JUEVES DE LA SEMANA 17ª DEL TIEMPO ORDINARIO
1-1.
-Moisés obedeció todas las prescripciones del Señor. Erigió la morada de la «Tienda de Reunión».
Diversos textos bíblicos describen en detalle los objetos del culto y las ceremonias litúrgicas. Sería imposible proponer una reconstitución real de lo que fue, de hecho, ese «santuario» del desierto, porque encontramos en él parecidos con el Templo de Jerusalén que, evidentemente tuvieron que ser añadidos mucho más tarde. De otra parte, nuestro punto de vista no es arqueológico, sino espiritual.
-Moisés asentó las basas, colocó los tableros y los travesaños y erigió sus postes; desplegó la Tienda encima, tomó las «tablas de la Ley» y las colocó dentro del arca, puso el propiciatorio encima del arca...
Fijémonos en que se trata de una «tienda» un abrigo frágil y transportable, que se desmonta a cada partida y se remonta a cada nueva etapa.
El Dios de Israel es un Dios que «hace camino» con su pueblo. Es invisible... pero tiene en cuenta el deseo de «signos» y acepta que los hombres materialicen un lugar que simbolice su Presencia. La palabra «tienda» es a veces sustituida en nuestra lengua por «tabernáculo», del latín «tabernaculum». «El Verbo se hizo carne, y erigió su tienda. » Estamos pues ante un primer jalón, de simplicidad emocionante, de lo que será después el lugar de una presencia real aunque misteriosa, en nuestras capillas e iglesias.
¿Utilizo la visita al «Tabernáculo», al Sagrario, como una ayuda a mi sensibilidad, para facilitar un cierto tipo de oración?
-Las tablas de la Ley...
La Tienda de Reunión no contenía ninguna representación figurativa... ¡sino solamente "los diez mandamientos"! Podríamos sacar de ello algunas sugerencias útiles: la verdadera Presencia de Dios se realiza allá donde unos hombres y unas mujeres, en su vida cotidiana, cumplen la «voluntad de Dios». Amar y adorar a Dios. Amar y respetar al prójimo: he ahí lo que debería hacernos encontrar su Presencia.
«Lo que haréis al más pequeño de los míos a Mí lo haréis... Lo que rehusaréis a mis hermanos, a Mí lo rehusáis".
-La nube cubrió la Tienda de Reunión y la gloria de Dios llenó la morada.
Ese tema de la «nube» es también un signo: no se ve a Dio, sólo se ve una «nube». Dios es misterioso.
En la Transfiguración, Jesús y sus apóstoles fueron también envueltos por una nube luminosa, evocación de la divinidad.
-Por la noche, un fuego brillaba en la nube.
El «fuego» también es símbolo de Dios. Sabemos que desde la Encarnación ese «fuego» ha venido al corazón de los hombres: el día de Pentecostés, llenó la Iglesia. Por el Espíritu, los bautizados han venido a ser los lugares de la Presencia de Dios. «¡Que vuestra luz brille!» decía Jesús.
Un fuego brillaba en la nube sobre la Tienda de Dios.
¿Qué oración me sugiere este pasaje de la Escritura?
-Así sucedía en todas sus etapas.
San Juan usa ese lenguaje para describir la Encarnación del Hijo de Dios.
Y Jesucristo es en verdad Dios que plantó su tienda entre nosotros. Y Jesús se atrevió a afirmar que, en adelante, se podía "destruir el Templo", porque lo reconstruiría en tres días.
El cuerpo de Cristo es la verdadera presencia de Dios entre nosotros, en todas las etapas de la vida, en todos los lugares de la tierra.
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 5
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑO IMPARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 206 s.
1-2.
Hemos llegado al final del libro del Éxodo. Lo comenzábamos con la imagen de la opresión de Israel a manos del faraón, símbolo de los poderosos. Ahora lo terminamos con la visión de un pueblo libre, que marcha, protegido y guiado por Yahvé (vv 37s), hacia la tierra prometida.
El puñado de fugitivos de Egipto aparece ahora como una comunidad bien organizada, de la que ha tomado posesión Yahvé, tras de haberse manifestado a ellos en el Sinaí. El milagro de esta transformación es obra exclusiva de Yahvé. El es quien ha escogido este pueblo para que sea sacramento de su presencia salvadora. Por eso lo ha llamado de la nada, lo ha sacado de la opresión, lo ha puesto en el camino de la libertad y le ha dado un sentido de marcha. Dios se revela en los acontecimientos de la historia. Por ello, la morada de Dios, su habitación, es esencialmente el pueblo, la comunidad humana. De hecho, Dios había ordenado a Moisés: «Hazme un santuario, y moraré entre ellos» (25,8).
Nuestro texto nos dice que el pueblo de Israel cumplió la orden de Yahvé. El autor sacerdotal de esta narración tiene muy presente el templo de Salomón. Mirando a este modelo nos dice cómo Moisés edificó el tabernáculo del desierto y lo santificó depositando en él los objetos sagrados de la comunidad: el arca con el testimonio de la alianza (20), los panes sagrados (23), el candelabro (24), el altar de los perfumes (26)... Es el orden habitual en los templos semitas. El autor no hace arqueología: narra el recuerdo del hecho conservado por la tradición, desnudo de detalles, y lo reviste con lo que se debe hacer ahora.
Después, Yahvé toma posesión del santuario. La nube que vimos en la hora crítica de iniciarse el éxodo cubre ahora la tienda y la gloria del Señor la llena por completo. El santuario será el signo de la presencia de Yahvé en medio de su pueblo; por eso Moisés, el mediador, no tendrá necesidad de entrar en él. Yahvé está allí como uno más: habita y marcha con el pueblo, comparte su lucha y su vida. Se ha hecho realidad la promesa de Dios: "Habitaré en medio de los hijos de Israel y seré su Dios. Ellos reconocerán que yo soy Yahvé, su Dios que los sacó de Egipto para habitar entre ellos. Yo soy Yahvé su Dios" (29,45) A pesar de ese cumplimiento histórico, nuestro relato no deja de ser una imagen de la plena realización de la presencia de Dios en Jesucristo, la misma palabra de Dios, que se hizo hombre y plantó su tienda entre nosotros y nos permitió ver su gloria.
J.
M. ARAGONÉS
LA BIBLIA DIA A DIA
Comentario exegético a las lecturas de la Liturgia de las
Horas
Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981.Pág.1145 s.
2.- Jr 18, 1-6
2-1.
-Palabra que fue dirigida a Jeremías, de parte del Señor: «¡Levántate! Baja donde el alfarero: que allí mismo te haré oír mis palabras...»
¡Levantate! Ve y mira como trabaja la gente... Reflexiona sobre su simbolismo... Dios puede hablarte a través de ellos... La taquimecanógrafa, el metalúrgico, el labriego, el alfarero, el agente de policía, el albañil, etc.
SIMBOLOS/ACTOS: Si se prueba de hacer la cuenta de los "hechos simbólicos" vividos por los profetas, causa asombro su variedad:
--su propio drama personal con su mujer (Oseas 1, 3)
--los nombres de los hijos de Isaías (7, 3,. 8, 1; 8 18)
--el ramo de almendro y la marmita (Jeremías 1, 11-14)
--la faja escondida en el Eúfrates (Jeremías 13, 1)
--la jarra (Jeremías 19)
--los higos (Jeremías 24)
--el yugo (Jeremías 27)
--el campo comprado (Jeremías 32)
--el ladrillo grabado (Ezequiel 4, 1)
--el alimento racionado (Ezequiel 4, 9)
--la marmita (Ezequiel 24, 3)
--los dos bastones (Ezequiel 37, 15)
¿Sabemos vivir con los símbolos, humildes signos hechos para nosotros?
-Bajé a la alfarería y he aquí que el alfarero estaba haciendo un trabajo al torno. Cuando el vaso que estaba haciendo se estropeó, como suele suceder... volvió a empezar otro vaso, según es costumbre entre los alfareros.
Jeremías. de momento. se limitó pues a observar.
Es una experiencia de fracaso.
El alfarero quería hacer tal tipo de vaso y la arcilla se resistió ya sea que por demasiado húmeda no aguantaba, ya, por el contrario. que por demasiado seca y se resistía a la presión de las manos del alfarero que quería modelarla.
Lejos de desanimarse, el alfarero hizo de nuevo una bola y comenzó otra pieza con el mismo barro.
Toda la gracia de la «parábola» consiste en tomar este sencillo hecho para darle un significado espiritual.
Así actúa Dios con nosotros.
No le desanimamos nunca. Prueba otra cosa.
¿Sabemos nosotros esforzarnos continuamente de nuevo?
-¿No puedo hacer yo con vosotros, casa de Israel, lo mismo que este alfarero?
Hay aquí un cierto tono de amenaza por parte de Dios. El artesano puede destruir su obra y comenzar otra. De igual modo, si Israel, no se deja modelar según el proyecto de Dios, Dios realizará su proyecto de todos modos pero con otros pueblos.
Con frecuencia aparecerá ese tema en boca de Jesús: los invitados que ocupan los puestos de los que no eran dignos de ellos, los trabajadores de la viña a quienes ésta les es retirada para confiarla a otros.
-Como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano.
Que se tome la imagen positiva o negativa, nos conviene quedarnos con este último pensamiento: «estoy en manos de Dios»... Dios quiere hacer algo de mí... si me dejo modelar, hará algo bueno de mí.
Esta imagen del alfarero es un tema frecuente en la Escritura.
Desde el Génesis (2, 7) Dios formaba a Adán con barro. Isaías (29, 16) insistía en la dependencia absoluta del hombre con respecto a su creador. San Pablo dirá también: «¿no es el alfarero dueño de su arcilla?» (Romanos 9, 21) Esta imagen muestra la iniciativa absoluta de Dios.
Señor, ¿acepto libremente estar «en tus manos»? Modélame según tu agrado.
Concédeme ser cada día más dócil a los impulsos de tus dedos divinos. Termina en mí tu creación.
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 4
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑOS PARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág. 206 s.
3.- Mt 13, 47-53
3-1.
-Se parece también el reino de Dios a la red que echan en el mar...
Jesús habla a marineros de las orillas del lago de Tiberíades.
Se dirige a ellos partiendo de sus faenas de pesca.
Ayúdanos, Señor, a estar también cerca de la vida de cada día, para saber expresar las maravillas de la Fe con las mismas palabras y experiencias de aquellos con los que quisiéramos compartirla.
La "red que se echa en el mar" era, para ti, Jesús, reveladora del misterio del Reino... Los objetos familiares de tu época, eran, para ti transparentes, portadores de significaciones profundas.
Yo también podría hacer oración partiendo de los "objetos familiares" que utilizo: el reino de Dios se parece a...
-Y recoge toda clase de peces...
Buenos y malos juntos. Útiles e inútiles.
Lo mismo que en la parábola de la cizaña y el trigo mezclados.
Tú te propones decirnos, Señor, que dejas a los hombres todos, "un tiempo para convertirse".
Tú nos revelas un rasgo dominante de tu personalidad, que a la vez revela un rasgo dominante de Dios: Eres bueno, indulgente. No has querido hacer una Iglesia de "puros", de perfectos. Hay "toda clase" de gentes en tu Reino, que esperan la plenitud perfecta del Fin de los tiempos.
Me soportas, a mí el primero. Estoy muy lejos del ideal que llevo en mi interior y que deseas para mí. Ayúdame a soportarme a mí mismo. Esto me ayudará a saber soportar a los demás. Te ruego, Señor, por todos los que, en la Iglesia, son pesos pesados. Hay que haber visto una red salir del mar, con todas las suciedades que contiene. No es nada hermoso. Así es el Reino, por ahora.
-Cuando está llena, los pescadores la arrastran a la orilla, se sientan, recogen los buenos en cestos y tiran los malos.
Hoy la mirada del hombre no es suficientemente clara para hacer este discernimiento. Esta selección definitiva es asunto de Dios, no nuestro.
-Lo mismo sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos...
Sí, un día tendrá lugar esta gran selección.
Ahora es el tiempo de la paciencia de Dios.
En tu mente, Jesús, el Reino es una realidad que va creciendo en el tiempo, que se purifica poco a poco. Dejas que los hombres caminen lentamente, hasta el día en que la gran red divina será del todo limpia.
Visión realista de la Historia. Visión optimista a fin de cuentas. Pero visión seria, sin embargo, y que contiene una advertencia.
-Y los arrojarán al horno encendido. Allí sera el llanto y el apretar de dientes.
Tu bondad, Señor, no es debilidad ni dejadez.
No tenemos derecho a suprimir esas frases terribles del evangelio... incluso si conviene no tomarlas en su sentido material. Ciertamente significan algo. No se le han escapado a Jesús: son imágenes estereotipadas que se usaban tal cual en el lenguaje corriente de la época, y que Mateo relata seis veces (8, 12; 13, 42; 13, 50; 22, 13; 24, 51; 25, 50).
Como el resto de la parábola, son símbolos, imágenes muy evocadoras. Mediante este rigor, Jesús quiere despertar nuestras conciencias. No hay ningún sadismo en esto, ni ninguna venganza, es el amor de una persona clarividente que quiere hacernos comprender la gravedad de lo que está en juego.
Cuando el cirujano introduce el bisturí en una inflamación purulenta, no es cruel, quiere salvar al enfermo.
Haz, Señor, que yo trabaje en esa salvación.
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 2
EVANG. DE PENTECOSTES A ADVIENTO
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 98 s.
3-2.
1. (Año I) Éxodo 40,16-21.34-38
a) Hoy terminamos la lectura del Libro del Éxodo. Y lo hacemos con una perspectiva esperanzadora: Dios está cercano a su pueblo, le acompaña en su camino a través del desierto.
Moisés manda construir lo que aquí se llama «el santuario», que no es todavía el Templo, naturalmente, aunque el lenguaje parece como si quisiera adelantar sus características. Esta tienda, a veces envuelta en una nube misteriosa, será el punto de referencia continuo de la presencia de Dios a su pueblo. Contiene el arca de la alianza, con el documento en que constan las cláusulas de la Alianza.
Pero es una tienda desmontable y peregrina. Cuando el pueblo levantaba el campamento para recorrer una etapa más de su marcha por el desierto, hacia la tierra prometida, Dios también caminaba con ellos, manifestando su presencia por medio de una nube, de día, y una columna de fuego, de noche.
b) La Iglesia de Cristo también es un pueblo peregrino, en marcha. En este camino, nos sentimos acompañados por Dios. El nos ha enviado a su Hijo, el Dios-con-nosotros, que ha «plantado su tienda entre nosotros».
Pensando en la Iglesia a la que pertenecemos, podemos hacer nuestro el Salmo 83: «qué deseables son tus moradas, Señor... dichosos los que viven en tu casa... dichosos los que encuentran en ti su fuerza: caminan de baluarte en baluarte».
Somos pueblo nómada. Pero siempre camina a nuestro lado el Dios de la Alianza, el Dios de Jesús. Jesús mismo. En la Iglesia-comunidad, a la que Pablo llama «la casa de Dios» (l Tm 3, 15) y, de modo particular, en la Eucaristía, el sacramento más entrañable de la cercanía del Señor Resucitado, en el que él mismo en persona se nos da, como alimento para el camino. Y no sólo durante la celebración, sino a lo largo de la jornada, con su presencia eucarística prolongada en el sagrario de nuestras iglesias y capillas.
¿Nos sentimos de verdad y siempre acompañados en nuestro camino?
1. (Año II) Jeremías 18,1-6
a) Otro gesto simbólico. Después del cinturón de lino, que leíamos anteayer, ahora Jeremías expresa su mensaje al pueblo con la «parábola en acción» de su visita al taller de un alfarero.
El alfarero, al moldear una vasija con barro, si no le sale como quería, vuelve a utilizar el mismo barro para otra que le salga mejor. La intención simbólica podría ser doble:
- o se está diciendo a Israel que no juegue con Dios, porque podría muy bien elegirse otro pueblo que le responda mejor (algo parecido a la parábola de los viñadores infieles de Jesús, que anuncia que Dios pasará su Reino a otros mejores),
- o se está acentuando que Dios tiene paciencia, como el alfarero, y si no le sale la forma que quería, vuelve a probar de nuevo con la misma arcilla.
El salmo parece interpretar la página con esperanza: «alaba, alma mía, al Señor... dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob, el que espera en el Señor su Dios».
b) Todos somos, en manos de Dios, como el barro o la arcilla en las del alfarero. Nos trata personalmente, uno a uno. Somos originales, irrepetibles, sin clonación alguna. Pero ¿nos dejamos moldear según la imagen que él quiere, o le defraudamos?
Adán, según el Génesis, fue formado del barro de la tierra. Es una imagen antigua, por tanto, que expresa bien cómo dependemos de Dios, cómo deberíamos ser dóciles en sus manos de Artista supremo, disponibles a lo que él quiera: y ya sabemos que lo que quiere de cada uno de nosotros es una imagen de su Hijo. La lástima es que nos podemos resistir.
Pablo usaba el mismo lenguaje: «¿acaso la pieza de barro dirá a quien la moldeó: por qué me hiciste así? ¿o es que el alfarero no es dueño de hacer de una misma masa unas vasijas para usos nobles y otras no?» (Rm 9,20?)
Los santos son las «figuras» que mejor le han salido a Dios: como para exponerlas en un museo a la vista de todos. Empezando por María de Nazaret, la madre de su Hijo, la obra maestra de este taller divino de alfarería. Mientras que nosotros, tal vez, no le damos demasiadas satisfacciones y defraudamos al Alfarero, porque no nos dejamos moldear por sus manos.
Otro profeta, Isaías, usaba la misma comparación y nos sugería una oración humilde para que Dios no pierda la paciencia con nosotros: «Señor, tú eres nuestro Padre, nosotros somos el barro, y tú eres el alfarero: todos somos obra de tus manos. No te irrites, oh Dios, demasiado, ni para siempre recuerdes la culpa» (Is 64,7-8).
Además, podríamos aprender la paciencia del alfarero cuando, en las obras que llevamos entre manos, algo nos sale mal. No se trata de romper, sino de volver a empezar.
Como hace Dios con nosotros, año tras año. Respetando los ritmos de las personas, y buscando su bien, no nuestra satisfacción.
2. Mateo 13,47-53
a) La de hoy es la última parábola de la serie, y resulta muy parecida a la de la cizaña.
Esta vez, la imagen está tomada, no del trabajo del campo, sino de la pesca en el lago.
Jesús compara su Reino -por tanto, su Iglesia- a una red que los pescadores recogen con peces buenos y malos, y la llevan a la orilla tal como está, sin preocuparse, de momento, de separarlos. Eso ya vendrá después, cuando llegue la hora de separar los buenos y los malos, el día de la selección, al igual que el día de la siega para separar la cizaña y el trigo.
b) De nuevo parece como si se nos quisiera disuadir de la idea de una Iglesia pura. Por el Bautismo hemos entrado en la comunidad de Jesús muchas personas. Pero no tenemos que creer que es comunidad de perfectos, sino también de pecadores.
El mismo Jesús trata con los pecadores, les dirige su palabra, les da tiempo, les invita, no les obliga a la conversión o a seguirle. También ahora en su Iglesia coexisten trigo y cizaña, peces buenos y malos. Es una comunidad universal. Jesús se esfuerza por decirnos que, si alguna oveja se descarría, hay que intentar recuperarla, y, cuando vuelve, la alegría de Dios es inmensa cuando logra reconducirla al redil. Y que no ha venido para los justos, sino para los pecadores. Como el médico está para los enfermos, y no para los sanos.
¿Cuál es nuestra actitud ante las personas que nos parecen débiles y pecadoras? ¿ante la situación de un mundo desorientado? ¿les damos un margen de rehabilitación? ¿o nos portamos tan drásticamente como los que querían arrancar en seguida la cizaña?
Claro que tenemos que luchar contra el mal. Pero sin imitar la presunción de los fariseos, que se tenían por los perfectos, y parecían querer excluir a todos los imperfectos o pecadores. Jesús tiene otro estilo y otro ritmo.
Ojalá, después de todas estas parábolas, podamos decir, como los oyentes de Jesús -no sabemos si con mucha razón- que sí le habían entendido. Que hemos captado la intención de cada una de ellas y nos disponemos a corregir nuestras desviaciones y ponernos en la dirección que él quiere.
«Dichosos los que encuentran en ti su fuerza» (salmo I)
«Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob, el que espera en el Señor su Dios» (salmo II)
«Al final del tiempo, los ángeles separarán a los malos de los buenos» (evangelio)
J.
ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 5
Tiempo Ordinario. Semanas 10-21
Barcelona 1997. Págs. 207-210
3-3.
Jr 18, 1-6: Barro en las manos del alfarero
Mt 13, 47-53: El Reino es como una red
Las redes de los pescadores pueden atrapar cualquier clase de peces. Así es el Reino.
Atrae por igual a gente honesta con buenos propósitos y a gente manipuladora y oportunista. Sin embargo, la lógica misma del Reino hace que unos se diferencien radicalmente de los otros.
Muchos discípulos de Jesús lo siguieron con aparente fidelidad pero ocultaban oscuros intereses. A lo largo del camino fueron manifestando sus verdaderas intenciones. Se vestían con el manto del servicio a Dios para servir a sus propias ambiciones. Jesús les anuncia la inevitable fuerza que tiene el Reino para descubrirlos y separarlos de la auténtica comunidad. Al final, Dios les servirá de lo mismo que han cultivado.
Al terminar la parábola, Jesús diferencia entre los escribas o intelectuales que se han hecho sus discípulos de otros que se han encerrado en sus doctrinas. El intelectual que se hace hijo del Reino sabe combinar lo que sabe, lo que tiene con la novedad constante que irrumpe con el Reino. Saca de sus reservas cosas nuevas y cosas antiguas. El intelectual que no se abre a la acción del Reino, se encierra en sus doctrinas para sólo sacar vejestorios inservibles. De este modo, Jesús acoge entre sus discípulos a los que están dispuestos a poner al servicio del pueblo y del Reino lo que saben. Aquellos hábiles y creativos que combinan su ciencia con la novedad que irrumpe en la vida del Pueblo de Dios.
Servicio Bíblico Latinoamericano
3-4.
Ex 40, 16-19.32-36: Todo quedó lleno de la gloria de Dios
Sal 83
Lc 10, 38-42: Una sola cosa es necesaria
Por supuesto, si uno supiera que era Jesús el que estaba llamando a la puerta de su casa, claro está que le acogería. Éste es posiblemente el comentario que sale desde dentro de nuestro corazón al escuchar la historia de Marta. Acoger al Señor en nuestra vida es nuestro más hondo deseo como cristianos. Todo un privilegio el que tuvo Marta. Si se nos apareciese, por supuesto que le conoceríamos. Tantas imágenes como hemos visto en las iglesias y en las estampas. El Señor en esas imágenes,suele tener la cabeza rodeada de un halo de luz. Y se le conoce por su majestad. Pero nos decimos que hoy eso ya no es posible.
Sin embargo, el Señor sigue andando por nuestras calles, cansado del camino y cubierto de polvo, sin halo de luz rodeando su cabeza y con apariencia de total normalidad. Un hombre más. Hoy sigue necesitando que le acojamos en la persona de todos los pobres y necesitados de nuestro mundo. Si abrimos los ojos, veremos al mismo Jesús presente en cada uno de ellos. No dejemos pasar la oportunidad como no la dejó pasar Marta.
SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO
3-5. claretianos 2002
En este mes se cierran muchas cosas en mi país: tiendas, oficinas, negocios. ¡Es el mes de las vacaciones! Sin embargo, Ciudad Redonda sigue siendo una ciudad abierta. No colgamos el cartel de "Cerrado por vacaciones". Este Rincón de la Palabra quiere ser una zona fresca para que podáis disfrutar de la Palabra de Dios allí donde os encontréis.
Terminamos ayer el mes de julio con la memoria de un hombre de horizontes anchos: Ignacio de Loyola. Comenzamos hoy el mes de agosto evocando a otro santo: San Alfonso María de Ligorio.
El evangelio nos ofrece una nueva parábola del capítulo 13 de Mateo. Es la parábola de la "red barredera". Su mensaje es muy parecido al de la siega del trigo y de la cizaña. Mateo acentúa otra vez el juicio que tendrá lugar al final.
Quisiera detenerme hoy en esa comparación que Jesús establece entre el escriba que entiende del reino de los cielos y el padre de familia que "va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo". No olvidemos que Mateo escribe para cristianos provenientes del judaísmo. Por esa razón tiene mucho interés en relacionar "lo viejo" (la promesa) y "lo nuevo" (el cumplimiento). La predicación de Jesús no se desconectas del caminar del viejo pueblo. Es, más bien, su culminación.
No quisiera terminar sin invitaros a reír un poco.
Es una buena manera de comenzar este mes de vacaciones.
Gonzalo Fernández , cmf (gonzalo@claret.org)
3-6. 2001
COMENTARIO 1
vv. 47-48: Se parece también el reino de Dios a la red que echan en el mar y
recoge toda clase de peces: 48cuando está llena, la arrastran a la orilla, se
sientan, reúnen los buenos en cestos y tiran los malos.
La última parábola lleva también su explicación. El contenido coincide con la
del trigo y la cizaña. La oposición de «buenos» y «malos» corresponde a la de
los árboles buenos y malos de 7,15-19 (cf. 12,33); los malos son los falsos
profetas, los lobos con piel de oveja, los que siguen a Jesús sólo en la
apariencia, pero persiguen objetivos inconfesables.
En la explicación son llamados «los malos/malvados», siempre en relación con
«el Malo».
vv. 49-50: Lo mismo sucederá al fin de esta edad: saldrán los ángeles, separarán
a los malos de los buenos 50y los arrojarán al horno encendido. Allí será el
llanto y el rechinar de dientes.
El destino de los malos es también el fuego destructor (50; cf. 13,42). La
frustración definitiva del hombre («llanto y rechinar de dientes») es perder la
vida para siempre.
La parábola propone a los discípulos la suerte final, para orientarlos en la
decisión presente. Los únicos que llegan a la vida son los que producen fruto.
vv. 51-53: ¿Habéis entendido todo esto? Contestaron ellos: Sí. 52Él les dijo: De
modo que todo letrado instruido en el reino de Dios se parece al dueño de casa
que saca de su arcón cosas nuevas y antiguas. 53Cuando acabó estas parábolas se
marchó Jesús de allí.
Termina la instrucción a los discípulos en privado. Vuelve el tema del
«entender» que ha dado el tono de todo el capítulo (13,13.14.15.19.23.51).
Recibido el conocimiento, han de exponerlo a los demás.
Mt establece una oposición entre los «letrados» cristianos y los de Israel.
Estos tenían detrás una inmensa tradición interpretativa que pretendía no
salirse de los límites de lo antiguo. El letrado que ha comprendido el secreto
del reino ya no depende de su antigua tradición, sino que en él «lo nuevo» tiene
el primer lugar; «lo antiguo» está subordinado a lo nuevo. No se basa en primer
lugar en lo que han dicho o hecho Moisés o los Profetas, sino que comienza con
el mensaje de Jesús. Este es la clave de lectura de todo el AT.
El modelo de este letrado es el mismo evangelista.
COMENTARIO 2
La parábola de la red sólo la encontramos en el evangelio de Mateo y debería
estar ubicada a continuación de la parábola de la cizaña o, mejor aún, después
de su explicación, para seguir con el mismo pensamiento, cuyo tema principal es
la oposición de los justos y de los malos, el horno encendido, los llantos y el
rechinar de dientes, que encontramos en la parábola anterior (vv. 42 y 50).
Sorprende que, a pesar de tantas expresiones idénticas a la parábola de la
cizaña, la parábola de la red sea tan original y pueda expresar de forma tan
nueva la idea que domina todo el capitulo 13: por el momento, buenos y malos
están mezclados, pero vendrá el juicio que los separará.
La parábola de la red tiene dos temas muy interesantes: por una parte, está
ausente la idea de crecimiento, dominante y difícil de entender en el sembrador,
la levadura y la cizaña y su explicación. Los peces son recogidos inmediatamente
y no es menor la rapidez con que se saca a tierra la red. Por otra parte, la
idea del campo, común a las parábolas precedentes, cede el puesto a la de la
red. La red, como el campo, contiene "sujetos" buenos y malos; pero la imagen de
la red es mucho más dinámica; la red esta en movimiento y saca los peces del
mar. Si la red corresponde exactamente al campo, representa al mundo; pero si es
algo distinto del campo, podría representar el Reino de Dios que anclado en el
mar del mundo contendrá buenos y malos hasta el día en que sacada a la orilla,
se proceda a seleccionar su contenido. No es de extrañar que la imagen de la red
se haya usado para elaborar algunos contenidos eclesiológicos más ricos y, con
frecuencia, más contradictorios que los efectuados a propósito de la imagen del
campo; tanto más que los numerosos textos evangélicos sobre la pesca y los
pescadores venían a nutrir esta interpretación más o menos alegórica. Notemos,
sin embargo que esta parábola no hace ninguna mención expresa de los pescadores;
que se presenta como una parábola del reino de los cielos, no de la Iglesia.
1. J. Mateos-F. Camacho, El evangelio de Mateo. Lectura comentada, Ediciones Cristiandad, Madrid
2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
3-7. 2002
Podemos constatar en este pasaje la presencia de
dos elementos claramente diversos: una parábola (vv. 47-50) y la conclusión de
todo el discurso parabólico (vv. 51-52).
La parábola retoma datos presentes en la introducción al discurso (13,1-3a) y en
el final de la explicación de la parábola de la cizaña (vv. 41-43). Como en la
introducción se encuentra la mención del mar, de la orilla y de personas que se
sientan, como en la explicación mencionada se habla del “horno encendido”. Con
esta expresión se alude a Mal 3,19, que presenta el Juicio como superación del
escándalo de la presencia de los impíos dentro del pueblo de Israel. Por tanto,
todas las referencias apuntan a describir una realidad última representada por
una red que recoge “toda clase de cosas” hasta que está “llena” o mejor
“cumplida” ya que el evangelista usa el mismo verbo que utiliza para el
cumplimiento de las profecías en Cristo.
De esa forma se nos coloca ante la realidad del Juicio final, “el fin del
mundo”, que en la mente del autor está ya históricamente presente en la obra
terrestre del Cristo. En ésta ha comenzado un discernimiento entre justos y
malvados. Cada hombre ante Cristo se revela a sí mismo y, por consiguiente, debe
tomar en serio el mensaje del Reino si no quiere quedar excluido de él. Dicha
exclusión significaría la autodestrucción que el evangelista subraya con la
expresión “allí será el llanto y el rechinar de dientes”, repetidamente presente
en la obra de Mateo (8,12; 13,42; 22,13; 24,51; 25,30).
En la conclusión del discurso se retoman todos los datos de éste por medio de
una pregunta: ¿Han entendido todo esto (“estas cosas”)? Se trata de la
comprensión de las parábolas y, aún más, de Jesús que habla en parábolas. Ante
la respuesta afirmativa de los discípulos explicita las exigencias necesarias de
la comprensión auténtica por medio de otra comparación.
En ésta se describe la condición del letrado cristiano. A diferencia de los
demás letrados se exige de él una conversión al discipulado. Esta elección lo
lleva a compartir la enseñanza recibida con otros, transmitir a otros lo que se
ha recibido a semejanza de un “dueño de casa”. El letrado que hasta el momento
del encuentro de Jesús ha sido especialista de la Ley, de la Escritura,
descubre, encontrando a Jesús, que debe renovar todas sus concepciones
anteriores. En Él debe saber descubrir toda su novedad y desde esta novedad
puede dar el verdadero sentido, el del cumplimiento, a lo viejo.
La breve noticia de 13,53 reproduce más o menos exactamente la fórmula final de
todos discursos de Mateo (7,29; 11,1; 19,1; 26,1).
El pasaje por tanto nos invita a hacer un recorrido. Descubrir en Jesús la
plenitud del cumplimiento ante el cual se nos revela el sentido de la existencia
propia. En Jesús la red se ha llenado y ha comenzado el tiempo de la selección
de lo recolectado. Los que han sido capaces de entender el acontecimiento están
obligados a transmitir este sentido a los demás y, de esa forma, renovar la
propia enseñanza al contacto con la enseñanza de Jesús. Sólo desde esta última
la Escritura antigua adquiere su sentido verdadero y auténtico.
Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
3-8. DOMINICOS 2003
Palabras al espíritu
Libro del Éxodo 40, 14-19.32-36: preparación de habitáculo para el tabernáculo.
“En aquellos días, Moisés hizo todo ajustándose a lo que el Señor le había
ordenado.
El día uno del mes primero del segundo año fue construido el santuario. Moisés
construyó el santuario, colocó las basas..., plantó las columnas..., montó la
tienda sobre el santuario y puso la cubierta sobre la tienda... Luego colocó el
documento de la alianza en el arca, sujetó al arca los varales y la cubrió con
la placa... Entonces la nube cubrió la tienda del encuentro y la gloria del
Señor llenó el santuario...”
En la historia de Israel, que se desarrolla bajo una mano providencial del
Señor, el templo o santuario ocupa un lugar de absoluta preferencia. En él están
presentes el arca de la alianza, la alianza y el mismo dador de la alianza, es
decir, Dios, su pueblo y su culto.
Evangelio según san Mateo 13, 47-53:
“En aquel tiempo Jesús prosiguió hablando en parábolas y dijo a la gente: El
Reino de los cielos se parece también a la red que echan los pescadores en el
mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, la arrastran a la orilla;
allí se sientan, depositan a los buenos en cestos, y a los demás los tiran. Lo
mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos
de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y rechinar
de dientes. Entended bien todo esto...”
Momento de reflexión
El arca, la tienda y la nube .
La providencia de Dios sobre los israelitas aparece de forma especial en el
diálogo místico que se establece entre estos elementos: el templo-arca, la nube
que cubre el templo, y su movilidad, según que el Señor pida u ordene que pueblo
y campamento se levanten.
Esto es una forma muy gráfica de expresar un gran valor religioso que nosotros
hemos hemos aprender a leerlo en los signos de los tiempos: que Dios está con
nosotros, y que nos espera y habla principalmente en momentos de encuentro
espiritual oracional o de caridad.
Si nosotros llevamos en el corazón el amor, la tienda, la amistad y la oración,
entenderemos el misterio de la vida en Dios. De lo contrario, nada entenderemos.
El lenguaje de las parábolas: red y peces buenos o malos.
El Reino de Dios, dice el Evangelio, se parece a una red, llena de peces buenos
y malos. ¿Significa esto que el Reino de Dios tiene que estar siempre ‘colmado
de peces’ (personas) sean de una u otra condición moral? Al menos, los invitados
serán incontables, pues Dios nos atrae a todos a su casa y a su mesa cuando nos
invita a la conversión, y lo hace manteniendo la esperanza de que le seremos
cada día más fieles en el amor.
Lo infiel, dañado, envenenado, no es querido sino meramente tolerado. Nuestra
desgracia es que, a pesar de los dones y apoyos recibidos, frecuentamos mucho el
lupanar de los pecados .¿Y si , al final, somos desechados como peces
malolientes y corruptos? La misericordia del Señor nos acompañe siempre.
¡Que no lleguemos a ese trance final con el corazón y las manos manchadas!
Que imitemos a Ignacio de Loyola en todo su itinerario de transformación en fiel
soldado de Cristo, para gloria de Dios.
Que hagamos, como los discípulos de Ignacio, una excelente preparación de ánimo
para testificar en cualquier lugar y situación del mundo que todo lo ofrecemos
en servicio al reino de Dios
3-9. Jueves 31 de julio de 2003
Ex 40, 14-19.32-36:La nube y la gloria del Señor
Salmo responsorial: 83, 3-6.8.11
Mt 13, 47-53 : El Reino se parece a una red barredera
No todos los que aceptan el Reino son dignos de
él.
La invitación a formar parte del Reino es para todos. En la red de pesca entran
libremente todos los peces que quieran; igualmente, en principio, todos los
hombres y mujeres están en capacidad de aceptar la propuesta de Jesús, pero cada
uno entra o se excluye libremente. La primera selección depende de la libertad
humana. No todos los que aceptan pertenecer al Reino son dignos de él, porque no
cumplen con los requisitos o las exigencias. Se necesita entonces una segunda
selección que debe hacer Dios, ya que es El quien hace la invitación y quien
coloca las exigencias. Una vez que la red está llena de peces es necesario
traerla a la orilla: esto significa soportar, cargar, sobrellevar, tolerar hasta
que llegue el momento oportuno para la selección.
Si no hay una verdadera intención de cambiar, de nada nos sirve decir que
aceptamos las enseñanzas de Jesús. Hay muchos hombres y mujeres que han aceptado
la propuesta de Jesús, el hecho de vivir una fe común y tener que caminar con
los demás nos ayuda a volvernos más tolerantes, a tener paciencia para no echar
a perder a aquellos que no llevan nuestro propio ritmo. Tener una misma fe no
significa que debamos vivir un mismo estilo de vida: en la red quedaron
atrapados toda clase de peces cada uno con sus diferencias individuales, y
aunque estaban en la misma red, se hizo necesaria una última selección. La vida
cristiana no es de uniformidad sino de unidad en la diversidad.
También coloca Jesús la comparación del escriba que se ha hecho discípulo del
Reino de los Cielos que es como el dueño de la casa que sabe aprovechar lo nuevo
y lo viejo. Tenemos la tentación de rechazar lo viejo porque es viejo y de
aceptar lo novedoso. La sabiduría está precisamente en saber aprovechar todo
aquello que nos ayude a nuestro crecimiento interior, sea que lo encontremos en
lo antiguo o en lo nuevo, lo que debemos evitar son los absolutismos que nos
hacen demasiado daño y nos vuelven intolerantes.
SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO
3-10. ACI DIGITAL 2003
47. La red es la Iglesia visible con sus apóstoles
encargados de reunir en uno a los hijos de Dios (Juan 11, 52), pescando en el
mar que es el mundo. En esta parábola nos muestra Cristo, como en la del
banquete (22, 8 - 14), la existencia de buenos y malos dentro de esa Iglesia,
hasta el día en que los ángeles hagan la separación y Jesús, celebrando sus
Bodas con el Cuerpo místico, arroje del festín a los que no tenían el traje
nupcial.
49. Santo Tomás dice que es de notar que Jesús expone la parábola sólo en cuanto
a los malos, y luego observa que esos malos están entre los buenos como está la
cizaña en medio del trigo (y la levadura en medio de la masa), tratándose por
tanto aquí de los que no están separados de la Iglesia por diversidad de dogmas
sino de los que hacen profesión de pertenecer a ella. Vemos así que no es ésta
una repetición de la parábola de la cizaña, pues allí el campo no es la Iglesia
sino todo el mundo (v. 38), mientras que aquí la red de pescar se refiere a la
Iglesia apostólica formada por aquellos que "echaban la red en el mar, pues eran
pescadores" (4, 18), y a quienes Jesús hizo "pescadores de hombres" (ibid. 19).
51. ¿Habéis entendido todo esto? Santo Tomás muestra cómo, según Jesús, la
inteligencia de todas esas parábolas - más misteriosas de lo que parecen - es
necesaria para "todo escriba que ha llegado a ser discípulo del Reino" (v. 52;
cf. vv. 19 y 23 y notas; Marc. 4, 13). De esa manera será semejante al Dueño de
casa, que es el mismo Jesús, a quien deben parecerse sus discípulos (10, 23) y
el cual saca de su tesoro (v. 52) eternas verdades del Antiguo Testamento y
misterios nuevos que El vino a revelar, tanto sobre su venida a predicar el "año
de la reconciliación", cuanto sobre su retorno en el "día de la venganza" (Luc.
4, 17 - 21; Is. 61, 1 s.). El mismo Jesús confirma esto en Luc. 24, 44. Por
donde, dice San Agustín, debéis entender de modo que las cosas que se leen en el
A. T. sepáis exponerlas a la luz del Nuevo. Vemos, pues, aquí el conocimiento
que el cristiano y principalmente el apóstol han de tener de todos los misterios
revelados por Cristo y que se refieren tanto a sus padecimientos cuanto a su
futuro triunfo (I Pedr. 1, 11).