LUNES DE LA SEMANA 27ª DEL TIEMPO ORDINARIO
1.- Jon 1, 1-2, 1-11
1-1./Jon/LIBRO:
El relato de Jonás no es la biografía de un hombre real -dicho sea de una vez por todas para que no nos choquen unos detalles inverosímiles-, se trata de un «midrash», es decir, un relato imaginario con fines educativos. Es una de las más hermosas parábolas del Antiguo Testamento, nos recuerda que «todos los hombres, incluso los más feroces enemigos de Israel, son llamados a la salvación». Escrito hacia el siglo v antes de Jesucristo, en una época en que Esdras había revalorizado el particularismo de Israel para salvaguardar la fe auténtica, el libro de Jonás reafirma fuertemente la «vocación misionera» del pueblo de Dios:
Dios ama a los paganos y se regocija de su conversión.
-La palabra del Señor fue dirigida a Jonás: «Levántate, vete a Nínive, la gran ciudad pagana y proclama que su maldad ha subido hasta mí.»
Así, desde la primera línea de este apólogo, el autor nos revela la clave: Dios no es solamente el Dios de Israel, sino el de todas las naciones.
El pecado cometido por un pagano ofende a Dios lo mismo que el pecado de un cristiano.
Dios desea nuestra conversión, la de todos. El amor de Dios es universal. Sea cual sea el color de nuestra piel, cualquiera que sea nuestra religión, todos estamos invitados a la salvación.
-Jonás se levantó, pero huyó a Tarsis, lejos del rostro del Señor.
Jonás no tomó el camino de Nínive, al este de Palestina... sino exactamente la dirección contraria. Huye hacia el oeste, hacia un rincón del Mediterráneo. De hecho Jonás no desea en absoluto la conversión de Nínive. Para un judío, Nínive es el enemigo hereditario, el pueblo idólatra, la potencia cruel que recientemente deportó a toda la población de Israel.
Pero no juzguemos a ese profeta (!) que se hace el sordo ante Dios. ¿No tenemos nosotros estrecheces semejantes? ¿Escuchamos, realmente, las llamadas misioneras de Dios? ¿Amamos a nuestros enemigos? ¿No hemos quizá creado unas fronteras que protegen nuestras seguridades pero que a la vez nos privan de los grandes soplos de largueza y magnanimidad? ¿Es nuestro corazón universal como el de Dios?
-Pero el Señor desencadenó un gran viento sobre el mar.
Nada puede impedir a Dios realizar su Proyecto de salvación universal. Lo dispondrá todo para que Jonás siga la dirección de Nínive. Incluso un gran pez se encargará de ello, humorísticamente. Repítenos, Señor, que tu voluntad misionera es tenaz y que nadie puede hacer que fracase tu Designio de amor misericordioso para todos los hombres.
Los acontecimientos obligarán a Jonás a «dirigirse a los paganos» .
Con frecuencia, los acontecimientos, las crisis... «empujan» a la Iglesia a no encerrarse en sí misma. Cuando la fe está en peligro, es tentador replegarse en sí mismo.
Cuando los cristianos son minoritarios en el seno de un mundo no creyente, será tranquilizador quedarse «entre cristianos» .
Ahora, en el momento en que la Iglesia ya no está tranquila «en sus murallas» es cuando se halla en la tempestad del mundo, en contacto con los paganos, en situación eminentemente misionera en el corazón del mundo. ¿Sabremos ser la levadura en la masa, la sal de la tierra?
-Ahora bien, Jonás había bajado al fondo del barco, se había acostado y dormía profundamente.
¡Despiértate, Jonás! Tus hermanos corren peligro de naufragar.
¡No durmáis, cristianos, en tanto no hayáis transmitido a todo el mundo la buena nueva!
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 5
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑO IMPARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 320 s.
1-2.
El libro de Jonás, a diferencia del resto de los escritos proféticos, no es un conglomerado de oráculos o visiones, sino la narración de un episodio de la vida del hijo de Amitai, profeta en tiempos de Jeroboán II (2 Re 14,25). Sin embargo, parece que el autor desconocido de este pequeño libro escogió el nombre de tal profeta precisamente porque, a causa de las escasas noticias que de él se tenían, resultaba más adecuado para convertirlo en protagonista de una ficción literaria. Quizá el mismo nombre contribuya a la elección: Jonás significa «paloma», nombre que se aplica a Israel, como símbolo no de inocencia, sino de estupidez (cf. os 7,11). De este modo, se considera a Jonás como la personificación del espíritu mezquino, particularista y ridículo de buena parte de Israel. Parece, pues, que nuestro libro debe catalogarse en el género literario de la parábola o de la alegoría; o quizá mejor: de la parábola alegórica. Intenta darnos un mensaje a través de una pequeña historia, forma muy pedagógica de enseñar
En primer lugar, es evidente el universalismo que respira Yahvé es el Dios del cielo que ha hecho la tierra y el mar, es decir, el Dios de la creación, en contraste con el Dios de los padres y del éxodo, cuya concepción favorecía más la visión de elección de Israel y el particularismo correspondiente. Su misericordia alcanza a los paganos y no se limita al pueblo de la alianza. El libro se sitúa en la línea universalista de Rut y Job. Parece un eco de los grandes profetas, los cuales habían enseñado que Yahvé es Dios de todo el mundo.
Esta corriente universalista del AT se presenta unas veces como un universalismo centralista en torno al santuario de Jerusalén (Is, Zac Ag) y otras como un universalismo descentralizado, por ejemplo Mal (1,10), que contempla la posibilidad de que se cierre el santuario y los sacrificios sean ofrecidos fuera de él. El universalismo de Jonás coincide con el de Malaquías: los marineros pueden ofrecer sacrificios en la nave.
Nuestro libro quiere ilustrar también la idea de que Dios al margen de lo que haga el hombre, consigue su fin. La tempestad, el hecho de que Jonás sea arrojado al mar y tragado por el pez son, más que castigos, hechos providenciales y destinados a forzar al profeta a cumplir su misión.
J.
ARAGONES LLEBARIA
LA BIBLIA DIA A DIA
Comentario exegético a las lecturas de la Liturgia de las
Horas
Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981.Pág. 321
2.- Ga 1, 6-12
2-1. /Ga/LIBRO EV/MANIPULACION:
Durante una semana y media volveremos a una Carta de san Pablo, la epístola a los Gálatas.
Esta carta fue escrita en plena «crisis» de la Iglesia: algunos cristianos de origen judío pretendían imponer a los cristianos de origen pagano un cierto número de ritos tradicionales de la ley de Moisés, en particular, la circuncisión. Pablo reaccionó violentamente. Para él es el meollo mismo de la fe cristiana lo que estaba en juego: si se torna a la práctica de la Ley, la novedad de Cristo quedaba reducida a la nada. Por otra parte, los «judaizantes» habían buscado desacreditar a Pablo, insinuando que no poseía la verdadera doctrina: «después de todo, ese Pablo, ¿con qué derecho introduce novedades en la tradición de Moisés?, no forma parte del grupo de los Doce que vivieron con Jesús, y además, ¡es un antiguo perseguidor!» Pablo responde a este ataque personal.
-Hay entre vosotros algunos que os perturban y que quieren deformar el evangelio de Cristo.
El término evangelio está escrito siete veces en la página que leemos hoy -sesenta y una vez en el conjunto de las Epístolas de san Pablo.
El rigor del Evangelio es lo que más ama san Pablo.
De otra parte, para Pablo, el evangelio no es ante todo un «contenido» -la predicación y las palabras de Jesús-, es una «presencia actuante»: es el mismo Cristo. Modificar el evangelio de Cristo, es abandonar la fe en Cristo, único salvador... por ejemplo creyendo que unos ritos o unas obras conformes a la Ley obtendrán la salvación de un hombre, como pensaban los fariseos.
¿Es Cristo el centro de mi vida?
-Si alguien, nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema!
Se ha dicho que la epístola a los Gálatas era un «torrente de lava». Ya hemos dado un ejemplo del tono patético y polémico que utiliza Pablo.
¿Amo yo a Cristo con este afán, con esta vehemencia?
-Hermanos, es preciso que lo sepáis: el evangelio que proclamo no es de orden humano, pues yo no lo recibí ni aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.
Los judaizantes pretendían sin duda que la doctrina de Pablo no era auténtica porque no se remontaba a los apóstoles. Pablo contesta que recibió directamente una «revelación» -apocalipsis, en griego- de Cristo. Veremos después de qué modo se preocupó también de vincularse a la enseñanza común de los demás Apóstoles.
El evangelio no se inventa: se recibe... uno se somete a él...
Es Dios quien tomó la iniciativa de revelarse «a sí mismo».
¿Procuro tener tiempo de recibir el Evangelio? ¿Acepto que el Evangelio me interrogue y reproche mis modos de pensar y de obrar? o bien ¿me he fabricado a mi gusto un pequeño evangelio para mi uso particular en lugar de aceptarlo entero y tal cual es?
-¿O es que intento agradar a los hombres? En este caso ya no sería «siervo de Cristo».
Es la intransigencia de Pablo. No hay dos evangelios. La tendencia actual de muchos hombres modernos, sería más bien aceptar todas las opciones, dentro de un gran liberalismo: que cada uno piense según su conciencia. De hecho, es verdad que hemos de ser «tolerantes» con los demás, pero, sería también necesario que fuésemos implacablemente «intolerantes con nosotros mismos» para hacernos «servidores» de Cristo.
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 4
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑOS PARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág. 322 s.
3.- Lc 10, 25-37
3-1.
Ver DOMINGO 15C
3-2.
-En esto, un Doctor de la Ley le preguntó a Jesús: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar vida eterna?" ¿Me hago yo también esa misma pregunta? ¿Qué respuesta personal y espontánea daría yo a esa pregunta? La vida... La vida eterna...
Si nuestra vida terminara con la muerte, seríamos los más desgraciados de los hombres.
La vida temporal, la que tiene un término, es corta. Todo lo finito es corto. Y si bien hay en ella algunas alegrías, habitualmente es difícil soportarla, sobre todo conforme van pasando los años: toda la literatura, antigua y moderna es copiosa en señalar lo trágico de la "condición humana". Sería ingenuo cerrar los ojos a esa realidad.
Siempre los hombres han esperado "otra vida". Jesús también habló a menudo de ella, y aun decía que esa vida eterna ya ha comenzado, está en camino, si bien inacabada, naturalmente.
¿La deseo? ¿Pienso en ella? ¿Comienzo a vivirla?
-Jesús le pregunto: "¿Qué está escrito en la Ley?" En lugar de contestar a la pregunta, del jurista, Jesús le propone a su vez otra pregunta, obligándole a tomar, él, posición.
¡La vida eterna no es ciertamente una pregunta que los demás podrían resolver en mi lugar!
-El jurista contestó: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda la mente... Y a tu prójimo como a ti mismo"... Jesús le dijo: "Bien contestado. Haz eso y tendrás la vida".
El Doctor de la Ley citó el Deuteronomio, 6, 5 y el Levítico 19, 18. Amar, amar a Dios y al prójimo. No es pues algo nuevo. No es original. Todas las grandes religiones tienen en común esa base esencial. Esto forma ya parte del Antiguo Testamento. El mensaje de Jesús se basa primero en esa gran actitud, eminentemente humana.
-¿Quién es mi prójimo? Es ahí donde empieza toda la novedad ciertamente revolucionaria del evangelio. Lucas nos aporta aquí un relato escenificado por Jesús. Lucas es el único evangelista que nos ha comunicado esa página admirable que, de otra parte está en la línea recta de todo el evangelio. ¡EI amor al prójimo, para Jesús, va hasta al "enemigo~ !Es preciso repetírnoslo.
-Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó... Io asaltaron unos bandidos y lo dejaron medio muerto, al borde del camino...
Pasó un sacerdote, luego un levita que lo vieron y pasaron de largo... Pero un samaritano...
Hemos visto en Lucas 9, 52-55 cuán detestados eran los samaritanos.
¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo...? Jesús da completamente la vuelta a la noción de prójimo. El legista había preguntado "quién es mi prójimo" -en sentido pasivo-: en este sentido los demás son mi prójimo. Jesús le contesta: ¿"de quién te muestras tú ser el prójimo"? -en el sentido activo-: en este sentido somos nosotros los que estamos o no próximos a los demás.
El prójimo, soy "yo" cuando me acerco con amor a los demás.
No debo preguntarme: ¿"quién es mi prójimo"?, sino "¿cómo seré yo el prójimo del otro, de cualquier otro hombre?" Cerca de mí, ¿quiénes son los despreciados, mal considerados, difíciles de amar?
-El samaritano al verlo le dio lástima, se acercó a él y le vendó las heridas, lo montó en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada... ¡Anda, haz tu lo mismo! Amar, no es ante todo un sentimiento; es un acto eficaz y concreto.
NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 2
EVANG. DE PENTECOSTES A ADVIENTO
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 212 s.
3-3.
1. (Año I) Jonás 1,1 a 2,1.11
Durante tres dúos nos acompañará como primera lectura el libro de Jonás. No es un libro histórico en el sentido estricto de la palabra. El profeta Jonás existió, en tiempos del rey Jeroboam II, (cf. 2 R 14,25), pero el relato del que se le hace protagonista aquí es más bien una parábola historizada, didáctica, con una intención clara: mostrar que Dios tiene planes de salvación no sólo para Israel, sino también para los pueblos paganos. Más aún, que los paganos muchas veces le responden mejor que los judíos.
Es probable que fuera escrito en tiempos de Esdras y en contra de éste, que, para asegurar la pureza del yahvismo en la época de la reconstrucción de Sión, se pasó un poco, cerrando fronteras en un particularismo exagerado y denigrando a los demás países.
Este libro sería como un contrapunto al excesivo nacionalismo de Esdras.
En esta edificante historia todos los paganos que aparecen son buenos, desde el rey de Nínive y sus habitantes hasta el ganado, pasando por los marineros del barco y el cachalote que cumple también su papel en la parábola. El único judío, Jonás, es el peor, un anti-profeta.
El autor del libro ha elegido, como muestra de una ciudad pagana que se convierte, nada menos que a Nínive, la capital de los asirios, famosa por su política despiadada y cruel.
a) Cuando Jonás recibe el encargo de ir a Nínive y anunciar allí el castigo de Dios, no se le ocurre otra cosa mejorque huir: toma el primer barco que zarpa por el Mediterráneo, precisamente hacia tierras de Tarsis, en el sur de la actual España.
Ante la tempestad que se forma, los marineros aparecen como personas buenas, que temen a sus dioses y les rezan y les ofrecen sacrificios, y además respetan a Jonás, a pesar de que se ha declarado culpable. Hacen lo posible para salvarle. Por fin lo tienen que arrojar al agua, y allí es donde entra en acción el gran cachalote o ballena que le retiene durante tres días hasta arrojarlo a tierra firme. Estos tres días serán en el NT un símbolo de los tres días que estuvo Jesús en el sepulcro antes de resucitar. Pero la intención de la lectura de hoy es la conversión de los ninivitas, que Jesús comentará pronto, en una lectura que haremos la semana que viene (Lc 11,29ss).
El canto de meditación que sigue a la lectura no es un salmo, sino un poema tomado del mismo libro de Jonás, que hace eco a la situación del protagonista: "sacaste mi vida de la fosa, desde el vientre del infierno pedí auxilio y escuchó mi clamor".
b) Mal profeta, Jonás. Otros se habían resistido en principio a cumplir el encargo de Dios, poniendo excusas, como Moisés o Jeremías. Elías se refugió en el desierto, acobardado, y caminó hasta el monte Horeb. Pero a nadie se le había ocurrido tomar un barco en dirección contraria a Nínive, que es donde le quería Dios.
El único personaje judío de la parábola es el único que se resiste a Dios. Es una lección para nosotros. Cada uno tiene su misión propia: ser de alguna manera sus testigos en este mundo. Si yo fallo y por pereza o por miedo no hago lo que Dios quiere que haga -en mi familia, en la sociedad, en la comunidad religiosa-, ¿quién hará ese trabajo? Se quedará por hacer, y habrá personas que por mi culpa no se enterarán del plan salvador de Dios.
Claro que es difícil la misión, tal como está el mundo (aunque peor estaba Nínive), porque el mensaje del evangelio es exigente. Pero no tendríamos que huir. También a Cristo le costó, y tuvo momentos en que pedía que pasara de él el cáliz, la pasión y la muerte. Pero triunfó la obediencia y la fidelidad a su Padre.
¿Nos hacemos los sordos cuando intuimos que Dios nos llama a colaborar en la mejora de este mundo? ¿nos acobardamos fácilmente por las dificultades que intuimos que vamos a tener? ¿en qué barco nos refugiamos para huir de la voz de Dios? ¿o somos capaces de trabajar con generosidad en la misión evangelizadora, a pesar de que ya tengamos experiencia que la sociedad nos hará poco caso?
1. (Año II) Gálatas 1,6-12
Durante semana y media leeremos la carta de Pablo a los cristianos de Galacia, en la actual Turquía. Él había evangelizado en aquella región hacia el año 50, y escribe la carta unos años más tarde, hacia el 56-57, poco antes de escribir otra a los Romanos, que desarrolla más el mismo tema.
Es una carta dura y polémica. Pablo está muy preocupado por las doctrinas que propalan allí un grupo de judaizantes, cristianos provenientes del judaísmo que defienden la vuelta a las leyes de Moisés también para los que se han convertido del paganismo.
Además, atacan a Pablo dando a entender que no es apóstol del todo, porque no conoció a Jesús y no pertenece al grupo de los "doce".
a) La primera página que leemos, sin detenernos siquiera en el saludo, se refiere ya al tema central de la carta: "me sorprende que tan pronto hayáis pasado a otro evangelio".
Pablo desautoriza duramente a estos falsos maestros que se infiltran en Galacia: "si alguien os predica un evangelio distinto, sea maldito", "lo repito, sea maldito" (en un pasaje que no leemos, llegará a decir que "ojalá que se mutilaran -se castraran- los que os perturban": 5,12).
Porque el evangelio que enseñó Pablo "no es de origen humano", ni lo ha predicado "buscando la aprobación de los hombres", sino que viene "de la revelación de Jesucristo".
No es que necesariamente haya tenido revelaciones particulares: sino que esa doctrina proviene del mismo Cristo.
Se trata de si la salvación cristiana es válida por Cristo mismo, o si necesita todavía del apoyo de la ley de Moisés. Para Pablo, ésta es una cuestión fundamental, que afecta a la identidad misma del cristianismo.
b) La Iglesia transmite al mundo, siglo tras siglo, la verdad que ha aprendido de la fuente misma de la revelación: Cristo. A través de esa tradición viva que ya dura dos mil años, la comunidad de Jesús intenta serle fiel y, si es el caso, defender la pureza de esa fe contra posibles desviaciones en una dirección o en otra.
Aquí el problema es la fuerza salvadora de la fe en Cristo, y no de la ley antigua. Es un tema que vemos muy presente en los Hechos de los Apóstoles, con los episodios de Pedro y Cornelio, y sobre todo el llamado "concilio de Jerusalén", en que la comunidad apostólica tuvo que discernir sobre el problema (cf. Hch 15).
A lo largo de la historia, los interrogantes pueden ser de distinta naturaleza. Siempre hay la tendencia a configurar la doctrina de Jesús según nuestro gusto y nuestra mentalidad. O sea, a crear "un evangelio de origen humano", que merecerá seguramente el aplauso de muchos, porque nos construimos una imagen de Dios -o de Cristo o del estilo de vida- más conforme a nuestros gustos.
La indignación de Pablo se explica: como también la vigilancia que siempre ha de tener la Iglesia -sobre todo sus responsables últimos, pero no sólo ellos- para no falsear la gracia y la salvación de Dios. No podemos inventarnos el evangelio que nos guste. Un evangelio "light" es una manera de faltar a la verdad a veces más peligrosa que la herejía más llamativa.
Como en el caso de Jerusalén, el discernimiento tenemos que hacerlo bajo la luz del Espíritu, pero también con un alto sentido de corresponsabilidad comunitaria, para no perder la riqueza y la fuerza de la palabra revelada de Dios. El salmo nos orienta en esa dirección: "doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos, en la asamblea... todos sus preceptos merecen confianza, son estables para siempre jamás, se han de cumplir con verdad y rectitud".
2. Lucas 10, 25-37
a) La de hoy es una de las páginas más felizmente redactadas y famosas del evangelio: la parábola del buen samaritano, que sólo nos cuenta Lucas.
La pregunta del letrado es buena: "¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?".
Jesús, en un primer momento, le remite a la ley del AT, a unas palabras que los judíos repetían cada día: amar a Dios y amar al prójimo como a ti mismo (cf. Deuteronomio 6,5 y Levítico 19,18). Jesús hace que el letrado llegue por su cuenta a la conclusión del mandamiento fundamental del amor.
Pero, ante la siguiente pregunta, Jesús concreta más quién es el prójimo. En su parábola, tan expresiva, quedan muy mal parados el sacerdote y el levita, ambos judíos, ambos considerados como "oficialmente buenos". Y por el contrario queda muy bien el samaritano, un extranjero ("los judíos no se tratan con los samaritanos": Jn 4,9). Ese samaritano tenía buen corazón: al ver al pobre desgraciado abandonado en el camino le dio lástima, se acercó, le vendó, le montó en su cabalgadura, le cuidó, pagó en la posada, le prometió que volvería, y todo eso con un desconocido.
b) ¿Dónde quedamos retratados nosotros? ¿en los que pasan de largo o en el que se detiene y emplea su tiempo y su dinero para ayudar al necesitado?
¡Cuántas ocasiones tenemos de atender o no a los que encontramos en el camino: familiares enfermos, ancianos que se sienten solos, pobres, jóvenes parados o drogadictos que buscan redención! Muchos no necesitan ayuda económica, sino nuestro tiempo, una mano tendida, una palabra amiga. Al que encontramos en nuestro camino es, por ejemplo, un hijo en edad difícil, un amigo con problemas, un familiar menos afortunado, un enfermo a quien nadie visita.
Claro que resulta más cómodo seguir nuestro camino y hacer como que no hemos visto, porque seguro que tenemos cosas muy importantes que hacer. Eso les pasaba al sacerdote y al levita, pero también al samaritano: y éste se paró y los primeros, no. Los primeros sabían muchas cosas. Pero no había amor en su corazón.
El buen samaritano por excelencia fue Jesús: él no pasó nunca al lado de uno que le necesitaba sin dedicarle su atención y ayudarle eficazmente. Ahora va camino de la cruz, para entregarse por todos, y nos enseña que también nuestro camino debe ser como el suyo, el de la entrega generosa, sobre todo a los pobres y marginados. Al final de la historia el examen será sobre eso: "me disteis de comer... me visitasteis".
La voz de Jesús suena hoy claramente para mí: "anda, haz tú lo mismo". También podríamos añadir: "acuérdate de Jesucristo, el buen samaritano, y actúa como él". :
"Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad" (1ª lectura I)
"Me sorprende que tan pronto hayáis pasado a otro evangelio" (1ª lectura II)
"Anda, haz tú lo mismo" (evangelio)
J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 6
Tiempo Ordinario. Semanas 22-34
Barcelona 1997. Págs. 140-145
3-4
Gal 1, 6-12: Jesucristo es el único evangelio
Lc 10, 25-37: El buen samaritano
La parábola del buen samaritano pone como modelo de ser humano a un hombre que era despreciado en la cultura israelita de la época. Esta contradicción se propone resaltar el valor de la vida humana por encima de cualquier diferencia cultural, étnica o política.
Un escriba preocupado por quién debe ser objeto de nuestra bondad y quién no, se dirige a Jesús para plantearle este dilema. La respuesta de Jesús no se dirige a solucionar esta falsa oposición, sino que se dirige a las más profundas opciones humanas, aquellas que compartimos con Dios.
Cuando los tres personajes, el levita, el sacerdote y el samaritano, encuentran al hombre herido y abandonado en el camino, tienen que discernir si optan por su propia comunidad u optan por la vida. Los dos primeros pasan indiferentes, pues, aunque tienen una función religiosa en el pueblo, su manera de pensar les impide ver que su religión debe estar a favor de la vida del ser humano. El samaritano por el contrario, desde una opción por la vida, auxilia a aquel hombre, sin importarle de qué religión es, o a qué nacionalidad o raza pertenece. Para el samaritano lo importante es que ese herido moribundo es un ser humano necesitado de compasión. Por tanto, actúa conforme a unos principios humanitarios.
La parábola elimina el falso dilema de a quién debo y a quien no debo hacer el bien. La parábola plantea una opción por defender la vida del ser humano como un valor absoluto.
Toda esta enseñanza se puede resumir en el conocido adagio popular: "Haz el bien sin mirar a quién". Pues, lo absoluto de Dios es la vida del ser humano. Por tanto, se deben superar las diferencias étnicas, patrióticas o de cualquier índole a la hora de aceptar al hombre enfermo y abandonado, como el prójimo que me habla con la misma voz de Dios.
SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO
3-5. CLARETIANOS 2002
Da gusto leer la carta de Pablo a los gálatas porque es un escrito fresco, muy ligado a las preocupaciones e inquietudes de una comunidad. A lo largo de esta semana iremos leyendo los fragmentos principales. En el de hoy Pablo sale al paso de un problema: la situación de desconcierto creada por los que han predicado "otro" evangelio distinto del de Jesucristo. Este es un problema de siempre. Surge cada vez que nuestra predicación (o nuestro criterio, o nuestro punto de vista) no brota "por revelación" sino "por simple proyección".
Nuestro mundo personal es complejo. A menudo, lo que consideramos evangélico no es más que un fruto de nuestra necesidad de imponernos a otros, o de ser aceptados, o de parecer modernos, o de nadar y guardar la ropa. Cada vez que enarbolamos frases rotundas como: "Esta clarísimo en el evangelio que" o "Hay que cortar por lo sano" es como para echarse a temblar. Suelen ser síntomas de un evangelio proyectado desde la bodega de nuestras insatisfacciones, fantasías, necesidades.
El evangelio que se abre camino "por revelación" suele tener un tono exigente, pero profundamente liberador. Apela a la inteligencia de las personas ("¿Qué os parece?) y también a su libertad ("Si quieres"). Jesús tiene toda la fuerza del mundo para "imponer" el evangelio por decreto ley, porque sí, porque yo soy el que mando, y, sin embargo, procede según la "debilidad" de la seducción. Lo comprobamos en el evangelio de hoy. Más que la parábola del buen samaritano (siempre hermosa y siempre interpelante) me llaman la atención las preguntas de Jesús. He encontrado tres en el fragmento de hoy: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella? ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos? Y también dos recomendaciones: "Haz esto y tendrás la vida", "Anda, haz tú lo mismo".
Jesús no cuenta la parábola para humillar al maestro de la ley, sino para conectar con lo mejor de este hombre, para abrirle un horizonte más amplio, para hacerle ver la buena noticia, con la que "tendrá vida".
¡De qué manera tan distinta sonaría el evangelio
en nosotros si surgiese de este modo y no como un arma arrojadiza al servicio de
nuestros intereses, por nobles que aparezcan!
Gonzalo (gonzalo@claret.org)
3-6. 2001
COMENTARIO 1
HACER EL BIEN AL PROJIMO, SEGURO DE VIDA ETERNA
Jesús no debía hablar demasiado de la otra vida, de la «vida eterna», cuando
tanto un jurista o maestro de la ley como un dirigente de Israel le formulan la
misma pregunta: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»
(10,25; 18,18), para ponerlo a prueba, es decir, para atraparlo con la pregunta,
el primero, y para adularlo, es decir, para ganárselo para la clase rica, el
segundo. Quienes no quieren comprometerse con el hermano necesitado hablan
siempre de la vida eterna. Es como una droga que los aliena de los deberes con
la vida presente. Y no solamente hablan de ella, sino que quieren imponer este
lenguaje, el lenguaje común a todas las religiones, que brota de lo más profundo
del hombre, pero que necesita ser clarificado por el mensaje liberador y
comprometido de Jesús. El jurista está molesto porque Jesús no habla a la gente
de lo que él cree esencial para un buen judío y que es el centro de su religión:
los diez mandamientos, contenidos en las dos tablas de la Ley de Moisés. Se
trata de la Ley fundamental de Israel, como lo es la Constitución para las
naciones modernas. Siendo, sin embargo, Israel una teocracia, Constitución es
igual a Ley de Dios.
Jesús no se deja atrapar. Ni siquiera se digna recitarla. Hace que sea el propio
jurista quien se dé la respuesta: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo es eso que
recitas?» (10,26). La recitación del Shemac Israel (= «Escucha, Israel») es
perfecta, como quien recita el Credo. El jurista no se ha contentado con recitar
largo y tendido el encabezamiento solemne del Deuteronomio: «Amarás al Señor tu
Dios...» (Dt 6,5), sino que ha añadido una breve referencia al prójimo (segunda
tabla de la Ley), sacada del Levítico: «Y a tu prójimo como a ti mismo» (Lv
19,18). No basta con recitar de memoria y con los labios, es preciso ponerlo en
práctica. Quien cumple la Ley tiene garantizada la vida eterna. Pero, entonces,
¿qué ha venido a hacer Jesús si no ha venido a hablarnos de la otra vida? La
respuesta la reserva Lucas para el final de la estructura, cuando, en la
perícopa gemela, un dirigente de Israel le formulará la misma pregunta. Pero no
anticipemos. Primero es preciso asimilar las enseñanzas que encierran las
secuencias que componen esa gran estructura.
LOS HOMBRES RELIGIOSOS PASAN DE LARGO
La secuencia que ahora examinamos tiene forma de tríptico. Acabamos de ver la
hoja izquierda. En el centro se encuentra la parábola. En la hoja derecha, la
enseñanza o «moraleja». El jurista que quería atrapar a Jesús se ha quedado
atrapado en su propia trampa («queriendo justificarse»): ha recitado demasiado
bien los mandamientos. Jesús lo ha invitado a «hacer», y cuando se trata de
«hacer» no hay más remedio que tener en cuenta al prójimo. El jurista pretende
escurrirse: «Y ¿quién es mi prójimo?» (10,29), como quien dice: Esto es muy
difícil de saber. Jesús le propone una parábola.
El centro de la parábola es «un hombre». Lucas ha escogido el término «hombre»,
y no otro de los muchos posibles, y lo acompaña del indefinido «un/cierto»: este
individuo personifica la humanidad y, en concreto, la qué está de vuelta en
sentido figurado: «un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó» (10,30b). «Bajar de
Jerusalén», siendo «Jerusalén» el término sacro empleado para designar la
institución judía y, en especial, su centro, el templo, tiene sentido negativo.
El alejamiento del templo se paga muy caro; puede significar la pérdida de la
propia vida, desde el punto de vista judío. Lucas lo expresa en imágenes: «lo
asaltaron unos bandidos, lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon
dejándolo medio muerto» (10,30c). Se explica, ahora, que bajando por aquel
camino (no se dice que bajen de ¡Jerusalén!) un sacerdote del templo y un levita
o clérigo perteneciente a la misma alcurnia, uno y otro den un rodeo y pasen de
largo (vv. 31-32). Su comentario sería unánime: Le está bien empleado, por
abandonar las prácticas religiosas..., él se lo ha buscado!
LA COMPASION DE LOS QUE EXPERIMENTAN LA MARGINACION
Lucas hace coincidir fortuitamente (explicitado en el texto) tres individuos que
representan a otros tantos estamentos: los dos primeros están estrechamente
vinculados al templo, mientras que el tercero, un samaritano, representa al
pueblo más odiado por un judío religioso. En los dos primeros hay coincidencia
con el desgraciado, pero sólo material: «Coincidió que bajaba por aquel camino
un sacerdote...; igualmente un clérigo, que llegó a aquel lugar...»; el tercero
va derecho: «Pero un samaritano, que hacía su camino, llegó adonde estaba el
hombre» (10,33). Hay una clara oposición entre el templo, que es el lugar por
excelencia donde reside Dios, para un judío, y «aquel lugar» donde se encuentra
el hombre que ha abandonado la institución. El samaritano está ya habituado a la
maldición que los judíos profieren contra quienes abandonan la Ley y el templo:
es un excomulgado. Va directamente «adonde estaba el hombre», como si hubiese
olido la desgracia que ha caído sobre el hombre que ha abandonado la religión.
Se compadece de él, y no sólo lo cuida personalmente, sino que se preocupa de
que luego otros se ocupen de él (10,34-35).
EL PROJIMO SE CREA HACIENDOSE UNO MISMO PROJIMO
«¿Cuál de estos tres se hizo prójimo del que cayó en manos de los bandidos?»
(10,36). El jurista quería escurrirse de amar al prójimo con la excusa de que es
muy difícil de individualizar quién es y dónde se encuentra. Jesús le responde
que el prójimo no se pasea por la calle, no lleva ningún distintivo: uno mismo
se hace prójimo cuando se acerca a los más necesitados, cuando toma partido por
el hombre a quien han pisoteado sus derechos y que ha sido reducido a una
condición infrahumana... El samaritano, marginado él también por su condición
religiosa heterodoxa, es capaz de sentir compasión por los proscritos por la
institución oficial. No indaga en absoluto. Pasa a la acción y se vuelca
haciendo el bien. El jurista no se atreve a pronunciar la palabra maldita («el
samaritano») y responde: «El que tuvo compasión de él.» Jesús remacha el clavo:
«Pues anda, haz tú lo mismo» (10,37). Quien se compromete con su prójimo tiene
la vida eterna asegurada.
COMENTARIO 2
Nuestra comunión con Dios está esencialmente ligada al lugar en que buscamos la
realización de esta comunión. La parábola nos presenta los dos ámbitos en que
puede situarse esta búsqueda y nos enseña que la respuesta adecuada a la
cuestión no puede ser reducida al ámbito de la participación cultual.
En continuidad con la línea profética de Israel, la respuesta de Jesús nos
indica la vaciedad de las compensaciones cultuales que nacen de un corazón que
ha reducido la presencia divina a ese ámbito. Sacerdote y levita son los
exponentes de una concepción en que la preocupación cultual impide el
acercamiento al ámbito de lo divino y ofusca el descubrimiento del Dios de la
vida.
El samaritano, situado al margen de la pureza ritual, imposibilitado de
participación en los bienes del pueblo elegido y de su culto oficial, es el
único personaje de la historia que es capaz de comprender y dar la respuesta que
Dios espera en la vida de los hombres. Sus acciones nacidas de la compasión ante
el hombre golpeado por los bandidos lo colocan en la participación de los bienes
de Dios y ello de tal manera que se convierte en ejemplo que debe seguir incluso
todo fiel israelita como debe reconocer el escriba , interlocutor de Jesús.
El "vete y haz tu lo mismo" dirigido a este maestro se convierte en invitación a
todo el pueblo de Dios para la rectificación y purificación de su relación
religiosa, a menudo oscurecida por la búsqueda de pureza para la participación
cultual.
1. Josep Rius-Camps, El Éxodo del Hombre libre. Catequesis sobre el Evangelio de Lucas, Ediciones El Almendro, Córdoba 1991
2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
3-7. 2002
El seguimiento de Jesús tiene exigencias reales.
No sólo implica un compromiso con los pobres, sino también un crecimiento
personal y una mayor conciencia de uno mismo. El evangelio de hoy nos trae la
parábola que comúnmente hemos llamado "el buen samaritano".
El problema del texto que analizamos, no es la vida eterna. Si este texto lo
analizamos desde el problema del más allá, pierde su valor real y su sentido en
las páginas del evangelio de Lucas.
Hay que partir de un hecho que palpamos todos los días en la vida de la Iglesia:
quienes no quieren comprometerse con el hermano necesitado hablan siempre de la
vida eterna. Este tema para muchos cristianos y cristianas es como una droga que
los aliena de los deberes con la vida presente.
No es válido hablar de más allá, de cielo, de vida eterna, si esta historia de
ahora, si este más acá, si esta tierra, está tan desordenada y tan deshumanizada
por las estructuras perversas que se han impuesto sobre la creación, obra de
Dios. Jesús, coloca un ejemplo concreto y aclara que lo más importante es hacer
de esta historia una verdadera experiencia de "vida eterna".
Frente a la realidad del hermano que sufre, Jesús, acusa a los hombres de
religión de pasar por alto y no importarle el sufrimiento del otro.
Lucas, en el relato, deja bien en claro que solamente los que experimentan en su
propia vida la marginación y la exclusión, sienten compasión del sufrimiento y
miseria que viven sus hermanos en la historia. No podemos seguir pensando en el
más allá, para zafarnos del compromiso de hacer de esta historia un lugar donde
quepamos todos. El cristiano tienen la tarea de dejar este mundo un poquito
mejor de como lo encontró.
Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
3-8.
Lunes 6 de octubre de 2003
Jon 1, 1 - 2, 1.11: No aceptar la misión
Interleccional: Jon 2, 3-5.8
Lc 10, 25-37: El buen samaritano
El relato comienza con un dialogo entre un maestro de la ley y Jesús. El maestro
pregunta: ¿Qué debo hacer para conseguir la vida eterna?. Jesús le responde con
otra pregunta: ¿qué dicen las Escrituras? El maestro responde con las palabras
de uno de los textos más conocidos y venerados del A.T., el shemá: «Amarás al
Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y
con toda tu mente; y amarás a tu prójimo como a ti mismo». Pero aquel hombre,
queriendo pasar por justo, plantea una nueva pregunta sobre quién es su prójimo
y esta pregunta suscita como respuesta la parábola de Jesús.
Los personajes de la misma han sido cuidadosamente elegidos. El hombre asaltado
y golpeado es un judío, los que pasan de largo, un sacerdote y un levita, son
expertos en la ley, mientras que el que ofrece ayuda gratuita es un samaritano.
No olvidemos que entre judíos y samaritanos existía una inmensa hostilidad
racial.
Con la parábola el maestro de la ley había entendido la razón más honda de todo
lo que Jesús hacía: el amor a Dios y el amor al prójimo, son una unidad
inseparable, son el camino más seguro que nos lleva al Padre, más que todas las
prácticas rituales y todos los sacrificios que se hacían en el Templo. Había
entendido el núcleo del conflicto que Jesús tenía con las autoridades judías,
que daban más importancia a las prácticas religiosas que al compromiso con la
vida, al culto que a la misericordia y la justicia. Había comprendido que el
Dios del que Jesús hablaba era otro Dios, el Padre, al que le importa más la
vida de sus hijos que los sacrificios o los ayunos o las oraciones rituales.
Este amor misericordioso del Padre debe pasar por encima de cualquier otra
consideración en la vida de los cristianos. En este gesto del samaritano, el de
sentir compasión, la Iglesia debe reconocer un aspecto fundamental de su misión:
la de tener un corazón compasivo, que se exprese en un amor eficaz, levantando a
todos los hombres y mujeres que son víctimas de las estructuras injustas de
nuestra sociedad.
SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO
3-9. 2003
LECTURAS: JON 1, 1-2, 1. 11; JON 2; LC 10, 25- 37
Jon. 1, 1-2, 1. 11. Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al
conocimiento de la verdad. A nadie creó Dios para la muerte, pues Él no se
deleita en la muerte sino en la vida. Ninguno, que haya experimentado el amor y
la misericordia de Dios, puede condenar a los demás pensando que sólo él tiene
derecho exclusivo sobre Dios. Jonás, recalcitrante a hacer partícipe de la
misericordia de Dios a los pueblos paganos, es conducido por Dios hasta el lugar
donde el Señor quiere que se cumplan sus planes de salvación. Jonás, rebelde, no
de palabra sino de hecho, a la voluntad de Dios respecto a la salvación
universal, finalmente proclamará esa salvación: primero a los marineros, que
temen a Dios, y que al arrojar a Jonás al abismo, se salvan de la muerte pues el
mar se calma; y después a los Ninivitas, proclamando el mensaje de salvación de
Dios, al que ellos hacen caso y salvan así su Vida. Nos dice san Pablo: si la
rebeldía de los judíos se convirtió en causa de salvación para el mundo, ¡Qué no
será su conversión! Si la desobediencia del pueblo elegido simbolizado en Jonás,
si su reticencia a abrir la salvación a todos, incluso a los enemigos fue causa
de que esa salvación, conforme al Plan de Dios, llegara a Nínive en que se
simboliza la persecución de los inocentes y la lejanía de Dios, cuánto más ha
logrado el Señor Jesús, que, obediente a su Padre Dios, sale al encuentro del
hombre pecador para proclamarnos la Buena Nueva del amor que Dios nos tiene. Él
fue arrojado al abismo de la muerte, y ahí permaneció tres días y tres noches,
para luego resucitar como el Hombre Nuevo con quien estamos llamados a
identificarnos todos sin distinción alguna. Así Él ha logrado para nosotros la
salvación. Y Él nos pide que abramos los ojos para no condenar a nadie, pues así
como nos ha amado quiere que nos amemos los unos a los otros; y así como Él dio
su vida en rescate por todos, quiere que su Iglesia se esfuerce constantemente
en salir al encuentro del hombre pecador para invitarlo a rectificar sus
caminos.
Jon. 2, 3-5. 8. A pesar de nuestras rebeldías e
incongruencias en la fe, Dios siempre está dispuesto a escuchar nuestras
súplicas, pues su amor misericordioso hacia nosotros nunca se acaba. Dios nos
ama como un padre ama a sus hijos. Dios escuchó a su Hijo que le pidió, con
ardientes lágrimas, que lo librara de la muerte. Dios siempre está y estará de
parte nuestra. Sepamos, también nosotros, escuchar su Palabra y hacerla nuestra,
pues el Señor quiere santificarnos en la Verdad por medio de ella. Dejemos de
vivir nuestra fe con hipocresía; seamos leales al Señor como Él lo ha sido con
nosotros. No encerremos la fe en nuestro corazón sino que proclamemos el amor y
la misericordia del Señor a todos los pueblos; hagámoslo con las obras que
manifiesten cómo el Señor, por medio nuestro, se hace cercanía amorosa y
misericordiosa para todos.
Lc. 10, 25-37. Amar al prójimo es procurar su bien, fortalecerle cuando sus
manos se han cansado o sus rodillas han empezado a vacilar, tenderle la mano
cuando lo vemos caído en algún pecado o en alguna desgracia, dejar nuestras
seguridades para ofrecérselas y hacerle recobrar su dignidad; en fin, nadie
tiene amor más grande que aquel que da la vida por sus amigos. Y es muy fácil
amar a quienes nos hacen el bien; y es muy fácil, también, solucionar el
problema que nos causan nuestros enemigos acabando con ellos. Así sólo puede
considerarse nuestro prójimo el cercano a nosotros y a nuestro corazón, aquel
que no nos causa penas, dolores, angustias, aquel que no se ha levantado en
contra nuestra para dañarnos, pues, si lo ha hecho, no será nuestro prójimo,
sino nuestro enemigo. Dios en Cristo Jesús, su Hijo amado hecho uno de nosotros,
ha salido al encuentro de su prójimo, de aquel que jamás ha sido expulsado de su
corazón. Y su cercanía ha sido hacia los pobres, hacia los marginados, hacia los
despreciados y, sobre todos, hacia los pecadores, aun cuando sus pecados puedan
haberse considerado demasiado graves. Amó tanto a la humanidad frágil y
pecadora, que se desposó con ella y cargó sobre sí sus pecados clavándolos en la
cruz y derramando su sangre para que fuesen perdonados. Así puede presentar a su
esposa, que es la iglesia, ante su Padre, libre de pecado y adornada con las
arras del Espíritu Santo. El Señor, en el Evangelio de este día nos manifiesta
el gran amor que nos tiene para que vayamos y hagamos nosotros lo mismo.
En esta Eucaristía nos hacemos uno con Cristo. Uno en su amor, uno en su envío,
uno en la vida que Él recibe de su Padre Dios. Por eso su Iglesia, que celebra
este Misterio Pascual, debe ser luz para todos los pueblos, debe ser portadora
de la salvación para todos sin poner fronteras o barreas a algunas personas. Por
eso no sólo podemos pedirle al Señor que nos llene de su Vida y de su Espíritu;
hemos de pedir que esa Vida y ese Espíritu llegue también a quienes viven lejos
de Él; y nuestro esfuerzo apostólico ha de acompañar nuestra oración llevándonos
hasta aquellos que, incluso convertidos en perseguidores nuestros, necesitan que
alguien no sólo les hable, sino que se convierta para ellos en un signo vivo del
amor misericordioso de Dios. Por ello, quienes participamos de esta Eucaristía
no venimos a ella sólo a cumplir con un deber cristiano, consecuencia de una
tradición familiar, sino que venimos con el compromiso de aceptar convertirnos
en portadores de la salvación de Dios para todos, aún cuando en algún momento se
hayan levantado en contra nuestra ofendiéndonos, criticándonos o
persiguiéndonos.
Volveremos a nuestra vida ordinaria. Es hermoso escuchar la voz de Dios en el
lugar de culto y dejar que nuestro corazón se conmueva ante sus palabras. Pero
vamos a encontrarnos nuevamente con aquellos que nos insultan por ser
cristianos; con aquel vecino, compañero de trabajo o de estudio que nos causó
algún daño, incluso tal vez diciendo cosas falsas de nosotros, o profiriendo
amenazas en contra nuestra; con aquel familiar que está enfadado con nosotros y
que, tal vez, han pasado días, meses o años sin que podamos volver a
relacionarnos de un modo adecuado, antes al contrario, parecería que se
profundiza cada vez más el abismo que nos separa. El hacer que la salvación
llegue a todos no sólo significa el que proclamemos el Nombre de Dios con
discursos bien elaborados, significa especialmente el que nosotros, con nuestras
actitudes nuevas, con nuestro amor, con nuestro cariño, con nuestro respeto, con
nuestra alegría, comencemos nuevamente a relacionarnos adecuadamente, como hijos
de Dios, con todos aquellos que antes fueron nuestros enemigos, pero a quienes
ahora no sólo consideramos prójimos, sino hermanos nuestros. Entonces, realmente
sólo hasta entonces, sabremos que estamos trabajando por el Evangelio de la
Salvación que Dios ofrece a todos; entonces, también sólo entonces, podremos no
sólo llamar Padre a Dios, sino tenerlo en verdad por Padre.
Que Dios nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra
Madre, ser portadores de la salvación para todos los hombres. Que nuestra vida,
en la que no cerremos a nadie nuestro corazón ni excluyamos a nadie de nuestro
amor, se convierta en el mejor testimonio del amor que Dios tiene a todos. Amén
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3-10. Contemplar el Evangelio de hoy
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Día litúrgico: Lunes XXVII del tiempo Ordinario
Ref. del Evangelio: Lc 10,25-37
Texto del Evangelio: En aquel tiempo, se levantó un maestro de la Ley, y dijo
para poner a prueba a Jesús: «Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia
la vida eterna?». Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?».
Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con
todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo». Díjole
entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás».
Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?». Jesús
respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de
salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio
muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un
rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un
rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo
compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y
montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al
día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: ‘Cuida de él
y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva’. ¿Quién de estos tres te
parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?». Él dijo: «El
que practicó la misericordia con él». Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo».
Comentario: Lluís Serra i Llansana, marista (Roma)
«El que practicó misericordia con él»
Hoy, un maestro de la Ley plantea a Jesús una pregunta que quizás nos hemos
formulado más de una vez: «¿Qué he de hacer para tener en herencia la vida
eterna?» (Lc 10,25). Era una pregunta que iba con segundas, pues quería poner a
prueba a Jesús. El maestro responde sabiamente lo que dice la Ley, es decir,
amar a Dios y al prójimo como a uno mismo (cf. Lc 10,27). La clave es amar. Si
buscamos la vida eterna, sabemos que «la fe y la esperanza pasarán, mientras que
el amor no pasará nunca» (cf. 1Co 13,13). Cualquier proyecto de vida y cualquier
espiritualidad cuyo centro no sea el amor nos aleja del sentido de la
existencia. Un punto de referencia importante es el amor a uno mismo, a menudo
olvidado. Solamente podemos amar a Dios y al prójimo desde nuestra propia
identidad.
El maestro de la Ley va más lejos todavía y pregunta a Jesús: «Y ¿quién es mi
prójimo?» (Lc 10,29). La respuesta llega a través de un cuento, de una parábola,
de una historia corta, sin formulaciones teóricas complicadas, pero con un gran
contenido. El modelo de prójimo es un samaritano, es decir, un marginado, un
excluido del pueblo de Dios. Un sacerdote y un levita pasan de largo al ver al
hombre apaleado y malherido. Los que parecen estar más cerca de Dios (el
sacerdote y el levita) son los que están más lejos del prójimo. El maestro de la
Ley evita pronunciar la palabra “samaritano” para indicar a quien se comportó
como prójimo del hombre malherido y dice: «El que practicó la misericordia con
él» (Lc 10,37).
La propuesta de Jesús es clara: «Vete y haz tú lo mismo». No es la conclusión
teórica del debate, sino la invitación a vivir la realidad del amor, el cual es
mucho más que un sentimiento etéreo, pues se trata de un comportamiento que
vence las discriminaciones sociales y que brota del corazón de la persona. San
Juan de la Cruz nos recuerda que «al atardecer de la vida te examinarán del
amor».