MIÉRCOLES DE LA SEMANA 13ª DEL TIEMPO ORDINARIO
1.- Gn 21, 5.8-20
1-1.
-Abraham tenía cien años cuando nació su hijo Isaac.
Dios es fiel. Mantiene sus promesas.
La fe de Abraham, puesta a prueba tanto tiempo, no fue vana. Después de una larga espera, el plan de Dios se realiza. ¡No tienes prisa, Señor! Toda la eternidad es tuya para que cumplas, para que termines tu creación. Estoy seguro de que también se cumplirán todas tus otras promesas: la de la victoria definitiva contra el mal... la promesa del Espíritu Santo a tu Iglesia... Ia promesa de satisfacer las oraciones de tus fieles.
Saboreo en silencio esas promesas que nos has hecho, Señor: «Haré un cielo nuevo y una tierra nueva: no habrá ya muerte, ni llantos, ni gemidos, ni penas porque he aquí que hago un universo nuevo...»
«No temáis, pequeño rebaño. He vencido al mundo.
Estaré con vosotros hasta el fin del mundo...»
«Todo lo que pediréis en mi nombre, lo haré. Llamad y se os abrirá.»
A pesar de las apariencias contrarias, a pesar de las demoras, todas esas promesas divinas tendrán un día su cumplimiento.
Tengo fe en Ti, Señor. Incluso si he de esperar mucho tiempo en la fidelidad, como Abraham.
-Despide a esa sirvienta y a su hijo; pues éste no ha de heredar juntamente con mi hijo Isaac.
Estas palabras disgustaron mucho a Abraham. Pero Dios le dijo: "No lo sientas, ni por el chico ni por tu sirvienta.»
Abraham es llevado a reflexionar sobre la rivalidad que va creciendo ante sus ojos. Sufre por ello, ruega sin duda por este «hecho», pidiendo que Dios le conceda sus luces. Y Dios contesta. Le da a entender que la Promesa pasa por Isaac... pero que Ismael tendrá también un destino útil...
La fe de Abraham es ejemplar, es la de un creyente que es «padre». Su preocupación paternal viene a ser como una parábola de la Paternidad divina. Los padres y madres de HOY, han de orar también a partir de las situaciones que sus hijos provocan...
-Como llegase a faltar el agua del odre, Agar colocó al niño debajo de una mata y ella fue a sentarse enfrente a distancia de un tiro de arco; pues decía: «No quiero ver morir al niño» y se puso a llorar a gritos. Dios oyó los gritos del niño.
Esta última frase es conmovedora.
La Biblia es realmente sorprendente en la simplicidad de su trato con Dios. Tras la imagen, se nos revela una idea muy pura de Dios. Un Dios que, una vez más, está atento, un Dios que escucha. Ningún sufrimiento humano, ningún grito lo deja indiferente.
Ayúdanos, Señor, a parecernos a ti. ¿Oiré yo, en mi vida, las llamadas y los sufrimientos de mis hermanos?
-No temas. ¡Arriba! Levanta al pequeño y tómalo fuertemente de la mano, porque haré de él un gran pueblo.
Actitud constante de Dios: levantar, ¡poner al hombre de pie !
Volver a tener el valor y el gusto de vivir, dar un «sentido» a la vida.
Te ruego, Señor, por todos los desanimados de la existencia, por todos los niños que siguen gritando en los países del hambre, por todas las madres que están al borde de la desesperación, por todos los que necesitan levantarse.
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 5
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑO IMPARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 156 s.
1-2. /Gn/21/01-21:
Este relato, aparte del nacimiento de Isaac (que por su singular importancia ha sido recogido por las tradiciones yahvista, elohísta y sacerdotal), nos ofrece una versión elohísta de la expulsión de Ismael, paralela a la yahvista del cap. 16. Hay diferencias: en el fragmento que consideramos, Ismael ya ha nacido y tendría, incluso, según los datos de la tradición sacerdotal (no compaginables con los presupuestos de nuestra narración), diecisiete años (cf. 16,16- 21,5). En cambio, en el cap. 16 todavía no ha nacido. También la actitud de Agar, presumida y orgullosa, contrasta con la dócil y humilde de este pasaje que comentamos. En general, se observa una tendencia a dar un valor típico a los hechos: el heredero legítimo de Abrahán es Isaac, no Ismael; pero éste no quedará excluido de la protección divina.
Etimológicamente, Isaac significa «Dios ríe, Dios es propicio» o «que Dios ría o sea propicio». La repercusión del sentido más o menos literal de este nombre se hace presente en todos los relatos alusivos al hijo de Sara, la cual, primitivamente, era la que imponía el nombre. En el v 6, junto a una explicación religiosa del nombre, que expresa la gratitud por la benevolencia divina, hay otra profana relacionada con las habladurías y medias risas de los vecinos. La expulsión de Ismael y de Agar presupone riñas y discusiones entre ésta y Sara.
Abrahán se siente afectado por ello, y si se aviene a la propuesta de Sara es porque concuerda con la voluntad divina que de esta forma lleva adelante su plan y «sabe escribir derecho con líneas torcidas». Por lo demás, se constata aquí una función más activa de Abrahán que en el cap. 16.
La descripción del elohísta consigue hacernos vivir la tragedia de Agar y de su hijo. El «ángel de Dios» ( = Dios mismo) tranquiliza a Agar y le dice que «Yahvé ha escuchado la voz del niño», clara alusión al nombre de Ismael (= Dios escucha). También él, aun no siendo el depositario de las promesas, es objeto de la benevolencia divina y está llamado a convertirse en un «gran pueblo». Su lugar de residencia será el desierto, concretamente el de Farán, entre Egipto y Palestina, y se distinguirá como tirador de arco.
Del fondo de todo este relato emerge que la salvación prometida a Abrahán está reservada a Israel y no afecta a los demás pueblos que provienen del patriarca. En la perspectiva global de la Biblia, sólo pueden tener acceso a ella aceptando y acogiendo la fe de Israel.
J.
MAS ANTO
LA BIBLIA DIA A DIA
Comentario exegético a las lecturas de la Liturgia de las
Horas
Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981.Pág. 88 s.
2-1.
-Palabra del Señor. Buscad el bien, no el mal...
Entonces el Señor, Dios del universo, estará con vosotros, tal como decís.
"Dios con vosotros" es una de las fórmulas de la Alianza.
Al final del reinado de Jeroboan II, hacia el 75O el Reino del Norte vive en la prosperidad: éxitos militares, actividades comerciales fructuosas, riqueza y lujo. Las gentes acaban por creer que son objeto de una especie de particular predilección divina. Y se cantan las ventajas de la Alianza. Amós denuncia esta falsificación de la Alianza, esta "pretensión" de privilegio. Para estar realmente «con Dios», hay que «buscar el bien y evitar el mal».
-Detestad el mal, amad el bien, haced que reine el derecho en el Tribunal.
Lo que agrada a Dios es la búsqueda del bien, tanto en el plan individual como en el plan social. Una civilización de abundancia puede, por desgracia, encubrir muchas injusticias: la corrupción del derecho es, para Amós, un crimen profesional... porque cuando más potente es uno, cuanto más poder tiene, más fácilmente puede perjudicar a las gentes humildes que no pueden defenderse.
Me pregunto: ¿soy justo? En lo que de mí depende ¿hago que reine el derecho?
-Detesto vuestras peregrinaciones festivas, no me gustan vuestras asambleas. Cuando me ofrecéis holocaustos y ofrendas no me complazco en vuestras oblaciones. Vuestros sacrificios de animales cebados ni siquiera los miro. Apartad de mi lado el sonido de vuestras canciones. No quiero oír la salmodia de vuestras arpas...
Jamás ha sido condenado con más vigor el formalismo litúrgico.
Esta violenta acusación de la hipocresía religiosa será frecuentemente repetida por los profetas (Isaías 1, 10-16; 29, 13; 58, 1-8; Oseas 6, 6; Miqueas 6, 5-8; Jeremías 6, 20).
Jesús tendrá acentos equivalentes (Lucas 11, 41; Mateo 7, 21; Juan 4, 21-24).
Hay que imaginarse al profeta Amós de pie a la puerta del Templo de Siquem, y vociferando esas invectivas contra el culto en las barbas de los sacerdotes y peregrinos... y en el nombre mismo de Dios. "Vuestros gestos religiosos, dice Dios, no me interesan". No es el culto en cuanto tal lo denunciado, sino el divorcio entre la «fe» y la «vida»: no puede uno creerse en regla con Dios porque cumple los ritos, si, por otra parte, desprecia los preceptos elementales de la justicia social y del amor al prójimo.
San Pablo dará la expresión más elaborada y positiva de ese gran principio: «ofreced vuestras personas como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual.» (/Rm/12/01-02)
El verdadero culto que agrada a Dios es nuestra vida cotidiana, vivida en la justicia y el amor. Esto vale más que todos los ritos (Salmo 40, 7-9) (Salmo 50, 5-15; 51, 18-19)
-Pero que el derecho fluya como un manantial, la justicia como un arroyo perenne.
¿Estoy de veras convencido de que Dios prefiere un acto de justicia a la solemnidad de hermosas ceremonias? Las religiones siempre corren el riesgo de esta desviación hacia el formalismo.
¿Caigo también yo en esta desviación?
Me detengo ante Ti, Señor, para considerar mi jornada de HOY, a fin de que el derecho en toda ella «fluya como un manantial y la justicia como un arroyo perenne.» Los demás tienen derechos sobre mí.
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 4
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑOS PARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág. 156 s.
2-2. /Am/05/01-17
Una de las características más acusadas del profetismo bíblico, y que señala su linea reformadora, es la idea de que religión y ética son inseparables. Es un corolario inevitable del concepto que los profetas tienen de Dios. Por eso se entregan a la tarea de proclamar la ley de Dios y su justicia entre los hombres. Exponente de la unión entre religión y ética es la denuncia de la idolatría, del culto idolátrico. Porque la idolatría es un intento de objetivar la divinidad y así ahorrarse el paso por el Dios ético que interpela al creyente respecto a su comportamiento hacia los demás hombres, las auténticas imágenes de Dios. La voz del profeta de Tecua adquiere un acento inconfundible al entrar en este terreno.
BUSQUEDA/DESEO: En la predicación profética «buscar a Yahvé» significa tomar en la vida religiosa una firme determinación de descubrir la voluntad divina para conformar a ella la propia conducta. «Buscar» (el darash hebreo, con el que se significaba la consulta de la voluntad de Dios, tanto por procedimientos rituales como por reflexión sobre la Torá) solicita todo el ser del buscador en su movimiento de orientación hacia otra persona, cuyo encuentro le compromete totalmente. A esta búsqueda queda vinculada una promesa de vida de una debida relación vital con Dios, tal como deja entender Dt 30,15: «Mira, hoy te pongo delante la vida y el bien, la muerte y el mal. Si obedeces los mandatos de Yahvé, tu Dios, que hoy te promulgo, amando a Yahvé, tu Dios, siguiendo sus caminos, guardando sus mandamientos... vivirás».
Pero si la auténtica religión consiste en la conformidad a la voluntad de Dios buscada, hallada y realizada, ¿qué significado podía tener el culto en Guilgal y en Betel, santuarios que el mismo Dios despreciaba? Amós disipa e] celo pseudo-religioso de los fieles del Reino del Norte. La búsqueda de Dios no pasa por estos santuarios: Betel (casa de Dios) se ha convertido en Bet-Aven (casa de la nada). Buscar a Dios sólo en el culto e ignorarlo en la vida ética constituye la más abominable de las idolatrías: los pobres, siempre oprimidos y vejados, se encuentran desamparados, sin defensa, en unos tribunales hipotecados por el soborno con que los ricos injustos desvían la sentencia de unos jueces venales. Dios ama a los hombres, no la letra ni el sacrificio ni, mucho menos todavía, el sacrificio humano.
F.
RAURELL
LA BIBLIA DIA A DIA
Comentario exegético a las lecturas de la Liturgia de las
Horas
Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981.Pág. 734 s.
2-3. /Am/05/18-27 /Am/06/01-14
Como los demás contemporáneos judíos, Amós cree que Yahvé es el Dios de Israel. Dios lo escogió libremente entre todas las naciones y pactó con él una alianza. Pero contrariamente a la mentalidad común de Israel, insiste en que este vínculo no es natural e indisoluble, sino que es una relación moral: si la comunidad judía persiste en prescindir de las exigencias teologales y éticas de la alianza, si continúa degradándose en las prácticas idolátricas y en la violencia contra los débiles, el enemigo y el exilio pondrán fin a todo para restablecer los derechos de Dios y de los pobres.
DIA-DE-YAHVE: Por primera vez en la literatura profética el juicio es descrito como el "día de Yahvé", expresión que pasa a ser fundamental en la escatología del AT. Amós no explica el origen y el significado de esta expresión. En la mentalidad popular evocaba una portentosa manifestación de Yahvé a favor de su pueblo y contra sus enemigos. Amós no duda de la llegada de este "día", al contrario. Sin embargo, será verdaderamente el «día de Yahvé», es decir, el momento en que Dios manifestará su victoria, pero la victoria de Dios, no la de Israel. Este «día» significará que Israel tendrá que dar cuenta a Dios de haberle cerrado el paso tantas veces, de haber desaprovechado tantas ocasiones: «¡Oh, si oyerais su voz! No endurezcáis vuestro corazón como en Meribá» (Sal 95,7bs). Amós describe con agudeza el comportamiento irresponsable y criminal de los gobernantes de Israel y de Judá, entregados a los placeres más refinados y libidinosos. El uso de muebles con incrustaciones de marfil, el hecho de escoger los manjares más exquisitos, en un clima de música lujuriosa, etc., constituyen el contraste grotesco con un pueblo expoliado por los poderosos y defraudado en unos tribunales de justicia convertidos en amargura y veneno.
La rapacidad, la indolencia, el lujo y la sensualidad de los dirigentes del pueblo, con la injusticia que esto comporta, son descritos en el v 12 del c. 6 como un pecado contra naturaleza. Su falsa seguridad los ciega con un orgulloso optimismo que los cierra a la palabra del profeta. Ante todo esto, Amós afirma la trascendencia de Dios respecto al pueblo judío, por eso evita la expresión «Dios de Israel». En boca del pastor de Tecua, tan pródigo en nombres divinos, Yahvé lo es todo menos «Dios de Israel». De esta manera el concepto de Dios se eleva por encima del nivel simplemente tribal y nacionalista: trasciende el culto, la historia, el destino de un pueblo.
F.
RAURELL
LA BIBLIA DIA A DIA
Comentario exegético a las lecturas de la Liturgia de las
Horas
Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981.Pág. 735 s.
3.- Mt 8, 28-34
3-1. VER Paralelo: /Mc/05/01-20 y Lc/08/26-39
3-2. CERDOS/SATANAS:
Los tres evangelios sinópticos aportan este relato extraño de unos "demonios" que fueron expulsados y que al salir ¡se fueron a los cerdos de una piara! Marcos sitúa a los dos endemoniados entre los Gerasenos (Marcos 5, 1). Lucas, entre los Gergesenos (Lucas 8, 26) y Mateo entre los Gadarenos (Mateo 8, 28).
Podríamos preguntarnos: ¿cuál de los tres es verdadero si, en el evangelio, se buscara sólo un documento histórico, materialmente preciso como un reportaje? El Padre Lagrange, gran exégeta católico, subraya que "vale más un acuerdo tácito que manifiesto". Las divergencias de los evangelios, lejos de ser un escándalo ponen en mayor relieve su acuerdo profundo en lo que es esencial. Dos documentos, si uno de ellos es copia servil del otro sólo cuentan como uno. Lo significativo es que sean dos o tres los documentos que se cruzan -coinciden- en lo esencial, conservando cada uno su autonomía, y aun, quizá, sus errores de detalle. Esto es humano. Sabemos cuán fácil es la deformación de los "nombres propios".
-Desde el cementerio dos endemoniados salieron al encuentro de Jesús; eran tan peligrosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino...
Mateo cita a "dos", Marcos y Lucas "uno" (?) Nueva ilustración de la ley enunciada arriba.
El panorama es siniestro. A orillas del lago hay unos senderos en cuesta abrupta y rocosa, con grutas y tumbas: guaridas de bandoleros y de anormales, que roban a los transeúntes... El demonio encuentra allí buena clientela.
-Empezaron a gritar: "¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí a atormentarnos antes de tiempo?" Ya hemos notado, en el relato de Marcos, esa lucidez extraordinaria de los demonios que, en general, ven más claro que los hombres. "Antes de tiempo". Parece hacer alusión a la Hora del Juicio final, en la que todas las fuerzas del mal serán reducidas a la impotencia... ¡los demonios lo saben! Pero Jesús -¡te lo agradecemos mucho!- va a anticipar ese día para que todos tengamos confianza en esta victoria final y definitiva.
Señor, yo creo en esa Hora. La espero. Por ella me esmero.
¡Que venga! En esa hora el "Príncipe de este mundo", el demonio, será definitivamente vencido.
-El simbolismo que envuelve a los demonios: tumbas... cerdos... una violencia furiosa que impide a los hombres...
Los dos primeros símbolos son comunes a Marcos y a Lucas. El tercero es propio de Mateo: "impedían a las gentes de transitar por ese camino". Sí, las fuerzas del mal atacan al hombre, le desvían de su ruta normal, le impiden de realizar su camino. El mal hace su juego contra el hombre... aun cuando toma la apariencia de ser su placer o su bien. ¡Es preciso desenmascarar a Satán, "aquel que impide al hombre de pasar"!
-He aquí que la piara entera se abalanzó al lago, acantilado abajo, y murió ahogada.
Este detalle nos choca. Corresponde a un esquema mental judío que no llegaremos a percibir. El "cerdo" era un animal "impuro", cuya carne estaba prohibida comer (Lv 11, 7-8).
Jesús encuentra una piara en territorio pagano. Por medio de ese gesto espectacular, hace una catequesis popular para mostrar de manera sensible que el Mal será "tragado por el mar". La Bestia del Apocalipsis (19, 2O), también es precipitada al "mar de fuego".
-Los porquerizos salieron huyendo, llegaron al pueblo y lo contaron todo incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo salió adonde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que abandonase su país...
A Jesús no le cuesta trabajo sacar a los demonios. En cambio choca con la incomprensión de los hombres. El relato termina con la declaración de un fracaso dramático: ¡Jesús es expulsado! El camino que conduce a Dios está abierto, los demonios lo interceptan, pero los hombres se resisten a comprometerse. Señor. sana el mal uso de nuestra libertad.
NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 2
EVANG. DE PENTECOSTES A ADVIENTO
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 48 s.
3-3.
1. (Año I) Génesis 21,5.8-20
a) Nace por fin Isaac, el hijo esperado, el hijo de la promesa, del que se espera que dé origen a una numerosa descendencia. Y llena de alegría la casa. Isaac significa «Dios sonríe» o «Dios es propicio».
Pero, según este relato -la versión de este capítulo 21 es distinta de la que habíamos leído hace una semana en el capítulo 16-, pronto surgen esas miserias que a veces enturbian la vida de una familia: los celos de Sara porque Abrahán mira con buenos ojos a Ismael y a su madre, la esclava egipcia Agar. Por un momento, el protagonista de la historia es Ismael, el primogénito, que ya debía tener unos catorce años, pero que no es el que va a prolongar la línea de la promesa, según los misteriosos designios de Dios.
Abrahán se ve obligado a despedirlo, junto con su madre, y ambos emprenden un amargo viaje al desierto, con momentos de desesperación. Pero Dios piensa también en ese muchacho. «Dios oyó la voz del niño» (Ismael significa «Dios escucha»), que llegará a ser el padre de los ismaelitas, nómadas del desierto, y los árabes, que se refieren de buen grado a Abrahán como su padre y origen.
El salmo parece personificar la oración de Agar y de su hijo en el desierto: «si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de su angustia». La lectura termina: «Dios estaba con el muchacho».
b) Nosotros solemos tener prisa por conseguir nuestros objetivos. Desde que Dios le prometió que tendría descendencia pasaron bastantes años, y Abrahán no perdió la esperanza. Finalmente, llegó, cuando parecía imposible.
¿Perdemos la esperanza en el porvenir de la Iglesia, de las vocaciones, en los valores de la juventud? ¿queremos resultados a corto plazo, como si todo dependiera de nosotros, o nos fiamos de Dios, que conduce la historia a su ritmo misterioso?
Otra lección que tenemos que aprender de esta página del Génesis es la amplitud de corazón. Como Dios y como Abrahán, ¿sabemos acoger a todos, tanto a Isaac como a Ismael, tanto a la libre como a la esclava? ¿o somos mezquinos de corazón y celosos? En nuestra familia o en nuestra comunidad, ¿sabemos ceder, como Abrahán, que, una vez, dejó a su sobrino Lot escoger los mejores pastos y ahora se preocupa tanto del hijo de la esclava como del de la libre? ¿miramos con ojos de simpatía, con ojos de Buen Pastor, también a los que en nuestra Iglesia vemos como alejados, y estamos dispuestos a descubrir los valores que también ellos tienen, y que nos pueden enseñar a nosotros? Dios está también con Ismael. ¿Quiénes somos nosotros para hacer acepción de personas?
1. (Año II) Amós 5,14-15.21 24
a) Amós, decidido profeta de Dios, «el campesino de ojos abiertos», «el vidente de Técoa», no duda en denunciar el culto de Israel en sus templos, sobre todo en Betel, como liturgia vacía, que no agrada a Dios.
No es que no haya que rendir culto externo, pero estas celebraciones deben ir acompañadas de buenas obras, de la justicia en los tribunales, del buen juicio. Si no es así, Dios afirma: «detesto y rehúso vuestras fiestas», y no quiere oír los cantos y las cítaras. Le repugna hasta el olor de los sacrificios que le ofrecen.
La misma idea se prolonga en el salmo. Dios no necesita sacrificios de animales. Lo que quiere es que su pueblo cumpla la Alianza y camine según su voluntad: «no te reprocho tus sacrificios, pues están siempre ante mí... ¿por qué recitas mis preceptos, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos?».
b) En la palabra revelada de Dios se compara muchas veces la liturgia con la caridad. Y cuando la liturgia aparece vacía, vana, hecha sólo de palabras y gestos exteriores, pero no de obras consecuentes en la vida, siempre queda descalificada. Como en el caso de Amós, que con razón es llamado «el profeta de la justicia social», porque critica a los comerciantes de su época como «devoradores de los pobres» y señala con el dedo a los jueces corruptos, que se dejan comprar por dinero.
También de nuestra liturgia se podría decir lo mismo, si es vacía. Los cantos, los ritos, las fiestas, las oraciones: todo eso está muy bien, pero, como nos enseñó Jesús, no acierta «el que dice Señor, Señor, sino el que cumple la voluntad del Padre». También nos dijo: «misericordia quiero y no sacrificios». Si existe divorcio entre la liturgia y nuestra vida, no es verdadero nuestro culto a Dios. Él no quiere que separemos nuestros cantos y oraciones de la caridad y de la justicia para con los demás.
Juan Pablo II ha insistido en las consecuencias que una Eucaristía bien celebrada debe tener en el terreno de la caridad y la justicia social. Sobre todo lo hizo en el Congreso Eucarístico de Sevilla, en el año 1993: «quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve... es una contradicción inaceptable comer indignamente el Cuerpo de Cristo desde la división y la discriminación... El sacramento de la Eucaristía no se puede separar del mandamiento de la caridad. No se puede recibir el Cuerpo de Cristo y sentirse alejado de los que tienen hambre y sed, son explotados o extranjeros, están encarcelados o se encuentran enfermos. La Eucaristía entraña un compromiso en favor de los pobres. Para recibir en la verdad el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados por nosotros, debemos reconocer a Cristo en los más pobres, sus hermanos».
2. Mateo 8,28-34
a) Después de calmar la tempestad en la escena de ayer, esta vez el milagro de Jesús sucede en territorio pagano, Gerasa o Gadara: libera a dos enfermos de su posesión diabólica.
Se trata de un milagro un poco misterioso. El relato parece más simbólico que preocupado por los detalles históricos: país pagano, posesión diabólica, cementerios como lugar de muerte, y traspaso de los demonios a los cerdos, los animales inmundos por excelencia para la cultura del tiempo. Parece como si Mateo quisiera acumular todos los grados del mal para recalcar después el poder de Jesús, que es superior al mal, al malo, y lo vence eficazmente.
Los demonios reconocen al Mesías. Se quejan de que adelante su derrota: porque estaba anunciado que los demonios serían maniatados al final de los tiempos. En el Apocalipsis ( 19,20 y 20,2) se canta la victoria final contra la Bestia y sus secuaces, que son arrojados al fondo del mar, como los cerdos de la escena de hoy.
El signo no produce mucho efecto entre los habitantes del lugar, que piden a Jesús que se marche. Le consideran culpable de la pérdida de una piara de cerdos, que seguramente se debió a algún fenómeno natural.
b) Jesús sigue ahora su lucha contra el mal. Y nosotros, con él. El mal que hay dentro de nosotros, el mal que hay en el mundo.
Jesús sigue siendo el más fuerte. Tanto si se personifica el mal en el demonio, cosa que hace tantas veces el evangelio, como si no, todos tenemos experiencia de que existe el mal en nuestras vidas y, también, de nuestras pocas fuerzas para combatirlo.
¿Somos como los gerasenos, que desaprovechan la presencia del Mesías y no parecen querer que les cure de sus males? ¿invocamos confiadamente a Jesús para que nos ayude en nuestra lucha? Haremos bien en pedirle que nos libere de las cadenas que nos atan, de los demonios que nos poseen, de las debilidades que nos impiden una marcha ágil en nuestra vida cristiana.
En el Padrenuestro pedimos a Dios: «Mas líbranos del mal», que también se puede traducir «mas líbranos del malo». Cuando vamos a comulgar, se nos recuerda que ese Pan de vida que recibimos, Jesús Resucitado, es «el que quita el pecado del mundo».
Al mismo tiempo, como seguidores de Cristo, tenemos que saber ayudar a otros a liberarse de sus males. Jesús nos da a nosotros el equilibrio interior y la salud, con sus sacramentos y su palabra. Nosotros hemos de ser buenos transmisores de esa misma vida a los demás, para que alcancen su libertad interior y vivan más gozosamente su vida humana y cristiana.
«Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias» (salmo I)
«Buscad el bien, y no el mal, y viviréis» (la lectura II)
«Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios» (salmo II)
J.
ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 5
Tiempo Ordinario. Semanas 10-21
Barcelona 1997. Págs. 96-100
3-4.
Primera lectura : Amós 5, 14-15.21-24 Retirad de mi presencia el estruendo del canto; fluya la justicia como arroyo perenne.
Salmo responsorial : 49, 7.8-9.10-11.12-13.16bc-17 Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios
Evangelio : Mateo 8, 28-34 ¿Has venido a atormentar a los demonios antes de tiempo?
Jesús atraviesa a la otra orilla. A la otra» región. Al lugar de los no judíos», la región de los gerasenos. En su paso por ese lugar se encuentra con dos endemoniados que se encontraban en el cementerio. Los endemoniados eran muertos en vida por eso frecuentaban el cementerio como el lugar donde reposan los muertos.
Los endemoniados reconocen en Jesús al Hijo de Dios, le temen y le interpelan. Jesús también les lleva el milagro del amor de Dios a ellos rompiendo las barreras culturales, y manifestando la universal salvación de Dios que no se dedica a un solo pueblo, como lo entendieron los israelitas y como aún lo comprenden; Jesús proclama a su Padre como el Padre de todos en el universo y así manifestó el inicio del Reinado de Dios en medio de los de Generaza.
La liberación de los endemoniados por parte de Jesús no es por la fuerza, que siempre destruye y degenera; es una liberación realizada por el amor de Dios, que incluye a los excluidos y llama al perdón a los pecadores. Es el Dios que da una nueva oportunidad en la vida y no condena por los fracasos y por los desatinos. El Dios de la Biblia es el Dios que entiende la realidad del ser humano y por eso lo vuelve a llamar y le vuelve a proponer su misericordia y su amor.
La gente del pueblo de los gerasenos quedaron admirados por la liberación que Jesús hizo de los endemoniados. Dios no hace caso de las barreras creadas por los sistemas; a él le importa el ser humano integralmente, y por eso lo rescata del abismo y le da la posibilidad de ser una creatura nueva, con capacidad de luchar por su comunidad y de dar testimonio del amor de Dios manifestado en su vida.
SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO
3-5.
Gn 21, 5.8-20: Dios oyó la voz del muchacho
Sal 33, 7-8.10-13
Mt 8, 28-34: Le pidieron que se fuera de su tierra
Al poner Jesús pie en la región de los gadarenos (Gadara ciudad helenística que se encontraba cerca del mar de Galilea), van inmediatamente a su encuentro dos hombres endemoniados, poseídos por un espíritu inmundo; no aguardan a que Jesús se les acerque, toman la iniciativa. Como atraídos por la presencia de Jesús, van a su encuentro. Los poseídos acuden a Jesús desde el cementerio (de los sepulcros); salen de ese lugar de muerte para acercarse a él; desean salir de su estado y ven en Jesús una posibilidad de vida.
Es de notar el énfasis negativo del texto. Dice que "nadie era capaz de pasar por aquel camino" porque los endemoniados estaban "furiosos". Vemos cómo en el mundo antiguo, judío y gentil, se atribuían frecuentemente a los demonios los trastornos que presentaban algún rasgo desacostumbradamente repulsivo para el que no había explicación.
Los endemoniados gritan y protestan: "qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios". La frase denota una fuerte hostilidad, un sentimiento de amenaza de Jesús para con ellos; en realidad, es una repulsa porque creen descubrir en Jesús una hostilidad hacia ellos como la que habían encontrado en los demás. Pero los demonios reconocen a Jesús como "Hijo de Dios" designándolo como Mesías, como el liberador, lo ven como un líder que puede acaudillar su rebelión y sacarlos de la situación miserable en que se encuentran.
Los demonios le suplican a Jesús para que se les envíe a la piara de cerdos; este detalle indica que el episodio tiene lugar en territorio gentil; este hecho no es simplemente un gesto de maldad; el cerdo es el animal más impuro; y por tanto, es el lugar más adecuado para un demonio, igualmente signo de impureza. Los demonios entraron a la piara de cerdos y de inmediato se precipitaron en el mar, un gesto que parece un tanto injusto para sus dueños; pero en la mentalidad judía, el cerdo no era bueno para nada y nadie sufría una pérdida porque una piara de cerdos pereciera. El relato da a entender que los demonios murieron con los cerdos al precipitarse estos en el mar.
Lo más importante que podemos ver en este relato es que los exorcismos demuestran cómo Jesús libera a los hombres del miedo a los demonios; los demonios no tienen realmente poder alguno y quedan sometidos instantáneamente con una palabra de Jesús.
El poder de Dios vence cualquier otro poder. El exorcismo significa, no que el cristiano haya de creer o no en los demonios y en su poder, sino que ha de tratar el poder demoníaco como si no existiera. Hay un solo poder con el que los hombres deben contar, y es el poder de Dios.
SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO
3-6. DOMINICOS 2003
No quiero ver morir a mi hijo
Esa frase es de Agar, la esclava de Abrahán y Sara, expulsada de casa, agotada
en su soledad y desierto, con el niño Ismael a su lado. Nada más grande para una
mujer-madre que su hijo, y nada peor pagado que el ofrecimiento y maternidad de
Agar, quien, haciéndose esclava-madre, compensó la sombra de esterilidad de su
señora. Pero al final, cuando las cosas cambiaron, vino su expulsión y
destierro.
En el capítulo 21 del Génesis se narra cómo en su ancianidad Sara se hizo
fértil, cómo dio a luz a Isaac, y cómo luego expulsó a Agar e Ismael. Ismael no
podía disputar la herencia al hijo legítimo Isaac.
Pero ni Abrahán, ni Sara, si Isaac sospechaban que la ‘herencia de Abrahán’, el
ser mediador de las ‘promesas de Dios’, iba a suponer que en la florida juventud
del niño, Isaac, Dios iba a poner a prueba la fidelidad jurada por su padre
Abrahán. Toda la trama es complicada, pero el relato del capítulo 22 pone los
pelos de punta.
Caminando orgulloso Abrahán con el hijo de sus entrañas hacia la región de Moria,
Dios quiso ponerlo a prueba y le llamó: Toma a tu hijo único, Isaac, ve a la
región de Moria y ofrécemelo allí en holocausto, en un monte.
Con temor y temblor, pero fiel a la voz, dispuso Abrahán, con su hijo, todo lo
necesario para el sacrificio, e iba a proceder a dar muerte a su hijo cuando
Dios, Padre, volvió a hablar: No pongas tu mano sobre el muchacho. Ya veo que
obedeces a Dios y no me niegas ni a tu propio hijo. Te colmaré de bendiciones, y
multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo...
Palabra de Dios
Libro del Génesis 21,5.8-12:
“Abrahán tenía cien años cuando le nació su hijo Isaac. El chico creció y lo
destetaron, y Abrahán dio un gran banquete... Un día Sara, su mujer, dijo a
Abrahán: expulsa a la criada Agar y a su hijo, porque el hijo de esa criada no
va a compartir la herencia con mi hijo Isaac. Abrahán se llevó un disgusto, pues
ése era también hijo suyo. Pero Dios dijo a Abrahán: no te aflijas por el
muchacho y la criada...; también a él lo convertiré en un gran pueblo. Abrahán
madrugó, tomó pan y un odre de agua, se lo cargó en los hombros a Hagar y la
despidió con el muchacho...”
Tras el relato de la destrucción de Sodoma y Gomorra, el texto continúa hablando
del cumplimiento de la promesa del ángel a Abrahán: tu esposa tendrá un hijo.
Nació Isaac, y Sara sintió celos de la esclava y logró que fuera expulsada de su
hogar. Hagar vagó por montes; pero Dios en su providencia se cuidó del hijo de
la esclava.
Evangelio según san Mateo 8, 28-34:
“Aquel día Jesús llegó a la otra orilla del lago de Genesaret, a la región de
los gerasenos. Desde el cementerio, dos endemoniados salieron al encuentro; eran
tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino.
Le dijeron a gritos a Jesús: ¿qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ...
Una gran piara de cerdos, a distancia, estaba hozando. Los demonios le rogaron:
si nos echas, mándanos a la piara... Los demonios salieron de los posesos y se
metieron en los cerdos, y la piara entera se abalanzó acantilado abajo...”
Escena sorprendente. De difícil interpretación. El rostro del mal, del vicio, de
la locura, tiene siempre algo de repelente. El contraste entre las palabras de
reconocimiento, ‘¿Qué quieres, Hijo de Dios? ’, y el envío del mal espíritu a
los cuerpos de los cerdos, nos deja desconcertados. Entendamos que la ‘locura’
es un tormento en los caminos de la vida noble y digna.
Momento de reflexión
Hijo de la libre, hijo de la esclava.
La escena bíblica de la primera lectura podría escribirse hoy igual que se
escribió siglos antes de Cristo.
Su carga humana es intensísima: Hay, primero, hambre de hijos en los padres,
hasta el extremo de que la esposa ofrezca a su marido los servicios de su
esclava, por ser ella estéril. Después, cuando un hijo propio de la señora viene
al mundo, sobrevienen el desprecio al hijo de la esclava y las exigencias de su
expulsión del hogar, aunque quede llagado el corazón del padre. Y, por fin, con
la expulsión de la esclava y su hijo, sobreviene el vagar por el desierto a la
espera de una mano providencial que acoja a madre e hijo.
En esa soledad y marginación sólo Dios muestra sus entrañas de padre para con
ellos, tomándolos bajo su protección. Al final, siempre el bueno es Dios.
Pero conviene que cada uno nos preguntemos: ¿Haríamos o hacemos nosotros hoy
algo parecido a lo que hizo Sara expulsando al hijo de la esclava con su madre?
Rostro de endemoniados.
Tampoco el texto evangélico tomado de san Mateo es un primor. Su significado
literal es muy difícil de entender. Cuando se habla de ‘malos espíritus’ ¿se
trataba de que unos locos hicieran enloquecer a animales y hombres?
Espiritualmente esa lectura nos puede servir para el bien, si todo lo aplicamos
en plano moral, entendiendo que un alma encadenada por los demonios de los
vicios no resiste a la claridad de la luz, de la gracia, y que, cuando se siente
agitada por la verdad y la honradez, prefiere huir hacia campos de mayor
inhumanidad.
No olvidemos que la conversión o cambio radical de vida es algo misterioso,
necesitado de un golpe de suerte o gracia que rompa de modo fulminante la
actitud anterior.
¡Demos gracias al Señor por el equilibrio de vida, y pidamos gracia nueva, para
salir victoriosos de nuestro abismo de pecado e inhumanidad
3-7. CLARETIANOS 2003
Abrahán es un adelantado a los avances de las
técnicas de reproducción asistida. Fue padre de Isaac ... ¡a los cien años!
Antes había tenido con la esclava Hagar otro hijo: Ismael. Ambos son padres
simbólicos del pueblo judío y del pueblo árabe. A veces he pensado que el
interminable conflicto árabe-israelí, siempre en el candelero, arranca del
relato bíblico que leemos hoy. La tradición judía ha puesto el acento en la
predilección de Abrahán por Isaac. Pero no debemos olvidar lo que se dice al
final del fragmento en referencia al hijo de la esclava: Dios estaba con el
muchacho, que creció, habitó en el desierto y se hizo un experto arquero. Judíos
y árabes tendrían que sentarse juntos y encontrar su punto de encuentro en el
patriarca Abrahán. Esto, que parece casi una salida de tono para la mentalidad
racionalista, tiene una fuerza simbólica inimaginable.
Otro año más escuchamos el relato de los cerdos de Gerasa. Frente al ambiente de
muerte existente en aquel pueblo pagano (cementerio, endemoniados, camino
intransitable), Jesús establece un orden de vida (los demonios y los cerdos
impuros al mar impuro; los curados, a su casa). Los porquerizos, sin embargo, no
entendieron la jugada. Se les hundió el negocio. Por eso, le rogaron a Jesús que
se marchara de su país.
No siempre el “nuevo orden” de Jesús nos resulta
aceptable. A menudo, preferimos el “viejo desorden” con tal de mantener nuestros
intereses.
Gonzalo (gonzalo@claret.org)
3-8. 2001
COMENTARIO 1
v. 28: Llegó él a la otra orilla, a la región de los gadarenos. Desde el
cementerio dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan peligrosos que
nadie se atrevía a transitar por aquel camino.
Gadara estaba en el lado oriental del lago, a unos diez kilómetros al sur de la
desembocadura del Jordán. Los endemoniados salen al encuentro de Jesús desde el
cementerio. Viven con los muertos, están en la condición de muertos en vida. A
su impureza como paganos añaden la del contacto con la muerte. Como se ha
notado, salen al encuentro de Jesús como si supieran que había de llegar
(conexión con la perícopa anterior). Son muy violentos y era peligroso pasar por
aquel camino. Este rasgo indica que los endemoniados no representan simplemente
al pueblo pagano de Gadara, sino a una parte de él que vive marginada en
condición inhumana (en el cementerio) y en rebelión respecto a la sociedad.
Representan, pues, a una clase oprimida.
v. 29: De pronto empezaron a gritar:
-¿Qué tienes tú contra nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí antes de tiempo
para someternos al suplicio?
Estos endemoniados se resisten a la acción de Jesús, como lo indican sus gritos:
«¿Qué tienes tú contra nosotros?». Reconocen al mismo tiempo su condición
divina: «Hijo de Dios», concepto familiar al mundo pagano, aunque no con la
dimensión teológica que le atribuye Mt. Saben que Jesús va a atormentarlos
«antes de tiempo», cuando aún no se les ha presentado la ocasión propicia.
Hablan los hombres, llevados por el espíritu diabólico. El verbo «atormentar»
pone a esta perícopa en relación con la del criado del centurión, «que sufría
terriblemente» (8,6). Hay un paganismo que está paralizado, es decir, privado de
vida, pero que espera la salvación de Jesús (8,6); hay otro que la rechaza,
porque está endemoniado. En el primer caso se trataba del criado que habitaba en
«la casa» de su amo (el centurión); en el segundo, los sometidos en rebeldía,
que habitan «en el cementerio», lugar de muerte.
Lo que produce la violencia de estos hombres son los demonios que los poseen;
éstos pueden identificarse con «el espíritu de violencia». Por eso se resisten a
ser liberados de ese espíritu, que mantiene su rebeldía, aunque los reduce a un
estado de muerte.
Jesús no pronuncia palabra, pero los demonios («démones», término pagano)
conocen su derrota.
v. 30: Una gran piara de cerdos estaba hozando a distancia. 31Los demonios le
rogaron: Si nos echas, mándanos a la piara. 32Jesús les dijo: Id;
Había allí a distancia una piara de cerdos; se trata evidentemente de país
pagano. El cerdo era animal impuro. La piara es numerosa, representa un capital
considerable. En el judaísmo del tiempo, el cerdo era símbolo de Roma, el poder
pagano que dominaba al pueblo judío (cf. Sal 80,14). La piara representa, pues,
al poder político, posesor de la riqueza y opresor del pueblo.
vv. 32b-33: Salieron y se fueron a los cerdos. De pronto la piara entera se
precipitó al mar, acantilado abajo, y murió ahogada en el agua. 33Los
porquerizos salieron huyendo, llegaron a la ciudad y lo contaron todo,
incluyendo lo de los endemoniados.
Los demonios, impuros, vuelven a su lugar natural, los cerdos impuros. El
espíritu de violencia de los oprimidos procede de la violencia del sistema
opresor. En la liberación que hace Jesús se encuentra la ruina del sistema
opresor (los cerdos que perecen en las aguas).
v. 34: Entonces la ciudad entera salió adonde estaba Jesús y, al verlo, le
rogaron que abandonase su territorio
Toda la ciudad sale al encuentro de Jesús, frase en paralelo con la del
principio (28): los dos endemoniados salieron del cementerio al encuentro de
Jesús. El paralelo indica que los habitantes de la ciudad estaban poseídos del
mismo espíritu. Ruegan a Jesús que se marche de su territorio. Continúa la
oposición expresada por la tempestad (8,24) a la actividad de Jesús en
territorio pagano. Era «la ciudad», cuyo orden social se encuentra amenazado
por la actividad de Jesús, la que se conmovía hasta sus cimientos (8,24:
temporal/terremoto) e intentaba sumergir la barca.
Jesús vuelve a su ciudad. No menciona Mateo el nombre de Cafarnaún. «Su propia
ciudad», Israel, se opone a «la ciudad» pagana que le ha pedido que se marche.
COMENTARIO 2
Al poner Jesús pie en la región de los gadarenos (Gadara, ciudad helenística que
se encontraba situada al sudeste del mar de Galilea y que hacía parte de la
región pagana de la Decápolis), van a su encuentro dos hombres poseídos por un
espíritu inmundo; no aguardan a que Jesús se les acerque, ellos toman la
iniciativa. Acuden a Jesús desde el cementerio ("salían de los sepulcros"); un
lugar de muerte donde han mantenido un tipo de combate, de violencia e impureza
permanente; desean salir de su estado y ven en Jesús una posibilidad de vida; y
en efecto, Jesús los libera, haciendo que los espíritus inmundos se alejen de
los posesos y, yéndose a unos cerdos (signo de gran impureza), terminen
despeñándose en el mar, donde se ahogan.
Los demonios le suplican a Jesús para que se les envíe a la piara de cerdos;
este detalle indica que el episodio tiene lugar en territorio gentil; este hecho
no es simplemente un gesto de maldad; el cerdo es el animal más impuro; y por
tanto, es el lugar más adecuado para un demonio, igualmente signo de impureza.
No podía haberse presentado la escena de manera más dramática y precisa en
términos simbólicos: la contradicción de una existencia endemoniada. Aquí
aparece el poder de lo satánico que llena de conflicto la vida de los hombres de
un entorno pagano.
De igual manera podemos ver en este milagro un signo de la venida de Cristo al
mundo pagano que inaugura la futura misión de los discípulos. Todavía es pronto;
no ha llegado el tiempo de los gentiles, por eso los Gadarenos son hostiles a
Jesús y "viéndole, le rogaron que se retirase de su territorio" (v.34)
En definitiva, este relato demuestra cómo Jesús libera a los hombres del miedo a
los demonios; que éstos no tienen realmente poder alguno y que quedan sometidos
instantáneamente con una palabra de Jesús. El poder de Dios vence cualquier otro
poder.
1. J. Mateos-F. Camacho, El evangelio de Mateo. Lectura comentada, Ediciones Cristiandad, Madrid
2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
3-9. Miércoles 2 de julio de 2003
Vidal, Marcial, Martiniano
Gen 21, 5.8-20:
Salmo: 33, 7-8.10-13
Mt 8, 28-34
La escena no puede ser más tétrica. El país de los
paganos, ajenos a la salvación de Dios, es el país de la muerte. Los dos
primeros habitantes, que Jesús encuentra, viven en un cementerio, lugar de los
muertos. No conocen al Dios que se manifiesta en Jesús, que ha cruzado con los
suyos a la otra orilla -al mundo pagano- para comunicar vida. Además de vivir en
un cementerio, los endemoniados provocan violencia y muerte a su alrededor:
"eran tan peligrosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino". Llama
la atención que, cuando se encuentran con quien puede salvarlos, creen que se
trata de alguien que viene a atormentarlos más: “¿Quién te mete a ti en esto,
hijo de Dios?”.
Los demonios sí saben quién es Jesús y, por eso, le piden que los arroje al
rebaño de cerdos, animales impuros, que, a su vez, se precipitan en el mar,
lugar donde, según las concepciones antiguas, habitaban los demonios. Jesús ha
restablecido el orden. Cada uno en su lugar: el endemoniado en su casa, con los
suyos, nos dirá Marcos; los cerdos -animales impuros- y los demonios, espíritus
inmundos, al mar, la cuna de los demonios.
Pero siempre hay alguien que no está de acuerdo o no entiende. En este caso son
los vecinos del pueblo quienes piden a Jesús que deje las cosas como estaban.
Ellos prefieren el capital -los cerdos- a Jesús –que devuelve la vida al
endemoniado a cambio de precipitar los cerdos al mar. Y le ruegan que se vuelva
a la otra orilla. Jesús se va, pero antes ha mostrado la liberación que puede
recibir quien se encuentre con él, aunque sea pagano.
SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO