EL CAMINO NEOCATECUMENAL
Por Kiko Argüello
y Carmen Hernández
Tabla de contenidos:
Introducción
Cómo surgieron las comunidades
Cómo se extienden
Catequistas itinerantes
Un camino concreto de evangelización para aquellos que están alejados
Trayendo el Concilio a las parroquias
Carismas y Ministerios
El Espíritu del Camino
¿Dónde nacen estas comunidades?
La misión de la parroquia
Cómo empieza el Camino
Primera etapa: el Kerigma
El Precatecumenado
Segunda etapa: el catecumenado Post-bautismal
Tercera etapa: Elección y renovación de las promesas bautismales
La Familia de Nazaret: imagen del Camino Neocatecumenal
Introducción
El Señor nos ha llamado a vivir un camino de
conversión, a través del cual estamos descubriendo la
inmensa riqueza de nuestra fe en un catecumenado
post-bautismal. Durante este catecumenado,
gradualmente, etapa por etapa, paso a paso,
descendemos a las aguas de la regeneración eterna, de
forma que el bautismo que la Iglesia nos confió en el
pasado, mediante nuestra adhesión a él, se convierta en
sacramento de salvación, en buena noticia para todos los
hombres. A través del Neocatecumenado se abre en el
centro de la parroquia un camino de iniciación cristiana
que desarrolla un trabajo pastoral de evangelización para
adultos. Esta evangelización está trayendo a una fe viva a
muchos de nuestros hermanos quienes hoy viven un
cristianismo de costumbres y hábitos y está permitiendo
que mucha gente sumergida en un mundo secularizado
tenga la posibilidad de encontrarse con Jesucristo a través
de comunidades cristianas que viven su fe en un nivel
adulto del amor en la dimensión de la cruz y en una unidad
perfecta.
Cómo surgieron las comunidades
Para nuestra sorpresa, fuimos testigos de una palabra
que, tomando carne entre estas personas pobres que la
acogían con alegría, produjo el nacimiento de una
comunidad en la oración y en una liturgia sorprendente
como respuesta de todos estos hermanos quienes
bendecían al Señor por haberse acordado de ellos. Por
tanto, en el espacio de tres años, vimos aparecer ante
nuestros ojos un trípode en el cual se basaría el Camino
que el Señor estaba creando: el embrión de un
Catecumenado, en una Iglesia donde la comunión fraterna
fuera tomando entidad, en la cual el amor se tomara en
una dimensión que sorprendía a todo el mundo, en la
dimensión de la cruz, donde es posible morir por el
enemigo.
Cómo se extienden
Este amor, hecho visible en una pequeña comunidad,
fue el signo que llamó a la fe a mucha gente cuyas vidas
estaban alejadas de la Iglesia. El resultado fue que los
sacerdotes de la parroquia de San Frontis en Zamora y de
Cristo Rey en Madrid nos invitaron a traer a sus
parroquias la experiencia de las catequesis que habían
observado. Para nuestra sorpresa, incluso en estas
parroquias donde el entorno social era totalmente distinto
de las chabolas, vimos cómo nacían comunidades en un
camino hacia la conversión después del anuncio del
kerigma y dos meses de catequesis.
Cuando el Arzobispo de Madrid, en aquel momento, el
Reverendísimo Monseñor Casimiro Morcillo, se puso en
contacto con esta realidad, que él apoyó con entusiasmo,
fue él mismo quien nos envió a las parroquias que
deseaban comenzar la experiencia, mientras que nos
exhortaba a actuar siempre en unión con el párroco. Esta
experiencia se extendió rápidamente en Madrid y en otras
diócesis españolas.
En 1968 fuimos invitados a venir a Roma, llevando una
carta del Arzobispo de Madrid para el Cardenal Dell'Acqua,
entonces Vicario de Roma, y empezamos las mismas
catequesis en la parroquia de los Mártires de Canadáa. A
partir de entonces se extendió por toda la diócesis
mediante la predicación de los catequistas elegidos de las
primeras comunidades, y en muchos otros países, en
todos los continentes, incluyendo los paises misioneros.
Catequistas itinerantes
Muy pronto, las peticiones hechas por los párrocos en
otras diócesis dieron origen al carisma de catequistas
itinerantes, quienes dejan su propia comunidad por un
cierto tiempo y se ponen a disposición para llevar el
Neocatecumenado a las diócesis que lo piden.
Muchos equipos de catequistas itinerantes, después de
la experiencia de evangelización en su propio país, han
sido llamados por el Señor a abrir el Camino en otros
países, de donde venían numerosas peticiones - desde
obispos hasta párrocos - particularmente desde 1972 en
adelante.
Una de las mayores experiencias que hoy tenemos y por
la cual bendecimos al Señor, es ver cómo Dios nos permite
anunciar el Evangelio en tantas partes del mundo. Y no
sólo proclamamos el kerigma, sino que aparece un camino
para la gestación de la fe basado en una comunidad, a
través del cual, con el tiempo, el párroco puede pasar de
una pastoral concentrada en los sacramentos a una
pastoral de evangelización.
Un camino concreto de evangelización para
aquellos que están alejados
El Camino Neocatecumenal se vive dentro de la
estructura existente de la parroquia y en comunión con el
obispo, en pequeñas comunidades compuestas por gente
diferente en edad, estatus social, apariencia y cultura. No
es un grupo formado espontáneamente, ni una asociación,
ni un movimiento espiritual, ni una élite dentro de la
parroquia. Más bien es un grupo de gente que desean
redescubrir y vivir la vida cristiana en toda su plenitud, vivir
las consecuencias esenciales de su Bautismo, por medio
de un Neocatecumenado dividido en diferentes etapas, tal
como el Catecumentado de la Iglesia primitiva, pero
adaptado a su condición de personas ya bautizadas.
Como consecuencia, estas comunidades tienen la misión
de ser, en el interior de la parroquia, el signo y sacramento
de la Iglesia misionera (Sínodo de Obispos), de abrir un
camino concreto de evangelización para los alejados,
dando -en la medida en la que la fe se ha desarrollado- los
signos que llaman a conversión a los paganos, esto es, el
amor en la dimensión de la cruz y la unidad. "Amaos los
unos a los otros como Yo os he amado. En esto conocerán
que sois mis discípulos" (Jn, 12, 34-35). "Padre, que sean
uno en nosotros, como Tú lo eres en Mí y Yo en Ti, para
que el mundo crea que eres Tú quien me ha enviado" (Jn,
17,21)
Trayendo el Concilio a las parroquias
A la luz del Concilio Ecuménico Vaticano II, las
Comunidades Neocatecumenales surgieron como un
camino concreto de reconstruir la Iglesia en la forma de
pequeñas comunidades que son el cuerpo visible de Cristo
resucitado en el mundo. Estas comunidades no se
imponen, consideran una obligación no destruir nada, sino
respetar todo. Se presentan a ellos mismos como el fruto
de una Iglesia en renovación, que dice a sus Padres que
ellos han tenido muchos frutos, pues las comunidades han
nacido de ellos.
Carismas y Ministerios
Donde la experiencia se desarrolla, se puede observar
una nueva estructura para la Iglesia local, formada por
pequeñas comunidades cristianas como un cuerpo
orgánico el cual, en la medida en que la fe surge entre
ellos, producen carismas de madurez y requiere ministros
para ayudar, servir, y hacer tal renovación posible, puesto
que ellos son los medios que Dios ha deseado para hacer
construir la Iglesia constantemente (Ef, 4,11; 1Cor 12). Por
tanto estamos viendo los carismas que hacen presente a
Cristo completo, Cristo el Apóstol, el Profeta, el Diácono, el
Pastor, el Maestro, fiel al Padre, unido con su Iglesia,
compadeciéndose de todo aquel que sufre, etc. Y estos
carismas aparecen en cada comunidad en el presbítero,
en el responsable (para quien se pide el diaconado), en
los catequistas locales e itinerantes, en las vírgenes,
viudas, matrimonios, etc.)
El Espíritu del Camino
A/MU: El primer objetivo perseguido en el
Neocatecumenado o iniciación de la fe es la formación de
la comunidad. Lo anterior, al principio, es muy imperfecto,
porque siempre está condicionado por la adhesión
individual a la Palabra. Entonces, poco a poco, nuestros
propios defectos surgen, obligándonos a replantearnos
constantemente nuestra fe. Nuestra incapacidad de amar
a los otros, esto es, de aceptar lo que nos destruye de
ellos, es decir, sus fallos, hace surgir una gran pregunta
para nosotros. Amar empieza a aparecer como la
destrucción de nosotros mismos, esto es, de lo que es
nuestra seguridad. Amar significa morir y nuestra tragedia
es precisamente que no queremos morir. Amar al otro
cuando es diferente de lo que yo deseo siempre significa
un salto en la oscuridad, significará superar la muerte.
El capítulo segundo de la carta a los Hebreos (Hb, 2,
14s) dice que toda su vida el hombre es esclavo del mal y
del pecado por su miedo a la muerte: por esta razón
Jesucristo ha venido "a destruir a través de Su muerte al
señor de la muerte, el diablo, y a liberarnos de todo
aquello que nos esclavizaba antes en nuestra vida por
miedo a la muerte" (/Hb/02/14-15)
A-H/SIGNO-RS: Si amar significa realmente pasar de
nosotros mismos al otro, esto es, morir a nosostros mismos
(y todos nosotros estamos sujetos al pecado durante
nuestra vida por el miedo a la muerte), esta claro que si la
muerte no ha sido vencida por la resurrección de
Jesucristo, nosotros no podemos amar. ¿Cual será
entonces el signo de que nosotros hemos resucitado con
Cristo? El amor por encima de la muerte, el amor en la
dimensión de la cruz, amar al enemigo, "como Yo os he
amado" (/Jn/13/34-35). "Por este amor todos conocerán
que sois mis discípulos". Para esto es necesario nacer de
Dios, recibir a través del Espíritu Santo la nueva vida de
Cristo resucitado de la muerte. "Nosotros sabemos que
hemos pasado de la muerte a la vida, y podemos estar
seguros de esto porque amamos a nuestros hermanos"
(/1Jn/03/14).
¿Dónde nacen estas comunidades?
¿Dónde nacen estas comunidades que hacen presente
a Jesucristo resucitado irradiando el amor que han
recibido gratuitamente? La respuesta es: en la parroquia,
que es el lugar más adecuado para que aparezca la Iglesia
local como "sacramento de salvación", sin crear una Iglesia
paralela, sin destruir nada, tomando gradualmente la
realidad de la Iglesia hoy y el período de transición en que
está actualmente.
La misión de la parroquia
Hoy, los cristianos más tradicionales viven su fe en un
nivel infantil, como se muestra claramente por la
separación entre religión y vida en ellos. Por tanto, existe
la necesidad absoluta de un proceso de conversión serio,
que tome lugar en nuestra experiencia de cada día. Es un
tiempo, guiados por la Palabra de Dios y la celebración de
la Penitencia y la Eucaristía, y vivido dentro de un marco
concreto de una comunidad, para experimentar a Cristo el
Salvador, para experimentar el Reino de Dios que nos está
alcanzando y experimentar la alegría de la paz.
Para llegar a esto es necesario dar signos de fe en la
situación que nos rodea, signos que hacen a Cristo
presente y creíble, y signos que muestren claramente al
hombre de la calle que Cristo le ama a él y está dispuesto
a liberarlo de su alineación, de su sufrimiento, de la
muerte.
"Amaos los unos a los otros como Yo os he amado. En
esto conocerán que sois mis discípulos" (Jn 12, 34-35).
"Padre, que sean uno en nosotros, como Tú lo eres en Mí
y Yo en Ti, para que el mundo (el hombre de la calle) crea
que eres Tú quien me ha enviado" (Jn, 17,21).
Los signos de fe llaman a la parroquia a conversión. A
través del amor y de la unidad de estas comunidades la
parroquia en su totalidad es llamada a conversión, de
forma que puede verse que donde se han formado estas
comunidades, la parroquia ha sido revolucionada de una
forma positiva. Los signos que crean alrededor de ellos
hacen surgir preguntas y como resultado llama a mucha
gente que estaba alejada de la Iglesia a entrar en
comunidades similares en la parroquia. De esta forma, una
nueva estructura parroquial empieza a aparecer, sin
destruir la existente, hace a todos los hermanos
conscientes de la absoluta necesidad hoy de una
profundización en la fe.
Esto es la vuelta a la comunidad, a la gente de Dios de
las comunidades de la Iglesia Primitiva en las cuales el
amor en la dimensión de la Cruz y de la unidad perfecta
actúa como levadura, luz y sal, en el entorno que les
rodea. Una vez de nuevo, el grito "Ver cómo se aman unos
a otros" surge, llamándolos a conversión.
Cómo empieza el Camino
Cuando un párroco desea iniciar el Camino
Neocatecumenal en su parroquia, contacta con otra
parroquia donde ya existan Comunidades
Neocatecumenales. Una vez que conoce lo que es el
Camino, si desea implicarse él mismo pide que le envíen
catequistas. Estos catequistas supervisan el comienzo del
Catecumenado, y lo dirigen en comunión con el párroco.
Los catequistas también hablan con todos los sacerdotes
de la parroquia, exponiéndoles a ellos la necesidad de
supervisar un trabajo pastoral de evangelización en la
parroquia, a través de un catecumenado post-bautismal.
Entonces ellos tienen encuentros con los diversos grupos
de la parroquia y finalmente invitan a todos los fieles
durante la Misa Dominical. El equipo de catequistas está
formado por un sacerdote, quien garantiza la ortodoxia y el
magisterio de la Iglesia en el anuncio, un matrimonio y una
persona joven, quienes forman una pequeña comunidad
de evangelización.
Primera etapa: el Kerigma
La primera etapa en el Camino es el kerigma, la
proclamación de la salvación, que se desarrolla mediante
un diálogo existencial y directo, que se centra en el
impacto del Cristianismo en la vida de las personas. Las
catequesis se basan en un trípode sobre el cual se basará
todo el catecumenado: Palabra-Liturgia-Comunidad.
El Precatecumenado
Una vez se ha formado la comunidad, empieza la
segunda etapa; el precatecumenado. Este es un período
de conocimiento en el cual cada uno de los hermanos ve
probada su fe caminando junto a los otros, también
imperfectos, pecadores, en la novedad de una comunidad
concreta que funciona como un espejo, para mostrar a
cada uno claramente su propia realidad, llamándolos, por
tanto, a conversión.
En este tiempo, la comunidad necesita una palabra para
iluminar su realidad y ayudarla. Por tanto, celebra la
Palabra de Dios, una vez por semana, en temas
apropiados - palabra, cordero, novia, etc. - como una
iniciación en el lenguaje de la Biblia. La Eucaristía del
domingo se celebra el Sábado por la noche. Una vez al
mes se celebra el sacramento de la Penitencia. Un
domingo cada mes hay una convivencia donde se da a
cada uno la oportunidad de hablar libremente en la
comunidad sobre su propia experiencia de la Palabra, para
decir cómo está influenciando su vida en el trabajo, familia,
sexualidad, relaciones sociales, en relación al dinero, etc.
Después de dos años, los catequistas que han
supervisado el inicio de la comunidad, vuelven, y en una
convivencia de tres días, preparan la comunidad para el
primer escrutinio para el paso al catecumenado. En este
escrutinio, en la presencia del Obispo, la primera parte del
Bautismo se pone ante la persona, de forma que puedan
decir "Amén" y así la gracia que este sacramento otorga
en ellos pueda crecer y desarrollarse. Por tanto, la puerta
del catecumenado se abre para ellos.
Segunda etapa: el Catecumenado post-bautismal
El catecumenado consiste en dos períodos. Durante el
primero, la comunidad persevera con la Palabra, la
Eucaristía y la comunión entre los hermanos,
experimentando el poder de Cristo, dirigiendo el
Neocatecumenado a poner a Dios como el centro de sus
vidas, gradualmente desnudándose ellos mismos, pero sin
esfuerzo, de todos los ídolos (dinero, carrera, afectos)
mientras continúan vigilando como vírgenes en espera del
novio. Después de otro año, los catequistas vuelven para
preparar el escrutinio para la entrada final en el
catecumenado, de forma que si el primer escrutinio se
podía comparar con una puerta que se abre, en el
segundo escrutinio las puertas de cierran. Los
catecúmenos son ahora iniciados por los catequistas en
una oración individual, diaria y profunda, con la entrega de
los salmos. Entonces, a través de la Traditio y la Reditio
Symboli, descubren como el Bautismo que se les dio una
vez en la Iglesia, los convierte en personas enviadas,
testigos de su fe allí donde trabajan, en sus familias y
sobre todo trabajando en la parroquia en un apostolado
hecho explícitamente en el anuncio del Evangelio, de dos
en dos, por todas las casas de su vecindario, y en el
trabajo como catequistas de la parroquia, etc.
En esta etapa del Camino, los miembros de la
comunidad se vuelven responsables de transmitir la fe a
sus hijos. Por tanto, tres tipos de actividades tienen lugar:
primero en la familia, con la participación de los hijos,
segundo en la comunidad y finalmente hay encuentros de
todas las comunidades parroquiales con motivo de las
grandes fiestas, como la Vigilia de Pascua. Hemos
descubierto que la alegría mayor y el centro de nuestra
vida está en la celebración de Pascua, en una gran vigilia
que dura hasta el amanecer.
Después de esto, el descubrimiento de cómo el
Bautismo nos hace hijos de Dios, tiene lugar a través del
redescubrimiento y el estudio del Padre Nuestro en el
contexto de una oración maravillosa y profunda, en la cual
se nos enseña a gritar "¡Abba, Padre!"
Tercera etapa: Elección y renovación de las
promesas bautismales
El período del catecumenado post-bautismal lleva a los
catecúmenos a la simplicidad, a hacerse ellos mismos
pequeños, abandonarse a la voluntad del Padre. Esto los
permitirá -siempre guiados por los catequistas en unión
cercana con el párroco- a pasar, por medio de este
abandono, a una espiritualidad de alabanza y acción de
gracias. Están entonces listos para empezar la última
etapa del Camino: la elección y la renovación de las
promesas bautismales. Por tanto, han pasado a través de
las tres etapas fundamentales de la vida cristiana:
humildad (precatecumenado), simplicidad (catecumenado
post-bautismal) y alabanza (elección y renovación de las
promesas bautismales).
La Familia de Nazaret: imagen del Camino
Neocatecumenal
Nicodemo preguntó a Jesús: "¿Cómo puede un hombre
nacer de nuevo si ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por
seguna vez en el seno de su madre y nacer?" (Jn 3,4).
Esta frase ilustra el espíritu de las Comunidades
Neocatecumenales, volver al seno de la Iglesia, volver a
nuestra Madre, la Virgen, de forma que ella regenere en
nosotros la semilla que llevamos dentro por el Bautismo, y
hacer que esta semilla crezca.
Llamamos a este tiempo de gestación y crecimiento, el
Neocatecumenado. María, la imagen de la Iglesia y de
cada cristiano, recibe el anuncio de una buena noticia: el
Mesías nacerá en ti. Después de que ella aceptó estas
palabras, el Espíritu Santo la cubrió con su sombra y dio
comienzo la gestación de una nueva criatura: Jesucristo,
quien gradualmente se formará hasta el día de su
nacimiento en Belén. Anuncio, gestación, nacimiento y vida
escondida en la pequeña comunidad de Nazaret donde el
niño crecerá hasta que alcance la edad en que pueda
tomar la misión que su Padre le había confiado: estas son
las etapas a través de las cuales nosotros mismos también
deseamos pasar, convencidos de que, a través de ellas, la
Iglesia puede ser renovada, para dar una respuesta a los
nuevos tiempos y servir al mundo moderno.
Cristo, quién ha sido constituido por Dios espíritu dador
de vida, el primer nacido de una nueva creación, hace su
obra de salvación accesible al mundo en el Koinomia, en el
Agape de la gente que ha resucitado por Él en una Iglesia,
una comunidad de personas quienes se aman unos a
otros porque el Espíritu se ha derramado sobre ellos, el
Espíritu Santo.
El Neocatecumenado se presenta a sí mismo como un
período de gestación, en el seno de la Iglesia. En estas
personas quienes, como María, dicen su "Así sea" al
anuncio del Salvador, la Palabra empieza a generar una
nueva creación, la obra del Espíritu Santo.
La Iglesia se presenta como una Madre que engendra,
da nacimiento y cuida de sus hijos hasta que ellos
alcanzan la estatura de un nuevo hombre, de quien San
Pablo dice: "Ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive
en mí" (Gal, 2,20).
Y esta comunidad, en la cual Cristo se hace visible, vive
en humildad, simplicidad y alabanza, como la Sagrada
Familia de Nazaret, conscientes de que tienen una misión;
dar tiempo a Cristo para que nazca en ella, para poder
realizar la misión confiada a Él por Dios, la misión del
Siervo de Yahveh.
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2.
EL PAPA JUAN PABLO II,
Al venerado hermano monseñor
PAUL JOSEF CORDES
Encargado "ad personam"
del apostolado de las comunidades neocatecumenales
Siempre que el Espíritu hace germinar en la Iglesia
impulsos de una mayor fidelidad al evangelio, florecen
nuevos carismas que manifiestan tal realidad y nuevas
instituciones que la ponen en práctica. Así ha sucedido
después del concilio de Trento y después del concilio
Vaticano II.
Entre las realidades suscitadas por el Espíritu en
nuestros días figuran las comunidades neocatecumenales,
iniciadas por el señor K. Argüello y por la señora C.
Hernández (Madrid, España), cuya eficacia para la
renovación de la vida cristiana era acogida por mi
predecesor Pablo VI como fruto del Concilio: "Cuánta
alegría y cuánta esperanza nos dais con vuestra presencia
y con vuestra actividad... Vivir y promover este despertar
es lo que vosotros llamáis una forma de después del
bautismo que podrá renovar, en las actuales comunidades
cristianas, aquellos efectos de madurez y de
profundización que en la Iglesia primitiva se realizaban
gracias al período de preparación al bautismo" (Pablo VI a
las comunidades neocatecumenales, audiencia general, 8
de mayo de 1974, en Notitiae 96 [1974] 230).
También yo, en los numerosos encuentros que he
tenido como obispo de Roma, en las parroquias romanas,
con las comunidades neocatecumenales y con sus
pastores, y en mis viajes apostólicos a muchas naciones,
he podido constatar copiosos frutos de conversión
personal y un fecundo impulso misionero.
Tales comunidades hacen visible en las parroquias el
signo de la Iglesia misionera y "se esfuerzan por abrir el
camino a la evangelización de aquellos que casi han
abandonado la vida cristiana, ofreciéndoles un itinerario
de tipo catecumenal, que recorre todas aquellas fases que
en la Iglesia primitiva recorrían los catecúmenos antes de
recibir el sacramento del bautismo; les acerca de nuevo a
la Iglesia y a Cristo" (cf Catecumenato postbattesimale en
Notitiae 96 [1974] 229). Es el anuncio del evangelio, el
testimonio en pequeñas comunidades y la celebración
eucarística en grupos (cf Notificazione sulle celebrazioni
nei gruppi del "Camino neocatecumenale" en
L'Obsservatore Romano, 24 de diciembre de 1988) lo que
permite a sus miembros ponerse al servicio de la
renovación de la Iglesia.
Numerosos hermanos en el episcopado han reconocido
los frutos de este Camino. Quiero limitarme a recordar al
entonces arzobispo de Madrid, monseñor Casimiro
Morcillo, en cuya diócesis y bajo cuyo gobierno han
nacido, en el año 1964, las comunidades
neocatecumenales que acogió con tanto amor.
Después de más de veinte años de vida de las
comunidades, difundidas en los cinco continentes,
- teniendo en cuenta la nueva vitalidad que anima a las
parroquias, el impulso misionero y los frutos de conversión
que brotan del testimonio de los itinerantes y, últimamente,
de la obra de las familias que evangelizan en zonas
descristianizadas de Europa y del mundo entero;
- considerando las vocaciones a la vida religiosa y al
presbiterado de este Camino y el nacimiento de colegios
diocesanos de formación al presbiterado para la nueva
evangelización, como el Redemptoris Mater de Roma;
- habiendo visto la documentación por Vd. presentada:
acogiendo a la petición que se me ha dirigido,
reconozco el Camino neocatecumenal como un itinerario
de formación católica, válida para la sociedad y para los
tiempos de hoy.
Deseo vivamente, por tanto, que los hermanos en el
episcopado valoricen y ayuden -junto con sus presbíteros-
a esta obra para la nueva evangelización, para que se
realice según las líneas propuestas por los iniciadores, en
espíritu de servicio al Ordinario del lugar y en comunión
con él, y en el contexto de la unidad de la Iglesia particular
con la Iglesia universal.
En prenda de este vivo deseo, imparto a Vd. y a cuantos
pertenecen a las comunidades neocatecumenales, mi
bendición apostólica.
Desde el Vaticano, a 30 de agosto de 1990, XII de
pontificado
JUAN PABLO II
...............................
3. EL PAPA PABLO VI, A LAS COMUNIDADES
NEOCATECUMENALES
Alocución de Su Santidad el Papa Pablo VI "Después del
Bautismo" en la audiencia del día 12 de enero de 1977.
(Hemos transcrito sólo la parte final, de la grabación
original. El discurso entero ha sido publicado en el
"Observatore Romano", del 13-1-77.)
... La palabra "catecumenado" hace referencia al
Bautismo. Catecumenado era el período de preparación al
bautismo. Ahora, no tiene ya, por lo menos difusiva y
didácticamente, este desarrollo. Entonces estos dicen:
"bien, lo haremos después del Bautismo". No ha sido
suficiente la gracia santificante. Es más: la gracia
santificante no ha hecho más que encender un fuego, que
debe ser después luz, que se propaga durante la vida.
San Agustín hace una referencia a esto: "¿No podemos
anticipar? Hagamos después el Catecumenado", es decir,
la instrucción, la educación, la madurez, todo el arte
educativo de la Iglesia, después del Bautismo. El
Sacramento de la regeneración cristiana, el cual debe
volver a ser, lo que era en la conciencia y en la costumbre
de las primeras generaciones del cristianismo.
La praxis, la práctica ¿no es verdad?, que es norma de
la Iglesia, introdujo la santa costumbre de dar el Bautismo
a los recién nacidos. ¿Qué instrucción tienen? He aquí
que es necesario el padrino que suple, yo diría habla en
nombre del bautizado. Pero el bautizado no saca ningún
provecho de esta atestación, que el padrino da al
sacerdote, dejando que el rito bautismal concentrase
litúrgicamente -en efecto la liturgia todavía conserva
vestigios de esta iniciación preparatoria- la preparación
que, en los primeros tiempos, cuando la sociedad era
profundamente paganam precedía al Bautismo y que se
llamaba "catecumenado". Más tarde la Iglesia concentró
este período. ¿Por qué? Porque las familias eran todas
católicas, eran todas buenas, todas cristianas; la sociedad,
en el fondo, estaba orientada cristianamente: aprenderán,
decía, a lo largo del camino.
Pero ahora que la sociedad ya no es uniforme,
homogénea, sino que es pluralista, es más, está toda ella
llena de contradicciones y de obstáculos al Evangelio en sí
mismo, en el ambiente social de hoy, es necesario que
este método sea integrado por una instrucción, por una
iniciación posterior, como decía, al estilo de vida propio del
cristiano que debe ser hecha después del Bautismo.
Este es el secreto de vuestra fórmula. Es decir: dar una
asistencia religiosa, conferir una preparación práctica a la
fidelidad cristiana y realizar una inserción efectiva en la
comunidad de los creyentes, que es la Iglesia, después de
que uno ya ha entrado, efectiva y sobrenaturalmente, en
la Iglesia. Ha sido como una semilla, que no ha tenido
todavía el bien de desarrollarse.
He aquí, pues, el renacer de la palabra "catecumenado",
que, ciertamente, no quiere invalidar ni disminuir, la
importancia de la disciplina bautismal vigente, sino que
quiere aplicar con un método de evangelización gradual e
intensivo, que recuerda y renueva, en cierto modo, el
catecumenado de otros tiempos. El que ha sido bautizado
necesita comprender, pensar de nuevo, apreciar y decir
amén a la inestimable riqueza del Sacramento recibido.
Y Nos sentimos la alegría de ver, que esta necesidad es
comprendida hoy por las estructuras eclesiásticas
institucionales, las parroquias y las diócesis
especialmente, y después todas las otras de las familias
religiosas. En este campo estructural, como he dicho, son
fundamentales las parroquias.
Se proyecta así una catequesis posterior a la que el
Bautismo no tuvo: "La pastoral de los adultos", que, como
hoy se dice, viene delineando y crea nuevos métodos y
nuevos programas. Además nuevos ministerios -¡cuánta
necesidad de quien asista!: He aquí los catequistas; he
aquí las mismas religiosas; he aquí las familias, que se
convierten, también ellas, en maestras de esta
Evangelización posterior al Bautismo-, "La pastoral de los
adultos", como hoy se dice, viene delineando y crea
nuevos métodos y nuevos programas y además nuevos
misterios subsidiarios, que sostienen la exigente ayuda
hoy al sacerdote y al diácono en la enseñanza y en la
participación de la liturgia; formas nuevas de caridad, de
cultura y de solidaridad social hacen crecer la vitalidad de
las comunidades cristianas, y hacen, frente al mundo, la
defensa, la apología y la atracción.
Tanta gente se polariza hacia estas comunidades
neocatecumenales, porque ve que en ellas hay una
sinceridad, una verdad, hay algo vivo y auténtico, es
Cristo, que vive en el mundo. Que esto suceda con
nuestra bendición apostólica.
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4.
Los neocatecumenales extienden su camino por el
mundo
El Camino Neocatecumenal es una de las realidades
apostólicas más fértiles de la Iglesia. Desde que se puso
en marcha, de la mano de Kiko Argüello y Carmen
Hernández, en el barrio de chabolas de las Palomeras
madrileñas, se ha extendido por todo el mundo con una
rapidez que sólo la asistencia del Espíritu puede explicar.
Así lo ha reconocido la Iglesia, con una carta de Juan
Pablo II llena de elogios para esta experiencia. Así se pone
también de manifiesto en el creciente y espectacular
número de vocaciones sacerdotales que nacen
continuamente en su seno.
El Camino Neocatecumenal se inició en Madrid, en
1964, entre los chabolistas de Palomeras altas.
Allí Kiko Argüello y Carmen Hernández fueron llamados
por el Señor a vivir su cristianismo en medio de los pobres,
compartiendo existencialmente la vida de aquellos que,
en su miseria, soportan las consecuencias del pecado en
nuestra sociedad. Se encontraron pues requeridos por las
mismas personas con las cuales vivían a anunciar la
buena noticia de nuestro Salvador Jesucristo.
Esta palabra, que nacía débil y balbuciente por la
dificultad que comporta anunciar el Evangelio a gente sin
cultura ni educación de ningún tipo, comenzó a
concretarse en una síntesis catequética: un -kerigma-
potente que, en la medida en que descendía sobre los
pobres, realizaba el nacimiento de una realidad nueva: la
-koinonía-.
El entonces arzobispo de Madrid, monseñor Casimiro
Morcillo, dió un gran impulso a la experiencia que se
difundió rápidamente por las parroquias de Madrid y de
otras ciudades de España. Ahora, más de treinta años
después, se encuentra también profusamente extendida
por el resto del mundo.
Kiko Argüello dice que necesitamos redescubrir en
nuestra epoca una fe radical porque el mundo está sordo
y necesita una palabra que indique el sentido de la vida.
Nosotros tenemos la palabra del Evangelio que es la luz
del mundo.
Las tres etapas fundamentales de la vida cristiana se
corresponden con las tres fases de formación que
comprende actualmente el Camino Neocatecumenal:
humildad (precatecumenado); simplicidad (catecumenado
posbautismal) y alabanza (elección y renovación de las
promesas bautismales).
La primera finalidad del neocatecumenado o iniciación a
la fe es la formación de la comunidad y esta nace en la
parroquia.
La mayor parte de los cristianos tradicionales -dice el
Camino Neocatecumenal- viven hoy su fe en una
dimensión infantil, como lo demuestra el divorcio evidente
entre religión y vida. Por eso es absolutamente necesario
un proceso serio de conversión que se realice en la vida
diaria.
Mediante el amor y la unidad de estas comunidades
toda la parroquia es llamada a la conversión. De esta
forma ha comenzado a aparecer una nueva estructura
parroquial, que sin destruir la ya existente, va haciendo
conscientes a todos los hermanos de la necesidad
absoluta, hoy, de profundizar en la fe.
La primera fase del Camino es el Kerigma, anuncio de la
salvación. Las catequesis se basan en el trípode: Palabra,
Liturgia, Comunidad.
Una vez que se ha formado la comunidad comienza la
segunda fase: el precatecumenado. Este es un período de
Kenosis en el cual las personas verifican su fe caminando
junto a otras personas. El catecumenado se desarrolla en
dos períodos, durante el primero la comunidad,
perseverando en la palabra, en la Eucaristía y en la
comunión fraterna experimenta la potencia de Cristo que
lleva a los catecúmenos a poner a Dios en el centro de la
propia vida.
Casi un año después los catequistas vuelven para
preparar el escrutinio del paso definitivo al catecumenado
de modo que el primer escrutinio es como una puerta que
se abre y que se cierra en el segundo. Después los
catecúmenos son iniciados por los catequistas en una
oración individual y cotidiana con los salmos.
Luego, mediante la tradicio y la redditio symboli
descubren que el bautismo que un día les confirió la
Iglesia los ha enviado, dando testimonio de su fe en el
ambiente de trabajo, en la familia y sobre todo, trabajando
en la parroquia en un apostolado específico como es el
anuncio del Evangelio, de dos en dos por las casas del
barrio; en la catequesis parroquial etc.
En ese momento del Camino las personas se hacen
responsables de transmitir la fe a sus hijos y por eso se
hacen tres tipos de reuniones: una en familia con la
participación de los hijos, otra en comunidad y otra de toda
la comunidad de la parroquia en las grandes fiestas como
en la Vigilia Pascual.
La tercera fase es la elección y la renovación de las
promesas bautismales.
La familia de Nazaret es la imagen de las comunidades
neocatecumenales. La comunidad en la cual Cristo se
hace visible vive en humildad, simplicidad y alabanza como
la Sagrada Familia de Nazaret, consciente de tener un
objetivo: dar tiempo para que Cristo nazca en ella para
cumplir la misión confiada por Dios, la de siervo de Yavé
que redime al mundo.
_ABC/DIARIO - Domingo, 14 de Abril de 1996
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5. EL NEOCATECUMENADO/QUE-ES
No es un grupo espontáneo, ni una asociación; no es un
movimiento de espiritualidad, ni un grupo selecto dentro de
la parroquia. Es un camino vivido en régimen de pequeñas
comunidades formado por personas de edad, condición
social, mentalidad y cultura diferentes, que dentro de la
actual estructura de la parroquia y en comunión con el
Obispo, reviven en plenitid su bautismo.
Nace del anuncio de la BUENA NOTICIA, que es CRISTO
vencedor en nosotros de la muerte y del pecado; anuncio
llevado, de acuerdo con el párroco, por un equipo de
catequistas de otra comunidad, que va más adelante en el
camino.
Después del anuncio, que se hace durante dos meses
de catequesis, la comunidad inicia su camino
neocatecumenal, en el que se revive el bautismo en
diferentes etapas, semejante al de la iglesia primitiva. La
vida de la comunidad, durante todo el camino, se basa en
la escucha de la PALABRA, en la LITURGIA y en la
CARIDAD FRATERNA.
Así, estas pequeñas comunidades abren en la parroquia
un camino de conversión, para todos aquellos que quieran
pasar de una fe infantil a una fe adulta. A la luz del
Concilio Ecuménico Vaticano II, el neocatecumenado
aparece como un camino concreto para edificar la Iglesia
en pequeñas comunidades, para que sean, en el mundo,
el CUERPO VISIBLE DE CRISTO RESUCITADO.
No se impone, siente el deber de no destruir nada, de
respetar todo, presentando el fruto de una Iglesia que se
renueva a si misma y que dice a sus mayores que han sido
fecundos, porque de ellos ha nacido.
Es una respuesta concreta a la necesidad de
evangelización hoy en la parroquia y en la diócesis. Lleva
adelante esta misión, viviendo el camino neocatecumenal
en la total obediencia a la comunidad madre, para dar en
el interior de la parroquia los signos de la fe: el AMOR en
la dimensión de la Cruz y la perfecta UNIDAD (Jn 13, 35;
17,21).
En la medida que la comunidad da estos signos, llama a
los hombres a conversión. Y sucede así que la comunidad
que surge se hace ella misma anunciadora de la BUENA
NUEVA y de ella nacen nuevas comunidades.
N.B.: DOCUMENTO redactado por los párrocos y
responsables de las primeras parroquias de Roma,
reunidas en convivencia en el año 1972.