a toda velocidad. 
Cuando se trata de resolver el problema que nos interesa aquí, 
hemos de tener presente no confundir estas dos cosas: negar un 
ídolo no es lo mismo que negar a Dios. La negación de una falsa e 
indigna idea de Dios no supone necesariamente la negación 
absoluta de Dios, aunque el que la ejecute pueda estar 
erróneamente convencido de que al negar al ídolo niega la idea de 
Dios, cualquiera que ella sea. Así, por ejemplo, si alguien debida a 
una falsa educación religiosa creyese que la idea de Dios, mejor la 
imagen, considerada como un viejo señor de barba blanca, no sólo 
es algo que sirve exclusivamente para ayuda de la imaginación, 
sino que es también la reproducción exacta de la misma realidad 
divina y si andando el tiempo llegara un día a negar al Dios 
concebido de esta manera, su actitud no implicaría necesariamente 
la negación absoluta de la existencia de Dios. Puede suceder que 
su "no" lanzado contra Dios implique un reconocimiento tácito del 
verdadero Dios; más aún: cuando se crece en el conocimiento de 
Dios siempre y continuamente se están demoliendo ideas falsas e 
imperfectas de Dios. 
Aunque el hombre plenamente consciente de sí mismo no puede 
eliminar de una manera definitiva el conocimiento de Dios -tarde o 
temprano volverá a renacer en él la convicci6n de que Dios existe-, 
es cierto que en la literatura de los últimos siglos encontramos 
hombres que, al parecer, niegan con plena convicción la 
existencia de Dios (piénsese, por ejemplo, en las novelas de 
Dostojewski). A base de los documentos históricos de que 
disponemos no se puede decidir la cuestión de si hay que dar 
crédito a los defensores y partidarios de la filosofía existencial o de 
la filosofía de la vida, que afirman estar convencidos de que Dios 
no existe; tampoco se puede dar asentimiento pleno a los maestros 
y discípulos del bolchevismo ateo, que dicen mantener las mismas 
convicciones así como a los que pretenden ser ateos sin depender 
de un sistema determinado. Hay que contar con que tales 
afirmaciones presuponen una autocomprensión defectuosa. 
Sumamente instructiva es la actitud de Ivan Karamasov, tal y como 
la describe, Dostojewski: no niega formalmente que Dios exista, sólo 
se subleva contra El. (Consúltese Th. Steinbuchel, F. M. 
Dostojewski, 1947, 81.) 
Si alguien está plenamente convencido de que Dios no existe y 
su actitud, de acuerdo con las declaraciones de la Sagrada 
Escritura arriba mencionadas, implica culpa personal, ora sea que 
la negación de Dios en sí misma considerada es ya un pecado, ora 
que esa negación es la consecuencia necesaria de los pecados.
Los motivos de la negación de Dios hay que buscarlos mejor, 
unas veces en el hombre, otras veces en el mundo. En lo que se 
refiere a los motivos cuyo fundamento se halla en el hombre mismo, 
hay unos que se derivan de la esfera de la razón mientras que 
otros provienen de la esfera de la voluntad o bien del sentimiento. 
a) En lo que atañe a la razón, puede concebirse la posibilidad de 
una negación transitoria de la existencia de Dios si tenemos en 
cuenta que la realidad de Dios no se impone como evidente a los 
ojos espirituales del hombre, además de que la fuerza cognoscitiva 
de éste ya se encuentra debilitada. Dios está más bien oculto en el 
mundo. Más aún: las imperfecciones y los dolores del mundo le 
ocultan de tal manera que puede hasta pasar desapercibida su 
existencia (aunque esto no ocurre sin culpa del hombre). El dolor 
que vemos en el mundo vela la faz de Dios; el hombre a su vez ve a 
Dios presente en la oscuridad y le ve con una capacidad de visión 
espiritual enturbiada por el pecado. En esto precisamente consiste 
la posibilidad y el peligro de pasar por alto a Dios cuando o no se 
presta atención o se pretende voluntariamente pasarle por alto. 
En la esfera de la voluntad y del sentimiento vital hallamos una 
serie de aberraciones capaces de conducir a la negación de Dios: 
I. El predominio de los instintos bajos. Quien sin reservas se 
entrega a las exigencias del materialismo y del sensualismo, ya 
aparezcan bajo formas refinadas o bajo formas groseras, termina 
por no ver ninguna clase de valores espirituales, por no hablar de 
lo que está allende el hombre. Una forma de este materialismo 
demoledor de la creencia en Dios es la actitud de la burguesía 
fatua, que sólo se interesa por la utilidad de las acciones y no por el 
valor interno de esas acciones, negando toda clase de derechos o 
de realidad a cuanto no suministra una utilidad inmediata. Esta es 
precisamente la actitud contra la cual luchó Nietzsche con tanta 
energía y mordaz sarcasmo. 
II. La indolencia del corazón. Es un enemigo de la fe en Dios, el 
más imperceptible, pero también el más peligroso. Consiste en una 
falta de entusiasmo animoso; a los que adolecen de esta indolencia 
no les causan alegría alguna las cosas divinas. El indolente no 
desea aventurarse a emprender cosas grandes; la indolencia es 
una especie de miedo y vértigo que se apodera del espíritu cuando 
éste se ve colocado ante la majestad de Dios, con el cual ha de 
entrar en relaciones. EI indolente quiere desentenderse de las 
obligaciones de magnanimidad que puede imponer al hombre la 
existencia de Dios. Al sentirse incapaz de subir hasta la altura de la 
majestad y la grandeza, huye de Dios. En el terreno del espíritu se 
comporta totalmente de acuerdo con el siguiente refrán: prefiero lo 
pequeño con tal que sea mío. Desea que se le deje en paz, que no 
se le inquiete. Kierkegaard llama a esta actitud "desesperación de 
los débiles". 
Una derivación de esta fuga es la inquietud errabunda del 
espíritu manifestada muchas veces bajo la forma de charlatanería, 
curiosidad insaciable, desenfreno impío, tendencia a "abandonar el 
castillo del espíritu para perderse en el ajetreo del mundo», 
desasosiego interno, vagabundeo y falta de decisión. (Santo Tomás 
de Aquino, Summa Theologica, 2ª IIa, que. 35, a. 4 ad 3. Véase 
Pieper, Sobre la Esperanza. 2,a ed., Rialp, 1953.) 
Es necesario resaltar un tipo de fuga ante la faz de Dios; la 
provocada por la mala conciencia. El hombre malo considera a Dios 
como peligro y amenaza; por eso se esfuerza por quitárselo de 
encima, sirviéndose para ello de la charlatanería. Pretende 
engañarse a sí mismo en lo referente a la existencia de Dios. 
Respecto a esto es sumamente instructivo lo que Nietzsche escribía 
en cierta ocasión: "Tuvo que morir, miraba con ojos que veían el 
fondo y lo recóndito del hombre, toda su oculta vergüenza y 
fealdad. El Dios que lo veía todo, que veía también al hombre; ese 
Dios tenía que morir. El hombre no puede tolerar que exista un tal 
testigo» (Also sprach Zarathustra, Obras completas, volumen II,,382 
y sigs.). 
En nuestro tiempo la indolencia del corazón, que encierra un 
peligro vital para la convicción de Dios, se presenta bajo formas 
que apenas si se habían dado hasta ahora: completa indiferencia y 
abulia. Son el resultado del desinterés del corazón humano, cuyas 
fuerzas se encargan de agotar la dureza y el ajetreo de la vida 
diaria. Este corazón atrofiado por el desasosiego y la inquietud, por 
el bamboleo y penuria de la vida cotidiana, ha ido borrando los 
problemas concernientes a los valores espirituales y más aún los 
que se refieren de una manera directa a la existencia de Dios. El 
hombre, esclavizado por la técnica, ha perdido su verdadero 
semblante espiritual y corporal, se ha sometido completamente a la 
opinión pública, dejándose conducir por ella. Exagerando se puede 
decir: un hombre así es incapaz de entrar en relación inmediata con 
Dios. 
III. El orgullo y el odio. Estas dos actitudes son las que más 
directamente se oponen a abandonarse en las manos de Dios. El 
orgulloso se encierra en sí mismo, y fuera de sí mismo no reconoce 
ninguna clase de valor. Es más, como él afirma, al bastarse a sí 
mismo no necesita de esos valores. Cree que Dios, cuyos 
mandatos debe reconocer el hombre, es un peligro que amenaza la 
libertad y grandeza humanas. Recaba para sí una especie de 
grandeza divina. En este sentido afirma Bakunin que Dios, aun en 
el caso de que existiese, debería ser destruido. ·Nietzsche-F, en 
idéntico sentido, decía: "¿Cómo podría yo tolerar no ser Dios en 
caso de que hubiese dioses? Por, consiguiente, los dioses no 
existen». La misma vida de Nietzsche pone de manifiesto cómo la 
actitud orgullosa puede llegar a adquirir una influencia fatal sobre el 
hombre. Nietzsche continúa: "Yo saqué la conclusión, y ahora es 
ella la que me arrastra». La autodivinización del hombre incapaz de 
tolerar la existencia de Dios se encarna en el superhombre creado 
por Nietzsche, ser a quien se le atribuyen todas las opiniones que 
según la fe del creyente corresponderían sólo a Dios. Muchas 
formas de la Filosofía existencial, no obstante hablar de 
trascendencia, niegan la existencia del Dios vivo porque Dios limita 
la libertad e independencia del hombre. (Así Jaspers. Véase 
también H. Kunz, Die anthropologische Bedeutung der Phantasie, 
dos volúmenes, 1946; A. González Alvarez, La idea de Dios en la 
Filosofía existencial, 1945.). El odio, la otra actitud hostil a Dios, es 
la respuesta que el corazón humano, egoísta y enfrascado en el 
mal, da a la santidad y superioridad de Dios. Como Dios es en todo 
radicalmente distinto al hombre, se presenta ante éste imponiendo 
exigencias y obligaciones y constituye un motivo de profundo 
desasosiego para el hombre que vive en un estado de autonomía 
exagerado, que cree bastarse a sí mismo, que se aísla 
herméticamente y niega cuanto no sea él mismo. Así surge un 
sentimiento de malestar que puede llegar a convertirse en 
repugnancia y aun hasta en odio absoluto. El odio es una reacción 
original contra la santidad personal de Dios, un acto de rebeldía 
contra El, algo egocéntrico y placentero. El grado supremo de su 
desarrollo lo constituye esa forma de vida a la que llamamos 
infierno. El odio consumado por el hombre en su peregrinación es 
precursor de esa rebelión consumada y satánica, propia del 
infierno. E1 hombre, obcecado por el odio, queda incapacitado para 
percibir dentro de la Historia los valores divinos. El odio a Dios es 
más intenso que cualquier otra forma que pueda darse al odio, ya 
que va dirigido contra un valor que es infinitamente superior a todo 
otro valor. Dios es para el hombre el más importante valor personal, 
a la par que es el valor más próximo; por ello para rechazar a Dios, 
el hombre ha de hacer esfuerzos mucho mayores que los que haría 
para rechazar cualquier otro tipo de valor. Cuanto acabamos de 
decir conserva su validez en lo que concierne a la época histórica 
nacida en Cristo. Porque Dios, por decirlo así, hostiga al hombre en 
Cristo y el hombre, que ahora quiere desentenderse de este Dios 
que se revela y aproxima a nosotros en Cristo, tiene que esforzarse 
mucho más que el incrédulo de los tiempos anteriores al 
Cristianismo. De ahí resulta que el odio a Dios en la era cristiana 
presenta un grado de especial intensidad, ni conocido ni aun 
siquiera posible en los tiempos precristianos. 
(·SCHMAUS-1.Pág. 218-223)
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6. RAZON/VERDAD VERDAD/RAZON D/RAZON 
TEOLOGIA-RACIONAL:
En una reunión de intelectuales europeos en Mallorca se dijo que 
la razón es tan incapaz de conectarse con la verdad, como un cesto 
de mimbres para coger agua. Esto lo saben muy bien los auténticos 
científicos, que no hacen caso de teorías y sólo se atienen a los 
hechos. (...)
ATEISMO/CAUSAS La culpa del ateísmo de los científicos 
modernos la tienen las numerosas caricaturas de Dios, hechas por 
la teología escolástica y las teologías protestantes, que se hicieron 
racionales, sobre todo, desde la ilustración y el enciclopedismo, 
traicionando a la mente de Lutero, que llamó puta a la razón y viejo 
despreciable a Aristóteles, es decir, a la filosofía, hija primogénita 
de la razón. Al Dios vivo de la Biblia no se le puede representar con 
rasgos doctrinales, sino con rasgos de amor humano mutuo, pues 
únicamente el hombre, que ama hasta el sacrificio por sus 
hermanos, demuestra mejor con sus hechos la existencia de Dios 
que todas las teologías que se fundan en alguna filosofía. (...)
La teología racional escolástica, la permitió Dios en su Iglesia, la 
Iglesia de Pedro, para que ésta fuera la que pusiera la piedra 
fundamental de la ciencia y técnica moderna. Dios dirige la historia 
con los trazos torcidos de los hombres. Para que Galileo y sus 
sucesores alcanzasen la visión racional del universo, se necesitó 
una teología racional, que diera un viraje de 180 grados a la 
teología más auténtica de la iglesia de Pedro, que fue la de los SS. 
PP. Esta teología iba hacia la perfección del amor. La teología 
escolástica fue hacia la perfección de la razón. Con esta teología 
ardieron con la pasión de lo abstracto y racional las universidades 
medioevales, que enseñaron al occidente a filosofar en todas sus 
disciplinas. Por eso sólo en occidente brotó la ciencia moderna y no 
en el oriente cristiano, donde se quedó por razón del cisma la 
auténtica teología cristiana de los SS. PP.
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7.
Para Newton, su física era la prueba más segura de la existencia 
de Dios. Para los partidarios de la "filosofía científica", la ciencia es 
la prueba más segura de la inexistencia de Dios. El primero no tenía 
razón. Los segundos tampoco tienen razón.
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8. ATEOS/DESEO-DE-D

"Mis amigos ateos..."

El filósofo cristiano Jean Guitton escribe sobre Heidegger, 
Rostand, Althusser...

Su apariencia es la de la fragilidad de un anciano de noventa y 
seis años, pero su espíritu mantiene la juventud de quien ha vivido 
en la lucha por la armonía entre la fe y la razón. Así es Jean 
Guitton: un testigo de la fe en el siglo veinte que está a punto de 
acabarse, casi como su vida. Amigo personal del Papa Pablo VI y 
de grandes pensadores creyentes y no tanto, nos habla en esta 
entrevista de estos últimos...

Martin Heidegger
- Usted conoció a Heidegger, para quien no era suficiente negar 
a Dios , sino que hay que eliminar cualquier riesgo de retorno 
afirmativo, rechazando incluso tocar el tema de Dios.
-Martin Heidegger era favorable a Hitler. Pasé con él un día 
entero. Me hizo caminar seis kilómetros en la nieve. Después nos 
pusimos a excavar. Me dijo entonces que el trabajo de excavar era 
el trabajo del filósofo. Vi su estudio: sobre el escritorio tenía una 
rosa en un jarrón y el retrato de su madre. Estaba enamorado de 
su madre. Sólo encontré allí libros de mística. No tenía libros de 
filosofía. En realidad Heidegger era el tipo místico puro. Creo que 
era más místico que el propio Husserl, el creador de la 
fenomenología. 

Jean Rostand
- Otra persona a la que usted conoció, Jean Rostand, escribía: 
La Humanidad camina hacia su fin. Ya no hay nada: ni poesía, ni 
música, ni arquitectura, ni pintura -ni siquiera política-; no hay, 
sobre todo, religión. Las fuerzas que nos mueven son la sexualidad 
y la ciencia.
-Yo estaba muy ligado a Jean Rostand. Como Heidegger, era en 
el fondo un ateo excepcionalmente religioso. No pensaba en otra 
cosa que en la religión.
- ¿Cuando ustedes se encontraban, ¿él sólo hablaba de Dios? 
-Sí, sólo hablaba de religión. 
- ¿Cómo logró conciliar, en el curso de su vida, la búsqueda 
científica y la de Dios? 
-Lo divertido es que Jean Rostand me contaba a menudo que a 
los diez años rehusó hacer la Primera Comunión. 
- Es sorprendente: la madre era sensible a estos problemas. 
-Sí. Se llamaba Rosonde Gérard, y él la quería mucho... Él era 
exactamente el tipo de místico ateo...
- ¿Cómo puede un hombre que no cree en Dios estar siempre 
buscándolo? 
- Él me dijo una vez: usted es realmente afortunado, Guitton, al 
creer en Dios, porque así puede no pensar en ello. Yo, que no 
creo, estoy siempre obligado a pensar en ello siempre.

- Teilhard de Chardin ataca frontalmente la cuestión del 
humanismo ateo. Sobre el problema del Cristo histórico, ¿cuál era 
la posición de Teilhard? 
- Es demasiado complicada. Las discusiones que yo tenía con el 
padre Teilhard, y teníamos muchas, eran sobre el Cristo histórico. 
Pensaba que dentro de mil años, Cristo no tendrá nada de 
histórico. En otras palabras, que Cristo es un personaje del futuro y 
no del pasado. Para él, la actualidad era lo más importante. La 
mujer, la sexualidad, los árboles, la tierra, la luna, eran cosas 
reales, mientras que el pecado original, Jesucristo, eran sólo cosas 
abstractas.
- ¿De verdad lo cree? - Lo creía él, no yo. Aceptaba 
positivamente todo lo abstracto, porque era profundamente católico 
y no quería separarse de la Iglesia. pero le atribuía significados 
personales; por ejemplo, no creía en absoluto en el pecado 
original.
- ¿Lo dijo él? 
- Resulta evidente en todos sus libros.
- Usted, que era veinte años más joven que él, ¿cómo 
reaccionaba? 
-Siempre pensé que si el padre Teilhard hubiera convertido a 
alguien, habría que intervenir para reconvertirlo. Es posible que en 
el camino de la conversión él hiciese dar a un ateo el primer paso, 
pero, al sofocar la sustancia, la esencia, la realidad de todo aquello 
que la Iglesia católica considera fundamental, su acción no 
bastaría.
- ¿Qué tipo de hombre era? 
- Era cortés, muy cuidadoso y siempre bien vestido. Era elegante, 
distinguido. Me contaba, entonces, que había intentado unir la 
piedra al Sagrado Corazón, y en esto estaba toda su filosofía.

Althusser
- En todo caso es más fácil unir la piedra al Sagrado Corazón, 
que Lenin a Santa Teresa. 
-Y sin embargo esa era la pretensión de Althusser.
-Althusser era discípulo suyo.
- Sí. Y mis relaciones con él estuvieron marcadas por el 
acontecimiento más dramático que pueda haber en la vida de un 
maestro. Durante diez años fue mi discípulo predilecto, a quien 
confié mi heredad filosófica, literaria y religiosa. Después, tras la 
prisión, me dijo que se había hecho ateo y marxista; que renegaba 
de todo lo que había adorado hasta entonces; pero conservaba 
hacia mí la fidelidad del afecto. Cada vez que estaba mal -sufría 
dolores vertebrales-, me pedía que fuera. Yo sufría al ver que él, en 
quien había puesto toda mi esperanza, se me había puesto en 
contra... incluso su respeto estaba lleno de ironía. pensaba que yo 
estaba radicalmente equivocado. Escribía lo contrario de lo que yo 
había enseñado y cuando estaba mal, me llamaba, por así decirlo, 
a la cabecera de su cama. Después murió, entre grandes 
sufrimientos. La concepción de Althusser era clara y yo quería 
explicarsela a Juan Pablo II. El Papa me dijo que le hubiese gustado 
recibir a ese hombre, capaz de ir al fondo de sus propias ideas. 
pero Althusser murió antes de poder explicar la idea de que el 
mundo está a punto de atravesar una crisis suprema, la del ateísmo 
universal. Sólo veía una forma de conjurar aquella crisis: unir a los 
opuestos, por un lado el ateo absoluto, o sea Lenin, y por otro la 
mística sublime, o sea Teresa de Ávila. pensaba que la unión de 
estos extremos permitiría resolver el problema esencial de nuestra 
generación.
Avvenire-Alfa y Omega
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9. AGNOSTICISMO/ORTEGA ORTEGA/AGNOSTICISMO

Carta del Arzobispo
Nuestro Dios
La Iglesia lleva dos años y le faltan otros dos buceando en el 
misterio del Dios uno y trino, empeñada en purificarse y renovarse, 
ante El y ante los hombres, a las puertas del año dos mil del 
nacimiento de Cristo. Con veinte siglos de cristianismo a sus 
espaldas, la comunidad católica mundial se dispone a cruzar el 
umbral del nuevo siglo y milenio sin arrogancia ni complejos, pronta 
de ánimo y ligera de equipaje, abierta con esperanza al futuro de 
Dios y de la humanidad.

Juan Pablo II (a quien su gran mentor y amigo, el Cardenal 
Wyszynski, le dijera en el cónclave "tú serás el Papa que conduzca 
a la Iglesia hasta el año dos mil") la ha venido empujando con 
fuerza desde entonces hacia ese norte, y con el pie en el 
acelerador a partir de la encíclica "Tertio millennio adveniente" 
(1994). De entonces acá, el recorrido ascendente hacia el 
grandioso jubileo del dos mil, arrancó en el 97 con el Año de Cristo 
salvador, siguió en el 98 con el del Espíritu santificador, y avanza 
ahora en el 99 con el del Padre misericordioso. El proceso 
culminará los Tres mediantes en el cénit jubilar y redondo del Año 
de la Santísima Trinidad.

Durante todo el cuatrienio finisecular, los cristianos de antenas 
sensibles y corazón alerta nos sentimos como inmersos en lo que 
llamaba Teillard de Chardin el "medio divino", empapados de Dios 
por todos los poros de nuestro ser. O intentamos, al menos, vivirlo 
así en estos doce meses del noventa y nueve, tan henchido de 
presagios y de inminencias, abriéndonos al abrazo del Padre 
misericordioso, contemplando, escrutando, acogiendo su amor 
insondable.

Claroscuros religiosos

No nos sentimos, ni por asomo, depositarios de la exclusiva de 
Dios. Lo que más nos inquieta e importa es que descubran su 
rostro, experimenten su presencia y su amor los hombres todos de 
nuestro tiempo. Siguen siendo mayoría en el Planeta los seres 
humanos abiertos a una realidad superior y transcendente al 
mundo visible, a la que, con diferentes expresiones religiosas, le 
rinden tributo de adoración. En nuestro propio mundo occidental, 
tan hijo pródigo, tan excristiano en muchos sitios, pierde terreno el 
ateísmo, según los últimos datos.

La saturación de materialismo, agnosticismo, nihilismo, vacío 
espiritual en definitiva, parece dejar paso, en no pocos espíritus, a 
la búsqueda de un sentido para la vida personal y para el rumbo 
del mundo, abriendo así una ventana al misterio y a la esperanza. 
No es sólo la profecía de Malraux de que el siglo XXI "será religioso 
o no será nada", sino que, aún siendo mayoría, según parece, los 
científicos y los intelectuales sin credo religioso, sube, no obstante 
el indicador de los que se muestran respetuosos con la fe de los 
demás, la consideran una opción razonable y, en más de un caso, 
la envidian.

Quiero pensar que, en los albores del tercer milenio, puede 
producirse el fenómeno que detectó con finísima pupila Ortega y 
Gasset, por los años 20, en su breve ensayo "Dios a la vista". 
Después de comparar a Dios con el sol y a la mente humana con la 
tierra, que en su rotación perenne se acerca y se aleja del astro 
rey, hasta quedar distante o en sombras, "hay épocas, dice, de 
odium Dei, de gran fuga lejos de lo divino, en que esta enorme 
montaña de Dios llega casi a desaparecer del horizonte, pero, al 
cabo, vienen sazones en que súbitamente, con la gracia intacta de 
una costa virgen, emerge a sotavento el acantilado de la divinidad. 
La hora de ahora es de este linaje y procede gritar desde la cofa: 
"Dios a la vista" (El Espectador, VI,1) 

A espaldas de Dios

Quién se aleja de quién? Evidentemente no es Dios quien se 
distancia de nosotros sino a la inversa, siguiendo con el símil de la 
tierra y del sol. El mismo Ortega, que en el ensayo aludido no hace 
profesión de ninguna religión determinada, elabora allí, de paso, un 
agudo análisis del agnosticismo, haciendo notar que "la mente 
humana es angosta y caben en ella sólo algunos objetos. No 
podemos ver sin mirar... Agnóstico significa el que no quiere saber 
ciertas cosas... porque antepone a todo la cautela y la prudencia: al 
emprender, evitar; al acertar, no errar; y el caso es que las cosas 
cuya ignorancia complace al agnóstico no son cualesquiera, sino 
las cosas últimas y primeras, es decir, las decisivas". Perdonen la 
reiteración de citas, pero antes de dejar en paz a don José, 
transcribo otras palabras suyas referidas a la actitud irreligiosa: "es 
falta de respeto hacia lo que hay encima de nosotros, y a nuestro 
lado y más abajo" (Obras, I, Madrid, 1969, 31).

No se trata aquí, de echar los caballos contra nadie. El 
agnosticismo, la misma irreligiosidad y sobre todo la arreligiosidad, 
se asientan sobre múltiples causas y raíces, no siempre sobre 
culpas personales , al menos en exclusiva, de los que viven esas 
situaciones. Bueno es recordar lo de San Pablo en Atenas" "Dios 
que hizo el mundo y todas las cosas... da a todos la vida, el 
aliento... para que busquen a Dios y, siquiera a tientas, lo hallen; 
que no está lejos de nosotros, porque en El vivimos, nos movemos 
y existimos, como han dicho algunos de vuestros poetas: porque 
somos linaje suyo" (Hch 17, 2428). 

Inmersos en Dios, linaje suyo. Por qué, entonces, Señor, se 
desentienden de tí, se las arreglan sin tí, tantas gentes valiosas, 
interesantes, satisfechas, de nuestro mundo? Esa es, bien lo 
sabes, la tortura pastoral de la Iglesia en nuestro tiempo. Un 
mundo, me atrevo a asegurarlo, que no es feliz en tu ausencia, que 
acepta, en el pensamiento, en el arte y en las costumbres, la 
filosofía del absurdo y la vida sin sentido; que se queda tan 
campante embotando sus sentidos y corriendo, a grandes 
cilindradas, hacia ninguna parte.

Los porqués del ateísmo

El Vaticano II estudia con gran rigor y con espíritu penitente las 
causas del ateísmo contemporáneo y no tuvo empacho en atribuir 
al pobre o negativo testimonio de muchos cristianos, una de las 
causas determinantes de tan doloroso fenómeno. Los hombres de 
hoy por su parte, o divinizan al hombre hasta la idolatría, como 
norma y razón de todo lo real, aunque no alcance a descifrar su 
propio origen y destino, ni el sentido global de la naturaleza y de la 
historia; o están tan saturados de bienes materiales, que se les 
estraga el sabor y se les nubla la visión de otros dones superiores; 
o, en el polo opuesto, están bloqueados por el sufrimiento, el mal o 
la injusticia, tras los cuales, o no encuentran a Dios, o lo desfiguran, 
cuando no lo culpabilizan.

Difícil lo tenemos, Señor. Cómo hablarles de tí , nos decimos, a 
seres humanos con tales condicionamientos?Apuntar una 
respuesta exigiría más líneas que las que llevo escritas. Para el 
diálogo evangelizador entre creyentes, menos creyentes, 
agnósticos y ateos, encontrará el lector interesado un instrumento 
muy valioso, para uno mismo y para otros, en la Instrucción Pastoral 
de la Conferencia Episcopal "Dios es amor" que acaba de llegar a 
las librerías religiosas. En este fascículo los obispos españoles 
hemos puesto el empeño y el acento, pienso también que el acierto 
(no soy autor principal) de descubrir las vías de acceso al Dios 
Padre de Nuestro Señor Jesucristo a los hombres del siglo XXI, con 
sus grandezas y sus miserias. 

Ellos han de rebelarse por sí mismos contra el absurdo, el vacío y 
el sin sentido, como claves de lectura de la existencia humana. 
Tendrán que ser ayudados por el testimonio y la palabra de los 
creyentes a descubrir en el Dios bíblico, en el Padre de Jesús y 
nuestro, el fundamento y el eje de su y ser y actuar, el apoyo más 
entrañable, el rostro más acogedor. Por ser el Dios único y 
verdadero, es fuente de vida, de amor y de felicidad. Pruébenlo 
ustedes. 

+ Antonio Montero Moreno
Arzobispo de Mérida-Badajoz
·MONTERO-ANTONIO
_IGLESIA-EN-CAMINO
Semanario "Iglesia en camino"
Archidiócesis de Mérida-Badajoz
Año VII. Número 283.17 de enero de 1999
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