VIERNES DE LA SEMANA 24ª DEL TIEMPO ORDINARIO
1.- 1Tm 6, 2-12
1-1.
-Hijo muy querido, te he dicho lo que debes enseñar y recomendar. Si alguno enseña otra cosa y no se atiene a las sólidas palabras de nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina verdaderamente religiosa, éste tal está cegado por el orgullo y no sabe nada.
Nuestra época se caracteriza por una confusión extraordinaria de opiniones. Se tiene la impresión de que no existe la «verdad». ¡Casi se puede afirmar una cosa y su contrario! Los mayores valores, los principios más sagrados, la Fe... son discutidos.
Existían ya algunas desviaciones graves en tiempo de san Pablo. Este encargaba al «epíscope» -el que supervisa- que vigilase la recta expresión de la verdad: cuyo punto de referencia válido es el evangelio, las «palabras de Jesús».
Vivimos en medio de intoxicaciones de todas clases, por lo tanto es preciso que los cristianos se atengan mas y más a la Palabra de Dios.
La peor condenación de la «desviación doctrinal», de la «contra verdad", es, según san Pablo, que el hombre que la profiere es «un orgulloso, lleno de sí mismo y que no sabe nada». En el ámbito científico esto es evidente: si afirmo, por ejemplo, que el sol es un astro frío... ello no impide que el sol siga ardiendo... soy yo simplemente el que me equivoco, me aíslo y caigo en el ridículo de mi absurda suficiencia. Toda proporción guardada, lo mismo sucede en el orden moral y religioso: si afirmo, por ejemplo, que tal conducta es buena, cuando es mala... ello no impide al mal seguir siendo destructor.
-Es un hombre que padece la enfermedad de las «disputas» y "contiendas de palabras"; de donde proceden las envidias, las discordias, insultos, malentendidos, sospechas malignas, discusiones interminables propias de gente de mente corrompida...
La «enfermedad» de que habla Pablo, es ciertamente, la de nuestra época y de nuestra Iglesia contemporánea: rivalidades, conflictos de grupos, sospechas.
Señor, ayúdanos a ser hombres abiertos, comprensivos y no cerrados, porfiados, sectarios.
-Gente de inteligencia corrompida, que están privados de la verdad y que piensan que la religión es un negocio
Indirectamente, san Pablo afirma con ello un principio moral extraordinariamente lúcido: es el «interés», el «provecho» personal lo que falsea la inteligencia y hace que se tomen unas posiciones aberrantes. Efectivamente, el ansia de dinero o de placer, suele conducir a justificarlo todo. Buscad bien: detrás de la droga está el dinero... detrás de la pornografía, está el dinero... detrás de las violencias, de las opresiones sociales, del cine y de la prensa escandalosa y sensacionalista, está el dinero... Y san Pablo llega a decir que lo que distingue al verdadero sacerdote del malo es el desinterés del primero y la codicia del segundo.
Partiendo de aquí, Pablo nos dará un pequeño tratado sobre el dinero.
-1.° Contentarse con lo que uno tiene... Es un principio elemental de sabiduría.
-2.° No hemos traído nada al mundo y nada podemos llevarnos de él. ¡La caja de caudales no acompaña al féretro!
-3.° Si tenemos comida y vestido, nos contentamos con esto La felicidad es cosa fácil... para los que saben vivir modestamente .
-4.° Los que quieren enriquecerse caen en el lazo de una serie de codicias y de deseos absurdos...
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 5
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑO IMPARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 292 s.
1-2. /1Tm/06/01-10 ESCLAVITUD/PABLO:
Pablo ha hablado de la debida disciplina en el culto y de la conducta que Timoteo ha de inculcar a los miembros de la comunidad. Ahora finaliza este tema dirigiéndose a los esclavos. Lo que se dice aquí nos recuerda el texto de Pablo en la carta a Tito: «Que sean sumisos a sus amos y que procuren dar satisfacción en todo, que no sean respondones, no roben, al contrario, muestren completa fidelidad y honradez...» (Tit 2,9-10).
En 1 Cor 7,2O-21, el Apóstol es todavía más sorprendente: «Cada uno permanezca en el estado en que Dios lo llamó. ¿Te llamó Dios de esclavo? No te importe (aunque si de hecho puedes obtener la libertad, mejor aprovéchate), porque si el Señor llama a un esclavo, el Señor le da la libertad". El contexto y la mente general de Pablo indican que probablemente debemos entender: «aprovéchate más bien» de tu esclavitud.
Exegetas y traductores se preocupan por esta solemne indiferencia de Pablo a propósito de la liberación social. Por eso a menudo se traduce con frases como «aunque, francamente, si puedes obtener la libertad, aprovecha la ocasión». Pero estas traducciones tienen el peligro de ser apologías de Pablo. En realidad, el Apóstol no lo necesita. Pablo no pretendía solucionar todos los problemas propios de la teología de la liberación, sino los de la comunidad de Corinto, que entonces no podía pensar en la redención socioeconómica de los esclavos. Para Pablo, permanecer en el estado en que uno ha sido llamado ofrece una gran ventaja: demostrar que en todas partes se puede ser cristiano y no dejar ningún estamento sin este testimonio (vv 1-2). Es, pues, una cierta ventaja de la comunidad como tal, y no del esclavo, a quien no se aconseja la propia promoción.
Pero tampoco debemos olvidar el principio teológico de revolución social implicado en la doctrina de Pablo. Este principio se presupone en el v 2: «Los que tengan amos fieles no los desprecien por ser hermanos».
Pablo insistirá en este principio de fraternidad entre amo y esclavo en la carta a Filemón. En ella Pablo pide con fórmulas diversas que el amo Filemón trate a Onésimo como hermano (16.17.21). Si Filemón así lo hizo, ¿qué importancia tenía ya para Onésimo el ser esclavo?... Y si todos los amos cristianos lo hubieran hecho así, es indudable que en una sociedad cristiana la legislación había de cambiar pronto. Y si no cambió, quiere decir que el principio teológico de Pablo (el esclavo es el liberto del Señor y el amo es el esclavo de Cristo -1 Cor 7,22-; por tanto, son hermanos) no era sinceramente aceptado en el corazón de los amos cristianos. Y no lo fue durante siglos... Y no lo es todavía hoy, donde el amo trata a su obrero de otra manera que como hermano, es decir, en tantas y tantas llamadas hipócritamente sociedades cristianas.
E.
CORTES
LA BIBLIA DIA A DIA
Comentario exegético a las lecturas de la Liturgia de las
Horas
Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981.Pág. 344 s.
2.- 1Co 15, 12-20
2-1.
-"¿Cómo es posible que haya entre vosotros quienes dicen...?"
Una vez más, Pablo partirá de una pregunta, de una duda, de una dificultad de fe de la gente de su tiempo: griegos, mentes muy racionalistas tendían a pensar que la resurrección del «cuerpo» -enterrado, o incinerado... ¡descompuesto!- era imposible, filosóficamente hablando. De otra parte es verdad que la resurrección de la carne es un objeto de «fe»: no hay que entretenerse en imaginar cómo sucederá la cosa, es un gran misterio... y el hombre moderno, en esto, ha heredado mucho del hombre griego... con facilidad duda él también.
-Proclamamos -gritamos- que Cristo ha resucitado de entre los muertos.
En efecto, en el texto auténtico, hay escrito el término «grito», -Kerigma en griego-. Pablo dice que «está gritando al mundo que Jesús ha resucitado». Un grito es una palabra... pero una palabra vehemente, toda ella cargada de afectividad y de emoción, una palabra activa que remueve al que la oye y lo hace sobresaltarse... es en fin una palabra urgente: se grita en el peligro para alertar rápidamente a todos los que están alrededor...
Mi fe en Cristo resucitado ¿tiene estos caracteres? ¿Es una fe apagada, fría, formal? o bien penetra hasta el hondón de mi alma. ¿Puedo decir que mi Fe compromete todo mi ser: intelecto, corazón, acción?
-Si Cristo no resucitó, vacío es nuestro mensaje, vacía también vuestra fe, sin objeto...
¡La resurrección es la piedra angular, el punto esencial de la nueva religión! Si esto no fuera verdad, todo llegaría a ser «vacío», «nada»: tanto el mensaje de los apóstoles como la fe de los fieles, que es la respuesta al mensaje.
La alegría pascual es la señal del «cristiano», su característica principal. ¿Se nota en mí que creo en ella? ¿Aparece a través de mi conducta, en mis relaciones humanas frente al sufrimiento, frente a la muerte? ¿Y en todas las dificultades que pesan sobre mí?
¡Gracias, Señor! Ayúdame a testimoniar contigo tu buena nueva.
-Si Cristo no ha resucitado somos convictos de falsos testigos de Dios...
En efecto, es Dios quien se ha comprometido en la resurrección. Su veracidad, su verosimilitud sería cuestionable en ese punto esencial de "su plan sobre el mundo". Directamente Dios ha comprometido su verdad en esta apuesta: o bien la resurrección existe, tal como Dios ha dicho... o bien habría que confesar la inexistencia de Dios... Y entonces llegamos a ser «falsos testigos», defendemos una causa que no tiene defensa, somos unos impostores hablando de Dios.
¿Es así como Dios está presente en mis convicciones esenciales? o bien, ¿soy tan sólo un hombre que tiene algunas convicciones filosóficas o ideológicas, válidas, pero discutibles porque son sólo «humanas»?
¿Trato verdaderamente de ser testigo de Dios? o bien, ¿lo soy de «mí mismo», de mis ideas, de mis opciones?
-Si Cristo no resucitó, estáis todavía en vuestros pecados... Por tanto, los que durmieron en Cristo... perecieron... MP/ACTUA-HOY
Este es el tercer argumento.
La resurrección es una «fuerza activa» que destruye el pecado y la muerte. En efecto el misterio pascual tiene dos caras:
--es ante todo un hecho histórico que sucedió una vez en Jerusalén. . .
--es también una realidad permanente que trabaja en el corazón del mundo, cada día...
La vida divina, que hizo surgir a Jesús de la muerte, continúa en todas partes sacando al hombre del pecado y de la muerte. ¿Es ésta mi fe?
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 4
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑOS PARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág. 292 s.
3.- Lc 8, 1-3
3-1.
Lucas es el único que menciona los nombres de las mujeres que acompañaban a Jesús a lo largo de sus viajes.
-Jesús iba caminando por pueblos y aldeas, proclamando la "Buena" Noticia.
Es preciso, de vez en cuando, volver a meditar, sobre ese tema. "evangelio"... ¿"euaggelion", en griego? "buena noticia" en castellano.
Así, ¡lo que Jesús proclama es algo bueno! Un predicador no debería jamás hablar sobre una cuestión de Fe, sin haber experimentado antes, en el fondo de su ser ¡de qué manera el "sujeto que se propone tratar" es algo "bueno" para el hombre! ¡EI Reino de Dios es una buena noticia!
Un catequista no debería jamás presentar ni una sola lección de catecismo, sin haber experimentado antes, en el fondo de sí mismo de ¡qué modo, lo que dirá a los niños, es "bueno" para ellos!
Un cristiano no debería jamás hablar de su Fe a incrédulos o indiferentes sin haber valorado antes ¡cuán "buena" es para él esa Fe! De otro modo ¿cómo podría "proclamarla"?
-Lo acompañaban los doce, y algunas mujeres...
El pasado martes vimos a Jesús hacer una resurrección en atención a una mujer, la viuda de Naím. Ayer Jesús rehabilitaba a una mujer, la pecadora, en casa de Simón.
Ningún evangelista, sino Lucas, asignó un mayor papel a las mujeres: pensemos en la función esencial de María en los relatos de la infancia de Jesús... pensemos en el episodio de Marta y María (Lc 10, 38) que es él el único en relatarlo.
-Mujeres que Jesús había curado de malos espíritus y de enfermedades...
Lucas insiste, algo machaconamente pensamos, sobre ese punto: ¡eran antiguas endemoniadas! Esta afirmación subraya que, para el Antiguo Testamento, como para muchas viejas civilizaciones, la mujer estaba marcada, por una especie de "interdicto", objeto de fuerzas misteriosas (Lc 4, 38;13, 16. 8, 43).
Las mismas mujeres acabaron por someterse a esa trágica "marginación": la Samaritana, a quien Jesús pidió agua, se sorprende de que un judío se atreva a hablar a una mujer (Juan 4, 9). Vemos pues que Jesús libera totalmente a la mujer: ni en su mente ni en sus actitudes concretas hace diferencia alguna entre el hombre y la mujer.
El evangelista afirma que, con los Doce, había un grupo de mujeres que seguían a Jesús.
-María, "Magdalena" de sobrenombre... -¡que había sido liberada de siete demonios!-, Juana, mujer de Kuza, el intendente de Herodes... Susana... y muchas más...
No olvidemos que los rabinos de la época excluían a las mujeres del círculo de sus discípulos. No olvidemos que según la organización del Judaísmo de aquel tiempo las mujeres apenas formaban parte de la comunidad: podían participar al culto de la sinagoga, pero no estaban obligadas a ello. La liturgia empezaba cuando, por lo menos, diez hombres estaban presentes, mientras que a las mujeres no se las contaba.
Ahora bien, la tradición nos relata que las primeras apariciones del resucitado fueron hechas a las mujeres (Lucas 24, 10) y precisamente a las que Lucas anota aquí. Habiendo acompañado a Jesús desde el comienzo de su ministerio público, todo como los Doce, eran iguales a los hombres para el anuncio de la "buena nueva".
-... Que le ayudaban con sus bienes.
Realismo del evangelio: se necesita dinero para poder anunciar el evangelio. Si los Doce y Jesús parecen tan libres, sin cuidados materiales, ¡es porque hay mujeres que cuidan de ellos! Trabajo capital que permite todo el resto.
¿Soy una acomplejada por mis tareas humildes? o bien ¿sé darles un valor divino?
NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 2
EVANG. DE PENTECOSTES A ADVIENTO
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 184 s.
3-2.
1. (Año I) 1 Timoteo 6,2-12
a) Entre las preocupaciones de un responsable de comunidad está también la defensa contra los falsos maestros que enseñan doctrinas desviadas o provocan divisiones.
"Si alguno enseña otra cosa distinta, es un orgulloso y un ignorante". En Éfeso había algunos que "padecían la enfermedad de plantear cuestiones inútiles y discutir". Lo que provocaba "envidias, polémicas, difamaciones, controversias propias de personas tocadas de la cabeza".
Hay otro tema que Pablo ataca con dureza: los que consideran que "la religión es una ganancia" y "buscan riquezas y se crean necesidades absurdas y nocivas". Para él, "la codicia es la raíz de todos los males".
La actitud de Timoteo debe ser dar ejemplo con su vida personal: "practica la justicia, el amor, la paciencia, combate el buen combate de la fe".
b) Es un cuadro muy vivo el que Pablo presenta de una comunidad.
Se ve que son viejas esas situaciones en la Iglesia. También nosotros debemos dejarnos interpelar por los avisos del apóstol respecto a la sana doctrina y al peligro de la codicia del dinero.
Las desviaciones en la doctrina se producen cuando no nos atenemos "a las sanas palabras de Nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina que armoniza con la piedad".
¿Mereceríamos la acusación de Pablo, que habla de la "enfermedad" de los que se dedican a plantear cuestiones inútiles, propias de "personas tocadas de la cabeza", los adictos a las discusiones, que no sirven más que para perder el tiempo y provocar divisiones?
El otro peligro, el de la codicia, viene cuando alguien siente la tentación de "aprovecharse" de la religión o de algún cargo que pueda tener en la comunidad, cuando "los que buscan riquezas se crean necesidades absurdas y nocivas", que les llevan "a la perdición y a la ruina". Y, claro está, por esa apetencia insaciable, "se enredan en mil tentaciones". ¡Cuántas veces habla Pablo del peligro de la avaricia!
Según él, nos deberíamos "contentar con poco: teniendo qué comer y qué vestir nos basta". El salmo también nos invita a esta misma actitud: "no te preocupes si se enriquece un hombre y aumenta el fasto de su casa: cuando muera, no se llevará nada". La antífona del salmo nos ha hecho repetir la bienaventuranza de Jesús: "Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos".
Entre los buenos ejemplos que tenemos que dar a los demás, hoy se nos recuerda nuestra firmeza en la sana doctrina, sin dejarnos llevar por ideologías peregrinas, y el autocontrol en cuestión de dinero. Dos difíciles campos en que deberíamos ir madurando.
1. (Año II) 1 Corintios 15,1-11
a) "¿Cómo es que dicen algunos que los muertos no resucitan?". Ésta es la dificultad a la que Pablo quiere contestar: para el pensamiento griego es impensable que el cuerpo, al que desprecian y al que consideran como la cárcel del alma, pueda ser transformado para una vida nueva. Ayer, Pablo reafirmaba la verdad central de la fe, que Cristo ha resucitado.
Ahora prosigue el razonamiento: nuestro destino es el mismo que el suyo.
Para él, está tan íntimamente unida nuestra suerte a la de Cristo, que si nosotros no vamos a resucitar, entonces tampoco resucitó Cristo: "si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó". Pero eso es absurdo: si Cristo no resucitó, todo se derrumba y no vale la pena seguir por este camino, "nuestra predicación carece de sentido y vuestra fe, lo mismo", "si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados".
Para Pablo las dos cosas están inseparablemente unidas: "si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los más desgraciados".
b) Esta convicción, la parte central de todo nuestro credo y de la Buena Noticia que Dios anuncia a la humanidad, es la que da sentido y llena de esperanza nuestra vida: Cristo resucitó, triunfando de la muerte, y nosotros también estamos destinados, aunque no sepamos cómo, a la vida eterna, como él y con él.
Si nosotros no vamos a resucitar, tampoco él. Si él no resucitó, tampoco nosotros. Pero el grito de Pablo, que es también el nuestro ya desde hace dos mil años, es: "¡Pero no!
¡Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos!".
Nosotros mismos hemos de crecer en esta fe. Nos dará ánimos para todo. Y vale la pena que la comuniquemos a los demás. Es lo que más les puede ayudar a vivir esta vida con un norte esperanzador. La última palabra no va a ser la muerte, sino la vida, y la felicidad plena en la presencia de Dios. Si no fuera verdad esto, no valdría la pena seguir a Cristo: Pablo afirma que nuestra fe "no tiene sentido" (en griego, sería una fe "estúpida") y seríamos unos desgraciados (en griego, "dignos de lástima").
Es un pensamiento que no sólo debemos recordar cuando celebramos las exequias de nuestros seres queridos, sino siempre. Porque da tono pascual a toda nuestra vida. Un tono serio y a la vez lleno de confianza. En la Eucaristía que celebramos ya anticipamos de alguna manera esa vida definitiva que esperamos con Cristo: "el que me come tiene vida eterna y yo le resucitaré el último día".
2. Lucas 8,1-3
a) En el grupo que acompañaba a Jesús durante sus viajes de predicación, además de los doce apóstoles había también varias mujeres.
Jesús evangelizaba. La palabra "evangelio" viene del griego: "eu", bueno, y "angelion", mensaje, noticia. La Buena Noticia. En esta misión se hacía ayudar de un grupo de discípulos.
Ayer se nos hablaba de la mujer anónima, con fama de pecadora, que obtuvo el perdón y dio muestras de gratitud y amor hacia Jesús. Hoy se añade un detalle que a nosotros nos puede parecer normal, pero no lo era en su tiempo. Nunca un rabino admitía a mujeres en el grupo de sus discípulos. Jesús, Sí. Eran mujeres a las que había curado de alguna enfermedad o mal espíritu, y "le ayudaban con sus bienes". Lucas nos transmite el nombre de varias de ellas.
b) ¡Cuántas veces aparecen las mujeres en el evangelio con una actitud positiva y admirable! Baste recordar las que estuvieron cerca de él en el momento más trágico, al pie de la cruz, junto con María, su madre. Y que luego fueron las primeras que tuvieron la alegría de ver al Resucitado y anunciarlo a los demás.
Son un buen símbolo de las incontables mujeres que, a lo largo de los siglos, han dado en la Iglesia testimonio de una fe recia y generosa: religiosas, laicas, misioneras, catequistas, madres de familia, enfermeras, maestras... Que ayudaron a Jesús en vida y que colaboran eficazmente en la misión de la Iglesia, cada una desde su situación, entregando su tiempo, su trabajo y también su ayuda económica. La primera persona europea que creyó en Cristo, por la predicación de Pablo, fue una mujer: Lidia (Hch 16).
Deberíamos ser más abiertos en nuestra idea teológica y social de Iglesia: no es comunidad de puros y santos, sino también de personas pecadoras y débiles, como en el evangelio se ve, tanto en cuanto a las mujeres como a los hombres (baste recordar las actuaciones de algunos de los apóstoles). No es comunidad sólo de mayores, sino también de jóvenes y niños. No sólo de hombres, sino también de mujeres. No de una sola raza o lengua, sino pluralista.
En la Iglesia, aunque no se vea actualmente la posibilidad de admitir a las mujeres al ministerio ordenado (diáconos, presbíteros, obispos), es bueno que recordemos que lo principal lo tenemos en común, la fe y la misión evangelizadora. Jesús dijo: "¿quién es mi madre y mis hermanos? El que escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica". Y en eso las mujeres han sido, ya desde el principio (la Virgen Maria: "hágase en mi según tu palabra") las que más ejemplo nos han dado a toda la comunidad. No serán obispos ni párrocos, como tampoco las que acompañaban a Jesús fueron elegidas y enviadas como apóstoles, pero las mujeres cristianas, religiosas o laicas, siguen realizando una misión hermosísima y meritoria en la vida de la comunidad.
Es interesante recordar que, en la lenta y progresiva valoración de la mujer por parte de la Iglesia, Pablo VI nombró a dos mujeres insignes "doctoras de la Iglesia", santa Teresa de Jesús y santa Catalina de Siena, y últimamente Juan Pablo II hizo lo mismo con santa Teresa del Niño Jesús.
"La codicia es la raíz de todos los males" (1ª lectura I)
"Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado" (1ª lectura Il)
"Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres, que él había curado de malos espíritus y enfermedades" (evangelio)
J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 6
Tiempo Ordinario. Semanas 22-34
Barcelona 1997. Págs. 82-86
3-3.
1 Cor 15, 12-20: Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe
Lc 8, 1-3: Los discípulos y discípulas de Jesús
El grupo que sigue a Jesús es mixto. Una parte la componen los «Doce». Grupo que Jesús había constituido para que encabezara el servicio a los pobres. La otra, la compone el grupo de mujeres. Estas son de diversa procedencia y después de haber sido redimidas van tras el maestro acompañándolo en el anuncio del Reino.
Fueron muchas las personas sanadas por Jesús. Pero en el evangelio sólo consta que estas mujeres lo acompañaran en su recorrido por Israel.
Este grupo mixto debió causar una singular impresión en el ambiente cultural. Pues, era usual que algunas mujeres ilustres y pudientes ayudaran económicamente a algún maestro. Pero, chocaba con la mentalidad de la época que los maestros contaran con discípulas entre sus oyentes.
Las mujeres que seguían a Jesús no eran personas muy ilustres. De María Magdalena se dice que expulsaron siete demonios. Esto ha tenido muchas interpretaciones, pero en todo caso lo cierto es que era una mujer marginada. Juana era esposa de un administrador de Herodes. Estaba casada con un hombre despreciado tanto por el pueblo como por los fariseos fanáticos. Susana y otras mujeres pudientes tenían fe en la labor de Jesús y, por eso, le ayudaban a financiar la actividad misionera.
Estas mismas mujeres lo acompañaron, al igual que otros discípulos, durante todo el trabajo misionero. Luego, cuando la mayoría de los seguidores lo abandonaron , ellas continuaron fieles al pié de la cruz. Fueron las primeras testigos de la resurrección. Mantuvieron la fe en quien las había sanado y llamado, aunque los discípulos no les creyeran.
Hoy nos preguntamos por el lugar de las mujeres en la comunidad cristiana. Si con Jesús tuvieron un lugar entre los discípulos junto a los apóstoles, cabe preguntarnos si hoy conservan ese mismo lugar.
SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO
3-4. CLARETIANOS 2002
¡María Magdalena, Juana y Susana! Hagamos en este día un homenaje a estas tres mujeres, seguidoras de Jesús, junto con los doce apóstoles. Para el evangelista Lucas es muy importante mencionar sus nombres. Una es casada, Juana -la mujer de Cusa-, otra es una mujer re-nacida, gracias a la intervención de Jesús que la había rescatado de la muerte -María Magdalena-; la tercera, Susana, es una discípula de la que sólo sabemos su nombre, pero que estaba ahí.
Ellas "diaconaban", servían, ponían sus bienes, al servicio de Jesús y de su misión. ¡Qué bello es ver cómo ya desde lo orígenes apostólicos, Jesús cuenta con las mujeres en plan de igualdad! No hace un planteamiento machista del seguimiento. Diseña una comunidad mixta. A ella no se pertenece por meras circunstancias de la vida, sino a partir de la iniciativa con-vocadora de Jesús. De seguro que estas mujeres y otras, cuyos nombres no nos son aquí relatados, le siguen tras un acontecimiento vocacional: Jesús las llamó para seguirlo.
Hoy también son las mujeres esenciales, imprescindibles, en la vida de la Iglesia. No son meras asistentes de los varones, sino auténticas protagonistas de la vida y misión de la Iglesia. Actuar de otra manera es infidelidad al Señor, que ya desde el principìo contó con ellas.
El Señor resucitado lo ratificó de una manera
sorprendente. Aunque Pablo, en el texto que hemos proclamado hoy (primera
lectura de ayer, continuada hoy) no haga referencia a las apariciones del Señor
Resucitado a las mujeres, ello no quiere decir que no fueran ellas las primeras
que fueron agraciadas con las apariciones y así lo comunicaron a los demás
discípulos.
Pepe (cmfxr@planalfa.es)
3-5. Viernes 19 de septiembre de 2003
1 Tim 6, 3-12: El verdadero o falso maestro
Salmo responsorial: 48, 6-10.17-20
Lc 8, 1-3: Mujeres que siguen a Jesús
Jesús dejó Naín y continuó su recorrido por ciudades y aldeas predicando y
anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios. El evangelio de hoy nos dice que lo
acompañaban los Doce y también algunas mujeres. El hecho de que Jesús fuera
acompañado por ellas era algo insólito entre los judíos. Las costumbres, no sólo
judías sino de todo el Medio Oriente, estipulaban una estricta separación de los
dos sexos que no les permitía alternar en público. Las mujeres permanecían en
sus casas y cuando salían, lo hacían bien cubiertas y manteniéndose a cierta
distancia o en un lugar aparte de los varones. Se consideraba escandaloso que
una mujer hablara en público con un extraño, más escandaloso aún que un rabino
se entretuviera en el trato con alguna mujer.
Lucas nos dice que las mujeres siguen a Jesús agradecidas por la bendición que
habían recibido de Él, incluso nos dice que algunas eran pudientes y colaboraban
solidariamente con sus bienes. Los textos bíblicos y la historia de la Iglesia
muestran que es común que las mujeres piadosas o familias pudientes, los que hoy
llamamos bienhechores, ayudaran a los a los pastores, misioneros y
evangelizadores. Por eso no sorprende que este grupo de mujeres le colaboren a
Jesús.
En este texto, Lucas nos da una gran lección porque es el único evangelista que
nos muestra esta sorprendente libertad manifestada por Jesús al incorporar
muchas mujeres a su grupo itinerante de discípulos. Hoy las mujeres se han
convertido en la piedra angular de muchos movimientos misioneros que realizan su
tarea evangelizadora en el mundo. Ellas, muchas veces ignoradas y arrinconadas
por el clericalismo machista, han sido fundadoras y continuadoras de grandes
experiencia cristianas. Por eso, es necesario que la iglesia reexamine su
teología de la mujer y los papeles y funciones en la iglesia.
En el evangelio, ellas volverán a desempeñar un papel destacado en la muerte,
sepultura y resurrección de Jesús. A pesar de los riesgos y peligros,
permanecieron junto al maestro hasta el final, estuvieron junto a la cruz cuando
sus discípulos varones habían huido (Lc 23, 49); ayudaron a preparar el cuerpo
para la sepultura, haciendo caso omiso a la hostilidad de las autoridades (Lc
23, 55), y finalmente, dieron testimonio de la resurrección a los discípulos,
los cuales no creyeron ni una palabra de lo que ellas dijeron. Todo esto nos
permite ver un agudo contraste entre el coraje y la lealtad de este puñado de
mujeres y el de los discípulos. ¿No será que ellas desde el tiempo de Jesús han
sabido ser verdaderas seguidoras y anunciadoras del Reino, que no se construye
desde estructuras machistas, sino desde el servicio, la entrega y la fidelidad a
la Causa de Jesús?
SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO
3-6. DOMINICOS 2003
“Querido hermano: [Lo que te he dicho sobre Cristo y sobre sus presbíteros] es lo que tienes que enseñar y recomendar. Si alguno enseña otra cosa distinta, sin atenerse a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina que sintoniza con la piedad, tenlo por un orgulloso e ignorante, que padece la enfermedad de plantear cuestiones inútiles y de discutir atendiendo sólo a las palabras. Esto provoca envidias, polémicas, difamaciones..., sin sentido de la verdad, como si la piedad fuera un medio de lucro.
La religión es una ganancia, cuando uno se contenta con poco. Sin nada vinimos al mundo y sin nada nos iremos de él... Tú, hombre de Dios, practica la justicia, la religión, la fe, el amor, la paciencia...”
Pablo no duda: quien es fiel a Cristo dice la verdad de Él, no la suya. Quien cuestiona la verdad de Él y aprecia la suya, es, teológicamente, un ignorante, aunque discuta como si supiera mucho. Lo recto es vivir virtuosamente y asumir la verdad de Cristo.
“En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando la buena noticia del Reino de Dios.
Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María Magdalena..., Juana..., Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes”
Es importante esta descripción del séquito de Jesús, de la calidad de sus miembros, y de la colaboración económica de algunas mujeres. Ese relato acredita el realismo, la sencillez y el contexto en que se movía Jesús. La lección nos vale a todos.
Conviene tomar en consideración las dos partes en que Pablo adoctrina hoy a sus discípulo y hermano Timoteo, obispo.
Por un lado está la seriedad, profundidad y utilidad de la doctrina que ha de enseñar un maestro en la fe. El verdadero ‘maestro’ ha de ser y sentirse ‘discípulo’, pues su magisterio no crea doctrina sino que la recibe, clarifica, asume y trasmite. Nadie puede sustituir a Cristo en las verdades que hemos de creer: misterio de Dios uno y trino, misterio de Dios encarnado, misterio de salvación, misterio de la gracia-amor-perdón-fidelidad... Nuestro afán debe consistir en captar bien y asumir la doctrina revelada; aplicarla a nuestro contexto vital; comprometerse con sus exigencias; buscar su utilidad...
Por otro está el género o calidad de vida en que hemos de movernos: apertura, paciencia, generosidad, fe, caridad, esperanza, solidaridad, oración, fraternidad... Viviendo como hijos de Dios, entenderemos de algún modo la grandeza de los mensajes salvíficos de Cristo. Si no vivimos esa condición filial, malentenderemos sus consecuencias.
No debemos dejar pasar el texto evangélico sin aprovecharnos de sus enseñanzas. La vida cristiana y humana –que van unidas- se tejen y destejen con realismo humano y divino, y, si no, carecen de grandeza.
Cristo actúa como quien es, hombre real: histórico, sensible, afectivo, iluminado, social, económico; y necesita actuar como maestro-jefe-lider-profeta, para lo cual tiene que contar con la disponibilidad de sus apóstoles-discípulos, itinerarios de viajes, puntos de acogida, reconocimiento de las gentes, subsidios para adquirir el pan mínimo necesario...
Cada uno de nosotros hemos de preguntarnos: ¿en qué subgrupo del séquito de Jesús me encuentro? ¿Cómo me veo?
¿Soy enfermo curado, pescador convocado, apóstol liberado para la misión, persona en servicio y apoyo, donante de bienes a la comunidad, cuidador de los enfermos...?
3-7.
LECTURAS: 1TIM 6, 2-12; SAL 48; LC 8, 1-3
1Tim. 6, 2-12. Debemos ser leales al Señor en todo; de tal forma que el mensaje
de salvación no sufra acomodos según nuestros interese o criterios; tampoco es
válido hacer una relectura de la Palabra de Dios para hacerla decir lo que yo
quiero conforme a mi ideología. Eso sería tanto como caer en el orgullo que me
impide caminar con la Iglesia, para hacer mi propio camino, mi propia iglesia,
paralela a la fundada por y en Cristo y sus apóstoles. Llevar a cabo la obra de
Dios, proclamar su Evangelio, no puede verse como ocasión para que nosotros
saquemos partido económico o de prestigio, pues esto en lugar de llevarnos a la
salvación nos llevaría a la ruina y a la perdición. Si en verdad somos hombres
de fe en Cristo, seamos leales a Él y a su Evangelio viviendo con rectitud,
piedad, fe, amor, paciencia y mansedumbre. Que nuestra única recompensa sea
vivir unidos a Cristo, aún cuando despreciados por todos y sin apoyos
económicos. El Señor, que vela por nosotros, estará siempre a nuestro lado para
que, convertidos en fieles testigos suyos, seamos también un testimonio del
cuidado que Dios tiene de sus hijos, cuando, al buscar primero el Reino de Dios
y su justicia, saben que Dios velará por ellos como un Padre amoroso que cuida
de sus hijos.
Sal. 48. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero,
si al final pierde su vida? Ante Dios no cuentan nuestras riquezas, ni el poder
que hayamos adquirido aquí en la tierra en el aspecto político o religioso.
Somos siervos, y al final, después de haber cumplido fielmente con aquello que
se nos confió, lo único que podremos decir es: sólo somos siervos inútiles; sólo
hemos hecho lo que teníamos que hacer. Sólo aquel que, identificado con Cristo,
sabe administrar el poder, el dinero, los bienes materiales, para que los más
desprotegidos no se nos mueran de hambre o de sed o por alguna enfermedad, podrá
decir que pasó, ya desde este mundo, manifestando su amor a Dios mediante su
servicio amoroso al prójimo. Entonces el Padre Dios podrá decir de nosotros: Tú
eres mis hijo amado, en quien tengo puestas mis complacencias. Entonces Cristo
podrá decirnos: Muy bien, siervo bueno y fiel; entra a tomar parte en el gozo de
tu Señor.
Lc. 8, 1-3. ¡Qué compañía llevaba Jesús en su recorrido por ciudades y poblados
predicando la buena nueva del Reino de Dios! Tal vez aquel mandato que dio Jesús
al que había sido exorcizado en Geraza, podría aplicarse muy bien a quienes
acompañaban a Cristo: Ve a los tuyos, y dales testimonio de lo misericordioso
que ha sido el Señor para contigo. Quien, a pesar de sus miserias pasadas, ha
sido llamado a ir tras de Jesús y convertirse en apóstol suyo, no puede
gloriarse sólo de la amistad, sino especialmente de la misericordia de Dios. Así
sabrá que no va a los demás con la sabiduría humana, sino con el poder de Dios y
con el testimonio de una vida que ha sido amada por Aquel que vino a salvar a
los pecadores, de los cuales, cada uno puede decir: yo soy el primero. El Señor
quiere que nos sólo proclamemos el Evangelio con los labios, sino que quienes
tienen recursos suficientes para vivir, no cierren los ojos ante las miserias de
los más desprotegidos, y que sepan que acompañar a Cristo significa también
socorrerle en los pobres, en los necesitados, en los desprotegidos.
El Señor nos ha convocado en esta Eucaristía para hacernos participar de la
riqueza de su vida, de su amor, de su paz. Él no quiere que en adelante vivamos
como los ignorantes que no conocen a Dios. Si Él nos ha perdonado y nos ha
comunicado su vida, es porque quiere que vivamos también siendo portadores del
perdón, de la misericordia de Dios para todos y que les ayudemos a encontrarse
con el Señor para disfrutar de su Vida.
Por eso, quienes hemos experimentado su amor y su misericordia, hemos de ir a
los nuestros, no sólo para hablarles de lo bueno que el Señor ha sido para con
nosotros, sino para hacer con ellos lo mismo que el Señor hizo a favor nuestro.
Por eso no podemos condenar a nadie; no podemos escandalizar a nadie; no podemos
convertirnos en destructores de la vida, de la esperanza de los demás. Si en
verdad creemos en Cristo hemos de proclamar la Buena Nueva del Señor conforme lo
aprendimos de Él: haciéndonos cercanía para todos, tendiéndoles la mano a los
pobres; liberando a quienes ha encadenado el pecado. Sólo así, libres de sus
siete demonios como lo hemos sido nosotros, podrán también ellos no sólo vivir
unidos al Señor en alianza de amor, sino también abrirán sus ojos y su corazón
ante los que sufren azotados por la enfermedad o por la pobreza y no pasarán de
largo ante sus miserias y sufrimientos.
Que Dios nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, la gracia de
ser auténticos testigos del amor misericordioso de Dios para nuestros hermanos,
para que, disfrutando, no sólo de los bienes pasajeros, sino de los bienes
eternos, anticipemos ya desde ahora el gozo de la Gloria que el Señor quiere
comunicar a todos los que Él ama, aun cuando pareciera que viven lejos de Él, y
que a nosotros nos ha confiado la misión de hacérselos cercanos. Amén.
www.homiliacatolica.com