MIÉRCOLES DE LA SEMANA 15ª DEL TIEMPO ORDINARIO

 

1.- Ex 3.1-6.9-12

1-1.

Moisés creció pues en la corte del Faraón, la educación que allí recibió le permitirá, más tarde, ser un jefe.

Así para trabajar en la liberación de los pobres es muy útil adquirir competencias humanas.

Pero Moisés, a la vez que se promocionaba personalmente no renegaba de su ambiente ni de la gente de su pueblo.

Un día se escapa del palacio del Faraón y va a las obras donde trabajan los esclavos, sus hermanos de raza. Es testigo de las «cargas» y de los «azotes». Se le revuelve la sangre y mata al egipcio que maltrata al hebreo. Luego, arriesgando la denuncia, huye al desierto...

Será el segundo lugar de la formación de Moisés en que se capacitará para ser un jefe, ¡capaz de conducir a todo un pueblo a través del desierto!

Así Dios prepara desde lejos lo que tiene intención de realizar un día.

Ruego por las «preparaciones»... que puedo entrever.

-Moisés era pastor del rebaño de Jetró, su suegro.

Viviendo la vida de los nómadas, tiene experiencia de las tradiciones de sus antepasados, Abraham, Isaac, Jacob.

Es un retorno a las fuentes. Esta experiencia le será muy útil cuando tendrá que volver a atravesar ese desierto del Sinaí, unos años después.

-El ángel del Señor se le apareció en forma de llama de fuego que salía de una zarza.

Dios le llamó de en medio de la zarza: «¡Moisés! ¡Moisés!, «Heme aquí."

Esta es una escena de vocación. Dios lo llama por su nombre. Le va a revelar su proyecto de liberación y le confía la misión de realizarlo.

Dios lleva siempre a cabo sus planes por medio de intermediarios humanos, hombres y mujeres.

Dios necesita de los hombres. Llama a las personas a su servicio. A mí también me llama por mi nombre...

Escucho, de Ti, Señor, ese nombre que es el mío... Oigo como una llamada que viene de Ti. «;Heme aquí, Señor!» Reelijo HOY mi vocación de bautizado, de sacerdote, de religioso... la mía, en la que nadie puede reemplazarme...

-«¡Quítate las sandalias porque el lugar que pisas es tierra sagrada!»

Moisés, notémoslo bien, se encuentra en el desierto guardando un rebaño. No está delante de un tabernáculo sagrado, sino delante de «una zarza». ¡Ningún lugar de la tierra está vacío! Dios está allí.

¡El lugar donde me encuentro en este momento, es un lugar sagrado, si sé encontrarme contigo, Señor!

-El Señor dijo: "La aflicción de los hijos de Israel ha llegado hasta mí y he visto la opresión que les infligen los egipcios... Ahora, pues, ve. Te envío al Faraón: tú harás salir de Egipto a mi pueblo."

Nuestro Dios es un Dios que escucha y que mira. Los pobres son sus preferidos. ¡Es un Dios que se compadece de todo sufrimiento! Sufre con los que padecen. ¡Gracias, Señor!

¡Qué maravillosa revelación de Dios! Dios trata de que Moisés comparta su proyecto.

Nuestro Dios es un Dios activo, que «toma partido», que se «compromete» y pide que nos comprometamos con El.

-Moisés dijo: «¿Quién soy yo para esta hazaña?»

Ningún hombre está a la altura para salir con éxito de las obras de Dios. Ante la magnitud de la tarea, nos sentimos siempre muy pequeños. Es un buen signo.

-Dios le respondió: «Yo estaré contigo....

La fuerza de aquél que ha recibido misión no le viene de sí mismo, es una fuerza de Dios "Yo estaré contigo". Dios repetirá esas mismas palabras a sus amigos al enviarlos a una misión.

NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 5
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑO IMPARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 180 s.


2.- Is 10, 5-7.13-16

2-1.

-Palabra de Dios. ¡Ay del asirio! instrumento de mi ira, vara que mi furor maneja.

Estamos probablemente en 701, cuando la invasión de Senaquerib, treinta años después de la escena relatada ayer. El rey Ajaz había pedido la alianza de Asiria para librarse del ataque de sus dos vecinos inmediatos. Pero he aquí que su sucesor, el rey Ezequías ha de pagar a un alto precio la deuda de esa alianza del "supergrande":

Senaquerib exige un canon impagable. Ezequías no acepta y los temibles ejércitos asirios se ponen en marcha. Tal es la decisión del muy poderoso Senaquerib. Y él mismo se cree muy listo al tomar esa decisión. Escuchadle más bien vanagloriarse de sus éxitos militares.

-Dijo: «Con el poder de mi mano lo hice y con mi habilidad, porque soy inteligente. He borrado las fronteras de los pueblos, he saqueado sus tesoros, he abatido a los poderosos.

Como se toma un pájaro en su nido, mi mano ha robado la riqueza de los pueblos. Como se recogen huevos abandonados, he recogido yo toda la tierra. Y no hubo quien aleteara, ni abriera el pico, ni piara.»

¡Qué orgullo! ¡Qué desprecio por los humildes que no pueden defenderse! Y que ni siquiera pueden dolerse: no hubo quien piara, cuando se lo arrebaté todo.

Tal es la «lectura» de los acontecimientos según Senaquerib. Pero Dios, por su profeta hace un «análisis» muy diferente que, de ningún modo es de tipo político -un informe de fuerzas-, sino de orden espiritual.

-Soy Yo quien lo ha enviado contra una nación perversa... Pero él no lo entiende así, no es éste el juicio de su corazón: lo único que quiere es destruir. ¿Acaso se jacta el hacha frente al que la tiene asida? ¿Y la sierra frente al que la maneja? Como si la vara quisiera dirigir al que la levanta, la varilla o batuta, mover el brazo que la agita.

Para Isaías, Senaquerib no era más que un «instrumento» en las manos de Dios, para castigar a los pueblos faltos de fe.

Vemos toda la diferencia que puede haber entre una «lectura» del mismo hecho simplemente humana y una «lectura en la fe». Desde luego, no quedamos dispensados de hacer primero el análisis humano de las situaciones. Es, incluso, necesario. Es el primer tiempo de una revisión de vida. Pero hay que tratar de ir más lejos... ¡hasta reconocer la acción de Dios en las acciones de Senaquerib, rey pagano! Nosotros personalmente, o en equipo de acción católica, ¿nos esforzamos por entrar en una verdadera re-visión de lo que nos sucede?

HOY, mismo, estimulado por ese pasaje profético trato de ponerme a la escucha del Espíritu para interpretar en la fe un suceso de actualidad... una situación que me concierne... y orar a partir de esos «hechos». Rezar con mi vida, con mi barrio, con la lectura del periódico, con las informaciones de la radio o de la tele, con los encuentros sindicales o profesionales. Esto es lo que hacía Isaías.

-Por eso el Señor del universo hará perecer a esos vigorosos soldados. Palabra de Dios.

¡No se imaginen los poderosos de este mundo que son amos absolutos y que pueden aplastar impunemente a sus semejantes! Por adelantado resuenan ya en nuestros oídos el Magnificat de María y las bienaventuranzas de Jesús.

Con todo, no nos fiemos de una interpretación simplista que afirmaría que los hombres políticos no son más que marionetas entre las manos de Dios.

NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 4
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑOS PARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág. 180 s.


2-2. /Is/10/05-21

«¡Ay Asur, vara de mi ira, bastón de mi furor...» (v 5). Este versículo contiene una de las ideas fundamentales de la teología isaiana: el Dios de Israel se sirve de los Estados, incluso de Estados tan poderosos como Asiria, para llevar adelante sus planes de educación y salvación. A diferencia de las divinidades del antiguo Oriente, el Dios que nuestro profeta ha contemplado como "rex tremendae maiestatis" en la visión inaugural trasciende en su ser y en su actividad todo lo cósmico e histórico, no obstante su relación con el mundo y con el hombre. Para él, las fuerzas cósmicas no representan una barrera, ni las potencias de la humanidad un poder.

El Segundo Isaías entenderá esta teología: «Mirad, las naciones son gotas de un cubo y valen lo que el polvillo de balanza. Mirad, las islas pesan lo que un grano, el Líbano no basta para leña, sus fieras no bastan para el holocausto. En su presencia, las naciones todas son como si no existieran, para él no cuentan absolutamente nada. ¿Con quién compararéis a Dios, qué imagen vais a contraponerle?» (40,15-18). Es la teología de la santidad de Dios, de su alteridad. Asiria ha reducido a Israel a un resto, pero se ha excedido en su cometido. Por eso Dios reduce a esa gran potencia a la condición de resto miserable. Y quedarán tan pocos árboles en su selva que un niño podrá contarlos (vv 16-19).

Un resto provoca otro. Pero así aprenderá la comunidad de creyentes a no apoyarse en el poder humano, sino en Dios. Es el retorno, la conversión del resto, al que Dios manifiesta su fortaleza en el Emanuel, que no es simplemente una persona, sino una serie de personas y circunstancias que proclaman el hecho de que «Dios está con nosotros~. Isaías indica una vez más que el signo del Emanuel es la salvación del resto. La oposición entre el Emanuel y Asiria es la oposición entre el reino de Dios y el imperio del mundo, entendido éste no como escenario neutral de la vida humana, sino como antítesis de la luz, el bien y el amor. Todo el universo entra en el desarrollo de la historia universal de la salvación, que no por eso deja de ser historia auténticamente humana. Solamente la fe, de la que Isaías ofrece un testimonio de primera mano, puede descubrir ciertas oposiciones, traiciones y negaciones. Interpretando en términos de fe acontecimientos de su época, el profeta nos da la clave de toda la historia del mundo.

F. RAURELL
LA BIBLIA DIA A DIA
Comentario exegético a las lecturas de la Liturgia de las Horas
Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981.Pág. 441 s.


3.- Mt 11, 25-27 (MIÉRCOLES Y JUEVES)

3-1.

-Padre, Señor del cielo y de la tierra...

Es el único pasaje del evangelio donde Jesús utiliza estas palabras solemnes "Amo y Señor del cielo y de la tierra".

Habitualmente, Jesús habla del Padre con términos de intimidad y familiaridad. Esto subraya mucho más lo que Jesús dirá de Dios a continuación de ese pasaje del evangelio.

Sí, es verdad... nuestro Padre del cielo es el Creador Todopoderoso, el amo del mundo.

No hay otro Dios más que El.

Y es quien dirige todo ese gran universo con sus millones de seres desde los átomos hasta las estrellas. Todo cuanto existe le está sometido. Es el "Señor~ del cielo... es el "Señor" de la tierra.

Me detengo a adorar, a reconocer la grandeza de Dios.

"Gloria a Dios en las alturas..."

-Bendito seas...

Jesús reza. Se dirige a Dios.

Es una oración de acción de gracias, una alabanza, un "te lo agradezco". Jesús es dichoso, su corazón rebosa de agradecimiento hacia el Padre. "¡Bendito seas, Padre!".

Con Jesús yo repito esa sencilla y breve oración.

-Porque lo que has escondido a los sabios y entendidos, lo has revelado a la gente sencilla.

¡Este es el objeto de su agradecimiento! Porque Dios se "esconde" a los orgullosos... y se "revela" a los humildes.

El gran Dios del Universo es desconocido de los que se creen ser más inteligentes y más sabios que los demás. No hay que pasarse de listo. Es a los pobres a quienes se da a conocer. De hecho, Jesús prefirió habitualmente visitar las gentes sencillas, hombres y mujeres de condición modesta.

Y es entre ellos que escogió sus primeros apóstoles. Se tiene la impresión que se trata de una verdadera preferencia de Dios: los que no son nada en el mundo, los que son insignificantes a los ojos de los hombres... ¡éstos son valiosos a los ojos de Dios! Señor, ayúdame a ser "uno de esos pequeños~ a quien Tú te revelas.

-Sí, Padre, bendito seas por haberte parecido eso bien. Jesús continúa su oración.

Trato de imaginarlo, escucho el timbre de su voz, cómo pronunciaba "¡Padre!". Para Jesús, Dios es ante todo "la bondad". Dios es bueno, ¿Dudo, quizá alguna vez, de la bondad de Dios? ¿Qué es lo que me hace dudar así? Y sin embargo, he recibido mucho de esta bondad. ¿Qué es lo que he recibido? ¿Qué es lo que podría ayudarme a rezar, como Jesús, una oración de alabanza? "Gracias, oh Padre, por esto... por aquello..."

-Mi Padre me lo ha confiado todo. Al Hijo lo conoce sólo el Padre, y al Padre lo conoce sólo el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiere revelar.

Sí, lo sabemos: Dios es difícil de alcanzar. Nadie lo ha visto nunca, excepto Jesús. Sí, El dice que "conoce a Dios"... ¡y que lo da a conocer a los que aceptan seguirlo y ser de su escuela! Jesús, ayúdame, todos y cada día de mi vida, a conocer mejor al Padre. ¡Que tu evangelio sea mi meditación cotidiana! Que trate de penetrar mejor en tu misterio... hasta el día que, por fin, te veré cara a cara.

NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 2
EVANG. DE PENTECOSTES A ADVIENTO
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 72 s.


3-2.

1. (Año I) Éxodo 3,1-6.9-12

a) La visión de la zarza ardiente representa un momento decisivo en la vida de Moisés y de su pueblo: Dios le llama para llevar a cabo la liberación de su pueblo.

Han pasado varios años desde la huida de Moisés. Se ha instalado en tierras de Madián. Se ha casado allí con la hija del sacerdote pagano Jetró. Ha tenido familia. Ha madurado en su carácter. Es pastor de oficio y está cuidando los rebaños de su suegro. Y allí se le aparece Dios, en forma de fuego. (A Pedro le hará impresión el Jesús de la pesca milagrosa; a Pablo, el Jesús que se le aparece en el camino de Damasco. Cada uno tenemos algún momento en que Dios sale a nuestro paso).

Quien se aparece a Moisés es el Dios de los patriarcas. El Dios de la promesa. El Dios que ve cómo sufre su pueblo y no lo puede soportar y decide intervenir, enviando a Moisés.

La vocación no es nada fácil. De momento, su temperamento decidido responde: «aquí estoy». Pero, luego, se da cuenta de lo que le está pidiendo Dios y presenta sus objeciones: ¿precisamente él, huido de la justicia de Egipto, es el que va a volver allí, nada menos que a pedir al Faraón que deje salir a los suyos?

La respuesta de Dios es una de las que más veces aparece en la Biblia: «yo estoy contigo».

b) El Dios del éxodo es también el Dios Padre de Jesús. Es el Dios de ahora, nuestro Padre, que sigue con su corazón apenado por tanto dolor e injusticia como hay en este mundo: «el clamor de los israelitas ha llegado a mí». El Dios que quedó retratado en las parábolas y en la actuación de Jesús de Nazaret: el que se apiadaba de la gente que tenía hambre, que perdonaba a los pecadores, que denunciaba las injusticias, que curaba de todo mal.

Nosotros, con mayor razón que el mismo salmista, podemos decir sus palabras: «el Señor es compasivo y misericordioso... Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades, él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura... El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos: enseñó sus caminos a Moisés». Podríamos rezar hoy entero, por ejemplo después de comulgar, el salmo 102: un canto a la misericordia de Dios Liberador.

Al mismo tiempo, sintámonos enviados a practicar la misma misericordia y comunicar un poco de esperanza a quienes se encuentren hoy con nosotros en nuestra familia o comunidad o en el entorno social, ayudándoles a salir de sus diversas esclavitudes. Si nos parece que es misión difícil, nos hará bien recordar la palabra de Dios a Moisés: «yo estoy contigo».

1. (Año II) Isaías 10,5-7.13-16

a) Una de las ideas básicas de Isaías y de los profetas del AT es que Dios es quien conduce la historia a su modo, y no los que, a primera vista, parecen los protagonistas. Isaías pronuncia varios oráculos «contra las naciones paganas». Hoy leemos un ejemplo: unas palabras dirigidas, probablemente, contra el asirio Senaquerib, que con sus ejércitos se había llegado a creer todopoderoso, y a quien Dios le tenía preparada una buena humillación. Leímos en los libros históricos -el martes de la semana 12ª- el fracaso de este general, que se tuvo que retirar del asedio a Jerusalén.

La idea fundamental es que Dios se sirve de estos personajes extranjeros para purificar y hacer madurar a su pueblo. Asiria y sus ejércitos son «la vara de mi ira», la vara con la que Dios castiga al hijo díscolo. Como, más tarde, se servirá de Ciro para facilitar la vuelta de su pueblo del destierro a Israel. Lo que no permite es que estos «instrumentos» se crean independientes y se enorgullezcan. Las comparaciones son expresivas: el hacha o la sierra o el bastón no podrían hacer nada sin la persona que los maneja. No son autónomos. Si Asiria se pasa en su misión castigadora, recibirá a su vez el castigo.

b) A lo largo de la historia, vemos cómo van cayendo los poderosos, y los que se creían omnipotentes son aniquilados. Es, una vez más, lo que dijo la Virgen en el Magníficat: «derriba del trono a los poderosos y a los ricos los despide vacíos».

Vivimos en unos tiempos en que se suceden los cambios políticos y se derrumban ideologías e imperios que parecían indestructibles. Siguen teniendo vigencia las exclamaciones del salmista: «trituran a tu pueblo, oprimen a tu heredad, y comentan: Dios no lo ve... Enteraos, los más necios del pueblo, ignorantes, ¿cuándo discurriréis?».

Es evidente también cómo Dios saca bien del mal y, a través de las vicisitudes de la historia, purifica a su pueblo y le ayuda a recapacitar y a madurar. A Atila le llamaron «el azote de Dios», como Asiria lo había sido en la época que estamos leyendo en el AT. Los síntomas de deterioro que nos hacen sufrir, tanto en la sociedad como en la misma comunidad cristiana, ¿no son, en parte, fruto de nuestras desviaciones, y señales que Dios nos hace de que las cosas no pueden continuar así?

Todo esto es una llamada a la fidelidad y a la salvaguarda de los valores humanos y cristianos, que están en la base de todo progreso.

2. Mateo 11,25-27

a) Las personas sencillas, las de corazón humilde, son las que saben entender los signos de la cercanía de Dios. Lo afirma Jesús, por una parte, dolorido, y por otra, lleno de alegría.

Cuántas veces aparece en la Biblia esta convicción. A Dios no lo descubren los sabios y los poderosos, porque están demasiado llenos de sí mismos. Sino los débiles, los que tienen un corazón sin demasiadas complicaciones.

Entre «estas cosas» que no entienden los sabios está, sobre todo, quién es Jesús y quién es el Padre. Pero la presencia de Jesús en nuestra historia sólo la alcanzan a conocer los sencillos, aquellos a los que Dios se lo revela.

b) En el evangelio podemos constatar continuamente este hecho. Cuando nació Jesús en Belén, le acogieron María y José, sus padres, una humilde pareja de jóvenes judíos; los pastores, los magos de tierras lejanas y los ancianos Simeón y Ana. Los «sabios y entendidos», las autoridades civiles y religiosas, no lo recibieron.

A lo largo de su vida se repite la escena. La gente del pueblo alaba a Dios, porque comprenden que Jesús sólo puede hacer lo que hace si viene de Dios. Mientras que los letrados y los fariseos buscan mil excusas para no creer.

La pregunta vale para nosotros: ¿somos humildes, sencillos, conscientes de que necesitamos la salvación de Dios? ¿o, más bien, retorcidos y pagados de nosotros mismos, «sabios y entendidos», que no necesitamos preguntar porque lo sabemos todo, que no necesitamos pedir, porque lo tenemos todo? Cuántas veces la gente sencilla ha llegado a comprender con serenidad gozosa los planes de Dios y los aceptan en su vida, mientras que nosotros podemos perdernos en teologías y razonamientos. La oración de los sencillos es más entrañable y, seguramente, llega más al corazón de Dios que nuestros discursos eruditos de especialistas.

Nos convendría a todos tener unos ojos de niño, un corazón más humilde, unos caminos menos retorcidos, en nuestro trato con las personas y, sobre todo, con Dios. Y saberles agradecer, a Dios y los demás, tantos dones como nos hacen. Siguiendo el estilo de Jesús y el de María, su Madre, que alabó a Dios porque había puesto los ojos en la humildad de su sierva.

«El clamor de los israelitas ha llegado a mi» (1ª lectura I)

«Yo estoy contigo» (1ª lectura I)

«El Señor no rechaza a su pueblo ni abandona su heredad» (salmo II)

«Has revelado estas cosas a la gente sencilla» (evangelio)

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 5
Tiempo Ordinario. Semanas 10-21
Barcelona 1997. Págs. 149-152


3-3.

Is 10, 5-7. 13-16: El juego de los poderosos

Mt 11, 25-27: El Reino revelado a los sencillos

Al contrario de las actitudes de los poderosos, los humildes y sencillos perciben claramente los signos del Reino de Dios que se manifiestan en la acción de Jesús. Su vista no está deslumbrada por el resplandor de las riquezas que ofrece la sociedad. Ellos bien saben que la lógica del dinero sólo es un espejismo que conduce a la muerte.

La limpieza de corazón de los humildes y sencillos les permite ver con los ojos de Dios. Su actitud es la alternativa frente a la obstinada petulancia de los poderosos. Jesús, entonces, alaba al Padre por la sabiduría con que manifiesta su proyecto para los humanos: el Reinado de Dios sólo está al alcance de la gente marginada, abierta a la Palabra de Dios. Ricos y poderosos, sabios y entendidos han rechazado con su actitud cualquier oferta de Dios. Ellos no quieren ver ni oír otra cosa que aquella que envanece su corazón y los exalta en su obra lucrativa.

La gente sencilla ha sabido ver en la acción de Jesús, en sus humildes señales, los signos del Reino de Dios que irrumpe con fuerza en la historia humana. Jesús es el Mesías que no se manifiesta con autoritarismo, vanidad o prepotencia. Su acción divina se concentra en la solidaridad, en la justicia interhumana, en el respeto a mujeres, niños y enfermos. Su obra en favor de las personas es la obra de Dios. Por eso, quien aspire a conocer a Dios, a verlo con mirada clara y transparente, debe dejarse interpelar por esta sencilla persona llamada Jesús.

SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO


3-4.

Ex 2, 1-6 y 9-12: El lugar que pisas es tierra santa

Sal 102

Mt 11, 25-27: Dios se da a conocer a los sencillos

Los pequeños de que habla Jesús son los que se saben necesitados, pobres, limitados, miserables incluso. Ésa es la razón por la que abren sus manos ante cualquiera poniendo de manifiesto simplemente que están vacías. ¡Cualquier cosa que les den será para mejor!

A ellos se les ha dado la gracia de entender el misterio del amor gratuito del Padre.

Mientras tanto, nuestro mundo y nuestra cultura sueñan con ser autosuficientes. Ser independientes, solitarios, fuertes. Dominar la situación. Rodearnos de medidas de seguridad.

En nuestro mundo se dice que para triunfar hay que ser agresivos. Con elegancia, pero agresivos. Para no dejarnos comer el terreno. Como tantos héroes de película. ¡Qué equivocación! ¡Qué locura! El de nuestro mundo es un sueño imposible. Siempre dependemos de otros. Siempre necesitamos ser amados. Desde la cuna es el amor que recibimos lo único que nos hace crecer y madurar como personas. ¿Por qué no aceptamos de una vez que somos pobres y limitados? ¿Por qué no abrimos, sin avergonzarnos, nuestras manos vacías ante el único que nos las puede llenar?

SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO


3-5. CLARETIANOS 2002

No quisiera ser víctima de una interpretación simplista, pero las palabras del evangelio de hoy me resultan muy críticas hacia los sabios y entendidos. ¡Estamos en las manos de los expertos y, sin embargo, muchas cosas funcionan mal para muchas personas! "Experto", en principio, es alguien que conoce una realidad "por experiencia" y que, por tanto, está en condiciones de intervenir eficazmente en ella. La realidad, sin embargo, nos sorprende por otro lado. Hace semanas vivimos la paradoja de una cumbre internacional de la FAO sobre la alimentación. Los participantes eran personas que nunca habían pasado hambre y que están acostumbradas más bien a banquetear a costa de los presupuestos públicos. ¿Qué respuesta eficaz cabe esperar de estos "expertos"?
Pero no pienso sólo en los responsables políticos. Pienso también en nuestras comunidades eclesiales. Hablamos sobre la oración y puede que oremos muy poco. Hablamos del compromiso con los pobres de este mundo y tal vez llevamos una vida exquisitamente alejada de ellos. Hablamos sobre la corresponsabilidad eclesial y eludimos cualquier tarea en la que nuestra imagen quede en entredicho.

Las palabras de Jesús nos ayudan a entender por qué, a pesar de vivir en la "era de los expertos", parece que nos alejamos cada vez más de la verdad que libera, alegra y ofrece esperanza. Dios revela "estas cosas" (es decir, su misterio de amor) no a los sino a la "gente sencilla".

¿Quiénes son estos? El original griego es provocativo. Mateo utiliza en plural el término "népios", que significa muchas cosas: "que no habla, infantil, niño, menor de edad". Pero también: "tonto, ingenuo, infeliz, ciego, débil". ¿Cómo es posible que Dios quiera revelar lo suyo a esta gente habiendo tantos expertos dispuestos a sacar tajada? Lo llamativo del caso es que Jesús no reprocha a su Padre esta actitud tan "selectiva" sino que le da gracias por ello. Así comienza el fragmento de Mateo. En la versión de Lucas (cf Lc 10,21) se dice algo más sorprendente aún: que Jesús "se llenó de gozo en el Espíritu Santo". Vamos, que sintió que estaba dando en la diana y que aquí estaba la clave para entender muchos de nuestros despistes.

Os invito a abrir los ojos y caer en la cuenta de algunos "infelices" de nuestro entorno que, en su aparente nesciencia, suelen poner el dedo en la llaga a la hora de denunciar nuestros males y de señalar el camino.

¿Conocemos a algunos? ¡Pues eso, que tal vez estos hermanos y hermanas nos iluminan más que diez congresos de expertos! Por si os entran algunos remordimientos, leamos el texto evangélico a fondo. Esta gente nos ayuda, no porque ellos sean una especie de "expertos en la sombra", atrincherados tras su apariencia de estulticia, sino sencillamente porque al Padre de Jesús "así le ha parecido mejor". ¡Lo que hay que oír!

Gonzalo Fernández , cmf (gonzalo@claret.org)


3-6. 2001

COMENTARIO 1

v.25: En aquella ocasión exclamó Jesús: Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, si has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente sencilla; 26sí, Padre, bendito seas, por haberte parecido eso bien.

La expresión introductoria «por aquel entonces» enlaza de algún modo esta perícopa con la anterior. Después de la recriminación a las ciudades que no responden, aparece la respuesta favorable de la gente sencilla. Por contraste con la invectiva anterior, en esta perícopa Jesús alaba al Padre por lo que está sucediendo. Aparece el Padre como el Señor del universo.

Jesús bendice al Padre por una decisión: los intelectuales no van a entender esas cosas; los sencillos, sí. «Esas cosas» puede referirse a «las obras» del Mesías (11,2.19). La revelación de que habla Jesús respecto a los sencillos tiene un paralelo en la que recibe Simón Pedro para reconocer en Jesús al Mesías, después de los episodios de los panes (16,17). Se trata, pues, de comprender el sentido de las obras de Jesús, de ver en ellas la actividad del Mesías. La revelación del Mesías podía haberse hecho de manera deslumbradora y autoritaria. Sin embargo, el Padre ha querido ha­cerla depender de la disposición del hombre. Es la limpieza de corazón, la ausencia de todo interés torcido, la que permite discernir en las obras que realiza Jesús la mano de Dios.

Precisamente, la denominación «los sabios y entendidos» alude a Is 29,14. En el texto profético, Dios recrimina al pueblo su hipocresía en la relación con él: lo honra con los labios, pero su corazón está lejos (cf. Mt 15,8s). A eso se debe que fracase la sabi­duría de los sabios y se eclipse el entender de los entendidos. En el trasfondo del dicho de Jesús se encuentra, por tanto, esta reali­dad: los sabios y entendidos no captan el sentido de las obras de Jesús porque su insinceridad inutiliza su ciencia, impidiéndoles aceptar las conclusiones a las que su saber debería llevarlos. Los «sencillos» no tienen ese obstáculo y pueden entender lo que Dios les revela. El hecho de que Dios «oculta» ese saber no se debe a su designio, sino al obstáculo humano; se atribuye a Dios lo que es culpa del hombre. De hecho, la realidad de Jesús está patente a todos, viene para ser conocido de todos. El pasaje está en relación con el aserto de Jesús en 9,13: «No he venido a llamar justos, sino pecadores.» El «justo» es el que se cierra a la llamada por estar conforme con la situación en que vive. No es culpa de Jesús, sino del hombre. El que se tiene por «justo», sin reconocer su necesidad de salvación, se cierra a la llamada de Jesús. Lo mismo el «sabio y entendido», cuyo corazón está lejos de Dios, está cerrado a la re­velación del Padre (25s).

v. 27: Mi Padre me lo ha entregado todo; al Hijo lo conoce sólo el Padre y al Padre lo conoce sólo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

La frase de Jesús «mi Padre me lo ha entregado todo» está en relación con la designación «Dios entre nosotros»: Jesús es la presencia de Dios en la tierra. También con la escena del bautis­mo, donde el Espíritu baja sobre Jesús y el Padre lo declara Hijo suyo. La posesión de la autoridad divina fue afirmada por Jesús en el episodio del paralítico (9,6). La relación íntima entre Jesús y el Padre la establece la comunidad de Espíritu. Por eso nadie pue­de conocer al Padre, sino aquel a quien el Hijo comunique el Espí­ritu, que establecerá una relación con el Padre semejante a la suya. Es decir, el conocimiento de Dios de que se glorían los sabios y entendidos, que se adquiriría a través del estudio de la Ley, no es verdadero conocimiento. Este consiste en conocerlo como Padre, experimentando su amor, y sólo se consigue esta experiencia por la comunicación que hace Jesús del Espíritu que recibió.

De ahí que invite a todos los que están cansados y agobiados por la enseñanza de esos sabios y entendidos. El se presenta como maestro, pero no como los letrados, dominando al discípulo; él no es violento, sino humilde, en contraposi­ción al orgullo de los maestros de Israel. Su enseñanza es el descanso, después de la fatiga del pasado (11,28s).


COMENTARIO 2

La alabanza de Jesús a Dios Padre está impregnada de gratitud porque el mismo Dios ha escondido las cosas del Reino a los prepotentes, a los que se creen que ya están salvados y se las revela a los pequeños, a los excluidos, a los que la religión judía consideraba que están por fuera del plan salvífico de Dios. A los pequeños, Mateo los llama cansados y agobiados por las duras cargas que fariseos y escribas colocaban sobre sus hombros. La alabanza y agradecimiento de Jesús al Señor del universo tiene su origen y razón en el querer insondable de Dios, que da el beneplácito a la gente con disponibilidad abierta y se lo niega a la gente engreída, a los sabios y poderosos ante los ojos humanos, pero necios ante los ojos de Dios.

La segunda parte del himno de júbilo está centrada en el Padre y en Jesús (v. 27). Si la primera parte del himno de Bendición es una mirada profunda al Padre, la segunda es una mirada reflexiva sobre la persona de "el Hijo". El tema de este versículo consiste en que también el Hijo "revela" conforme a "su querer", y en virtud del conocimiento y potestad que no tiene nadie más que él.

Jesús reconoce que su tarea evangelizadora le ha sido encomendada por su Padre y que se conoce al Padre por el Hijo. De esta manera, nos encontramos con una síntesis de la autorrevelación de Jesús. Jesús es el Hijo de Dios en un plano distinto y superior al del resto de los hombres. Al compartir la misma dimensión del Padre se coloca en un plano trascendente, único, divino. Por tanto, Jesús como Hijo de Dios también es Señor del cielo y de la tierra.

1. J. Mateos-F. Camacho, El evangelio de Mateo. Lectura comentada, Ediciones Cristiandad, Madrid

2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)


3-7. 2002

El pasaje evangélico describe dos tipos de actitudes asumidas por el Padre de Jesús, Señor del cielo y de la tierra: encubrimiento a los sabios y entendidos por una parte, revelación a la gente sencilla por la otra.

Para determinar el sentido del texto puede ayudarnos el precedente pasaje de los ayes contra las ciudades del lago con los que el pasaje se une gracias a un “por aquel entonces”.

Jesús había dirigido su condena a tres ciudades que eran sede de escuelas rabínicas y, por consiguiente centros de cultura religiosa. Esto las llenaba de autosuficiencia y orgullo que les impedía descubrir las acciones divinas que se realizaban por medio de las obras de Jesús. Los sabios y entendidos son, por tanto, todos aquellos que con su actitud irresponsable no son capaces de aceptar las intervenciones de Dios en la historia. Este encubrimiento de Dios revela su culpabilidad. Dios, presentado como Señor de cielo y tierra, continúa su obra creadora en la historia. El conocimiento religioso, que debería ser un instrumento de acceso a esa continuación de la obra creadora, se convierte por su orgullosa autosuficiencia en obstáculo para una relación religiosa auténtica en dichas personas.

De esa forma, por su culpa, Dios se encubre a ellas ya que su soberbia les impide aceptar la manifestación divina. Por ello el designio del Padre encuentra su realización en otros sujetos, que pueden ser calificados como “gente sencilla”.

La ausencia de tortuosidad y la mirada sincera sobre la realidad les capacita para aceptar “estas cosas”. Con esta expresión se quiere indicar las obras mesiánicas de Jesús de las que habla el entero capítulo con ocasión de la pregunta de los enviados de Juan.

Dichas obras en su aparente simplicidad ponen en cuestión los intereses de todos aquellos que las consideran como amenaza a sus propios intereses. Por el contrario, encuentran la adecuada acogida en todos aquellos que ven en ellas realizados sus anhelos.

Esta forma concreta de realización salvífica hace brotar el agradecimiento de labios de Jesús. Repetidamente refiere al Padre la condición “bendito”, aceptando el designio salvador en obediencia filial.

Frente a los poderosos y autosuficientes que consideran que todo les está permitido, Jesús descubre la gozosa apertura a nuevos horizontes que se abre a la humanidad por la participación íntima en los secretos divinos. La profunda comunión de Dios en Jesús, el Dios con nosotros, se hace partícipe de este modo a todos aquellos que son capaces de aceptar este modo de actuación divina.

La revelación divina, por tanto, no se inscribe en el cúmulo de conocimientos que somos capaces de atesorar a lo largo de nuestra vida. Ella sólo puede existir si somos capaces de participar del modo de actuar de Jesús, en un amor limpio y desinteresado que no cuida de los propios intereses sino que pone por encima de todo los intereses del Padre.

El agradecimiento de Jesús por esta forma de actuar de ese Padre que es también Señor del cielo y de la tierra sólo puede transferirse a aquellos que estén dispuestos a seguir el camino de Jesús y adherirse en obediencia filial al querer de Dios.

Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)


3-8. CLARETIANOS 2003

En nuestra lectura del Éxodo llegamos hoy al episodio de la zarza ardiente, ante la que Moisés es invitado a descalzarse. La “experiencia de la zarza” es un momento fundante en la vida y vocación de Moisés. Dios le revela su nombre; es decir, le hace experimentar que se trata de una presencia misteriosa que lo acompañará siempre. El “Yo soy el que soy” es el “Yo soy el Dios de tus padres” y el “Yo estoy contigo”. No se trata de hacer conjeturas sobre la impenetrable esencia de Dios sino percibir que Él está con nosotros.
Fortalecido por esta experiencia, Moisés comienza su misión liberadora: Y, ahora, marcha, te envío al Faraón para que saques a mi pueblo.

La historia de la revelación de Dios en el fuego ha dado origen a multitud de interpretaciones. El fuego es un símbolo universal. Se han buscado significados cabalísticos, claves arquetípicas, etc. Abandonados a nuestra búsqueda, podemos deslizarnos por todas las pendientes imaginables. Por eso necesitamos la palabra guía de Jesús. El evangelio de hoy es meridiano. El misterio de Dios sólo se revela a los que se descalzan ante Él, a los sencillos: Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla.

Gonzalo (gonzalo@claret.org)


3-9. Miércoles 16 de julio de 2003
Carmen

Ex 3, 1-6.9-12: Vocación de Moisés
Salmo responsorial: 102, 1-4.6-7
Mt 11, 25-27:Has escondido esto a los sabios

La sencillez y la humildad son la puerta entrada al conocimiento de Dios. Si no damos este primer paso avanzamos en falso y nos llenamos de vanagloria, el crecimiento interior lo realiza el Espíritu cuando le permitimos que actúe en nosotros.

El ser humano por su capacidad de razonar tendría muchos motivos para encontrar a Dios, pero precisamente la razón lo ha alejado más. La comprensión del mundo y de la naturaleza, el conocimiento de las leyes que rigen el universo, hacen sentirse al ser humano un ser prepotente. Así como al hombre o a la mujer que practican la religión no les es suficiente el cumplimiento estricto de las normas y necesitan descubrir el espíritu que anima y da vida a las normas, necesitan practicar la justicia, así al hombre o a la mujer que se dedican a la ciencia y al conocimiento no les basta este solo conocimiento: deben aprender también la sabiduría para poder penetrar en la esencia del cristianismo y participar de la experiencia de Dios. Sólo los pequeños, los que se sienten necesitados de Dios, reciben la revelación del misterio divino que se oculta en toda los seres de la creación, ellos son capaces de descubrir las huellas y la presencia divina en todo lo que existe y en todo lo que acontece. Pero cuando el ser humano está lleno de su propio conocimiento tioene dificultades para encontrar la presencia amorosa del Padre en la creación. La generación de Jesús pretendía conocerlo porque sabían quiénes eran sus padres y sus hermanos y dónde vivía, pero en su mayoría y principalmente los que manejaban la religión, no fueron capaces de descubrir en Jesús al Hijo de Dios, por eso el mismo Jesús les dice que nadie conoce bien al Padre sino el hijo y aquel a quien el hijo se lo quiera revelar, creer en Jesús es un don del Espíritu, nadie puede darse ese don si Dios mismo no se lo da. En sus mismos discípulos vemos con cuánta dificultad van descubriendo y aceptando que ese Jesús, de carne y hueso, es el Señor, el Hijo de Dios. El conocimiento de Dios es vida y no teoría, entre los cristianos encontramos muchos que saben demasiado de Dios, conocen bastante las Escrituras… pero eso no pasa de ser un simple conocimiento teológico o bíblico, inflados en su propio conocimiento pierden hasta la fe.

SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO


3-10. ACI DIGITAL 2003

25. El Evangelio no es privilegio de los que se creen sabios y prudentes, sino que abre sus páginas a todos los hombres de buena voluntad, sobre todo a los pequeñuelos, esto es, a los pobres en el espíritu y humildes de corazón, porque "aquí tienen todos a Cristo, sumo y perfecto ejemplar de justicia, caridad y misericordia, y están abiertas para el género humano, herido y tembloroso, las fuentes de aquella divina gracia, postergada la cual y dejada a un lado, ni los pueblos ni sus gobernantes pueden iniciar ni consolidar la tranquilidad social y la concordia" (Pío XII en la Encíclica "Divino Afflante Spiritu").