MIÉRCOLES DE LA SEMANA 17ª DEL TIEMPO ORDINARIO

 

1.- Ex 34, 29-35

1-1. ORA/MOISES:

-Cuando bajó Moisés de la montaña del Sinaí, con las dos tablas de la Ley en sus manos, no sabía que su rostro «irradiaba» luz por haber estado hablando con el Señor. Vivir con Dios, de modo más explícito, durante un tiempo prolongado, no puede dejar de transformar a un hombre.

Moisés acaba de pasar cuarenta días de «retiro», solo, allá arriba, en la desnudez de una cueva, con hambre y ayuno, con Dios como único interlocutor... en medio de rocas, en el aire vivificante de las cimas y al sol que quema. Esta experiencia deja forzosamente unas huellas: la piel quemada. ¡Su rostro «irradiaba» luz! Hay que procurar imaginarse a ese hombre que baja entre las rocas para volver a sus hermanos.

Porque después de la oración y del retiro es preciso volver a la vida corriente y reemprender los trabajos, los contactos humanos y las responsabilidades.

-Moisés los llama. Aaron y todos los jefes de la comunidad se le acercan y les dirige la palabra. Luego se acercan todos los hijos de Israel y les transmite las órdenes del Señor que había recibido en la montaña.

Contemplar y transmitir.

Orar y actuar.

Moisés, «hombre de oración» y «hombre de acción». La mayoría de los grandes místicos fueron también hombres y mujeres sumamente activos. Pensemos en san Bernardo, santa Teresa de Jesús, el Padre de Foucauld.

Nos equivocamos cuando oponemos los dos tipos de vida: de hecho la oración anima y transforma la acción haciéndola más verdadera, más sólida, más perseverante... y la acción nutre la oración, haciéndola más realista...

Según mi tipo de vida, según mi temperamento me siento llevado hacia tal o cual tendencia: ¿he de buscar quizá el equilibrio? ¿He de decidirme a un mayor compromiso? ¿Decidirme a disminuir mis compromisos en beneficio de la oración? Moisés el «libertador»... el «santo»...

Se discute mucho HOY sobre la dimensión «política» de la Fe. En su sentido noble, la política, es todo lo que se refiere a la organización de los hombres en sociedad, es establecer las estructuras de las relaciones humanas en las ciudades, en los grupos que han de vivir juntos.

¿Cómo podría la fe permanecer extraña a ese dominio esencial? El Éxodo nos proporciona un ejemplo significativo: el amor de Dios suscita un pueblo que se organiza, que se libera, que se unifica. Moisés es un «líder», un jefe político suscitado por Dios. Pero también ¡qué interioridad, la suya!

En efecto, Dios es un poder colectivo de liberación y de unión. Esta revelación del Éxodo nos desconcierta, a veces, porque estamos habituados a una predicación «espiritual» e «individual». Hemos de redescubrir la síntesis que logró Moisés: Dios, el primero en ser servido, pero Dios servido en nuestros hermanos. El evangelio no nos dirá otra cosa.

-Cuando acabó de hablarles, Moisés se puso un velo sobre el rostro. Siempre que se presentaba ante el Señor para conversar con El se quitaba el velo hasta que salía de la Tienda de Reunión... Se ponía de nuevo el velo hasta que volvía a hablar con el Señor...

Un ritmo vital, el ritmo del corazón: «diástole», la sangre va al corazón... «sístole», la sangre va de nuevo al cuerpo... Emplear un tiempo con Dios... Emplear un tiempo con el mundo... ¿Qué significado atribuimos al «velo» con el cual Moisés se cubre el rostro?

¡Delante de Dios se presenta «a cara descubierta»! Delante de los hombres, ¡permanece «velado».

NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 5
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑO IMPARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 204 s.


2.- Jr 15, 10.16-21

2-1. SILENCIO-D/Jr:

Al separar así la primera "confesión" de Jeremías, el leccionario se conforma a las exigencias de la exégesis. En efecto, esta considera los vv. 11-12 como una dittografia, y los vv. 13-14 como un doblete de Jer 7, 3-4. Se podría añadir que el v. 21 parece una glosa tardía.

El profeta es, en Israel, el primer hombre que se atreve a interpelar y a pedir cuentas a Dios. Ha puesto su vida al servicio de la Palabra para que el pueblo se convierta y no encuentra en derredor de él más que una jauría de acusadores que le miran con desprecio (v. 11). Esta fidelidad le ha obligado a renunciar a muchas facilidades y compromisos (v. 17); ¿por qué Dios no recompensa mejor al que así se ha entregado totalmente a El y que vuelve a encontrarse solo por amar su palabra? (v. 16).

La duda invade el alma del profeta: ¿será Dios, acaso, un torrente de aguas inestables? (v. 18). Sólo la conversión a Dios, la confianza ciega en su misterio (vv. 19-20), pueden poner fin a ese estado de incertidumbre del profeta. Poner fin a la duda negando a Dios o rompiendo los compromisos contraídos con El no es digno del misterio de Dios; aceptar, por el contrario, vivir en la duda y tratar incansablemente de penetrar el misterio es la única posibilidad de éxito, en este aspecto, abierta al hombre.

Dios no sería Dios si al hombre no le estuviera permitido dudar de El.

MAERTENS-FRISQUE
NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA VI
MAROVA MADRID 1969.Pág. 205


2-2.

-¡Ay de mí, madre mía, porque me diste a luz, como hombre debatido y discutido por todo el país. Ni les debo ni me deben, pero todos me maldicen!

En su ministerio de profeta esa fue una crisis grave que obligó a Jeremías a reasumir su vocación purificándola.

Por su comprometerse al servicio de Dios se atrae enemigos, él, el manso por excelencia, ha de estar amenazando continuamente.

-Cuando tus palabras venían a mí, Señor, ¡las devoraba! Tu palabra era mi gozo, la delicia de mi corazón.

Fórmulas de belleza recia y fuerte.

Palabras que «vienen»... Una «avidez» que devora...

¿Veo yo "venir" a mí las palabras de Dios? ¿Tengo hambre de ellas?

-Bajo el peso de tu mano me mantuve apartado... No me senté en el círculo de los que, entre risas, se burlaban...

Los «burlones» son los ricos orgullosos, los supersuficientes, esta categoría que existe en todas las latitudes y en todo tiempo. Pascal llamaba «libertinos» a los que se ríen de todo y no piensan más que en «divertirse». Es una categoría especialmente maldita por los salmos (Salmo 1,1; 108, 25; 122, 4), los escritos sapienciales (Proverbios 3, 34; 24, 9; 21, 11) y por el evangelio: una vez más vemos a Jesús como el cumplimiento de toda una tradición... «Ay de vosotros, los que ahora reís...» (Lc 6,25).

Hay que tomarse la vida en serio. Hay que tomarse a Dios en serio. Hay que tomarse el sufrimiento, la pobreza, de los demás, en serio ¡sobre todo cuando uno está ahíto!

-¿Por qué es perpetuo mi penar y mi herida irremediable, rebelde a la medicina? ¿Has sido para mí como un espejismo, como aguas no verdaderas? Encontramos de nuevo la audacia extraordinaria de la oración de Jeremías.

FE/DUDA: Una oración interrogativa: ¿Por qué, Señor...? ¿Cómo puede ser? Es una forma de oración muy verdadera que reproducen algunos cantos actuales: "Tú la fuente de aguas vivas, ¿cómo eres también la sed que nada apaga?" ¿Serías Tú una fuente engañosa, un agua no potable que daña? Esas frases, que podrían ser blasfemias, pueden también llegar a ser el punto de partida de una nueva relación con Dios, más verdadera, más purificada. La «noche oscura», para los místicos, es el punto de partida del «encuentro» más perfecto. La duda puede llegar a ser la cara oscura de la fidelidad, de la búsqueda que continúa: pues habría una manera de no dudar que seria negar a Dios y no hacerle más preguntas, actuar como si no existiese... o bien suprimir la duda de un modo ficticio, cerrando los ojos a las preguntas.

Señor, ayúdanos a vivir con la duda, como un aguijón que nos empuja a seguir buscándote.

-Entonces el Señor habló así: «Si vuelves, y si te hago volver».

ESFUERZO/GRACIA: ¡Oh pensamiento admirable! que expresa perfectamente la cooperación de Dios y del hombre, en la conversión... la unión de la gracia y de la libertad. Jeremías usará muchas otras veces esta fórmula tan equilibrada. (Jeremías 17, 14 y 20, 7)

Señor, nada puedo sin Ti. Y me dices también que sin mí tampoco Tú puedes nada. Ayúdame, Señor, a poner mi parte con lealtad. Hazme suficientemente flexible para acoger la tuya.

NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 4
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑOS PARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág. 204 s.


2-3. /Jr/15/10-21

Nos encontramos nuevamente ante una profunda crisis de Jeremías, expresada también en forma de confesión. Prescindiendo de los vv 12-14, que están fuera de contexto, el esquema de esta confesión es el siguiente. Hay una parte en la que habla Jeremías (10-18) y una respuesta de Yahvé (19-21). El profeta empieza reprochando a su madre que lo haya traído al mundo y, con ello, haya hecho posible su vocación por Yahvé. Es un grito lleno de amargura y de desesperación. Luego se dirige al propio Yahvé. Le presenta sus méritos: Jeremías tiene conciencia de que ha cumplido bien su misión, ha suplicado en favor de sus enemigos, ha soportado ultrajes por Yahvé, ha respetado y apreciado su palabra, se ha cerrado muchas posibilidades de convivencia a causa del duro mensaje que ha tenido que anunciar. La duda se apodera del corazón del profeta, que entra en crisis: le parece que Yahvé ha dejado de ser el fundamento de su vida y de su misión, se siente débil y a punto de caer. En este momento llega la respuesta de Yahvé. Es una confirmación en su vocación (cf. Jr 1), pero con un nuevo elemento. El profeta sigue llamado a ser la boca de Dios, pero debe asumir y superar activamente las dificultades, ha de estar dispuesto a no desfallecer, a pesar de la incomprensión y la persecución. Yahvé vuelve a prometerle su ayuda y su fuerza, pero exige que Jeremías dé el primer paso. Es decir, le hace ver que la vocación supone también una respuesta y una fidelidad activa. Así, pues, Jeremías siente una vez más la llamada a ser mensajero de Dios, pero sabe que las dificultades y las crisis continuarán, y que es libre para rechazar o aceptar la tarea.

Jesús es la palabra encarnada. Por medio de él, el Padre habla a sus hijos, los llama a seguir el camino del amor. Pero también Jesús sintió en su carne las dudas y desengaños, los fracasos y las crisis, las persecuciones y las violencias. Su conciencia de que ser boca de Dios significa estar dispuesto a compartir la historia y la suerte de Dios lo hace solidario con el Padre y con los hermanos. En esta solidaridad halló la fuerza para ser fiel a su deber. También el cristiano ha recibido esta vocación, también experimenta continuamente dificultades, también sabe que puede decir que no. Pero la actitud de Jesús, fiel hasta la muerte, es el incentivo que le hace vivir de acuerdo con su vocación.

R. SIVATTE
LA BIBLIA DIA A DIA
Comentario exegético a las lecturas de la Liturgia de las Horas
Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981.Pág. 166 s.


3.- Mt 13, 44-46 

3-1.

VER DOMINGO 17A 


3-2. EV/ALEGRIA 

La alegría del Evangelio es como la alegría de aquél que, habiendo encontrado un tesoro, se vuelve loco de alegría, vuelve a casa y vende todos sus bienes, incluso los malvende, para poder comprar el campo en cuestión. Los vecinos piensan que se ha vuelto loco, sospechan que quizá está siendo chantajeado por alguien y necesita dinero, o que tal vez lo haya perdido todo en una casa de juego. Pero aquel hombre sabe muy bien adónde quiere llegar, y no le importa lo que digan de él. No le impresionan las palabras ni los juicios de los demás, porque sabe que el tesoro que ha encontrado vale más que todo cuanto tenía.

También el mercader que ha encontrado la perla preciosa lo vende todo, y la gente piensa que quiere cambiar de oficio o que no está en sus cabales. Pero él sabe que, cuando tenga la perla preciosa, tendrá un bien mucho mayor que todas las demás perlas juntas y que, si quiere, podrá incluso volver a comprarlas todas.

La alegría del Evangelio es propia de aquel que, habiendo encontrado la plenitud de la vida, se ve libre, sin ataduras, desenvuelto, sin temores, sin trabas. Ahora bien, ¿creéis, acaso, que quien ha encontrado la perla preciosa va a ponerse a despreciar todas las demás? ¡Ni mucho menos! El que ha encontrado la perla preciosa se hace capaz de colocar todas las demás en una escala justa de valores, de relativizarlas, de juzgarlas en relación con la perla más hermosa. Y lo hace con extrema simplicidad, porque, al tener como piedra de comparación la perla preciosa, sabe comprender mejor el valor de todas las demás.

El que ha encontrado el tesoro no desprecia lo demás, no teme entrar en tratos con los que tienen otros tesoros, puesto que él está ahora en condiciones de atribuir a cada cosa su valor exacto.

CARLO M. MARTINI
LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO
Meditaciones para los jóvenes
Sal Terrae. Santander 1989. Pág. 43


3-3. PARABOLA/TESORO:

-Jesús hablaba en parábolas...

Jesús hablaba en "imágenes", como todos los narradores de oriente. Jesús no hablaba de modo abstracto: más que "ideas", lanzaba "sugerencias"... usaba palabras, símbolos, términos evocadores, que cada uno podía comprender, y que resonaban hasta el infinito.

No son razonamientos lógicos ni pensamientos rigurosos, lo que hay que buscar ante todo en las parábolas, sino "a la persona misma de Jesús que nos las cuenta", que las ha inventado para nosotros. Las parábolas han salido de su corazón.

-El reino de Dios se parece a un tesoro...

Un tesoro.

Sí. Un tesoro.

No hay nadie en la tierra que no pueda entender; si bien cada uno lo entienda a su manera.

Un tesoro es, para todos, algo deseable, algo codiciable.

-Un tesoro escondido en un campo...

Introducido, escondido.

En Palestina, en tiempos de Jesús no abundaban los Bancos o las cajas-fuertes para poner en seguridad los pequeños ahorros de una familia: se enterraban las monedas en algún lugar secreto; y solía pasar que el propietario del tesoro moría sin haber confiado a nadie el lugar del escondite.

-La persona que lo encuentra, lo vuelve a esconder...

Vuelve a esconder el tesoro. Se cerciora de que no le han visto: ¿qué pasará?

-Y de la alegría, va a vender todo lo que tiene...

He aquí a lo que Jesús quería llegar:

A la alegría... Al desprendimiento total y gozoso, para el Reino.

¡No es la única vez que Jesús habla de "alegría"! Es un tema frecuente en su habla.

¿Cómo pronunciabas esa palabra? ¿Cuál era la expresión de tu rostro, cuando tratabas ese tema? Me gusta contemplar ese rasgo de tu persona. Tú que vivías tan íntimamente en el Reino, "vivías en la alegría". Y propones la alegría a los que descubren el Reino.

¡Vender todo lo que poseo! ¡Ah, Señor! ¡No es la única vez que Jesús se revela ser hombre de decisión radical! También esto es frecuente en El.

Me gusta contemplar ese rasgo de tu persona. ¡No fuiste hombre de términos medios! ¡Lo dabas todo! Ponías precio a las cosas, un precio alto. Y esa es la actitud que propones para toda vida cristiana.

"Pero ¡esto es una locura!"... debieron decir todos los que le vieron que vendía sus bienes.

-Y compró aquel campo.

No, no estaba loco. Los demás eran ignorantes. Lejos de ser una pérdida fue una total ganancia para él.

-Se parece también el reino de Dios a un comerciante que busca perlas finas; al encontrar una perla de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.

El Reino, no es solamente la Alegría, lo deseable, el tesoro...

Es también la "belleza", la perfección, la perla fina y no basta dar con ella al azar, cultivando su campo... Vale la pena "buscarla", como hace un coleccionista en pos de una pieza rara que falta a su colección. Nueva imagen.

¿Es así como te busco yo, Señor, ávidamente?

NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 2
EVANG. DE PENTECOSTES A ADVIENTO
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983. Pág. 96 s.


3-4.

1. (Año I) Éxodo 34,29-35

a) Cuando Moisés bajaba del Sinaí, del encuentro con Dios, tenía el rostro radiante.

El relato habla de cuándo se ponía Moisés un velo por la cara y cuándo se lo quitaba.

Por eso, en la iconografía, se le representa muchas veces con dos rayos de luz que le brotan de la frente.

El Éxodo resalta, de modo particular, que Moisés actúa de mediador, que intercede ante Dios por su pueblo y le comunica a éste la palabra de Dios. Es un hombre de Dios y un hombre del pueblo. Cercano a los dos.

Por eso el Salmo dice de él: «Moisés y Aarón con sus sacerdotes... invocaban al Señor y él respondía, Dios les hablaba desde la columna de nube».

b) ¿Nos brilla el rostro después de haber estado orando y celebrando, en la presencia de Dios?

Moisés bajó de los cuarenta días del monte -días de oración, soledad y experiencia religiosa-, y todos se lo notaron. Cuando terminamos Ejercicios espirituales o un retiro mensual o, sencillamente, nuestra celebración de la Eucaristía o de la Oración de las Horas o nuestra meditación, ¿se nos nota? No hace falta que nos brille el rostro y tengamos que cubrirnos con un velo para no deslumbrar. Lo que se nos tendría que notar en la cara es una actitud de fe en Dios, de alegría, de esperanza, de entrega gozosa al trabajo, de optimismo.

No nos quedamos en la montaña de la oración. Bajamos al valle del trabajo y la misión.

Pero lo hacemos conjugando oración y entrega, como Moisés, impregnando de oración el trabajo y llevando el compromiso misionero a nuestra oración. Personas de Dios. Personas entregadas a su trabajo. Todos mediadores, de alguna manera, entre Dios y la humanidad.

A los ministros en la comunidad Pablo nos recuerda que se nos tendría que notar la gloria de Dios, como se le veía a Moisés, y eso que su ministerio era pasajero y el nuestro, ya definitivo, porque es colaboración con Cristo Jesús (cf. 2 Co 3,7 y su comentario el jueves de la semana 10ª). Pero extiende a todos su exhortación: «todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen, cada vez más gloriosos» (2 Co 3,18).

El resplandor de Dios se llama Cristo Jesús, al que en uno de los mejores himnos, le llamamos «Luz gozosa de la santa gloria del Padre». Los que entramos en comunión con él por la oración y, sobre todo, por la Eucaristía, debemos reflejar luego, en nuestro modo de actuar en la vida, esa luz ante los demás.

1. (Año II) Jeremías 15,10.16-21

a) Aquí Jeremías no sufre por su pueblo: atraviesa una crisis personal, una agitación muy profunda, que hace tambalear su fe y su fidelidad vocacional.

Tantos pleitos y persecuciones, tantas burlas y maldiciones hacia su persona, y tener que anunciar tantas desgracias a su pueblo -él, que es una persona pacifica, mucho más inclinada a la dulzura que a la violencia-, le han ido llenando de dudas y hasta de amargura.

Ha «devorado» la palabra que Dios le dirigía, ha adoptado un estilo de vida exigente y ha anunciado con valentía ante el pueblo lo que Dios ponía en sus labios. Pero todo, en medio de la soledad y la incomprensión.

Jeremías llega a dudar de Dios: «te me has vuelto arroyo engañoso, de aguas inconstantes». Pero Dios no está lejos. Le dirige su palabra, una vez más y le anima a seguir: «lucharán contra ti y no te podrán, porque yo estoy contigo».

b) La página de hoy es estremecedora, para Jeremías y tal vez para nosotros, en algún momento de nuestra vida.

Él se queja hasta de haber nacido («ay de mí, madre mía, que me engendraste»). Ya desde joven intentó ser fiel a la voz de Dios («tus palabras las devoraba, tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón»). Por su vocación profética renunció a los amigos y a la vida fácil en su pueblo («no me senté a disfrutar con los que se divertían»).

Pero hay momentos en que el mejor creyente, también uno que tiene vocación de profeta, se ve asaltado por dudas y oscuridades, y su entusiasmo se agota, y se cansa de ser bueno y de luchar contra corriente. Tal vez llegue, como Jeremías, a dudar de si en verdad Dios le llamaba, si Dios existía, si estaba o no cerca, o se trataba de «espejismos», «un arroyo engañoso, de aguas inconstantes».

La vocación cristiana no es siempre fácil. Hay días en que nos asalta el desánimo. Por problemas de fuera o de dentro. Son momentos en los que nos sale del alma la oración: «líbrame, Dios mío, líbrame de los malhechores, mira que me están acechando... porque tú, oh Dios, eres mi alcázar... yo cantaré tu fuerza, por la mañana aclamaré tu misericordia».

Tendremos que oír, una vez más, la palabra serenante de Dios: «estarás en mi presencia... lucharán contra ti y no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte y salvarte». Eso sí, en nuestra fidelidad a Dios debemos seguir sus caminos, y no, los del mundo: «que ellos se conviertan a ti, no te conviertas tú a ellos».

En los momentos de duda, nos salva la oración. Una oración a veces dramática, como la de Jeremías. O como la de Jesús: «aparta de mí este cáliz... ¿por qué me has abandonado?... pero no se haga mi voluntad, sino la tuya».

2. Mateo 13,44-46

a) Dos parábolas más, muy breves, y ambas coincidentes en su intención: la del que encuentra un tesoro escondido bajo tierra y la del comerciante que, entre las perlas, descubre una particularmente preciosa. Los dos venden cuanto tienen, para asegurarse la posesión de lo que sólo ellos saben que vale tanto.

Hoy Jesús hubiera podido añadir ejemplos como el del que juega en bolsa y sabe qué acciones van a subir, para invertir en ellas, o el de un coleccionista que descubre por casualidad un cuadro o una partitura o una moneda de gran valor. Y no digamos, un pozo de petróleo.

b) SABIDURÍA/VALORES: VALORES/SABIDURÍA: Es una sabiduría rara -la verdadera sabiduría- la de descubrir cuáles son los valores auténticos en esta vida, y cuáles, no, a pesar de que brillen más o parezcan más atrayentes.

¿Qué es más importante: el dinero, la salud, el éxito, la fuerza, el gozo inmediato? ¿o la felicidad, el amor verdadero, la cultura, la tranquilidad de conciencia?

Pero todavía es más necesaria la verdadera sabiduría cuando se trata de descubrir cuáles son los valores del Reino que Dios más aprecia, cuáles sus planes sobre nosotros, los que nos conducen a la verdadera felicidad. A veces, son verdaderamente un tesoro escondido o una perla única.

Muchos cristianos, jóvenes y mayores, tienen la suerte de poder agradecer a Dios el don de la fe, o de haber descubierto en una determinada vocación el camino que Dios les destinaba, o de haberse encontrado con Cristo Jesús, como Pablo cerca de Damasco, o como Mateo cuando estaba sentado a su mesa de impuestos, o como los pescadores del lago que oyeron la invitación de Jesús.

Y lo han dejado todo y han encontrado la alegría y el pleno sentido de sus vidas. En la vida religiosa. O en el ministerio sacerdotal. O en una vida cristiana comprometida y vivida con coherencia, para bien de los demás.

Es una buena inversión. Aunque no sea aplaudida por este mundo ni cotice en la Bolsa.

«Cuando Moisés bajó del monte, tenía radiante la cara» (1ª lectura I)

«Yo estoy contigo para salvarte» (1ª lectura II)

«Por la mañana aclamaré tu misericordia, porque has sido mi alcázar y mi refugio en el peligro» (salmo II)

«El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo» (evangelio)

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 5
Tiempo Ordinario. Semanas 10-21
Barcelona 1997. Págs. 203-206


3-5.

Jr 15, 10.16-21: Protesta de un profeta

Mt 13, 44-46: El tesoro escondido

Las parábolas muestran la actitud de quienes descubren el valor del Reino. En la primera el Reino no es algo obvio. Es un tesoro escondido que sobresalta a quien lo encuentra. La persona que descubre el Reino de Dios, en Jesús y en su Palabra, se siente conmovido por esta experiencia. La ve como una verdadera fortuna por la cual es necesario darlo todo. En la segunda, se trata de un comerciante que busca perlas finas hasta que encuentra la definitiva.

Estas actitudes identifican dos grupos de personas. Unas que accidentalmente tropiezan con Jesús y su Palabra y descubren su valor. A estas personas las sobrecoge la alegría porque no esperaban nada, sin embargo, Dios les ha salido al encuentro. Su existencia a partir de ese momento estará iluminada por una nueva luz. Otras personas, están en el afán de buscar un valor que dé significado a su vida. Si ven la trascendencia del mensaje de Jesús descubrirán lo que estaban buscando. A sus manos ha llegado algo que transformará su existencia. De ahí en adelante, percibirán toda su vida como un camino que los ha conducido al lugar adecuado.

A nuestro pueblo le ha ocurrido como a la persona que descubrió el tesoro. El pueblo duró muchos años sin poder acceder a la Palabra de Dios. La veía, recibía y aprendía siempre de forma indirecta. La alegría ha sido inmensa ahora que la tiene en sus manos. Pone en ella toda su esperanza y han dado todo para llegar a conocerla. La Biblia ha transformado su vida y la de las comunidades cristianas: se han enriquecido con un tesoro inagotable. El pueblo sabe lo que tiene y, por eso, la Palabra va a quedar siempre en sus manos.

Servicio Bíblico Latinoamericano


3-6.

Ex 34, 29-35: El rostro de Moisés estaba iluminado Sal 98

Mt 13, 44-46: El Reino de Dios es un tesoro

La causa del Reino de Dios exige dejarlo todo. Parece que es lo que Jesús nos quiere decir en estas breves parábolas. Un hombre descubre un tesoro en un campo, un comerciante encuentra la perla más fina. Los dos venden todo lo que tienen. Todo lo consideran nada frente a lo que acaban de descubrir. Para ellos es lo más valioso que pueden tener. No se fijan en lo que dejan sino en lo que toman. No renuncian a nada porque escogen lo que realmente vale. Lo que dejan se les antoja basura en comparación con lo que adquieren (cf Flp 3, 8).

Si seguir a Jesús se nos antoja un sacrificio muy grande es que igual todavía no hemos descubierto el verdadero valor del Reino. Hay muchos cristianos para los que serlo viene a ser como una especie de enorme carga que llevan pegada a la espalda. Para ellos ser cristiano no es motivo de gozo. Posiblemente todavía no han abierto el cofre del tesoro, ni han quitado el polvo que cubre la belleza sin límite de la perla.

SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO


3-7. CLARETIANOS 2002

Cerramos el mes de julio con la memoria de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús. La vida de este hombre insigne es muy conocida. Como toda vida humana, también ésta se presta a muchas interpretaciones. Hay quienes ven en Ignacio un vasco por los cuatro costados y hacen de él un icono de la identidad vasca. Hay otros que acentúan su condición militar y, desde ella, interpretan su sentido combativo de la vida y sus dotes organizadoras. Para algunos, Ignacio es un precursor de Freud, un fino conocedor de los "fondos oscuros" del alma humana. Para otros, es una personalidad un poco siniestra, marcada por los sinsabores y los fracasos.

La memoria litúrgica se fija en lo esencial: Ignacio de Loyola fue, en medio de sus contradicciones y límites, un "amigo de Jesús" que se sintió llamado a formar parte de su compañía junto con otros amigos. O, dicho desde el evangelio de hoy, alguien que se sintió atraído por el "tesoro escondido" del evangelio y fue capaz de vender todo para comprarlo.

Esta atracción estuvo muy ligada a la mediación de los santos. Cuando se encontraba retirado en su caserío vasco, restableciéndose después de las heridas sufridas en Pamplona, experimentó el tirón de los que antes que él habían encontrado el tesoro. Él quería matar el mucho tiempo libre leyendo novelas de caballería y, sin embargo, se encontró mirando a los ojos de Francisco de Asís, de Domingo de Guzmán, y de otros santos. Y, sin saber por qué, quiso ser como ellos. No se sintió atraído por los "valores" del evangelio -como nos gusta decir hoy abusando del lenguaje abstracto- sino por las personas que habían hecho vida esos valores.

A menudo he pensado que necesitamos convivir más con los santos, con personas de carne y hueso, limitadas, que hayan vivido a fondo la atracción de Jesús. Nos iluminan ciertamente figuras como Francisco, Clara, Domingo, Teresa de Jesús, Ignacio de Loyola, Antonio María Claret, Rosa de Lima, pero hay algo que estas figuras no pueden darnos: el perfil de la santidad en las sociedades del tercer milenio. Ellos nos enseñaron a vivir el evangelio cuando no había luz eléctrica ni aviones ni ordenadores. Sus formas nos son muy conocidas a través de la tradición ascética. Pero, ¿dónde están los santos posteriores al Vaticano II? ¿Cómo se puede descubrir el tesoro escondido en una ciudad asediada por el ruido de los coches? ¿O en un barrio marginal sin alcantarillas y con muchos niños desnutridos?

El camino iniciado por la Iglesia tras el Vaticano II ha contado con muchas iluminaciones teóricas. Debemos ahora ayudarnos unos a otros a leer las historias de los hombres y mujeres que lo han iluminado con sus vidas. Estas son las "telenovelas" que pueden devolvernos la esperanza. Porque mirando a los ojos de estos hombres y mujeres que el Espíritu nos regala, ¿quién no quiere ser como ellos?

Gonzalo Fernández , cmf (gonzalo@claret.org)


3-8. 2001

COMENTARIO 1

vv. 44-46: Se parece el reino de Dios a un tesoro escondido en el campo; si un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y de la alegría va a vender todo lo que tiene y compra el campo aquél.

45Se parece también el reino de Dios a un comerciante que buscaba perlas finas; 46al encontrar una perla de gran valor fue a vender todo lo que tenía y la compró.

. Las parábolas del tesoro y de la perla contienen una misma enseñanza: que el compromiso total que exige el reino no se hace por un esfuerzo de voluntad, sino llevados por la alegría de haber descubierto un valor insospechado e incomparable. La renuncia a todo lo que se posee no es, por tanto, un acto ascético, sino espontáneo. El mensaje y la experiencia del reino relativizan todo valor hasta entonces conocido. Ambas parábolas se inspiran en el lenguaje sapiencial (cf. Prov 2,4; 3,14s; 8,18s; Job 28,18; Is 33,6).

El reinado de Dios está escondido en el mensaje y la actividad de Jesús; en ellos anuncia su cercanía; quien los comprende en­trega a ese mensaje su entera existencia, porque descubre en él el tesoro que puede enriquecer toda su vida.

Estas dos parábolas proponen de nuevo la opción por la po­breza expresada en 5,3, como lo muestra la frase repetida «va a vender todo lo que tiene» (vv. 44.46; cf. 19,21); el tesoro y la perla son la experiencia del amor de Dios (5,3: «ésos tienen a Dios por rey»; cf. 6,20; 19,21), que causa una profunda alegría.


COMENTARIO 2

Estas dos breves parábolas pertenecen a los textos peculiares de Mateo. A primera vista parecen tan sencillas y diáfanas que se duda en someterlas al análisis. El procedimiento literario de la doble parábola, o de la doble imagen, es muy frecuente en los evangelios. El gran interés de estos pares de imágenes o de parábolas, si son originales y no han sido forzadas por el evangelista, permiten precisar el elemento esencial de la parábola mediante la comparación de las dos partes. Aquí, por ejemplo, los textos coinciden en el hecho de que dos hombres "venden todo lo que tienen para comprar un tesoro". Por otra parte, esta renuncia total se debe en uno y otro caso al "hallazgo" que acaban de hacer. Poco importa que haya sido precedido de una búsqueda o no. Carece igualmente de interés el hecho de que este hombre haya escondido el tesoro o no. Por el contrario, en ambos casos, lo encontrado estaba oculto y tenía un valor incomparable.

Hemos visto cómo el discurso parabólico esta construido en torno a la definición del Reino de Dios desarrollado en tres temas complementarios: la "plantación" del Reino de Dios no irá adelante sin grandes resistencias (sembrador), pero triunfará (grano de mostaza, levadura); es necesario, pues, tener paciencia y no querer precipitar el juicio final (cizaña y su explicación). Si queremos profundizar en el sentido de la parábola de hoy, tendríamos que añadir: vale la pena abandonarlo todo para tomar posesión del Reino, más aún, tendríamos que arriesgarlo todo para adquirir el Reino, no importando el precio que tengamos que pagar por él, o las decisiones que tengamos que tomar para entrar en él.

La parábola nos interpela sobre nuestras actitudes cómodas y egoístas que no nos permiten abandonar nuestros miserables valores religiosos para entrar en el Reino inaugurado por Jesús. Nos interpela sobre nuestras falsas seguridades, miedos e incapacidades para arriesgarlo todo y nos invita a descubrir el Reino en la persona de Jesús y a creer y participar ya en él porque comprar el campo con el tesoro, o la perla preciosa, no significa que el Reino pueda ser comprado a precio de oro, de buenas obras o de piedad, sino que vale la pena despojarse de todo para entrar en este Reino.

1. J. Mateos-F. Camacho, El evangelio de Mateo. Lectura comentada, Ediciones Cristiandad, Madrid

2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)


3-9. 2002

Repetidamente el evangelio de Mateo refleja la realidad comercial del entorno social. Frecuentemente se mencionan los verbos, aquí empleados, de “comprar” (14, 15; 21, 12; 25, 9. 10; 27, 7) y “vender” (10, 29; 19, 21; 21, 12bis. 25, 9). Los hombres estaban insertos en esta realidad comercial en la que se movían las mínimas cosas de la vida cotidiana: alimento (pan o pajarillos), aceite; y a la que se conectaban también actividades más importantes como el culto, adquisición de campos, grandes cantidades de dinero (parábola de los talentos), banqueros (parábola del siervo sin entrañas).

Las parábolas del tesoro escondido y de la perla se sitúan en este horizonte de intenso intercambio comercial. Utilizando el mismo universo de representación de la sociedad comercial la pone en cuestión señalando un valor superior a lo que era considerado bien en dicha sociedad.

Los personajes son respectivamente un “hombre” (vv. 44) y un “comerciante” (vv. 45-46). Ambos descubren un bien extraordinario: un tesoro en un campo, en el primer caso, una perla, en el segundo.

Este descubrimiento cambia la vida de ambos y los lleva a la misma decisión: “vender todo lo que tienen” y “comprar” el objeto “que han encontrado”. Dicho objeto se presenta en la existencia relativizando cualquier otro acto de posesión. Para el hombre de la primera parábola representa una fuente de alegría por haber encontrado un valor insospechado e incomparable, para el “comerciante” significa el abandono de su profesión porque con la adquisición de la perla debe interrumpir la cadena de su actividad.

“Hombre” y “comerciante” se deciden por aquello que, ante la propuesta de Jesús en 19, 21, el joven rico no tiene el coraje de realizar. Con ello llegan a la “madurez” (perfección humana), inalcanzable para quienes no se sienten con el suficiente ánimo de desprenderse de sus posesiones.

Sólo el Reino de los cielos, descubierto como el supremo valor de la existencia, coloca al hombre en la posibilidad de descubrir el sentido de los restantes bienes que se poseen. La posesión, de esta forma, se presenta como algo relativo. Podrá ser más o menos importante para la satisfacción de las necesidades humanas, pero deberá ser siempre confrontada con el bien supremo que es el Reino.

De esta forma, las parábolas del tesoro escondido y de la perla conectan con la primera bienaventuranza, la de los que eligen ser pobres. El descubrimiento no es debido al esfuerzo humano sino al descubrimiento de Jesús, entendido como proyecto que lleva a plenitud la propia existencia. De allí la alegría que embarga al hombre de la primera parábola, y también la posibilidad de transformación, pronta y sin lamentaciones, que saca de una forma de vida ligada al círculo comercial y que integra al comerciante en otro ámbito de preocupaciones.

Ante Jesús, presencia del Reinado de Dios en el mundo, los oyentes de la parábola de aquel tiempo son invitados a hacer experiencia de la profunda alegría que brota del encuentro con el Enviado de Dios y este mismo mensaje pone en cuestión a las sociedades comerciales de todas las épocas que, colocando, el “precio” como único sentido de la existencia, no pueden descubrir los verdaderos valores que llevan a la plenitud humana.

 Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)


3-10. DOMINICOS 2003

Palabra y reino de dios
Libro del Éxodo 34, 29-35:
“Cuando Moisés bajó del monte Sinaí con las dos tablas de la Ley en la mano, él no sabía cómo tenía la cara: tenía la piel radiante, tras haber hablado con el Señor. Aarón y los israelitas... no se atrevían a acercarse a él.

Cuando él los llamó, se acercaron, y entonces Moisés les comunicó las órdenes que el Señor le había dado en el monte Sinaí. Cuando terminó de hablar con ellos se echó un velo por la cara. Cuando entraba a la presencia del Señor para hablar con él, se quitaba el velo hasta la salida...”

El texto nos ofrece un ritual y una actitud: con Dios hay que hablar sin velo, cara a cara, es decir, con el corazón y el alma bien abiertos. Ante otras cosas se puede esconder el rostro; ante Dios no. Y el rostro, en oración, se transfigurará.

Evangelio según san Mateo 13, 44-45:
“Un día Jesús dijo a la gente: El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder, y , lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra”.

Idea básica del texto es que el Reino de Dios, la vida en Dios, ser hijos de Dios, es un valor inapreciable, un don del cielo, y que quien disfruta de él por medio de la fe es un auténtico afortunado. Y el modo como Jesús expresa esa verdad es comparándola con el descubrimiento o hallazgo e interés por dos valores muy estimados en sus días entre las gentes que oían a Jesús: un tesoro en el campo y una perla preciosa. Su sentido es manifiesto: vale la pena dejar todo lo demás para poseer el tesoro del Reino de Dios.



Momento de reflexión
Velos y claridades.
El lector atento se dará cuenta, al repasar el texto de lectura primera de hoy, que el Éxodo, por una parte, repite escenas anteriores y, por otra, da un tono distinto a la narración que ya conocíamos.

Se trata sencillamente de que en los capítulos 33 y 34 de este libro se interrumpe el texto tal como nos lo ofrece el llamado documento Sacerdotal, y se introduce otro texto -sobre la misma materia- tal como lo trasmite el documento Yavista o Eloista.

Eso quiere decir que tanto en el Éxodo como en otros libros se acumulan varias formas de contar parcialmente las mismas cosas, porque así placía a los relatores, conforme a sus preferencias y usos del lenguaje.

¿Qué hemos de subrayar en el texto leído? Subrayemos este rasgo: el trato frecuente de Moisés con Dios en el Sinaí hacía que Moisés se transformara profundamente en su espíritu, tanto que parecía otro, pues su claridad radiante ofuscaba a quien lo miraba. Y, al mismo tiempo, entendamos lo que se nos sugiere: sólo viviendo en Dios y con Dios alcanzamos la perfección de vida y amor. Son detalles que hablan de la fuerza transformadora de lo divino en el hombre.

Reino y tesoro, perla.
Todos y cada uno de nosotros, movidos por la gracia del Señor, somos invitados a encontrar un tesoro: el tesoro del Reino de Dios, tesoro que es más apreciable que cualquier otro bien: joya, mina, esposa/o, poder, dinero, gloria...

Quien no aprecia más ser hijo de Dios, miembro del Reino, que cualquier otra cosa, no es digno de Dios. Duras palabras de Jesús que nos piden reflexión.

¿Vivimos nosotros dispuestos a jugárnoslo todo para pertenecer y participar de ese tesoro-Reino, que es el de los hijos de Dios?

¿Qué sacrificios, fuerza de voluntad, renuncias, compromisos y virtudes estamos ejercitando, de hecho? ¿Damos primacía a la vida en gracia y a la amistad divina sobre otros valores?


3-11. CLARETIANOS 2003

El rostro de Moisés se merece una contemplación en toda regla. Es un rostro moreno de soles del desierto, pero es, sobre todo, un rostro resplandeciente por la luz de Dios. Supongo que se puede parecer al de cualquiera de nosotros después de haber encontrado el tesoro escondido.

Lo mejor que podemos hacer para iluminar a los demás es tener un rostro resplandeciente. El rostro es la ventana de que disponemos para sacar a paseo nuestro corazón. Un rostro iluminado es como un discreto destello de Dios en medio de la noche de nuestras palabras. Los rostros resplandecientes nos ayudan a caminar en las tinieblas de la increencia.

Los mejores planes de evangelización son aquellos que ayudan a las personas a tener un buen rostro: sereno, alegre, iluminado. Porque quien ve rostros así puede pensar que sus poseedores han debido de encontrar un tesoro. ¡Y vaya si lo han encontrado! Lo dicho: el mejor modo de comunicar una buena noticia es disponer de un rostro iluminado.

Gonzalo (gonzalo@claret.org)


3-12. Miércoles 30 de julio de 2003

Ex 34, 29-35: La gloria de Moisés
Salmo responsorial: 98, 5-7.9
Mt 13, 44-45:El comerciante de perlas

Sacrificarlo todo por quedarse con lo mejor.

El hombre de esta parábola, al encontrar un tesoro de gran valor, no dudó en dejar todo lo que tenía por quedarse con el tesoro. Hizo un cambio radical de vida, pero supo hacerlo en el momento oportuno. No hubo vacilación en lo que debía hacer pues tenía la suficiente conciencia para actuar y para dejar de lado todo aquello que le hubiera impedido lograr su objetivo. Esta parábola nos indica que no debemos pasar todo el tiempo de nuestra vida en búsqueda: quien se mantiene en búsqueda vive en insatisfacción. Una vez encontrado lo que buscamos debemos comenzar a disfrutarlo.

La ascesis es un elemento importante en el seguimiento de cualquier religión, pero por lo general suele ser de tipo negativo: no toques, no comas, no bebas... En esta parábola encontramos un ejemplo de ascesis positiva: el hombre es capaz de vender todo lo que tiene por quedarse solamente con el tesoro. La ascesis positiva es dejar lo bueno por lo mejor. La vida cotidiana está llena de esta clase de ascesis: un futbolista se somete a disciplina y entrenamiento para rendir en los desafíos con otros equipos; una bailarina hace ejercicio constante para mantener la agilidad y el ritmo en el movimiento; un músico se ejercita constantemente en la digitación de su instrumento para tener precisión a la hora de leer la partitura; una modelo mantiene su cuerpo en forma para llenar las exigencias de su oficio…

La ascesis negativa es un mundo de prohibiciones que en la medida en que cumplimos con ellas nos llenamos de insatisfacciones personales y a veces de amargura, porque no nos conducen a disfrutar de lo que verdaderamente queremos. En cambio el hombre de esta parábola encontró que su vida estaba en ese tesoro, e hizo todo lo que pudo por adquirirlo, sin fijarse en el precio que pagaba por él.

Muchos hombres y mujeres han pensado que seguir a Jesús es sacrificarse, es negarse muchas satisfacciones en el plano material… pero haciendo esto no consiguen el verdadero crecimiento espiritual; crecen con vanagloria, se sienten superiores a los demás y creen que el único camino que conduce hacia Dios es por donde ellos van, y desprecian y se hacen intolerantes con los que buscan a Dios por otros caminos...

Si he descubierto que Jesús es como ese tesoro de la parábola, más que estar sufriendo, debo disfrutar de Él.

SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO


3-13. ACI DIGITAL 2003

44. El tesoro es la fe y la gracia que vienen del Evangelio, como lo dice Benedicto XV. El mismo Pontífice aplica esta parábola a los que se dedican al estudio de la Sagrada Escritura y alega como ejemplos a los dos grandes Doctores Agustín y Jerónimo, que en su dicha de haber encontrado el tesoro de la divina Palabra se despidieron de los placeres del mundo (Encicl. "Spiritus Paraclitus").

Véase 6, 21 y nota: "Porque allí donde está tu tesoro, allí también estará tu corazón".

Jesús nos da aquí una piedra de toque para discernir en materia de espiritualidad propia y ajena. El que estima algo como un tesoro, no necesita que lo fuercen a buscarlo. Por eso San Pablo nos quiere llevar por sobre todo al conocimiento de Cristo (Ef. 4, 19). Una vez puesto el corazón en Él, es seguro que el mundo ya no podrá seducirnos.

45. Perla fina es llamado el reino de los cielos para indicar que quien lo descubre en el Evangelio, lo prefiere a cuanto pueda ofrecer el mundo. Otra interpretación de gran enseñanza espiritual es que Jesús dio todo lo que tenía por la Iglesia y por cada alma (Gál. 2, 20) que para El es una perla de gran valor (Juan 10, 39; Cant. 4, 1; 7, 11). Así se ha dado también a estas parábolas un sentido profético, aplicando la perla preciosa a la Iglesia y el tesoro escondido a Israel, por cuya caída Él extendió su obra redentora a toda la gentilidad. Cf. Rom. 11, 11 y 15: "Ahora digo: ¿Acaso tropezaron para que cayesen? Eso no; sino que por la caída de ellos vino la salud a los gentiles para excitarlos (a los judíos) a emulación. Pues si su repudio es reconciliación del mundo, ¿qué será su readmisión sino vida de entre muertos?