LUNES DE LA SEMANA 26ª DEL TIEMPO ORDINARIO

 

 1.- Za 8, 1-8

1-1.

-Me fue dirigida la Palabra del Señor del universo en estos términos: «Siento por Sión un amor celoso y un ardor apasionado.»

Hay que aceptar la sorprendente revelación contenida en esta frase y aplicarla a nuestra vida: el gran Dios del universo, el «Señor Sabaot», el jefe de los ejércitos celestiales... es también el Dios que se interesa concretamente por un pueblo pequeño. Cuando me pongo ante Ti, Señor, me pierdo en el océano sin límite de tu poder. Tu transcendencia me aventaja infinitamente y tu luz me deslumbra.

Sin embargo, al mismo tiempo, me siento amado personalmente, como si estuviese yo solo en el mundo contigo.

Hay aquí un lenguaje de enamorados. «Siento por ti un amor celoso y un ardor apasionado.»

Cuando la filosofía razonando se acerca a Dios, llega, a menudo, a unas nociones frías y abstractas. Cuando Dios se revela, se atreve a mostrarse apasionado y entusiasta: es un Dios tierno y ardiente; diríamos que es un Dios lleno ya de humanidad, ¡Todo ello anuncia la encarnación de Dios!

-He vuelto a Sión y en medio de Jerusalén estableceré mi morada.

¿Estoy realmente convencido de que Dios habita también en mi ciudad, en mi pueblo, en mi casa?

-Jerusalén se llamará: «Ciudad-fiel» y la montaña del Señor del universo: "Monte-Santo".

La presencia de Dios es fuente de responsabilidad. Dios transforma la ciudad donde mora. Su fidelidad y su santidad se transfunden en ella.

¿Contribuyo yo a transformar las relaciones humanas de mi ciudad, de mi barrio, de mi empresa, de mi familia en el sentido y dirección de Dios? Siempre con la convicción de que Dios está obrando en ellas.

-Se sentarán viejos y viejas en las plazas de Jerusalén, cada cual con su bastón en la mano, por ser muchos sus días. Las plazas de la ciudad se llenarán de muchachos y muchachas que irán allá a jugar.

Es una imagen muy hermosa, un cuadro idílico, símbolo de una vida feliz: los ancianos viven muchos años y las nuevas generaciones son muy numerosas.

No olvidemos que, según el profeta, es Dios quien habla así. ¡La alegría de Dios es contemplar una humanidad alegre y feliz, niños y muchachos que se divierten!

La presencia de Dios, en una ciudad o en una familia logra esas relaciones humanamente armoniosas: Dios es amor.

-Si todo esto parece maravilloso para los supervivientes de aquel tiempo, ¿será también una maravilla imposible para mí? declara el Señor del universo.

Dios es perfectamente consciente de que hay un aspecto utópico en ese sueño de felicidad. Y sin embargo no renuncia a él. Nada es imposible.

-He aquí que yo salvo a mi pueblo, trayéndolo de nuevo del país de Oriente y de Occidente.

En efecto, en aquel tiempo todas las apariencias eran contrarias. Y precisamente, entonces Dios anuncia que hará regresar a los exiliados.

En el mismo seno de la desgracia y de la prueba hay que oír la promesa divina de felicidad.

-Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios, fiel y justo.

Fórmula de alianza.

¿Estoy de veras convencido de que Dios me ama y se ha unido a mí?

NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 5
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑO IMPARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 308 s.


1-2. /Za/08/01-17  /Za/08/20-23

Nos hallamos delante de una serie de breves oráculos que están yuxtapuestos sin demasiada conexión lógica. Parece también que la última redacción ha alterado su forma rítmica original y algunos de ellos han perdido la estructura poética. Todos van precedidos de la fórmula: «Así dice el Señor de los ejércitos».

Dios está lleno de celo por cumplir las promesas mesiánicas comenzando por la glorificación de Jerusalén y de su templo (v 1-2); «plantará su tienda» entre ellos, es decir, vivirá en medio de su pueblo como había vivido en el desierto (3); Jerusalén gozará de paz, de manera que sus plazas se llenarán de ancianos y de niños (4-5); un aviso a los hombres de poca fe: aunque eso parezca imposible a los repatriados -que padecen las dificultades del momento presente-, no lo es para Dios (6); el retorno incluirá a todos los judíos de la diáspora no solamente a los de Babilonia (Oriente). De nuevo se formará el pueblo de Yahvé, con quien estará unido por la alianza (7-8); se exhorta a proseguir la restauración del templo y de la nación. Están viviendo el comienzo de una nueva época de prosperidad, que contrasta con la que habían vivido hasta entonces. Antes de la reconstrucción del templo eran tiempos de miseria y de inseguridad social. Ahora Yahvé cambiará la maldición por bendición (9-13), la iniciativa ha venido de Yahvé. La maldición es consecuencia del pecado de Israel; la bendición, en cambio, del amor gratuito de Dios (14-15); sigue un pequeño código moral para la vida comunitaria, insistiendo en la justicia, la verdad, la caridad, que son el origen de la paz.

Los juicios se hacían a las puertas de la ciudad (16-17); los dos últimos oráculos presentan a todos los pueblos buscando a Yahvé, ya que reconocen que sólo él salva a los hombres. Ya Isaías (60,4) y Miqueas (4,2) habían expresado esta idea. Zacarías lo hace diciendo que no irán allí individualmente sino en muchedumbre (los habitantes de una ciudad irán hacia la otra). «Agarrar de la orla del manto» significa rezar con insistencia. Los paganos pedirán a los judíos ser aceptados entre ellos, porque «Dios está con vosotros», es decir, tenéis un Dios efectivo, que salva. Una hermosa idea, siempre válida: un Dios que no salva no es Yahvé.

J. ARAGONES LLEBARIA
LA BIBLIA DIA A DIA
Comentario exegético a las lecturas de la Liturgia de las Horas
Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981.Pág. 275


2.- Jb 1, 6-22

2-1. /Jb/LIBRO:

El libro de Job es, en principio, un cuento folklórico fechado en el segundo milenio a. C. Pone en escena a un rico propietario del sudeste del mar Muerto, un hombre íntegro, atacado en su persona y en sus bienes más queridos y que, en esa situación, muestra una paciencia ejemplar.

El cuento plantea varias cuestiones. Por ejemplo: ¿existe una piedad desinteresada? La respuesta es afirmativa; en efecto, en medio de las calamidades que se abatan sobre él. Job mantiene una serenidad total: "El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; ¡Sea bendito el nombre del Señor". Job es el prototipo del justo. Otra cuestión es la de la retribución personal; el epílogo describe la reintegración del fiel en sus bienes anteriores.

Un poeta tomó la obra antigua para adaptarla a las cuestiones planteadas por su época. Judío de la segunda generación del destierrro, atento al profundo malestar de sus compatriotas, se sirvió del cuento como de un trampolín para intentar dar una respuesta.

Con él vuelve a ponerse sobre el tapete el problema que el cuento planteaba: "¿Es desinteresado el temor de Dios?". La pregunta era muy actual para los deportados, que habían visto la victoria de los enemigos de Yavhé. No es que ellos mismos no fueran merecedores de ningún reproche, pero... ¿de qué les había servido su fidelidad a la Alianza, si aquello había terminado en un abandono tan terrible por parte del Señor Dios?

Una palabra sobre "El Adversario". "Al poner entre Dios y el hombre a un personaje misterioso, Job obligó a pensar en el mal y en la muerte antes que en el individuo y que en la propia comunidad; hay un exceso de mal, a la vez anterior y posterior a cada uno de los hombres, cuyas consecuencias repercuten sobre cada uno de ellos". En todo caso, fue en el exceso de sufrimientos que representó el destierro para el pueblo elegido donde Job planteó la cuestión de la justicia divina.

Durante esta semana seremos testigos de una parábola cuyos acentos dramáticos seguramente nos conmoverán. Job, delante de nosotros, se alzará frente a Dios, contra Dios, por Dios. Su prueba es la del creyente que tiene que enfrentarse al drama de la vida y a su propio Dios.

Satanás acusa a Dios: si los hombres te aman, es por los beneficios que les concedes.

La fe no sería, pues, más que un amor interesado. El libro que vamos a recorrer es, por tanto, un debate, un proceso con tres personajes: Dios; "Satanás", el Acusador, el que siembra la división entre Dios y el hombre diciéndole a Dios: "¡Los hombres te olvidarán!", y al hombre: "¡Dios te ha olvidado!", y Job, que, sin sospecharlo, va a ser árbitro en el debate.

Debate de todos los tiempos. El Divisor, Satanás, tiene la parte más fácil: todo habla contra Dios; ¿quién podrá escoger la vía estrecha del Evangelio y el camino de la cruz? La situación del creyente, en un mundo en el que existe el mal y la injusticia, es una situación de prueba. ¿Cómo se comportará? ¿Se va a hacer ateo? ¿Se va a resignar? Ni lo uno ni lo otro, responde el libro de Job. El creyente es el contestatario que no desiste de recurrir a Dios.

Los discípulos discutían sobre la precedencia en el reino, olvidando que el ser discípulo supone un desafío. Satanás y Dios luchan por la posesión del corazón del hombre. Job es aquel que, sin saberlo, acepta el desafío. El verdadero discípulo conocerá la Pascua, pero será al final de la prueba.

DIOS CADA DIA
SIGUIENDO EL LECCIONARIO FERIAL
SEMANAS XXII-XXXIV T.O. EVANG.DE LUCAS
SAL TERRAE/SANTANDER 1990.Pág. 288 s.


2-2.

Entre los «Libros Sapienciales», el Libro de Job es merecidamente célebre. Escrito hacia el s. V a. de J.C., plantea el «problema del mal» de manera inolvidable.

-¿Por qué existen el sufrimiento y la muerte?

Los amigos de Job tratarán de decirle: «a causa del pecado...» El mal es un castigo. Esta es una de las respuestas que a menudo se han dado.

Pero Job modifica la pregunta haciéndola más radical:

-¿Por qué el sufrimiento de los inocentes? Y es una de las preguntas más graves de todos los tiempos.

La respuesta de Job, misteriosa, como veremos, es una aproximación, todavía imperfecta... Habrá que esperar la «cruz» de Jesús y su resurrección, para tener una respuesta más definitiva.

-El Señor dijo: «¿Te has fijado en mi siervo Job? es un hombre cabal y recto, que teme a Dios y se aparta del mal. ¡No hay nadie como él en la tierra!»

Desde el comienzo del relato, lo sabemos ya, de los labios mismos de Dios: el sufrimiento, la prueba, no son un «castigo». Job es un «justo», un «santo»... y será terriblemente probado. Jesús también, «a fortiori», era "justo" y «santo», sin pecado... y se le crucificó, y murió en la cruz.

Señor, ¡qué grande es el misterio en que nos introduces! Todo hombre, cuando sufre, siente la tentación de decir: ¿qué hemos hecho para que Dios nos trate de ese modo?»

Para nosotros, pecadores, la pregunta puede tener, en parte, un sentido. Pero sería peligroso dar únicamente esta respuesta.

-Satán respondió: «¿Es que Job teme a Dios de balde? Tócale sus bienes y juro que te maldice a la cara.» Asistimos a una escena inspirada en el viejo folklore sirofenicio. Job feliz y rico lo perderá todo: sus rebaños sus propiedades, sus servidores, sus hijos, su salud... Y todo ello debido a la proposición de "Satán".

En el Antiguo Testamento, Satán es el "adversario" por excelencia -tradición del término "satan" en hebreo... que el griego tradujo por «diábolos», el «calumniador», el que pone zancadillas al que anda-. Satán es el adversario al designio de Dios, el que lanza un reto a Dios: no cree que el hombre sea capaz de «justicia» ni de «santidad»... No cree que el hombre sea capaz de servir a Dios «gratuitamente». La señal de Satán es el «interés», el egoísmo: doy para que me des. ¿Soy capaz de gratuidad? ¿Sirvo a Dios y a mis hermanos en vistas al premio, al mérito? o por amor, ¿sin esperar nada en retorno?

-Job, postrado en tierra, dijo: «Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo retornaré allá. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó. ¡Sea bendito el nombre del Señor! »

En vez de maldecir, como lo había deseado el Tentador, Job, despojado de todo, acepta su sufrimiento y continúa «bendiciendo a Dios».

Conviene releer lentamente esas admirables palabras.

Del hombre, abrumado por ese desamparo inaudito, cabía esperar una actitud rebelde, y en cambio asistimos a una sumisión sublime y humilde: "Dios me lo dio, Dios me lo quitó".

Satán ha perdido el primer envite pero volverá al ataque.

NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 4
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑOS PARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág. 308 s.


2-3. /Jb/01/01-22

Es posible que Job sea una figura histórica. Pero la narración tiene sobre todo un valor simbólico. Se trata de una profunda polémica con la doctrina tradicional de la retribución, centrada en los bienes de la tierra.

Job es un hombre justo, y el problema que el autor se plantea es si la justicia puede ser practicada por sí misma, sin esperar una recompensa terrenal; si es preciso practicar la virtud por la virtud.

Posiblemente heredó la tradición de un Job paciente y justo y la convirtió en una tesis más profunda: la vida del justo es una lucha entre Dios y el enigmático Satán, presentado como enemigo del hombre.

La doctrina tradicional piensa en una recompensa aquí en la tierra: Job posee muchos bienes y prestigio. En cambio, el autor del libro de Job, tal como se nos presenta ahora, es más espiritual y fija su atención en la virtud: lo que vale es la virtud, no las recompensas que por ella pueda recibir el hombre.

El lenguaje es estereotipado. La narración sigue un proceso dramático. Al fin, Job lo pierde todo menos la vida. Por ello, el versículo 21 no sólo es de gran profundidad, sino que constituye la mejor respuesta que puede darse a la virtud desinteresada: los bienes de este mundo son un don de Dios; pero lo que interesa a Dios es el hombre; desnudos venimos al mundo y desnudos tenemos que partir. Con eso, el autor tiene ya su tesis.

Aceptar dicha desnudez puede ser la mejor conformidad a la voluntad de Dios.

Pero esto es sólo la primera parte. Lo mismo aquí que en el Qohélet, el autor expresa un pensamiento muy importante para interpretar tanto las palabras de Job como las de sus amigos: los bienes del mundo son vanidad de vanidades. Si Job logra desprenderse de ellos con un espíritu tan noble, es porque para él Dios tiene mayor importancia que todo cuanto posee; por ello no duda en ofrecer holocaustos por sus hijos, como más adelante los ofrecerá por la virtud.

Quizá también nosotros debamos, para ser fieles a Dios, sacrificar todo cuanto poseemos.

J. MAS BAYÉS
LA BIBLIA DIA A DIA
Comentario exegético a las lecturas de la Liturgia de las Horas
Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981.Pág. 268 s.


3.- Lc 9, 46-50

3-1. DISCIPULO/SERVICIO 

Jesús manifiesta una vez más el conocimiento profundo de los corazones de los hombres y plantea el problema de la grandeza en el Reino de Dios. ¿Quién es el mayor? Lucas no responde como Marcos. Para él todo se centra en un problema de servicio. La pregunta estaba mal planteada por los discípulos. El mayor es no el "niño", sino aquel que le sirve y no simple- mente le sirve, sino el que le sirve "en nombre de Jesús", es decir, se trata de un servicio sencillo, no raro y rebuscado, basado únicamente en el hecho de que es seguidor de aquél que "ha venido a servir" (Mt 20. 28) y un discípulo de Jesús, por serlo, tiene obligación de hacer lo mismo (Lc 17. 10). En esto se mide la cercanía de Jesús, en el servicio (2 Ts 1. 11 ss).

El segundo problema es tremendamente esperanzador para nuestros tiempos. El que trabaja por el bien, se encuentre donde se encuentre, pertenece al grupo. No importa tanto el grupo, cuanto hacer el bien en nombre de Jesús. Quizá nadie ha entendido en este punto tan bien a Jesús como Pablo (Flp 1. 15 ss; 1 Co 3. 5 ss; Ga 1. 11 ss.).

COMENTARIOS BIBLICOS-5.Pág. 525


3-2. FE/SERVICIO: /Mt 18. 1-5; /Lc 22. 26

El texto que comentamos consta de dos unidades diferentes. La primera (9. 46-48) trata de la relación de los creyentes entre sí. La segunda (9. 49-50) se preocupa de la actitud de la iglesia ante los valores de los hombres que permanecen fuera de ella.

Común en ambas es la preocupación por superar la autosuficiencia de los grandes y el orgullo de grupo que ha podido surgir dentro de la iglesia. En ambos casos nos hallamos ante una de las expresiones más auténticas del mensaje de Jesús para los hombres.

La primera unidad se ocupa de la constitución interna de los discípulos de Jesús o de la iglesia. Siguiendo la lógica de este mundo parece evidente que lo más importante dentro de la comunidad son aquéllos que destacan por sus cualidades o por la responsabilidad de las funciones que están desarrollando. Por eso, los apóstoles discutían sobre el puesto y nombre del mayor como lo hacen tantos todavía. Pues bien, la respuesta de Jesús sigue siendo tan cortante ahora como entonces: el mayor y más valioso es simplemente el más necesitado, el niño, el indefenso.

NIÑO/VALORES: El niño no es mayor por sus valores, su inocencia o su ternura.

Es importante sólo porque es pobre, porque está necesitado de los otros y no puede resolver la vida por sí mismo. En este aspecto, son valiosos con el niño todos los que están más alejados, perdidos, indefensos, pobres. Ellos son los que han constituido el centro de atención de Cristo. Ellos seguirán siendo el centro de los cuidados de la iglesia. Por eso son los más valiosos e importantes.

Esto significa que la iglesia no es una sociedad que está formada sobre el valor de las personas que la integran, sino sobre las necesidades y miserias de aquéllos que precisan recibir su ayuda.

Su movimiento fundamental no es la defensa de sus bienes interiores, sino aquella fuerza de expansión por la que sale de sí misma y ofrece su ayuda a los que están necesitados (dentro y fuera de sus filas).

Dentro de la perspectiva del texto que comentamos es necesario completar esta verdad desde otro plano: a)decíamos que importa el niño o necesitado que carece de todo y simplemente es el objeto de la ayuda de los otros en la iglesia; b)después se añade que es grande aquél que "se ha venido a hacer pequeño"; esto supone que tenía capacidad para actuar y decidir, para buscar sus propios bienes y anhelar ventajas; sin embargo, lo ha dejado todo y se ha convertido en pequeño para servir a los demás.

Con esto hemos logrado descubrir los dos tipos originales de oyentes de Jesús:

a)Discípulo u oyente es el que escucha la palabra sobre el Reino y recibe el auxilio que le ofrece el Cristo. (Los primeros que penetran en el Reino son los pobres, los pequeños o los niños; quien les ayuda o les recibe ha recibido o ayudado al mismo Cristo). b)Pero, a la vez, es discípulo el que ayuda a los pequeños, el que vive preocupado por los otros y es pequeño simplemente por servirles.

En esta perspectiva se comprende la palabra de Jesús sobre los hombres que utilizan su mensaje (su poder sobre las fuerzas del demonio) sin estar formando parte de su iglesia. El evangelio es don abierto; todos tienen poder de utilizarlo. La iglesia es servidora del mensaje de Jesús y no su dueña. Por eso no puede impedir que lo utilicen los de fuera (9. 49-5-). En definitiva, lo que importa no es el triunfo externo de la iglesia o la ventaja que adquieren los cristianos; lo que vale es que la fuerza y la verdad del reino se propague hacia los hombres.

COMENTARIOS A LA BIBLIA LITURGICA NT
EDIC MAROVA/MADRID 1976.Pág. 1311


3-3.

Jesús se sirve de un proverbio que se había hecho corriente desde la guerra civil de los romanos: "Te hemos oído decir que nosotros (los hombres de Pompeyo) tenemos por adversarios nuestros a todos los que no están con nosotros, y que tú (Cesar) tienes por tuyos a todos los que no están contra ti". Jesús da razón al dicho del Cesar.

EL NT Y SU MENSAJE
EL EVANGELIO SEGUN SAN LUCAS/03-1
HERDER BARCELONA 1970.Pág. 276


3-4.

-A los discípulos se les ocurrió hacer una pregunta.

Jesús acababa de anunciar su Pasión, apropiándose la profecía de Isaías que anuncia a un "Mesías-pobre-servidor"...

"Padeceré mucho, seré rechazado, condenado a muerte... entregado en manos de los hombres".

-"¿Cuál de ellos sería el más grande?"

Decididamente, tendrá que pasar mucho tiempo antes de que lleguen a entender.

Permanecen apegados a proyectos de gloria. El deseo de dominar, de ser "más" que los demás, es natural al hombre.

Más que juzgar a esos discípulos podría yo sacar provecho detectando, en el fondo de mi propia vida, las huellas de ese mismo deseo ¿Qué formas, aparentes o escondidas, toma mi deseo de dominar, de ser más grande...?

-Jesús, adivinando lo que pensaban...

Se trataba pues de un debate interior, mental, -según san Lucas... ¡mientras que Marcos hablaba con mayor crudeza de una disputa entre ellos! En la versión de Lucas todo sucede muy suavemente: la imaginación presenta a los discípulos rumiando interiormente sus sueños gloriosos y saboreando los triunfos futuros, todo ello en el fondo de su corazón... y a Jesús que adivina sus pensamientos y los pone de manifiesto.

-Tomó de la mano a un chiquillo, lo puso a su lado y les dijo.

"El que toma a un niño en mi nombre, me acepta a mí, y el que me acepta, acepta también al que me ha enviado." El sitio de honor "a su lado" Jesús lo reserva para el más pequeño.

El que quiera ser el mayor... que se ponga al servicio de los más pequeños, que dedique su tiempo a recibir a los más pobres.

Puedo tratar de contemplar lo más detenidamente posible ese "icono": Jesús de pie con "un niñito a su lado". ¿Cómo traduciré esa estampa en mi vida concreta, en mi propia conducta? Señor, ayúdame a que no me agraden las acciones deslumbrantes, sino a encontrar mi alegría en lo "cotidiano" en las pequeñas cosas ordinarias.

-Pues el más pequeño entre todos vosotros, ¡ese es el mayor!

Lo grande no es reinar, sino servir. Sí, para Jesús el servir es cosa grande: porque servir al más despreciado de los hombres, es servir a Dios... y es imitar a Jesús. El destino personal de Jesús ha estado en contradicción total con lo que los hombres sueñan habitualmente. ¡De ahí su grandeza! "Jesucristo, sin bienes y sin sabidurías, está en el orden de la santidad. No ha inventado nada, no ha reinado, pero ha sido humilde, paciente, santo, santo ante Dios, terrible ante los demonios, sin pecado alguno. Es sencillamente ridículo escandalizarse de la humildad de Jesucristo... Pero los hay que no admiran más que las grandezas carnales, como si no las hubiera espirituales... Todos los cuerpos juntos, y todos los espíritus juntos y todas sus producciones, no valen lo que el menor gesto de caridad..." (·Pascal-B 585).

-Intervino Juan y dijo: "Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y hemos intentado impedírselo, porque no anda con nosotros siguiéndote". Jesús le respondió: "No se lo impidáis; porque el que no está contra vosotros está a favor vuestro".

El espíritu del poder es difícil de vencer. Juan mismo, no entendió nada. Quiere tener la exclusiva. Tiene envidia del éxito ajeno. Considera su vocación, su elección, como un privilegio.

NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 2
EVANG. DE PENTECOSTES A ADVIENTO
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 200 s.


3-5.

1. (Año I) Zacarías 8,1-8

a) Con Zacarías -que ya empezamos a leer el sábado pasado- seguimos la serie de profetas que hablaron en los tiempos de la vuelta del destierro de Babilonia.

Aquí escuchamos cinco breves oráculos -cada uno empieza con las palabras "así dice el Señor"-, esperanzadores todos ellos, porque parten de la convicción de que Dios ama a Sión apasionadamente, hasta celosamente.

El cuadro que dibuja de la nueva Jerusalén es expresivo: en sus calles volverán a sentarse los ancianos a tomar el sol y volverán a jugar los niños y jóvenes llenos de alegría.

¿Les parece esto tal vez imposible a los que acaban de volver y comprueban las dificultades de la reconstrucción? Pues a Dios no le resulta imposible, porque ha decidido liberar a su pueblo y renovar la Alianza: "ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios".

El salmo prolonga el tono de esperanza: "el Señor reconstruyó Sión... desde el cielo se ha fijado en la tierra para escuchar los gemidos de los cautivos...".

b) Los proyectos de Dios son siempre salvadores, proyectos de vida y renovación. Siempre está dispuesto a empezar de nuevo y nos invita a que también nosotros colaboremos.

El profeta Zacarías no se preocupa tanto de levantar unas paredes, sino que ve en Jerusalén el futuro de una comunidad que vuelve a apreciar los valores en que siempre había creído. Sea cual sea la situación en que nos encontramos personalmente o como comunidad eclesial, siempre es posible, con la ayuda de Dios, la reconstrucción de la vida según la Alianza.

La bendición de Dios -ancianos sentados tranquilamente y jóvenes jugando llenos de vitalidad- la podemos experimentar también nosotros. Hay una condición: que sean verdad aquellas palabras que han ido resonando en la historia de Israel desde la salida de Egipto: "ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios". Los cristianos con mayor motivo, porque la Nueva Alianza que Dios nos ha ofrecido en su Hijo Jesús todavía nos llena de mayor alegría y a la vez nos comporta más compromiso. Para nosotros tienen mayor sentido las palabras de Dios: "habitaré en medio de Jerusalén".

Dejémonos conquistar por este optimismo del profeta, que es también el optimismo de un Dios que nos ama y que, no importa qué hayamos hecho antes, siempre nos da una nueva oportunidad para reconstruir nuestro futuro.

1. (Año II) Job 1,6-22

El libro de Job, un libro sapiencial del siglo V antes de Cristo, es uno de los más impresionantes del AT. Lo vamos a leer durante una semana, proyectando sus grandes interrogantes también sobre nuestra vida.

No es necesariamente histórico. Puede serlo su figura central, Job, un hombre justo y paciente, pero en este largo libro el relato está organizado a modo de parábola sapiencial, como desarrollo de un interrogante que ha preocupado a la humanidad en todos los tiempos, el problema del mal: ¿por qué permite Dios que a los inocentes, a los justos, les pasen tantas desgracias?

El libro está compuesto por un prólogo y un epílogo muy poéticos, mientras que el cuerpo central, cuarenta capítulos, es un entrelazado de soliloquios y oraciones de Job, de coloquios con sus amigos y la respuesta de Yahvé.

Los amigos le repetirán su interpretación: Job sufre porque habrá cometido algún delito en presencia de Dios. Pero el autor del libro no cree en esa explicación y sigue buscando otra respuesta a la existencia del mal: debe haber otra razón misteriosa, a no ser que Dios sea caprichoso y cruel. Pero ni siquiera las palabras finales que el autor pone en labios de Dios aportan una solución del todo convincente. Recordemos que estamos en el AT: todavía no se tiene idea clara de la otra vida, ni se ha encendido la luz de la Pascua de Jesús, el auténtico inocente que experimenta una injusticia mayor que la de Job, la muerte.

a) Empieza el libro con un prólogo que es un cuento dramatizado. En el cielo, en la presencia de Dios, tiene lugar como un consejo pastoral, en el que Satanás, "el adversario", pone en duda la solidez de Job y reta a Dios a que le ponga a prueba, para ver si es tan fiel como parece.

Toda suerte de calamidades caen sobre el pobre hombre. Y, de momento, su reacción es acorde con su fama de paciente. Sus palabras han sido una consigna para tantas personas a lo largo de los siglos: "desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré a él: el Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor".

El salmo refleja esta fidelidad de Job: "en mis labios no hay engaño; aunque me pruebes al fuego, no encontrarás malicia en mí; yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío".

b) Job, de momento, no se rebela contra Dios. Más adelante tendrá crisis profundas.

Pero es admirable su primera reacción y nos puede hacer pensar. ¿Cómo hubiéramos reaccionado nosotros? ¿sabemos aceptar como de la mano de Dios lo que nos pueda pasar, que seguramente no llegará al nivel trágico de Job? ¿o nos dejamos trastornar por cualquier contrariedad?

¿Mereceríamos el sarcasmo de Satanás, que interpreta nuestra bondad como muy poco gratuita: servimos con alegría a Dios porque nos colma de bendiciones? Si nos llegara la desgracia, ¿le seguiríamos sirviendo con igual fidelidad?

2. Lucas 9,46-50

a) Termina hoy el relato que nos ha hecho Lucas sobre el ministerio de Jesús en Galilea. A partir de mañana se inicia su viaje a Jerusalén.

El sábado, cuando Jesús anunció a los suyos la muerte que le esperaba, "ellos no entendían este lenguaje". Hoy tenemos la prueba de esta cerrazón: están discutiendo quién es el más importante. No han captado el mensaje de Jesús, que su mesianismo pasa por la entrega de sí mismo y, por tanto, también sus seguidores deben tener esta misma actitud.

Jesús tuvo que mostrar su paciencia no sólo con los enemigos, sino también con sus seguidores. Iban madurando muy poco a poco.

Pero hay otro episodio: los celos que siente Juan de que haya otros que echan demonios en nombre de Jesús, sin ser "de los nuestros". Juan quiere desautorizar al exorcista "intruso". Jesús les tiene que corregir una vez más: "no se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro".

b) ¡Lo que nos gusta ser los más importantes, que todos hablen bien de nosotros, aparecer en la foto junto a los famosos!

Tampoco nosotros hemos entendido mucho de la enseñanza y del ejemplo de Jesús, en su actitud de Siervo: "no he venido a ser servido sino a servir". Tendría que repetirnos la lección del niño puesto en medio de nosotros como "el más importante". El niño era, en la sociedad de su tiempo, el miembro más débil, indefenso y poco representativo. Pues a ése le pone Jesús como modelo.

También tenemos la tendencia que aquí muestra Juan, el discípulo preferido: los celos.

Nos creemos los únicos, los que tienen la exclusiva y el monopolio del bien. Algo parecido pasó en el AT (cf. Nm 11), cuando Josué, el fiel lugarteniente de Moisés, quiso castigar a los que "profetizaban" sin haber estado en la reunión constituyente, y Moisés, de corazón mucho más amplio, le tuvo que calmar, afirmando que ojalá todos profetizaran.

¿Tenemos un corazón abierto o mezquino? ¿sabemos alegrarnos o más bien reaccionamos con envidia cuando vemos que otros tienen algún éxito? No tenemos la exclusiva. Lo importante es que se haga el bien, que la evangelización vaya adelante: no que se hable de nosotros. No se trata de "quedar bien", sino de "hacer el bien". También "los otros", los que "no son de los nuestros", sea cual sea el nivel de esta distinción (clero y laicos, religiosos y casados, mayores y jóvenes, católicos y otros cristianos, practicantes y alejados), nos pueden dar lecciones. Y en todo caso "el que no está contra nosotros, está a favor nuestro", sobre todo si expulsan demonios en nombre de Jesús.

Si seguimos buscando los primeros lugares y sintiendo celos de los demás en nuestro trabajo por el Reino, todavía tenemos mucho que aprender de Jesús y madurar en su seguimiento.

"Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios" (1ª lectura I)

"El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó: bendito sea el nombre del Señor" (1ª lectura II)

"El más pequeño de vosotros es el más importante" (evangelio)

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 6
Tiempo Ordinario. Semanas 22-34
Barcelona 1997. Págs. 116-119


3-6.

Jb 1, 6-22: Un hombre justo

Lc 9, 46-50: Hacerse como niños

Los discípulos mientras permanecieron con el Maestro nunca abandonaron sus pretensiones de poder. Constantemente se enfrascaron en discusiones acerca de quién debería ocupar el primer lugar, quién ocuparía un trono junto al rey o quién sería el más importante en el futuro.

Jesús, con su sin igual sencillez y pedagogía, les va mostrando que por ese camino únicamente llegarán al lugar que ocupan los poderosos. Lugares que son sumamente criticados, pero extremadamente apetecidos. Por eso, Jesús desenmascara las intenciones de sus seguidores y los pone a pensar en una nueva lógica, donde lo valioso no es el prestigio, sino la sencillez y la verdad.

El llamado de Jesús pone de manifiesto que las aspiraciones de un discípulo no deben imitar las aspiraciones de los discípulos de los fariseos. Éstos sólo buscaban el reconocimiento y la popularidad manipulando a la gente para ganar posición social. El discípulo de Jesús no se debe montar en ese tren, sino que, siguiendo el ejemplo del niño sirviente, se pondrá en el último lugar para servir y animar a los hermanos. Sólo la actitud de servicio le dará una nueva dimensión al ser humano.

De igual modo, los discípulos creían poseer la autoridad de Jesús en exclusiva, pero Jesús los contradice. Siempre que se luche contra el mal, se haga el bien y se siga los caminos de Jesús, cualquier persona tiene el poder y la autoridad que Dios le otorga a todos los seres humanos de buena voluntad. El don de Dios no es para privilegiados, sino que está disponible para la humanidad en la medida que sea bien empleado.

Hoy, necesitamos crear una catequesis que realmente cultive el conocimiento de Jesús y la práctica de sus actitudes. Pues, lo que Jesús quería era crear un grupo de personas que atendiendo al llamado de Dios propiciaran nuevas alternativas de vida.

SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO


3-7. CLARETIANOS 2002

Durante varios días nos va a acompañar la historia de Job. ¿Quién no ha oído hablar de este personaje bíblico? Su nombre ha saltado al habla popular: "Fulano de tal tiene más paciencia que el santo Job". No sé si la paciencia es su virtud más destacada. Tendremos ocasión de averiguarlo a medida que leamos sus peripecias. Hoy, como presentación, se nos dibuja un cuadro estremecedor. Job, el "bendito" (es decir, el favorecido por Dios), empieza a experimentar una cadena de penalidades: unos sabeos le roban el ganado, un rayo fulmina a sus pastores y una banda de caldeos apuñala a sus camelleros. Para colmo de desgracias, un huracán mata a todos sus hijos e hijas. Ni el más trágico de los tangos cuenta una historia semejante. Sobre este fondo negro, destaca con más intensidad la reacción de Job: "El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; bendito sea el nombre del Señor". La historia no acaba aquí. Los próximos días subirá de temperatura, pero tenemos ya una primera reacción "creyente" ante la desgracia: la bendición. Jesús dirá, con una fuerza profética insuperable, que debemos bendecir a los que nos maldicen.
De entrada, esta parece una reacción insana, humillante, y, sin embargo, nos ofrece la primera clave -¡sólo la primera!- para afrontar el mal inmerecido: bendecir.

¿No os parece que no hemos sido educados para la bendición sino, más bien, para la maldición? Basta examinar el lenguaje que usamos: "Maldita enfermedad, maldito gobierno, maldita persona". La maldición prolonga hasta el infinito los efectos del mal. Procura un primer desahogo emocional, pero nos atenaza sutilmente. Bajo la apariencia de liberación, nos "fija" a la fuente del mal y, de este manera, nos convierte en sus esclavos para siempre.

No es nada fácil ver las cosas desde esta perspectiva. Es más, probablemente nunca llegaríamos a verlas así si no fuera por la luz de la Palabra, que es una verdadera "lámpara para nuestros pasos" en todas las encrucijadas de la vida. ¡De qué manera tan apasionada vivió esta experiencia San Jerónimo, cuya memoria celebramos hoy! Cada vez me resultan más verdaderas sus palabras: "Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo".

Gonzalo (gonzalo@claret.org)


3-8. Lunes 29 de septiembre de 2003

Zac 8, 1-8: La salvación del Mesías
Salmo responsorial: 101, 16-23.29
Lc 9, 46-50: El más grande en el Reino de Dios

El relato de hoy esta constituido por dos pequeñas unidades que tienen como tema el significado de “la grandeza” y “la pertenencia” en el Reino de Dios.

Los discípulos discutían sobre quién de ellos sería el mayor. ¿Nunca se acabaría la lucha contra la ambición? ¿Finalmente llegarían a entender de qué se trataba este asunto del Reino? Entonces Jesús se sentó, como un maestro, llamó a los doce y tomando “a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que recibe a este niño en mi nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. El más pequeño entre todos ustedes, ése es realmente grande».

La actitud de Jesús es un gesto verdaderamente pedagógico: Jesús pone a un niño ante los discípulos y lo declara prototipo de grandeza en el Reino de Dios. A partir de este gesto, Lucas elabora una cadena de sentencias impregnadas de matices característicos de su Iglesia. El niño no será un ejemplo de inocencia o pureza; el niño es un ser débil, sin poder, sin pretensiones, sin autoridad; no tiene nada que decir en la sociedad y debe limitarse a obedecer las órdenes que le dan los mayores, sólo puede “recibir” con alegría lo que se le ofrece. El llamado de Jesús a sus discípulos es a que renuncien a las pretensiones sobre el Reino y acepten con valentía lo que se les ofrece. Los discípulos deben cambiar sustancialmente su concepto sobre la grandeza. El ser como niños no significa volver a ser el niño que se fue, sino renunciar al poder y optar por la humildad y el servicio a los demás, como única posibilidad de ser parte del Reino de Dios.

La segunda parte de nuestro texto muestra la preocupación de los discípulos por el prestigio y la posición elitista que se expresa en su rechazo de aquel que, aunque no es del grupo de los doce, realiza acciones curativas en nombre de Jesús. La reacción de Jesús es inmediata: rechaza explícitamente esta actitud elitista y sectaria del grupo. El error que cometieron los discípulos fue pensar que el “desconocido” que invocaba el nombre de Jesús les hacía competencia. Jesús piensa de otra manera y nos invita a que nosotros pensemos como Él. Nos invita a que nos abramos a otras personas, grupos y movimientos y trabajemos por una causa común: el Reino de Dios. Nosotros, la comunidad de los seguidores de Jesús, hemos de estar dispuestos a tolerar y aceptar a TODOS los que trabajan por instaurar en el mundo un nuevo proyecto social.

SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO