SÁBADO DE LA SEMANA 22ª DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA
Dios os ha reconciliado para haceros santos, sin mancha
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 21-23

Hermanos:

Antes estabais también vosotros alejados de Dios y erais enemigos suyos por la mentalidad que engendraban vuestras malas acciones; ahora, en cambio, gracias a la muerte que Cristo sufrió en su cuerpo de carne, Dios os ha reconciliado para haceros santos, sin mancha y sin reproche en su presencia.

La condición es que permanezcáis cimentados y estables en la fe, e inamovibles en la esperanza del Evangelio que escuchasteis.

En el mismo que se proclama en la creación entera bajo el cielo, y yo, Pablo, fui nombrado su ministro.


Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 53, 3-4. 6 y 8
R. Dios es mi auxilio.

Oh Dios, sálvame por tu nombre, sal por mí con tu poder. Oh Dios, escucha mi súplica, atiende a mis palabras. R.

Pero Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida. Te ofreceré un sacrificio voluntario, dando gracias a tu nombre, que es bueno. R.

EVANGELIO
¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?
Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 1-5

Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano.

Unos fariseos les preguntaron:

-«¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?»

Jesús les replicó:

-«¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre?

Entró en la casa de Dios, tomó los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y les dio a sus compañeros. »

Y añadió:

-«El Hijo del hombre es señor del sábado.»


Palabra del Señor.


 

1.- Col 1, 21-23

1-1. RC/PERDÓN:

"En otro tiempo fuisteis extraños", extranjeros. Extraños a vosotros mismos, en la imposibilidad en que estabais de corresponder realmente a vuestros deseos y a vuestros sueños de hacer coincidir vuestro obrar con vuestra libertad, de comprender cuál era vuestro porvenir y de establecerlo con firmeza. Extraños a los demás, en la imposibilidad de no considerarlos sino como rivales o enemigos, en la imposibilidad de establecer con ellos solidaridades reales. Extraños a Dios en la imposibilidad de no percibirlo sino como un Dueño todopoderoso que vigila implacablemente por el buen orden del mundo.

"Fuisteis extraños, pero Dios os ha reconciliado ahora por medio de Cristo". Reconciliación con vosotros mismos, ya que conocéis ahora que sois más que vuestro pasado, que sois capaces de futuro; más que vuestros fracasos, capaces de conversión; más que vuestras incomprensiones, capaces de una identidad insospechada.

Reconciliación con los demás en la revelación de que sois hermanos los unos de los otros, tributarios de una misma gracia, engendrados por una misma y única ternura, miembros de un solo cuerpo: os habéis hecho capaces los unos de los otros.

Reconciliación con Dios: en la posibilidad ofrecida de corresponder a su voluntad mediante un abandono en su misericordia; en la certeza de ser amados sin reticencias y sin vuelta atrás: os habéis hecho capaces de ser hijos.

En Cristo hemos cruzado una frontera: ¡os habéis hecho capaces del Evangelio!

Entonces, no os dejéis apartar de la esperanza que habéis recibido. No volváis a someteros a la esclavitud del miedo que os hace dudar de vosotros mismos, del fatalismo que os hace decir: "¿De qué sirve todo esto?"; no volváis a someteros a la esclavitud del realismo destructor de sueños y de la fría lucidez que adormece todos los entusiasmos. No os refugiéis en vuestros territorios bien defendidos, en la seguridad tras esas barreras que son vuestras prisiones, haciendo valer vuestros privilegios, dejando a un lado vuestras obligaciones por mantener vuestros derechos. No os dejéis apartar de la esperanza, encerrando a Dios en sus fronteras y levantando a la tierra contra el cielo. Os pondríais de nuevo bajo el yugo de una ley de muerte, después de haber saboreado en Cristo la vida.

NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 5
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑO IMPARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 32 s.


1-2.

Dios os ha hecho capaces de ser vosotros mismos, de ser hijos, de ser hermanos.


1-3.

-Hermanos, erais en otro tiempo extraños a Dios... erais incluso sus enemigos, con esos pensamientos que os inducían al mal.

Los colosenses son cristianos recientes. Recuerdan su vida anterior: que no era hermosa.

La expresión es fuerte, violenta: «enemigos de Dios»... «con pensamientos de hacer el mal»...

Para experimentar todo el beneficio que supone la salvación, es preciso tomar conciencia del peligro mortal del que uno se ha salvado. Esa terrible situación de naufragio se resume en estas dos palabras: «extraños a Dios», «enemigos de Dios»... Para el hombre, creado para vivir en Dios, el hecho de estar «sin-Dios» es la peor desgracia.

Madeleine Delbrel expresó ese drama del ateísmo en términos inolvidables: «Se ha dicho: Dios ha muerto. Esto requiere tener la honestidad de no seguir viviendo como si El viviese. Se saldó la cuestión respecto a él: falta saldarla respecto a nosotros... Todos estamos próximos a la única verdadera desgracia ¿tendremos o no agallas para decírnoslo?... ¿No sería una falta de tacto decirle a un moribundo: «Buenos días» o «Buenas tardes»?... Por lo tanto se le dice: «Hasta la vista», o «Adiós»... mientras no se haya aprendido a decir: «A ninguna parte»... «A la nada absoluta»...

-Y he ahí que ahora Dios os ha reconciliado con El...

Se ha reanudado el contacto.

Espontáneamente las religiones ordinarias piensan: puesto que la divinidad ha sido lesionada por el pecado del hombre, éste debe expiar, acercarse a Dios. El Nuevo Testamento nos dice lo contrario. No es el hombre el que se acerca a Dios con una ofrenda compensadora, es Dios quien ofrece al hombre la reconciliación. Todo el evangelio nos repite que no son los hombres los que se reconcilian con Dios, sino Dios quien les reconcilia con El. Es Dios quien busca al hombre... Es Dios quien hace el gasto de la reconciliación. ¡Gracias Señor!

-Gracias al cuerpo humano de Cristo y por su muerte...

El pagó el precio. Redención «costosa». ¡Y cuán costosa! «Cristo me amó y se entregó por mí...» (Gálatas 8, 31-39)

-Para presentaros santos, inmaculados e irreprensibles delante de El.

El punto de partida era una hostilidad, una separación.

Y la finalidad: es la amistad, la intimidad con Dios, la participación a su santidad, a su felicidad, a su invencibilidad victoriosa.

Haz, Señor, que sueñe con frecuencia en esa perspectiva que se abre ante mí, como se abre ante todo ser humano.

La humanidad va hacia ella.

-Con tal que permanezcáis sólidamente cimentados en la fe.

Porque no se trata solamente de soñar. Hay que participar. Hay que construir ese porvenir con Dios, que El quiere para nosotros pero que no quiere construir sin nosotros.

La Fe es nuestra correspondencia a ese proyecto divino.

-Firmes e inconmovibles en la esperanza del Evangelio que oísteis, que ha sido proclamado a toda criatura bajo el cielo y del que yo, Pablo, he llegado a ser ministro.

Cuando se ha oído una «buena noticia», se la entretiene en la mente como algo precioso.

Pero el Evangelio no hay que guardarlo en exclusiva para sí. No olvidemos que va dirigido a todo criatura bajo el cielo, que es ofrecido a todos sin excepción alguna.

¿Cual es mi participación en esa evangelización?

NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 5
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑO IMPARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 270 s.


2.- 1Co 4, 6-15

2-1.

Ver SANTIAGO


2-2.

-Hermanos, pienso que, a nosotros los apóstoles, Dios nos ha asignado el último lugar entre los hombres, como condenados a muerte, expuestos a modo de espectáculo para el mundo, los ángeles y los hombres.

Al leer por primera vez este pasaje no podemos menos que encontrarlo excesivo.

¿Cómo? Los «Apóstoles», el Papa, los obispos, los sacerdotes... ¿serían los «últimos entre los hombres»? Y Pablo encarecerá todavía al final del pasaje: «hemos venido a ser basura del mundo, desecho de los hombres.» En la ciudad de Corinto, Pablo estaba lejos de ser un notable, una autoridad. Se compara a esos vagabundos lastimosos que las ciudades de la época mantenían para servir de víctima expiatoria en las calamidades públicas... o también a esos condenados destinados a las fieras en las anfiteatros ¡bajo la mirada de los «espectadores»!

¿Cómo entender esas fórmulas tan violentas, sino con referencia a Jesucristo? El verdadero apóstol ¿no tendría por criterio el parecerse a Jesús, que aportó la verdadera salvación muriendo en el Gólgota, como un condenado y a la vista también de los espectadores?, dando así testimonio de un amor absoluto...

Es pues Jesucristo crucificado a quién quiero contemplar, una vez más.

Me detengo en estas reflexiones, incluso si no van a la par con mis tendencias habituales, ni con las tendencias del mundo. ¿En qué puede esto hacerme reconsiderar mi modo de concebir el apostolado y la evangelización? ¿Cómo ilumina todo ello lo que hay de cruz en mi vida concreta? ¿Soy consciente de que tengo que participar en la redención?

-Nosotros somos necios, por seguir a Cristo...

Efectivamente, hay que ser loco o necio para lanzarse a una empresa tan insensata: anunciar a los hombres el escándalo de la cruz.

Y vosotros sois sabios, en Cristo...

Todo el pasaje siguiente es de una ironía chirriante, que, opondrá la suficiencia orgullosa de los corintios a la vida pobre y paciente de Pablo.

-Nosotros "locos"... vosotros sabios.

Nosotros "débiles"... vosotros fuertes.

Nosotros "despreciados"... vosotros alabados.

Bajo estas diatribas, afloran las bienaventuranzas. Si uno quiere ser cristiano, no ha de olvidarlas.

La satisfacción de sí mismo, la suficiencia farisaica, incluso la espiritual, son contrarias al evangelio.

-Hasta el presente, pasamos hambre, sed, desnudez, somos azotados, vagabundos, fatigados trabajando con nuestras propias manos.

Una vez mas: ¡no!, los apóstoles no son los satisfechos, la gente poderosa, revestida de "poder", los triunfadores, los que no tienen preocupaciones, ni están sometidos a la prueba.

-Injuriados... bendecimos. Perseguidos... soportamos. Calumniados... consolamos.

Es la repetición, bajo otra forma, de la paradoja de las bienaventuranzas. Gente "pobre", que es "dichosa"... gente "que ha recibido daño de otros" y que pasan su tiempo "haciendo felices a los demás".

No olvidemos nunca esta cara del cristianismo. Es el rostro auténtico de Jesús. Y es una de las enseñanzas más importantes de la Epístola a los Corintios. No es discípulo de Cristo el que no reproduce alguno de sus rasgos.

-No os escribo estas cosas para avergonzaros, sino para instruiros como hijos muy queridos... En Cristo, no tenéis muchos padres... Por haberos anunciado el Evangelio soy yo quien os ha engendrado.

NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 4
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑOS PARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág. 270 s.


3.- Lc 6, 1-5

3-1.

"El Hijo del hombre es Señor del sábado". Como el Esposo está ahí, ha llegado el tiempo de la boda y ha pasado la época de las referencias antiguas. Al atardecer del día sexto, Dios había descansado para consagrar la creación, y los hombres habían consagrado el sábado para alabar a Dios por sus maravillas. Un día para santificar el tiempo... Como Jesús está ahí, toda la vida del hombre se define como "santa": es tiempo del hombre y tiempo de Dios. En adelante, nada de cuanto es humano es ajeno a Dios.

Escándalo de nuestra fe: ya no hay separación entre lo profano y lo sagrado. Los contemporáneos de los primeros cristianos tenían razón al acusarles de ateísmo. El Evangelio no es una religión ordinaria ni administra sentimientos religiosos. La religión que emana del sentimiento religioso acapara a Dios; se le adora, se le teme, se le invoca, se le desea; pero El está lejos, fuera de nuestros asuntos de hombres. Siguiendo a los profetas, Jesús trastoca esta imagen: la religión procede de la fe, de la acogida de una palabra.

Entrar en contacto con Dios no exige ya que salgamos de nuestra condición de hombres, ya que Dios ha entrado en la historia haciéndose palabra de hombre, de un hombre pequeño.

Inversión increíble de la fe, que en vez de levantar una barrera entre el mundo de la tierra y el de Dios, santifica la condición mundana del hombre. ¿Cómo hemos podido, entonces, hacer de Dios un enemigo o un rival del hombre? ¡Qué mal hemos sabido interpretar el significado de todo el trabajo de los hombres y de las mujeres que se esfuerzan por hacer la tierra habitable y humana! Ahí, en esa laboriosa gestación, está el lugar en donde viene la Palabra y en donde surge el Espíritu.

"El Hijo del hombre es Señor del sábado". Con ese gesto, Jesús hacía de la encarnación algo distinto de una teoría de teólogos: la vida de los hombres es el único lugar en donde habla Dios.

DIOS CADA DIA
SIGUIENDO EL LECCIONARIO FERIAL
SEMANAS XXII-XXXIV T.O. EVANG.DE LUCAS
SAL TERRAE/SANTANDER 1990.Pág. 241


3-2.

Ya hemos meditado este episodio, relatado por los tres evangelios sinópticos. Lucas, que escribía para paganos, poco habituados al legalismo judío, resume la escena sin repetir todos los argumentos sacados de la Ley y que Mateo relataba para sus lectores palestinos (Mateo 12, 5-7)

-Un sábado atravesaba Jesús por unos campos de trigo.

Jesús en plena naturaleza estival, al iniciarse la recolección.

-Sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano.

Gesto tan natural, tan anodino, tan sencillo, tan maquinal.

¡Es agradable mascar un grano de trigo tan harinoso!

-Unos fariseos les dijeron: "¿Por qué hacéis lo que no está permitido en sábado?" No es éste el primer caso en el que Jesús parece violar la regla sabática. A menudo Jesús se encontró con gente de mente estrecha que interpretaba, a su manera minuciosa, las prescripciones rituales.

De hecho, sin embargo, no puede decirse que Jesús infringiera la Ley de Moisés, porque en ninguna parte estaban formuladas tales interdicciones. Pero las tradiciones, la Mischná, al correr de los tiempos habían añadido toda clase de detalles a la Ley: ¡se contaba con treinta y nueve gestos prohibidos en sábado! No deja de tener importancia pensar que Jesús nos ha liberado también de todo esto.

El hombre tiene una fastidiosa tendencia a dar una importancia desmesurada a los "medios", olvidando a veces el fin.

Debo atenerme a lo esencial.

En mi Fe, en las costumbres religiosas, en los ritos, he de ver primero su finalidad, su objetivo profundo... y pensar que los modos de expresión pueden cambiar.

-Jesús contestó:

La libertad de Jesús frente a las prescripciones de detalle no es pues un simple reflejo espontáneo: es una actitud reflexiva, que El mismo justificará.

-¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios, tomó los panes dedicados -que sólo a los sacerdotes les está permitido comer-, comió él y les dio a sus hombres.

¡Esa respuesta debió parecer especialmente escandalosa! ¿Por qué? Era la justificación de la violación de los ritos sagrados ¡apoyándose solamente en el "hambre"! Porque tenían hambre hicieron lo que estaba prohibido.

Sí, en la obra de Dios no hay dos momentos opuestos. Lo que Dios quiere es que el hombre "viva". Cuando Dios lo creó con estómago, y cuando le dio los frutos y los animales como alimento, empezaba ya su gran Proyecto... y cuando Dios pide al hombre que se encuentre con El en los ritos sagrados, continúa su mismo Proyecto...

¡Cuánto realismo en esa respuesta de Jesús! ¿Cómo ha podido el cristianismo parecer a veces deshumanizante, menospreciador del cuerpo y de las realidades humanas? Mi cuerpo, ¿es importante para mí? ¿Qué haría sin él? Incluso la oración, la actividad mas espiritual, es imposible sin ese buen compañero.

Y "el Verbo se hizo carne", se hizo cuerpo.

-Y Jesús añadió: "EI Hijo del hombre es señor del Sábado."

¡Dios bien sabía que el sábado era una institución sagrada! Ahora bien, Jesús afirma tener derecho a rechazar los detalles rituales concernientes al sábado para volver a encontrar la intención primitiva del legislador. Hoy también, si la Iglesia introduce algún cambio en sus costumbres, lo hace siempre apelando a una tradición más profunda.

NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 2
EVANG. DE PENTECOSTES A ADVIENTO
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 162 s.


3-3.

1. (Año I) Colosenses 1,21-23

a) Del himno cristológico saca ahora Pablo consecuencias para la comunidad.

Antes de tener fe en Cristo eran "alienados de Dios y enemigos suyos, por la mentalidad que engendraban vuestras malas acciones", pero gracias a ese Cristo que murió en la cruz por todos, "habéis sido reconciliados con Dios" y ahora son "un pueblo santo sin mancha y sin reproche".

Pero queda todavía algo por hacer: "que permanezcáis cimentados y estables en la fe, e inamovibles en la esperanza".

b) No basta empezar. También nosotros creemos en Jesús y nos sentimos reconciliados con Dios. Pero nos falta mucho para llegar a ser ese "pueblo sin mancha y sin reproche", superando "la mentalidad de las malas acciones" que también nos tienta a nosotros.

Día tras día estamos empeñados en el compromiso de permanecer firmes en la fe y en la esperanza, de actuar en la vida en coherencia con nuestra fe, de llevar a la práctica ese evangelio, esa Buena Noticia que nos ha traído Jesús y que la Iglesia -Pablo y otros muchos después de él- predican en todo el mundo.

Con el salmo, ponemos nuestra confianza en Dios, que es quien nos da la fuerza para seguir con este programa de crecimiento: "escucha mi súplica. Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida".

1. (Año II) 1 Corintios 4,6-15

a) Pablo sigue hablando de la difícil relación de los Corintios con los ministros y pastores, y tal vez también de estos mismos en su comprensión del papel que tienen en la comunidad.

Se pone a sí mismo -y a Apolo- como modelo, porque no se han buscado a sí mismos, sino que han servido humildemente a la comunidad. Pablo plantea una serie de antítesis, llenas de ironía muchas veces, sobre su lugar en la comunidad:

- los Corintios son ricos, lo tienen todo, mientras que los apóstoles son los últimos, condenados a muerte, dados en espectáculo público,

- ellos son muy sensatos, y él un loco,

- ellos fuertes, y Pablo débil,

- ellos célebres, y él despreciado, que pasa incluso hambre y sed y falta de ropa, sin casa fija.

Pablo trabaja hasta agotarse y encima le insultan y le calumnian y le tratan como la basura del mundo. Lo que nunca podrán decir es que no les quiera, que no se haya portada generosamente: "os quiero como hijos"; tendrán "mil tutores, pero padres no tenéis muchos: soy yo quien os ha engendrado para Cristo Jesús".

b) Buen espejo en el que mirarse los que han recibido en la comunidad alguna clase de responsabilidad.

El principio para todos, y de modo particular para ellos, debe ser la humildad. Ayer nos decía Pablo que somos servidores, no dueños. Hoy apostrofa a los que creen ser algo: "¿quién te hace tan importante? ¿tienes algo que no hayas recibido"? Esta frase se ve que le hizo impresión a san Agustín, porque alguien ha contado que la comenta más de doscientas veces en sus escritos.

¿Se podría decir que nos buscamos a nosotros mismos o el poder, en nuestro servicio a los demás? ¿Reaccionamos con la humildad de Pablo ante las críticas e incluso frente a los desplantes que podamos sufrir en nuestro trabajo? El que está lleno de sí mismo es el que se perturba y se hunde cuando le pasan cosas de esas. El humilde reacciona con más serenidad, como Pablo, que, si de algo se enorgullecía, era de su debilidad, no de sus cualidades.

De nuevo el salmo nos orienta hacia el juicio de Dios y nos invita a poner en él la confianza, no en nuestros méritos ni en el prestigio que podamos tener: "del Señor es la tierra y cuanto la llena... ¿quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, ése recibirá la bendición del Señor".

La lista de bienaventuranzas que nos enseñó Jesús se parece a esta enumeración de actitudes de un apóstol, según Pablo: los que encuentran la verdadera felicidad interior son los humildes, los perseguidos, los que lloran, los que buscan la paz... Algo tendría que cambiar en nuestra actuación para parecernos más a Pablo y sobre todo a Jesús, que sufrió los mismos contratiempos que Pablo y dio incluso su vida por los demás.

2. Lucas 6,1-5

a) Esta vez, la discusión es sobre el sábado.

Jesús apreciaba el sábado y, como buen judío, lo había incorporado a su espiritualidad: por ejemplo, iba cada semana a la sinagoga, a rezar y a escuchar la Palabra de Dios con los demás. Y cumplía seguramente las otras normas relativas a este día.

Bien vivido, el sábado era y sigue siendo un día sacramental de auténtica gracia para los judíos. Pero lo que aquí critica Jesús es una interpretación exagerada del descanso sabático: ¿cómo puede ser contrario a la voluntad de Dios el tomar en la mano unas espigas, restregarlas y comer sus granos, cuando se siente hambre?

El argumento que él aduce es el ejemplo de David y sus hombres, a quienes el sacerdote del santuario les dio a comer "panes sagrados", aunque en principio no eran para ser comidos así (1 Samuel 21).

Jesús habla realmente con autoridad y poder. Se atreve a reinterpretar una de las instituciones más sagradas de su pueblo. Pero sobre todo les debió saber muy mal a los fariseos la última afirmación: "el Hijo del Hombre es señor del sábado".

b) Es una difícil sabiduría distinguir entre lo que es importante y lo que no.

Guardar el sábado como día de culto a Dios, día de descanso en su honor, día de la naturaleza, día de paz y vida de familia, día de liberación interior, sí era importante. Que no se trabajara el sábado en la siega era una cosa, pero que no se pudieran tomar y comer unos granos al pasar por el campo, era una interpretación exagerada. No valía la pena discutir y perder la paz por eso. Es un ejemplo de lo que ayer nos decía Jesús respecto al paño nuevo y a los odres nuevos.

Cuántas ocasiones tenemos, en nuestra vida de comunidad, de aplicar este principio.

Cuántas veces perdemos la serenidad y el humor por tonterías de estas, aferrándonos a nimiedades sin importancia. Lo que está pensado para bien de las personas y para que esponjen sus ánimos -como la celebración del domingo cristiano- lo podemos llegar a convertir, por nuestra casuística e intransigencia, en unas normas que quitan la alegría del espíritu. El domingo es un día que tiene que ser todo él, sus veinticuatro horas, un día de alegría por la victoria de Cristo y por nuestra propia liberación.

Con la Eucaristía comunitaria en medio, pero con el espíritu liberado y gozoso: un espíritu pascual.

El legalismo exagerado también puede matar el espíritu cristiano. Por encima de todo debe quedar la misericordia, el amor.

"Gracias a la muerte de Cristo habéis sido reconciliados con Dios" (1ª lectura I)

"Aprended a jugar limpio y no os engriáis el uno contra el otro" (1ª lectura II)

"El Hijo del Hombre es señor del sábado" (evangelio)

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 6
Tiempo Ordinario. Semanas 22-34
Barcelona 1997. Págs. 31-35


3-4.

1 Cor 4, 6-15: Los locos de Cristo

Lc 6, 1-5: El ser humano es el dueño de la ley

Entre Fariseos y Cristianos fueron interminables los conflictos por cuenta del cumplimiento del sábado. En este día era obligatorio el descanso y no se podía realizar ninguna actividad doméstica ni agrícola.

Los discípulos infringen la ley al recoger algunas espigas para mitigar el hambre. Los fariseos consideran que esta es una acción equivalente a la siega, por lo tanto, los discípulos violan el descanso sagrado del sábado. Jesús no discute la legalidad de la acción, sino que defiende las necesidades de la gente. Si David, el gran rey, fue capaz de tomar panes sagrados para satisfacer su hambre y la de las tropas que lo acompañan, por qué las demás personas no pueden hace lo mismo en casos similares. Las necesidades vitales de las personas están por encima de los preceptos de la ley.

Además, con esta comparación, Jesús les echa en cara a los fariseos su actitud agresiva. Están pendientes de la mas trivial infracción ajena, justificada o no. Pero poco les importa el propio talante opresor y ofensivo que han asumido como modo de vida. La Ley que Dios había dado para constituirlos como pueblo de personas libres (Ex 20, 2), ellos la han convertido en instrumento de opresión y esclavitud. Una ley así, es más una amenaza que una senda de libertad.

En nuestra época existen muchos medios de censura. No sólo se cohibe a las personas por medios físicos. También se apela a mecanismos morales y psicológicos de presión. Éstos suelen ser más efectivos, porque menguan la consciencia que las personas tienen de su dignidad. Jesús, nos invita a hacer de la Palabra de Dios un instrumento de liberación. Su Verbo es la constitución del nuevo pueblo de personas libres.

SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO


3-5. CLARETIANOS 2002

Hablábamos ayer del afán que tenemos de "espiar" a los demás para "valorar" su "fidelidad a la Ley". Hoy continúa el Evangelio de San Lucas abundando en el mismo tema.

Jesús y los suyos tienen algo importantísimo, vital, que hacer: anunciar el Reino, llevar la Buena Noticia a los pobres, consolar a los que sufren, llevar la salvación a todos. En este empeño los sorprende el sábado sin haber podido reservar para sí mismos el tiempo indispensable para proveerse de algo que comer. El hambre puede con ellos y, al atravesar unos sembrados, comienzan a desgranar espigas y a comérselas. ¡Mal asunto! Salidos de la nada aparecen los "fieles" y se les echan encima: ¡"Habéis quebrantado la Ley! ¡Habéis hecho lo que no está permitido en sábado! Habéis preferido vuestros estómagos a la sagrada observancia."

Afortunadamente, no pueden con Jesús. El Amor repara más en el hambre que en la Ley y su frase "el hijo del hombre es Señor también del sábado" viene decirnos que nadie puede arrogarse el monopolio de la interpretación de la voluntad de Dios. Recordemos lo que Pablo nos decía ayer: "¡No juzguéis antes de tiempo, dejad que venga el Señor!"

Cabe, indudablemente, (no tenemos la clarividencia de Jesús) el riesgo de equivocarnos. Pero os confieso que, personalmente, prefiero equivocarme desde el amor y la misericordia que desde la observancia o la rigidez.

No se trata de relativizar, como si todo diera lo mismo. Se trata de cultivar la conciencia de la propia fragilidad, de la propia e incesante necesidad de perdón, de la certeza de sólo Dios puede ver hasta el fondo nuestras intenciones y... las de los demás.

Hagámonos "tontos por Cristo", para utilizar la expresión de Pablo en la Primera Lectura, y aprendamos a responder siempre con bondad. No es fácil. Pero podemos intentarlo con la fuerza de la Fe y la seguridad que hoy nos llega en las palabras del salmo: "El Señor está cerca de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente". Clamemos a El: su Amor nos sostendrá.

Olga Elisa Molina (olgamolicapo@yahoo.es)


3-6. DOMINICOS 2003

Démonos la mano en el camino

En este sábado, bajo la protección de María, Madre de Dios encarnado y Madre nuestra, vamos a acentuar tres momentos de nuestra historia y a urgirnos la solidaridad en el camino de la vida humana.

1º. Nacimos del Amor creador, y llevamos en nuestro frente la huella de lo divino. Llevamnos esa huella cuando pensamos, cuando somos libres, cuando amamos con gratuidad de afecto,  cuando descubrimos la dignidad  que a todos los hombres nos hace hermanos.

2º. Fuimos infieles al Amor creador, y nos alejamos del hogar paterno en el que podíamos hablar, como Moisés, cara a con Dios. De hijos nos hicimos ‘extraños’

Pero sobrevino el Amor redentor, y fuimos nuevamente convocados al hogar paterno. Cristo, el Hijo de Dios, fue nuestro Mediador y Salvador.

3º. En ese hogar espiritual de los hijos de Dios, redimidos por Cristo, se nos ofreció, como hizo el Padre con el hijo pródigo, el mejor traje con las mejores joyas, para que fuéramos y nos sintiéramos de verdad hijos y no extraños.

Y ya siendo hijos, no extraños a la vida en Dios, se nos encomendó que saliéramos por el mundo a dar la Buena noticia de salvación; que mutuamente nos ayudáramos a caminar, dándonos la mano; que sintiéramos y viviéramos con Cristo la sed de salvación para todos.

Interioricemos hoy esa misión que se nos ha encomendado, y reflexionemos con Charles Peguy:

Tenemos que salvarnos todos juntos.
Todos hemos de llegar juntos a la casa del Padre.
¿Qué nos diría el Padre si nos viera llegar a unos sin los otros?

ORACIÓN:

Concédenos, Señor, la gracia de volver a tu casa y de hacernos hijos; ayúdanos a sobrellevar la desventura de no ser amados por nuestros hermanos; y no permitas que caiga sobre nosotros la terrible desgracia de no saber amar. ¡Amar! ¡Amar!

 

Palabra de hijos

Primera carta de san Pablo a los Colosenses 1, 21-23:

“Hermanos: Recordad que antes vosotros estabais alejados de Dios y erais enemigos suyos... Ahora, en cambio, gracias a la muerte que Cristo sufrió en su cuerpo de carne, habéis sido reconciliados, y Dios puede admitiros en su presencia como a un pueblo santo...

La condición es que permanezcáis cimentados y estables en la fe, e inamovibles en la esperanza que se os dio a conocer en el Evangelio...”

Estos son los pasos dados: del estado de ‘alejados’, hemos pasado al de ‘reconciliados’; y ese estado hay que mantenerlo sobre columnas de fe y esperanza, como se anuncia en el Evangelio de Cristo.

Evangelio según san Lucas 6, 1-5:

“Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado, y sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano. Unos fariseos les preguntaron: ¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido? Jesús les replicó:... El Hijo del hombre es señor del sábado”.

Este texto se va repitiendo en unos y otros evangelistas con mensaje idéntico: superioridad Cristo sobre la Ley, y superioridad del hombre sobre el sábado. Superioridad que no permite hacer caprichos funestos sino poner la ley del Espíritu como norma de vida, verdad y amor.

 

Momento de reflexión

Colocándonos espiritualmente a los pies de María, y con el Evangelio abierto ante nuestros ojos, meditemos unos instantes sobre lo que somos y sobre la misión que nos compete cumplir:

Somos hijos de Dios, no extraños; y, por tanto, hemos de actuar como tales. Somos miembros del Cuerpo de Cristo, unidos a Él por la fe , amor, esperanza. Estamos llamados a vivir en comunión de fe, amor, esperanza, vida, solidaridad. Nuestra misión es contribuir con vida, signos y palabras, a que el Reino de Dios sea una realidad envolvente de todos los redimidos, tratando de que todos ganemos la tierra y el cielo unidos.

Siendo ésa la condición y dignidad que se nos otorga, y siendo también ése el compromiso de colaborar mutuamente a la salvación de todos, repitamos ahora, para meditarlas, las palabras de Peguy:

Tenemos que salvarnos juntos.
Todos hemos de llegar juntos a la casa del Padre.
¿Qué nos diría el Padre si nos viera llegar a unos sin los otros?

Juntos hemos sido salvados por Cristo Redentor; sobre todos recayó su sangre; nadie ha sido excluido; todos estamos llamados a la santidad y salvación.

¿Tenemos conciencia del sentido comunitario de nuestra salvación? ¿Valoramos el bellísimo tejido de las obras de amor, esperanza, justicia, por las que todos vamos caminando ayudándonos en el viaje hacia la Verdad, hacia el Padre?

Si el Padre sabe de todos y de cada uno de nosotros; si sabe que unos y otros hemos salido del hogar dispuestos a negociar con los dones recibidos, no comprenderá que en las adversidades, momentos de depresión u horas de confusión no nos miremos, vigilemos y cuidemos mutuamente, para darnos la mano en las pruebas.


3-7. Sábado 6 de septiembre de 2003

Col 1, 21-23: Cristo nos rescató del pecado
Salmo responsorial: 53, 3-4.6.8
Lc 6, 1-5: El ser humano esta por encima del sábado

En la religión judía del tiempo de Jesús, el sábado (en hebreo Shabbat o “descanso”) era el séptimo día de la semana, el día de reposo. Consagrado por el mismo Dios, era día de plegaria, de solemne celebración en el templo, en las sinagogas, y en las casas; tan venerado que, en algunas circunstancias, los judíos prefirieron morir antes que empuñar las armas para defenderse durante ese día (1Mc 2, 29-41). El descanso sabático estaba vinculado a la fe en el poder creador del único Dios (Gn 2, 1-3) y era el tercero de los diez mandamientos dados a Moisés, motivado precisamente en el acto creador (Ex 20, 8-11); el sábado evocaba también la alianza entre Dios y su pueblo (Ex 31,12-17); y la exigencia del descanso y la prohibición del trabajo estaban sancionadas con la pena de muerte (Ex 35, 1-2; Nm 15,32-36); hasta encender el fuego estaba prohibido ese día (Ex 35,3). La casuística de los escribas y fariseos había sistematizado todas las posibles variantes de las severas normas del descanso sabático, habían elaborado una lista de treinta y nueve clases de trabajos que eran prohibidos en sábado. Se llegó hasta extremos ridículos como el de preguntarse si era lícito o no comer el huevo de una gallina puesto (por la gallina) en sábado …

Entre las prohibiciones del sábado estaba arrancar espigas y desgranarlas. Que los discípulos de Jesús cortaran espigas significaba que los discípulos habían “segado” el trigo, lo cual estaba prohibido en sábado, y frotar el grano para arrancarle la cáscara era “aventar”, otra forma de trabajo que también estaba prohibida en sábado.

Los discípulos de Jesús no son criticados por los fariseos por el hecho de arrancar las espigas y comérselas, pues comer las espigas del trigo o la cebada del campo de otro no era un delito, esto lo permitía la ley a los caminantes pobres (Dt 23, 26); lo que critican los fariseos es que los discípulos de Jesús no guarden la ley del descanso sabático.

Jesús defendió a sus discípulos apelando a la historia que cuenta una acción del rey David que entró al templo y se comió con su tropa los panes de la ofrenda que sólo estaba permitido que los comieran los sacerdotes (1 Sam 21, 1-6). Con esta respuesta Jesús confronta a los fariseos. Si lo que hicieron sus discípulos estaba mal hecho, entonces qué opinión les merecía lo que hizo el rey David. Los fariseos no podían condenar al rey David y por lo tanto se tuvieron que callar. Pero Jesús continuó hablando: “El Hijo del hombre es Señor y tiene autoridad sobre el sábado”. Con estas palabras Jesús se estaba reafirmando a sí mismo como alguien que estaba por encima del rey David y que estaba dando comienzo a los tiempos mesiánicos, tiempos de vida y salvación.

Para Jesús, ninguna Ley es clave absoluta de conducta, ni siquiera la sagrada ley del Sábado; y el fundamento de esa relativización es Dios mismo porque, como les dijo Jesús, “Dios hizo el sábado para servicio del ser humano, y no al ser humano para servir al sábado; y por eso el ser humano es señor del Sábado”.

SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO


3-8.

LECTURAS: COL 1, 21-23; SAL 53; LC 6, 1-5

Col. 1, 21-23. A quienes vivíamos lejos del Señor y sin la esperanza que le daba al Pueblo elegido de disfrutar de la salvación, Dios nos llamó, en Cristo Jesús, reconciliándonos mediante su muerte, para que también nosotros fuésemos presentados como una ofrenda santa, inmaculada e irreprensible ante Dios, participando así de la misma entrega del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Puesto que, por pura gracia, hemos sido hechos partícipes de la Vida que en Cristo Dios ofrece a todo el mundo, procuremos que esa gracia no caiga en nosotros como en sacos rotos, o vasijas agrietadas que no pueden retener el agua. Permanezcamos firmes en nuestra profesión de fe, hecha no sólo con los labios, sino manifestada también con nuestra vida convertida en un testimonio de que el Señor habita en nosotros y de que nosotros somos, en Cristo, hijos de Dios. Es cierto que constantemente nos acecharán infinidad de tentaciones queriendo hacernos tropezar y apartar del camino recto; por eso hemos de permanecer constantemente vigilantes y, sabedores de nuestras propias miserias, hemos de estar, también, en una constante conversión que nos conduzca a una unión más plena con el Señor, para poder convertirnos en ministros puestos al servicio del Evangelio, mediante lo cual colaboremos para que todos recobren la esperanza y se esfuercen en vivir, con un compromiso de lealtad, la fe que han o hayan de depositar en Cristo.

Sal. 53. Gracias sean dadas a Dios nuestro Padre, ya que por medio de Jesucristo, nuestro Dios y Señor, nos ha liberado de la mano de nuestros enemigos. Quien acude al Señor y en Él confía, jamás se sentirá defraudado, pues por los huesos del justo vela Dios y Él salva a quienes le viven fieles. Por eso acudamos al Señor con una oración sincera, no sólo para pedirle su protección y ayuda, sino también para escucharle y poner en práctica su Palabra; entonces, en verdad, seremos amigos de Dios y Él hará su morada en nosotros.

Lc. 6, 1-5. Las prescripciones legales habían llegado a tal grado que indicaban que quien cortara espigas en sábado, siendo peregrino, podía comerse los granitos uno a uno, pero no podía restregar la espiga entre las manos, pues eso sería tanto como ponerse a trabajar, lo cual no se permitía en Sábado. Para quien vive en Cristo lo más importante es el hombre, velar por él, por su bienestar, hacerle el bien y no el mal. Pues de nada aprovecha el sentarse ritualmente en Sábado para después dedicarse a hacer el mal y a provocar injusticias en los demás días. Ya el Señor había denunciado este mal por medio del profeta Amós poniendo en boca de los malvados el siguiente discurrimiento: ¿Cuándo pasará el novilunio para poder vender el grano, y el sábado para dar salida al trigo, para achicar la medida y aumentar el peso, falsificando balanzas de fraude, para comprar por dinero a los débiles y al pobre por un par de sandalias, para vender hasta el salvado del grano? El Señor, dueño del sábado, nos invita llegar a él como a un día que le consagramos para permanecer en su presencia procurando el bien de todos y poder llegar a la posesión del Sabath eterno, al cual entraremos después de haber trabajado haciendo el bien y no sólo quedándonos en exterioridades que nos dejarían muy lejos del Señor y de su Descanso.

En esta Eucaristía el Señor nos hace participar de su Pan, Pan de vida eterna, que no está ya reservado a nadie. Todos podemos entrar en comunión de vida con el Señor. Celebrar la Eucaristía es vivir por anticipado la Gloria que nos espera en el gozo eterno junto a Dios donde ya no habrá fatigas, ni luto ni llanto, sino sólo gozo y paz en el Señor. Por eso aprendamos a esforzarnos continuamente para que el Reino de Dios llegue a todos. Contemplemos a Cristo que por nosotros subió a la Cruz para reconciliarnos a todos con Dios y hacernos hijos suyos. Contemplémoslo lleno de la Gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre, ya que, después de padecer por nosotros, ahora vive, resucitado y glorificado para siempre. Participar de la Eucaristía nos compromete a caminar hacia la participación de esa misma glorificación siguiendo las mismas huellas de Cristo, pues para llegar a donde Él ya nos precedió, es necesario que tomemos nuestra propia cruz de cada día y vayamos tras de Él.

Encontrándonos con el Señor no podemos llegar a su presencia para pasar sólo un momento de paz interior ante Él. Venimos a comprometernos a que, mientras Él vuelva, fortalecidos con el Pan de Vida, y participando del mismo Espíritu Santo, velaremos por el bien de nuestros hermanos. En este hacer el bien jamás nos daremos descanso. El Reino de Dios sufre violencia, y sólo los violentos, los esforzados, van a lograr apoderarse de él. Por eso, día a día, momento a momento, debemos anunciar el Evangelio a todos los hombres; y esa proclamación la llevaremos a cabo mediante nuestras palabras, obras, actitudes y mediante nuestra vida misma. No anunciemos un evangelio que esclavice a quienes lo acepten queriendo hacerlos cumplir con detalles que nada tienen que ver con la fe. Enseñémosles a amar a Cristo, a unir su vida a Él mediante la Liturgia que nos hace partícipes, ya desde ahora, de los bienes eternos; enseñémosles a amar a todas las personas, sin distinción, de tal forma que haya esa preocupación constante de unos por otros para que, haciéndose realidad entre nosotros el amor fraterno, podamos construir un mundo más justo, más fraterno que, ya desde ahora, se convierta en un reflejo de lo que es la eternidad junto a Dios. El Señor, sin distinción, nos llama para que participemos de su vida y permanezcamos en una fe firme, no endeble; en una esperanza que nos haga convertirnos día a día, en un Evangelio viviente del amor del Padre; y en un amor verdadero que nos haga, no poner trabas ni límites a ese amor, sino que, no sólo demos palabras y explicaciones bien elaboradas del Evangelio, sino incluso nuestra propia vida para que todos tengan vida, y la tengan en abundancia.

Que Dios nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de hacer el bien en todo momento y en toda circunstancia; pues en esta labor no podemos darnos descanso alguno, recordando lo que nos advierte el Señor: Mientras uno duerme el enemigo siembra la cizaña. No permitamos que por nuestros descuidos en lugar de convertirnos en luz para el mundo, lo dejemos a la deriva en sus tinieblas y tropiezos. Que Dios nos conceda estar, más bien, siempre al servicio de su Evangelio. Amén.

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