SÁBADO DE LA SEMANA 23ª DEL TIEMPO ORDINARIO
1.- 1Tm 1, 15-17
1-1.
-Esta es una palabra cierta y digna de ser aceptada sin reserva.
En medio de las desviaciones de todas clases, en medio de las múltiples semi-verdades que corren por el mundo en tiempo de san Pablo y en el nuestro, Pablo es consciente de que dirá una verdad «cierta y segura» que hay que recibir sin reticencia y sin reserva.
¿Cuál es pues esta noticia anunciada con tanta seguridad?
-Cristo Jesús ha venido al mundo para salvar a los pecadores.
Hubiera podido esperarse una fórmula sobre la existencia y la grandeza de Dios.
Ahora bien, para Pablo, lo más importante que pueda decirse es la bondad de Dios que «salva» a los pecadores.
¡Dios ama a los pecadores! ¡Jesús vino para ellos! Todo el evangelio, especialmente el de Lucas, no deja de repetirnos esta verdad, como si en ella hubiera algo un poco escandaloso, difícil de admitir. Es verdad que las filosofías y las religiones naturales no se forjaron nunca esa imagen de Dios.
"En efecto, dice Jesús, no he venido para los sanos, sino para los enfermos"., (/Lc/05/31.)
Contestaba así a la murmuración de los fariseos que se escandalizaban de verle aceptar la invitación de comer "con los pecadores". (Lucas, 15-1.)
-Y el primero, de los pecadores, soy yo.
Admirable humildad de ese «santo», de ese gran san Pablo.
Pero si Cristo Jesús me perdonó, fue para que en mí se manifestase primeramente toda su generosidad. Debía ser yo el primer ejemplo de todos los que habían de creer en El para obtener vida eterna.
EVOR/EXP-DE-D: No es para estar en primera fila que san Pablo habla tan a menudo de sí mismo. Es porque ha comprendido profundamente que ¡la transmisión de la fe no se halla en la línea del «profesor que sabe y que enseña a los demás»! El ministro del evangelio es un testigo que tiene que haber hecho personalmente la experiencia de la gracia de Dios y que la proclama como un mensaje de lo que antes ha sido vivido por él. ¡Toda la diferencia entre el predicador verdadero, que se compromete con sus palabras... y el charlatán que va barajando ideas aunque sean exactas!
¡Soy el mayor pecador! decía san Pablo; para poder decir:
¡Soy el primero en saber qué es ser perdonado!
¿Por qué se extrañan algunos cristianos cuando un sacerdote les dice que él también es pecador y que también se confiesa? ¿No sería quizá, porque, a pesar de todo, se tiene una falsa idea de Dios? Una idea racional y pagana.
En lugar de la que se reveló en Jesucristo: ¡un Dios que ama y salva a los pecadores!
-Al rey de los siglos, honor y gloria...
Esta fórmula, como las líneas siguientes es sin duda un himno litúrgico que las comunidades cristianas cantaban.
Muchos de ellos han sido musicados recientemente. (1 Tm 2, 5: 6, 15-16; 2 Tm 1, 9-10; 2, 8.)
-Al Dios único, invisible e inmortal, por los siglos de los siglos. Amén.
Esos títulos de Dios son poco habituales en el Nuevo Testamento. Quizá han sido sacados de fórmulas judías o griegas. Se ve que san Pablo, si bien cuidadoso de presentar el verdadero rostro de Dios, el que Jesús nos ha revelado; no duda en servirse de la cultura de su tiempo para proclamar y cantar su fe.
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 5
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑO IMPARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 282 s.
2.- 1Co 10, 14-22
2-1.
-Hermanos queridos, huid de la idolatría. Os hablo como a prudentes.
San Pablo es categórico: hay que abstenerse de cualquier compromiso con los "ídolos".
La idolatría, ha tomado HOY nuevas formas. ¿Cuáles?...
Señor, líbranos de nuestros ídolos. Señor, líbranos de nuestros falsos dioses.
En el fondo, apoyarse en un ídolo es hacerse vanas ilusiones: se nos quebrará en las manos. Relativizar las cosas relativas es, por el contrario, de "hombres prudentes". Sólo Dios es Dios.
-La copa que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?
Pablo opone los banquetes paganos a las cenas eucarísticas. Está claro que los primeros cristianos tenían la sensación de que Cristo estaba entre ellos: certidumbre de una "presencia". Por el pan y el vino que compartimos, ¡tú estás aquí, Señor, entre nosotros! Y comulgamos con tu Presencia.
El primer efecto de la misa es unirnos a Dios.
Por desgracia nos sucede a menudo que participamos en la misa de manera automática sin que nos percatemos verdaderamente de que Tú estás ahí.
-Porque, aun siendo muchos, somos un solo pan y un solo cuerpo.
El segundo efecto de la eucaristía es el de unirnos los unos a los otros.
"Siendo muchos, constituimos uno solo".
Es la gran ley del universo, porque es la gran realidad de Dios... ¡Tres que son uno!
Alegría de la pareja, alegría de las familias unidas, alegría de los lugares de trabajo donde hay un buen ambiente.
Esto debería ser progresivamente el proyecto, la esperanza y el esfuerzo de todo grupo humano, y de toda la humanidad.
Para lograrlo, en el núcleo de la humanidad, hay un «sacramento», un signo eficaz, actuante: la eucaristía. La eucaristía construye el cuerpo de Cristo. La eucaristía hace que todos seamos un solo cuerpo.
«Siendo muchos constituimos uno solo».
Un ideal preciso, concreto, capaz de suscitar acciones inmediatas. Un ideal que puede ser intentado siempre y en todas partes. Una inmensa fuente de alegría.
¿Con quién voy a intentar realizarlo HOY? Cuidado con las ilusiones y los sueños simplistas.
No es fácil realizar la unión: no se trata de oprimir o de imponerse el uno al otro.
¡Construir la unidad suprimiendo al otro es fácil! La verdadera unidad implica el respeto a las diferencias. La unión no suprime el pluralismo ni las diversidades: tiende, sin embargo a la reducción de las oposiciones estériles y sectarias.
-Pues todos participamos de un solo pan.
El rito del pan «partido» y repartido es todo un símbolo: comulgamos del mismo pan para expresar que recibimos al mismo Cristo. No hay un Cristo para unos y otro para los demás.
¿No hago, en verdad, más que uno con tal y cual?
¿Qué puedo hacer, HOY, para construir el Cuerpo de Cristo?
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 4
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑOS PARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág. 282 s.
3.- Lc 6, 43-49
3-1.
La vida moral se verifica en sus frutos. La idea viene de la corriente sapiencial en la que el justo es comparado a menudo a un árbol que da frutos plenos de sabor, mientras que los demás árboles se vuelven estériles. El justo da buenos frutos porque está regado por las aguas divinas; sus frutos serán particularmente abundantes en la era escatológica. En efecto, el cristiano, como rama del árbol de vida que es Jesús produce los frutos del Espíritu mientras que el judaísmo se convierte en un árbol estéril.
La imagen de la casa construida sobre la roca es fácil de comprender: el empresario impaciente se contenta con hacer reposar su casa sobre el mismo suelo o sobre la arena que recubre a la roca, sin preocuparse de cavar hasta ella. La imagen es similar a la de la semilla que penetra en la tierra o, al contrario, se queda en la superficie y muere (Lc 8. 5-8).
El evangelio recuerda, pues, que sólo puede haber eficacia en el campo de la fe cuando se deja lugar a la Palabra en lo más profundo de uno mismo. Los cristianos están invitados a profundizar su fe, a no conformarse con una fe sociológica o de motivaciones insuficientes.
MAERTENS-FRISQUE
NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA VIII
MAROVA MADRID 1969.Pág.
52
3-2.
-No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. No se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimia uva de los espinos.
Jesús quiere recordarnos que es el "fondo" del hombre lo que permite juzgar sus actos.
La calidad del fruto depende de la calidad del árbol. El "corazón", es decir, "el interior profundo" del hombre es lo esencial.
Es necesario que los gestos exteriores correspondan a una calidad de fondo. Que, por ejemplo, nuestros gestos religiosos provengan de una "fe interiorizada".
Señor, transforma mi corazón, ese centro profundo de mi personalidad: hazlo "bueno" como se dice de un fruto ¡qué bueno es! como se habla de un buen pan, sabroso, gustoso agradable. Que mi vida sea verdaderamente un "buen fruto" del que los demás puedan alimentarse y gozarse.
Que el hombre sea bueno, este es el plan de Dios.
-El hombre "bueno", de la bondad de su corazón saca el "bien". El que es "malo", de la maldad de su corazón saca el "mal".
HOY... ¿qué voy a sacar del tesoro de mi corazón? ¿Es mi corazón un tesoro de bondad? ¿Qué personas esperan algún bien de mí, alguna alegría? Ayuda, Señor, a todos los hombres a dar cosas buenas a sus hermanos.
-Porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca.
Es la aplicación de la breve parábola precedente sobre el árbol y el fruto a la palabra del hombre.
-¿Por qué me invocáis "Señor, Señor", y no hacéis lo que os digo? Aplicación del mismo pensamiento a la oración.
Si queremos que nuestras oraciones sean válidas, nuestra vida entera ha de ser también válida. Es del fondo del ser, del hondón de la vida, de la voluntad que procura complacer a Dios... de donde salen las verdaderas plegarias.
Las oraciones que salen sólo de la punta de los labios no corresponden a nada.
¡Jesús prefiere los actos buenos a las palabras pías!
-Todo el que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone en obra...
Esa fórmula es muy matizada y completa para expresar la vida cristiana:
- la fe, concebida como una vinculación a la persona de Jesús...
- estar a la escucha de la Palabra de Dios...
- la práctica religiosa, como un poner en obra esa voluntad divina...
¿Me "acerco a Jesús"? ¿Cómo se traduce eso, concretamente? ¿"Oigo sus palabras"? ¿Cuál es mi esfuerzo o mi negligencia en este punto? ¿"Las pongo en práctica?" En mis jornadas, en mis comportamientos?
-Se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y asentó los cimientos sobre roca; vino una crecida, rompió el río contra aquella casa y no se tambaleó porque estaba bien construida.
Jesús es una persona eficaz, que desea que nuestras vidas sean también eficaces: Dios quiere que nuestras obras sean logradas, que nuestra vida sea "sólida" Para Jesús, esa solidez no existe más que si "uno se acerca a El, si se le escucha y si se pone en obra lo que El dice." ¡La Fe, una solidez, una roca, unos cimientos que permiten construir!
-Por el contrario, el que las escucha y no las pone en práctica se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimientos.
Rompió contra ella el río y en seguida se derrumbó, y la destrucción de aquella casa fue completa.
Severa advertencia para los que "no practican".
NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 2
EVANG. DE PENTECOSTES A ADVIENTO
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 174 s.
3-3.
1. (Año I) 1 Timoteo 1,15-17
a) Continúa Pablo recordando rasgos de su autobiografía, en forma de una acción de gracias a Dios por su benevolencia con él.
Su catequesis sobre Jesús se resume en esta afirmación: "Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores". Pero en seguida se lo aplica a sí mismo: "y yo soy el primero, y por eso se compadeció de mí''.
b) Cambiaría bastante nuestra postura para con los demás si recordáramos con sincera humildad que Cristo ha venido a salvarnos a nosotros, en primer lugar. No sólo a los que llamamos "pecadores", sino a nosotros, que somos los primeros.
Si los padres en relación con los hijos, o los hijos con los padres, y los educadores para con los jóvenes, y cada uno en su relación con los demás de la familia o de la comunidad, dijéramos desde lo más profundo del ser: "se compadeció de mí"', "en mí, el primero, mostró Cristo toda su paciencia", entonces sí podríamos presentarnos como modelos para los demás, porque seguramente lo haríamos, no con aires autosuficientes y farisaicos, sino con humildad de hermanos.
Lo haríamos con los mismos sentimientos del salmo de hoy: "alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor... el Señor, Dios nuestro, se abaja para mirar al cielo y a la tierra. Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre". No somos ricos, no somos poderosos, sino pobres y débiles. Así se sentía Pablo en su ministerio. Y así hizo lo que hizo, fiado más de Dios que de sí mismo.
Si nos sintiéramos "perdonados", como Pablo, estaríamos mucho más dispuestos a perdonar a los demás y a trabajar por ellos.
1. (Año ll) 1 Corintios 10,14-22
a) Continúa -y termina hoy- el tema de las "carnes sacrificadas a los ídolos". Hasta ahora se trataba de comer esas carnes cuando se compran en el mercado o cuando uno es invitado a casa de un amigo (cf. 1 Co 10, 25.27). En esos casos, según Pablo, se podría comer tranquilamente, excepto cuando eso pudiera escandalizar a un hermano.
Pero en el pasaje de hoy es otra la circunstancia: ¿se puede participar en banquetes sagrados, los que se organizan en honor de un dios o de una diosa? Aquí no entra ya la caridad para con el hermano débil, sino el peligro de idolatría para uno mismo. Porque participar en esos banquetes cúlticos conlleva casi necesariamente la comunión con lo que se celebra.
Son dos los argumentos que usa Pablo para que no vayan a esos banquetes:
- en el v. 16 se refiere a lo que podríamos llamar "dirección vertical": no podemos ir a honrar a un dios y a entrar en comunión con él, porque nosotros tenemos ya a Cristo Jesús, con el que entramos en comunión en la Eucaristía: "el cáliz de bendición que bendecimos, ¿no nos une con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no nos une con el Cuerpo de Cristo?";
- en el v. 17 añade un argumento "horizontal": ya tenemos una comunidad con la cual hacer fiesta, y no tenemos que ir a buscar otras comunidades con las que celebrar: "el pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan".
b) Pablo, gracias a esa consulta que le hicieron sobre los "idolotitos", nos dice qué es para él la Eucaristía.
Es, ante todo, unión con Cristo, con su Cuerpo y su Sangre. Por tanto, no podemos buscar otros dioses con los que entrar en comunión, cayendo en la idolatría como cayeron los israelitas en el desierto, con el famoso becerro de oro:"no podéis beber de las dos copas, la del Señor y la de los demonios (los dioses falsos), no podéis participar de las dos mesas, la del Señor y la de los demonios".
Pero es también unión con los demás hermanos de la comunidad. Precisamente porque comemos del mismo Pan, que es Cristo, vamos siendo un solo cuerpo y un solo pan, los de la comunidad.
Esto nos compromete. Comulgar con Cristo significa que hemos de evitar toda clase de idolatría, adorando a los dioses falsos que nos ofrece en abundancia nuestro mundo, valores humanos en los que sentimos la tentación de poner nuestra confianza y a los que dedicamos nuestro culto. Sería faltar al primer mandamiento ("no tendrás otro dios más que a mí'') y, según Pablo, es incompatible con nuestra fe y nuestra comunión con Cristo. La vida debe ser coherente con la Eucaristía. Sin encender una vela a Dios y otra al diablo.
A la vez, la Eucaristía nos debe hacer crecer en fraternidad. Ya que comemos del mismo Pan, y escuchamos la misma Palabra salvadora de Dios, luego debemos vivir unidos, creciendo en unidad fraterna a la vez que en fe y amor a Cristo Jesús. Sin buscar otras comunidades peregrinas con las que convivir o celebrar: la comunidad de Jesús, movida por su Espíritu, y alimentada con su Cuerpo y Sangre, es la comunidad en la que tenemos que poner nuestro tiempo y nuestro esfuerzo e interés.
2. Lucas 6,43-49
a) Las comparaciones que ponía Jesús, tomadas de la vida diaria, eran muy expresivas para transmitir sus enseñanzas. Hoy son dos: la del árbol que da frutos buenos o malos, y la del edificio que se apoya en roca o en tierra.
Los árboles se conocen por sus frutos, no por su apariencia. Las zarzas no dan higos.
Así las personas: "el que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal".
El futuro de un edificio depende en gran parte de dónde se apoyan sus cimientos. Si sobre roca o sobre tierra o arena. En el primer caso la casa aguantará embestidas y crecidas. En el otro, no. Lo mismo pasa en las personas, según construyan su personalidad sobre valores sólidos o sobre apariencias. Es como un comentario a las antítesis de las bienaventuranzas que Jesús nos dictó el miércoles de esta misma semana.
b) ¡Qué sabiduría y qué retrato tan exacto de nuestra vida nos ofrecen estas frases!
"Lo que rebosa del corazón, lo habla la boca". Cuando nuestras palabras son amargas, es que está rezumando amargura nuestro corazón. Cuando las palabras son amables, es que el corazón está lleno de bondad y eso es lo que aparece hacia fuera. Tenemos motivos de examen de conciencia, al final del día, si recordamos las varias intervenciones que hemos tenido durante la jornada.
Lo mismo con el otro símil de la construcción. A veces el edificio de nuestra personalidad -la fachada exterior- aparece muy llamativo y prometedor. Pero no hemos puesto cimientos, o los hemos puesto sobre bases no consistentes: el gusto, la moda, el interés. No sobre algo permanente: la Palabra de Dios. ¿Nos extrañaremos de que estos edificios -nuestras propias vidas, o las de otros, que parecían muy seguras- se "derrumben desplomándose"?
Siempre estamos a tiempo para corregir desviaciones. ¿Cómo tenemos el corazón? ¿es estéril, malo, lleno de orgullo? Entonces nuestras obras serán estériles y malignas.
¿Trabajamos por cultivar sentimientos internos de misericordia, de humildad, de paz?
Entonces nuestras obras irán siendo también benignas y edificantes. Tenemos que cuidar y examinar nuestro corazón, que es la raíz de las palabras y de las obras.
También podemos hacernos la pregunta de cómo construimos nuestro porvenir. Sea cual sea nuestra edad, ¿podemos decir que estamos poniendo la base de nuestro edificio en valores firmes, en la Palabra de Dios? ¿o en modas pasajeras y en el gusto del momento? ¿cuidamos sólo la fachada o sobre todo la interioridad?
"En mí, el primero, mostró Cristo toda su paciencia" (1ª lectura I)
"Aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo porque comemos todos del mismo Pan" (1ª lectura II)
"El que escucha mis palabras y las pone por obra, pone los cimientos sobre roca" (evangelio)
J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 6
Tiempo Ordinario. Semanas 22-34
Barcelona 1997. Págs. 60-64
3-4.
1 Cor 10, 14-22: Con Dios o sin él
Lc 6, 43-49: De la abundancia del corazón habla la boca
Jesús está ubicado en las afueras de Cafarnaún. Su enseñanza se desplaza a las periferias, a los lugares de trabajo de los campesinos y empleados. El centro, la sinagoga, ha sido adversa para con él; por eso, el campo y el suburbio se convierten en el escenario de la acción de Dios.
El andar en la periferia lo hace sensible a la situación de los marginados. A éstos el aparato legal los ha dejado maltrechos y en su consciencia se minusvaloran. Sin embargo, Jesús reconoce en ellos los valores del Reino. El pueblo, los discípulos y toda la cohorte de enfermos, pecadores y menesterosos en medio de las inevitables ambigüedades de todos los seres humanos, rebosan de amor a Dios y al prójimo. Y esa actitud de sus corazones es la que Jesús valora en ellos. En medio de su pobreza, ignorancia y simpleza son capaces de dar los buenos frutos del Reino.
La palabra en ellos puede encontrar un terreno abonado, una tierra fértil donde los valores del Reino crecerán. Personas que han construido sobre la roca del amor y del servicio el edificio de su fe. Por eso, en el día de la tormenta no los vencerá el abatimiento ni la adversidad.
Hoy, Jesús nos convoca a ser casa construida sobre la roca de la solidaridad, árbol de excelentes frutos, corazón que rebosa misericordia. De lo contrario, nosotros y todas nuestras comunidades andaremos dando palos de ciego sin acertar a descubrir la verdadera dirección del Reino de la Vida.
SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO
3-5.
Sábado 13 de septiembre de 2003
JUAN CRISÓSTOMO
1 Tim 1, 15-17: Jesús salvación del pecador
Salmo responsorial: 112, 1-7
Lc 6, 43-49: Por los frutos los conocerán
El relato del evangelio de hoy está compuesto por dos unidades literarias. La
primera la encontramos en 6, 43-45 y está conformada por una serie de imágenes
que pretenden ilustrar una advertencia de Jesús a sus discípulos sobre la
necesidad de ser coherentes en la vida. Que no bastan las palabras para ser sus
seguidores, que lo que cuentan son las acciones y no las palabras. Las palabras
de Jesús se dirigen al corazón, el lugar donde se construyen las buenas o malas
intenciones en las personas, para pedirle que hable y actúe en coherencia
consigo mismo. Según el evangelio, hay una relación estrecha entre el centro de
la persona (corazón) y el comportamiento externo (acciones); por eso, “no hay
árbol bueno que dé frutos malos, ni tampoco árbol malo que dé frutos buenos”. El
corazón, que es la sede de las decisiones, es el lugar en el que se juega la
salvación de la persona, porque de allí provienen el amor o el odio (cf. Mc 7,
14-23). De un buen corazón nacerá una praxis de amor.
El criterio fundamental desde donde, según las palabras de Jesús, se debe
discernir la vida de un cristiano será sobre todo sus frutos”, porque “a cada
árbol se le conoce por sus frutos”. Dos comparaciones sirven a Jesús para
explicar la importancia de las acciones humanas. Por una parte, la calidad del
fruto nos dice de la calidad del árbol, por otra el tipo de fruto nos dice de
dónde procede. Lo mismo sucede con nuestra vida, si está unida a Jesús y a su
evangelio dará frutos buenos.
La segunda unidad del relato la encontramos en 6, 46-49 y está compuesta por una
pequeña parábola cuyo mensaje es claro y directo: poner en práctica las palabras
de Jesús es el fundamento más sólido de la vida del creyente y por tanto, el
mejor criterio para distinguir al verdadero del falso discípulo. La parábola
esta construida sobre la imagen de dos hombres que construyen su casa, uno la
cimentó sobre la roca y el otro la construyó sobre la tierra, sin cimientos. Los
dos hombres son discípulos de Jesús, los dos han escuchado sus palabras, pero
sólo uno las ha puesto en práctica. La parábola nos invita a escuchar la
Palabra, pero sobre todo a hacer de esta Palabra acciones concretas de vida.
SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO
3-6. ACI DIGITAL 2003
45. Es decir que, para hacer el mal, no necesitamos que otro nos lo indique; nos basta con dar de lo propio. En cambio, nada podemos para el bien si no imploramos al Padre que nos dé de su santo Espíritu. Confrontado también en el Evangelio de San Juan 15, 5:"Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. Quien permanece en Mí, y Yo en él, lleva mucho fruto, porque separados de Mí no podéis hacer nada".
"Cumplen su voluntad y no la de Dios cuando hacen
lo que a Dios desagrada. Mas cuando hacen lo que quieren hacer para servir a la
divina voluntad, aunque gustosos hagan lo que hacen, ello es siempre por el
querer de Aquél por quien es preparado y ordenado lo que ellos quieren" (Denz.
196).
47. La fe firme que nunca vacila es la que se apoya sobre las palabras de Jesús
como sobre una roca que resiste a las tormentas de la duda porque dice: "Sé a
quien he creído" (II Tim. 1, 12: "Por cuya causa padezco estas cosas, mas no me
avergüenzo, puesto que sé a quién he creído, y estoy cierto de que El es
poderoso para guardar mi depósito hasta aquel día").
Los que escuchan la Palabra y no la guardan como un tesoro demuestran no haberla comprendido, según Jesús nos enseña en San Mateo 13, versículos 19 y 23: "Sucede a todo el que oye la palabra del reino y no la comprende, que viene el maligno y arrebata lo que ha sido sembrado en su corazón: éste es el sembrado a lo largo del camino. Pero el sembrado en tierra buena, éste es el hombre que oye la palabra y la comprende: él sí que fructifica y produce ya ciento, ya sesenta, ya treinta".
3-7. DOMINICOS 2003
Palabra y frutos de verdad
Primera carta a Timoteo 1, 15-17:
“Querido hermano: Podéis fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo: Que Jesús
vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero. Y por eso se
compadeció de mí: para que en mí, el primero, mostrara Cristo toda su potencia,
y pudiera ser modelo de todos los que creerán en él y tendrán vida eterna.
Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los
siglos de los siglos. Amén”.
Cuatro líneas de reflexión paulina: verdad de la fe en Cristo redentor;
aplicación de la redención a sí mismo; valor de la propia vida como ejemplo;
alabanza al Señor de la fe y vida.
Evangelio según san Lucas 6, 43-49:
“Decía Jesús a sus discípulos: No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol
dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto, pues no se cosechan
higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. Quien es bueno, de
la bondad de su corazón saca el bien; y quien es malo, de la maldad saca el mal.
Lo que rebosa del corazón es lo que dice la lengua... El que viene a mí... se
parece al que edifica sobre roca...”
Primera parte: planta buena, árbol bueno, vida buena, dan frutos buenos. Pues
veamos los frutos de cada uno y sabremos si sus raíces, corazón, alma, son
buenos. Segunda parte: la buena planta, árbol, vida, es la que se fundamenta en
la roca de Cristo.
Momento de reflexión
Dios se compadeció de mí
En nuestra vida espiritual, cada uno habremos de comenzar reconociendo esta gran
verdad: Dios ha sido grande, generoso, amigo, perdonador, redentor mío.
No tengo ni tenemos nada de que gloriarme: mi vida se construye sobre la roca de
la fe que me pone al lado y en el corazón de Cristo redentor, y del Padre.
Dios se fía de nosotros, deposita en nosotros la semilla de eternidad, y nos
invita a cuidar ese tesoro, que es gracia y amistad divina, como lo más grande
que hay en nosotros mismos.
Cuidaré del árbol de vida.
En mí está la semilla. Dios la ha sembrado en mi campo. Él mismo quiere verla
crecer, desarrollarse, fructificar. Sólo me pide que cuide el jardín, que
arranque la cizaña, que escarde las hierbas malas.
¡Feliz de mí, si, cuando Dios mira su obra, que es mi vida, la encuentra
hermosa, floreciente, capaz de acoger a los pájaros, de alimentar al mendigo, de
alegrar la tarde sombría de algún corazón que sufre!
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, ayúdanos a cultivar la viña de tu
Hijo.
3-8.
LECTURAS: TIM 1, 15-17; SAL 112; LC 6, 43-49
Tim. 1, 15-17. Cristo Jesús vino a este mundo a salvar a los pecadores. Dios no
envió a su Hijo para condenar al mundo; sino para que el mundo se salve por Él.
El Señor ha venido al encuentro de los pecadores, ha buscado al hombre que ha
fallado, como el pastor busca la oveja descarriada hasta encontrarla; Él ha
venido a buscar todo lo que se había perdido para reunir en un solo pueblo a los
hijos que había dispersado el pecado. Así, Dios quiere manifestarle su
misericordia a todas las gentes. Cada uno de nosotros ha de abrir su corazón a
esa oferta de perdón y misericordia que Dios nos hace por medio de Jesús, su
Hijo. Siendo los primeros en experimentar ese amor misericordioso, podremos, con
nuestro testimonio personal, servir de ejemplo para que otros alcancen también
la salvación, pues los impulsaremos a un encuentro con el Dios de amor y de
misericordia, no sólo con nuestras palabras, sino con nuestra vida misma. Por
eso, con un corazón agradecido, elevemos nuestro cántico al Señor, que siendo
eterno, inmortal, invisible y único Dios, ha puesto su mirada en nosotros y nos
ha amado con la cercanía con la que como Padre Bueno, nos manifiesta como a
hijos suyos; a Él sea dado todo honor y toda gloria ahora y para siempre.
Sal. 112. Bendito sea el Señor, nuestro Dios y Padre;
pues, aun cuando es el Todopoderoso, eterno, inmortal e invisible; aún cuando es
el Dios único, que está por encima de todos los dioses que ni son dioses, se ha
inclinado para mirar cielos y tierra; más aún, ha puesto su mirada en la
pequeñez de sus siervos y ha hecho grandes cosas en favor nuestro. Él ha
derribado a los potentados de sus tronos y ha exaltado a los humildes. ¿Quién
hay como el Señor? ¿Quién puede igualar al Dios y Padre nuestro? Dios quiera
concedernos la Fuerza de lo Alto para que hagamos nuestro su amor, su bondad, su
misericordia de tal forma que, caminando siempre en su presencia, podamos algún
día sentarnos junto a Aquel que es el Jefe y Pastor de las ovejas adquiridas
mediante la Alianza pactada con propia su sangre.
Lc. 6, 43-49. De la abundancia del corazón habla la boca. Cada árbol se conoce,
si es bueno o malo, por sus frutos. Aquello que hacemos y hablamos manifiesta
qué clase de gente somos. No basta llamar Señor, Señor, a Jesús para decir que
somos sus discípulos. Si en verdad hemos asentado firmemente en Él nuestra vida,
permanezcámosle fieles en el testimonio que demos a través de nuestro trabajo a
favor del Evangelio tanto con nuestras obras como con nuestras palabras.
Probablemente lleguen momentos muy arduos que quisieran desanimarnos en este
trabajo. Sin embargo sólo una fe verdadera, sólo una esperanza intensa y sólo un
amor ardiente al Señor podrá impedir que nos derrumbemos; pues ¿quién podrá
apartarnos del amor de Cristo? ¿El sufrimiento, la angustia, la persecución, el
hambre, la desnudez, el peligro, la espada? Pero Dios, que nos ama, hará que
salgamos más que victoriosos de todas estas pruebas. Procuremos, con la ayuda de
Dios, que nuestra fe no se nos quede en puras exterioridades, sino que lo que
hagamos externamente sea consecuencia de haber aceptado al Señor en nuestra
propia vida.
En esta Eucaristía estamos aceptando enraizar nuestra vida en Dios, de tal forma
que su vida divina corra por todo nuestro ser; y, entrando en una verdadera
comunión de vida con el Señor, podamos producir frutos abundantes de bondad. Ya
Jesús nos decía: Nadie es bueno, sino sólo Dios. Nosotros, tan frágiles y muchas
veces tan inclinados al mal, hemos de reconocer que toda bondad y todo don
perfecto provienen de Dios. Por eso, si en verdad queremos darle un nuevo rostro
a nuestro mundo, el rostro que procede de la verdad, de la bondad, del amor, de
la justicia, de la misericordia, unamos nuestra vida al Padre de las luces y
alejémonos de las tinieblas del error y del pecado. Al haber acudido a esta
Eucaristía, hemos venido ante el Señor con la gran disponibilidad de hacer
nuestra su vida, su Evangelio, su Misión, porque queremos, finalmente, ser un
signo vivo del Señor en el mundo.
No cerremos nuestros ojos ante la realidad que nos rodea. Es cierto que el
hombre ha avanzado mucho en la ciencia, en la técnica, en el confort; es cierto
que hay muchas enfermedades que han sido dominadas; es cierto que nuestro mundo
va cayendo cada vez más bajo el dominio del hombre, naciendo así un mundo
hominado. Sin embargo, seamos conscientes de que el respeto por la vida se va
deteriorando cuando, a causa de sistemas económicos equivocados, se acaba con
los que no son considerados útiles a los intereses de la máquina productiva.
Muchos aun no nacidos han sido blanco de manipulaciones genéticas y muchos fetos
congelados se han almacenado para experimentos contrarios a la misma naturaleza,
o para finalmente tirarse al bote de la basura como si la vida inicial no
mereciera ser respetada. ¿Podremos llamar Señor, Señor a Jesús con toda lealtad
cuando, con miradas egoístas y miopes, explotamos a los pobres, o destruimos la
vida de un sólo ser y o de miles de seres humanos? No es la sonrisa en los
labios, ni nuestros rezos lo que indica que somos hijos de Dios, sino nuestras
obras que nacen de un corazón que lo ha aceptado con lealtad en la propia vida;
pues de un corazón podrido y sin Dios no podrá surgir nada bueno, mucho menos un
hijo de Dios.
Roguémosle al Señor, por intercesión de la Virgen María, nuestra Madre, que nos
fortalezca para que seamos fieles testigos suyos, y no nos quedemos en una fe de
vana palabrería. Amén.
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