MARTES DE LA SEMANA 22ª DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Murió por nosotros para que vivamos con él
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 5, 1-6.
9-11
En lo referente al tiempo y a las circunstancias no necesitáis, hermanos, que os
escriba.
Sabéis perfectamente que el día del Señor llegará como un ladrón en la noche.
Cuando estén diciendo: «Paz y seguridad», entonces, de improviso, les
sobrevendrá la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta, y no
podrán escapar.
Pero vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, para que ese día no os sorprenda
como un ladrón, porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de
la noche ni de las tinieblas.
Así, pues, no durmamos como los demás, sino estemos vigilantes y despejados.
Porque Dios no nos ha destinado al castigo, sino a obtener la salvación por
medio de nuestro Señor Jesucristo; él murió por nosotros para que, despiertos o
dormidos, vivamos con él.
Por eso, animaos mutuamente y ayudaos unos a otros a crecer, como ya lo hacéis.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial Sal 26, 1. 4. 13-14
R. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi
vida, ¿quién me hará temblar? R.
Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días
de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo. R.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé
valiente, ten ánimo, espera en el Señor. R
EVANGELIO
Sé quién eres: el Santo de Dios
Lectura del santo evangelio según san Lucas 4, 31-37
EEn aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados
enseñaba a la gente.
Se quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad.
Habla en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo, y se puso a gritar
a voces:
-«¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros?
Sé quién eres: el Santo de Dios.»
Jesús le intimó:
-«¡Cierra la boca y sal!»
El demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin
hacerle daño.
Todos comentaban estupefactos:
-«¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus
inmundos, y salen.»
Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca.
Palabra del Señor.
1.- 1Ts 5, 1-6.9-11
1-1.
-En lo que se refiere al tiempo y al momento de la venida del Señor, no es necesario que os hable de retrasos o de fechas.
Sabéis muy bien que el «día del Señor» vendrá como un ladrón en la noche. Jesús había dicho unas palabras semejantes (Lucas 12, 39) al rehusar contestar a la curiosidad humana que nos hace ávidos de detalles precisos. El «día del Señor» es imposible imaginarlo, no tenemos ninguna referencia concreta de ese fenómeno típicamente divino que es la resurrección... o de esa otra realidad típicamente divina que es la eternidad.
En lo eterno no hay ni antes ni después; no hay tiempo ni horas ni fechas: es otro mundo.
Simplemente hay que confiar y aceptar el riesgo del gran salto de la Fe en Dios.
-Cuando diga la gente: «¡Qué paz, qué tranquilidad! entonces, de repente, vendrá sobre ellos la catástrofe...
La única cosa segura que sabemos es que el «Día del Señor» (1 Co 1, 8) es imprevisible y que hay que estar siempre «a punto».
¿Lo estoy en este momento?
Estamos oyendo ya el evangelio, por el que Jesús nos advierte de la terrible anestesia de las conciencias, de la inconsciencia de los que se contentan con «comer y beber» tranquilamente (Mat~o 24, 38), sin hacerse la pregunta capital: ¿a dónde voy? ¿qué pasará a mi muerte?
-Como los dolores de parto...
Jesús utiliza también esa imagen. (Mateo 24, 8). Y que es constante en toda la revelación. (Is 21, 3; Jr 30, 6: Os 13,13; Mi 4, 9; Rm 8, 22).
¡Los dolores de parto!
Esto nos evoca dos significaciones simbólicas: lo súbito... y el aspecto positivo. Porque son dolores que conducen a la vida y a la alegría. (Juan 16, 20-22).
-Y no escaparán.
Incluso los inconscientes, los que no quieren plantearse la pregunta tendrán que planteársela.
-Pero vosotros, hermanos, como no vivís en las tinieblas ese «día» no os sorprenderá como un ladrón.
¡Que así sea, Señor! que no quede sorprendido, que no venga de improviso.
-En efecto, todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas.
¡Hijos de la luz! El hombre es el que pertenece a la luz, el que tiene en sí una luz vital. (Lucas 16, 8; Juan 12. 36.) Son también palabras evangélicas.
-Así pues, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.
Muchas parábolas repetirán lo mismo (Lucas 12, 3546; Mateo 25).
¡Vigilantes! despiertos, en constante estado de alerta.
¡Sobrios! es decir, dueños de nosotros mismos y moderados en nuestros deseos para no dejarnos anestesiar.
-Porque Dios nos ha destinado para obtener la salvación por nuestro Señor Jesucristo, que murió por nosotros para que vivamos con El... Así confortaos los unos a los otros y trabajad vuestra mutua edificación.
La perspectiva de la muerte es extremadamente positiva y toda nuestra vida la prepara y la está construyendo ya: ¡vivir con Jesús! Jamás pensaremos bastante en ello: el cielo ya ha comenzado.
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 5
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑO IMPARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 262 s.
2.- 1Co 2, 10-16
2-1.
Pablo opone aquí el hombre "psíquico", que se apoya únicamente sobre sus fuerzas -aún intelectuales-, al hombre "espiritual", que tiene en sí la morada de Dios.
En este pasaje, el espíritu de Dios no es aún personalizado. Se trata solamente de una participación en la inteligencia divina y, por tanto, de una manera de conocer el designio de Dios, y más especialmente los dones que hace a los hombres (v. 12). Este espíritu es necesario a los corintios para separar los carismas que vienen de Dios de los que proceden del hombre.
El espíritu de Dios proporciona igualmente el pensamiento y el vocabulario que permiten hablar de Dios como conviene, sin la ayuda de la sabiduría profana (v. 13). Esto equivale a decir que un carisma de lenguas, por ejemplo, podría perfectamente no venir de Dios si no ayuda a la comprensión de su designio y no ofrece ninguna luz sobre su presencia en la Iglesia.
Un último resultado de la acción del espíritu de Dios en el corazón del cristiano es la facilidad que da para juzgar todas las cosas, considerando el mundo y los acontecimientos desde un plano más alto de las facultades puramente psíquicas, el cristiano goza de una superioridad segura sobre los partidarios de la gnosis o del ascetismo. Porque si es verdad que la inteligencia humana no puede superar a la inteligencia divina, no es menos cierto que nadie puede juzgar al que se coloca conscientemente bajo la dependencia del espíritu de Dios (v. 16).
Pablo responde así al reproche que los corintios le dirigían de no haberles instruido de una forma bastante sabia. Ellos mismos podrían sobrepasar en ciencia a todos los filósofos de la tierra si tuvieran la suficiente humildad para recibir el conocimiento de Dios que es superior a todos y coloca al cristiano por encima de todos los demás. Pero hace falta aún una seria voluntad de humildad y de apertura a Dios para ser capaz de acceder a ello.
MAERTENS-FRISQUE
NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA VIII
MAROVA MADRID 1969.Pág
13
2-2.
Pablo, al condenar la elocuencia y la sabiduría humanas, ¿condenará también todo esfuerzo de reflexión y de pensamiento? No se trata de esto. «Ciertamente hablamos de sabiduría entre los perfectos, pero de una sabiduría que no es de este mundo.» (1 Corintios 2, 6) Cuando el hombre ha aprendido a "ceder" delante de Dios, cuando ha reconocido su insuficiencia y pobreza, entonces un campo infinito se abre a su investigación intelectual.
-Hermanos, el Espíritu Santo puede sondear incluso las profundidades de Dios.
El dominio infinito. Las profundidades. Lo que cae fuera de las posibilidades del hombre orgulloso, abandonado a sus solas fuerzas. Todo ello puede "sondearlo" Dios por sí mismo.
Todo. Todo. Dios lo conoce todo. Dios no va contra la inteligencia: es la Inteligencia suprema.
-¿Quién, pues, entre los hombres conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Del mismo modo, nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el mismo Dios.
Cuando quiero conocer una «cosa», la analizo, compruebo su medida, su peso. La naturaleza material es un libro abierto que la ciencia descifra poco a poco.
Cuando quiero conocer a «alguien» no tengo otra solución que esperar a que él quiera revelárseme.
El hombre más sabio del mundo, capaz de analizar el átomo, es impotente para descubrir lo que piensa su mujer... si ella no quiere decírselo. "Mi secreto es mío. Te lo diré si quiero, lo querré, si te amo.»
Esto puede hacernos comprender la inmensa diferencia que existe entre el conocimiento de tipo científico o racional y el conocimiento de tipo «fe» o «revelación».
Se conquista una cosa. Se acoge a alguien.
Sólo el Espíritu de Dios conoce lo que hay en Dios.
-El espíritu que nosotros hemos recibido, no es el del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios y por El conocemos las gracias que Dios nos ha otorgado.
La sabiduría de Pablo, la sabiduría del creyente tiene su fuente en el mismo Espíritu de Dios. Se trata de «recibir»... y no de «conquistar»...
-El hombre, por sus solas fuerzas humanas...
Admirable fórmula, que derriba al hombre del trono de sus pretensiones.
-No puede recibir los dones del Espíritu de Dios.
Así esta nueva sabiduría comunicada solamente por los que han recibido del Espíritu el modo de enseñarla... no puede ser tampoco recibida más que por aquellos que se han abierto a su comprensión.
A falta de todo ello, esta sabiduría no es sino locura y sinrazón.
-En cambio el hombre, animado por el Espíritu, lo juzga todo y a él nadie puede juzgarle.
La Escritura dice: "¿quién conoció la mente del Señor?" ¡Pues bien! ¡Nosotros tenemos la mente de Cristo!
Nada más. Y es el mismo san Pablo quien se encuentra a la vez «tímido y tembloroso».
No, la Fe no es un privilegio para la élite, para los mandarines de la inteligencia: el verdadero conocimiento de Dios es accesible a todos los que se dejan «animar» por el espíritu. Y en este caso: ¡qué finura de percepción!
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 4
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑOS PARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág. 262 s.
3.- Lc 4, 31-37
3-1.
Ver paralelo Mc 1, 21-28 en DOMINGO 04B
3-2. J/AUTORIDAD:
-Jesús enseñaba... Estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.
Estamos pues en los primeros días de la predicación pública de Jesús. Todos los evangelistas han subrayado la autoridad extraordinaria, el prestigio que emanaba de su persona y de su palabra. El ambiente judío de aquel tiempo estaba marcado por una gran influencia de las "escuelas", de los grupos de escribas o letrados, que se dedicaban a comentar la Escritura a fuerza de referencias bíblicas.
Ahora bien, Jesús expone unos comentarios nuevos que no se refieren a ninguna escuela de pensamiento: del fondo de sí mismo surge un pensamiento magistral revestido de autoridad... y que, más que apoyarse en tradiciones de escuela, apela directamente a la conciencia de sus interlocutores.
Jesús, yo quisiera también dejarme fascinar por tu palabra soberana, llegar a ser un mejor oídor tuyo y tu discípulo.
-En la sinagoga había un hombre que tenía un demonio inmundo, y se puso a gritar a voces: ¿Qué tienes Tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos?"
Un hombre "poseído por un demonio"...
Un hombre "no libre"... Un hombre "alienado"...
¡EI demonio es siempre hoy el que gravita sobre la libertad del hombre, para encadenarlo, para "poseerlo"!
¿Cuáles son mis alienaciones? ¿Qué es lo que me encadena? ¿Cuál es el mal que pesa sobre mi libertad? Costumbres o hábitos, pecados, aficiones...
-"Sé muy bien quién eres: el "Santo", el "Santo de Dios."
El imperio del mal será destruido: la santidad misma de Dios, la infinita perfección del amor, entra en liza en el campo de batalla.
La pureza de Jesús vencerá nuestras impurezas.
El amor de Jesús derribará nuestros egoísmos.
La maravillosa relación filial de Jesús al Padre nos enseñará a rezar.
La valentía de Jesús arrastrará nuestras bajezas y nuestras inercias o negligencias.
¡Jesús, el santo! ¡Intercede siempre, sálvanos, libéranos!
-Jesús le intimó: "¡Cállate la boca y sal de ese hombre!" El demonio tiró al hombre por tierra en medio de los asistentes y salió de él sin hacerle ningún daño.
Tal es el primer milagro relatado por los sinópticos. Una liberación. Un hombre "encadenado" que es libertado de la malévola influencia que pesaba sobre él.
Un hombre que vuelve a ser normal, que vuelve a ser un hombre. "Sin hacerle ningún daño"... La fuerza malévola es verdaderamente dominada. El demonio ha encontrado a otro más fuerte que él.
Tal es Jesús. Desde el primer día. Un Salvador.
-Todos quedaron estupefactos y se decían unos a otros: "¿Qué tendrá esa palabra, que manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos?" En cuanto Jesús habla a las multitudes o a los demonios, es la autoridad y el poder de "su palabra" lo que choca. En el pueblo de Nazaret, resulta ser un reguero de pólvora. Se está asustado. Se le mira de modo distinto. ¿Quién es, pues? Se creía conocerlo, pero se estaba equivocado respecto a El. No obstante durante treinta años, se le ha visto vivir. Se era su cliente, su vecino, su amigo, su primo.
Así sucede a menudo: nos vemos obligados a abandonar un primer punto de vista que habíamos formado sobre alguien... para descubrir otro aspecto de su personalidad profunda. Señor, haznos disponibles.
-Y su fama se extendía por toda la región.
Hoy también Jesús "está de moda". La opinión pública le es favorable. Pero, ¿sabremos ir más allá de las publicidades superficiales para descubrirle, a El, en el secreto de su Persona viviente?
NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 2
EVANG. DE PENTECOSTES A ADVIENTO
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 154 s.
3-3.
1. (Año I) 1 Tesalonicenses 5,1-6.9-11
a) Terminamos hoy nuestra lectura de la Carta de Pablo a los de Tesalónica. Y lo hacemos con un tema que se ve que preocupaba a aquella comunidad y en general a todas las de Grecia: la venida última de Cristo y la resurrección de los muertos.
Cuando Pablo escribe esta Carta, todavía no han aparecido por escrito los evangelios, pero él ya anticipa la recomendación que Jesús hará varias veces referente al futuro: "el día del Señor llegará como un ladrón en la noche", o "como los dolores de parto a la que está encinta", y por eso no podemos vivir distraídos y en la oscuridad: "no durmamos como los demás, sino estemos vigilantes y vivamos sobriamente".
Estas palabras de Pablo no quieren producir en nosotros angustia: Dios nos tiene destinados, no al castigo, "sino a obtener la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo".
b) A todos nos hace bien pensar en el futuro. Como a un viajero no se le olvida el destino que está marcado en el billete. Como al estudiante no le resulta superfluo pensar en el fin del curso y sus evaluaciones.
Pablo nos invita a vivir en vigilancia, con una cierta tensión, aprovechando el tiempo, como "hijos de la luz", sin dejarnos adormecer por las cosas del camino.
Además, Pablo da un consejo fundamental para que la comunidad cristiana encare con esperanza su marcha hacia adelante: "animaos mutuamente y ayudaos unos a otros a crecer, como ya lo hacéis". Si cada uno está despierto y vive como "hijo de la luz", sin trampas ni enredos, y además los hermanos de la comunidad también se ayudan mutuamente con su ejemplo, seguro que el "día del Señor", sea el último de la historia como el nuestro particular como las gracias continuas que se suceden en nuestra vida, nos encontrarán preparados.
Seguirá infundiéndonos respeto la muerte, pero dentro del miedo sentiremos también confianza. Lo que nos da esperanza es saber que "Dios nos ha destinado a obtener la salvación por medio de Jesús", para que "despiertos o dormidos, vivamos con él". Como nos ha hecho decir el salmo: "espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida".
1. (Año II) 1 Corintios 2,10-16
a) ¿Quién es el verdadero sabio? ¿quién llega a conocer en profundidad las personas y las cosas y los acontecimientos?
Pablo insiste: "el Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios". Cuando nos dejamos iluminar por ese Espíritu, "que no es del mundo", es cuando entendemos todo en profundidad.
Hay dos clases de personas. Unas se mueven "a nivel humano" (en griego, "physikos anthropos", el hombre físico), y éstas "no captan lo que es propio del Espiritu de Dios, no son capaces de percibirlo, porque sólo se puede juzgar con el criterio del Espíritu". Y está también "el hombre de espíritu" ("pneumatikós"), el que se deja guiar por el Espíritu de Dios, y éste "tiene un criterio para juzgarlo todo".
Para Pablo no es fundamental la perspectiva de la cultura griega, que hacía que los Corintios estuvieran muy satisfechos de su filosofía y de su saber.
b) Si nos quedamos en lo aparente y lo superficial, no llegamos nunca a conocer bien ni la historia ni a las personas ni a nosotros mismos. Si juzgamos "con el criterio del Espíritu", o si, como dice también Pablo, "tenemos la mente de Cristo", su mentalidad, su manera de pensar y jerarquizar los valores, entonces estamos en el buen camino: conoceremos lo más profundo de lo humano y de lo divino.
Mirar las cosas y los acontecimientos desde la mirada misma de Dios: he ahí el secreto.
Entonces sí nos convenceremos de lo que dice el salmo: "el Señor es justo en todos sus caminos", y nos sentiremos llamados a proclamar esa bondad de Dios, que es la clave para todo: "que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas".
Nuestra generación tiende más bien a cantar las hazañas de nuestra ciencia y de nuestro progreso, lo cual es muy bueno. Pero más importantes son las "hazañas del Señor" y su visión de la historia.
La mirada del Espíritu, sencilla y penetrante, que pueden gozar también las personas menos cultas, es más importante que nuestras filosofías eruditas. Un cristiano sencillo, con fe y disponibilidad ante el Espíritu, sabe más que todos los sabios de Grecia.
2. Lucas 4,31-37
a) Rechazado en su pueblo, Nazaret, Jesús va a Cafarnaún. Habla "con autoridad" a la gente y despierta la admiración de todos.
Allí hace el primer "signo": libera a un poseso de su mal. Predica y a la vez libera. La Buena Noticia es que ya está actuando en este mundo la fuerza salvadora de Dios. El mal empieza a ser vencido. Un exorcismo: la primera victoria de Jesús contra el maligno. El demonio lo expresa certeramente: "¿has venido a destruirnos?". Y protesta: naturalmente, el mal no quiere perder terreno.
Los contemporáneos de Jesús unían lo fisico y lo espiritual. La causa del mal de una persona -corporal, anímico, espiritual- la atribuían normalmente a los espíritus malignos.
Sea cual sea el origen de estos males, Jesús libera a toda la persona: a veces le cura de su enfermedad, otras de su posesión maligna, otras de su muerte, y sobre todo, de su pecado.
Hay una visión integral de la persona: de sus males y de su salvación.
b) El Señor Resucitado quiere seguir liberándonos a nosotros de nuestros males.
¿Cuáles son nuestros "demonios" particulares? ¿cuáles nuestras esclavitudes: envidias, miedo, depresiones, egoísmo, materialismo? Jesús está siempre dispuesto a curarnos.
Cuando se nos dice, al invitarnos a comulgar en la misa, que él es "el que quita el pecado del mundo", entendemos que nos quiere totalmente libres, en el sentido más pleno de la palabra.
Pero también quiere que colaboremos con él en la curación de los demás. La fuerza curativa de Jesús pasó a su comunidad: por eso Pedro y Juan curaron al paralítico del Templo "en nombre de Jesús". La Iglesia, sobre todo por sus sacramentos, pero también por su acogida humana, por su palabra de esperanza, por su anuncio de la Buena Noticia del amor de Dios, debería estar curando males y "posesiones" de todos. Repartiendo esperanza. Liberando de esclavitudes. Venciendo al mal.
"Animaos mutuamente y ayudaos unos a otros a crecer" (1ª lectura I)
"Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida" (salmo I)
"Nosotros tenemos la mente de Cristo" (1ª lectura II)
"Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad" (evangelio)
J.
ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 6
Tiempo Ordinario. Semanas 22-34
Barcelona 1997. Págs. 16-20
3-4.
1 Cor 2, 10b-16: "De tejas para abajo"
Lc 4, 31-37: Jesús libera a un endemoniado
Jesús viene de enfrentar la oposición de sus paisanos. Ellos lo han desafiado pidiéndole signos espectaculares para creer en él (Cf. Lc 4,3). Jesús no se deja tentar y sale, bajo amenazas de muerte, hacia Cafarnaún. Ésta era una ciudad cosmopolita, cercana a una importante ruta comercial. Su población era una mezcla de diversas nacionalidades.
Jesús acude los sábados a la sinagoga. Allí lo escucha una multitud de judíos y prosélitos que admiran la autenticidad y convicción de su mensaje. Jesús era todo lo contrario de los funcionarios de la sinagoga. Éstos predicaban y enseñaban sin pasión, como parte de un empleo. Jesús, en cambio, interpreta la Escritura con la fuerza del Espíritu (Lc 4, 16ss).
De entre los asistentes se levanta un hombre y, como endemoniado, lo amenaza en nombre de la multitud. Ve el nuevo camino propuesto por Jesús como una amenaza contra las expectativas nacionalistas. Los demonios que poseen a las personas sólo les dejan ver la violencia como camino para liberarse de la opresión romana.
Jesús confronta al demonio de la violencia que atormenta la conciencia del hombre.
Entonces, el hombre cae al piso porque pierde el falso apoyo de éste demonio. De ahora en adelante, el hombre, liberado del demonio, tendrá que ponerse de pié apoyado en la enseñanza de Jesús. Esta le permitirá cambiar la mentalidad endemoniada por una mentalidad libre, abierta al Espíritu de Dios.
Hoy, vivimos con la mente enajenada por ideologías que no permiten descubrir el peligro de la violencia que crece en una espiral incontenible. La Palabra de Jesús nos llama a que no caigamos fascinados por el monstruo de la muerte sino que lo enfrentemos con una propuesta de vida y justicia.
SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO
3-5. CLARETIANOS 2002
El párrafo de la carta de San Pablo a los corintios que nos transmite la Liturgia de hoy parece un juego de palabras. Llegamos al final casi convencidos de que no sabemos ni conocemos ni entendemos nada. Tampoco entendían mucho los contemporáneos de Jesús, perplejos ante un poder que les atemorizaba. Pero la Palabra es siempre Luz y luz para todos.
Pablo habla de "conocer las cosas de Dios" y Lucas dice que, precisamente esas "cosas" explicaba Jesús a los suyos y lo hacía "con autoridad", como quien está seguro de lo que dice y, por lo mismo, transmite no ya certezas sino experiencias.
¿Estamos ante un par de discursos teóricos? Creo que no.
La Palabra de hoy es una "guía de buscadores" y buscan los que saben que carecen. Dicen los entendidos que no buscaríamos a Dios si El no nos hubiese encontrado primero. Yo quiero compartir con los "buscadores" de Internet el "regalo de la sed". Para el sediento sólo hay una obsesión: beber. Y cuando la "sed de Dios" atenaza con fuerza el corazón humano, toda la existencia se torna en búsqueda ardiente y apasionada. No vale lo que ya se sabía ni lo que se sabe aún. La persona entera se convierte en ansia enardecida, en sed abrasadora de encuentro. ¿Es ésta la "noche" de la que hablan los místicos? No lo sé y, por la parte que me toca, no me atrevo a incluirme entre los que han escalado las cumbres de la contemplación y "saben" de Dios con el realismo de la experiencia. Yo sólo sé que, cuando miro el horizonte, cuando contemplo lo que me rodea, cuando adivino un amor más grande en la entrega de una madre, en la inmolación personal de un misionero, en la abnegación de quien, sin aspavientos y en silencio da la vida por otro... cuando una luz diferente asoma a los ojos transparentes de un niño o se deja adivinar en la serenidad reposada y madura de un anciano, todo mi ser se lanza hacia ese "algo más" que desvelan o que velan estas realidades y una sed abrasadora me tortura y, al mismo tiempo, me calienta el corazón. En esos momentos, creo tener la certeza de haber nacido sólo para un encuentro que no sabrá de fin, para un encuentro donde todo será pleno, para un encuentro en el que no cabrán de angustias ni temores... Y el silencio del corazón grita llamando a un Dios que se revela y que se vela, al que conocemos en penumbra hasta que llegue el día de verlo cara a cara.
Es tan fuerte la sed que muchas veces nos preguntamos anheladamente "dónde" insinuándose la tentación de "probar" donde nos aseguran que hay respuestas inmediatas. Por eso la Palabra de hoy es "guía de buscadores sedientos": sólo el Espíritu, que habita en nuestro interior nos conducirá hacia lo que buscamos. ¡Qué bien lo entendió San Agustín, sediento donde los haya! "Mi alma es como tierra reseca frente a ti, porque así como no puede iluminarse con su propia luz, tampoco puede saciarse de sus propios recursos" (Confesiones, libro XIII, 19).
Abrir el corazón, tender las manos, esperar la respuesta que nos llegará, sin duda, como a los contemporáneos de Jesús, dejándonos asombrados porque, como a ellos, irrumpirá sencillamente, en las cosas cotidianas que, cuando menos lo esperemos, nos deslumbrarán con su luz.
Os deseo vivamente el regalo de la sed. Y os dejo
con una estrofilla de Luis Rosales:
"De noche iremos, de noche,
que, para encontrar la fuente,
sólo la sed nos alumbra."
Olga Elisa Molina (olgamolicapo@yahoo.es)
3-6.
COMENTARIO 1
CUANDO LA IDEOLOGIA SE APODERA DEL HOMBRE
Jesús continúa su enseñanza en un espacio más ventilado, donde se entrecruzan
toda clase de ideologías y de intereses. Cafarnaún es un mundo en pequeño. Sigue
frecuentando la sinagoga, con el fin de encontrar público a quien proclamar la
buena noticia. Pero su enseñanza no es como la de los letrados, funcionarios de
la palabra de Dios, a quienes no les va ni les viene nada. «Quedaban
impresionados por su enseñanza, porque hablaba con autoridad» (4,32). Habla por
propia experiencia y con convicción; cree en lo que dice, y lo dice con fuerza,
de tal manera que libera a quien lo escucha.
El espíritu de la sinagoga se pone en guardia. Están alarmados, porque la gente
se les va detrás de Jesús. Este espíritu malo se encarna de alguna manera en un
individuo: «Había en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu, un demonio
inmundo» (4,33).
Un endemoniado es un hombre poseído por una ideología que le enajena
completamente la libertad y lo hace hablar como instrumento de otro. Este
personaje, enmarcado por el escenario sinagogal, representa una parte del
público, que se alarma ante el mesianismo que Jesús pretende exponer. Habla en
plural: « ¡Deja! ¿Qué tienes tú contra nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a
destruirnos?» Tienen miedo de que el patriotismo nacionalista pierda terreno.
Recuerda a Jesús su origen y tradición familiar. Si continúa hablando así, hará
fracasar la liberación de Israel. «Sé quién eres tú, el Consagrado por Dios»
(4,34), añade. Está bien enterado de que es el Mesías. Lo sabe por los de
Nazaret, donde Jesús se presentó como el Ungido por Dios.
Pero este Mesías no se corresponde con las nobles y bien justificadas
expectativas nacionalistas que recurren a la violencia para sacudirse el yugo
que los violenta. De hecho, no hay otra manera de liberarse de las tropas de
ocupación que la guerra santa.
Jesús no se deja instrumentalizar. Libera con un conjuro al hombre poseído por
aquella ideología de muerte y le devuelve su condición de hombre libre, que
piensa por sí mismo. Este no es, de ninguna manera, un caso aislado. La gente no
para de preguntarse: «¿Qué modo de hablar es éste, que con autoridad y fuerza da
órdenes a los espíritus inmundos y salen?» (4,36). Es palabra que crea espacios
de libertad, es palabra que al mismo tiempo que es pronunciada actúa y libera,
es la Palabra ungida con el Espíritu creador de Dios que continúa el proceso de
humanización del hombre en medio de tantos arribistas que se arrogan el poder de
Dios en beneficio de sus intereses mezquinos. La noticia se esparce por todos
los rincones de la comarca.
COMENTARIO 2
Después de haber ofrecido una síntesis de la predicación de Jesús, Lucas intenta
ahora ofrecernos un ensayo de su actividad taumatúrgica: es un modo muy plástico
para dar un contenido a la expresión extremadamente sintética de Hechos 1,1: los
"dichos" y los "hechos" de Jesús. En este pasaje se dice explícitamente que
Jesús no sólo enseñaba con autoridad (v. 32) sino que también mandaba a los
espíritus (v. 36). De este modo, con una idéntica expresión, se caracterizan a
ejemplo de los dichos los hechos de la vida del Salvador.
"Con autoridad y con poder". El poder (dynamis) del Espíritu está en Jesús
(4,1.18ss) y lo hace fuerte contra Satanás (Lc 4,1-13). Es sintomático que la
actividad taumaturga de Jesús comienza con un exorcismo. Se delinea así desde el
principio la lucha abierta contra Satanás.
Es considerado que los demonios, especialmente en el evangelio según Marcos, son
los teólogos de Jesús (esto en cuanto hacen afirmaciones positivas, enunciando
algunos títulos cristológicos en torno a su persona). Aquí encontramos
igualmente una confirmación: "Yo sé quien eres tú: el santo de Dios" (v. 34).
Según la tradición judía, las fuerzas demoníacas debían ser derrotadas en la era
mesiánica: puede darse, por tanto, que el exorcismo fuese considerado como un
testimonio a favor del mesianismo de Jesús. Es lo que Lucas querría aquí
explicar.
Una actualización de nuestro texto podría enmarcase en la dinámica lucana de la
historia de la salvación. La Iglesia es continuadora de la obra de Jesús.
También nosotros (comunidad cristiana) hemos recibido el don del Espíritu que
nos capacita para perpetuar las palabras y las acciones de Jesús a lo largo de
la historia. Toda acción que se oriente al bien de la persona humana, sea el que
sea, entronca necesariamente con la acción transformadora, rehabilitadora y
liberadora iniciada por Jesús y se constituye en una pieza que completa el
impresionante mosaico de esta historia salvífica.
1. Josep Rius-Camps, El Éxodo del Hombre libre. Catequesis sobre el Evangelio de Lucas, Ediciones El Almendro, Córdoba 1991
2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
3-7. DOMINICOS 2003
Somos hijos de la luz y del día, no de la noche y de las tinieblas. Todos los que hemos muerto y resucitado con Cristo estamos en camino hacia el Padre que en el cielo nos espera. Este mensaje de la liturgia de hoy debe animarnos a proseguir no sólo en la celebración de los misterios de la fe sino en los compromisos de vida que han de acompañar a la confesión de la verdad.
La Palabra de Jesús, que viene a nosotros diariamente con autoridad, nos lo recuerda y, al mismo tiempo, nos da fortaleza para no desmayar en el camino. Nuestra vida no tiene el sentido de ‘problema’ que es preciso resolver. Tiene más bien el sentido de ‘misterio’ a vivir y en que vivir.
¿Quién puede pronunciar esas palabras sino el alma que se ve iluminada y fortalecida por el resplandor de la Verdad que nos comunica su mensaje de ‘vida para estar en la tierra’ y de ‘vida para engolfarse eternamente en Dios’?
Nuestra grandeza de ser hombres no radica en ‘participar de la tierra que llama a la tierra’ sino en oír la llamada a salir de nosotros mismos –para ser con los demás- y en descubrir el horizonte de eternidad en la meta, que es Dios mismo.
¿Puede tener la criatura pensante aspiración más grande que la de ‘ser-en-Dios’ y seguridad más grande que la de ‘ser en Dios por Cristo y con Cristo’?
ORACIÓN:
Danos, Señor, la gracia de entender que nuestra vida, misión y destino están totalmente vinculadas a la vida, verdad y voluntad del Padre que pensó en nosotros muchos antes que nosotros mismos, y que nos creó para Sí y para nuestra felicidad. Asía sea.
“Hermanos: el día del Señor llegará como un ladrón en la noche. Cuando estén diciendo “paz y seguridad”, entonces, de improviso, les sobrevendrá la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta, y no podrán escapar.
Pero vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, como para que ese día os sorprenda como un ladrón, pues todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas. Así, pues, no durmamos; estemos vigilantes y vivamos sobriamente. Porque Dios no nos ha destinado al castigo sino a obtener la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo: él murió por nosotros para que, despiertos o dormidos, vivamos con él...”
“En aquellos días Jesús bajó de Nazaret a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Todos se quedaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.
Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo, y se puso a gritar a voces: ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Dios. Jesús le intimó: ¡Cierra la boca y sal! El demonio tiró al hombre por tierra, pero salió sin hacerle daño.
Todos comentaban estupefactos: ¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen...”
Jesús es sencillez y poder, autoridad y humildad, motivo de admiración y raíz de contradicción, Hijo del Padre e Hijo del hombre, vía de salvación y ocasión de tropiezo... Nos es imposible conocerle en profundidad, y no podemos prescindir de Él. ¡Bendito seas, Señor!
Si los cristianos nos preguntamos (u otros nos preguntan) por el beneficio de la fe que hemos recibido como don de Dios, aquí tenemos una palabra elocuente de respuesta: tenemos el beneficio de la luz y del día.
Esto quiere decir que, adheridos firmemente a Cristo, Hijo de Dios y hermano nuestro, encarnado, somos invitados o llamados a correr el riesgo alegre de ponernos en manos del Señor, con todas sus consecuencias. Y parte de esas consecuencias es la gozosa esperanza de que nuestra aspiración a vivir siempre como personas se cumpla. Pero, claro, se cumplirá mediante una transfiguración total de nuestra existencia, en calidad de “cuerpo glorioso”, a partir del momento de nuestra “muerte corporal”, que sucederá cuando menos lo pensemos.
Celebremos que sea así:
Nuestras vidas son los ríos, que van a dar en la mar, que es el morir.
Pero ese morir es un morir en Cristo y con Cristo, que resucita.
El texto evangélico, hablando de la “autoridad de Jesús” en sus palabras y acciones, nos trae a la memoria grandes momentos de la vida del Señor: momentos de oración, momentos de ejercicio del perdón y de la misericordia, momentos de búsqueda del alma perdida, momentos de ternura en sus sentimientos, y también momentos en que la autoridad de su palabra y de su poder taumatúrgico sorprenden a los hombres.
La autoridad de Jesús era la propia del poseído por Dios, la propia del Hijo que siempre hace la voluntad del Padre, la propia del Enviado a la misión de salvarnos.
¡No es extraño, Señor Jesús, que sorprendas a las gentes por el imperio con que hablas, y que los demonios tiemblen ante ti! Eres voz de hombre y voz de Dios, en tono de amor y misericordia. ¡Bendito seas por siempre!
3-8. Martes 2 de septiembre de 2003
1 Tes 5, 1-6.9-11.: Somos hijos de la luz
Salmo responsorial: 26, 1.4.13-14
Lc 4, 31-37: Curación de un endemoniado
Después del incidente en la sinagoga de Nazaret, Jesús se desplaza a Cafarnaún,
donde fue acogido y recibido de un modo diferente. En Cafarnaún también predicó
Jesús en una sinagoga, en día de sábado. Pero los habitantes de esta ciudad, a
diferencia de sus paisanos, no reaccionaron mal ante su modo de proceder con
autoridad.
“En la sinagoga se hallaba un hombre endemoniado, y empezó a gritar: ¿qué
quieres de nosotros, Jesús de Nazaret? ¿has venido a destruirnos? Yo sé quién
eres: tú eres el Santo de Dios”. Jesús se enfrenta al endemoniado, que lo ha
reconocido, que sabe quién es Jesús. ¿Qué clase de endemoniado era éste? Los
endemoniados eran frecuentes en el tiempo de Jesús: Había espíritus de locura,
sordera, mudez, epilepsia, fiebre, etc. También había espíritus de mentira,
engaño e impureza. Jesús increpa al demonio, y el demonio sabe que se encuentra
frente al “Santo de Dios”. Jesús le ordena que salga y el demonio arrojó al
hombre al suelo y huye. La gente se asombra ante el poder de Jesús y en lugar de
sentir terror o rechazo como lo hicieron sus paisanos de Nazaret, proclaman por
todas partes la noticia de su poder milagroso.
En este texto descubrimos cómo las palabras de Jesús están llenas de eficacia y
fuerza contra el mal que esclaviza a este hombre. Y esto se debe a que Jesús es
el “Santo de Dios”. “La gente quedó aterrada y se decían unos a otros: ¿qué
significa esto?, ¿con qué autoridad y poder manda a los demonios? ¡y miren cómo
se van!”. Nadie podía parar aquel hablar y hablar buscando una explicación. Y
sólo había una: que estaban ante una nueva manera de enseñar; con hechos, con
poder de Dios. Jesús hablaba y sucedía lo nuevo: el hombre quedaba liberado del
mal que lo esclavizaba. Sus hechos mismos eran su enseñanza. Había anunciado que
el plazo para el mal ya se había vencido, y que Dios estaba llegando para reinar
y aquel hombre liberado del demonio era el testimonio de la verdad de su
anuncio.
SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO
3-9.
HOMILIA PARA EL MARTES 02 DE SEPTIEMBRE DE
2003
(Bto. Bartolomé Gutiérrez)
LECTURAS: 1 TES 5, 1-6. 9-11; SAL 26; LC 4, 31-37
1Tes. 5, 1-6. 9-11. Acerca de cuándo será el día del Señor, nadie puede decirnos
que será en determinado momento. Muchos viven espantados, y espantando a los
demás con falsas revelaciones, o con falsas interpretaciones de la Escritura
acerca de la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo. Creámosle más al Señor
que a los falsos profetas; creámosle más a lo que el Señor nos dejó revelado por
Él mismo, que a las falsas revelaciones apocalípticas. Efectivamente el Señor
nos manifiesta: Si alguno les dice entonces: Miren, el Mesías está aquí o allá,
no lo crean. Porque surgirán falsos mesías y falsos profetas y harán grandes
señales y prodigios con el propósito de engañar, si fuera posible, incluso a los
mismos elegidos. no vivamos en el temor, sino en el amor fiel, que nos hace
caminar en la luz, y obrar siempre el bien; así, cuando llegue el momento,
viviremos unidos eternamente al Señor, pues ya desde ahora lo hemos estado en la
participación de su Espíritu y por nuestra colaboración en construir la Iglesia
como el Templo en el que el Señor habita.
Sal. 26. Quien confía en el Señor nada teme, pues el Señor
estará siempre de su lado no sólo para librarlo de sus enemigos, sino también
para conducir sus pasos por el camino del bien. Aun cuando a veces la vida se le
complique, mientras no pierda su confianza en el Señor, debe sentirse seguro en
manos del Señor. Por eso busquemos continuamente al Señor, no sólo para que nos
proteja y nos salve, sino, especialmente, para escuchar su Palabra y ponerla en
práctica; para entrar en comunión de vida con Él, y dejarlo habitar en nosotros,
de tal forma que su Espíritu Santo nos conduzca y haga que toda nuestra vida se
convierta en una continua alabanza del Nombre de Dios. El Señor, a pesar de
nuestras ofensas, nacidas más de nuestra fragilidad que de nuestro rechazo a Él,
siempre se manifestará bondadoso con nosotros. Por eso, armémonos de valor y
fortaleza y confiemos constantemente en el Señor. Que esto no nos haga
descuidados en el amor perseverante a Él; sino que, siempre vigilantes, no
dejemos que el mal nos domine. Supliquemos, pues, al Señor que nos ayude para
que nuestros pasos sean siempre rectos en su presencia.
Lc. 4, 31-37. ¿Qué tendrá su Palabra? Él es la Palabra que se hizo hombre y
habitó entre nosotros; y nosotros hemos visto su Gloria, la que le corresponde
como a Unigénito del Padre, lleno de Gracia y de Verdad. En Cristo, Dios se ha
hecho presente entre nosotros con rostro humano. Él ha salido al encuentro del
hombre para liberarlo de la esclavitud del pecado. Los exorcismos realizados por
Jesús, preanuncian que, cuando Él dé su vida por toda la humanidad, ésta se verá
liberada de aquel que la retenía cautiva, pues la serpiente antigua o Satanás
será vencido y expulsado de este mundo. Sin embargo, vencido el enemigo, quien
rechazando la victoria de Cristo continúe aceptando al maligno y continúe siendo
esclavo de sus inmundicias, injusticias y signos de muerte, será responsable de
su propia perdición por haber rechazado la oportunidad que Dios nos da en
Jesucristo, como Salvador nuestro, en este año de Gracia para todos. Para
alcanzar la salvación no basta confesar a Jesús con los labios como el Santo de
Dios; es necesario hacer nuestra la salvación que nos ofrece; es necesario
entrar en comunión de vida con Él; es necesario dejarse guiar por su Espíritu en
nosotros, de tal forma que seamos y manifestemos que somos criaturas nuevas en
Cristo.
En esta Eucaristía el Señor pronuncia sobre nosotros su Palabra, con toda su
fuerza salvadora. Él es el Evangelio viviente del Padre. La liberación de aquel
hombre, que estaba poseído por un espíritu inmundo, debe ser la constante
liberación del mal de quienes hemos de ser, día a día, un signo más claro del
Señor en el mundo. La participación en el Memorial de la Pascua de Cristo nos ha
de hacer entrar en una constante conversión que nos lleve a pedirle al Señor, no
sólo con los labios, sino con la sinceridad que brote del corazón lleno de amor:
No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del malo.
Entrando en comunión de vida con el Señor, que nos trae la paz, hemos de
convertirnos, en Él, en portadores de su salvación, de su obra liberadora. La
presencia del Espíritu Santo en nosotros debe hacernos actuar con Palabras y
Obras poderosas venidas de Él, y realizadas con tal fidelidad al Señor, que
nosotros mismos continuemos en la historia la encarnación del Evangelio que Dios
quiere seguir pronunciando, a favor de todos los hombres, para liberarlos de sus
esclavitudes al mal. En la Exhortación Apostólica Catechesi tradendae el Papa
Juan Pablo II nos recuerda: El Maestro que salva, santifica y guía, que está
vivo, que habla, que exige, que conmueve, que endereza, juzga, perdona, camina
diariamente con nosotros en la historia. Y esto, ciertamente, lo hacemos
realidad quienes, siendo conscientes de que vivimos unidos a Él como lo están
los miembros a la Cabeza, y nos dejamos conducir por el Espíritu Santo,
manifestamos esas actitudes del amor salvador de Cristo en nuestra vida diaria,
en nuestro trato con los demás, en nuestra preocupación por su bien, por su
salvación, por su liberación del mal.
Roguémosle al Señor, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra
Madre, que nos conceda vivir con lealtad la fe que hemos depositado en Cristo.
Que a partir de esa fe seamos portadores de la salvación para todos aquellos con
quienes entremos en contacto en nuestra vida diaria; de tal forma que, siendo un
signo del amor de Dios para todos, colaboremos para que todos alcancemos la
plenitud del amor de Cristo, libres de todo aquello que pudiera oscurecer en
nosotros su presencia salvadora. Amén.
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