MIÉRCOLES DE LA SEMANA 22ª DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
El mensaje de la verdad ha llegado a vosotros y al mundo entero
Comienzo de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 1-8
Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y el hermano Timoteo, a los
santos que viven en Colosas, hermanos fieles en Cristo.
Os deseamos la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre.
En nuestras oraciones damos siempre gracias por vosotros a Dios, Padre de
nuestro Señor Jesucristo, desde que nos enteramos de vuestra fe en Cristo Jesús
y del amor que tenéis a todos los santos.
Os anima a esto la esperanza de lo que Dios os tiene reservado en los cielos,
que ya conocisteis cuando llegó hasta vosotros por primera vez el Evangelio, la
palabra, el mensaje de la verdad.
Éste se sigue propagando y va dando fruto en el mundo entero, como ha ocurrido
entre vosotros desde el día en que lo escuchasteis y comprendisteis de verdad la
gracia de Dios.
Fue Epafras quien os lo enseñó, nuestro querido compañero de servicio, fiel
ministro de Cristo para con vosotros, el cual nos ha informado de vuestro amor
en el Espíritu.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial Sal 51, 10. 11
R. Confío en tu misericordia, Señor, por siempre jamás.
Pero yo, como verde olivo, en la casa de Dios, confío en la misericordia de Dios
por siempre jamás. R.
Te daré siempre gracias porque has actuado; proclamaré delante de tus fieles:
«Tu nombre es bueno.» R
EVANGELIO
También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me
han enviado
Lectura del santo evangelio según san Lucas 4, 38-44
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón.
La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por
ella.
Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en
seguida, se puso a servirles.
Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera se los llevaban;
y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando.
De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban:
-«Tú eres el Hijo de Dios.»
Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías.
Al hacerse de día, salió a un lugar solitario.
La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se
les fuese.
Pero él les dijo:
-«También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso
me han enviado.»
Y predicaba en las sinagogas de Judea.
Palabra del Señor.
1.- Col 1. 1-8
1-1.
Colosas es una ciudad de Asia Menor, cerca de Efeso, actualmente en Turquía. Esta ciudad no fue evangelizada por Pablo, sino por Epafras. Toma la responsabilidad de escribir a la Iglesia de Colosas porque la amenaza una "crisis" y esta crisis es una devoción excesiva a los ángeles (2.18) con el riesgo de que lleguen a ocupar el lugar de Cristo. Pablo, como es su costumbre, insistirá en destacar el papel central e irremplazable de Cristo.
El conjunto de los exegetas piensan que Pablo escribió esa epístola al final de su vida, durante su cautividad en Roma (del 61 al 63): en este documento tenemos, pues, una síntesis teológica muy corta, pero que expresa el pensamiento más maduro de Pablo tal como se manifiesta abiertamente en la epístola de los Efesios.
-Yo, Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, y Timoteo, el hermano, a los cristianos de Colosas, hermanos fieles en Cristo.
Es la dirección y el saludo del comienzo de toda carta.
Dos veces aparece el término «hermano». Era la manera de nombrarse entre sí los primeros cristianos. El cristianismo, ¿es también para nosotros una gran fraternidad? «Hermanos en Cristo»... porque no se trata solamente de solidaridad humana, como la creada por la familia, el ambiente, la raza. Se trata de considerar las relaciones humanas desde el ángulo de la fe: unos hombres unidos al mismo Cristo son hermanos. Examino mis relaciones a esa misma luz.
-Miembros del pueblo santo, ¡que Dios nuestro Padre os dé la gracia y la paz!
Pablo tiene la costumbre de llamar «santos» a los cristianos (Rm 1, 7; 6, 19; 15, 25; 2 Co 9, 1;1 Co 1, 2; 6, 1; 14, 33 etc.). Esto no quiere decir que fuesen perfectos y sin pecado. Los llama así porque participan de la santidad de Dios al recibir su vida: «Dios nuestro Padre».
Otra razón de llamarse «hermanos».
-Damos gracias sin cesar a Dios... por vosotros en nuestras oraciones.
La mayoría de las epístolas de san Pablo empiezan dando gracias o «eucaristía». Yo también, Señor, quisiera que me dieras un alma alegre, que no cese de dar gracias, pensando en... Enumero los nombres de las personas de las que soy responsable.
Tenemos noticia de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis con todos los santos, en la esperanza de lo que nos aguarda en los cielos.
La fe, la caridad y la esperanza caracterizan a los cristianos y es aquello sobre lo que versa la oración.
La fórmula da a entender que el motor, el dinamismo de las otras dos virtudes, es la esperanza. El cristiano está en marcha. Sabe donde va. Su vida tiene un sentido. Va hacia el cielo. Y la fe y la caridad son como un gustar anticipado de ese cielo que realizará en plenitud todas las aspiraciones del hombre.
-De lo que fuisteis ya instruidos por la Palabra de la verdad, el Evangelio que llegó hasta vosotros que fructifica y crece entre vosotros, lo mismo que en todo el mundo...
¡Cuando pensamos que los cristianos sólo eran entonces una ínfima minoría! Y nosotros nos entretenemos en lamentaciones sobre las crisis de la Iglesia. Danos, Señor, ese alegre dinamismo. Concede a cada cristiano sentirse responsable del progreso de la fe en el mundo entero.
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 5
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑO IMPARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983. Pág. 264 s.
1-2. /Col/01/01-14
Pablo prisionero en Roma, escribe esta carta a los cristianos de Dolosas, ciudad situada en Asia Menor. El Apóstol no conoce personalmente a los destinatarios. Como de costumbre, inicia su carta con un saludo introductorio. Pablo se llama «apóstol de Jesucristo por designio de Dios» (1). La vocación no proviene de su voluntad, sino de la de Dios.
Los informes que tiene de tales creyentes, de su fe y caridad hacia los santos, surgida de la esperanza que les está reservada en el cielo, le mueven a dar gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo (vv 3s). Esta esperanza, que ahora es sólo promesa -sólo han oído hablar de ella- y que será realidad un día, excluye del ejercicio de la fe y la caridad cualquier interés por las cosas de este mundo. De ahí que la vida cristiana sea difícil de entender para quienes no se mueven sino por intereses inmediatos. Por otra parte, la definición del evangelio como «palabra de la verdad» (5) parece indicar que, para Pablo, el evangelio es la única palabra verdadera que se ha dirigido a los hombres. De hecho, para él, como es sabido, lo único que vale la pena es conocer a Cristo. Por eso no quiere que sus lectores pierdan el tiempo buscando la verdad en otros lugares.
El evangelio no se limita a informar sobre ciertos acontecimientos del pasado. Su conocimiento lleva, sobre todo, a descubrir la manera de vivir digna del Señor. Con él, el creyente aprende cómo debe vivir, sea cual fuere su inteligencia de los misterios cristianos.
Lo importante es vivir de una manera digna del Señor, agradándole en todo (10). Ahora bien: este conocimiento, que tiende a adueñarse del hombre entero, gobernando e inspirando su vida, no lo tiene el que quiere. Ni el mismo Pablo lo puede proporcionar.
Prueba de ello es la necesidad de recurrir a la oración. Pablo ruega para que los colosenses reciban el don de conocer plenamente el designio de Dios con todo el saber e inteligencia que procura el Espíritu (9).
M.
GALLART
LA BIBLIA DIA A DIA
Comentario exegético a las lecturas de la Liturgia de las
Horas
Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981.Pág. 468 s.
2.- 1Co 3, 1-9
2-1.
Ver DOMINGO 18C
2-2.
-Yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a hombres carnales...
Como niños os di a beber leche y no alimento sólido: no lo habríais soportado.
Pablo, animado por el Espíritu, reivindicó para sí una "sabiduría" superior a todos los razonamientos de este mundo. Ahora, hace notar a los corintios que no ha podido darles todo el «alimento» que hubiera querido.
Como buen educador, supo adecuar la enseñanza a su capacidad de asimilación. Jesús también dijo a sus apóstoles: «no comprendéis ahora, lo comprenderéis más tarde.»
Señor, ayúdame a ponerme en el lugar de los demás para amarles tal como son y no tal como yo quisiera que fuesen. Con los niños, en particular, que sea yo respetuoso con su caminar, con su ritmo.
Ruego por todos aquellos con quienes estoy en relación, para que cada uno progrese a partir del punto en que se encuentra... paso a paso, solamente.
-Porque sois hombres carnales mientras haya entre vosotros envidia y discordia. Y así ¿no es vuestra conducta simplemente humana?
Son impotentes para comprender la Fe porque están todavía muy sometidos a las pasiones egoístas: la envidia, la discordia, los grupitos en lo que se refiere a los predicadores -¡¡yo soy de Pablo, y yo soy de Apolo!!-, todo esto manifiesta una falta de madurez en la Fe, es "demasiado humano".
Cuando uno dice: «Yo soy de Pablo» y otro «yo, de Apolo» no es esa una reacción totalmente humana? En todo caso, para Pablo, no hay lugar para «partidos» en la Iglesia.
Este mal amenaza siempre a nuestras comunidades cristianas. Existe siempre el riesgo de los sectarismos que permanecen fieles a un jefe, a un mandamás. ¿No tengo yo tendencia a pensar que los demás no pueden tener otros puntos de vista que los míos, y que no se puede encontrar a Cristo por otros caminos que los míos? Señor, ayúdame a tener gran amplitud de miras.
Ayuda a los cristianos a aceptarse los unos a los otros con sus propias diferencias sin que las divergencias legítimas en el plano humano los dividan en el plano de la Fe profunda.
Divergencias litúrgicas, políticas, culturales.
«Yo estoy por la misa en latín... yo estoy en contra...» «Yo estoy por tal diputado... y yo por X de la oposición...»
-¿Qué es, pues, Apolo? ¿Qué es Pablo?... Servidores que os han transmitido la fe, y cada uno según el don que Dios les dio.
Apolo debió de ser un orador más brillante que Pablo.
-Yo planté, Apolo regó, mas fue Dios quien ha hecho crecer.
Las cualidades de los predicadores no son inútiles. Pero nunca son más que un instrumento en las manos de Dios.
-Somos los colaboradores de Dios; y vosotros, el campo que El cultiva.
Podemos adivinar aquí, la idea tan importante de «colegialidad»: los compañeros de apostolado forman un solo equipo apostólico, en el cual los carismas de cada uno cooperan a la obra común, que es la de Dios.
En esta perspectiva, las concurrencias, las rivalidades, los clanes sectarios, son francamente ridículos.
«Colaborador de Dios».. llevo a la oración, esta hermosa fórmula.
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 4
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑOS PARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984. Pág. 264 s.
2-3. /1Co/03/01-23
Los partidismos surgidos entre los corintios revelan que su comportamiento es «simplemente humano». Está amenazada la unidad de la comunidad, y Pablo se halla preocupado por el cariz que toman las disensiones. En este capítulo intenta salir al paso, dando una valoración de lo que es el trabajo apostólico y ofreciendo una jerarquía de valores eclesiales.
En ningún pasaje de la carta se dice que fueran los apóstoles quienes motivaron las divisiones existentes; fueron los cristianos quienes no captaron la auténtica dimensión del ministerio apostólico. Sus criterios los llevaron a establecer diferencias entre los apóstoles, sin comprender que, si realmente las había, era porque cada uno de ellos cumplía una tarea asignada por Dios (v 5). Inicialmente, Pablo se tuvo que contentar con poner lo que él llama «el fundamento», Jesucristo (11), y apenas profundizó en su predicación porque no le habrían entendido. Después pasó Apolo y, con su elocuencia, debió de iluminar otros puntos de la fe. Pero sería absurdo que ahora contrapusiesen los trabajos realizados por los diferentes apóstoles, cuando en realidad «todo es uno» (8): edificar la fe.
Pablo no duda en decir que los apóstoles son «simples servidores». Su ministerio es importante, porque sin predicación no hay fe; pero la fe es una realidad dinámica y un don de Dios gratuito. Su crecimiento es siempre un ministerio inexplicable incluso para quien la ha suscitado o fortalecido con su palabra. La profundización de la fe es un asunto que queda siempre dentro del ámbito de las relaciones personales entre Dios y el hombre. El apóstol no puede pretender establecer relaciones de causa-efecto entre su trabajo y los resultados conseguidos, aunque sí deberá responsabilizarse de la calidad de su trabajo. Ni la elegancia de la predicación, ni la fluidez de palabra en medio del auditorio, ni la depuración de las técnicas pastorales, ni la persistencia en costumbres religiosas tradicionales son argumentos suficientemente válidos para justificar un buen trabajo. Todo puede ser válido, pero también todo puede quemarse. Para un apóstol, sólo el «templo de Dios es sagrado», y este templo son los cristianos.
A.
R. SASTRE
LA BIBLIA DIA A DIA
Comentario exegético a las lecturas de la Liturgia de las
Horas
Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981.Pág. 508
3.- Lc 4, 38-44
3-1. EV/MANIPULACION
Jesús no les deja hablar y los expulsa (v.41). En este rasgo común en los antiguos exorcismos, se descubre que es preciso luchar contra lo malo sin detenerse a discutir sus pretensiones.
Todos sabemos que el mal se puede revestir de una apariencia buena, engañando a los que vienen a escuchar sus ruegos. Jesús no se ha parado. Sabía que todo lo que destruye al hombre es perverso y se ha esforzado por vencerlo.
La obra de Jesús suscita una reacción egoísta entre las gentes: quieren aprovecharle, monopolizar el aspecto más extenso de su actividad y utilizarle como un simple curandero.
Por eso vienen a buscarle (4.42). Nuestra relación con Jesús y el cristianismo puede moverse en ese plano: los aceptamos simplemente en la medida en que nos ayudan a resolver nuestros problemas (nos ofrecen tranquilidad psicológica, garantizan un orden en la familia o el estado, sancionan unas normas de conducta que pensamos provechosas).
Esa forma de utilizar el evangelio es vieja; quizá puede aplicarse a ella las palabras de condena que Jesús dirige a Cafarnaún (Lc 10. 15), la ciudad que pretendía monopolizar sus obras milagrosas.
La respuesta de Jesús es clara: tiene que anunciar el reino en otros pueblos (4.43). Su exigencia se traduce en un don que se halla abierto a todos los que esperan. Ciertamente, el evangelio es un regalo que enriquece la existencia: pero es un regalo que no se puede encerrar, un regalo que nos abre sin cesar hacia los otros.
COMENTARIOS A LA BIBLIA LITURGICA NT
EDIC MAROVA/MADRID 1976.Pág.1261
3-2. J/ORACION:
Contemplemos las diversas actividades de Jesús, a través del relato de Lucas.
1º Reza en público. Al salir de la sinagoga...
Cada pueblo judío tenía una "casa de oración", la Sinagoga... algo así como nuestras iglesias y capillas.
Muy de mañana iba Jesús, como otros muchos judíos piadosos; y allí, sentado en un banco, recitaba de memoria los salmos, balanceándose a derecha y a izquierda, como la Ley recomendaba, a fin que la Palabra de Dios penetrara hasta en los ritmos vitales corporales, como vemos que todavía lo hacen los orientales. Los Salmos... la Ley... Jesús quedó profundamente impregnado de ellos.
Sí, Jesús meditó, reflexionó, rumió las palabras de la Biblia.
Ayúdanos, Señor, a que, como Tú, sepamos dar mucha importancia a esa impregnación regular de la Palabra de Dios. Cuando rezo los salmos en particular, ayúdame a rezar en unión contigo pensando que recitaste esas mismas plegarias venerables, cada mañana, en la sinagoga de tu pueblo.
2º Vive con algunos allegados, algunos amigos. Jesús entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella.
Cuando estabas en Nazaret, pasabas la mayor parte del día con tu familia. Al empezar tu vida pública, adoptaste otra familia, otra casa, la de Simón-Pedro en Cafarnaúm.
Allí tenías tus relaciones familiares, las de la vida ordinaria.
Mi primer deber, también para mí, es el de prestar atención a aquellos con quienes comparto la vida cotidiana.
Trato de imaginar tu actitud, con las personas que te encontrabas todos los días... Pedro, su suegra...
3º Hace el bien. El se inclinó a la cabecera, increpó a la fiebre y se le pasó. Ella levantándose al momento se puso a servirles. Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos se los llevaron y El, aplicándole las manos a cada uno, los iba curando... De muchos de ellos expulsó demonios...
Esa es una de tus ocupaciones esenciales, Señor. Tu evangelio está lleno de enfermos curados y de demonios expulsados.
Has venido al mundo para sanar y salvar.
Por tu sola presencia, el mal retrocede. En este sentido, las enfermedades son un símbolo expresivo: son un ataque al hombre, lo disminuyen al quitarle sus capacidades de acción aparente, hacen daño... y con ello son como una imagen sensible y visible de ese otro mal más interior y menos controlable, que es el pecado . Y, para poner muy de manifiesto que este es el mal más grave para el hombre, "expulsas a los demonios".
Señor, ayúdame a participar en ese gran combate que es el tuyo.
En lo profundo de mi vida, como en el mundo que me rodea, ¡que sepa yo hacer retroceder el mal y progresar el bien! ¡Que, contigo y como Tú lo hiciste, trabaje para el desarrollo, la felicidad y la promoción de mis hermanos! ¿Qué curación, HOY, puedo yo contribuir a hacer avanzar en mí? ¿en mis hermanos? ¿en la sociedad?
4º De nuevo, Jesús ora en solitario. Jesús salió y se fue a un lugar apartado y desierto.
Tiene un tiempo para la plegaria pública, en la sinagoga, y un tiempo para la oración solitaria, de corazón a corazón.
5º Evangeliza. He de anunciarles también la buena nueva del reino...
El mensaje que Jesús siente que ha de proclamar no puede retrasarse. "He de".
No me retengáis. Son tantos los hombres que no han oído aún todas las "cosas buenas" que debo decirles de parte de Dios. Es la sed misionera. Hacer que oigan el evangelio de la salvación los que están todavía fuera de su alcance.
¿Tengo yo ese ardor? ¿Soy cristiano solamente "para mí"?
NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 2
EVANG. DE PENTECOSTES A ADVIENTO
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983. Pág. 156 s.
3-3.
1. (Año I) Colosenses 1,1-8
A partir de hoy, y durante ocho días, leeremos la Carta de Pablo a los cristianos de Colosas, una ciudad que estaba en Frigia, a unos doscientos kilómetros de Efeso, en el Asia Menor, actual Turquía.
Pablo no había fundado aquella comunidad, ni la conocía. Había sido su discípulo Epafras el evangelizador de aquella región. Pablo les dirige una carta amable, hacia el año 63, cuando estaba en Roma en arresto domiciliario. Se ve que aquellos cristianos, aunque no conocían personalmente a Pablo, habían oído hablar mucho y sentían "un profundo amor" por él.
Por el contenido de su misiva se entrevé la vida de aquella comunidad, mezcla de griegos y judíos, también con algún problema doctrinal: por ejemplo la tendencia "gnóstica", la dualidad de su visión cósmica, tal vez con un excesivo aprecio de los ángeles, mientras que los cristianos sitúan claramente a Cristo en el centro de toda su cosmovisión. Por eso la Carta es muy "cristológica".
a) La primera página de esta Carta es un saludo afectuoso y lleno de optimismo. Pablo tenía buenas noticias de aquel "pueblo santo que vive en Colosas": tiene fama "vuestra fe en Cristo Jesús y el amor que tenéis a todo el pueblo santo". Buen retrato de una comunidad.
Pablo aprovecha para decirles que la fe en Cristo, "el mensaje de la verdad, se sigue propagando y dando fruto en el mundo entero".
El salmo hace un eco amable a este saludo: "confío en tu misericordia, Señor... proclamaré delante de tus fieles: tu nombre es bueno".
b) Ojalá se pudiera decir de todas nuestras comunidades -las diócesis, las parroquias, las comunidades religiosas, los diversos movimientos y asociaciones- que son famosas por su "fe en Cristo Jesús" y su "amor a todos los demás" y que "les anima en todo la esperanza".
Luego pueden añadirse más cosas organizativas y vistosas. Pero lo principal es que existan estas tres virtudes llamadas teologales, las básicas de todo cristiano: la fe, la esperanza y la caridad. Éste es el mejor adorno de una comunidad, y la mejor garantía de que su presencia en medio de la sociedad será eficazmente misionera.
1. (Año II) 1 Corintios 3,1-9
a) Para Pablo, la existencia de divisiones en la comunidad es un signo claro de inmadurez, de falta de verdadera sabiduría.
Se ve que en Corinto se habían formado bandos: unos eran "fans" de Pablo y otros de Apolo, que se ve que era mejor orador. Estas divisiones, para Pablo, se deben a que siguen unos criterios humanos, "carnales", y no se dejan guiar por el Espíritu. Son niños pequeños todavía y por eso no pueden alimentarse más que de leche, no de alimentos sólidos.
Porque si tuvieran la mirada del Espirítu, verían a Pablo y a Apolo -a los ministros y predicadores de la comunidad- como "agentes de Dios", servidores, que sólo preparan el campo para que Dios lo haga fructificar, o el edificio para que Dios lo edifique.
Para los griegos, el sabio habla en su propio nombre y lo que tiene fuerza decisiva son sus cualidades. Pero la mirada de los cristianos debería estar puesta más en Dios que en Pablo y Apolo. Como repite el salmo, "dichosa la nación cuyo Dios es el Señor... el Señor, desde su morada, observa a todos los habitantes de la tierra, él modeló cada corazón y comprende todas sus acciones".
b) La sabiduría no se evalúa por los conocimientos eruditos, sino por las actitudes concretas de la vida comunitaria. Un termómetro de madurez para una comunidad cristiana es la existencia o no de cismas y celos en su seno. ¿Fomentamos divisiones en nuestra comunidad religiosa o parroquial o en nuestra vida social?
Nuestras divisiones de ahora tal vez no son precisamente porque unos sean partidarios de un apóstol y otros de otro. Pero, sea cual sea el motivo de las "envidias y contiendas" que nos dividan, que siempre se deberán a nuestra falta de visión "espiritual" de las cosas, estamos demostrando nuestra inmadurez y nuestra cortedad de miras. Estamos actuando según criterios humanos y no espirituales.
Si no somos capaces de vivir en paz, si no aceptamos a los demás con sus diferencias y nos fijamos sólo en si alguien habla mejor que otro, somos todavía infantiles y no entendemos lo que es el ministerio en la Iglesia. Recordemos cómo Juan el Bautista no quería que se fijasen en él, sino en aquél a quien él anunciaba: que crezca él y que yo disminuya.
A veces llegamos a perder la paz y el humor por pequeñeces. ¿Qué importa si Apolo tiene unas cualidades humanas más brillantes que Pablo? Los dos anuncian al mismo Cristo, y ese mensaje es el que tenemos que oir y seguir. ¿Qué importa si un sembrador lanza su semilla en el campo con más o menos garbo, si el verdadero agricultor, el que da fecundidad al grano, es Dios? ¿Qué importan las cualidades del capataz, si el verdadero arquitecto es Dios ("sois también edificio de Dios")?
2. Lucas 4,38-44
a) Lo que Jesús anunció en Nazaret lo va cumpliendo. Allí dijo, aplicándose la profecía de Isaías, que había venido a anunciar la salvación a los pobres y curar a los ciegos y dar la libertad a los oprimidos.
En efecto, hoy leemos el programa de una jornada de Jesús "al salir de la sinagoga": cura de su fiebre a la suegra de Pedro, impone las manos y sana a los enfermos que le traen, libera a los poseídos por el demonio y no se cansa de ir de pueblo en pueblo "anunciando el reino de Dios". En medio, busca momentos de paz para rezar personalmente en un lugar solitario.
Desde luego, el Reino ya está aquí. Ha empezado a actuar la fuerza salvadora de Dios a través de su Enviado, Jesús.
b) Buen programa para un cristiano y sobre todo para un apóstol. "Al salir de la sinagoga", o sea, "al salir de nuestra misa o de nuestra oración", nos espera una jornada de trabajo, de predicación y evangelización, de servicio curativo para con los demás y a la vez de oración personal.
¿Ayudamos a que a la gente se le pase la fiebre? ¿a que se liberen de sus depresiones y males? ¿atendemos a los que acuden a nosotros, acogiéndoles con nuestra palabra y dedicándoles nuestro tiempo? ¿nos sentimos obligados a seguir anunciando la buena noticia del Reino, sea cual sea el éxito de nuestro esfuerzo? ¿y lo hacemos todo en un clima de oración?
Podemos revisar dos significativos rasgos de esta página. a) Jesús, en medio de una jornada con un horario intensivo de trabajo y dedicación misionera, encuentra momentos para orar a solas. b) Y no quiere "instalarse" en un lugar donde le han acogido bien: "también a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios". Para que evitemos dos peligros: el activismo exagerado, descuidando la oración, y la tentación de quedarnos en el ambiente en que somos bien recibidos, descuidando la universalidad de nuestra misión.
Cristo evangelizador. Cristo liberador. Cristo orante. Fijos nuestros ojos en él, que es nuestro modelo y maestro, aprenderemos a vivir su mismo estilo de vida. Dejándonos liberar de nuestras fiebres y ayudando a los demás a encontrar en Jesús su verdadera felicidad.
"Confío en tu misericordia, Señor, por siempre jamás" (salmo I)
"Mientras haya entre vosotros envidias y contiendas, es que os guían los instintos carnales" (1ªa lectura II)
"Tengo que anunciar el reino de Dios, para eso me han enviado" (evangelio)
J.
ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 6
Tiempo Ordinario. Semanas 22-34
Barcelona 1997. Págs. 20-24
3-4.
1 Cor 3, 1-9: Todos son de Cristo
Lc 4, 38-44: La suegra de Pedro curada de su fiebre
Muchas personas fueron sanadas por Jesús. De la mayoría de ellos apenas tenemos noticia. El episodio que leemos hoy es relevante por la actitud que asumió la suegra después de ser curada. También, porque marca una intensa actividad misionera de Jesús como servidor itinerante de la Palabra.
Jesús viene de enfrentar a sus obstinados paisanos y de desafiar a las autoridades al solidarizarse con los que estaban por fuera de la ley. Encuentra a la suegra de Simón postrada por la fiebre. Jesús se dirige a la fiebre y la amonesta. La suegra, liberada de la fiebre que la mantenía atada al lecho, se levanta a servir.
Esta señal doméstica es significativa porque muestra cómo las personas liberadas por la Palabra de Dios se incorporan al servicio de la comunidad. La enfermedad, el pecado, las ideologías atan a los seres humanos y no les permiten estar disponibles para servir al prójimo. La Palabra de Jesús los libera de todos esos lazos. Incluso de los más sutiles, como los de las autojustificaciones ideológicas.
Pero la acción de Jesús está abierta a toda la comunidad. Terminada la vigilia del sábado, la gente acude con enfermos que no habían llevado a la sinagoga por temor a fariseos y escribas. Jesús tiene un contacto personal con los afligidos. Comunica la misericordia de Dios con gestos afectuosos y altamente significativos. Pero, evita que el demonio de la vanagloria le toma la delantera. Por eso, elude los pomposos reconocimientos y busca nuevos sitios para evangelizar. No se deja retener por el gentío pobre que quiere acaparar todos los bienes para sí.
Hoy estamos presos de diversas fiebres que nos atan y no nos permiten incorporarnos al servicio al prójimo. La comunidad está llamada a liberar a las personas atadas por autojustificaciones ideológicas, problemas psicológicos o por ligaduras de cualquier índole que no les permiten ser libres. Pues, solamente hombres y mujeres libres están en condiciones de servir bien al prójimo.
SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO
3-5. CLARETIANOS 2002
San Pablo continúa dándonos "claves de interpretación" mientras Jesús persiste en entrar en nuestras pequeñas cosas de todos los días y salir al paso de nuestras necesidades más triviales.
Pablo lanza hoy sus anatemas contra las envidias y los partidismos. Hemos de reconocer que en este punto caemos casi todos: "yo soy de Pablo, yo de Apolo" (cada uno que ponga el nombre que corresponda) y acabamos convirtiendo en una olla de grillos lo que debería ser una comunidad de amor. ¿No es verdad que, a veces, aceptamos las cosas según quién las diga? La Palabra nos invita a considerar objetivamente la realidad e ir más allá, buscando la Verdad por encima del ropaje con que nos llega. Nada son el que planta ni el que riega, sino Aquel que hace crecer.
Quedarnos en lo externo es "cosa de niños" y no estamos hablando del niño evangélico, transparente y sencillo, sino de la actitud infantil que no sabe ir más lejos de lo que pueden ver los ojos, oír los oídos o tocar las manos. Los "servidores de la Palabra" somos todos imperfectos, no sólo por la elocuencia en el decir, la originalidad o la brillantez con que podamos convencer sino, fundamentalmente, porque nuestra deseada, buscada y cada día procurada coherencia de vida siempre deja algo o mucho que desear. Permitidme que recuerde una escena de la película "Gandhi": El apóstol de la no violencia quiere convencer de algo a su mujer; ella persiste en sus argumentos una y otra vez intentando hacer valer sus razones hasta que Gandhi, agotada su paciencia, le lanza una sonora bofetada. El efecto es instantáneo pero no en ella, sino en él. Inmediatamente cae en la cuenta de que acaba de hacer exactamente lo contrario de aquello en lo que ha empeñado su vida. Perplejo y dolorido contempla sus manos y se pregunta a sí mismo: "¿qué me ha pasado? ¿qué he hecho?" La respuesta, dulce y suave, le llega desde los labios de su propia mujer a quien no ha herido porque le conoce: "Sólo te ha pasado que eres, sencillamente, un ser humano".
Esto es así. Dejemos, pues, todo partidismo y vayamos a lo hondo. Aceptemos, de corazón, que la respuesta a nuestra sed nos llega por cauces imperfectos, que tal vez no nos gustan... pero lo que importa es el Agua.
El Salmo nos lo dice con la hondura de que la que sólo la poesía es capaz: "El Señor formó el corazón de cada uno" y sólo El lo entiende acabadamente. ¿Por qué habíamos de juzgarnos mutuamente y, mucho menos, tomar partido? Dejemos a Dios ser Dios.
Y, como una constante de toda esta semana, el Evangelio nos muestra a Jesús "metido" en nuestras realidades de todos los días. Devuelve la salud a los enfermos, cura los miedos y anuncia un Reino de Paz que debe anidar y crecer en el propio corazón del hombre.
Nuestro Dios está cerca: "en su santo nombre
confiamos". Que a la sombra de su Amor os guarde cada día.
Olga Elisa Molina (olgamolicapo@yahoo.es)
3-6.
COMENTARIO 1
LA FIEBRE NACIONALISTA
Primero en la sinagoga de Nazaret («Todos se declaraban en contra»), después en
la de Cafarnaún («¿Has venido a destruirnos?»), ahora «en casa de Simón», en
todas partes predomina el mismo espíritu: «La suegra de Simón estaba aquejada de
fiebre muy alta» (4,38). La «fiebre», también en nuestro contexto cultural,
puede expresar un patriotismo enfervorizado y fanático. Pero postra a la persona
y le arrebata toda libertad de movimientos. Lucas describe el entorno «familiar»
de Simón, futuro discípulo de Jesús, vinculándolo -aunque de forma indirecta
(«suegra»)- al movimiento o ideología zelota. Jesús conmina a la fiebre, como lo
había hecho en Cafarnaún, y ésta se va. Cuando la fiebre (de poder) se va, ella
«se puso a servirles» (4,39). El espíritu de servicio será la tónica del grupo
de Jesús.
LA PUESTA DE SOL LIBERA DEL PRECEPTO SABATICO
«Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos con las más variadas dolencias
se los llevaron, y él, aplicándoles las manos a cada uno de ellos, los fue
curando. De muchos salían también demonios, gritando: "Tú eres el Hijo de Dios."
El los conminaba y no les permitía hablar, pues sabían que él era el Mesías»
(4,40-41). Las enfermedades físicas y psíquicas andan dándose la mano. Las
ideologías que toman posesión del hombre lo esclavizan hasta hacerles hablar de
lo que no saben, aunque lo afirmen: «saben» lo que les dictan los de arriba, los
que se sirven de ellos para sus intereses particulares y les dan cuerda como si
fuesen robots al servicio de una causa.
«Al hacerse de día salió y se marchó a un lugar despoblado» (lit. «desierto»)
(4,42a). Una vez que pierde su vigencia el precepto del «sábado», comienza el
«día» propiamente dicho, es el «día» de su vida pública, que culminará en la
cruz (23,45: «al eclipsarse el sol»), durante el cual desarrollará toda su
actividad liberadora en el «desierto» de la sociedad, donde pululan toda clase
de ambiciones de poder que intentarán inútilmente desviarlo de su propósito y
apoderarse de él: «Las multitudes lo andaban buscando, dieron con él e
intentaban retenerlo para que no se les fuese» (4,42b).
Lo que en el primer «desierto» venía expresado en lenguaje simbólico, bajo la
imagen del Tentador, que trataba de desviarlo del camino que él iba recorriendo
en el seno de la sociedad hostil gracias al empuje constante y permanente del
Espíritu («el Espíritu lo fue llevando por el desierto durante cuarenta días -la
duración de su vida-, mientras el diablo lo tentaba», 4,1-2), en este segundo
«lugar despoblado» viene expresado en un lenguaje más sencillo, bajo la imagen
de las multitudes que andan a la búsqueda de un líder o gurú que les solucione
todos los problemas espirituales..., temporales y políticos.
EL DESIGNIO UNIVERSAL DE DIOS
Y LA MISION DE JESUS SON COINCIDENTES
«Jesús les dijo: "También a los otros pueblos tengo que dar la buena noticia del
reinado de Dios, pues para eso he sido enviado"» (4,43). Jesús tiene una visión
demasiado amplia para los horizontes estrechos de sus contemporáneos de
Cafarnaún..., ¡y de los de hoy! Eso de «el Pueblo de Dios» en sentido excluyente
(con artículo y en mayúscula), como si los demás pueblos no lo fuesen también,
no responde al designio del Dios Creador del universo. Ni «pueblo de Israel» ni
ningún otro. También a los «otros pueblos», en nuestro derredor no judíos, sino
paganos y paganizados, debemos anunciarles que son tan «pueblo de Dios» como se
llamó a sí mismo Israel y como pretendemos llamarnos nosotros. A no ser que por
«el pueblo de Dios» entendamos el pueblo constituido por los pobres,
desheredados y desaparecidos, el pueblo crucificado, a la cabeza del cual está
el Crucificado de Nazaret.
COMENTARIO 2
En este pasaje de la curación de la suegra de Pedro, Lucas subraya
fundamentalmente dos cosas:
En primer lugar la fuerza curativa de las palabras de Jesús. Esto se evidencia
con la frase "amenazó a la fiebre"; v. 39, es lo mismo usado en el verso 35 para
indicar la expulsión del demonio.
En segundo lugar, la inmediatez o instantaneidad de la curación misma (con la
expresión "se levantó al instante": v. 39), más allá de la gravedad de la
enfermedad ("estaba con fiebre muy alta": v. 38).
Esta curación dada sus características es considerada por Lucas como un poderoso
exorcismo de Jesús, siempre empeñado en la lucha no sólo contra Satanás, sino
también contra las consecuencias del pecado (en este caso contra la enfermedad).
De la acción eficaz y liberadora de Jesús se pasa a la acción de la persona
curada: "se puso a servirles". De este modo se actualiza aquel dicho popular:
"el bien engendra bien". No cabe duda de que toda la vida de Jesús (sobre todo
en la visión lucana) fue "un pasar por el mundo haciendo el bien y curando a los
poseídos por el diablo" (Hechos 10, 38). De este modo la Iglesia, comunidad
continuadora de las palabras y obras de Jesús se vuelve en todas sus expresiones
hacedora del bien, perpetuadora de lo bueno, de todo aquello que hace posible el
bien: la verdad, la justicia, la libertad... la paz.
1. Josep Rius-Camps, El Éxodo del Hombre libre. Catequesis sobre el Evangelio de Lucas, Ediciones El Almendro, Córdoba 1991
2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
3-7. DOMINICOS 2003
“Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y el hermano Timoteo, al pueblo santo que vive en Colosas, de hermanos fieles a Cristo. Os deseamos la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre.
En nuestras oraciones damos siempre gracias por vosotros a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, desde que nos enteramos de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todo el pueblo santo. Os anima a esto la esperanza de lo que Dios os tiene reservado en los cielos, que ya conocisteis cuando llegó a vosotros por primera vez la Buena Noticia, el mensaje de la verdad...”
El apóstol muestra su alegría y gratitud porque la fe y el amor han entrado en el corazón de los fieles. La gloria de Dios en ellos es su propia felicidad.
“Un día, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta, y le pidieron que hiciera algo por ella. Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles.
Al ponerse el sol, los que tenían enfermos... se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando. De muchos enfermos salían también demonios, que gritaban: Tú eres el Hijo de Dios. Y Jesús les increpaba y no les dejaba hablar...
Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando, y dieron con él e intentaban retenerlo. Pero él les dijo: También a otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios...”
Tres planos tiene el realto: súplica de caridad, y tierna caridad en la respuesta de Jesús; reconocimiento de que el amor misericordioso de Jesús se dilataba día a día; renuncia a toda ambición y gloria mundana, porque la voluntad del Padre es la única bandera de Jesús.
En ocasiones se nos recrimina a los cristianos, a las comunidades religiosas, a las instituciones eclesiales, e incluso a los Pastores, cierta frialdad en las relaciones humanas, como si la afectividad –que es un don de Dios al hombre y mujer- hubiéramos de ocultarla bajo capa de peligrosidad moral.
Eso no es un bien. Así como hemos de ser –por naturaleza- humanos, cordiales y limpios de corazón, así hemos de lograr que ciertos toques de gracia embellezcan, no deterioren nuestra vida. La comunicación cordial de la fe es un don.
Si ocultamos nuestros sentimientos en la plegaria, si no saludamos con la flor del amor en los labios, nuestro corazón no es del todo feliz ni comunica felicidad. Hagamos como Pablo en la introducción a esta carta pastoral a los colosenses.
Grabemos bien en nuestras almas los sentimientos de Cristo en el detalle evangélico del día de hoy: Atención delicada y tierna a la suegra de Pedro, enferma, y a cuantos acudieron a él en súplica de gracia, perdón, amistad, justicia, salud... Atención muy personal al encuentro con el Padre en la oración solitaria del amanecer, momento en que le gusta a Jesús expansionarse y reafirmar su obediencia a la voluntad del Padre, por nosotros, pecadores. Atención apostólica a cuantos hombres y mujeres, de buena voluntad, esperan y reclaman su Palabra.
¡A cuántos pueblos, instituciones, religiones, culturas y personas hambrientas de verdad, justicia y amor, tenemos que llevar nosotros la verdad o mensaje de Cristo salvador con paciencia, ternura, cariño!
3-8.
Miércoles 3 de septiembre de 2003
GREGORIO MAGNO
Col 1, 1-8: Un saludo a los colosenses
Salmo responsorial: 51, 10-11
Lc 4, 38-44:La curación de la suegra de Pedro
Después de que Jesús sale de la sinagoga, se va para la casa de Simón Pedro.
Algunos dicen que la casa de Pedro en Cafarnaún se convirtió para Jesús en su
propia casa, que allí vivía, compartía y se desplazaba a otros lugares.
El texto nos dice que la suegra de Pedro se enfermó repentinamente y tenía mucha
fiebre. Seguramente era una mujer mayor, desgastada y trajinada por los
sufrimientos de la vida y el trabajo. La fiebre la postró en cama y la
imposibilitó para realizar sus tareas cotidianas. Jesús intervino: se inclinó
hacia ella y expulsó el espíritu de la fiebre, que inmediatamente dejó a la
anciana libre, y ella se levantó y les sirvió.
La curación de la suegra de Pedro es narrada como si se tratara de la expulsión
de un poder demoníaco: “dio una orden a la fiebre y ésta desapareció”. Lucas
describe la curación como si fuera un exorcismo. Vuelve y aparece la fuerza y el
poder de Jesús que es capaz de acabar con todo lo que genera el mal que postra o
aniquila a la persona. La actitud de la anciana, de servicio incondicional,
corrobora que, en Jesús, más que lo que decía, impactaba el poder de sus
acciones a favor de la vida y contra el mal que aplasta al ser humano. La
presencia de Jesús priva al mal de toda fuerza y reconstruye la dignidad que
todos tenemos.
Lucas continúa diciendo que “al ponerse el sol -ha terminado el sábado- todos
los que tenían enfermos de diversos males se los llevaban a Jesús y él los
sanaba imponiéndoles las manos a cada uno”. Jesús era particularmente sensible a
la marginación que causaba la enfermedad, y a la pérdida de esperanza del
pueblo; por eso, sus actitudes son generadoras de vida para ese pueblo. No
podemos entender sus curaciones como simple milagrería: en Jesús no son otra
cosa que la posibilidad de dignificar al ser humano. Es la manera de gritar a la
sociedad de su tiempo que el ser humano es más importante que todas las
estructuras, porque su Dios es el Dios de la vida y está por la vida del pueblo.
La gente de Cafarnaún ante las acciones de Jesús lo quieren retener, porque sólo
reconocen en él su fuerza milagrosa separada de la “Buena Noticia”. Pero Jesús
escapa de ellos; su misión es anunciar también a las otras ciudades la Buena
Nueva del Reino de Dios. Para eso se sentía él enviado.
SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO
3-9. ACI DIGITAL 2003
38. Véase Mat. 8, 14 - 16; Marc. 1, 29 - 34.
41. Jesús no quiere apoyarse en el testimonio de los demonios, que sirven a la
mentira, aunque alguna vez digan la verdad. El, que no recibió testimonio de los
hombres y ni siquiera necesitaba el de Juan Bautista porque tenía el de su
divino Padre (véase Juan 5, 34 - 40), ¿cómo podía aceptar por apóstoles a los
espíritus del mal? Por ahí vemos el honor inmenso que El nos hace al enviarnos
los apóstoles (Juan 17, 18 - 21; 20, 21; Luc. 24, 48). Es de notar que Satanás
mismo nunca expresó ese conocimiento que aquí manifiestan los demonios (v. 34 ss.).
3-10.
LECTURAS: COL 1, 1-8; SAL 51; LC 4, 38-44
Col. 1, 1-8. Pablo, y Timoteo, se dirigen en una carta, llena de afecto, a los
cristianos de Colosas, comunidad fundada por Epafras, discípulo de san Pablo y,
en ese momento, compañeros en la cárcel. Pablo llama santos a los Colosenses,
consciente de que participan de la misma dignidad del Hijo de Dios, Jesucristo,
por su unión a Él. Efectivamente: así como una persona sin linaje, unida en
alianza matrimonial con un personaje importante participa del linaje de este
último, y como tal se le ha de reconocer por todos; así, quien se une a Cristo
en Alianza con Él, en Él participa de la gracia que le corresponde como a Hijo
único del Padre Dios. Sin embargo no basta esa Alianza con el Señor para ser
santos; hay que vivirle fieles; y así Pablo lo expresa: Los hermanos santos y
fieles en Cristo. De esta manera, junto con Pablo y con todos los que se han
unido al Señor, participan de la Gracia que Dios comunica a quienes han
pronunciado su sí, lleno de amor, a la oferta salvadora que Dios nos hace para
vivir unidos a Él sin desviarse por caminos equivocados. Nuestra fe en Cristo
nos ha de llevar al amor fraterno aún en medio de grandes dificultades, sin
perder la esperanza de que, al final, después de haber pasado por grandes
tribulaciones, viviremos unidos eternamente al Señor. Conscientes de que esa
unión ya se ha iniciado en esta vida, hemos de manifestar con obras, que el
Evangelio crece y fructifica día a día en nosotros y no se ha quedado como una
semilla sembrada en un terreno estéril. Trabajemos, pues, constantemente,
guiados por el Espíritu Santo, para que el Reino de Dios llegue en nosotros a su
plenitud.
Sal. 51. Muchas persecuciones sufre el justo, pero de
todas ellas Dios lo libra. El malvado se engríe en su maldad, se abalanza sobre
los pobres e indefensos para maltratarlos y acabar con ellos, y piensa: Dios no
lo ve, el Señor se oculta para no enterarse. Sin embargo, por los huesos del
justo vela Dios y no le alcanzará la maldad de los inicuos. Por eso, quien
confía en el Señor y en su amor sabe que ha plantado su vida como se plantan los
olivos junto a las corrientes de los ríos y no le alcanzará tormento alguno; a
pesar de los contratiempos, su esperanza en el Señor le conservará
constantemente dando frutos de bondad, pues la presencia del Señor en el hombre
justo no puede quedar infecunda, a pesar de la persecución y la muerte.
Confiados en el amor que el Señor nos tiene ofrezcámosle, no sólo un sacrificio
de acción de gracias, sino toda nuestra vida convertida en un continuo
sacrificio de alabanza a su Santo Nombre.
Lc. 4, 38-44. Buscar a Jesús; ojalá y no sea sólo para recibir la curación o la
solución a problemas que nos agobien. Ciertamente que por medio de Él Dios se ha
manifestado misericordioso con nosotros; y, también es cierto que cuando por
medio de alguna persona recibimos el remedio de nuestros males nos apegamos a
esa persona y las multitudes no le dejan espacio ni para comer. Sin embargo
Jesús no vino como un curandero; Él ha venido como el Hijo de Dios que nos
libera de la esclavitud del pecado; que nos desata de nuestros males para que
trabajemos en el bien y construyamos su Reino. La Iglesia tiene como vocación el
anuncio del Reino de Dios en todas partes. A partir de vivir y caminar en el
amor que procede de Dios, será posible construir un mundo más justo, con menos
pobreza y con más oportunidades para que todos disfruten de una vida más digna.
Es necesario que no sólo nos fijemos en la solución de la enfermedad y de la
pobreza material; tenemos que luchar porque el Reino de Dios nos quite nuestro
anquilosamiento espiritual, que nos hace vivir como postrados en cama, sólo
pensando en nosotros mismos y en nuestro provecho personal. Hemos de permitir
que el Espíritu de Dios nos levante y nos ponga a servir, en amor fraterno, a
quienes necesitan de una mano, no que los explote y maltrate, sino que les sirva
con el amor que procede de Dios y habita en nosotros.
En esta Eucaristía nos reúne Aquel que no sólo vino a aliviar nuestros
sufrimientos y a soportar nuestros dolores, sino también a cargar sobre sí
nuestras culpas y a interceder por nosotros, pecadores, para que por sus llagas
fuéramos curados, fueran perdonados nuestros pecados. Por eso Dios lo resucitó
de entre los muertos y le dio un Nombre que está por encima de todo nombre. La
Celebración de la Eucaristía nos hace comprender el amor que el Señor nos tiene
y cómo, a costa de la entrega de su propia vida, nos ha elevado a la dignidad de
hijos de Dios, manifestándonos, así, un amor como nadie más puede tenernos.
Quienes Creemos en Cristo y nos hemos hecho uno con Él debemos meditar en el
banquete que el Señor nos ha preparado; cómo Él nos alimenta con la entrega de
su propia vida, para que nosotros tengamos vida; para que, así como Él nos ha
amado, nos amemos los unos a los otros. El verdadero discípulo del Señor no sólo
recibe la Palabra que lo salva y se alimenta de ella, sino que se convierte en
portador de la misma, para que otros conozcan al Señor, reciban la salvación que
Él nos ha traído, y puedan, también ellos, esforzarse para que más y más vayan
al Señor y se dejen salvar por Él. Quien destruye la vida de su prójimo, quien
mata sus ilusiones, quien le deja inutilizado para caminar y progresar, quien le
escandaliza y destruye en él el amor de Dios, no puede en verdad llamarse hijo
de Dios, pues el Señor no vino a destruir, sino a salvar a todos los que se
habían perdido y desbalagado como ovejas sin pastor; y esta es la misma misión
que ha confiado a su Iglesia, comunidad de fe en Él.
Que el Señor nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra
Madre, la gracia de abrir nuestro corazón para que en él habite el amor
misericordioso de Dios, de tal forma que desde nosotros produzca fruto abundante
que, convertido en un serio apostolado a favor del Evangelio, nos convierta en
colaboradores que ayuden a que la semilla de la Buena Nueva pueda ser sembrada
en el corazón de todos los hombres, de tal forma que, convertidos en testigos
del Dios-Amor podamos construir, en verdad, entre nosotros su Reino. Amén.
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