SÁBADO DE LA SEMANA 34ª DEL TIEMPO ORDINARIO
1.- Dn 7, 15-27
1-1.
Continuación de la lectura de ayer. Gigantesca lucha entre las fuerzas del Bien y las fuerzas del Mal que verá el triunfo de los Santos contra las bestias malhechoras.
Se trata del anuncio del "Mesías", todos los exegetas afirman unánimemente este punto. Pero se trata sobre todo de una interpretación «religiosa» de toda la Historia Humana: De hecho a «toda época» -también la nuestra-, puede aplicársele esta gran visión. Daniel la aplicaba a los «grandes Imperios» de su tiempo... san Juan, en su Apocalipsis, la aplicará a las condiciones de su tiempo, a la época de Nerón... En cuanto a nosotros, ¿somos capaces de «esta visión»? Daniel fue el primero en considerar la historia mundial como una preparación del «reino de Dios», y a soldar las esperanzas humanas con la aurora de una Esperanza eterna. El combate de la «santidad», aquí abajo, conduce al hombre hasta el umbral de la eternidad de Dios. El «tiempo» coexiste con la «eternidad».
-Los que finalmente recibirán la realeza, son los santos del Altísimo.
¡Ah, Señor! ¡Qué divina revolución! Los «santos», en lugar de Antíoco o de Nerón o de Hitler... ¡De ningún modo una realeza del mismo género de la de éstos!
En el plan de Dios, un «Pueblo de Santos» recibirá la realeza conferida al «Hijo del hombre».
Y san Pedro dirá a sus fieles de Roma del tiempo de Nerón «que ellos son un pueblo sacerdotal, Pueblo de reyes, Asamblea de Santos, Pueblo de Dios».
A medida que Cristo «reúne» a los hombres en la Iglesia, los asocia a la responsabilidad que El tiene para realizar el proyecto de Dios sobre la humanidad (Epístola de san Pedro 2, 4-10).
Señor, ¿qué puedo hacer para mantener en mí esta «visión»? Señor, ¿cómo esperas que participe yo en tu proyecto? ¡Señor, me siento tan poco «santo»! ¡Me siento tan pobre!
¿Cómo te atreves a asociarme a tu obra. a tu responsabilidad? Santidad no es sinónimo de aureola excepcional.
-Esta «bestia», este rey... Pronunciará palabras hostiles al Altísimo y pondrá a prueba a los santos del Altísimo... Los santos serán entregados a su poder por un tiempo y tiempos y medio tiempo...
La santidad es un «combate».
La historia es una historia accidentada y tumultuosa.
Los «triunfos de Dios» no son muy aparentes y a menudo quedan escondidos bajo el triunfo monstruoso de las fuerzas del mal. Las épocas de «mártires» lo saben bien. La época de los Macabeos, la época de Daniel, lo sabían.
Todavía Hoy, las «apariencias» son en contra de Dios... ¡«por un tiempo»! porque se nos ha prometido que ese triunfo del mal no durará.
-Pero el tribunal se sentará, y el dominio le será quitado... Y será dado al «Pueblo de los santos, del Altísimo» para una realeza eterna...
¡Jesús, santo de Dios!
Tú que te declaraste «Hijo del hombre», te comprometiste totalmente en ese combate contra el mal. Tú no has reinado humanamente, has sido humilde, paciente, santo, santo, santo ante Dios, terrible ante los demonios, sin pecado alguno.
Todas las apariencias estaban contra Jesús. Sin embargo «Yo soy Rey».
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 5
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑO IMPARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 414 s.
2.- Ap 22, 1-7
2-1.
He ahí la última página de la Biblia, de la revelación que Dios quiere hacernos: es la repetición de la primera página, es el nuevo comienzo del «Génesis», el paraíso encontrado de nuevo, el proyecto de Dios realizado al fin, la «vida que discurre como un río»... «el árbol de vida que da sus frutos»... la luz sin ocaso... Adán y Eva, tal como Dios los había querido desde el principio... ¡el éxito de la creación!
-El ángel me mostró el «río de agua de vida», límpida como el cristal, que brotaba del trono de Dios.
Símbolo claro: ¡«el agua»! ¡«un río de agua límpida» que da la vida!
He ahí lo que proviene de Dios... el gran río de la vida... evoco los millones de billones de billones de seres vivientes que vienen de Dios.
Y el «agua» del bautismo es el signo de Dios, el signo de la «vida de Dios» dada a los hombres. Bautizar a un niño es introducirlo en este gran río vivificante, es meter en su ser, el Ser mismo de Dios. Es vincular, por medio de un nuevo cordón umbilical, ese hatillo de vida humana a la misma sangre y vida de Dios... para que ¡la vida divina quede allí «injertada»! una vida eterna.
-En cada margen del río hay «árboles de vida» que fructifican doce veces, una vez cada mes.
Todas las bellezas naturales son utilizadas como bellas imágenes para tratar de revelarnos el cielo. Primero el «río de vida», ahora, el «árbol de vida». Evoco, de entre mis recuerdos, árboles cargados de frutos: cerezas, manzanas, naranjas, racimos de uvas...
De modo manifiesto es el nuevo comienzo del paraíso terrenal: Adán no había podido comer del árbol de la vida... Jesús, nuevo Adán, nos conduce a él, vuelve a introducirnos en el jardín maravilloso. Pero, ¡cuidado! son imágenes, son símbolos que hay que utilizar con todas sus resonancias afectivas e imaginativas, sin materializarlas. Imágenes de abundancia: ¡frutos doce veces al año! ¡doce cosechas del mismo árbol! Imágenes de saciedad: las frutas son alimento escogido y agradable.
-No habrá más maldición... El trono de Dios y el Cordero estará en la ciudad... Los siervos de Dios le adorarán, verán su rostro y llevarán su nombre en la frente...
He ahí otras imágenes menos materiales que se añaden a las precedentes. Todo esto supera todo comentario.
¡"Estar cara a cara" con Dios! ¡Ver a Dios!
-Ya no habrá noche, porque el Señor Dios derramará sobre ellos su luz.
Una imagen, todavía: una imagen de alegría.
-Estas palabras son ciertas y verdaderas... Es el Señor quien inspira a sus profetas y ha enviado a su ángel para manifestar a sus siervos lo que ha de suceder pronto. Mira, ¡vengo pronto! Dichoso el que guarda las palabras proféticas de este libro.
Quiero ver a Dios. ¡Oh! Ven, Señor Jesús.
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 4
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑOS PARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág. 414 s.
2-2. /Ap/22/01-09
El último cuadro de la visión describe la vida de los escogidos de Dios y con Dios.
Estamos en la última página de la Biblia y, de forma sintomática, las imágenes de este fragmento apuntan a la narración del paraíso del libro del Génesis, a la primera creación, como si se quisiese encontrar un paralelismo entre el «paraíso perdido» y el "paraíso reencontrado" («los cielos nuevos y la tierra nueva»).
Dios y el Cordero son, indudablemente, los personajes centrales del Apocalipsis.
Presentados por separado (cc. 4 y 5), van identificándose cada vez más. El último capítulo marca el punto álgido del proceso: la expresión "el trono de Dios y del Cordero" manifiesta la intimidad misteriosa de ambos. Si desde el principio Dios era «el Sentado en el trono», ahora, al sentarse también allí el Cordero, aparece evidente su condición divina. Sin embargo, hay que subrayar que, en el proceso de acercamiento, la figura del Cordero no se diluye -mantiene su diversidad con el Padre- ni le está subordinada -mantiene su unidad con el.
De ambos, en cuanto manantial de toda vida, proviene el agua que vivifica a los habitantes de la ciudad, la fuerza dinámica del Espíritu que se derrama sobre la nueva Jerusalén. Sus ciudadanos saborean los frutos inagotables del árbol, cuyas hojas ofrecen remedio salvador: el Dios de vida, Señor de la ciudad, da alimento seguro a los habitantes.
Por eso, porque todo está lleno de la vida de Dios, no hay lugar para el mal (ni en el hombre ni fuera de él) ni para maldición alguna (como la que cayó sobre Adán y Eva).
El anhelo de profetas y justos de todos los tiempos, el contacto personal y directo con el Señor, se ve realizado en la Jerusalén celestial: el «contemplar a Dios cara a cara» es la felicidad inacabable. Pretender saber el cómo y el qué de la nueva vida es tarea imposible.
Lo único que el texto afirma claramente es la participación plena en la misma vida de Dios, una liturgia perfecta de adoración, alabanza y acción de gracias.
La promesa divina (5) clausura toda revelación, propiamente dicha, a Juan. El mensaje profético ha sido anunciado, ahora ha de ser vivido. Dichoso el que guarda sus palabras, el que actúa según las enseñanzas recibidas en este libro. Porque las palabras proféticas, inspiradas por Dios a través del ángel mediador no sólo se proyectan hacia el futuro, sino que se enraizan en el presente, en la praxis actual de la comunidad de creyentes. El v 6, paralelo con el que abre el Apocalipsis, sitúa el alcance profético del libro: Jesucristo, consolador de los que esperan en su próxima venida.
A. PUIG
LA BIBLIA DIA A DIA
Comentario exegético a las lecturas de la Liturgia de las
Horas
Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981.Pág. 613 s.
3.- Lc 21, 34-36
3-1.
Ver paralelo Mt 24, 37-44
3-2.
Si "el fin del mundo" es para hoy, si el Hijo del hombre ejerce su juicio en la historia, la exhortación a la vigilancia adquiere aún mayor peso. "Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis de todo lo que está por venir". En el contexto del discurso, colocado inmediatamente antes de los relatos de la pasión y de la resurrección, esta fórmula designa con claridad la pasión del Hijo del hombre, en la que se verán complicados también los discípulos, lo quieran o no. Por tanto, esta exhortación va dirigida a animarlos en unos momentos en que se ven brutalmente situados ante el misterio de la cruz.
Pero Lucas piensa también en sus lectores, en los de hoy y en los de mañana. Situados ante los misterios de la existencia, ¿no sentirán la tentación de abandonarlo todo? Será entonces cuando habrán de recordar que los tiempos del Reino se han cumplido ya, que "nuestras historias son un signo y un testimonio de una venida que los ilumina desde dentro, y que lo que a una mirada poco atenta puede parecer un otoño triste y siniestro, para el creyente está enraizado en la oración, como una primavera totalmente llena de la venida del Hijo del hombre" (Ph. Bossuyt).
DIOS CADA DIA
SIGUIENDO EL LECCIONARIO FERIAL
SEMANAS XXII-XXXIV
T.O. EVANG.DE LUCAS
SAL TERRAE/SANTANDER 1990.Pág.
224 s.
3-2.
Jesús acaba de anunciar la «venida del Hijo del hombre» sobre las nubes del cielo...
Acaba de decir que el «Reino de Dios está cerca», como lo está el verano cuando los árboles han brotado...
Para esta espera, continúa dando consejos a sus amigos.
-Andaos con cuidado que no se os embote la mente ni el corazón...
Después de los consejos de esperanza y de confianza, hay ahí uno de vigilancia.
No dejarse sorprender, por esas «venidas» de Jesús... sobre todo por la última.
Permanecer «ágil», no embotarse. Permanecer siempre dispuestos a partir.
-Que no os entorpezcan la comida, ni la bebida, ni los agobios de la vida.
Sabemos que un excesivo apego a los placeres, ¡entorpece la mente y el corazón!
Cuando buscamos disfrutar con exceso de esta vida, nos olvidamos de «aquel día».
-Y venga aquel día de improviso sobre nosotros como un lazo.
Porque caerá sobre todos los que habitan la faz de la tierra.
El «día» del juicio viene de improviso.
Cada segundo muere alguien... sobre toda la tierra mueren decenas de millares.
No sé cuantos segundos me quedan.
El juicio que cayó sobre Jerusalén debe servirnos de advertencia. Es el símbolo del juicio que caerá sobre la tierra entera.
-Velad pues, y orad... en todo momento.
Sí, Jesús, Tú aconsejabas a tus amigos que no cesasen jamás de «orar».
Y san Pablo lo repetía a sus fieles (2 Ts 1, 11; Flp 1, 4; Rm 1, 10; Col 1, 3; Filemón, 4). «Pedimos continuamente... En la oración que sin cesar le dirigimos... Continuamente te menciono en mis oraciones...»
Hay que repetirse a sí mismo esos consejos apremiantes de Jesús: esperanza... confianza... certeza... vigilancia... sobriedad... disponibilidad... oración... puesto que nadie sabe la hora.
-Para tener fuerza para escapar de todo lo que va a venir...
Esta es la señal de que hay, de todos modos, algo temible, en «aquel día».
La confianza, el gozo, la esperanza... no son sinónimo de seguridad engañosa. Hay que estar alerta, un peligro amenaza, hay que estar a punto de escapar.
-Y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre...
He aquí la última frase del último discurso de Jesús antes de su Pasión. «¡Velad y orad, para presentaros con seguridad delante del Hijo del hombre!» Jesús va a llegar pronto a su «fin» por el sufrimiento. Pero El se ve, Hijo del Hombre, glorioso viniendo de nuevo «sentado a la diestra de Dios», como lo dirá dentro de unos días delante del Gran Consejo (Lucas 22, 69)
Será el Hijo del Hombre quien tendrá la última palabra.
Y, si velamos y oramos... podremos presentarnos delante de El con seguridad.
¡Ven, Señor!
NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 2
EVANG. DE PENTECOSTÉS A ADVIENTO
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 306 s.
3-3.
1. (Año I) Daniel 7,15-27
a) Continúa la visión que empezamos a leer ayer: a Daniel le preocupa saber el sentido de las cuatro bestias, sobre todo la cuarta, la última, la más terrible, que parece que lucha contra los santos y los derrota.
Recordemos, una vez más, que el libro está escrito para que lo lean los que sufren la persecución de Antíoco, en tiempos de los Macabeos, en el siglo II antes de Cristo. El último rey, que blasfema y es cruel y se deshace de los que le estorban, sólo durará "un año, otro año, y otro año y medio", o sea, tres años y medio, la mitad de siete, la mitad del número perfecto, por tanto, un número malo, fatal para él. Entonces el Altísimo lo aniquilará totalmente, "y el poder real será entregado al pueblo de los santos, y será un reino eterno".
b) La lección es clara: el autor quiere dar ánimos, infundir esperanza, para que nadie crea que la última palabra la va a tener ese Antíoco que ha querido "aniquilar a los santos y cambiar el calendario y la ley". Antíoco prohibió la celebración del sábado y las fiestas judías, e impuso un calendario helénico, pagano. Era un símbolo de la paganización de las costumbres. De ahí la reacción de muchos judíos que quisieron mantenerse fieles a la fe de sus mayores.
Lo importante es que Dios sale victorioso en la lucha contra el mal. Y los que han sido fieles, reciben la corona de la gloria. Son palabras de ánimo también para los cristianos que estamos intentando seguir los caminos de Dios en medio de las tentaciones que nos vienen de fuera y de dentro. Incorporados a Cristo Jesús, el Vencedor del mal.
1. (Año II) Apocalipsis 22,1-7
a) La visión final del Apocalipsis sigue ofreciéndonos una escenografía triunfal, esperanzadora.
El trono de Dios, el Cordero delante, vencedor, un río de agua viva que brota del trono (el Espíritu Santo: cf. Jn 7,37-39), el árbol de la vida que da doce cosechas al año y cuyas hojas son medicinales. Allí no hay noche ni oscuridad, todo es luz, y los salvados por Cristo gozarán de alegría perpetua, y le prestarán servicio, "y lo verán cara a cara y llevarán su nombre en la frente".
b) Es como el retorno al paraíso terrenal. La última página de la Biblia -y, para nosotros, de este Año Litúrgico- es un calco de la primera, de la visión idílica del Génesis hasta que entró el pecado en el mundo.
Terminamos el ciclo de este año con una página tan luminosa. Lástima que no hayan añadido en el Leccionario -lo podemos hacer nosotros- los últimos versículos de este libro del Apocalipsis: "El Espíritu y la Novia (el Espíritu presente en la Iglesia, la esposa de Cristo) dicen: ¡Ven! Y el que oiga, diga: ¡ ven! Y el que tenga sed, que se acerque, y el que quiera, reciba gratis agua de vida... Y el que da testimonio de todo esto (Cristo Jesús) dice: sí, vengo pronto. Amén. Ven, Señor Jesús. Que la gracia del Señor Jesús sea con todos. Amén".
Ya tenemos la puerta abierta para celebrar, desde mañana, con igual mirada profética, el Adviento. Nuestra oración y nuestro canto, hoy, es "Maranatha. Ven, Señor Jesús". Con una perspectiva llena de futuro: "Y lo verán cara a cara".
2. Lucas 21,34-36
a) Ultima recomendación de Jesús en su "discurso escatológico", último consejo del año litúrgico, que enlazará con los primeros del Adviento: "estad siempre despiertos".
Lo contrario del estar despiertos es que se "nos embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero". Y el medio para mantener en tensión nuestra espera es la oración: "pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir".
La consigna final es corta y expresiva: "manteneos en pie ante el Hijo del Hombre".
b) "Manteneos en pie ante el Hijo del Hombre".
Todos necesitamos un despertador, porque tendemos a dormirnos, a caer en la pereza, bloqueados por las preocupaciones de esta vida, y no tenemos siempre desplegada la antena hacia los valores del espíritu.
Estar de pie, ante Cristo, es estar en vela y en actitud de oración, mientras caminamos por este mundo y vamos realizando las mil tareas que nos encomienda la vida. No importa si la venida gloriosa de Jesús está próxima o no: para cada uno está siempre próxima, tanto pensando en nuestra muerte como en su venida diaria a nuestra existencia, en los sacramentos, en la Eucaristía, en la persona del prójimo, en los pequeños o grandes hechos de la vida.
Los cristianos tenemos memoria: miramos muchas veces al gran acontecimiento de hace dos mil años, la vida y la Pascua de Jesús. Tenemos un compromiso con el presente, porque lo vivimos con intensidad, dispuestos a llevar a cabo una gran tarea de evangelización y liberación. Pero tenemos también instinto profético, y miramos al futuro, la venida gloriosa del Señor y la plenitud de su Reino, que vamos construyendo animados por su Espíritu.
En la Eucaristía se concentran las tres direcciones, como nos dijo Pablo (1 Co 11,26): "cada vez que coméis este pan y bebéis este vino (momento privilegiado del "hoy"), proclamáis la muerte del Señor (el "ayer" de la Pascua) hasta que venga (el "mañana" de la manifestación del Señor)". Por eso aclamamos en el momento central de la Misa: "Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven, Señor Jesús".
"Los santos del Altísimo recibirán el reino y lo poseerán por los siglos de los siglos" (1ª lectura I)
"Y sus servidores lo verán cara a cara y llevarán su nombre en la frente" (1ª lectura II)
"Estad siempre despiertos y manteneos en pie ante el Hijo del Hombre" (evangelio)
J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 6
Tiempo Ordinario. Semanas 22-34
Barcelona 1997. Págs. 333-335
3-4.
Ap 22, 1-7: El trono de Dios es un mundo limpio y justo
Lc 21, 34-36: Estar preparados para el momento decisivo
El sistema vigente tiene muchos medios para atrapar a las personas en sus interminables juegos de manipulación. En la época de Jesús el alcoholismo, el afán de riqueza, la prostitución y los juegos de azar eran las grandes distracciones. El pueblo judío era muy celoso de sus leyes religiosas que no le permitían lo anterior, pero sucumbía ante las influencias de las culturas foráneas centradas en el culto al poder y el placer.
Posteriormente las comunidades primitivas, tuvieron que definir parámetros muy claros ante los vicios que propagaban las culturas grecorromanas. Estas tenían grandes valores, pero a la vez difundían una moral muy relajada.
El evangelio de hoy, pone en boca de Jesús un conjunto de advertencias que tratan de contrarrestar el efecto de los vicios que amenazaban la integridad de la comunidad. No se trata de una prédica moralista, sino de un llamado hacia una actitud ética consciente y responsable. El ser humano no puede ser libre si permanece atado a los vicios que le impone la cultura. El cristiano no puede estar atento a la presencia de su Señor si está envuelto en el marasmo de los antivalores que la sociedad promueve como ideal de vida. El cristiano necesita estar libre y despierto ante la realidad para dar una respuesta eficaz ante ella.
Por estas razones, el cristiano necesita cultivar una actitud orante que le permita estar despierto ante la realidad y descubrir los signos de los tiempos. La actitud ética del cristiano está encaminada a permitir una acción transparente de Dios en la humanidad. Pero, el cristiano debe cuidarse de no convertirse en juez de sus hermanos y congéneres, pues la actitud ética no está orientada al perfeccionismo moral sino al testimonio de Cristo.
Para que esto sea posible, el cristiano debe actuar y madurar en comunidad. Su iglesia es el referente de su acción. A ella debe acudir cuando duda o titubea, cuando pierde el rumbo o se confunde ante la ola ideológica que mantiene el sistema vigente. La actitud ética del cristiano es un compromiso personal vivido en comunidad.
SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO
3-5. CLARETIANOS 2002
Hoy termina el año litúrgico y recibimos en el
atardecer un nuevo año.
Traigo a tu memoria una parábola que nos invita a la vigilancia.
"Había una vez, en el tiempo en que el arte y la ciencia de la jardinería aún
eran ignorados entre los hombres, un maestro jardinero. Además de conocer todas
las cualidades de las plantas, sus valores nutritivos, medicinales y estéticos,
se le había dispensado el don de conocer la Hierba de la Longevidad y así vivió
durante muchos siglos. A través de sucesivas generaciones visitó y cultivó
jardines por todo el mundo. En un paraje cultivo un jardín maravilloso e
instruyó a sus ayudantes sobre el arte de la jardinería para que lo cuidaran y
conservaran. Pero al habituarse a observar que las plantas crecían y florecían
año tras año, olvidaron pronto las instrucciones recibidas del viejo jardinero,
que debían recoger las semillas cada año, que algunas especies se reproducían
por brotes, que otras necesitaban abundante agua, etc. El resultado fue que
finalmente el jardín se volvió salvaje y comenzaron a creer que era el mejor que
podía existir.
El problema de los jardineros, común a todos los hombres, es que son atraídos con demasiada facilidad por lo superficial. Dicen: "me gusta esa flor" y quieren que todos los demás sientan lo mismo... De tiempo en tiempo surgen verdaderos jardineros. Es tanta la abundancia de los pseudojardines que la gente, cuando oye de los verdaderos, dice: "Oh, sí, tú hablas de un jardín como el que nosotros tenemos, o imaginemos". Y es insuficiente tanto lo que tienen como lo que imaginan".
Juan recibe el regalo de la visión del río de agua viva que sale del trono de Dios y de Jesús el Cordero. Lo que baña no es maldito. Juan recibe la promesa de que en la ciudad de Dios sus servidores le verán cara a cara y llevarán su nombre en la frente. Ya no habrá más noche porque Dios será su luz. Al final del año, resuenan en nosotros las palabras de los primeros testigos que ansían nuestra presencia al proclamar: ¡Marana tha! Ven, Señor, Jesús.
También nosotros reconocemos que el Señor es un Dios grande. Deseamos entrar en su presencia y dar vítores a la roca que nos salva, porque Él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.
Pero en el mientras tanto de nuestro camino, mientras cuidamos el jardín de Dios admirando las flores más bellas, recordamos las palabras de Jesús: "Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir. Manteneos en pie ante el Hijo del Hombre". Cuida el jardín de tu vida, planta tus brotes, riégalos con el agua abundante de la Palabra. El Adviento es una magnífica oportunidad para ello, y tu jardín será verdadero.
Que tengas un buen año litúrgico.
Miguel, cmf. (cormariam@planalfa.es)
3-6. 2001
COMENTARIO 1
LA LLEGADA DEL HOMBRE
El último aviso va dirigido a nosotros: la comunidad debe mantenerse sobria y
despierta. La vida disoluta y la preocupación constante por el dinero ahogan el
mensaje (cf. 8,14) y no le permitiría instaurar el reinado de Dios (cf. 12,31).
El aviso es muy serio: "Andaos con cuidado" (21,34a). Es el mismo aviso que
Jesús había hecho antes a los discípulos a propósito de los fariseos (12,1), de
los que causan escándalo (17,3) y de los letrados (20,46). La cuádruple
repetición de esta advertencia muestra que el peligro es inminente. También a
ellos "aquel día podría echárseles encima de improviso" (21,34b): Jesús habla
del día en que el Hombre, que es él mismo, se manifestará con todo su esplendor,
una vez hayan caído los opresores. Los discípulos deben pedir fuerza para
mantenerse en pie ante la llegada del Hombre y deben prepararse desafiando la
persecución y la muerte (21,35-36). Si siguen identificados con la sociedad
injusta que se está desmoronando, correrán también ellos la misma suerte, y la
llegada del Hombre no será para ellos señal de liberación (cf. 21,28), sino,
todo lo contrario, "caerá como un lazo" sobre ellos, igual que "sobre todos los
que habitan la faz de la tierra" (21,35).
COMENTARIO 2
Las enseñanzas de Jesús sobre el fin de los tiempos pueden ser resumidas en dos
puntos: su carácter imprevisto y su universalidad.
Frente a la curiosidad sobre la determinación de los plazos del fin, la primera característica nos coloca ante la tarea de situar en el marco del querer divino la totalidad de la propia vida.
La universalidad del Juicio, por su parte, nos conduce hacia el mismo término, ya que ese querer divino sobre el mundo y la historia de los hombres puede suscitar en nosotros una actitud responsable frente a todos los acontecimientos que afectan a nuestra vida en todos los momentos en que se desarrolla.
La responsabilidad que brota de esta condición del juicio divino exige una lucidez de comprensión y una actuación práctica coherente con ella. Están excluidas de ella el desaliento y la desconfianza en la fuerza de Dios, necesaria para enfrentar nuestra tarea, y una vida de banalidad que haga disminuir nuestra capacidad de actuación frente a los sucesos que nos sobrevienen.
La actitud exigida por Jesús puede ser denominada como vigilancia. Y esta vigilancia que se nos exige está íntimamente ligada a la práctica de la justicia en la relación con nuestros semejantes, y es condición necesaria para enfrentar ese juicio imprevisto y universal.
Dentro de esta actitud de vigilancia, asume un lugar privilegiado la práctica de la oración. Ella nos da la fuerza para descubrir en los acontecimientos la mayor o menor presencia de la justicia y nos da fuerzas para ser constantes en la búsqueda de ella, ligada íntimamente al interés primordial de Dios para las relaciones entre los hombres.
1. Josep Rius-Camps, El Éxodo del Hombre libre. Catequesis sobre el Evangelio de Lucas, Ediciones El Almendro, Córdoba 1991
2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
3-7. ACI DIGITAL 2003
34. Lo único que sabemos acerca de la fecha del "último día", es que vendrá de improviso. (Mat. 24, 39:"Y no conocieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la Parusía del Hijo del Hombre"; I Tes. 5, 2 y 4: "Vosotros mismos sabéis perfectamente que, como ladrón de noche, así viene el día del Señor. Mas vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón" y II Pedro 3,10: "Quien quiere amar la vida y ver días felices, aparte su lengua del mal y sus labios de palabras engañosas").
Por lo cual los cálculos de la ciencia acerca de la catástrofe universal valen tan poco con ciertas profecías particulares. Velad, pues, orando en todo tiempo (v. 36).
3-8. SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO
Sábado 29 de noviembre de 2003. Saturnino,
Iluminada
Dn 7, 15-27: fechaEl juicio de Dios contra las Bestias y en favor del Pueblo de
Dios
Interleccional: Dn 3, 82-87
Lc 21, 34-36: Estar preparados desde ya para el Día del Hijo de Hombre
Ahora ya no se trata de la cercanía del Reino de
Dios, cuyos signos vamos descubriendo a lo largo de la historia (21, 29-33),
sino de la llegada del Día del Hijo del Hombre (21, 34-36). Jesús nos pide que
andemos con cuidado. Hay actitudes negativas y otras positivas. Las negativas
son: que se nos nuble la mente con el vicio, la bebida y las preocupaciones de
la vida. Las positivas: estar despiertos y orando para tener fuerzas en todo
momento. El que tiene una buena actitud podrá escapar, el Día del Hijo del
Hombre, de todos los hechos catastróficos ya descritos en 21, 25-26. No sólo
escapará de esos hechos, sino que estará de pie delante del Hijo del Hombre. El
Día del Hijo del Hombre es como un lazo. El que no camina con cuidado, queda
enredado, entrampado, cazado. Si la cercanía del Reino de Dios la perciben
solamente los creyentes que saben discernir los signos de los tiempos, el Día
del Hijo del Hombre, su Parusía, es una manifestación pública, manifiesta a
todos los habitantes de la tierra, incluso a sus enemigos.
Este texto tan denso y profundo, tiene enormes repercusiones para la vida de la
Iglesia, del tiempo de Lucas y en el día de hoy. El día de la Parusía
ciertamente es el último día, el día escatológico, el Día del Hijo del Hombre.
Pero ese día desde ya marca toda la historia de todos los tiempos. Toda la
historia está orientada hacia ese día y toda la historia debe estar preparada
para vivir ese día. No sabemos si ese día será mañana o en mil años. No lo
sabemos y no tiene sentido tratar de saberlo. Nada mas insensato el querer
'adivinar' ese día. Muchos leen la Biblia para calcular la fecha del Día de la
Parusía. Esto es insentato y blasfemo. Lo que nos exige Jesús no es calcular
fechas, sino el estar preparados ‘siempre’.
Las actitudes que nos pide Jesús para ese Día, son actitudes para todos los
días. Una actitud es que 'se nos nuble la mente', que se embote y se haga pesado
nuestros corazones. El texto nos da tres ejemplos de lo que podría nublar
nuestra mente y hacer pesado nuestra corazón: el vicio, la bebida y las
preocupaciones de la vida. La actitud positiva contraria es estar en vela y
orando, para tener fuerzas en todo momento. Estas actitudes negativas o
positivas, son dos maneras de vivir, son dos 'paradigmas' de vida posibles.
Vivir con la mente y el corazón nublados o vivir vigilantes y en oración. El
texto nos urge a optar por uno u otro modelo de vida.
Si uno está en vela y orando podrá 'escapar de lo que está por venir'. Lo que
está por venir Jesús lo describe en 21, 25-26 con ese terrible cataclismo
cósmico. Ya dijimos que ese cataclismo cósmico es símbolo del cataclismo social
de todas las estructuras y poderes de opresión y muerte. También esta realidad
nos urge a una opción. Dónde situarnos en este mundo, de qué lado y con quién.
No importa si la Parusía de Jesús es mañana o en cien o mil años. Lo importante
en vivir de una determinada manera. Además la Parusía de Jesús se vive en cada
instante: en la comunidad, en el encuentro con el pobre, en la construcción del
Reino de Dios. Hay miles de símbolos y sacramentos en la actualidad y a cada
instante de la Parusía del Hijo del Hombre.
3-9. DOMINICOS 2003
Manteneos en pie ante el hijo del hombre
Ensalzad al Señor con himnos por los siglos
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor.
Siervos del Señor, bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor.
Santos y humildes de corazón, bendecid al señor
Ensalzadlo con himnos por los siglos
(Cántico de Daniel)
Con la liturgia de hoy cerramos el ciclo.
Mañana será el primer domingo de Adviento, y en la Palabra de Dios resonará la
llamada a empezar vida nueva, como resucitando de las cenizas de nuestras dudas,
pecados, infidelidades.
¿Será todo nuevo de verdad en nuestras conciencias? Ayúdanos, Señor, a que tu
palabra sea espíritu y vida. Dispón nuestro corazón para que sea morada tuya.
Persuádenos de que hacer el bien es nuestra felicidad.
Santa María, Madre de Dios y madre nuestra, danos tu mano y tu amor. Que nuestra
caridad redunde, como la tuya, del corazón. Que nuestra fe no se eclipse sino
que se purifique. Que nuestra solidaridad y justicia crezcan a porfía. Amén.
Palabra de Dios
Lectura del profeta Daniel 7, 15-17:
“A mí, Daniel, me turbaban las visiones de mi fantasía, visiones de cuatro
bestias... Me sentía agitado por dentro.
Sorprendido, pedí a uno que estaba en pie, a mi lado, que me explicase aquello.
Él me contestó: Esas cuatro fieras gigantes representan cuatro reinos que
surgirán en el mundo. Pero, ten calma, los santos del Altísimo recibirán, por
fin, el reino y lo poseerán por los siglos de los siglos.
Entonces yo quise saber lo que significaba la cuarta fiera...: La cuarta bestia
es un cuarto reino que habrá en la tierra, diverso de todos los demás. Devorará
y triturará la tierra. Sus diez cuernos son diez reyes que habrá en aquel
reino...; después vendrá otro que blasfemará contra el Altísimo y perseguirá a
la santos...
Pero cuando el tribunal de los santos se siente a juzgar le quitará el poder y
será destruido. Entonces el poder real y el dominio sobre todos los reinos bajo
el cielo será entregado al pueblo de los santos del Altísimo cuyo reino será
eterno, y le servirán y obedecerán todos los señoríos”
En el texto aparece el camino tormentoso del mal que amarga a todos la
existencia, y, en su momento culminante, un rayo de luz: el final nunca es
triunfo del poder maligno sino aurora de salvación. Dios y el Hijo del hombre
triunfan, con sus seguidores, en morada de felicidad.
Evangelio según san Lucas 21, 34-36:
“En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Tened cuidado: no se os embote la
mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero, no sea que se os
eche encima de repente aquel día, porque caerá como un lazo sobre todos los
habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por
venir, y manteneos en pie ante el Hijo del hombre”.
Este párrafo es complemento de la lectura anterior. Si no nos embotamos en el
vicio; si dejamos un resquicio a la gracia, Dios estará misericordioso con
nosotros en su segundo advenimiento.
Momento de reflexión
Llegará el reino de los santos.
En la reflexión de hoy no podemos alejarnos del texto bíblico, de su grandeza,
fantasía y mensaje. Vamos a repetir consideraciones ya hechas, para grabar bien
sus impresiones.
Las aventuras de los reinos efímeros, violentos, opresores de Israel, las ve el
profeta Daniel simbolizadas en las cuatro fieras gigantes que desvelan sus
sueños en Babilonia: una fiera y reino es León alado; la segunda, Oso con tres
costillas en la boca; la tercera, un Leopardo con cuatro alas y cuatro cabezas;
y la cuarta, un animal horrible con dientes de hierro y diez cuernos. ¡Rostro
del mal, de la destrucción, de la infidelidad y pecado!
Esas cuatro bestias son como las cuatro partes de la estatua que vio
Nabucodonosor. Pero hoy sabemos que sobre su poderío y terror vendrá el único
reino definitivo: el de Dios, el de los santos, el del amor eterno. Nos los
traerá el Hijo del hombre, que es el rey Mesías.
Embotamiento espiritual.
Contemplado el espectáculo de las ingratitudes humanas y de los reinos mundanos
que se suceden, volvamos la mirada y pongamos la esperanza en el rey de reyes,
en el Mesías que vendrá a inaugurar el reino de Dios o de lo santos.
El Señor del Reino será el que nos enseñe a vivir sin embotamiento de la mente
con vicios nefandos, sin la ceguera que produce el vino de las pasiones y
drogas, sin apetito desordenado de posesiones que anulan la personalidad de
cualquier hombre en su convivencia, solidaridad, gratuidad, servicio, amor.
3-10. CLARETIANOS 2003
Queridos amigos y amigas:
Hoy (por el día 20-XI) he tenido la oportunidad de visitar la edición de Las
Edades del Hombre que está a punto de clausurarse en Segovia. En la primera de
las capillas laterales hay una tabla o lienzo muy conocido (y ajeno a la
exposición) que representa un árbol sobre cuya frondosa y extensa copa un amplio
grupo de personas se regala con un espléndido banquete. Abajo, a la izquierda,
contemplamos la muerte que asesta con la guadaña golpes al tronco, que se
sostiene de milagro sobre un extremo todavía sin tocar por la guadaña; a su
lado, un diablo tiene tensa una soga bien amarrada a la parte alta del tronco; a
la derecha vemos a Jesús que con un martillo hace sonar una pequeña campana,
quizá ensordecida por las músicas y risas de los comensales; sobre el suelo se
ven astillas que el golpe certero de la muerte ha arrancado al tronco.
¿En qué se parecen y en qué difieren el motivo
representado en el cuadro y las palabras evangélicas que hoy se proclaman? Es
una pregunta que dejo en el aire. Lo que sí haré es recoger tres invitaciones
del apóstol Pablo que nos invitan a la polifonía de la vida. Primera: “ora
comáis, ora bebáis, hacedlo todo para gloria de Dios”: lo más común y cotidiano
puede y debe ser vivido con actitud teologal, ante Dios y hacia Dios; un teólogo
alemán dice que la esencia del cristianismo es comer juntos y muchos conoceréis
la décima que acaba con un “loco debo de ser, pues no soy santo” y la nueva
versión (en realidad, reversión) de J.L. Blanco Vega. Segunda: “el tiempo es
corto. Por tanto, los que tiene mujer, vivan como si no la tuviesen. Los que
lloran, como si no llorasen. Los que están alegres, como si no lo estuviesen;
los que compran, como si no poseyesen. Los que disfrutan del mundo, como si no
disfrutasen. Porque la representación de este mundo se termina” (1 Cor 7,29-31):
una distancia y como reserva ante cualquier actividad, sentimiento y proyecto
del vivir diario nos hacen estar cabe nosotros y nos impiden emborracharnos en
los éxitos y anegarnos los fracasos. Tercera: “Ya es hora de levantaros del
sueño, que la salvación está más cerca que cuando empezamos a creer”: así se
realiza en nosotros el “yo duermo, pero mi corazón vela”.
Vuestro hermano en la fe.
Pablo Largo (pldomizgil@hotmail)
3-11. 2003
LECTURAS: DAN 7, 15-27; DAN 3; LC 21, 34-36
Dan. 7, 15-27. Sólo a la luz de Cristo entendemos que el Reino de Dios ha sido
ya inaugurado entre nosotros. Este Reino no es para pisotear, triturar o
destruir a los demás, sino para que todos encuentren en Cristo y en su Iglesia,
que es el Reino y Familia de Dios, el camino que nos une a Él y nos une a
nosotros como hermanos. Y ante este Reino, muchas veces perseguido, ni el poder
del infierno prevalecerá sobre él, pues Dios mismo está en medio de su Pueblo. A
nosotros corresponde hacer brillar con toda claridad el Rostro amoroso y
misericordioso del Señor. No podemos llamarnos el Reino de Dios y dedicarnos a
destruir a los demás. Por eso, quien se profesa hombre de fe en Cristo y se
dedica a destruir y a pisotear a su prójimo, no puede sino ser contado entre los
hipócritas. El Señor está con nosotros, dejemos que su Espíritu impulse nuestra
vida para que vivamos, no conforme a los criterios de los reinos terrenos, sino
conforme al pensamiento y criterio de Dios, que nos ha manifestado por medio de
su Hijo Jesús.
Dan. 3, 82-87. Si toda la naturaleza es invitada a
elevar un canto de alabanza al Señor bendiciendo su Santo Nombre, cuánto más lo
hemos de elevar nosotros los hombres. Toda nuestra vida se ha de convertir en
una continua alabanza del Nombre de Dios. De un modo especial los sacerdotes,
los siervos del Señor, las almas y espíritus justos, los santos y humildes de
corazón han de vivir siendo en todo momento gratos al Señor, pues su vida, de
modo eminente, está en manos del Señor, y Él está realizando continuamente su
obra de salvación mediante ellos. Ojalá y todos tengamos la dicha de contarnos
en el número de los santos de Dios para alabar y bendecir su Nombre eternamente.
Lc. 21, 34-36. Hemos de velar y hacer oración para poder comparecer seguros ante
el Hijo del hombre. Hay muchas cosas que pueden hacernos perder de vista a Dios
y hacernos errar el camino que nos conduce a Él. Nadie está libre de una
diversidad de tentaciones que nos invitan a poner sólo nuestra mirada, nuestra
seguridad y confianza, en lo pasajero. Cierto que necesitamos de muchas cosas
temporales para vivir con dignidad; pero no podemos entregarles nuestro corazón,
sino saberlas, no sólo utilizar, sino emplearlas incluso para hacer el bien a
quienes carecen de lo necesario para sobrevivir. Sin embargo, este desapego de
lo temporal y el ponernos en marcha, cargado nuestra propia cruz, tras las
huellas de Cristo, no es obra del hombre, sino la obra de Dios en el hombre. Por
eso, a la par que hemos de estar vigilantes para no dejarnos sorprender por las
tentaciones, ni deslumbrar por lo pasajero, hemos de orar pidiendo al Señor su
gracia y la asistencia de su Espíritu Santo para que podamos caminar en el bien,
con los pies en la tierra y la mirada puesta en el Señor.
Dios quiere estar siempre con nosotros. Y el modo más excelente de su presencia
en medio de su Pueblo se lleva a cabo cuando nos reúne para alimentarnos con su
Palabra y con su Eucaristía. Es en este momento culminante del caminar de la
Iglesia por el mundo, cuando los discípulos del Señor continuamos escuchando su
Palabra Salvadora, y continuamos alimentándonos con el Pan de vida para no
desfallecer por el camino a causa de las diversas tentaciones, que quisieran
apartarnos del amor de Dios y del amor al prójimo. Que una de nuestras mayores
preocupaciones sea estar siempre con el Señor; y estar con Él no sólo en la
oración y en el culto, sino en toda nuestra vida convertida en una continua
alabanza, en un sacrificio de suave aroma al Señor. Por eso hemos de procurar
que nuestra Eucaristía se prolongue en cada momento y acontecimiento de nuestra
vida. Dios nos conceda vivir a impulsos, no de lo pasajero, que nos embota y
hace perder el camino seguro de salvación, sino al impulso del Espíritu Santo,
que habita en nuestros corazones como en un templo, y nos hace ser testigos
creíbles del amor de Dios en el mundo.
Vueltos a nuestra vida diaria, en medio de un mundo que nos bombardea con sus
criterios y propagandas que nos prometen la felicidad mediante la acumulación de
bienes temporales, seamos testigos de la verdad y de la salvación que no procede
sino de Dios. No vivamos esclavos de aquello que, siendo útil, no merece ser
elevado a la categoría de Dios. Aprendamos a utilizar los bienes de la tierra,
sin perder de vista los bienes del cielo. Que todo lo tengamos y poseamos nos
sirva para socorrer a los necesitados, para proclamar el Nombre de Dios no sólo
con las palabras, sino con la vida que se ha de convertir en un servicio de amor
fraterno, especialmente a los más desposeídos. Entonces podremos, al final de
nuestra vida, comparecer seguros ante el Hijo del hombre, pues iremos, no como
derrotados por la maldad, sino como aquellos que disfrutan la Victoria de
Cristo, que nos hace caminar y vivir en el amor.
Que Dios nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra
Madre, la gracia de saber vivir siendo fieles a Cristo, de tal forma que su
Palabra nos ayude a amarnos como hermanos y a hacer el bien a todos;
manifestando así que vivimos en el mundo, sin ser del mundo, sino con la mirada
puesta en Aquel que nos ama y nos salva. Amén.
www.homiliacatolica.com