VIERNES DE LA SEMANA 17ª DEL TIEMPO ORDINARIO
1.- Lv 23, 1.4-11.15-16.27.34-37
1-1. FIESTAS-JUDIAS
Este pasaje constituye una de las últimas versiones del calendario litúrgico judío, pero no es necesariamente la más elaborada. Uno queda bastante sorprendido al no encontrar en él más que un aspecto, el más "naturista", de las fiestas. Todo se desarrolla, en ese calendario, como si el ritmo de la recolección de las mieses y de las cosechas se impusiera todavía a la religión.
La fiesta de la Pascua se presenta solamente como la ocasión de comer panes sin levadura (v. 6), recuerdo de un rito agrícola, y de ofrecer a Dios la primera gavilla de la nueva cosecha (vv.10-11). La fiesta de Pentecostés, está cuidadosamente calculada para permitir al pueblo ofrecer las últimas gavillas (v. 15).
Pero la fiesta de los Tabernáculos aparece menos claramente como la fiesta de la vendimia, durante la cual la gente vivía bajo chozas o tiendas.
Ahora bien, la corriente profética había sacado las fiestas agrícolas de su contexto naturista, transformándolas en fiestas de las etapas del plan de Dios en la historia. La fiesta de la Pascua había quedado para conmemorar la salida del pueblo elegido de Egipto, Pentecostés, será la fiesta de la alianza del Sinaí, y la fiesta de los Tabernáculos conmemorará la permanencia en el desierto del pueblo de Dios.
Ningún eco de esto se observa en Lv 23, a no ser la primacía de que goza la fiesta de la Pascua, con la que ahora comienza el año, mientras que, anteriormente, esta ultima función era propia de la fiesta de los Tabernáculos.
Si este pasaje ofrece una concepción retardataria del año litúrgico, permite, al menos, medir el camino recorrido entre las fiestas primitivas y las fiestas cristianas, y calcular los riesgos, siempre posibles, de una degradación de las fiestas a su nivel inferior.
La fiesta del Lv 23 es la del campesino que se somete a las leyes de la naturaleza y cree encontrar a Dios detrás de ella. Es ésta la reacción del hombre pretécnico sometido, hasta la alienación, a las leyes de la Naturaleza.
Pero el hebreo, conservando intacto este calendario, ha conferido a las fiestas una dimensión completamente distinta: no se trata ya de la sumisión del hombre a la naturaleza, sino de su comunión con Dios en la realización de una historia de la salvación. La fiesta conmemora las principales etapas (pasadas o escatológicas) de esta colaboración de la libertad de Dios con la del hombre en la construcción del mundo y en la orientación de su historia.
Sin embargo, esta colaboración no está perfectamente lograda más que en la persona de Jesucristo: él es nuestra Pascua, nuestro pan ázimo, nuestra nueva alianza, nuestra promesa de felicidad.
La festividad cristiana es esencialmente la propia persona del hombre-Dios y la unión que cada uno de los celebrantes mantienen con El y con su amor.
En cuanto esta realidad de la persona de Cristo en la fiesta desaparezca, inmediatamente quedará reducida la festividad a un simple aniversario histórico e incluso a un rito naturista y mágico.
MAERTENS-FRISQUE
NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA VI
MAROVA MADRID 1969.Pág.
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1-2. TRANSFIGURACION/TABERNACULO:
La liturgia ha conservado el recuerdo de esta solemnidad en septiembre, fundamentalmente como fiesta de la recolección.
«Aunque el mes de septiembre no está asociado a ningún acontecimiento importante de la vida de Cristo, constituía no obstante un período importante del año. Es la época de la recolección de los frutos, la unión del verano y el otoño. Bajo este punto de vista, en todas las religiones antiguas, tanto judías como romanas, este mes era la ocasión para una celebración litúrgica. Bajo este aspecto vemos que este mes reaparece en el año litúrgico bajo la forma de las Témporas de septiembre».
Sin embargo, el sábado de estas Témporas merece que le prestemos especial atención como eco de la fiesta de los Tabernáculos, porque esta fiesta tiene un contenido espiritual que sería deplorable dejar fuera de nuestra espiritualidad cristiana.
"Aunque la fiesta judía de los Tabernáculos no ha llegado hasta nosotros en la liturgia cristiana, por ello no deja de ser cierto que ella aparece en los Padres de la Iglesia como una figura de las realidades cristianas».
La fiesta de los Tabernáculos sumergía a los miembros del pueblo elegido en la espiritualidad del desierto que había tenido tanta importancia en el itinerario espiritual querido por Dios. Durante cuarenta años este pueblo había vivido semi-nómada, siempre dispuesto para responder a las indicaciones del Señor. Ahora que ya estaba en la Tierra Prometida, habitándola de forma estable, era necesario que no perdiese todo el contenido espiritual del Éxodo. He ahí por qué el pueblo cada año volvía a tomar sus tiendas perecederas. Esta práctica está muy bien descrita también en el Libro de /Ne/08/14-18. Sería una lástima que los creyentes del Nuevo Testamento no tuvieran ocasión de zambullirse en esta espiritualidad.
¿Quién osaría afirmar que nosotros no corremos el grave peligro de «instalarnos»?
Toda una propaganda en favor de la economía nos ha hecho propietarios a la mayor parte de nosotros, incluso a los más modestos. Todos nosotros poseemos o ambicionamos poseer nuestra casa. Sin duda está bien, pero ¡qué gran peligro de instalarnos de una forma irreversible! Tampoco estamos disponibles para el cumplimiento de nuestro destino puramente terreno. Se nos ofrece un nuevo empleo, incluso más remunerador, incluso más seguro para el porvenir de nuestra familia, y nos encontramos en el deber de rehusarlo «porque tenemos allí nuestras piedras». El factor ladrillos acaba por ser más determinante en nuestra vida que la elección de la actividad que mejor responde a nuestras actitudes.
¿Es esto verdaderamente equilibrado? ¿Acaso no es un craso materialismo?
No contentos con alojarse mientras viven, demasiados de nosotros piensan en alojar sus restos después de la muerte. Hay personas que costean durante su vida la fosa que les está destinada. ¡Manías de perpetuidad! Transcurridas algunas décadas, nuestros países superpoblados no serán más que unas enormes necrópolis. Las peregrinaciones a los cementerios los días 1 y 2 de noviembre están también para ellos contaminadas de materialismo. Personalmente, no regreso jamás de un cementerio en estas circunstancias sin pedir al Señor que me conceda el morir en el mar a fin de ser sumergido en él y que jamás nada semejante pueda organizarse en torno a mi última morada.
El nomadismo forma parte de la espiritualidad del Antiguo Testamento y también de la del Nuevo, en el cual culmina el Antiguo, y que fue creada por "el Hijo del hombre que no tuvo donde reclinar la cabeza" (Mt. VIII, 20).
Cántico de meditación: «Un día pasado en tus atrios es mejor que mil lejos de Ti, Señor» (F 83, ant. 5). Es una antífona de la Transfiguración: nos brinda la ocasión de resaltar la unión que existe entre la Transfiguración y la fiesta de los Tabernáculos.
«Muchos episodios del Nuevo Testamento significan que las esperanzas escatológicas y mesiánicas relacionadas con la fiesta de los Tabernáculos están a punto de realizarse. El primero de estos episodios es el de la Transfiguración. Pocos textos del Nuevo Testamento están más cargados de resonancias vetero-testamentarias... El hecho más importante es el de las tiendas que Pedro propone construir para el Señor, Moisés y Elías. Ciertamente, es preciso ver en estas tiendas una alusión a la fiesta de los Tabernáculos. La relación entre la montaña de la Transfiguración y la fiesta de los Tabernáculos está indicada por Nehemías (VIII, 15): «Subid a los montes y traed ramas... para hacer las cabañas».
L.
HEUSCHEN
LA BIBLIA CADA SEMANA
EDIC. MAROVA/MADRID 1965.Pág 161 s.
1-3.
Un lector moderno puede quedar desorientado leyendo las pocas páginas del Levítico.
Este libro tiene un carácter legislativo que nos parece muy seco, en cuanto que codifica usos litúrgicos que parecen bastante antiguos: ritual de los sacrificios, ceremonial de investidura de los sacerdotes, reglas relativas a las impurezas legales, calendario litúrgico, fórmulas de bendiciones y de maldiciones. La página propuesta aquí es el resumen del calendario judío.
-Estas son las solemnidades del Señor, las reuniones sagradas que convocaréis en las fechas señaladas.
«Solemnidades»... Es la primera palabra que podemos subrayar. ¿Tenemos HOY el sentido de «la fiesta», es decir del día excepcional que permite al hombre estar más contento, dejar el quehacer y el ritmo cotidianos, romper la monotonía y lo grisáceo de la vida? Cada domingo debería tener para nosotros ese carácter festivo. ¿Es para mí el «día de la alegría»? ¿Qué hago para procurar que sea también alegre y excepcional para los demás, para los míos?
«Reuniones sagradas»... Es la segunda palabra de toda fiesta. No se puede hablar de fiesta en la soledad y el individualismo. Quien dice «fiesta», dice reunión, multitud. El término «ecclesia=iglesia» quiere decir precisamente «convocación». Es la «reunión» de cada domingo la que crea la Iglesia Todo culto verdadero tiene un carácter social, público. comunitario.
¿Me preocupo de seguir honradamente el ritmo de la comunidad, de aportar mi colaboración, mi participación colectiva? ¿Qué concepción tengo de la misa? ¿Una oración personal? ¿Una oración junto con otros? ¿Me agrada elegir una hora de misa muy comunitariamente vivida?
-El mes primero, el día catorce del mes será la Pascua, fiesta de los Ácimos -de los panes sin levadura-. Fiesta de la primera gavilla de vuestra cosecha...
Dios espera ante todo al «hombre vivo»; ¡le pide aquí la ofrenda de su trabajo! ¿Está nuestra vida profesional separada de nuestro culto? ¿O bien, nos esforzamos en ofrecerla a Dios?
Pascua ha pasado a ser una fiesta cristiana: san Pablo subrayará que Cristo es nuestro «pan ácimo», y nosotros lo somos con El (I Corintios 5, 7)
-Cincuenta días después es Pentecostés
Esta fiesta conmemoraba el don de la Ley en el Sinaí, en la tempestad y el fuego. El Espíritu Santo preparaba así la efusión que quería dar a los hombres a través de la Iglesia.
-El día décimo del séptimo mes, es la fiesta del Kipur...
Ayunaréis y ofreceréis manjares en sacrificio.
Es muy hermosa esta celebración del «perdón», del «gran perdón» de Dios a los pecadores.
Nuestras celebraciones penitenciales, nuestras confesiones, ¿son una fiesta?
-El día quince de ese séptimo mes celebraréis durante siete días la fiesta de las Tiendas en honor del Señor.
No olvidemos que Jesús celebró todas esas fiestas judías.
Fue durante esos días festivos según san Juan 7, 2-14 cuando Jesús levantó la voz en medio de los peregrinos para decirles: «Si alguno tiene sed, venga a Mí y beba. El que crea en Mí, de su seno manarán ríos de agua viva.» (Juan 7, 37).
Se constata un poco por todas partes que los jóvenes se aburren en la misa. Sin embargo la «liturgia» debería ser un lugar de expresión corporal: el alma humana tiene unas profundidades que sólo el rito puede alcanzar... es preciso pues que nuestra Fe «cante», se exprese por medio de gestos y de símbolos.
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 5
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑO IMPARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 208 s.
2.- Jr 26, 1-9
2-1.
Las diatribas del profeta Jeremías (Jer 7, 1-11) contra el templo y el culto formalista de Jerusalén (en el año 608) son la causa de su arresto. Jesús será detenido por un motivo similar (Mt 26, 59-61).
Al dudar de la continuidad de la presencia de Dios en el templo mientras que el pueblo se entrega al pecado y se complace en el ejercicio de un culto formalista, Jeremías echa las bases de una teología del culto espiritual. El profeta no tiene intención de oponerse al templo como tal más que a la función sacerdotal; se limita a criticar la práctica de la segunda y el uso del primero.
Sería erróneo decir que profetismo y sacerdocio se oponen irremediablemente. No cabe duda de que los profetas son hombres de lo absoluto y los sacerdotes son más transigentes; pero ni aquéllos ni éstos han querido jamás la supresión de los otros.
Solamente han tratado de poner un término a las desviaciones de un culto demasiado formalista, en el que la justicia social no contaba para nada.
De hecho Jeremías reacciona contra la falsa seguridad que el culto del templo hace nacer en el pueblo (cf. Miq 3, 11; 2 Cf 13, 10-11) dispensándole de toda búsqueda y de todo conocimiento de Yahvé, como si la relación litúrgica a Dios pudiera darse al margen de un contacto personal, vivo y verdadero.
Conviene poner las invectivas de Jeremías contra el templo en el corazón mismo del proceso de "desecurización" emprendido por el profeta con respecto a todas las instituciones de Israel. Anuncia el fin del templo, desintegra el mesianismo (cf. Jer 30, 18-22), ridiculiza la corriente legalista (cf. Jer 2, 1-13) y pone en la picota la concepción corriente de la retribución de los justos y de los impíos (Jer 25, 7-11). Ninguna de las instituciones nacidas en el antiguo Israel ha resistido a su crítica y a su poderosa inspiración. Así, pues, ha realizado en su tiempo lo que la secularización opera hoy en la Iglesia: la puesta en cuestión de la seguridad que procuran las instituciones, y un retorno a la religión del Dios misterioso e invisible a quien la fe busca inquieta y atormentada, y sin otra seguridad que el amor inscrito en el fondo de los corazones.
MAERTENS-FRISQUE
NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA VI
MAROVA MADRID 1969.Pág.
211
2-2.
Al principio del reinado de Yoaquim, hijo de Josías, rey de Judá, fue dirigida a Jeremías esta palabra del Señor: «Párate en el patio del templo... A toda la gente dirás:... trataré este templo como hice con Silo y haré que Jerusalén sea maldecida por todas las naciones de la tierra...»
De nuevo, una amenaza contra el culto formalista del Templo.
Jeremías está arrestado por el mismo motivo que Jesús: por haber anunciado la ruina del Templo.
¡Se necesitaba valentía para decir esas cosas!...
-Quizá oigan y se torne cada cual de su mal camino: entonces me arrepentiré del mal que estoy pensando hacerles por la perversidad de sus obras.
La intención última de Dios no es nunca la amenaza.
"Quiero la conversión y no el castigo" dirá Ezequiel (33, 11) Y Jesús irá más lejos diciendo: «hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte que por noventa y nueve justos que no necesitan conversión". (Lucas 15, 7-10) Señor, te doy gracias por esta posibilidad que me ofreces de cambiar mi vida. Que no la emplee para quedarme voluntariamente en mi mal.
-¿Quizá «oirán»?...
Si no me «escucháis» estando atentos a las palabras de mis siervos los profetas...
Todavía el tema de la escucha, de la atención.
A menudo HOY, se oye decir: «no encuentro tiempo para la oración». Es verdad que un cierto tipo de oración de escucha no puede hacerse más que en un cierto silencio y que para ello es necesario ponerse en determinadas condiciones favorables.
Danos, Señor, la energía de ponernos en esas condiciones, de saber dejar una ocupación, si es preciso, para «estar a la escucha»... como nos ponemos de veras a la escucha de alguien que amamos o que respetamos.
-Los profetas que persisto en enviaros y que no escucháis.
¡Oh, sí, Señor, persiste!
Sé más perseverante que yo. Sigue hablándome aun cuando yo no sepa escucharte.
Quizá algún día tu voz llegará a superar la algarabía de mi alma.
-Sacerdotes, profetas y todo el pueblo oyeron a Jeremías pronunciar esas palabras en el Templo del Señor.
Y cuando Jeremías terminó de pronunciar todo lo que el Señor le había ordenado decir a todo el pueblo, sacerdotes y profetas le prendieron diciendo: «¡Vas a morir! ¿Por qué has hecho esta profecía?...» Y todo el mundo se juntó en torno a Jeremías, en el Templo del Señor.
Se quiere hacer callar a este profeta molesto, como se hará callar a Juan Bautista, como se hará callar a Jesús.
Señor, ¿por qué tus amigos, tus portavoces, son rechazados tan a menudo?
La fe verdadera es a menudo una prueba. Jeremías la vivió como una prueba. Anunciaba a sus contemporáneos la ruina de todas sus seguridades: «no creáis que el Templo es una protección infalible». Y él mismo, personalmente, veía desmoronarse toda seguridad ante la coalición de las autoridades que querían matarle. Todo hace pensar que murió, de hecho, mártir, realizando ¡por adelantado! algo de la Pasión de Jesús.
Señor, ayúdanos a vivir nuestra fe en la desnudez de las pruebas, en la inseguridad de las revisiones, en la noche de las dudas.
MAERTENS-FRISQUE
NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA VI
MAROVA MADRID 1969.Pág.
208 s.
3.- Mt 13, 54-58
3-1.
Siguiendo el procedimiento de composición de san Mateo, dejamos ahora la "sección discursos" -las parábolas agrupadas- para abordar la "sección hechos". Ahora bien, lo característico de los cuatro capítulos que seguirán ahora (Mateo 13, 53 a 17, 23) es que, con mínimas diferencias, encontraremos de nuevo el desarrollo de los hechos que Marcos relató (Marcos 6, 1 a 9, 32) El hilo conductor es también el mismo: el misterio de la "persona" de Jesús que se aclara más y más, pero crece la incredulidad de las masas y a Jesús no le siguen más que algunos de sus apóstoles... En esta concordancia no podemos dejar de ver un hecho histórico, apremiante, exacto: ¡es así como sucedieron las cosas con Jesús! Los evangelistas no podían decir lo contrario.
-Jesús llegó a su pueblo y se puso a enseñar en aquella sinagoga.
La gente decía asombrada: "¿De dónde saca éste ese saber y esos milagros?".
Los Nazarenos creen conocer a Jesús.
Sin embargo, entrevén que su persona es misteriosa: "¿de dónde le viene ese saber y esos milagros?" ¡Nada es tan peligroso como el pretender saberlo todo! Uno se cierra. No tiene nada que aprender. Y son los familiares de Jesús, en Nazaret, los que están más cerrados contra El.
¡Señor, conserva nuestras mentes y nuestros corazones abiertos! disponibles, prestos a renunciar a todo lo que creemos saber para ir más allá...
Es el secreto para tantas crisis que alcanzan a tantas vidas.
"Dudo. Me pregunto..." Invitación providencial a abandonar nuestras seguridades, nuestras certezas, para progresar y purificar nuestra Fe.
-¿No es el hijo del carpintero? ¡Si su madre es María, y sus hermanos, Santiago, José, Simón y Judas! ¡Si sus hermanas viven todas aquí! ¿De dónde saca entonces todo eso?
Es todo el clan familiar, todos los primos y primas que quieren recuperar a Jesús.
Se le reprocha su origen modesto: después de todo no es más que un carpintero. Y situándose al lado de los pobres, es paradójico que Jesús no fuera comprendido por el pueblo sencillo como tampoco lo fue por los fariseos: ¡Se esperaba a un Mesías glorioso, poderoso, misterioso, celestial, transcendente! Pero Dios no encaja en nuestras ideas estereotipadas.
Y nosotros, los que intentáramos condenar a esos "incrédulos" de Nazaret ¡cometeríamos su mismo error! pues no sabemos reconocer a Dios en la modestia y humildad de las situaciones ordinarias. Dios está aquí, y le buscamos fuera.
-Y aquello les resultaba escandaloso.
¡Sin haber hecho nada malo, Jesús escandaliza! ¡Un hombre, una mujer de bien, sin quererlo, pueden provocar caídas o desaciertos! ¡Esto le ocurrió a Jesús! el perfecto, el inocente, el santo.
Pues bien, Señor, después de esto ¿cómo podría pedir verme librado de las ambigüedades de mi vida? Señor, ayúdame más bien a soportarlas como Tú las has soportado.
Con demasiada facilidad se dice hoy que la Fe se pierde, que la moral no es tenida en cuenta, porque ya no se enseña la fe ni la moral, o por tal o cual otra razón... ¡Cuando el mismo Jesús no logro convencer a sus propios compatriotas! Misterio del rechazo de la Fe.
-No hizo allí muchos milagros, por su falta de Fe.
Sorprendente respeto a la libertad. Dios no fuerza las consciencias.
NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 2
EVANG. DE PENTECOSTES A ADVIENTO
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 100 s.
3-2.
1. (Año I) Levítico 23,1.4-11.15-16.27.34-37
Estrenamos un nuevo libro del AT: el Levítico. Desde hace semanas estamos siguiendo la historia del pueblo de Israel, empezando desde Abrahán. Ya hemos leído, en lectura semi-continua, el Génesis y el Éxodo. Ahora, el Levítico y, después, seguiremos con el Libro de los Números, el Deuteronomio, Josué, los Jueces y Rut.
El Levítico contiene muchas prescripciones relativas al culto y a la santidad de vida del pueblo de Israel: los sacrificios (capítulos 1-7), los sacerdotes (8-10), las reglas de pureza (11-16), las normas de santidad (17-26). De este último apartado leemos, hoy y mañana, dos pasajes: las fiestas del año y el año jubilar (capítulos 23 y 25).
a) Aquí se describen -según la versión «sacerdotal»- las principales fiestas de Israel, en las que ya se han unido los elementos más antiguos del mundo rural y el recuerdo de las intervenciones de Dios en la historia de la salvación:
- Pascua, en el mes primero del año, el de Nisán, en la que se juntan las antiguas fiestas agrícolas de los ácimos y los corderos con el recuerdo de la liberación de Egipto;
- Pentecostés, a los cincuenta días, cuando, junto a la fiesta de las gavillas y los primeros frutos de la cosecha, se celebra la Alianza sellada en el Sinaí;
- la fiesta de la Expiación (Yom-Kippur), en el mes séptimo, ya en el otoño, con ritos de penitencia y ofrenda de sacrificios;
- la de las Tiendas o Tabernáculos, también en el mes séptimo, con ocasión de la vendimia, cuando se recuerda la marcha por el desierto, construyendo, para unos días, unas cabañas en el campo.
En cada una de estas fiestas convocan una «asamblea litúrgica», ofreciendo sacrificios a Yahvé y, a la vez, en su honor, se abstienen del trabajo. El salmo resalta, sobre todo, la parte litúrgica: «acompañad, tocad los panderos... tocad la trompeta... aclamad a Dios, nuestra fuerza: yo soy el Señor, Dios tuyo, que te saqué del país de Egipto».
b) En todas las culturas y religiones, la fiesta es un elemento valioso en la dinámica de la vida de fe comunitaria.
También los cristianos damos importancia a la celebración de nuestras fiestas, algunas de las cuales son herencia de las de Israel, pero con contenido cristiano. Celebramos el domingo cada semana, que una vez al año se convierte en la Pascua del Señor, con su muerte y resurrección, preparada por la Cuaresma y prolongada por una Cincuentena festiva que termina con Pentecostés. Además, a lo largo del año, celebramos otras fiestas del Señor, de la Virgen y de los Santos.
FIESTA/SIGNIFICADO: La fiesta nos ayuda en nuestro camino de fe:
- despierta nuestra memoria de pueblo redimido por Dios en Cristo;
- alimenta nuestra identidad y nuestro sentido de pertenencia a la Iglesia del Señor;
- da a nuestra existencia una dimensión de alegría, rompiendo la rutina de la vida cotidiana;
- nos ayuda a liberarnos de la esclavitud del tiempo y del trabajo;
- no sólo recuerda, sino que, en cierto modo, actualiza y hace presente el acontecimiento que celebramos: el Dios que, en otro tiempo, se mostró salvador, sigue ofreciendo la salvación a su pueblo; la Pascua de Jesús no ha terminado y se nos comunica, también hoy, en su celebración anual y en la Eucaristía diaria;
- la fiesta es memoria y presencia y, a la vez, anuncio del futuro, porque Cristo nos ha prometido que estará con nosotros hasta el fin de los tiempos;
- también en nuestras celebraciones humanas -cumpleaños, bodas de plata y oro-, celebrar una fiesta es celebrar el pasado, el presente y el futuro, lo que da a nuestro camino por la vida un sentido y una fuerza especiales.
Nuestra fiesta es una Persona, Jesús, el Señor Resucitado. En torno a él nos reunimos para celebrar la Eucaristía diaria, el domingo semanal y las fiestas anuales. Y así vamos participando de su vida, y encontramos el sentido de nuestro camino hacia la fiesta eterna del cielo.
1. (Año II) Jeremías 26,1-9
a) La escena representa uno de los momentos culminantes de la vida del profeta Jeremías: delante del pueblo y de las autoridades (acaba de subir al trono el rey Joaquín), anuncia de parte de Dios que deben convertirse de sus malos caminos. Si no lo hacen, Dios permitirá la desgracia total y el Templo será destruido. Como lo había sido el de Silo, siglos antes (el templo donde había crecido el joven Samuel).
La reacción es violenta. Como lo suele ser siempre ante la voz de un profeta auténtico, que no anuncia cosas agradables a los oídos del pueblo o de los jefes, sino lo que Dios le dicta en conciencia: «eres reo de muerte!». Lo mismo que, cien años antes, Dios había salvado al pueblo de la amenaza de Senaquerib, así ahora creen que les volverá a salvar. Jeremías les asegura que no: su infidelidad a la Alianza ha llegado demasiado lejos.
b) No es que un cristiano se tenga que dedicar a anunciar catástrofes ni malas noticias. Al contrario: un cristiano cree en la Buena Noticia y la difunde donde puede.
La Buena Noticia es siempre que Dios tiene planes de salvación para todos, sobre todo ahora, a partir de la Pascua de Jesús. Jeremías pone en sus labios unos propósitos de bondad: «a ver si escuchan y se convierte cada cual de su mala conducta y me arrepiento del mal que medito hacerles». Dios no quiere, en principio, el castigo, sino que «se conviertan y vivan». Lo suyo es perdonar.
Pero una Buena Noticia -como la amistad, como el amor, como la fiesta- es exigente.
Pide correspondencia, y un género de conducta coherente con los planes de Dios. Cuando un cristiano -desde el Papa hasta el último bautizado- da testimonio de los valores de Dios, en medio de un mundo atraído por otros ídolos y valores más o menos superficiales, la reacción no suele ser precisamente de entusiasmo. Por eso ha habido y sigue habiendo tantos mártires.
Para ser profeta se necesita valentía, como la de Jeremías, que no se calló, a pesar de las amenazas. Como la de Pedro ante el Sanedrín o la de Pablo ante sus enemigos. Sobre todo, como la de Jesús ante sus acusadores, que le llevaron a la muerte. A un cristiano de hoy, seguramente, también le toca sufrir, renunciar a opciones que para otros parecen permitidas. Pero no cede en su seguimiento de Cristo. Aunque tenga que repetir las palabras del salmo: «que me escuche tu gran bondad, Señor... por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro, soy un extraño para mis hermanos, porque las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. Pero mi oración se dirige a ti... que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude».
2. Mateo 13,54-58
a) En su pueblo, Nazaret, Jesús no tuvo mucho éxito.
Sus paisanos quedaron bloqueados por la pregunta: «¿de dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros?». Fueron testigos de sus milagros, admiraron su sabiduría, pero no fueron capaces de dar el salto y aceptarlo como el enviado de Dios.
Un profeta no es recibido en su patria: «y desconfiaban de él».
Hay que reconocer que no les faltaba parte de razón a sus paisanos, al mostrarse reacios a ver en su vecino al Mestas y Salvador. Jesús es un maestro atípico, no ha estudiado en ninguna escuela famosa, es un obrero. Pero, con tantas pruebas, tenían que haber superado su desconfianza inicial.
b) Pasar de la incredulidad a la fe es un salto difícil. Se trata de un don de Dios y, a la vez, de mantener una actitud honrada por parte de la persona.
En el mundo actual, como entre los contemporáneos de Jesús, existen muchos elementos que condicionan a favor o en contra, la opción de fe de una persona. En Nazaret, el origen sencillo de Jesús (le esperaban más solemne y glorioso). Para los dirigentes del pueblo, la valentía y la exigencia del mensaje que predicaba. Unos le consideraban un fanático; otros, aliado con el demonio. Muchos no llegaron a creer en él: «vino a su casa y los suyos no le recibieron». Los que creyeron fueron los sencillos de corazón, a quienes Dios sí les reveló los misterios del Reino.
Seguro que conocemos personas que han quedado bloqueadas y no llegan a aceptar el don de la fe. ¿Les ayudamos? ¿son convincentes o, al menos, estimulantes nuestra palabra y nuestro testimonio de vida, a fin de poderles ayudar en su decisión de fe?
«Aclamad a Dios, nuestra fuerza» (salmo I)
«Mi oración se dirige a ti, que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude» (salmo II)
«Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta» (evangelio)
J.
ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 5
Tiempo Ordinario. Semanas 10-21
Barcelona 1997. Págs. 211-215
3-3.
Jr 26, 1-9: Un profeta amenazado
Mt 13, 54-58: Nadie es profeta en su propia tierra
Este episodio concluye una sección del evangelio. Jesús abandona la enseñanza en las sinagogas y emprende su camino anunciando de pueblo en pueblo la Buena Nueva. Al igual que le ocurre a los profetas del Antiguo Testamento, Jesús es despreciado en su tierra. Ellos no esperaban que un vecino suyo les anunciara el inicio de la nueva era.
Efectivamente, los judíos esperaban un Mesías poderoso que viniera con gran poder a derrocar a los romanos, restaurara el auténtico culto del templo e iniciara un Reino eterno.
Jesús con su testimonio se opone a estas expectativas. Su acción es humilde: busca a marginados, pecadores, enfermos y gentiles. El centro de su enseñanza y oración es el camino, la casa del amigo y las plazas donde se reúne el pueblo. Su Reino no esta fundado ni en la mentalidad ni en la estructura de los imperios opresores. Por esto, la vida y obra de Jesús no inspiraba confianza a sus paisanos.
Muchas veces nosotros caemos hoy en la misma tentación que experimentaron los paisanos de Jesús. Deseamos ser instruidos por importantes catedráticos, por personas con prestigio que se expresen con grandes discursos. No le damos crédito a la catequista del barrio, a la señora que dirige el grupo de oración o al compañero de trabajo que podría aconsejarnos. Sus palabras nos parecen sin importancia, pues generalmente creemos que no nos van a decir nada nuevo. Sin embargo, la novedad está ahí, en esa sencillez con que anuncian el Evangelio. Pues, al igual que Jesús, ellos no se anuncian a sí mismos, sino que anuncian la Palabra de Dios. Son la boca de Dios, aunque algunos se enojen por sus palabras y cuestionamientos. Que la sencillez y humildad de los predicadores no nos vuelva ciegos ante Dios.
Servicio Bíblico
3-4.
Lev 23, 1.4-11.15-16: El séptimo día será santo
Sal 80
Mt 13, 54-58: Un profeta es despreciado entre los suyos
Sucede a veces que nos conocemos demasiado. Son muchos años de convivencia.
Siempre cruzándonos por las mismas calles, compartiendo la misma casa, el mismo trabajo o la misma parroquia. Nos sabemos desde los chistes hasta las genialidades y manías de cada uno de nuestros hermanos o familiares. Lo malo es que a veces cruzamos una frontera peligrosa y de ese saber, normal fruto de la experiencia, pasamos a encasillar a las personas. De algún modo les obligamos a seguir siendo como creemos o pensamos que son. Sin darnos cuenta les impedimos cambiar y crecer.
Eso fue lo que encontró Jesús en su pueblo. Todos lo conocían. Conocían también a su familia. ¿Qué les iba a enseñar de nuevo? A otros, a los de otros pueblos, les podía impresionar, pero a ellos... Esa actitud es sencillamente falta de fe, porque cada persona es un misterio fruto del amor de Dios. Cada uno de nosotros ha sido creado por Dios y ha sido dotado por Él con posibilidades infinitas de crecimiento. Simplemente porque Dios cree en nosotros. Creer en las personas es lo contrario de encasillarlas.
SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO
3-5. CLARETIANOS 2002
"¿De dónde saca eso?" Por dos veces la gente se hace esta pregunta en relación con Jesús. Me llama la atención esa obsesión por saber el origen cuando Jesús mismo -lo leímos ayer- había dicho que él -como escriba que entiende del reino de los cielos- es "como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo". ¿De dónde saca Jesús esa sabiduría y esos milagros? ¡Pues del arca! Aquí no hay magia que valga. Sus paisanos hubieran preferido que Jesús tuviera una chistera con un conejo dentro antes que un arca en la que caben dos testamentos: el antiguo y el nuevo. ¿Por qué un profeta "sólo es despreciado en su pueblo y en su casa"?
Muchas veces me he preguntado por la relación de Jesús y sus parientes y paisanos. Y muchas veces me he sorprendido imaginando reacciones y sentimientos que no son los que aparecen en el evangelio. Creo que históricamente la relación debió de ser tensa o desconcertante. El evangelio de hoy dice que los tenía a todos "desconcertados". Jesús no responde al patrón de hijo modelo, siempre dispuesto a satisfacer las expectativas de sus padres. Tampoco aparece como el ciudadano ejemplar merecedor del título de "hijo predilecto" de Nazaret. Él rompe las expectativas sencillamente porque obliga a los suyos a reconocer la presencia de Dios en medio de lo conocido. Todos estamos deseosos de tener alguna experiencia de Dios ... con tal de que no se produzca a través de los más cercanos. En el fondo, soñamos con fenómenos extraordinarios. Necesitamos imaginar que los buenos son siempre los desconocidos, aquellos cuya vida concreta y limitada ignoramos, y por eso podemos idealizar.
Jesús nos muestra con su existencia que el
encuentro con Dios se puede producir -y de hecho se produce- en las condiciones
de nuestra vida ordinaria y a través de quien menos podemos imaginar. Todo
hermano puede ser un profeta para el hermano.
Gonzalo Fernández , cmf (gonzalo@claret.org)
3-6. 2001
COMENTARIO 1
Esta escena pone el punto final a la enseñanza de Jesús «en las sinagogas»
(4,23; 9,35). Resume, por tanto, la actitud de Israel (54: «su tierra/su
patria») frente a Jesús al término de su actividad en Galilea. Pronto la dejará
del todo para comenzar su camino (19,1). La escena es paradigmática: resume la
crisis de fe planteada a partir del cap. 11 (cf. 11,6: «dichoso el que no se
escandalice de mí», y 13,55).
v.54: Fue a su tierra y se puso a enseñar en la sinagoga de ellos. La gente
decía impresionada: ¿De dónde le vienen a éste ese saber y esos prodigios?
El tono despectivo («éste») de las preguntas que se hacen los compatriotas de
Jesús hace que equivalgan a negaciones. El hecho de que sea el hijo del
carpintero hace dudar de su saber y sus obras. Al no poderlas atribuir a Dios,
sospechan o acusan a Jesús de magia. Es el eco popular de la acusación de los
fariseos (12,24).
v. 55: ¿No es éste el hijo del carpintero? ¡Si su madre es María y sus hermanos,
Santiago, José, Simón y Judas!
La gran equivocación es que lo consideran hijo del carpintero. No descubren en
Jesús más de lo que sabían. Viendo no entienden. Israel, juguete de los círculos
fariseos, no capta el secreto del reino.
COMENTARIO 2
En la perspectiva de conjunto del evangelio de Mateo, la visita de Jesús a su
pueblo señala una línea divisoria entre dos vertientes. Mirando hacia adelante,
la muerte de Juan (14, 1-12) es preludio del doloroso trance que le espera en
Jerusalén al incomprendido "profeta de Nazaret". Mirando hacia atrás, esta
visita cierra el proceso de ida y regreso de la proclamación del Evangelio en
Galilea. Pone, con tristeza, el punto final a los precedentes "sumarios", según
los cuales Jesús recorría habitualmente las poblaciones de Galilea enseñando en
sus sinagogas. Desde este momento ya no se hablará más de esta misión popular a
través de las reuniones sinagogales, ni del oficio de proclamar, ni apenas del
de enseñar. El maestro se irá retrayendo gradualmente del pueblo de su Galilea,
y pronto la dejará del todo para emprender el camino de la cruz. Volverá, por
fin, después de la resurrección para manifestar su gloria únicamente a sus
discípulos.
Desde el punto de vista biográfico, nada más creíble que la visita de Jesús,
misionero profético por toda Galilea, a la pequeña sinagoga de Nazaret que
habría frecuentado en la infancia y juventud centenares de veces. De igual
manera, nada más humano que la manera de reaccionar de sus paisanos, tanto en la
admiración como en la crítica.
El texto de hoy nos pone de frente a las parábolas diciéndonos que las
innumerables resistencias a la palabra del Reino, ilustrada por ellas, van a ser
confirmadas ahora por el fracaso de Jesús mismo en su patria, en la aldea en la
que vive su familia. En la sinagoga, el lugar en el que se puede encontrar a
toda la gente del pueblo, Jesús no viene a formar un nuevo partido ni a propagar
ideas revolucionarias; viene a plantear el proyecto de su Padre-Dios a todos sus
compatriotas, reunidos para escuchar la lectura y explicación de las Escrituras.
Los paisanos de Jesús inicialmente se llenan de asombro por su autoridad, pero
rápidamente pasan al otro extremo y comienzan a criticarlo; el impacto de sus
palabras desestabilizaba el orden social establecido y habían muchos intereses
individuales que se veían afectados por los nuevos planteamientos de Jesús.
1. J. Mateos-F. Camacho, El evangelio de Mateo. Lectura comentada, Ediciones Cristiandad, Madrid
2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
3-7. 2002
Las reacciones frente a Jesús en su “patria” se
señalan al comienzo y al final del pasaje: “llegó a su pueblo”(v. 54)..."sólo en
su tierra”(v. 57). Igualmente por dos veces se le atribuyen “fuerzas”, milagros
(vv. 54b; 58).
Se consigna además, el último “enseñar” de Jesús, según este evangelio, fuera de
Jerusalén, ya que este verbo a continuación sólo reaparecerá en 21,23 y 22,16.
Los datos precedentes nos invitan a colocarnos ante un hecho: la interrupción de
la enseñanza a causa de la incomprensión de los compatriotas. Estos delante de
“todas estas cosas”, expresión que reproduce Mt 13,34.50, se encuentran delante
de Jesús como una multitud que oye sin llegar a comprender. De esta forma con la
expresión “patria”, más allá de una indicación geográfica se indica la
mentalidad de aquellos que no son capaces de trascender el sentido humano de los
acontecimientos que se desarrollan delante de ellos.
Frente a dichos acontecimientos los conciudadanos de Jesús se asombran de “ese
saber y esos milagros”. Como Herodes reconocen en Jesús la presencia de éstos (cf.
14,2) pero, el conocimiento de su entorno familiar: “¿No es el hijo del
carpintero? ¡Si su madre es María, y sus hermanos son...” les impide descubrir
la verdadera parentela de Jesús. Las preguntas que se hacen tienen un tono
despectivo refiriéndolas a un “éste”. No son capaces de descubrir en las obras
de Jesús la actuación de Dios. Su actitud es descrita por el evangelista como
“falta de fe” (58).
Esta falta de fe es un impedimento insuperable para reconocer el verdadero
sentido de la actuación de Jesús. Peor que frente a Juan a quien “la gente...lo
tenía por profeta” (14,5) no pueden reconocer los rasgos de la auténtica
profecía y su reacción es la del escándalo que les impide dejar actuar a la
Palabra y su reacción es la misma que la del hombre que la recibió en terreno
rocoso: el escándalo (cf Mt 13,21).
Se produce de esta forma la ruptura de la comunicación con Jesús. Se repite la
larga historia de rechazo de la Palabra de Dios en el pueblo de Israel. La
profecía de Jesús es interpretada como magia, procedente de un ámbito hostil a
Dios. No son capaces de descubrir la filiación divina de Jesús y no pueden ir
más allá de la visión que tienen del “hijo del carpintero”.
Como consecuencia, no pueden experimentar la bienaventuranza del que descubre el
sentido de la actuación del Mesías: “Dichoso el que no escandaliza de mí” (Mt
11,6). La sinagoga, dominio de los círculos fariseos, se ha cerrado de ese modo
a la acción de Dios. El rechazo a Jesús por parte de aquellos se prolonga en la
historia de la comunidad de Mateo que debe enfrentar a una dirigencia farisea
que rechaza el mensaje de Jesús y de sus seguidores.
La ruptura de Jesús , repetidamente señalada a partir de este momento (14,13;
15,21; 16,4), intenta hacer reflexionar. Sólo aquellos que son capaces creer,
que vuelven a buscarlo, podrán ser acogidos (14,13.35; 15,30 etc.).
Reconocer a Jesús no es fruto de la pertenencia al mismo ámbito, sea étnico o de
grupo religioso. Sólo puede realizarse desde una profunda comunión de fe que
abre a la posibilidad de descubrir en El al mensajero de Dios, a su Palabra.
Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
3-8. DOMINICOS 2003
Palabra de alabanza
Libro del Levítico 23, 1.4-11.15-16: sobre las fiestas a celebrar.
“El Señor habló a Moisés y le dijo: Estas son las fiestas del Señor, las
asambleas litúrgicas que convocaréis a su debido tiempo: El día catorce del
primer mes, al atardecer, es la Pascua del Señor. El día quince del mismo mes es
la fiesta de los panes ázimos, dedicada al Señor. Comeréis panes ázimos durante
siete días. El primer día os reuniréis en asamblea litúrgica, y no haréis
trabajo alguno. Y en los siete días ofreceréis oblaciones al Señor. Al séptimo
os volveréis a reunir en asamblea litúrgica, y no haréis trabajo alguno... El
día diez del séptimo mes es el día de la expiación..., y el día quince comienza
la fiesta de las Tiendas...”
Por este párrafo nos damos cuenta del sentido litúrgico, ceremonial, cúltico,
que tiene el libro del Levítico, en el que se recogen todas las fiestas
tradicionales de Israel. Esas fiestas seguían celebrándose en la vida de Jesús.
Evangelio según san Mateo 13, 54-58:
“En aquel tiempo fue Jesús a una ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La
gente decía admirada: ¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es
el hijo del carpintero? ¿No es su madre, María, y sus hermanos Santiago, José,
Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo
eso? Y desconfiaban de él. Jesús les dijo: Sólo en su tierra y en su casa
desprecian a un profeta. Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe”.
Aquí nos encontramos con un nuevo contexto, muy distante del levítico. Jesús
entra en acción: enseña y provoca reacciones de adhesión o repliegue. ¿Por qué
unos creen en Él y otros lo desprecian? ¡Misterio insondable! No pretendamos
juzgarlo si no queremos equivocarnos.
Momento de reflexión
La amistad languidece, si hay pocos encuentros amigables.
Como es propio de los “libros religiosos-litúrgicos”, en el Levítico se recogen
los sentimientos, celebraciones, cantos, compromisos de fidelidad a Dios que el
pueblo de Israel mantiene a partir de las experiencias vividas por Moisés y los
suyos en el camino del desierto, dirigiéndose hacia la tierra de promisión. Es
como la memoria y mensaje de los hechos.
En cuanto a las fiestas religiosas, es bien sabido que se caracterizan como
encuentro, comunión, celebración.., y que habitualmente se relacionaban en la
antigüedad con los avatares de la vida en el campo: siembra, siega, vendimia.
Israel, haciendo relectura de viejas tradiciones agrícolas, asoció a ellas los
acontecimientos de su propia historia de salvación, principalmente en tres
fiestas:
la de Pascua (ázimos), la de Pentecostés (siega y primicias) y la de las Tiendas
(desierto, tienda, alianza).
Entre nosotros, cristianos, la fiesta anual más solemne, transfigurando la
antigua, es la de Pascua de resurrección: Cristo, Señor, Resucitado.
¿De dónde saca Jesús todo su poder y saber?
Este es el interrogante que confunde a los israelitas que no creen en Jesús como
Hijo de Dios. Si Jesús es un joven como los demás, miembro de una familia,
trabajador en un taller, instruido en una sinagoga, ¿cómo puede ser que piense,
hable y actúe con poderes tan extraordinarios?
La respuesta nosotros la tenemos a mano. Jesús no es un cualquiera en su taller,
ciudad, familia o templo. Es el Hijo de Dios que ha asumido nuestra naturaleza
pasible y obra nuestra redención, por voluntad suya y del Padre.
Pero creer este misterio es un don, una gracia de Dios. Tengamos todos el
corazón y la mente bien abiertos, por si nos llama.
3-9. Viernes 1 de agosto de 2003
Lv 23, 1, 4-11,15-16.27.34-37: Prescripciones para
las asambleas
Salmo responsorial: 80, 3-6.10-11
Mt 13, 54-58: Visita de Jesús a Nazaret
Jesús en su tierra es bien conocido, su familia
vive en un poblado pequeño donde todos se conocen. Cuando va a la sinagoga se
admiran de su sabiduría. Por una parte, su fama se ha ido extendiendo cada vez
más, pero, al mismo tiempo que se admiran, sienten envidia de que el hijo del
carpintero, el hijo de María, el paisano, haya progresado tanto.
Parece que no soportáramos que las personas más cercanas a nosotros se pudieran
superar; comenzamos a sacar a la luz todo lo que sabemos para rebajar la imagen
de la persona, sentimos envidia porque no hemos logrado lo que el otro ya ha
alcanzado. En Nazaret, sus amigos, y hasta sus mismos familiares, después del
sentimiento de admiración que sintieron por Jesús, también llegaron a
escandalizarse de él.
A Jesús sus paisanos lo vieron crecer, jugaron y pelearon con él, y nunca
pensaron que, el hijo de la familia menos significativa del pueblo, fuera capaz
de sobresalir. Es más fácil confiar en un extraño que en un hijo del pueblo. Es
más fácil confiar en el rico que en el pobre, es más fácil confiar en el ser
humano de la ciudad que en el del campo, es más fácil confiar en la persona que
es profesional que en aquel que se ha hecho a base de experiencia. Los agentes
externos a las comunidades tienen más respaldo y gozan de más credibilidad que
las mismas personas de la comunidad. Nos cuesta mucho confiar en los nuestros.
Es ésta una actitud muy generalizada en la humanidad: desprestigiamos lo propio
para valorar lo extranjero. Esta práctica es común en todos los campos de la
vida social, llegando incluso hasta avergonzarnos y escandalizarnos de lo
nuestro y no nos damos cuenta que con esta actitud perdemos identidad.
Jesús no había venido a Nazaret a que reconocieran su fama ni a mostrarles su
poder, pues él mismo sabe que un profeta, en su tierra y en su casa, carece de
prestigio; por eso allí no hizo muchos milagros.
SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO
3-10. ACI DIGITAL 2003
54. Su patria: Nazaret. Sus hermanos: cf. 12, 46 y
nota.
57. He aquí el gran misterio de la ceguera, obra del príncipe de este mundo que
es el padre de la mentira (Juan 8, 44) y cuyo poder es "de la tiniebla" (Luc.
22, 53). Veían lo admirable de su sabiduría y la realidad de sus milagros (v.
54) y en vez de alegrarse y seguirlo o al menos estudiarlo... se escandalizaban.
Y claro está, como tenían que justificarse a sí mismos, sus parientes decían que
era loco, y los grandes maestros enseñaban que estaba endemoniado (Marc. 3, 21 -
22). Por esto es que El hablaba en parábolas (vv. 10 - 17), para que no
entendieran sino los simples que se convertirían (cf. 11, 25 ss.). Los otros no
habrían podido oír la verdad sin enfurecerse, como sucedió cuando entendieron la
parábola de los viñadores (Marc. 12, 12 ss.) Por eso es Jesús "signo de
contradicción" (Luc. 2, 34) y lo seremos también sus discípulos (Juan 15, 20 ss):
a causa del "misterio de la iniquidad" o sea del poder diabólico (II Tes. 2, 7 y
9) cuyo dominio sobre el hombre conocemos perfectamente por la tragedia edénica
(véase Sab. 2, 24 y nota) y cuyo origen se nos ha revelado también, aunque muy
"arcanamente", en la rebelión de los ángeles, que algunos suponen sucedió en el
momento situado entre Gén. 1, 1 y 2. Cf. nuestro estudio sobre Job y el misterio
del mal, del dolor y de la muerte.