LUNES DE LA SEMANA 13ª DEL TIEMPO ORDINARIO
1.- Gn 18, 16-33
1-1.
-Dijo el Señor a Abraham: «¡Su pecado es gravísimo!»
Señor, consideras realmente a Abraham como «Tu amigo». Le confías lo que se da en lo más íntimo de tu corazón. Eres un Dios Santo y no puedes pactar con el mal. No puedes admitir la maldad, la injusticia, la corrupción. Te desagrada el hombre perverso que quiere hacer el mal. Estás decidido a destruir el mal que va extendiéndose en la ciudad corrompida de Sodoma. Y confías tu propósito a Abraham.
Señor, ¿soy suficientemente amigo tuyo para que compartas, también conmigo, tu preocupación divina de «combatir el mal», de «hacer progresar el bien», en el mundo, en la ciudad donde habito, en la profesión en que trabajo? «¡Su pecado es gravísimo!»
-¿No perdonarás por los cincuenta justos que hubiere en la ciudad?
Abraham intercede a favor de toda la ciudad. Ruega a Dios por esta urbe, donde «hay tanto mal», en medio de tan «poco bien».
Miles de hombres malvados... y ¿quizá cincuenta hombres justos?
La fe me pone «en diálogo contigo» y me introduce en el misterio de la «salvación» de la humanidad. La fe me hace ver el mundo «desde un cierto ángulo»: lo veo como un mundo que hay «que salvar». Una humanidad a la que hay que ayudar a salir del mal. La fe me hace participar de tu manera de ver, Señor. Descubro los caminos de Dios.
Creyendo en Ti, Señor, adopto tu punto de vista: en el fondo y a pesar de las apariencias ¡quieres salvar a todos los hombres! Y los que son tus amigos, como Abraham, comparten tu preocupación.
¿Qué haré, HOY, para ser un salvador? ¿A quién puedo ayudar?
«¿Me atreveré a interpelar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza?»-
Abraham se siente a sí mismo pecador. Ante el Dios Santísimo, está al lado de la humanidad pecadora y pobre amasada de frágil barro. Quizá por esto, emprende la defensa de sus hermanos: se siente solidario porque hay también mal en él.
Señor, ayúdame a no juzgar, incluso cuando «combato el mal»... pensando que yo mismo participo también de ese pecado. Necesito ser «salvado» yo primero. Mi deseo de salvar a los demás no es una superioridad orgullosa: porque yo mismo he sido beneficiado, quisiera hacer llegar a otros el mismo beneficio: tu perdón.
Que mi fe, Señor, me ayude a profundizar en mi solidaridad con el mundo pecador, que diga yo de veras «perdónanos nuestras ofensas» -insistiendo sobre el «-nos»... contándome estar entre los pecadores-.
-¿Quizá se encuentren allí diez. - En gracia de esos diez no destruiré la ciudad.
A ese final tiende todo el relato. Ahí se revela la intención profunda de Dios: en realidad
Tú no deseas castigar sino salvar... Esto es ya el evangelio: por «un solo Justo», Jesús, ha llegado la salvación a todos los pecadores. ¡Qué misterio de bondad, Señor! Algunos justos son suficientes para salvar a toda la comunidad.
Concédeme la gracia, Señor, de ser de «los que contribuyen a salvar»... y no de los que contribuyen a merecer la desgracia...
Te doy gracias, Señor Jesucristo, a Ti que has dado tu vida por nosotros.
¡Concédenos la gracia de no condenar al mundo, sino de interceder por él, como tu amigo Abraham!
HOY, en mi familia, en mi oficio o profesión, en los grupos que frecuentaré, quiero «atraer el perdón» para todos.
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 5
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑO IMPARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 152 s.
2-1.
Los textos de las tres últimas semanas han evocado un contexto histórico: los tres siglos de monarquía de Israel, que van del siglo IX al siglo VI antes de Jesucristo.
Fueron tiempos tan agitados como los nuestros: guerras internacionales, lucha social, conflictos políticos, disturbios religiosos.
En ese contexto, unos «hombres de Dios», los profetas, intervienen.
Será su voz potente la que oiremos durante las ocho próximas semanas: Amós, Oseas, Isaías, Miqueas, Jeremías, Nahúm, Habacuc, Ezequiel...
Todos combaten «a mano limpia» sin armas; sólo por medio de la oración y de la palabra.
Son los más grandes «testigos de Dios» de toda la historia: defienden el proyecto de Dios -la Alianza, como decían- defendiendo a los humildes y oprimidos -defendiendo la Justicia, como decimos hoy.
Oigamos primero, esta semana, al áspero y valiente Amós que profetizó en el Reino de Samaria, bajo Jeroboan II, de 784 a 744.
-Palabra del Señor.
Es el estribillo que estalla como un trompetazo para despertar las conciencias. Los profetas tienen la audacia no sólo de hablar de Dios, sino de pensar que hablan «en su nombre»: Dios habla por su boca. Juan Bautista decía: "soy la voz que grita..."
Y sin embargo no era más que un pastor de Técoa, pueblecito a nueve kilómetros de Belén (Amós 1, 1).
Ayúdanos, Señor, a oír tu Palabra en la palabra de nuestros hermanos. Danos ese inmenso respeto a la palabra de los demás, que puede ser un eco de tu voz.
-Por tres crímenes de Israel, y por cuatro, lo he decidido y seré inflexible... Yo os estrujaré, como estruja el carro lleno de gavillas; el hombre ágil no podrá huir, ni el desenvuelto salvará su vida, y el más esforzado entre los bravos huirá desnudo... aquel día.
Amós es uno de los más grandes pintores literatos realistas. Con vivas imágenes describe la catástrofe histórica que está al llegar, si los hombres no se convierten. No nos apresuremos a quedarnos tranquilos, HOY, pensando que esos "profetas de calamidades" vivían en una época distinta a la nuestra, y que su lenguaje era, ciertamente excesivo. Jesús no habló de otro modo.
Decía también: "Si no os arrepentís, pereceréis todos de la misma manera.» (Lucas 13, 5)
El "día" de Dios será un día en el que nadie se burlará de Dios.
"Aquel día" nadie escapará a la justicia.
Pero, ¿cuáles son esos cuatro crímenes que suscitan la cólera de Amós, y de los cuales se atreve a decir que suscitan también la cólera de Dios?
1. Porque venden al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias.
2. Porque aplastan contra el polvo de la tierra la cabeza de los débiles, y tuercen el camino de los humildes.
3. Porque hijo y padre acuden a la misma moza, para profanar mi santo Nombre.
4. Porque sobre ropas empeñadas se acuestan junto a cualquier altar, y beben el vino de los que han multado...
Injusticia social. Jueces corrompidos. Sexualidad aberrante. Afán de placer. Sociedad de consumo indiferente.
¡No! nadie se burlará para siempre de Dios. Dios es partidario de la moral más natural:
Nadie se mofa impunemente de la más elemental "conciencia" humana.
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 4
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑOS PARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág. 152 s.
2-2. /Am/02/04-16
En el marco del gran juicio de las naciones (1,3-2,16), que constituye la primera parte del libro de Amós, son también denunciados los crímenes sociales de Israel: opresión del débil en la vida social y en los tribunales (el justo vendido por dinero, el inocente injustamente condenado por el interés de un par de sandalias), en la vida «familiar» (hijo y padre se acuestan con la misma sierva), en el culto, la más repugnante de las coartadas de las injusticias sociales ("beben el vino de los multados en la casa de su Dios»). Cada uno de estos crímenes manifiesta el mismo desprecio del hombre, comportamiento que Dios condena en los pueblos paganos vecinos. El Dios de Israel es un Dios exigente en el orden ético. Se esconde detrás de cada hombre despojado de sus derechos. Es aquí donde el desprecio del hombre adquiere su auténtica dimensión.
La responsabilidad de este comportamiento es más grave en un pueblo que ha recibido de Dios el don de su existencia (liberación de Egipto) y el del carisma de sus profetas, tal como le recordaba la liturgia de la fiesta de la alianza: «Yo os saqué de la tierra de Egipto y durante cuarenta años os conduje por el desierto para que ocuparais la tierra de los amorreos. Yo suscité profetas de entre vuestros hijos y nazireos de entre vuestros mancebos... Y vosotros hicisteis beber vino a los nazireos, y a los profetas les mandasteis, diciendo: No profeticéis» (vv 10-13).
Amós, como sus oyentes, sabía por tradición, y tal vez también por propia experiencia, lo mucho que la comunidad de Israel debía a los hombres de Dios, a los carismáticos nezîrîm y nevî`îm. La tarea determinante de esos hombres la sintetiza bien Oseas, en una visión retrospectiva de la historia, refiriéndose a Moisés: «Yahvé sacó a Israel de Egipto por medio de un profeta y por un profeta lo guardó» (Os 12,14). Por tanto, Amós considera que la profecía es un don de Dios a su pueblo. Sin embargo, Israel es acusado de haber resistido a los profetas.
De aquí el castigo de la privación: "Vienen días, dice Yahvé, en que mandaré yo al país hambre y sed; no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la palabra de Yahvé, e irán errantes de levante a poniente, vagando de norte a sur en busca de la palabra y no la hallarán» (8,11-12). Es la responsabilidad y el drama de unas oportunidades desaprovechadas.
F.
RAURELL
LA BIBLIA DIA A DIA
Comentario exegético a las lecturas de la Liturgia de las
Horas
Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981.Pág. 731 s.
3.- Mt 8, 18-22
3-1.
VER Par DOMINGO 13C
3-2. FE/QUÉ-ES:
-Al ver Jesús que una multitud lo rodeaba ordenó que salieran para la orilla de enfrente...
¿Necesidad de silencio, de soledad? ¿Retirarse de su marco habitual? Trato de adivinar los sentimientos profundos de Jesús al tomar esa decisión. ¿Que me sugiere el Espíritu de Jesús, a través de esas palabras? El equilibrio humano corporal y espiritual... exige a veces ciertas decisiones ¿Cómo empleo mi tiempo libre, de descanso, de vacaciones?
-Se acercó un escriba a Jesús y le dijo: "Maestro, te seguiré vayas adonde vayas". Es hermoso. He aquí a un hombre que quiere "seguir" a Jesús... En esto consiste la vida cristiana, que no es ante todo:
-unos principios... Esto sería reducir la vida cristiana a una "moral"
-ni unos dogmas... Esto la reduciría a unos esquemas mentales...
Ser cristiano es seguir a Jesús... compartir su vida... imitarle...
La catequesis actual insiste mucho sobre este aspecto: la Fe no es ante todo un "saber", el catecismo no es ante todo una escuela donde "aprendes" unas verdades; es un aprendizaje de la "vida con" Jesús.
¿Qué lugar ocupa Jesucristo en mi vida? ¿Es realmente, para mí, el compañero de toda mi vida? ¿Qué tiempo paso "con" El?
-Jesús respondió al escriba: "Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza...
El instinto de seguridad, la necesidad de estabilidad están inscritos profundamente en la naturaleza humana: el hombre busca el calor de un refugio, un hogar, una casa de la que de alguna manera pueda disponer, unos objetos que le pertenezcan. Los animales tienen ese mismo instinto de propiedad: protegen la vida de sus pequeños por terrenos celosamente defendidos y con nidos bien mullidos.
Jesús, desde que salió de su casa familiar de Nazaret, dejando sola a su madre... no tiene ya su hogar propio, vive como nómada, como viajero, nunca en casa: "no tengo dónde reclinar mi cabeza". Renunció al calor de un hogar, renunció a toda propiedad. Quiero, en primer lugar, contemplar a Jesús en ese plan de vida. ¿Qué llamada representa esto para mí? ¡Cuán apegado estoy a mis comodidades. Señor! El escriba, ingenuamente, se imaginaba, quizá, que sería fácil "seguir" a Jesús. Jesús, lejos de dorarle la situación para atraerlo, como es tan corriente en las técnicas publicitarias, le muestra sólo las exigencias.
Seguirte, Señor, es hacer forzosamente cierta elección, es renunciar a una serie de cosas, por ejemplo a instalarme con excesivo confort. La cruz se perfila sobre toda vocación:
Seguir a Jesús es ponerse a vivir acompañado de un futuro condenado a la muerte, es vivir en la inseguridad... ¡sin un lugar donde reclinar la cabeza! Pero, Señor, Tú has caminado el primero por ese camino.
Nos pides lo que Tú mismo has vivido. Siempre, durante todo el curso de la historia, ha habido almas que, abrasadas por el fuego de esta palabra han hecho el voto de pobreza.
Pero, esta palabra se dirige a todos, con los matices que tal o cual responsabilidad familiar pueda aportar.
-Otro, ya discípulo, le dijo: "Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre". Jesús le replicó: "Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos." He aquí que, después del desprendimiento de los "bienes" Jesús invita, precisamente, al desprendimiento de la "familia" y no es el único pasaje del evangelio que va en este sentido.
NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 2
EVANG. DE PENTECOSTES A ADVIENTO
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 44 s.
3-3.
1. (Año I) Génesis 18,16-33
a) Ante la decisión de Dios de destruir las ciudades de Sodoma y Gomorra escuchamos hoy la entrañable oración de Abrahán intercediendo por estas poblaciones, donde vivía su sobrino Lot, y que han pasado a la historia como símbolo del mal y la corrupción, en este caso, de aberraciones sexuales.
Dios trata a Abrahán como a un amigo: le comunica sus propósitos. Y Abrahán, acordándose de la promesa de que en él y su descendencia todos los pueblos hallarán la bendición de Dios, asume su papel y pide a Dios que, en atención a los justos que pueda haber en esas ciudades, les ahorre el castigo preparado. Se siente responsable también de los pueblos que no son estrictamente el suyo.
El diálogo es un regateo delicioso. Abrahán está convencido de la justicia de Dios y, a la vez, de su misericordia. Pero no se atreve a bajar del número de diez justos. Y, como no se encuentran tantos en Sodoma, cae el juicio de Dios sobre esta ciudad, como leeremos mañana.
El salmo subraya la actitud comprensiva de Dios, que va aceptando todas las rebajas que le pide Abrahán, porque lo que Dios quiere es la salvación y no la condenación de los hombres: «el Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo». Rezamos de nuevo este salmo, que tan hermosamente canta el amor misericordioso de Dios.
b) En el NT sí se llegó al extremo de la misericordia de Dios: un solo justo, Jesús, se entregó por todos, para salvar a la humanidad entera.
Abrahán ya había dado muestras de magnanimidad para con su sobrino Lot dejándole elegir a él primero los pastos para sus rebaños. Ahora pide a Dios su salvación. Es una figura magnífica la suya, intercediendo por los demás. Como la de Moisés defendiendo a su pueblo y orando por él ante Dios, con los brazos alzados al cielo.
Pero Cristo Jesús en la cruz es un ejemplo todavía más admirable: él no ofrece sólo su oración, sino su vida misma, para salvar a la humanidad.
¿Sabemos interceder ante Dios por los demás, por esta humanidad en la que vivimos, por los jóvenes que, tal vez, criticamos, por la comunidad eclesial, por los pecadores y los alejados? En este mundo hay mucha corrupción, pero también hay muchas personas buenas, entre los mayores y entre los jóvenes. ¿Tenemos corazón solidario, o sólo nos acordamos de rezar por nosotros mismos? ¿sabemos apreciar también lo bueno que existe, o sólo nos dedicamos a juzgar y condenar? Abrahán es un buen modelo de corazón comprensivo y nos invita a hacer todo lo posible, por nuestra parte, para evangelizar y acompañar a las personas en la búsqueda de sentido para su vida.
En la Eucaristía, además de interceder por todo el mundo en la «oración universal», celebramos el memorial de la entrega de Cristo en la cruz. O sea, ponemos en la presencia de Dios Padre lo mejor que la humanidad ha sabido nunca ofrecerle, el sacrificio pascual de Jesús: «dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia y reconoce en ella la victima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad» (Plegaria Eucarística III). Nuestra oración es eficaz a los ojos de Dios porque está apoyada en la de Jesús.
1. (Año II) Amós 2,6-10.13-16
Durante ocho semanas vamos a escuchar la voz de los profetas. Después de haber seguido, en los Libros de los Reyes, la agitada historia de Israel entre los siglos IX-VI antes de Cristo, ahora interpretamos esta misma historia, antes y durante el destierro a Babilonia, guiados por los profetas.
Dios ayudaba a su pueblo a recordar la Alianza que habían sellado con él. Los profetas de esta época -Amós, Oseas, Isaías, Miqueas, Jeremías, Ezequiel-, harán oír sus avisos y reproches, y también sus palabras de ánimo, para que el pueblo elegido sea, de verdad, modelo y faro de luz para todos los demás.
Esta semana vamos a leer al primero de estos profetas, Amós. Era un campesino, cultivador de higos, que vivía en Técoa, cerca de Belén, en el reino del Sur, Judea, pero que, no sabemos por qué, emigró al reino del Norte, o sea, a Samaria, y allí le alcanzó la llamada de Dios y se convirtió en profeta, portavoz de Dios, en tiempos del rey Jeroboam II, en el siglo Vlll antes de Cristo.
a) La primera página que leemos es una denuncia muy directa de los pecados de Israel y de sus clases dirigentes.
Se han olvidado de los continuos favores que les ha hecho Dios al sacarles de Egipto y defenderles de sus enemigos. Se han olvidado de la Alianza. Sobre todo, faltan a la justicia social: «venden al justo por dinero», la vida de un pobre vale menos que «un par de sandalias», oprimen y explotan a los débiles, no devuelven lo prestado...
Con un lenguaje directo, propio del hombre de campo que es, Amós echa en cara a los dirigentes del pueblo su pecado y les amenaza de un modo muy expresivo: también ellos serán aplastados, como aplastan a los pobres, y no podrán escapar al juicio de Dios, por mucho que intenten correr.
2. Mateo 8,18-22
a) Dejando por un momento la narración de los milagros, leemos hoy un breve pasaje con unos relatos de vocación.
Primero es un letrado y, luego, uno que ya era discípulo. Jesús les hace ver a ambos que su seguimiento va a ser difícil y radical. Que él «no tiene dónde reclinar la cabeza», o sea, que no esperen ventajas materiales, porque Jesús sigue una vida de peregrino, de apóstol itinerante, desarraigado y pobre.
Al discípulo le dice que deje «que los muertos entierren a sus muertos» y le siga con prontitud y radicalidad.
b) Nuestro pecado no siempre es directamente contra Dios, de idolatría, por adorar a otros dioses. Muchas veces, va contra el prójimo, al que oprimimos, aprovechándonos de su debilidad.
Pero, según Amós, Dios se solidariza con los débiles y considera como hecho a él lo que hacemos a los demás. Jesús dirá claramente: «lo que hiciereis a uno de estos, lo hacéis conmigo... estaba enfermo y me visitasteis».
Es un aviso del que se hace eco el salmo. En misa entonamos cantos de alabanza a Dios y le hacemos genuflexión. Pero luego, durante el día, tal vez tratamos mal a nuestro hermano: «sueltas la lengua para el mal, tu boca urde el engaño; te sientas a hablar contra tu hermano: esto haces ¿y me voy a callar? Te acusaré, te lo echaré en cara».
No se trata sólo de las grandes injusticias sociales que hay en nuestra sociedad.
También entran en este mismo lote nuestras murmuraciones contra el hermano y nuestra falta de caridad. Tendríamos que hacer caso a los profetas que, también en nuestro tiempo, denuncian nuestras injusticias y nuestras desviaciones. Y a la Palabra de Dios que nos va iluminando para que confrontemos nuestros caminos con los de Dios.
b) A los que somos seguidores de Jesús, se nos recuerda que esto nos va a exigir desapego de los bienes materiales, incluso de nuestra familia. Que la fe cristiana no es fácil. Jesús no nos promete bienes materiales y éxitos según las medidas de este mundo. El mismo ha dejado su familia de Nazaret para dedicarse a su misión y camina por los pueblos, sin establecerse en ninguno. El evangelio de ayer concluía afirmando de Jesús que «tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades». Ése es su estilo y ése ha de ser el estilo de sus seguidores.
Jesús no nos está invitando a descuidar a los padres o a la familia. Tampoco, a que dejemos sin enterrar a los muertos. Sería inhumano y cruel. Con esas dos afirmaciones, tan paradójicas, está queriendo decir que su seguimiento es exigente, que pide decisión absoluta, que debemos estar dispuestos a ser peregrinos en la vida, desprendidos de todo, no instalados en nuestras comodidades.
Lo cual no sólo se cumple en los que abandonan la familia para hacerse religiosos o ser ministros en la comunidad o ir a los países de misión a evangelizar. Todo cristiano debe saber aplicar una justa jerarquía de valores a sus ideales. Seguir a Cristo y su evangelio supone, a veces, renunciar a otros valores más apetitosos según este mundo. Dentro de pocos días leeremos en el mismo evangelio de Mateo otra afirmación igualmente paradójica: «el que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí» (Mt 10,37).
Se trata de seguir a Jesús con poco equipaje, con menos apego a otras cosas. Esto lo saben muy bien los estudiantes o los deportistas o los comerciantes que persiguen sus objetivos sacrificando otras cosas que les gustarían. Y lo saben también quienes renuncian a su comodidad para dedicar su tiempo al apostolado o a la catequesis o como voluntarios en acciones de asistencia a los más necesitados. Hay valores más profundos que los visibles de este mundo. Hay ideales por los que vale la pena sacrificarse. El seguimiento de Jesús va en esta línea de decisión generosa.
«El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia» (salmo I)
«Te sientas a hablar contra tu hermano: esto haces ¿y me voy a callar? Te acusaré, te lo echaré en cara» (salmo II)
«Maestro, te seguiré adonde vayas» (evangelio)
J.
ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 5
Tiempo Ordinario. Semanas 10-21
Barcelona 1997. Págs. 88-92
3-4.
Gn 18, 16-33: En él son benditas todas las naciones
Sal 102, 1-4.8-11
Mt 8, 18-22: Ven y sígueme
El texto de hoy es el de una unidad literaria que va de 8, 18 a 9,17 donde se narran tres milagros enmarcados en dos relatos de vocación (8, 18-22 y 9, 9-17).
Jesús ordena a sus discípulos ir a la otra orilla del mar de Galilea, frente a Cafarnaum, para huir de la muchedumbre. En el relato, el primero que manifiesta su deseo de seguir a Jesús es un escriba que pertenece a un grupo que habitualmente aparece como hostil a Jesús. El texto no afirma que sus palabras no tengan sinceridad; son la ocasión para que Jesús declare a quienes desean asumir los riegos del seguimiento, que deben estar dispuestos a no tener un hogar, una casa, una estructura que da seguridad y estabilidad y que deben asumir los riesgos de la inseguridad. De esta manera Jesús le explica al doctor de la ley las dificultades y exigencias de su seguimiento. El otro discípulo desea enterrar a su padre. Esto no significa que el padre ya hubiera muerto (el entierro se celebra normalmente el día de la muerte), sino que el discípulo quería esperar hasta el día de la muerte del padre para atenderlo. Pero una de las condiciones para seguir a Jesús es renunciar a todas las ataduras que generan los lazos familiares. No se puede esperar hasta que se hayan satisfecho todas las experiencias que generan las relaciones familiares, pues nunca se estaría en condiciones de asumir las exigencias de la llamada. El momento es ahora.
En este relato Jesús nos presenta las exigencias del seguimiento. Los discípulos de Jesús deben romper con el modelo de familia construido bajo los vínculos de la carne y de la sangre y asumir los riesgos y la inseguridad que genera la nueva familia de Jesús que esta construida por los vínculos que da el asumir un mismo proyecto y una misma misión: anunciar el Reino de Dios. El verdadero discípulo debe sentirse libre frente a los compromisos de su familia y de su ambiente para asumir con radicalidad las exigencias del evangelio.
Hoy en América Latina debemos redimensionar el contenido de la vocación y del seguimiento a Jesús. Las nuevas generaciones han de asumir las exigencias de la vocación dando una respuesta más efectiva y encarnada en la realidad de nuestros pueblos. La ruptura con todas las estructuras, incluso la propia familia, es un imperativo de la vida religiosa en la construcción de una nueva sociedad.
SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO
3-5. CLARETIANOS 2002
Empezamos semana y mes. Empezamos también la
segunda mitad del año 2002. Esperemos que nos traiga mejores noticias que la
primera. A lo largo de esta semana vamos a leer varios fragmentos del libro de
Amós. Hoy lo llamaríamos un libro-denuncia, o un libro políticamente "no
correcto". El profeta le hace ver al pueblo lo que éste no quiere ver: que
"vende al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias". Ya no se trata
de pequeños oráculos de condenación sino de una verdadera querella que Dios
presenta contra los opresores. Israel, que tantas veces ha sido víctima de la
opresión de otros pueblos, reproduce en su interior una historia de injusticia y
de antifraternidad.
Cuando contemplamos la interminable crisis de Oriente Medio caemos en la cuenta
de que la historia se repite en sus trazos gruesos, como si nunca acabáramos de
aprender la lección. Pero esto no se da sólo en las relaciones internacionales
sino también en las relaciones interpersonales. Los agredidos se convierten en
agresores, como si nunca pudiéramos escapar del círculo de la violencia.
El evangelio de Mateo nos propone un fragmento que también podríamos calificar de duro. Jesús, con sus curaciones milagrosas, ha provocado en algunos el deseo de seguirlo. Es probable que cualquier maestro hubiera aprovechado el tirón popular para hacer demagogia, como suelen hacer a menudo los políticos. Jesús, por el contrario, les presenta a los espontáneos seguidores dos condiciones duras: la itinerancia en pobreza ("el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza") y la apuesta por la novedad del Reino ("deja que los muertos entierren a sus muertos"). Creo que no se trata de exigencias ascéticas reservadas a los atletas del espíritu, sino de algo mucho más rico y profundo. Jesús invita a sus seguidores a jugarse el tipo, a no andar encendiendo una vela a Dios y otra al diablo. No busca seguidores "diez", pero sí seguidores que no teman el riesgo de vivir como él.
Leyendo estas palabras he pensado en la
presentación "suave" que hoy solemos hacer del evangelio. Si todo vale, nada
merece la pena. El aburrimiento y la tristeza están asegurados.
Gonzalo Fernández , cmf (gonzalo@claret.org)
3-6. DOMINICOS 2003
Composición de lugar
Las fiestas litúrgicas celebradas en varios días precedentes nos hicieron perder
el hilo de los acontecimientos acaecidos en la ‘historia’ de Abrahán, según el
libro del Génesis, y será conveniente recuperarlo para entender la primera
lectura del día de hoy.
En el capítulo 17 del Génesis se nos hablaba de que Dios, Saday, se le manifestó
a Abrahán y le pidió que suscribiera un pacto o alianza de fidelidad mutua, por
generaciones, y que la circuncisión de los hijos varones fuera el signo o sello
de esa alianza; y le prometió, además, que su mujer, Saray o Sara, tendría un
hijo, Isaac.
En el inicio del capítulo 18 se habla de que el Señor nuevamente se le apareció
a Abrahán en el encinar de Mambré (a 3 km al sur de Hebrón), bajo la figura de
tres peregrinos o viajeros que pasaban delante de la puerta de su casa. Abrahán,
al verlos, quiso obsequiarlos. Ellos se detuvieron unos momentos y le anunciaron
que el año siguiente su mujer, aunque ya anciana, tendría un niño. Después,
acompañados de Abrahán, siguieron su camino, teniendo en el horizonte a Sodoma y
Gomorra.
En la primera lectura de la liturgia de hoy se habla de esas dos poblaciones,
Sodoma y Gomorra. Dios y Abrahán las contemplan y las ven sumamente manchadas
por los pecados, símbolos de las infidelidades humanas que mancillan por doquier
a las conciencias.
Tan infieles e impuras son que el hedor de sus miserias morales llega al corazón
de Dios. La bondad del corazón de Dios, creador y padre, es traicionada por las
liviandades de sus criaturas, sus hijas, y no hay quienes lleven bandera de amor
y paz. Faltan en esas ciudades (símbolo del mundo) hombres buenos que aplaquen
la ira de Dios ofendido.
La tentación de Dios, en lenguaje humano, sería la de destruir la tierra entera.
¿Para qué mantenerla si es foco de ingratitudes, no de bondades? Es el momento
en que aparece la fuerza mediadora, humilde y suplicante de Abrahán: Señor, si
encuentro en la ciudad cincuenta inocentes, ¿perdonarás a la ciudad?
ORACIÓN:
Señor, Dios nuestro: Tú fuiste diseñador, creador y padre que nos hiciste
conforme a tu imagen de Ser inteligente, amigable, libre, sensible,
afectuoso...; Tú nos quisiste laboriosos, felices, creadores, agradecidos,
adoradores...; Tú nos honraste con el don de la libertad para ser responsables
de nuestros actos.
Nosotros te hemos ofendido siendo infieles por el mal uso de nuestra libertad,
y, si nos examinas con rigor, apenas encontrarás en la ciudad o en el mundo
cincuenta, treinta, diez, cinco justos.
Míranos con ojos de piedad y misericordia; acoge lo poco bueno que te ofrecemos
cada día, y no te canses de impulsarnos a vivir conforme a la dignidad y pureza
que corresponde a quienes fuimos hechos para vivir con nobleza de hijos tuyos.
Amén.
La Palabra de Dios
Libro del Génesis 18,16-33:
“Un día se apareció Yhavé a Abrahán en el encinar de Mambré. Le acompañan dos
señores... que dirigían hacia Sodoma... Abrahán se fue con ellos... Yhavé dijo a
Abrahán: La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte y su pecado es grave;
voy a comprobar sus acciones...
Abrahán le dijo: ¿es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay
cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás a la
ciudad...?
Respondió el Señor: Si encuentro cincuenta inocentes, perdonaré a la ciudad...;
y si hay cuarenta y cinco... o treinta... o diez..., tampoco la destruiré”.
Estamos en el inicio de un camino de salvación. Desde una altura que permite
reconocer al mundo y a los hombres, se percibe la maldad, la irresponsabilidad,
la vileza humana que merece su castigo. Y dos fuerzas se ponen en marcha: por un
lado, Dios que quiere perdonar y algunos hombres buenos que le ofrecen la
pequeñez de su amor, y, por otro, una inmensidad de ingratitudes que se suceden
en todas las épocas. Esa es la tensión de nuestra existencia en vida y fe.
Evangelio según san Mateo 8, 18-22:
“En aquel tiempo, viendo Jesús que le rodeaba mucha gente, dio orden de
atravesar a la otra orilla del lago.
Se le acercó un letrado y le dijo: Maestro, te seguiré a donde vayas. Y Jesús le
respondió: Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, en cambio el Hijo
del hombre no tiene donde reclinar su cabeza. Otro, que era discípulo, le dijo:
Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre. Y Jesús le respondió: Tú,
sígueme. Deja que los muertos entierren a sus muertos”
En versión evangélica, mucho más cercana y comprensible para nosotros, Jesús, el
letrado y otros discípulos, nos ofrecen una explicación de la escena anterior.
El ideal de seguir a la Verdad, al Bien, a Cristo, al Amor, a la Justicia, nos
encanta a todos, como el ser libres. Pero no nos gustan las condiciones del buen
vivir en fidelidad espiritual: pobreza, desprendimiento, renuncia a muchas
complacencias, generosidad, altruismo...
Momento de reflexión
El mundo gira sobre el quicio de los santos.
Esa frase es bella, conforme al espíritu de la Biblia, pero su lectura no
resulta asumible sino en actitud religiosa, de fe. El santo nos interesa ‘si nos
va bien’.
En el mundo no parece comprobarse que los “santos” marquen los caminos de la
historia. Parece más bien que los marcan gentes sin piedad y sin moral refinada.
Sin embargo, a todos es evidente que muchos de los males que aquejan a la
humanidad (injusticias, guerras, fracasos, hambres, muertes por terremotos) se
vencerían si en el corazón de los hombres hubiera santidad: virtud, moralidad,
espíritu de solidaridad...
Tratemos, pues, de que esas actitudes virtuosas sean las que fomenten en mayor
proporción la formación de conciencias nobles y la imitación de los santos.
Hoy mismo, muchas calamidades que azotan a la humanidad no son obra de la
naturaleza, sino de la iniquidad humana; se aminorarían si quisiéramos escuchar
la voz de las conciencias responsables, limpias, santas.
Espíritu de santidad y seguimiento de Cristo.
El texto evangélico nos coloca ante una actitud noble de conciencia responsable.
Cierto letrado, herido de amor por los gestos de Jesús, le promete, sin
distingos, seguirle a dondequiera que vaya.
Pero Jesús le pone sus cautelas, para que su disposición interior no sea un
impulso momentáneo sino un proyecto firme: puedes seguirme, pero prepárate para
vencer todo tipo de dificultades, comenzando por la pobreza sincera. Si lo
aceptas, emprenderás el camino de la santidad. ¿Aceptó el letrado? No nos consta
que lo hiciera. Si lo hizo, bendito él.
En cambio, a un segundo interesado, que ya estaba en el discipulado de Jesús,
éste le fuerza a que intensifique los signos de fidelidad y a que no titubee: tú
colócate por encima de esos compromisos y arriésgate; ven en pos de mí.
Si somos ya de los ‘discípulos’, ¿oímos su voz en esta celebración litúrgica?
3-7. CLARETIANOS 2003
A partir de esta semana en la que muchos comienzan sus vacaciones u otro tipo de actividades distintas a las normales (cursos, ejercicios, experiencias de voluntariado, etc.) los comentarios a la Palabra serán breves. Sólo una pequeña chispa para estimular el deseo de dejarnos iluminar directamente por el texto bíblico.
El diálogo entre Abrahán y el Señor a propósito de la destrucción de Sodoma se parece mucho al que podemos oír en cualquier zoco de una ciudad árabe de Oriente Medio. Es como una negociación. El objetivo del relato es claro: mostrar, como canta el salmo responsorial de hoy, que el Señor es compasivo y misericordioso. Abrahán representa al creyente que sabe negociar con Dios, que no tira la toalla, que insiste. Puede parecernos un recurso demasiado antropomórfico para nuestra mentalidad actual, pero pone de relieve algo que la sensibilidad religiosa de hoy está evaporando: el carácter personal de Dios. Su misericordia no es una fuerza anónima, sino un amor que crea relaciones personales, que nos implica, que provoca nuestra búsqueda.
Los dichos de Jesús sobre su seguimiento acentúan
la radicalidad. Quien le sigue debe vivir como él (sin la seguridad que dan las
posesiones) y debe mirar siempre hacia delante (sin dejarse atrapar por lo que
está muerto).
Gonzalo (gonzalo@claret.org)
3-8. 2001
COMENTARIO 1
v. 18: Al ver Jesús que una multitud lo rodeaba dio orden de salir para la otra
orilla. Jesús quiere evitar la popularidad de masa. "La otra orilla"
correspondía a regiones paganas de Galilea. La expulsión de los demonios con su
palabra (v. 16) preparaba lo que va a suceder en territorio pagano. Jesús se
dispone a salir de los límites de Israel.
v. 19: Se le acercó un letrado y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que
vayas. «Un letrado», cuya doctrina ha desacreditado Jesús con su discurso en el
monte (cf. 7,29). El letrado reconoce en Jesús un maestro superior a sí mismo y
se ofrece a seguirlo sin condiciones.
v. 20: Jesús le respondió: Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos,
pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.
Aparece por primera vez en Mateo la expresión «el Hijo del hombre». No
articulada («hijo de hombre») significa «hombre», individuo de la especie
humana; el doble artículo «el Hijo del hombre» indica unicidad y excelencia: es
«el Hombre» acabado, el modelo de hombre, por poseer en plenitud el Espíritu de
Dios (3,16). El Hombre (= el Mesías) tiene una misión que cumplir, cuya urgencia
no le permite descanso. El letrado supone que el camino de Jesús tiene un
término. Jesús lo niega: toda su vida, hasta el momento de su muerte, va a ser
una pura entrega, sin instalación ni descanso. Tal es el camino «del Hombre». El
discípulo ha de participar en esta misión del maestro.
v. 21: Otro, ya discípulo, le dijo: Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi
padre. 22Jesús le replicó: Sígueme y deja que los muertos entierren a sus
muertos.
Se le acerca después un discípulo que quiere cumplir con los deberes de piedad
para con el padre difunto, poniéndolos por encima de la urgencia de la tarea.
Jesús lo disuade. La urgencia de la misión es tan grande, que no deja tiempo ni
para los deberes más elementales. Sin embargo, tomado literalmente, el dicho de
Jesús es tan brutal, que hay que pensar en un sentido teológico. «El padre»
representa la tradición, el modelo al que hay que ajustarse. De hecho,
«abandonar al padre» (4,22) significa independizarse de la tradición
transmitida por él. Jesús no tiene padre humano y el discípulo ha de renunciar
al propio. «Enterrar al padre» indica la veneración, el respeto y estima por el
pasado que representa. La orden de Jesús puede significar que el discípulo, que
ya lo sigue, tiene que desentenderse de ese pasado, romper su dependencia de
tradiciones humanas (cf. 23,9). «Los muertos» mencionados en primer lugar son
los que profesan esas tradiciones; «sus muertos» son figura de las tradiciones
mismas. El mundo de la tradición es un mundo de muerte. La tradición muerta
engendra muertos. El discípulo mostraba, por tanto, no haber roto
definitivamente con su pasado, considerarlo aún como un valor positivo.
La mención del padre pone este episodio en relación con la llamada de Eliseo,
que pidió permiso a Elías para despedirse de su padre (1 Re 19,20). La
diferencia está en que en el AT la tradición (el padre) estaba viva, mientras
que para Jesús está muerta. La escena remite, pues, a la llamada de Simón y
Andrés (4,19); la invitación que hace Jesús a seguirlo ofrece al mismo tiempo la
comunicación del Espíritu.
COMENTARIO 2
Jesús ordena a sus discípulos marcharse a la otra orilla del mar de Galilea,
frente a Cafarnaún, para huir de la muchedumbre. "La otra orilla" es la parte
oriental del mar de Galilea, el territorio pagano de la Decápolis. Este
versículo introductorio (v. 18) se convierte en marco de referencia para
entender la invitación de Jesús a todos sus seguidores a emprender la misión
entre los paganos y la presenta como un éxodo fuera del exclusivismo judío.
El primero que manifiesta su deseo de seguir a Jesús es un escriba. El texto no
da indicios para pensar que las palabras del escriba no tengan sinceridad; por
el contrario, se convierten en la ocasión para que Jesús declare a quienes
desean asumir los riegos del seguimiento, que deben estar dispuestos a no tener
un hogar, una casa, una estructura que den seguridad y estabilidad y que, por lo
tanto, deben asumir los riesgos de la inseguridad.
Después otro discípulo desea enterrar a su padre antes de seguir a Jesús.
"Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre". Esta expresión probablemente
no significa que el padre ya hubiera muerto sino que el discípulo quería esperar
hasta el día de la muerte del padre para atenderlo.
En este relato Jesús nos presenta las exigencias del seguimiento. Los discípulos
de Jesús deben romper con el modelo de familia construido bajo los vínculos de
la carne y de la sangre y asumir los riesgos y la inseguridad que genera la
nueva familia de Jesús que está construida por los vínculos que da el asumir un
mismo proyecto y una misma causa, la causa de los pobres: anunciar y construir
el Reino de Dios. Por tanto, el verdadero discípulo de Jesús debe sentirse libre
frente a los compromisos de su familia y de su ambiente para asumir con
radicalidad las exigencias del evangelio.
Hoy, en América Latina, debemos redimensionar el contenido de la vocación y del
seguimiento a Jesús. Las nuevas generaciones han de asumir las exigencias de la
vocación dando una respuesta más efectiva y encarnada en la realidad de nuestros
pueblos. La ruptura con todas las estructuras, incluso la propia familia, es un
imperativo de la vida religiosa en la construcción de una nueva sociedad.
1. J. Mateos-F. Camacho, El evangelio de Mateo. Lectura comentada, Ediciones Cristiandad, Madrid
2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
3-9. 2002
v. 20: En un mundo construido con los ladrillos
del egoísmo humano, se presentarán a cada paso, innumerables dificultades para
hacer realidad el seguimiento de Jesús en la propia vida. A menudo aparecerá la
conveniencia de descender a pactos y compromisos, la tentación, en nombre de un
pretendido “realismo”, de disminuir la radicalidad de las exigencias que
encierra la llamada. Por ello, en estos breves versículos, la palabra poderosa
de Jesús recuerda la necesidad de las rupturas necesarias para un auténtico
seguimiento.
Estos dos breves relatos tienen como elemento común la referencia “seguir” a
Jesús. Ambos y el relato de la tempestad calmada, que viene a continuación,
comienzan con el verbo, arriba mencionado, y señalan con una inusitada urgencia
la necesidad que tienen los discípulos y todo llamado de “salir para la orilla
de enfrente”.
Se trata de un movimiento local, pero detrás de él se apunta a un cambio más
profundo en el estilo de la vida de todo aquel que, en su vida, quiere actuar el
seguimiento.
Este nuevo estilo de vida implica la aceptación de las duras exigencias que
comporta. Los personajes que se dirigen a Jesús son anónimos, sólo se menciona
su condición: un escriba, en el primer caso, uno de los discípulos en el
segundo. Más allá de ese anonimato aparecen las condiciones que se deben cumplir
para responder a la llamada, válidas para todo el que emprenda el seguimiento de
Jesús.
La decisión tomada por el escriba recibe de Jesús una respuesta que pone de
manifiesto la condición del hijo del hombre, carente de hogar y de lugar de
descanso en el marco de una sociedad egoísta e inmisericorde. El discípulo, por
su parte, quiere actuar primeramente los deberes sociales que la sociedad le
impone respecto a su padre difunto. A él, Jesús le recuerda que es necesario
posponer todo otro deber para poder responder a la invitación. Esta se
convierte, por tanto, en la motivación fundamental de la existencia.
En uno y otro caso se afirma el carácter absoluto del discipulado que expone a
un “extrañamiento” de las condiciones en las que los hombres desarrollan su
vida. Hogar y familia pasan a segundo plano ante la urgencia que implica el ir
detrás de Jesús, de compartir su vida, totalmente dedicada a la actuación de la
voluntad divina.
También ésta es el marco desde el cual, el discípulo de Jesús debe juzgar el
valor de cada de sus acciones y debe ser consciente que ese marco determina la
mayor o menor bondad de cada una de ellas.
Los compromisos y pactos hechos con la intención de hacer más llevadero el
seguimiento son, en definitiva, renuncia a éste. Todo llamamiento a seguir a
Jesús implica una radicalidad total que debe ser conscientemente asumida por
cada integrante de la comunidad cristiana que, de esa forma, se convierte en
extranjero viviendo en su propia patria y es erradicado de sus propios
intereses.
Con ello deberá contar al asumir la decisión del seguimiento y ese es el único
horizonte en que puede desarrollarse y llegar a plenitud toda vocación
cristiana.
Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
3-10. Lunes 30 de junio de 2003
Jerónimo, GregorioSanto
Gn 18, 16-33: ¿Es que vas a desruir al inocente con el culpable?
Salmo: 102, 1-4.8-11
Mt 8, 18-22 : Este Hombre no tiene donde reclinar su cabeza
Jesús es un maestro tan exigente que podemos
desanimarnos pensando que es imposible cumplir lo que él propone. Su lenguaje
resulta tan radical y exigente que corremos el riesgo de considerarlo una utopía
en el sentido literal de la palabra: algo que no tiene lugar, que no puede
realizarse. Pero no. Como buen maestro, sus palabras se presentan, con
frecuencia, como formulaciones extremas, verdaderas utopías hacia las que hay
que caminar, aunque se diste mucho de alcanzarlas. El evangelio de hoy presenta
dos de ellas.
Un letrado, del grupo de los fariseos, que tal vez creía reunir todos los
requisitos para seguir a Jesús, le promete seguirlo adonde vaya. Los fariseos,
grupo al que pertenece el letrado, eran amigos del dinero, dice el evangelista
Lucas (16,14), y Jesús se apresura a recordarle el radical desprendimiento de
los bienes al que está llamado el discípulo: como el maestro no tiene ni
siquiera un hogar donde cobijarse ni un lecho donde reclinar la cabeza Pero ser
discípulo no quiere decir haber llegado a la meta, sino estar en el camino
mirando a la utopía de un mundo donde los bienes estén lejos de ser el centro de
atención y de interés.
Otro, ya discípulo, se acerca a Jesús rogándole ir a enterrar a su padre y Jesús
le responde con una frase, que si hubiésemos de entender al pie de la letra, nos
parecería inhumana: “Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos”.
Dentro del contexto del evangelio el padre representa “la tradición”, el pasado
judío. Y el discípulo está llamado a mirar hacia delante dejando a los muertos
–los que siguen las viejas tradiciones- enterrar a sus muertos. Para seguir a
Jesús hay que romper con el pasado y aventurarse por el sendero de las
bienaventuranzas. ¿Estamos dispuestos?
SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO
3-11. ACI DIGITAL 2003
20. El Hijo del hombre: Es el título con que Jesucristo se presentaba como Mesías Rey según el profeta Daniel lo había aplicado en Dan. 7, 13 (Joüon). - ¡No tiene dónde reclinar la cabeza! Jesús hace aquí ostentación de su pobreza, como todo amigo y todo esposo que no quiere ser buscado por su fortuna sino por su atractivo y afecto preferente hacia su propia persona (cf. Luc. 9, 57 ss.). ¡Y qué mayor atractivo que ese mismo, de ver que Aquel por quien y para quien fueron hechas todas las cosas, careció de todas - desde el pesebre a la cruz - despreciándolas por amor nuestro y mirándonos a nosotros, a cada uno de nosotros, como su único tesoro, como el más preciado de todos los dones que el Padre le hizo! (Juan 10, 29 y nota). La suavidad de este asombroso amor es tanto más irresistible cuanto que lo vemos guardar luego esa pobreza para El solo, en tanto que todo lo temporal lo da por añadidura (6, 33) a quienes lo acepten a El y deseen ese Reino en el cual nos promete sentarnos a su mesa (Luc. 22, 29 s.).